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sevillismo - Columnas Blancas

Autor

Sebastiana Díaz Romero

Hoy si me permiten quisiera utilizar este espacio para escribir unas palabras de agradecimiento y reconocimiento a una gran mujer. Una mujer, que aunque tiene multitud de virtudes, siempre se le recordará en su pueblo como la sevillista más grande que ha dado Tomares: Sebastiana Díaz Romero, la mujer que ha puesto todo su sevillismo durante muchísimos años al servicio del equipo de su alma.

La frase que mejor la define es “Toda una vida sembrando sevillismo”.

Recuerdo las mañanas de verano durante muchas décadas, de su presencia en las cuatro esquinas (emblemático lugar de Tomares) agarrado fuertemente a su bolso con dinero de sevillistas para ir al Ramón Sánchez-Pizjuán (su casa), para sacar los abonos de cuantos sevillistas se lo habían solicitado. Ella encantada, hacia lo que le pedía su corazón, ayudar a sevillistas y, por supuesto, sin nada a cambio.

Era una época en la que muchos de los socios del Sevilla de mi pueblo solo íbamos al barrio de Nervión a ver jugar al equipo. De lo demás se hacía cargo ella. Porque el Ramón Sánchez-Pizjuán era su casa, donde tenía todas las puertas abiertas a cualquier hora del día.

De igual manera, somos muchos los sevillistas tomareños de varias generaciones los que hemos podido ver a nuestro equipo por primera vez fuera de nuestro estadio con los viajes que ella organizaba junto a su peña.

No eran finales europeas. Era una época que rara vez veníamos contentos a la vuelta, pero siempre tenía una palabra de aliento para todo. Y todos fueron viajes inolvidables.

Su dedicación al club le ha llevado a recibir merecidos homenajes, tanto de su peña sevillista en 1983, como de la Federación de Peñas Sevillistas en 1993, aunque siempre me dice cuando me ve, que el homenaje que ella quiere, se lo tenemos que hacer cuando llegue su hora a las puertas de su iglesia cantándole su himno.

No dudes que se hará, pero faltan muchos años para eso, querida Sebastiana.

Mientras eso ocurre, seguirá sufriendo y rezando como lleva haciendo toda su larga vida cuando su Sevilla juega.

JOSÉ MANUEL ARIZA 11/09/2020

El caos y el cosmos

Saludos.

«Antes del mar y de la tierra y del cielo que todo lo cubre, en toda la extensión del orbe era uno solo el aspecto que ofrecía la naturaleza. Se le llamó Caos: era una masa confusa y desordenada, no más que un peso inerte y un amontonamiento de semillas mal unidas y discordantes» (Ovidio, Met. I, 5-sg.).

Y en la Odisea, cuando Ulises, por fin, se dispone a partir hacia Ítaca del país de los feacios, se lee: τοὶ δὲ καθῖζον ἐπὶ κληῗσιν ἕκαστοι κόσμῳ “y cada cual se sentó en los bancos en orden” (Od. XIII, 77), esto es, cada uno se sentó en el lugar que le correspondía.

Pitágoras y Heráclito, en el siglo VI antes de nuestra era, ya hablaban caos (χάος) y de cosmos (κόσμος). Definido de una forma tan sencilla que hasta yo lo entiendo, el primero sería el desorden (confusión, desconcierto…) y el segundo, lo contrario (claridad, coherencia…)

El 2020 está siendo un año caótico (de caos) porque un bichito microscópico (los primeros en llegar al planeta parece que tenían ése tamaño aproximadamente) ha desarbolado al mundo entero y ha puesto en evidencia, como nunca, que no hay enemigo pequeño: nos ha desordenado totalmente. Se dice que la fortaleza de tu enemigo hace tu victoria más importante, más valiosa. En viendo el tamaño del gusarapo, uno se pregunta si siendo tan chico… ¿cómo cuesta tanto vencerlo?

Nosotros, contemporáneos con la edad suficiente, hemos vivido una fase de la Historia de la Humanidad realmente excepcional: hemos visto llegar a la Luna; llegar la televisión, Internet, el 5G, llevar un potentísimo ordenador en el bolsillo y poder comunicarnos en tiempo real con alguien en el otro extremo del globo; hemos visto un cambio de siglo y de milenio y tenemos la posibilidad de viajar por todo el mundo en cuestión de horas; se han vencido a otros bichitos que causaban mortandades espeluznantes en otros tiempos aunque nunca pudimos con los peores: el hambre y la pobreza (contra éstos no parece interesar la vacuna).

Pues ante tanto desarrollo técnico y científico, el más pequeñajo es el que causa mayor destrozo.

Nosotros también, sevillistas contemporáneos, hemos visto el infierno y el cielo; hemos catado un poco de la sopa de Pedro Botero (sin llegar a hartarnos porque el mejunje está asqueroso y no se le desea a casi nadie); hemos vivido décadas en gris cuando un puntito de color nos hacía explotar de alegría hasta que por fin, hemos probado caos y cosmos y hemos decidido que es mejor instalarse en la idea universal, en el cielo argentado… que es incomparable revestirse con armadura de plata (de seis o siete capas mínimo) para campear allende la aldea y dejar huellas de calor, sones y colores imborrables por el continente.

Aunque, lamentablemente, hemos tenido que ver a nuestro Equipo en HD y con las gradas vacías en un sprint final sobresaliente, por mor de otro bicho más grande.

Éste año maldito, en el que la Marca España del fútbol ha sufrido un desastre equiparable a la pandemia en lo deportivo, solo una luz nos ilumina y solo un Equipo usó la cosmética (de cosmos) para tapar las arrugas, los desconchones y las grietas de la “mejor Liga del mundo”; para dejar en evidencia que la “aristocracia” de nuestro balón se sustenta en una gran mentira, en un artificio hediondo e interesado para premiar, asimétrica y generosamente, a dos o tres en detrimento del resto aunque suspendan el curso (aquí no vale la cultura del esfuerzo porque tienen el premio asegurado). Y ha tenido que venir un “burgués” para ordenar el camarote, adecentar la casa y para presentar unos deberes impecables, de nota muy alta; para demostrar brillantemente que aquí abajo, los denostados palanganas (solo se odia a quien se teme) han sustentado por sí solos la parafernalia hispana dejando en evidencia a los señoritos ricachones, a los amos del cortijo.

Bien poco que me importa lo que “vendan” por ahí que mi universo está en Nervión.

Nos subimos a las barbas de gente importante (Davides contra Goliatses) y con enjundia futbolera, muchísima pasta y con historiales tremendos en lo del balón para decirles: somos los Reyes del Sur y tus euros no pueden conmigo porque yo soy el Sevilla Football Club, de la Ciudad Cosmopolita de la Giralda que mira orgullosa. Que las finales no se juegan y que me importa un comino cómo te llames: te gano y punto y Copa.

Y el Cosmos, en el año del Caos, se vistió de blanco y rojo.

Cuidaros.

PEDRO LÓPEZ 18/02/2020

Una sevillista en Pensilvania

En el presente artículo plasmo alguna de las vivencias y opiniones de mi hija Raquel López (por mi) de Boer (por su madre), pero lo hago en primera persona porque es la mejor forma de que podáis sentir de forma más directa sus momentos de sevillismo desde la lejanía, porque cuando los colores corren por tus venas nadie puede desvirtuarlos.

En Bethlehem (Pensilvania) a 14 de febrero de 2020

¿Quién me iba a decir a mi que después de dos años y casi medio de vivir en Estados Unidos me sentiría la más Trianera y Sevillista del mundo?.

Me siento como una embajadora de MI SEVILLA FUTBOL CLUB, aunque sin título claro, porque es muy difícil explicar a los Yankees que nuestro fútbol es el sentimiento más grande que se puede defender, entendiendo que para ellos el soccer es como un juego de niños.

Las discusiones abundan, y yo les muestro nuestras gestas por Europa, nuestros títulos, que hemos sido por dos ocasiones el mejor equipo del mundo, y que el Club de mi alma es el más laureado del siglo XXI. Pobre de aquel que lo niegue en mi presencia.

¿Quién me iba a decir a mi, cuando mi familia y yo teníamos nuestras localidades en el Gol Norte de la Bombonera de Nervión y gritábamos animando al Sevilla, que ahora haría lo mismo, pero a medio mundo de distancia?. Todavía recuerdo cuando mi padre de camino al campo decía: “si te pierdes o pasa algo dile a cualquiera que pase que te lleven con El Pirata o con El Lobo, con ellos no te pasará nada malo”.

Qué infancia más maravillosa he pasado viendo a MI SEVILLA, tanto en nuestro templo como fuera de él, la cantidad de ciudades que he conocido y la infinidad de amigos que tengo gracias a dichos desplazamientos. Esas vivencias me han hecho curtirme en el Sevillismo y descubrir la grandeza de ser sevillista, para ahora poder defenderlo en tierras lejanas, llenas de bárbaros que no saben disfrutar de la vida como nosotros, nos basta con unas tapitas en Triana y una tertulia sevillista. POR DIOS CUANTO LO ECHO DE MENOS.

Mi hermana cantando Pu.. MAGALA, pu.. MAGALA, por que no le salía el nombre de la ciudad, y yo que me sabía todos los cánticos no paraba en ese Gol Norte, y por supuesto algún insulto que otro al arbitro o a los contrarios, que para eso mi padre nos lo permitía solo en el campo de fútbol.

Mi periplo americano comenzó en una ciudad llamada Reading, muy cerca de Filadelfia, en el condado de Berks, dentro del estado de Pensilvania. Allí comencé mi carrera de Neurociencia en un “Community College” que no es mas que una pequeña universidad de dos años. Residía en casa de unos amigos de mis padres, los cuales tienen un hijo llamado Oliver, sevillista desde el segundo uno con su carnet al nacer que le regalamos. Os puedo asegurar que es un sevillista íntegro y se sabe el himno del centenario del Arrebato de principio a fin, usando sus camisetas y bufandas del Sevilla Fútbol Club con orgullo y pasión.

Me costó mucho encontrar a gente hispana para poder hablar de fútbol y cambiar impresiones, pero algunos encontré, y conseguí que muchos que eran simpatizantes de los dos equipos con más presupuesto de nuestra Liga (Mafia y Farsa) se hicieran SEVILLISTAS, gracias a que nuestros colores son universales, nuestro escudo y bandera una obra de arte y nuestros cánticos pegadizos y muy guerreros. De lo que estoy muy orgullosa.

Eso es lo que me siento, una guerrera del Sevilla Fútbol Club, que se pone su camiseta del Mudo Vázquez que me regaló (en un desplazamiento contra el Patético, de la Copa del Rey, que nadie daba un euro por nosotros y nos los comimos en su casa), su bufanda, y cuando puede encontrar una página web que retrasmita el partido lo ve y si no, para eso está su madre que le retrasmite el partido por SMS o facetime. Y me pongo nerviosa, maldigo, grito, me lleno de euforia y también me entristezco, últimamente mas de la cuenta.

Ahora estoy en Bethlehem, ubicada en el condado de Northampton, en el valle de Lehigh, también en el estado de Pensilvania, estudiando además de la carrera de Neurociencia también la de Química. Aquí me estoy saliendo, en todos los sentidos, tanto a nivel académico, como en mi difusión y defensa de los valores del Sevilla Fútbol Club. Al ser una universidad privada hay alumnos de muchos países diferentes, y tened por seguro que a todos les contagio el Sevillismo.

He de reconocer que perdí una apuesta con un compañero del “Madriz” y me tuve que poner su camiseta, momento para olvidar en mi vida, además de que me quedaba muy mal y me sentía muy incomoda. Por algo será, digo yo, quizás porque es horrible.

Por último, he de deciros que esta EMBAJADORA GUERRERA del SEVILLA FUTBOL CLUB no descansará en su defensa y difusión de sus valores allí por donde le depare el destino, pues, como decía un amigo de mi padre, “NO SE PUEDE ESTAR MEJOR QUE ENTRE SEVILLISTAS”

VIVA EL SEVILLA¡¡¡¡¡

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