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Monchi - Columnas Blancas

FRANCISCO ROMERO 02/01/2020

Monchi y el don de la oportunidad

La vuelta a casa de Ramón Rodríguez Verdejo (sinónimo de plata) es un éxito del presidente y de su consejo de administración con el que vuelve a disfrutar el sevillismo en pleno. Un logro que, con ser sustancial, resulta incomparable con el futuro inmediato que ya se nos vislumbra.

Somos legión los que, como el de San Fernando, creemos “de forma radical, extrema y ultra en este Sevilla Fútbol Club que se está cociendo, en este proyecto que se está dibujando”. Sabemos que “somos el más grande de Andalucía desde hace 130 años y que lo seguiremos siendo en los próximos 200” y que “somos la marca que mejor ha vendido la marca de esta ciudad… porque así nos parió nuestra madre, exigentes y conformistas”.

No tanto por una cuestión de juicio como de edad, he aprendido a analizar los discursos en general no sobre lo que me dicen sino sobre el trasfondo, sobre lo que me quieren decir. Y, a mí me lo parece, con esa prédica de final de año en Los Lebreros que puso a gran parte de los accionistas presentes en pie, tres lustros después del alegato de Del Nido en Madeira, el Sevilla se ha dejado algún mechón de pelos en la gatera de esa imagen ambiciosa de constante progresión.

Harían bien Monchi y el Sevilla, desde el silencio absoluto y máximo respeto, en excluir cualquier referencia, aún de forma tácita, al club menor de la ciudad, prolongando la senda de aquel septiembre de 2004 que tan majestuosos resultados ha procurado. Haría, igualmente, bien nuestro director general deportivo en no dejar traslucir la más mínima duda sobre si se aprovecha, o no, su fama y su bien ganada reputación como escudo de otras cuestiones deficientemente explicadas por parte de los dirigentes; en definitiva, haría bien en seguir desempeñando su rol como él solo sabe y en alejarse de la delgada línea que separa la oportunidad del oportunismo.

Lo obvio es irrebatible y no ha de exteriorizarse en el foro donde los administradores, anualmente de forma ordinaria, han de dar cuentas de su gestión (notable en el último ejercicio) y menos aún al comienzo de la convocatoria en lo que pudo parecer (“sed exigentes, exigid claridad, pero al mismo tiempo demos margen de credibilidad a aquellos que nos han elevado al olimpo europeo, a éxitos increíbles”) una puesta en escena destinada a atemperar los razonables ánimos de indagación de unos accionistas inquietos por el día a día y avizores del futuro de nuestro Sevilla.

Ni era el lugar ni era el momento. Lo primordial, como él mismo corroboró (“estoy convencido de que hay margen para crecer aún más a todos los niveles”), es que siga manteniendo el crédito, el que posee tras una trayectoria repleta de laureles que -excediendo objetivos- ha culminado al finalizar 2019 en el pódium del fútbol español.

Mercado de invierno

Lo primero que cabe decir es el agradecimiento a los administradores de Columnas Blancas por permitirme dar mi opinión en esta reputada web sevillista.

Opinión que hoy está dirigida al tan comentado tema del mercado de invierno.

Tema que se ha fortalecido con la derrota con el Villarreal y el partido con el Bergantiños.

El equipo lleva ya cuatro meses compitiendo y para mí no hay duda que hasta el momento está cumpliendo de sobra las expectativas.

En general, el equipo funciona y recalco lo de en general (no lo último que tenemos en la retina). Tiene un estilo reconocible y los resultados hasta ahora lo avalan. Se han conseguido 31 puntos en 17 jornadas, lo que le ha supuesto que en la actualidad sea el tercer clasificado.

Pero la liga te da una oportunidad para poder modificar la plantilla durante el mes de enero. Todos los equipos son mejorables, y el Sevilla, también. Así que hay que intentarlo.

Cuatro meses son suficientes para saber dónde el famoso cuadro de Monchi es mejorable. Y sin duda quien mejor lo sabe es el propio Monchi.

Ya en su día, justo antes de comenzar la liga, el propio Monchi dijo que a su proyecto le faltaba algo y que se podía haber hecho algo más. Pues en unos días tiene la posibilidad de completar ese famoso cuadro que dejó sin acabar.

Pero ojo, los aficionados somos muy propensos a pedir fichajes, y hay que tener en cuenta muchos condicionantes. Primero el económico. El esfuerzo en verano ha dejado poco margen de maniobra. Y tampoco hay mucho margen en los jugadores. Debemos saber que en la mayoría de los casos los jugadores que están en el mercado de invierno son muy suplentes en sus respectivos equipos.

Pero también hay algo que reseñar a estos inconvenientes. El director deportivo del Sevilla es Monchi, con lo que eso conlleva.

En las posiciones de donde se puede mejorar más o menos coincidimos casi todos. Pero hay prioridades, y claro, todas no se van a cometer. A ver Monchi si decide actuar hasta dónde puede llegar. La lista que hay en la calle pudiera ser esta:

1º Un delantero que mejore la capacidad goleadora de los que están en la plantilla.

2º Un jugador ofensivo de banda izquierda con desborde.

3º Laterales de más nivel que Pozo y Escudero.

4º Un mediapunta que aporte velocidad.

5º Un central “con centímetros”

6º Un portero.

Yo puesto a opinar, me conformaría con mejorar el 1º caso, creo que es lo único que verdaderamente repercutiría de manera significativa en el equipo. Los demás casos, con una buena gestión del entrenador podría valer.

También la opción 5º me parece muy interesante.

A todo esto, no me he referido a las salidas, porque doy por seguro que si las hay no repercutirán negativamente en el equipo.

Autor
ENRIQUE VIDAL 22/11/2019

Los Ramones

La historia del Sevilla F.C. se vertebra a través de tres Ramones: Sánchez-Pizjuán, Encinas y Rodríguez Verdejo.

Cada uno de ellos, en sus respectivas áreas competenciales, representa el canon de la excelencia, el talento, la eficacia y la caballerosidad que una institución como la sevillista (o lo que es lo mismo, su masa social de aficionados) pretende para su clase directiva. Todo ello rematado por la más importante de las cualidades posibles, su amor al club.

Hay otros muchos personajes, anteriores, coetáneos o posteriores, imprescindibles en la vida del club, algunos de ellos determinantes, otros no tanto, o directamente olvidables, pero pocos han reunido todos esos requisitos juntos o los han desarrollado con la profundidad y la capacidad demostrada por éstos.

No es lugar éste, ni hay espacio, para glosar pasajes biográficos de los protagonistas, fácilmente accesibles en otros medios y plataformas, por lo que me limitaré a reseñar algunos datos singulares que, sobre todo en el caso de Sánchez-Pizjuán y Encinas, puedan ser más desconocidos para el gran público, y que sin embargo, son comunes a todos ellos.

Por ejemplo, nuestros tres Ramones fueron o son considerados como los números uno de su tiempo en su puesto. Sánchez-Pizjuán fue tildado como el mejor presidente del fútbol español por voces tan autorizadas como Helenio Herrera, Pedro Escartín o el famoso aficionado bético de la vieja guardia Alfonso Jaramillo González quien, en una curiosa entrevista en Don Balón, suspiraba porque hubiera sido presidente de su club. No le regalaron dicho elogio en vida ni con ocasión de su prematura muerte, tampoco en ningún homenaje o acto similar, ni por cortesía, sino muchos años después, prácticamente obiter dicta, con una perspectiva de las cosas amplia y experimentada que hacía muy rica su opinión.

Por su parte, Ramón Encinas fue elevado a la cúspide de su profesión, no sólo por el propio Escartín, sino por el genio barcelonista José Samitier o el gurú de los años treinta, Amadeo García Salazar, al punto que, sin dejar sus responsabilidades de club, fue entrenador de la selección española con hasta cuatro seleccionadores diferentes, cubriendo el exitoso Mundial de Italia de 1934. Entrenó entre otros al Real Madrid y al Valencia, siendo secretario técnico del Sevilla F.C. en sus últimos años en activo. Junto a Pepe Brand y Antonio Sánchez Ramos, resultaría decisivo en la contratación de figuras extraordinarias del Sevilla clásico como Alconero, Busto, Arza, Antúnez, Pepillo o Ramoní, entre otros selectos jugadores.

Por último, Monchi. Me extiendo menos con él porque, a Dios gracias, está de plena actualidad. Lo suyo es sencillamente punto y aparte, no hace falta casi ni detallarlo, y quien no lo supiera, bien que lo ha aprendido durante el paréntesis de su periplo romano. El tiempo nos dará su completa dimensión. Mientras tanto, ha regresado este hijo pródigo sin perder un ápice de su prestigio, siendo unánime su condición de amo absoluto en lo suyo, una especie de mago, rey Midas, reconocido por compañeros, expertos, amigos y enemigos.

Sobre todos ellos puede decirse también que el dios del fútbol escribió su historia con renglones torcidos. Los tres fueron futbolistas frustrados, que necesitaron pasar la prueba de fe del fracaso como jugadores para acabar reconvertidos en héroes fuera del terreno de juego. Los tres fueron pioneros y visionarios. Sánchez-Pizjuán, con su idea de un gran estadio en Nervión, pergeñada desde principios de los años 30, o enfrentándose al franquismo, Moscardó y la Falange en plena posguerra, al exigir democracia en el gobierno de los clubs españoles. Encinas, aplicando en España métodos gimnásticos en la preparación física y el sistema de juego WM, de Herbert Chapman, aprendidos durante una estancia en Inglaterra para perfeccionar sus conocimientos técnicos. Monchi, lo sabemos todos, instaurando, a base de ingenio y personalidad propia, y una enorme capacidad de trabajo, una manera de componer la secretaría técnica y de gestionar los recursos humanos (adquisiciones, bajas, plusvalías, vestuario, etc.) que hoy nos resulta familiar, pero que hace veinte años sonaba a disparate, y que sin embargo, sirve para competir casi de tú a tú con los más poderosos del planeta.

Es un orgullo que estos Ramones sean santo y seña del Sevilla F.C. y no es casualidad que así haya sido. Quiero decir que esto de los Ramones, con unos rasgos comunes tan originales, es un fenómeno eminentemente sevillista. Al margen de sus condiciones personales innatas -esa materia prima que los hizo y hace únicos-, no puede soslayarse que la ciudad y, sobre todo, el contexto de club y el cariz de sus seguidores, han tenido mucho que ver en la maximización de sus cualidades, facilitando primero, permitiendo después, y exigiéndoles siempre, que pudiesen expresarse con plenitud, dentro de las limitaciones propias de una entidad con nuestro tamaño; y acompañándolos, también, tanto durante la vigencia de sus cargos, como tras el final de sus carreras, con el respeto y admiración que sólo el sevillismo es capaz de demostrar a los suyos, gracias a un talante mamado desde la cuna que ya muchos quisieran para sí y que se llama autenticidad.

ALFONSO GENTIL 21/10/2019

Auctoritas

La palabra autoridad procede de la romana auctoritas. Se entendía por ésta en el derecho romano la legitimación socialmente reconocida que procede de un saber, la que tenía la capacidad moral para emitir una opinión, la que debía decidir. Hace unos años tuve con mi familia un encontronazo con una jauría de perros que creímos […]

RAFA VELASCO 20/09/2019

¿Una vuelta atrás?

Dicen que siempre hay que mirar adelante, que nunca se debe mirar atrás, pero el rico refranero español, también nos dice que Rectificar es de sabios. ¿Y todo esto a qué viene? Pues viene a colación de la vuelta que parece haber dado nuestro Sevilla FC a aquellos comienzos donde se fraguó un Sevilla Campeón. […]

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