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Prabu Dennaga
JOSÉ MANUEL ARIZA 11/11/2020

La cola del tigre

Saludos.

Aunque José Ramón Yúfera escribiera recientemente un magnífico artículo en éste portal (https://columnasblancas.es/2020/11/la-polemica-del-130-aniversario/) en el que ponía negro sobre blanco lo que llama con acierto “polémica” sobre aquel partido del 8 de marzo de 1890, no me resisto a considerarlo desde otra perspectiva, desde la percepción de un sevillista apasionado por la Historia de su Club; desde el observador que intenta, siempre que puede, leer un poco más allá de los titulares, del sensacionalismo y del ruido interesado de las claques que se abonan, enseguida, a todo aquello que les proporcione un pequeño y dudoso “placer” en sus oníricos mundos de yupi. Recordemos que la fantasía es libre y gratuita y que cada cual se construye su propio paraíso como mejor le conviene. Luego, la realidad suele ser dura y muchas veces, cruel.

Hemos asistido y seguimos asistiendo, a un aluvión de mensajes, especialmente en Twitter, de unos, de otros, de los de en medio y de los de más allá; de los ofendidos por algo que con una mínima, aceptable solo, capacidad de buena lectura (comprensiva) nadie ha dicho, ni escrito ni reivindicado; de una defensa numantina aunque no haya ejército alguno a las puertas de la ciudad (pero que podría haberlo… también).

Mensajes furibundos donde los insultos han proliferado sin control, sin mesura y en todos los sentidos. Mensajes en jerga cuartelera (no podía ser de otra forma) de los “abonados” externos al proverbio árabe que sentencia: “los enemigos de mis enemigos, son mis amigos”. Aunque tal vez les convendría esto otro de… “mejor solo que mal acompañado”.

Se nos acusa a los sevillistas (no a los sevillanos, puntualicemos) de pretender querer ser “los dueños de Andalucía”, mezclando, supongo, conceptos como política y fútbol, con fruición y con un  desparpajo llamativo. La furia descontrolada tiene eso: que no distingue con precisión el objetivo al que atacar, ni porqué, con tal de mitigar tus frustraciones. Es el soma de Huxley versión 2.0.

Porque en fútbol no es que queramos ser los dueños de Andalucía, es que LO SOMOS. Y lo somos porque solo nuestro Club reúne títulos y méritos como ningún otro en la Comunidad, incluso juntándolos a todos. Más aún, tendrán que pasar muchos años para que alguno de ellos siquiera empate. La mayoría de ésos clubes andan, afortunadamente y con buen gusto, ajenos a las cuitas del occidente.

Otros, desde nuestras propias filas, nos afean que “entremos al trapo” de los dicterios….

Pues destaquemos que históricamente, el Sevilla siempre fue a lo suyo (un error desde mi punto de vista porque de aquellos polvos, éstos lodos) dejando que el “escaparate”, lo que se exportaba a otras latitudes, lo compusieran cronistas de señalado signo verde. Durante décadas, se nos conoció fuera por las columnas sesgadas que salían de las plumas locales de esencias impropias, de indudable color de yerba. Un solo ejemplo entre cientos: en un partido de 1918 en el que le endosamos 5 a 1 al Betis, el articulista concluyo el relato con un “las defensas del Real Betis, que tuvieron en jaque toda la tarde a los delanteros del Sevilla” (es más largo y más penoso, por delirante, pero que para muestra bien vale como botón). Y si nos tomamos un tiempito y nos leemos la odisea del 22-0…

Muchos, casi todos éstos plumillas, dirigentes (alguno presidente en dos ocasiones) del Equipo de Las Palmeras.

Deduzcan y concluyan de dónde viene ésa “mala fama” con que nos etiquetan en tantos sitios porque como verán, ha sido conveniente fertilizada durante años (ni ángeles ni demonios). Unos reinaban en el papel y otros en el césped: unos “a lo nuestro” y otros “contra ellos”. Hoy sigue casi exactamente igual en los distintos formatos y a medida que las distancias se agrandan, las reacciones se exacerban. ¡Y tienen la desfachatez de hablar de “biriprensa”!

¿Qué ha cambiado?

Mucho, muchísimo porque la paciencia tiene un límite y ya nos hemos hartado de tolerar estupideces de acomplejados. No más.

Todo porque no es sano ni recomendable pisarle la cola a un tigre; que no les pueden seguir saliendo de gorra tanta falacia, tanta hipocresía, tanto insulto (a la inteligencia sobre todo) y que donde eran dominadores (solo ahí) tampoco lo van a seguir siendo. Ya no. Ahora salimos en masa sevillista a decirles que SU verdad no es LA verdad; que las charlas de tabernas se han acabado; que ya no callamos porque la mayoría conoce perfectamente nuestra Historia y sabe responder a los cuentos de los abuelos; que aunque se apilen como balas de cañón o se titulen como los primeros, la guerra la tienen perdida. Y como lo saben, no debe extrañar que recurran a apoyos extraños, políticos, muy alejados de la realidad futbolera y de la Historia, para tratar de sumar cómplices ajenos que, con sinceridad, les hacen más mal que bien aunque no sean capaces de verlo en su obcecación.

No nos engañemos porque nos conocemos y la “polémica” solo subsiste en tanto que aparezca en medio el nombre de nuestro Club. Porque la sombra del Sevilla FC es alargada y les oculta la luz del sol.

Cuidaros.

La polémica del 130 Aniversario

Hace ya mucho, un amigo sevillista me dijo, con ocasión de pasadas diatribas con el eterno rival urbano, que en esas guerras el SFC nada tenía que ganar y mucho que perder. Tal aseveración viene ahora como anillo al dedo a raíz de la furibunda reacción de la alcaldesa de Minas de Riotinto ante el acto celebrado en Tablada el Viernes 6-11-20 y respaldado, como era de esperar, no faltaría más entre correligionarios políticos y nacidos en la misma localidad, por el actual regidor del Ayuntamiento de Huelva.

Antes que nada, humildemente, recomiendo a la Sra. alcaldesa de la ciudad minera que cuando el Ayuntamiento que representa haga algún escrito vigile su redacción, porque la soflama dirigida al presidente del SFC, en términos de corrección literaria y ortográfica, deja mucho que desear y es impropia de su población, y más cuando se ha presentado en todos los medios.

Deseo aclarar a las instituciones y clubs agraviados, que el SFC es una entidad privada, orientada principalmente, desde sus inicios, a la práctica del fútbol y lograr éxitos deportivos en este deporte y no en otras disciplinas deportivas o de vida social. Hecho a sí mismo, el SFC nunca ha implorado, ni en sus peores momentos, ayuda institucional, municipal, autonómica, o estatal. No juega en estadio municipal, tiene su propio patrimonio conseguido solo con el esfuerzo y el dinero de los suyos sin nada que deberle a ninguna institución política. Es el 6º club de España en el “ranking” histórico de la liga española, es la entidad andaluza que en fútbol más títulos ha conseguido y sus abonados somos fieles al lema de sevillistas en Sevilla, sevillanos en Andalucía, andaluces en España y españoles en el Mundo. Nuestros éxitos los tenemos que celebrar con sordina, casi disculpándonos, a pesar de brindárselos reiteradamente, diez veces en los últimos 15 años, a Andalucía. Esa es su verdadera historia, y no la que fabrican otros.

El SFC nunca ha usado ningún calificativo ni delante ni detrás de su nombre principal, ni para dar lustre a la entidad, ni como reclamo ante una posible escasez de abonados o de triunfos y solo cambió de nombre una vez por imposición política. En una región como la nuestra, en la que más de un club se arroga la antigüedad que le place tomando como origen la más antigua de entidades desaparecidas, frecuentemente con nula relación con las actuales, sin que nadie replique, es justo recordar este dato cuando se afea y acusa al SFC nada menos de falsear, faltar al respeto y usurpar la historia de los demás.

El club ha logrado un alto grado de profesionalización a todos sus niveles, y entre ellos está su propia Área de Historia. Con muchísimas dificultades y pocos medios, porque a pesar de lo que comúnmente se cree fuera, el SFC no es una institución rica, las pocas personas que en dicha área trabajan son especialistas titulados. Han demostrado que en 1890 en la antigua dehesa de Tablada se jugó un partido entre dos clubs, uno era el SFC y el otro el Huelva Recreation Club. Da igual que en la prensa onubense o en otros documentos en los meses posteriores a marzo de 1890 llamasen al SFC el “Club Inglés de Sevilla”. Fue un partido registrado en la prensa británica desde Escocia (Dundee, The Dundee Courier and Argus) hasta Nueva Zelanda (Dunedin, The Otago Witness) pasando por Inglaterra (Londres, The Field) en 1890 y 1891 en los que claro y diáfano se escribe el nombre de SEVILLA FOOTBALL CLUB. Un partido reglamentado, no una exhibición de colonialistas británicos del 1870 ante depauperados y explotados obreros españoles.

Escrito esto, nadie entre el sevillismo discute la primacía en el fútbol nacional del actual Real Club Recreativo de Huelva ni de ningún otro club de su provincia, a pesar de sus cambios de nombre.

Recurso fácil es preguntar a los regidores de las dos ciudades onubenses si no tienen cosas más importantes de las que ocuparse, y preocuparse, que de crear polémicas artificiales y absurdas. Pero en un plano estrictamente deportivo creo que si el desproporcionado celo puesto en este asunto lo pusieran los dos ayuntamientos desairados por tan inocuo y modesto acto en Tablada (que en nada perjudica su existencia ni su historia) en conseguir que sus ciudadanos renueven el abono anual en cualquier circunstancia y coyuntura, y pueblen jornada tras jornada en la categoría que fuere las gradas del Nuevo Colombino o del Cuna del Fútbol Español en lugar de abandonarlo para ver al FC Barcelona o Real Madrid por TV, ni el RCR Huelva ni el Riotinto Balompié estarían en la situación que están.

La cantinela del apoderamiento por parte del SFC de símbolos y de historia no es nueva, ya la conocemos los sevillistas, y además no es la primera vez que algún alcalde o alcaldesa nos han soltado los perros por motivos igual de fútiles que este. Aprovechando el acto en Tablada, alguien ha agitado otra vez el árbol del anti-sevillismo y ha movido una de sus tres ramas, en este caso, la de la Andalucía anti-sevillana. Otra rama permanece oculta, que es la que difama, y la tercera, que es donde se reparten los carnets de clubs y aficiones simpáticos, pues a lo suyo divulgando solo lo que le parece. En este sentido, la información al respecto que aparece en un diario deportivo nacional, usa como soporte gráfico una placa inaugurada ya hace 10 años confundiéndola con el modesto monumento conmemorativo inaugurado el viernes. Por favor, un poco de rigor y contraste a los supervisores de este medio y reconvengan algo al informador.

La historia de siempre, la de ricos y pobres, la de buenos y malos y la de opresores y oprimidos. Más vale caer simpático que ser gracioso dice el viejo refrán. La gente cree no la verdad, sino lo que le gustaría que fuese verdad. Y según este razonamiento, el SFC no puede quitarse el injusto sambenito que le colgaron hace muchísimo tiempo. Haga lo que haga el SFC, nunca será bastante para mejorar su fama.

Jamás el SFC ha faltado, ni faltará al respeto a ningún club o ciudad, a pesar de que cuando toca visitar rivales próximos se le recibe con hostilidad y de que cuando vienen Real Madrid y FC Barcelona, aficionados de ciudades y provincias próximas acuden a Sevilla a ver si humillan al SFC. Animo a nuestro presidente a que no entre en ninguna polémica.  Al Ayto.  de Minas de Riotinto debe contestar él, porque a él va dirigida la exagerada reprimenda. Y en mi modesta opinión, la respuesta debe ser lo más correcta y amable posible pese al tono amenazante de la carta. La protesta del alcalde onubense, como no va dirigida con la misma concreción que la de su colega de su ciudad natal, debería ser atendida por el alcalde de nuestra ciudad, pero adivino que no estará para estas cosas.

La historia del SFC es la que es, guste o no, ni roba símbolos ni fama a nadie ni falsea la historia. Si hubo fútbol, de exhibición o reglamentado, en cualquier lugar de la provincia de Huelva desde 1870, exhorto a las ciudades y a los clubs afectados a que divulguen los documentos que tengan a mano como ha hecho el SFC. Si la RFEF media, y da como buena la versión onubense, pues el SFC la aceptará.

Y nada más. Desde Sevilla, y particularmente desde el SFC, se lamenta mucho la incomparecencia en el acto de los representantes municipales de Huelva y del RCR Huelva especialmente de Manuel Zambrano que tan buenas tardes de fútbol en tiempos de Manolo Cardo nos dio a todos los sevillistas. Y como escribo siempre, vamos a llevarnos bien, y cada mochuelo a su olivo.

JOSÉ MANUEL ARIZA 01/11/2020

El legado

Saludos.

En 1890, pocas décadas después de la invención de un juego de guerra que se practica en la paz (con consecuencias menos sangrientas) unos pocos británicos (con mayoría de escoceses) y sevillanos instalados por negocios y por nacimiento en Sevilla (algunos fruto de relaciones parentales mixtas aunque todos formados en el sistema educativo del Reino Unido, donde la educación física era obligatoria en los colegios, institutos y universidades) deciden buscar la forma de superar la inacción de sus trabajos burocratizados practicando algún sport.

Ciertamente que desde bastante antes de ésa fecha ya remaban regularmente (otra destreza formativa) por el Guadalquivir. Sin embargo, el remo era práctica de verano (las inclemencias del tiempo así lo exigían) y había, pues, que probar otro que complementara la ausencia de ejercicio en los meses de invierno. Deciden que sea el Foot-Ball Association (diferente del Foot-Ball Rugby como bien sabemos) sport que todos dominaban porque como decíamos, ya estaban formados en él desde niños: conocían las reglas y lo practicaban.

Nota: Siguiendo las normas de la Foot-Ball Association, el Sevilla se funda con el nombre de la ciudad y con una figura social relevante como Presidente (el Vicecónsul británico, Mr. Edward F. Johnston). Los que llegaron después no pudieron hacer lo mismo, obviamente. Tampoco querían.

Habían llegado por el río y el río hizo de nexo común para que la semilla arraigara en la Híspalis de finales del XIX, principal testigo y víctima del derrumbe del Imperio.

Al principio, por pura lógica y porque solo eran posibles éstas práctica si pertenecías a las clases acomodadas (que podían dedicar tiempo y dinero a ello) el nuevo sport se celebra en sitios cerrados y elitistas (propios de la burguesía y de la nobleza) como el Hipódromo de Tablada. Era, además, un lugar adecuado por su estructura: en el centro del anillo oval queda mucho terreno despejado, liso y apto para dibujar las líneas que delimitan el campo.

Así pues y durante más de una década, los eventos del nuevo sport quedan ocultos a las clases “populares” y no es hasta que trasladan la práctica a espacios abiertos (el Prado de San Sebastián, por ejemplo) que puede congregar público alrededor. Ciudadanos que miran extrañados, y a veces escandalizados, a aquellos locos en paños menores correr como posesos dándoles patadas a una pelota (y entre ellos a menudo). El asunto de los “zulús” lo trataremos otro día.

Engancha enseguida porque el Foot-Ball es adictivo. Y lo es como espectador y como practicante. Viendo aquello, la chavalería queda pasmada y prendada: “yo puedo hacer eso”. La muchachada lo hizo y… ¡vaya como lo hizo!

El Foot-Ball trae también aires renovadores para una sociedad oscurantista, decadente y sin asimilar el fin de una época de dominio mundial. Son los aires de regeneracionismo (y de krausismo) que llegan desde Europa como vendaval de viento fresco: el “mens sana in corpore sano” de Décimo Junio Juvenal (siglos I y II d.c.). Son pensamientos “revolucionarios” en aquella España porque no fue fácil tratar de barrer la podredumbre mental que tuvo su máxima expresión en 1936. Aún quedan demasiadas secuelas de aquello, desgraciadamente.

Casi inmediatamente a la “democratización” del Foot-Ball de Sevilla, aparecen otros clubes de ideología ultra conservadora que pretenden “combatir” al Decano. Lo “viejo” contra la “nuevo” en algo absolutamente novedoso. Primer paso, “españolizar” el nombre porque a pesar de que menos de un siglo antes los británicos ayudaron a los ejércitos españoles a echar a los galos, lo del afrancesado “pérfida Albión” había quedado grabado en sus cerebros, dejando una huella anglófoba (la Armada Invencible que se estrelló sola, sin un tiro inglés) para siempre. Pero proyectar tus carencias en los demás es muy propio. En política y en  fútbol.

Un pequeño barullo de teams concluye con la fundación del que hoy se titula Real Betis Balompié en 1914. Club que contenía, entre sus practicantes y directivos, una larga lista de militares. Bastantes de ellos tendrían un papel protagonista y sangriento en el golpe del 36 y se mantendrían como dirigentes muchas décadas. Obviamente, el equipo formado en su mayoría por ésos señores, debía portar la corona (que le fue otorgada por Alfonso XIII en ése año de fundación).

El 16 de mayo de 1940, una Orden firmada por Serrano Suñer (cuñado de Franco) prohíbe el uso de “vocablos genéricos extranjeros”. Dicho de otra forma, el “foot-ball” quedaba proscrito y los clubes españoles que lo usaban desde sus inicios, deberían cambiarlos. El Sevilla Foot-Ball Club tuvo que llamarse Sevilla Club de Fútbol.

Nota: Estos lumbreras hubieran podido obligar a usar el término  más “español” de Balompié, pero en su lucidez, deciden que debe ser “fútbol” que es, como verán, la adaptación fonética del nombre inglés.

En 1975, el Sevilla recupera su nombre original aunque concediendo que sea Sevilla Fútbol Club y no Foot-Ball Club.

El legado británico de los que inventaron éste deporte (y lo trajeron a Sevilla para nuestro gozo y disfrute) que elevamos a la categoría de Arte creando la denominación de origen “Escuela Sevillista”, aplicando el maravilloso mestizaje de éstas tierras, sigue tan vigente como en 1890. Lo demás son malas imitaciones.

No conocemos otro Club en el mundo que haya podido hacer una declaración de principios más hermosa que ésta:

“Todos los hombres de cualquier nivel social, ideas religiosas o políticas tendrán aquí cabida”

(José Luis Gallegos Arnosa, Presidente del Sevilla Foot-Ball Club)

El Foot-Ball todo, en todo el mundo, es hoy como dijo Gallegos.

Cuidaros.

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CARLOS ROMERO 29/09/2020

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