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sevillismo - Columnas Blancas

Facebook. El Hombre y la Tierra
ENRIQUE VIDAL 21/05/2021

Cincuentenario

La primera vez que pisé el Ramón Sánchez-Pizjuán no fue para ir al fútbol, sino al Gran Festival Infantil de Félix Rodríguez de la Fuente. Dada la abrumadora presencia de público, tuvimos que acoplarnos, según el relato familiar, entre aquellas vigas y pilares de hormigón con muñones de hierro que componían el esqueleto del inacabado Gol Sur. Tal vez de aquí provenga mi devoción por esa estampa setentera del estadio sin terminar, más parecida a las ruinas de un viejo teatro romano que a un coso deportivo. Por eso, y seguramente también porque pocas veces un edificio podía representar de forma tan cabal el estado de grandeza interrumpida que entonces presentaba su inquilino. Apenas tenía año y medio y como es lógico, no lo recuerdo en absoluto, pero para entonces estaba bien seguro de algo: yo ya era sevillista.

Al poco de aquel improvisado debut me convertí en asiduo espectador de mi equipo, de aquellos partidos de las cinco de la tarde con mi padre o mis tíos, mi hermano y luego mis primos, siempre que el tiempo no lo fastidiara, porque si llovía o simplemente estaba un pelín nublado, mi madre no nos dejaba salir. Hasta en esto se notaba que éramos (y somos todos) hermanos del Cachorro. Han pasado varias décadas, demasiadas, pero todavía escuece la desilusión de perdernos, a ultimísima hora, más de un partido. Por ejemplo, un cuatro a cero frente el Oviedo de Ortuondo, Galán y compañía, cuando aquel delantero rubio cordobés apellidado Martínez se apuntó un hat-trick bajo la lluvia.

La costumbre nunca hizo que la ruta a Nervión perdiera sus aires de aventura, subidos en el SEAT 132 gris de mi tío Antonio, con la radio trayéndonos los sonidos del Carrusel Deportivo y sus corresponsalías, anticipando alineaciones y perspectivas de la inminente jornada. Aparcábamos siempre en la trasera del Hotel Portaceli, y desde allí, peregrinábamos a nuestro santuario, atravesando el lodazal de albero de los aledaños con el que la desidia municipal llevaba veinte años obsequiando a los sevillistas. Nuestro estadio se había convertido en una verdadera casa, un segundo hogar. Solía dibujarlo sobre papel –otra de mis pasiones- con mi caja de Alpinos, era especialmente “jartible” con ello. Me gustaba esmerarme en perfilar las sombras que, a modo de equis móviles, proyectaban sobre la hierba los jugadores por efecto de los focos que se alzaban en aquellas cuatro enormes torretas de iluminación artificial con su letrero de Almedi que coronaban los vértices de la grada alta. También era capaz de trenzar de maravilla, con mis lápices de colores, las líneas de nuestro escudo, los santos, las siglas y las costuras de su balón central.

Eran tiempos, deportiva e institucionalmente, extraños. Se palpaba la crispación propia del desarraigo, andábamos como zombis, perdidos en el laberinto de la muy bizarra Segunda División de los setenta. Olsen estaba al timón, Biri-Biri era el ídolo de la chiquillería, y en los mayores empezaba a intuirse algo nuevo, la ilusionada esperanza del ascenso y la terminación del estadio, pero muy tímidamente, sin lanzar campanas al vuelo, debido a las décadas de sufrimiento y los muchos palos recibidos. Fueron años de aprendizaje en el rito y, sobre todo, una época para el despertar de las sensaciones: los olores del día de partido (césped, albero, puros habanos, caramelos pictolines …); los sonidos de la grada (las broncas, los miedos, los gritos de gol, los olés, los “piropos” al arbitraje, la megafonía -en la puerta, Paco; dos, Hita; tres, Sanjosé …); los ruidos a pie de campo (la bota percutiendo el balón, gastado y pentagoneado en cuero rojo y blanco, adquirido, como todos, en Deportes Arza; los disparos contra el hierro de las porterías, las terribles patadas de los defensores de entonces y los gemidos de dolor de sus “beneficiarios”…); la estampa imponente del espectáculo visual, escudriñada palmo a palmo con ojos infantiles, curiosos, posados en las vallas publicitarias o el Simca con sus anuncios a dos aguas dando vueltas en los descansos, el marcador simultáneo de tablillas y el electrónico Orient de cuarzo, el palco con el escudo y sus sillones de forja, los pañuelos al viento para el gol por la escuadra o el desaire arbitral, las almohadillas y los enfermeros de la Cruz Roja, las banderas con la clasificación liguera, los reclutas que accedían con la entrada de 100 pesetas para militares y niños, los toldos rayados en el banquillo, etc.

El salvoconducto mágico, en forma de carnet de socio, era un cartoncillo blanco de esquinas redondeadas poblado de escuditos grises que se rellenaba a máquina, plastificado, con foto sepia de ficha escolar, y se gestionaba en la Secretaría de la calle Harinas, en aquella mansión, oasis de frescor antiguo en las mañanas de julio, donde mientras mi padre hacía cola con guayabera y pantalón de mil rayas, yo me extasiaba boquiabierto pegando mi cara en el cristal de la mesa vitrina que ocupaba el patio de la casa, en la que, como un juguete maravilloso, se podía contemplar la maqueta, color maestranza, de la anhelada mole sevillista. Años después, por casualidad, encontré mi nombre y el de mi hermano, en la lista de contribuyentes a la fila cero para la terminación del estadio. Las cosas del viejo. Lo publicaba Sevillismo, y aquello me pareció algo así como la confirmación de aquel remoto bautismo en la fe nervionense; un versículo, entre tantos otros iguales de miles de hermanos sevillistas, susurrándome: “… esta es mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna” que por entonces comenzaba a profesar y que cumple ahora cincuenta años de ejercicio ininterrumpido, sin más mérito que el de alcanzar la edad necesaria para ello e intentar darle continuidad al más preciado legado de nuestros mayores.

Bases del sevillismo (Parte 4)

El fútbol español sufre una vorágine de “inversores” foráneos los cuales resultan, en su mayoría, un fiasco. RCD Español, Málaga CF o Valencia CF, son ejemplos sonados de entidades que padecen los efectos de las verdaderas intenciones de capitales arribistas, pero hay más en la LFP, incluso fuera de ésta, que, al borde de la desaparición o de su refundación en el mejor de los casos, están como un solar. Es la consecuencia lógica derivada de tanto rizar el rizo del “marketing” y el “merchandising”. Los clubs ganan más vendiendo camisetas, objetos diversos, derechos televisivos y publicidad, que con las cuotas de los abonados quedando éstos como parias del fútbol.

La mencionada evolución del fútbol ha atraído a gentecillas sin sentimientos ni vinculación con los clubs, sus equipos o sus ciudades. Los tres de la LFP que creen su derecho monopolizar nuestras competiciones son en parte responsables de ello porque entienden que, sin ese modelo económico, su competencia en Europa y el Mundo quedaría dañada. Su visión es que encima hay que estarles agradecidos con el agravante de que dos de ellos no son sociedades anónimas y están además al margen del peligro de invasión extranjera. El SFC no queda ajeno a tal peligro. Su tipo de gestión, sus éxitos deportivos, y la ciudad a la que pertenece, lo hacen atractivo para entes financieros extraños cuya única finalidad es engrosar capital mediante la especulación u otras cuestiones urbanísticas.

Al parecer la experiencia del “Paquete Maldito” y el “Sexenio Triste” ligada al descenso administrativo del  1 de Agosto no bastó. En 2016 otra vez se atisbaron en el horizonte barcos de negras velas con la “Jolly Rogers” como bandera. El rumor de una posible venta del club desató un doble efecto: por un lado, los grandes capitales se lanzaron a una desaforada carrera por la compra de títulos a pequeños accionistas necesitados o desinformados, y por otro, un reforzamiento del movimiento accionarial de base para impedir que se produjese. Llegó a pagarse hasta el triple del valor nominal que costaron en su día las acciones. La verdad es que no sabemos si el proceso está o no cerrado aún. Es la razón básica por la que se han reforzado en los últimos años los movimientos del accionariado minoritario hasta servir como ejemplo a aficiones de otros clubs en la LFP.

En la resistencia hacia un acaparamiento de acciones por los grandes capitales de los que se sospechaba que alguno pudiera estar interesado en una transferencia a inversores foráneos se produce primero un acercamiento y luego un pacto entre APA y VdS que cristalizó en 2017 en en Accionistas Unidos que nace con ideas ya concebidas por sus dos asociaciones matrices (APA y VdS):

.-buscar la estabilidad social con un más justo reparto de las acciones.

.-dar a las acciones su verdadero valor priorizando su valor sentimental antes que el crematístico.

.- blindar el patrimonio de la entidad, RSP y CD. Cisneros Palacios.

.- unir mediante la agrupación y sindicación de títulos al pequeño accionariado y movilizarlo en pos de lograr el 5% de representación del capital.

.-defender al SFC ante cualquier arbitrariedad, atropello o difamación.

.-estar debidamente representados y mantener las mejores relaciones posibles en las instituciones del fútbol español.

.-evitar cualquier posibilidad de entrada de capital extraño.

.-continuar la vinculación con FASFE  (Accionistas y Socios del Fútbol Español) y su similar europea.

Ardua tarea, primero la de coser el sentir de dos asociaciones (APA y VdS) y luego la de sostener la lucha en las JGA y en la calle. Eduardo Arenas, primer presidente de AU trabajó en ese sentido: reuniones, comidas para entablar contacto, visitas a peñas… nada  escatimó. Sus interpelaciones en las JGA y sus intervenciones en los medios están ahí para quien tirar de hemeroteca. Recuerdo un breve pero tenso debate para preparar la JGA de Diciembre de 2017 en la vieja PS San Bernardo ante la inesperada presencia José Mª. del Nido Benavente en un local atestado de accionistas minoritarios. Igual línea han seguido sus sustitutos en un cargo que tanta atención y dedicación requiere que llega a abrasar a quienes lo ostentan, Moisés Sampedro y el actual José Parra.

Sin duda, habrá muchos que se han dejado la piel y el alma estos años por el SFC, a varios he citado en escritos anteriores. Estoy en APA, y no puedo obviar la labor de ninguno de sus presidentes, Fran, José Ignacio, Antonio y Jorge, ni de sus colaboradores directos, Jesús Juan, Carlos Marco, Joaquín, Juande, y tantos otros. Mis disculpas a quienes omito porque no a todos puedo conocer, pero hay varios imprescindibles:

Fran López, destapó en dos JGA que “Sevillistas Unidos SL” (grupo representado “inexplicablemente” en el Consejo, y que pretende hacerse con la mayor parte del capital del SFC) es el nombre final de una misma sociedad creada en 2018: “Global Kengai”, “Nutmeg Acquisition LLC”, “Triple Siete Adquisiciones SL” todas vinculadas a “777 Partners SL” que, radicada en Delaware, principal paraíso fiscal del Mundo, y con sede en Miami, se dedica con “sociedades fantasma” repartidas por varios lugares a todo menos a fútbol. Fran, en su interpelación al Consejo, puso el ejemplo del Girondins Bordeaux como “resultado” de la intervención de este grupo en el club francés. La labor de Fran y AU, además, ha sido la de divulgar estos hechos.

Alejandro Cadenas, que trabajó entre otros para la aproximación de APA y VdS, procedente del mundo del peñismo, pronunció sendos, memorables y emocionantes discursos contra la hipotética venta del SFC en plena campaña de AU y la FPSSF en tal sentido. El 1º lo dio en la JGA del 11-12-2018, y el 2º frente a la tienda oficial del RSP cinco días más tarde, ante numeroso público medios. Quien, siendo sevillista, no sintiera vibrar sus fibras tras aquellos discursos, es que está muerto. Sigue trabajando por el bien de nuestro entrañable club.

José Arjona, también procedente de APA e interlocutor habitual en las JGA, erudito y conocedor de la heráldica de nuestro escudo oficial y símbolos, preocupado al máximo por el espíritu y alma del SFC, bien versado en la historia de la entidad y ferviente partidario de reforzar dicha parcela que tan importantes logros ha obtenido en los últimos tiempos pese a sus exiguos medios, trabajó, y trabaja, sin fatiga para denunciar cualquier atisbo de posibilidad de invasión exótica en el Consejo.

David Estévez, “el hombre de la puerta 29”, como cariñosamente lo llamamos sus amigos, porque ha sido en ese escenario de las afueras del RSP durante la loca carrera de los grandes accionistas por hacerse del máximo nº de títulos, donde día tras día, bajo cualquier inclemencia del tiempo, restando tiempo a su ocio y familia, ha estado informando a todo abonado que se acercarse a las oficinas del club de la urgencia de agrupar y sindicar acciones. Gracias a él, tal vez se haya conseguido la meta del 5%. Era para verlo en la grada alta de Gol Norte sin siquiera atender al partido de turno, infatigable, solo dedicado a captar al mayor nº de abonados y accionistas para la causa.

Mucha información la he obtenido de las páginas oficiales de AU y APA, también de los análisis de la prensa local, pero sobre todo, agradezco de 1ª mano la suministrada por José Ignacio Macías, actor y testigo directo de casi todos estos acontecimientos de la historia reciente de nuestro SFC. Y tampoco puedo olvidar a dos peñas señeras donde las haya, “Al Relente” y “San Bernardo”, y a sus respectivos presidentes, Guillermo Jiménez y Diego Díaz, que tanto han hecho por la aproximación de todo el sevillismo de base con sus aportaciones y prestando sus locales para la actividad de VdS y APA.

Seguramente hay muchos más que luchan por el bien de la entidad, mis disculpas a quien omito, y nunca olvidaré a modo de conclusión la frase de José Mª. Cruz Rodríguez en la puerta de Los Lebreros hacia 1997: “Anda que no está el sevillismo vivo ni ná”.

DAVID MELERO 22/02/2021

El Sevilla FC es la VIDA

A veces, cuando las cosas no van como uno quiere, buscamos miles de formas para darle la vuelta a la situación, luchando sin descanso por una deseada estabilidad. Solo tenemos ese objetivo, la cabeza no para de dar vueltas y vueltas, la incertidumbre y el miedo no nos dejan descansar. Existen miles de ecuaciones para llegar a la meta, pero los locos con ese bendito veneno, siempre echamos mano del “colorao”.

El Sevilla FC está en todas las facetas de nuestra vida, en las buenas y en las no tan buenas. Dicho sea de otra forma, está en las buenas y aparece en las malas dándonos el respiro necesario para solventar el aparente indescifrable problema.

“Si en las buenas te quiero, en las malas te amo”. Lema protagonista entre la parroquia rojiblanca. Frase que al fin y al cabo usamos en nuestro día a día, porque antes de ser un equipo de fanáticos, el sevillismo es una pequeña gran familia dentro de este enredado mundo.

“Respetados en Europa y ninguneados en nuestro país”. Esa es la situación actual de nuestro equipo. La tropa de Julen Lopetegui es alabada y respetada por media Europa, mientras que de fronteras para adentro, el equipo rojiblanco es el blanco fácil de todos los francotiradores adinerados, o más bien, un saco de boxeo para adultos enrabietados. A veces, reconocer el éxito del vecino, nos duele mucho más que nuestros propios fracasos.

“El trabajo siempre es la clave del éxito”. Ejemplos en nuestra actual plantilla hay varios, pero Aleix Vidal puede ser el profesional que mejor refleja el resultado buscado. Jugador que ha trabajado en la sombra, día sí y día también, recibiendo críticas sin haber demostrado ningún ápice de su juego. Ahora, es titular en el once de Julen Lopetegui, no hay otro camino. Trabajo, trabajo y más trabajo.

“Dicen que nunca se rinden”. Eliminatoria frente al Borussia Dortmund, partido en el Ramón Sánchez Pizjuán donde el Sevilla FC no estuvo a la altura de los germanos. Los nuestros no encontraron en los primeros noventa minutos de eliminatoria la fórmula para destruir el denso bloque amarillo. Queda el partido de vuelta, muchos nos dan por muertos, pero no es ni mucho menos la primera vez que ocurre. Nos han dejado vivos. Amigos y amigas, no lo olviden, SOMOS EL PUTO SEVILLA FC.

Un balón y una equipación blanca del Sevilla FC, esa fue mi infancia. Cuando la camiseta estaba en la lavadora, una frase salía de la boca de todos los vecinos de mi pueblo. “Niño, ¿tú qué eres del Madrid o del Barça?” Nada me daba más coraje. Pero un chaval con mucho descaro, siempre tenía la misma respuesta, “Yo zoy del Sevilla FC”. El acento, y la valentía de ser diferente en el apartado futbolístico, fue la firma de mi maravillosa niñez.

¡Cuánto le debemos a las personas que nos guiaron hacia el camino del sevillismo! En mi caso, mi padre fue el encargado de inyectarme el veneno. Muchos kilómetros separan a mi pueblo del barrio de Nervión, pero gracias a él, no caí en la monotonía “Madrid o Barça”.

Gracias “pisha”.

PEDRO LÓPEZ 19/02/2021

La ilusión

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Ladran, luego cabalgamos

Corría el año 2006 cuando en el Sevilla FC se tocó plata, después de varios años de un gran esfuerzo económico para salir de una ruina donde “no había ni para balones”, de ir armando un equipo con “jugadores de los 20 duros” que cada año se hacía más competitivo y mirando al futuro con […]

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