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Lopetegui - Columnas Blancas

PEDRO MONAGO 18/12/2019

Probaturas

Aunque llevo ya unos años opinando por aquí y en redes sociales, siempre me he resistido a escribir sobre fútbol en sentido estricto, sobre sus aspectos técnicos. No entiendo de fútbol, lo digo siempre y muchos amigos lo consideran falsa modestia, pero no es así. No me suelo fijar ni en como están colocados en el campo los jugadores y solo al final puedo tener una opinión, más basada en sensaciones y hechos objetivos (soy resultadista), que en un análisis técnico del desarrollo del partido, cosa que dejo para gente muy preparada que tenemos la suerte de leer también aquí.

Hoy, en puertas del descanso futbolístico navideño, voy a hacer una excepción para contaros algo de cómo veo al Sevilla hasta ahora.

Parece obvio que esta temporada hemos mejorado en la configuración global del equipo: somos más sólidos en dos zonas claves, como son la defensa y el centro del campo.

Y también parece obvio que hemos empeorado en el ataque. Eso, además de las sensaciones, lo dicen los números.

La cuestión es, ¿cuál es la razón de que ataquemos peor? Y, en función de ello ¿qué se puede hacer?

Aquí hay opiniones para todos los gustos, desde la más popular (De Jong, Chicharito, etc, son unos bultos), hasta la teoría de la manta (atacamos peor porque nos arropamos más atrás), pasando por la mala configuración de la delantera por parte de Lopetegui.

Yo que, como decía un querido (aunque reciente) amigo que nos dejó hace poco, suelo ser equidistante, aquí no lo voy a ser menos: no creo que haya una sola causa de que nos cueste hacer gol.

Los delanteros no son, parece claro, del nivel de los monstruos que hemos tenido en los años de esplendor, vale, pero tampoco creo que tengan un nivel que no sea, al menos, equiparable a otros equipos (bastantes) que han anotado más que el Sevilla. No puede, por tanto, ser la única ni principal causa de la sequía.

La segunda posible circunstancia, la teoría de la manta, puede servir para algunos partidos en los que (dicho por el propio Lopetegui) nos hemos metido demasiado atrás, después de ponernos por encima en el marcador, pero no para otros cuantos en los que hemos atacado bastante, sin acierto. Por ejemplo, los dos últimos o la primera parte de Barcelona.

Nos queda, de las tres posibles causas comentadas, la relativa a la configuración de la delantera por Lopetegui. Tengo claro que este posible motivo es más amplio, porque la configuración de la delantera está condicionada (y al revés) por la del resto del equipo y el estilo de juego. Aquí, desde mi niideísmo, al principio reconocido, y sin pretender saber ni una milésima parte de lo que sabe Lopetegui, yo creo que hay campo de mejora.

Suelo decir (vuelvo a remitirme a mi post El especialista) que los hombres de fútbol, a veces, precisamente por serlo, pierden de vista cosas más mundanas que, sin el corsé de ser el que más sabe de esto, son palpables para el común de los mortales. En mi opinión, cualidades escasas pero muy valorables en los especialistas son la flexibilidad y la humildad, virtudes que, sin duda, hacen que no caigan en el pecado mortal de la cabezonería, que a tantos entrenadores se ha llevado por delante.

Tengo plena confianza en que Lopetegui, que ha conseguido lo más difícil desde que llegó, será capaz de mostrarnos las referidas cualidades. Y no lo digo porque yo crea que debe poner a uno u otro (que ahí el cabezón sería yo), sino porque entiendo que sería bueno que probara soluciones que a los legos se nos ocurren, como poner a Munir y/o Dabbur de delantero, utilizar a De Jong más como recurso que como regla, mezclar un poco el estilo y que no sea centros laterales al área el 90% de las veces, etc.

A lo mejor nada de eso funciona, pero estaremos de acuerdo en que esta prueba es más fácil (y barata) que intentar sustituir a los jugadores en plena temporada.

Sevilla Unirea Champions
ENRIQUE BALLESTEROS 28/11/2019

Los pies en la tierra

Se cumple el décimo Aniversario del gol que se marcó nuestro gran Ivica Dragutinovic, Drago para los amigos y sustituto de Sergio Ramos para los ignorantes, en Bucarest ante el Unirea Urziceni, tanto que supuso una pequeña decepción. Nuestra única derrota en la más que probable mejor fase de grupo de Liga de Campeones de nuestra historia (también de largo el grupo más asequible), el petardazo vendría después en octavos de final. Hoy, diez años después, el sevillismo se encuentra rebosante en una nube de optimismo aupado, de forma sospechosa y peligrosa, por la victoria en el derbi en el Benito Villamarín.

Julen Lopetegui ha cambiado todos los titulares y todas las impresiones, lo que antes eran hachas ahora son pañuelos de reconocimiento, lo que antes eran estoques ahora son claveles. Está la temporada para que “lo de Éibar” pase a los anales de nuestra leyenda como ya forma parte “lo de Oviedo” o “lo de Tarragona”. Haber presenciado estas dos derrotas que, bien por caos bien por quedarte en las mieles de la gloria, se pueden considerar como cruzar la Antártida, espero que, en un futuro, yo pueda decir “estuve en Éibar” (porque estuve aunque todos los goles me pillaran en el otro gol). Ojalá que no.

Lo cierto es que el Sevilla no está variando un ápice cada uno de sus inicios de temporada de un tiempo a esta parte. Aspirábamos a todo a estas alturas de año con Jorge Sampaoli, con Eduardo Berizzo e, incluso, con Pablo Machín. El equipo luego se caía bien en marzo, en Navidades o con el frío de enero. Tanto que, en ninguno de los casos, se consiguió clasificar directamente para la Champions League al final de cada curso (Jorge Sampaoli nos dejó cuarto, eso es cierto, pero se marchó dejando a otro la papeleta de estar en la máxima competición continental mediante una previa). Todo lo contrario que don Unai Emery que, de una u otra manera, no solo nos regalaba la nimiedad de tres Europa League sino que nos dejó, en sus dos últimas sesiones, clasificados para Champions League. Y todo ello después de comenzar con uno o dos puntos de los primeros 15 puntos posibles en más de una temporada. Siempre era un tío de segundas partes, tanto a lo largo del año como a lo largo de los partidos.

Pero aquí no vengo a ensalzar a unos y a defenestrar a otros, aquí vengo a escribir un artículo “para intentar bajarla al suelo”. Si tenemos en cuenta a los rivales que nos hemos enfrentado, y la condición de local o visitante, el Sevilla, en este 2019/2020, solo cuenta con dos puntos más de los logrados contra los mismos equipos y las mismas condiciones con respecto al año anterior donde terminamos con la cifra floja de 59 puntos con su respectivo sexto puesto. Bien es cierto que ha habido mucha exigencia porque nos hemos medido contra adversarios a los que el año pasado les sacamos puntos. Ahora el calendario, en teoría, benigno, es el que nos
debe dar el espaldarazo para confirmar este buen inicio de curso. Esto es, Leganés en casa, Osasuna (por Huesca) fuera, Villarreal en casa, Mallorca (por Girona) fuera, Athletic Club en casa y Santiago Bernabéu nos proporcionó en la 2018/2019 tan solo cuatro de los 18 puntos posibles. Lo que no sea superar ese dato con creces supondrá que habremos repetido los batacazos del año anterior. Batacazos que, afortunadamente y quitando “lo de Éibar”, en esta campaña aún no se han producido.

Este calendario interanual pondrá a prueba el principal argumento de los más optimistas. La fiabilidad que desprende el nuevo sistema implantado por Julen Lopetegui y la seguridad que han supuesto los dos fichajes estrellas en el regreso de Monchi: Fernando, el mejor fichaje de LaLiga y el mejor mediocentro defensivo actualmente que se puede ver en la competición doméstica; y Diego Carlos, pilar básico en el eje de la zaga y uno de los mejores centrales del torneo español. La punta del iceberg de una buena estructura especialmente defensiva, basada en la presión en tres cuartos y en la recuperación de balón; amén de una gran, como habitualmente nos tenía acostumbrado el León, planificación deportiva. Es decir, los cimientos que dan la solidez para que el aficionado sevillista ilusionado de a pie confía para que “el edificio no se derrumbe”.

Sin embargo hay que contar con que el once (doce, trece, catorce…) que nos sabemos de carrerilla no va a perdurar toda la temporada. Pasadas las fiestas paganas, Julen Lopetegui tendrá que demostrar que sabe hacer la transición. Debe saber hacer entrar a la que hoy es su segunda línea de jugadores. Los que llevan jugando la  Europa League esta temporada, y que de momento están cumpliendo a la perfección a sabiendas que ni el APOEL, ni el Qarabag ni, mucho menos, el F91 Dudelange, son contrincantes de entidad para evaluar la actuación individual de un futbolista. Y mucho menos el colectivo. Más que nada porque, al cambiar prácticamente de golpe, once jugadores por otro once, resultará complicado asimilar los automatismos por mucho entrenamiento que haya de por medio.

No es una opinión alarmista. No, no lo es. Sin meternos tampoco en el mercado de invierno para pulir las carencias. Es la duda que desprende cuando, por lesiones, cansancio u otras circunstancias (como por ejemplo tres partidos de sanción “llovidos del cielo”), obliguen a los Gudelj (que estuvo muy bien en Valencia), Munir, Rony Lopes, Escudero, Pozo, Sergi Gómez o los delanteros entrar dentro de la alineación titular liguera y de la fase final de la Europa League con cierta continuidad. Y que esa presencia venga acompañada de rendimiento, sensaciones y, sobre todo, resultados. Que la buena noticia que nos ha dado Jules Koundé con, aparte de su proyección de futuro, su gran irrupción por la lesión de Dani Carriço sea la vereda que guíe a los citados para que puedan entrar en la rotación como ya hacen Éver Banega, Óliver Torres, Joan Jordan, el Mudo Vázquez y Nolito por dos o tres posiciones. Ojalá que así sea y que los que ahora descorchan el champagne del ensueño (y, en algunos casos, la utopía), lo sigan haciendo y nos inviten a los más precavidos, incluso a los que fuimos a Éibar, a unirnos a esta fiesta que, de momento, se han inventado Julen Lopetegui y Monchi.

El rendimiento de Lopetegui

Lopetegui ha sido, quizás, uno de los entrenadores que más dudas ha despertado en la afición, incluso antes de que rodara el balón en La Liga. Sin embargo, a trece jornadas del inicio de la competición, las cifras lo avalan.

El gráfico que encabeza este artículo ubica cada entrenador del Sevilla en función de dos ejes: en el eje horizontal indica el número de partidos de liga del Sevilla FC que ha dirigido cada uno de ellos y en el vertical el porcentaje de victorias conseguido en esos partidos. En base a estas dos variables, cada punto en el cuadro indica cuál ha sido el desempeño de cada entrenador. Obviamente no sólo es importante el porcentaje de victorias obtenidas, sino que éstas se mantengan en el tiempo. Con este criterio, hemos señalado los puntos correspondientes a aquellos entrenadores que han conseguido más de un 50% de victorias, habiendo dirigido al menos 10 partidos de liga. Podemos observar que Lopetegui ya se perfilaría entre los entrenadores con mejor rendimiento de la historia del Sevilla si mantuviera la misma dinámica de resultados en el tiempo.

En el cuadro anterior solamente hemos considerado las victorias, si a esto sumamos los empates, obtendríamos el promedio de puntos por partido de cada entrenador. En el siguiente cuadro mostramos dicho resultado, donde podemos observar que Lopetegui se acerca a las excelentes cifras obtenidas por Sampaoli.

Fuente: Elaboración Propia

Para contextualizar estos resultados, consideremos que el promedio de puntos por partido conseguidos en liga por el Sevilla a lo largo de toda su historia es de 1,46, y que un equipo que tuviera el mismo número de empates, victorias y derrotas obtendría un promedio de 1,33 (si extrapolamos la regla de 3 puntos por victoria a toda la historia de la liga).

De seguir Lopetegui con el mismo promedio de puntos por partido, obtendríamos aproximadamente 70 puntos en la temporada. Con esos puntos, el Sevilla FC habría sido 3º en la temporada 2018/19, 5º en la 2017/18, 5º en la 2016/17 y 4º en la 2015/16. De estas cuatro últimas temporadas, solamente en la 2016/17 el Sevilla consiguió superar esa cifra con 72 puntos.

A estos datos debemos sumar los resultados obtenidos en competición europea, que por el momento son abrumadoramente favorables a Lopetegui, ya que tiene un pleno de victorias con el 100% de los partidos ganados en Europa League. Pero no consideramos que pueda hacerse una comparativa razonable con el 75% de victorias de Machín en 16 partidos, el 60% de Juande en 30 partidos o el 62,79% de Emery en 43 partidos, ya que solamente nos encontramos en la fase de grupos y la categoría de los rivales enfrentados aún es muy desigual en comparación con las fases finales de la competición a la que llegaron estos entrenadores, y ya no digamos con los resultados obtenidos por los entrenadores que dirigieron al Sevilla en la Champions.

Desde la perspectiva temporal, es evidente que aún es pronto para poder juzgar los resultados del actual entrenador, pero sin embargo, podemos ver que, en base a los datos obtenidos, se va aproximando a los grandes nombres del banquillo sevillista. Un motivo más de ilusión en esta nueva etapa de Monchi al frente de los designios deportivos de nuestro club.

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