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real Madrid - Columnas Blancas

ENRIQUE BALLESTEROS 24/09/2019

El día después

El lunes 23 de septiembre nadie me dijo nada. Nadie tuvo la osadía de mentarme qué pasó en el partido que colocaba el broche a la jornada y, de paso, a la semana. Solo por el whatsapp me comunicaban que sevillistas sevillanos estaban sufriendo el alborozo de compañeros madridistas. A mí eso no me pasa. Y no me sucede desde hace mucho tiempo. Es más, cuando sucede a la inversa tampoco sucede. No es porque sea una persona dócil, comprensiva de sentimientos (futbolísticos) ajenos. No, no lo soy, sino todo lo contrario.

Todos saben que tengo un entorno. Un mundo creado donde, con los míos, vivo una realidad paralela a la mediática deportiva. Yo he visto un partido y si ya, con esos míos, las discusiones son eternas y los desacuerdos continuos, con el enemigo se convierten en batallas campales. Lo máximo es un “Quique, ¿qué tal?” con tono recordatorio pero sin llegar a la ofensa. No es la bandera de la paz, es una bandera de tregua. Conmigo no se puede discutir, porque saben que llevo siempre la razón.

Mi razón. Y ellos tendrán la suya. Todos coincidimos en la oficina que ninguno quiso ganar. Que tanto Julen Lopetegui como Zinedine Zidane jugaron al ajedrez, a emplearse defensivamente y a dejar que Fernando y Casemiro se batieran en duelo en la zona ancha del centro del campo. El Real Madrid realizó un buen partido, un encuentro serio, pero tuvo solo tres ocasiones: el gol y los dos paradones de Vaclik. El Sevilla ninguna clara de peligro de gol. Hasta ahí, de acuerdo. Prosigo.

Solo el Éibar ha creado menos oportunidades de verdadero peligro en esta liga que nosotros, que estamos a la par con Granada y Español (lo dicen las estadísticas). El Sevilla no remató a puerta; pero no me sorprendió. Si bien el estilo de Julen Lopetegui nos ha dotado de rigidez, firmeza, control del balón, presión y recuperación. Todo ello, que es muy bueno, queda en la nada si nos olvidamos de la verticalidad. Porque el Sevilla, en su campo y con su público, toda la vida, ha sido vertical, en especial en los primeros minutos. Es el que expone. Es el grande del que depende todo y donde los rivales dependen de su quehacer. Y el domingo 22 de septiembre el Sevilla no fue vertical, dejó a sus hombres habilidosos y desequilibrantes en la grada, y sus laterales, su baza sorpresa de ataque, no produjeron el efecto deseado.

Así de timorato nos mostramos. Quizás muy válido, como se ha visto, a domicilio donde un conjunto local está obligado, por alguna ley no escrita, a exponer. Pero insuficiente cuando nos toca ser el anfitrión. Porque el Sevilla se ha ordenado, pero aún no se ha expuesto. No ha demostrado ser nada desde el punto de vista ofensivo esta temporada, aunque algunos de nuestros futbolistas hayan encontrado pegada.

Es mi realidad. Y esa no la puedo explicar a aficionados al fútbol lejos del sevillismo. Y menos a madridistas que, después de un relato objetivo, empiezan a desvariar con chascarrillos y sandeces. Ya nos cortamos las alas hace mucho tiempo mutuamente. Ya se sacó mierda a rabiar dando paso incluso a lo personal. Compañeros, amigos, familiares y ahora en ese terreno están entrando a conocerlo “los padres del cole”. Para hablar conmigo de fútbol, tienes que hablar del Sevilla con propiedad, y no por lo que sale o digan por la tele. Y si me quieres dar caña, prepárate para la que te puede caer cuando sea a la inversa. Si no, como en el Sevilla-Real Madrid, todo quedará en una guerra fría, un par de miradas, una indirecta muy indirecta, y aquí tregua y después gloria. Es así, ya no somos niños. Un sevillista madrileño no tiene guasa en “su derbi”.

 

MAMEN GIL 21/09/2019

Me pone

Me pone… El video que ha colgado el Real Madrid, me pone. Donde unos ven provocación, yo solo veo debilidad. Que sí, que sí, que el video está hecho con toda la intención del mundo, eso no lo dudo, pero lo que deja entrever se llama miedo… El Madrid nos teme, nos teme ahora y nos ha temido siempre.

Sabe que no nos achantamos ante ellos, que siempre hemos jugado estos partidos con una intensidad elevada al cuadrado, que lo vivimos al máximo y que nunca se lo ponemos fácil. Lo sabe y por eso, históricamente, han necesitado de una ayuda, normalmente de manos de un señor de negro, para poder alzarse victoriosos.

Mi abuela Lola nació a finales del siglo XIX y tuvo a mi madre a una edad muy, muy avanzada para la época, por eso siempre la recuerda igual, como una venerable señora mayor. Siempre amable, cariñosa y prudente. Quedarse a dormir en su casa era una experiencia bonita, porque siempre te contaba historias. Era una buena narradora.

Pero esa mujer amable y prudente, cual doctor Jeckyll y Mr. Hyde, de vez en cuando sufría una transformación y daba rienda suelta a su rabia. Se le encendían los ojos, miraba fijamente a la tele y decía “¡ladrones!”. Lo hacía siempre que escuchaba algo que dijera “Real Madrid”, le tenía una gran aversión. Entonces yo la miraba extrañada y ella me decía: “hija, nos roba, el Madrid, siempre nos ha robado. Son unos ladrones y, al enemigo ni agua”. Después recuperaba la normalidad y me narraba historias de partidos entre Sevilla y Real Madrid.

Mi abuela sabía de lo que hablaba, ella se había casado con “Ramírez”, que había jugado en el Sevilla varias temporadas. Cuando eran novios mi abuela iba a ver a jugar a mi abuelo Paco a los campos del Mercantil y Reina Victoria. Me contaba que a veces se llevaban las sillas desde casa, me contaba el 22 a 0 que le había metido el Sevilla al Betis y, sin parar de sonreir me iba desgranando los ocho goles que había marcado mi abuelo.

Ya en esa época Sevilla y Madrid se habían visto la cara y poco a poco se fue fraguando una rivalidad que llega al día de hoy. Mi abuelo Paco dejó el fútbol, pero nunca dejaron al Sevilla. En casa de mis abuelos maternos se vivían los partidos con mucha intensidad. Algunas veces iban al estadio, durante mucho tiempo los escuchaban por la radio y, después llegaría la televisión.

Mi abuelo no hablaba mucho, él era más de escuchar. Pero mi abuela sí, y tenía guardados en la memoria los partidos en los que el Madrid nos venció gracias a la ayuda arbitral. Definitivamente, a mi abuela no le gustaba el Madrid, y a mí, tampoco. Me pegó esa aversión y después fui yo misma la que pude comprobar que esas ayudas arbitrales existían más allá de la memoria de mi abuela.

Los Madrid-Sevilla no son un partido cualquiera. A los sevillistas nos pone, nos pone a mil, adrenalina a tope y nervios a mil por hora. Por eso los disfrutamos tanto, por eso no paramos en todo el partido. Y ellos lo saben. Saben que ganarnos no es fácil, que siguen teniendo mucho más dinero que nosotros, pero futbolísticamente ya no están tan lejos. Saben que hacernos agachar la cabeza no es tan fácil. Saben que no paramos de animar ni un solo minuto. Saben que arrancar un punto de la bombonera de Nervión es una ardua tarea. Saben que cada vez se les teme menos y eso a los del Real de Madrid les pone muy nerviosos.
Con el vídeo han dejado al descubierto la patita del miedo y eso a mi, me pone. Me pone los Sevilla-Real Madrid… ¡A por ellos!

CORNELIO VELA 21/09/2019

La rivalidad con el Real Madrid

Ha querido el destino que la vuelta de columnas blancas coincida con un nuevo enfrentamiento con el equipo de la capital de España. No voy a ser yo quien descubra a estas alturas que los partidos contra el Madrid (que aquí lo despojamos del título real sin ningún otro ánimo que el de aligerar pronunciamientos) son unos partidos marcados por una especial rivalidad, distinta a cualquier otra conocida.

Tampoco se trata de enumerar, como cuestión preliminar y  a la vez justificativa, la cantidad de veces que hemos presenciado como se les beneficiaba desde el estamento arbitral o federativo. Ahí está la hemeroteca, las fotos de una red rota en un gol imposible y las actuaciones de algún personaje, otrora jugador y hoy comentarista de verbo barrroco, para ilustrarlo. No se trata de lamentar (los Sevillistas no somos así) pero tampoco de olvidar.

La rivalidad que yo he vivido, la que vivieron los que me precedieron, es una rivalidad muy diferente a la que podemos tener con el otro club de esta ciudad, e incluso con la del otro equipo de la capital. Con los primeros la entendemos como una parte más de esa dualidad que a los sevillanos tanto nos gusta. Son como son, pero son los nuestros. Con el Atleti la disputa es más de estilo, ya me entienden. Pero con los merengues, la cuestión está enraizada en las propias entrañas del sevillismo, legado recibido de quienes nos enseñaron a ser Sevillista.

Frente al Madrid, el sevillismo saca a la luz la máxima expresión de su rebeldía al conformismo. Nunca hemos llevado bien eso de ser “de provincias” en su tono más despectivo. Ni es una mera disputa entre radicales. Si me apura, es la rebelión burguesa Sevillista que aflora su nacionalismo más sevillano. Es algo más allá del fútbol y que no tiene nada que ver con ideologías políticas o meras pugnas localistas. Es mucho más profundo. Es la reivindicación de nuestro saber hacer y de nuestra capacidad, el rechazo más profundo al tópico y a la infravaloración. El orgullo frente a la arrogancia y el señorío frente al desdén.

Cuenta mi amigo del alma, Juan Pablo, que su abuelo “Barrero”, que fue jugador del Sevilla en los años 20 y nuestro primer traspasado al Real Madrid, una vez retirado del fútbol y afincado ya en la Capital de España como Notario, cuando el Sevilla visitaba el Bernabéu, se volvía a sus amigos y coincidentes en la grada y les decía: “Mucho cuidado con lo que aquí se diga, que hoy juega mi SEVILLA“.

Así somos. Sin necesidad de ser antialgo, porque en eso no perdemos ni el tiempo ni la energía, con el respeto al contrincante sea quien sea pero con la firmeza del que nunca se siente inferior. Y en el fútbol tampoco.

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