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sevillismo - Columnas Blancas

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ENRIQUE VIDAL 31/10/2019

Consciencia de grandeza

No es la primera vez que trato de explicar cómo el Sevilla F.C. ha sido capaz de lograr tantos éxitos en el siglo XXI, razonando además que ello no es algo excepcional ni impropio para nuestro club. Simplificando mucho las cosas, todo es una pura cuestión de contexto.

Para comprender esta idea, debemos hacer el ejercicio de mirar más allá de lo que nos dicta nuestra propia experiencia vital, forzosamente subjetiva y limitada, y tratar de conocer, entender y respetar lo que era el Sevilla F.C. antes de nuestro conocimiento personal y, si se quiere, directo, de la entidad.

La mayoría de nosotros hemos bebido en las fuentes de la tradición oral. Algunos, sin descartar la palabra de nuestros mayores, hemos sentido además curiosidad por el estudio y profundización sobre la vida y circunstancias de nuestro club. Por propia idiosincrasia, ese relato está huérfano de artificios, adornos o fantasías, toda vez que nuestra masa social no necesita buscar consuelo ni justificaciones en victimismos prêt à porter.

Una aproximación no necesariamente compleja al respecto nos arroja elementos de juicio fundamentales para formar nuestro criterio con la contundencia que proporcionan datos y sucesos objetivos que marcan una trayectoria. De esta forma evitamos también interferencias y distorsiones interesadas, ganando rigor para nuestro discurso, y nos daremos cuenta de la verdadera dimensión del Sevilla F.C., al punto de que, en sentido estricto, nuestra historia, en estos últimos años, no ha hecho sino reajustarse hasta volver a su cauce natural, el que corresponde a la entidad por propia determinación y saber hacer.

La conclusión muy obvia, avalada por la estadística, ha de ser que lo verdaderamente excepcional e impropio no han sido los logros últimamente alcanzados por nuestro club, sino la larga sequía de méritos deportivos a la que fuimos condenados por la osadía de querer construir a pulmón un costosísimo estadio y el desprecio de las autoridades de la época que, según ha podido documentarse recientemente, impulsaron políticas concretas para devaluar el patrimonio sevillista, desviando todo su apoyo y su hacienda hacia el club rival de la ciudad.

Esa jerarquía de nuestro club que subrayo ha sido un sentimiento latente dentro del sevillismo durante los peores años de nuestra travesía. Nunca llegó a apagarse del todo. La generación intermedia de sevillistas que apenas tuvo contacto salvo de oídas con los triunfos del Sevilla clásico (años 20, 30 y 40) y que se forjó en las dificilísimas décadas posteriores, nunca dejó de ser consciente de que su amado club sería un gigante en horas bajas, sí, pero era un gigante. Y esa certeza, casi fe en los más duros momentos, está impregnada en el ADN blanquirrojo, es una predisposición genética de la que no podemos desprendernos ni aún queriendo. Prepotencia, lo llaman algunos, delirios balbucean otros, pretendiendo despreciar, sin lograrlo, tanto orgullo. No es tal, queridos, sino simple y llanamente, consciencia de la propia grandeza.

La visión parcial de las cosas, de la que reniego como ya he dicho, es la misma que hace que a nuestros enemigos les cueste tanto digerir tanta plata por Nervión. Nuestra generación intermedia, curtida en penurias sin fin, pero insuflada por esa grandeza sabida y asumida, ha coincidido en el tiempo con generaciones de aficionados rivales que, haciendo una lectura de los acontecimientos ceñida a la actualidad vivida, y sin la debida perspectiva de contexto, piensan que siempre (en lugar de insólitamente) hemos sido menos de lo que somos, aferrándose a una supuesta igualdad pretérita que sólo existe en la mente de quienes quieren autoengañarse.

Hablamos de exigencia, pero no es una pose de nuevo rico ni ningún desiderátum de quien jamás ha imaginado alcanzar tanta gloria. Esa ambición que se atribuye al sevillismo, y que todos manejamos, no es más que la consecuencia lógica de considerarnos grandes y ha sido motor imprescindible de nuestros gestores y nuestra afición para reverdecer viejos laureles. Esa exigencia es, en definitiva, la evolución de nuestro ancestral convencimiento de sabernos principales, un sentimiento aprendido y preservado durante los peores años de nuestra historia en el ámbar de nuestros corazones, y recuperado en este periodo de brillantez, crecimiento y prestigio que volvemos a gozar ahora.

RAFA VELASCO 23/10/2019

Solos ante el peligro

Como Gary Cooper en “Solo ante el peligro” o como el General Caster en “Murieron con las botas puestas”, así veo a nuestro Sevilla FC en el panorama nacional.

Me explico, teniendo en cuenta diferentes factores que influyen decididamente en el poder que pueda tener una entidad.

Empecemos por el poder mediático, de suma importancia en los últimos tiempos y que de manera tradicional suele vender la imagen de nuestro club, solo en los aspectos más negativos.

Es normal ver en las TVs de ámbito nacional ningunear cualquier triunfo o gesta de nuestro equipo, a la vez que somos portada y primera noticia cuando hay una pelea de ultras.

Esto no es opinión, es información, por cierto, bastante difícil de rebatir.

Y si entramos en el esperpéntico mundo de los programas deportivos basura, sin tener que dar nombres que todos tenemos en mente, vemos que al Sevilla se le trata como equipo antipático fomentado por ellos mismos, que ponen a un señor, que hace su papel de malo de la película y nos representa, convirtiéndose en una auténtica fábrica de crear antisevillistas.

Y qué decir de los periodistas de nuestra ciudad, parecen enemigos, comparados con los de Madrid, Barcelona o Valencia con sus respectivos equipos. Somos más reconocidos fuera de España que en nuestra propia ciudad y en nuestro propio país.

Si hablamos de poder económico, llama la atención que el Sevilla FC es un club limpio de deudas, al que se le fiscaliza hasta el último euro, mientras otros clubs deben cifras escalofriantes al Erario Público y sin embargo, todos miran para otro lado, en una auténtica demostración del doble rasero que caracteriza al fútbol español.

Las deudas de los grandes equipos de España son reconocidas por todos, pero nadie mueve un dedo por solucionarlo.

Pasemos al poder político, y vuelvo a la comparación con otras entidades que tienen todo el apoyo de ayuntamientos y gobiernos autonómicos. ¿El Sevilla es apoyado?, poco y lo poco que recibe parece que se le da de mala gana y muchas veces porque previamente se ha hecho con otros equipos y se ven obligados a ello.

Tenemos un Estadio en propiedad, no como la mayoría de equipos que lo tienen y han tenido gracias a concesiones de las administraciones públicas.

Si tomamos como ejemplo el Valencia CF, club con el que competimos en una misma línea, nos daremos cuenta fácilmente de lo que estamos exponiendo. Ellos tienen apoyo político total y absoluto. En el caso del Valencia, es curioso cuando nos comparamos con ellos, cuando es una ciudad mayor que Sevilla, con el 90% de aficionados de este club y muy pocos del Levante, no como en nuestra ciudad que estamos al 50%. Si a esto añadimos el apoyo político que tienen, el mediático de la prensa forofa que los defiende y el capital extranjero del que disponen, estaremos todos de acuerdo en que no competimos en las mismas condiciones.

Y todo esto, teniendo en cuenta que el Sevilla FC es el gran embajador de Sevilla y Andalucía a nivel mundial.

Con todo esto, no quiero dar un mensaje victimista, sino todo lo contrario, porque esa soledad nos ha hecho más fuertes, más duros y más defensores de un sentimiento que nos pertenece en exclusividad.

Nuestra bendita afición es la única fuerza del Sevilla FC, ¡¡pero que fuerza amigos!!

Me siento orgulloso de ser sevillista y haber logrado tanto, sin ayuda de nadie.

Y aunque nuestro himno es más bonito que el del Liverpool, tomo prestado su mensaje, que conecta directamente con nuestra realidad, “Never walk alone”, porque el Sevilla FC con su afición y solo con su afición, NUNCA CAMINARÁ SOLO.

foto: Columnas Blancas
CORNELIO VELA 13/10/2019

En todos los sentidos

Te he visto en derrotas y victorias, en campo propio y en ajenos. Te he visto en directo y en diferido, en color y en sepia. Pero sobre todo, te he visto en los ojos emocionados de los tuyos, que son los míos, en sueños infantiles e ilusiones maduras, en forma de cantera o de camiseta firmada en un hospital.

Te he oído en himnos universales, en cánticos memorables de un mágico norte. Te he oído en gritos de alegría, en suspiros eternos y en palmas al compás. Pero sobre todo, te he oído en retransmisiones a ciegas en radio a pilas, en alineaciones memorizadas y en relatos, con sones antiguos, de los que ya se fueron.

Te he olido en tu hierba cortada, en la mezcla inconfundible de aromas de bocadillos al descanso y frutos secos de un canasto vestido de blanco. Pero también te he respirado en humos de bengalas y en olor a gasolina de kilómetros de ilusiones.

Te he probado con sabor a previa, con el regusto de una buena tertulia y masticando nervios en finales. Pero sobre todo, he sabido del amargo fracaso y me he relamido en la dulzura del éxito.

Te he tocado en tu escudo y tu bandera. He tocado un cielo de plata más de veces de las que pude soñar. Pero sobre todo, te he tocado en la bufanda que me acompaña desde mi niñez, en aquella bandera que me hizo mi madre hace 40 años y en las manos del que me condujo a esta pasión.

Así te he he vivido,así te vivo. En todos los sentidos. Con todos los sentidos

PEDRO LÓPEZ 30/09/2019

No se puede estar mejor que entre sevillistas

Pierdo mi virginidad literaria, en estos foros, con el presente artículo de opinión, y no encuentro mejor momento que este para mostrar mi humilde homenaje y recuerdo, al que yo considero el mayor SEVILLISTA EJEMPLAR de la historia: “PEPE DEL RÍO” Os podría aburrir con su biografía, pues si fuera estricto me ocuparía más de […]

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