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La polla del Sevilla

Antes de que sigan leyendo, merecen una explicación a modo de advertencia respecto a un titular que explica un contenido, y es la de que al referirme a polla, no lo hago a la hembra del pollo como en algunos lares, o incluso a la fortuna como en otros. Se trata de una alusión directa al miembro viril masculino, al carajo, al cipote, al pene. Sea dicho, con el mayor de los respetos, el que hay que manifestar a la polla del Sevilla, servidumbre y honores a su paso y ante su sola presencia.

Advertida la muchedumbre, procedo. La polla del Sevilla es de nacimiento y, como tal, tiene su carga genética que explica sus características, dimensiones y comportamiento, suele ocurrir así y si no, doctores tiene la iglesia y también la medicina para desmentirme. No somos del siglo XIII ni del XVI como a modo de chanza deslizan algunos con el fin de minusvalorar nuestra fundación en 1890, pero la carga genética del nacido aquel año bajo el nombre de Sevilla Football Club hereda el arrojo, la casta y el coraje de los inquietos. De quienes salidos de una guerra de siglos, se fueron a conquistar (las niñerías para otros) el mundo con tal de ponérselo por montera. De quienes en época de adocenamiento moral, vital y económico, emergieron como titanes para emigrar de nuevo a aquellas tierras o poner en marcha empresas en Sevilla que fueron la única oposición a la decadencia decimonónica y de buena parte del siglo XX.

Esos constructores de sueños y empresas dotaron al Sevilla de la fuerza con la que se irguió su muy noble, leal y soberana polla cuando la ocasión lo hizo menester.

Y menesterosa fue la ocasión en que nuestros bisabuelos la sacaron a pasear en unas semifinales de Copa ante el club más poderoso del momento, el Athletic Club, alineando a jugadores amateurs o juveniles (no recuerdo bien) para vapulear a los bilbaínos en Madrid donde nos hicieron ir a jugar por no dignarse a bajar a Andalucía, que les quedaba lejos. La polla andaluza del Sevilla FC los trituró por 4-1 siendo descalificados. Y como aquélla, mil.

Los ejemplos vívidos en la memoria reciente son numerosos, pero me iré un poco, que no mucho, más allá en el tiempo y me remontaré un cuarto de siglo, 25 años, la última casi quinta parte de nuestra existencia.

Cuando un 1 de agosto de 1995 especuladores del fútbol como Gil, Asensio, García, o Sanz y por espurios intereses, decidieron mandar a un Sevilla FC clasificado para Europa como quinto equipo en la liga anterior, a Segunda B por cuestiones administrativas. Todo organizado y atado en Marbella y con cabezas de troya metidas en el Sevilla como los nefastos Caldas y Escobar. Qué pena Sevilla, perdonen la digresión, que en tu grandeza anidaran los traidores, y aquellos dos fueron los primeros de una larga lista.

Hete aquí, que en la tarde de aquel 1 de agosto de 1995 nos merendamos con que el Sevilla se va… ¡A Segunda B! Donde nadie, deportivamente, había conseguido ni acercarle. Negación, incredulidad, duda, aceptación, ofuscación… Pasamos por todas las fases habidas y por haber.

El club, descabezado: Luis Cuervas, escondido y con drama familiar de por medio, el otro en Disneyworld con las tareas por hacer, los demás bajo tierra… Dieron la cara los empleados. El primero al que mencionar, a Don Manuel Vizcaíno, gerente del club quien más no pudo hacer por evitar la situación a priori ante la negligencia vicepresidencial y la propia presidencia y “durante” canalizando los esfuerzos y posibilidades de ayuda que en las siguientes y vitales horas le hicieron llegar muchos sevillistas entre quienes destacar en aquellas nefastas y críticas horas a Eduardo Romero. Me quedaría corto y sería injusto por no nombrar a todos los sevillistas que arrimaron el hombro así que cerceno la lista en los dos casos paradigma de la situación dentro y fuera del club.

Horas en las que los traidores de aquí y los contumaces aliados de Madrid-Marbella apretaban pero no ahogaban.

¿Pero qué coño iban a ahogar a la inconmensurable polla del Sevilla? A la que salió a las calles derretidas de la capital de Andalucía en la tarde abrasadora de aquel 2 de agosto. ¿Cómo iban a poder con ella? La sangre afluyó de las calles, plazas y barrios, de las playas y sierras al solo conjuro del nombre del Sevilla FC y se irguió poderosa, altiva, infranqueable protegiendo al escudo del Sevilla: se mira pero no se toca.

Se mira, se ansía, se desea, se quiere destruir o se pretende apropiar, pero no se toca.

De abuelas a hijas y a nietas. Escenas imborrables, perdurables, memorables. Y quien tuvo que tomar buena nota, lo hizo, paripés más o menos prolongados en el tiempo, quienes debieron hacerlo desde Monsalves hasta la Moncloa tomaron nota. Mala cosa ir a las bravas a por la polla del Sevilla.

Aquella erección quedó registrada en los sismógrafos de toda Europa con el 8 de la escala Ritcher. En los últimos 15 años las ha habido de todos los tipos. La última de todas ellas, ocurrió en diciembre de 2018 tras cierta Junta General. Fue un mensaje para navegantes: ahí está la polla del Sevilla, para lo bueno y para lo malo, siempre alerta, siempre vigilante, siempre temible: en campos, calles y tribunales.

Cuando oigan hablar de la polla del Sevilla, conozcan su historia y su geografía, sus nervaduras como vericuetos que siempre encontrarán una explicación en sevillista.

Y ahora sí, perdonen mi lenguaje, mi expresión, quizás soez para espíritus y ojos delicados, los entenderé y me reconfortaré en la lectura ávida de textos de Camilo José Cela.

JOSÉ MANUEL ARIZA 24/06/2020

Dance me to the end of love

Saludos.

Ése asombroso tema de Leonard Cohen, de entre los muchos trabajos extraordinarios del genio canadiense, en clave sevillista se traduce como: Báilame hasta la muerte. Hasta la muerte.

Seguro que os está rondando la melodía en la cabeza por la belleza total que encierra. A mí sí, desde luego, y me acompaña en mis sueños del pasado, de otros tiempos y otras formas, de otros valores… en ése larguísimo anterior en los que algunos seguimos contoneándonos al delicioso compás de la Historia.

Me hubiera encantado haber podido reunirme con unos cuantos colegas y colleagues y a la sombra de unas cañas, fundar un Club de Foot-Ball y ponerle de nombre Sevilla F.C. como mandan las normas de la Association. De cambiar el cuello duro por los paños menores (de recio algodón) y de remar por el Guadalquivir hasta Tablada para jugar un match en medio del terreno de los caballos, para volver luego hasta la Casa Bote y posar con los recios y sonrientes caballeros de poblados bigotes.

Pedirle a Isaías que escribiera a Huelva y que invitara al Recreation (si no tenían once que llamaran a Riotinto) a una partida en el Hipódromo allá por marzo. Mientras, terminar de organizar los detalles entrando por la calle Monardes y en la primera planta, sentarnos los pollitos a debatir sobre las cualidades de la Patti o el Ronconi; del fin del imperio (Cuba, Puerto Rico y Filipinas en el alambre); de si era mejor la Kopp, la Witman o la Bortallo; de los precios de la naranja amarga y de entradas y salidas steamships. Y ya que estamos, vamos reservando sitio (te toca otra vez, Isaías, que para eso eres el Secretario) para la cena en el Suizo por si aceptan los de Huelva.

Obviamente, con el visto bueno de D. Eduardo, a la sazón Presidente. El primero.

Me hubiera gustado estar allí cuando las partidas terminaban en una cena conjunta, con esmerados y variados platos y bebidas y con brindis por todo lo brindable: donde había contrincantes y no enemigos; donde se felicitaba a los ganadores porque habían sido mejores y cuando se denominaban “sportmen”. Mucho antes de que se convirtieran en “profesionales”, allá por 1928.

Luego, unos años más tarde, vimos aparecer otras escuadras que pretendieron rebelarse contra los mayores y que jamás lograron. De hecho, cada día se les ve más pequeños.

Cuando nacimos todos nosotros, nuestros padres y abuelos, el baile ya llevaba mucho tiempo sonando al ritmo de la denominación de origen “Escuela Sevillista” (la del Eterno Campeón de Andalucía”) del requiebro, la jarcha y la siguiriya, de las palmas de Triana y a veces, de soleá. Bailando sevillanas para el mundo, mostramos las raíces de la tierra, de la mixtura cultural que nos alumbra y que algunos, hoy, quisieran borrar en su profunda estupidez.

Vimos la danza andaluza al compás de 18×21 y me hubiera encantado ser recoge pelotas (si los hubiera habido) para poder contemplar la magia de los Spencer, Kinké, Brand, León, Escobar… de los Campanal, Guillamón, Torrontegui, Fede, Raimundo… de los Arza, Alconero, Antúnez, Busto, Villalonga… de los Diéguez, Agüero, Antoniet, Szalay, Pereda… hubiera sido maravilloso bailar con ellos hasta el fin del amor.

Y luego, la losa de hormigón nos confinó décadas de quejíos y llantos, del lamento, de repetir la triste Historia, de esperar que llegara el aire liberador… hasta el siglo XXI donde explotamos en la fiesta de la plata, del baile más sensual, de la danza excitante de los títulos de allende y aquende, de pasar del pueblo al continente sin escalas, sin fronteras, sin Schengen que nos facilitara el trabajo y dejando abandonados a los hijos. Malos padres, sí, pero le habíamos enseñado el camino y no quisieron seguirlo. No les gustaba el ejemplo y quisieron vivir sus vidas. Suerte porque cuando a tus vecinos veas ganar, pon tus penas a remojar.

En todos estos años, nos hemos convertido en profesores de baile; en maestros de danza; en los Cerrito, Petipa, Cecchetti, Duncan, Paulova, Laban, Graham… del sur absoluto porque el Sur es nuestro. Y no lo compartimos porque somos egoístas, muy egoístas. No valen juicios morales sobre todo si no saboreas las mieles y se te antojan muy lejanas porque con algo te debes entretener. Ahí me den todas las críticas que de mis almacenes me ocupo yo.

Y yo lo he visto y he bailado hasta el paroxismo en ésa orgía argentina, D. Leonard, porque es un baile, un amor, hasta el fin del Amor. Hasta la muerte porque vi a llegar a D. Roberto, a D. José María, a D. Ramón, a D. Joaquín… a todos ésos magos del tango apretado. Vi llegar a D. José Luis, a D. Frédérick, a D. Luis, a D. Enzo, a D. Andrés, a D. Renato, a D. Drago, D. Antonio… los vi a todos, bailé con todos en mi love sin fronteras.

Y no firmo que no pueda verlo desde otra dimensión, desde otro Anillo, porque puestos a creer, yo creo en lo que quiera, sin intermediarios.

¡Qué suerte haber vivido ésta parte del baile!

Cuidaros.

CARLOS ROMERO 29/05/2020

De cómo hacer historia en pijama estampado

En alguna ocasión, alguien, en una de esas puyitas que algunos necesitan para reivindicarse cuasi adolescentemente ante su fatalidad futbolística habitual, dijo que al Sevilla FC le faltaba literatura, que no tenía quien le escribiese. El buen hombre igual aún no se ha enterado de que un equipo de fútbol no está para que le escriban, que un club de fútbol grande no necesita de poetas que resalten cualidades inexistentes; que el fútbol es competición, y que un club no está tampoco -precisamente- para que alguien lo envuelva artificialmente en un halo de leyenda, pues las leyendas, como la sevillista, se curten y se fabrican en el campo de batalla bajo el velo de las noches mágicas de Nervión con goles de ensueño. Y eso no quita que después se describan, para que los hechos no se pierdan en la noche de los tiempos y lleguen impolutos a las futuras generaciones, pero a ningún seguidor blanquirrojo le quitarán la ilusión de volver a vivirlo una vez más, y así por los siglos de los siglos.

Sobra la obviedad, aun así, el Sevilla FC gozó siempre de literatura de primerísima calidad. La belleza es pre-existente, tan solo se necesita de los mejores artistas para que la expresen, como los Otero, Blázquez, Elido, Juan Tribuna, Barbeito, de nuestros queridos Félix Machuca y el niño Aguilar, entre otros grandes, cuyas excelsas plumas, como si de finos pinceles se tratasen, plasmasen los mejores óleos de tintadas blancas y rojas del equipo de la ciudad que la Giralda abandera.

Orgullosos pues, pero como aquel que sólo venía a hablar de su libro y todo lo demás le venía al fresco, yo venía hoy a hablar de una de esas imágenes románticas que el fútbol sevillano, sevillista para más señas, nos dejó para la posteridad aquel personaje del que aún desconocemos su nombre, pero esencial en aquel primer partido jugado en España entre clubes legalmente constituidos, el 8 de marzo de 1890.

Cuenta la crónica del Dundee Courier and Argus de 17 de marzo de 1890, sobre el equipo sevillista, haciendo referencia a aquel partido frente al Huelva Recreation Club en el Hipódromo de la Dehesa de Tablada:

La hierba estaba en muy buenas condiciones a pesar del persistente aguacero, comenzando a las 4:45 ante alrededor de doce decenas de espectadores. Los jugadores presentaban un aspecto variopinto, con todas las equipaciones en regla, salvo el ala izquierda nuestra, que nunca había tenido el honor de pertenecer a un club atlético, y se presentó con traje de noche, en forma de un fantástico pijama estampado. Fue recibido entre carcajadas burlonas y bautizado por los nativos como el “Payaso Yugles”.

La alineación sevillista estaba clara: Sr. Maccoll (Capitán), Sr. Logan, Sr. Stroulger, Sr. Ritson, Sr. Annodall, Sr. Mondy, Sr. White, Sr. Welton, Sr. Grieg, y un sustituto, siendo este último el que probablemente apareciese vestido para la ocasión con ese pijama estampado que tanto llamó la atención de aquellas “doce decenas de espectadores” que compusieron también la primera afición de España de un equipo legalmente constituido y dedicado exclusivamente al fútbol, la sevillista.

Está claro que el hábito no hace al monje, Yugles no fue un personaje baladí, aunque el primer gol conocido en España corresponde al sevillista Ritson, sería nuestro excelso clown el que marcaría el segundo, ganando finalmente a Huelva por 2 goals a 0, convirtiéndose así el Sevilla FC, igualmente, en el primer club de la historia en ganar un partido.

El juego resultó de lo más agradable, con dos partes de treinta y cinco (minutos), terminando con victoria para Sevilla por 2 a 0. Ritson hizo el primero, seguido poco después por el “Payaso Yugles”, de forma inesperada para todos, y no menos para él mismo.

Clown de finales del siglo XIX

Tras el partido, los contendientes se citaron para celebrar el encuentro, y el Sevilla Football Club ejerció como anfitrión, siendo muy probablemente y en buena parte inconscientes de lo que acababan de iniciar en este país y la repercusión que ello tendría más de un siglo después. La crónica nos sigue contando lo siguiente:

Después de una suntuosa cena, en parte española y en parte francesa, con ligeros tintes británicos en el menú, el Sr. Edward Johnston, que presidía, con unas palabras bien escogidas, brindó por nuestra Reina, el Príncipe de Gales, y la Familia Real, así como por la Reina Regente y el joven rey de España, con especial sensibilidad por la reciente enfermedad de Alfonso XIII. Sobra decir que tras los brindis se bebió con el entusiasmo debido. La velada transcurrió agradablemente con brindis, cantos y emoción. Ni siquiera el fracaso del “Payaso Yugles” en su intento por mantener el equilibrio sobre una silla vacía estropearía la armonía de la reunión. Es probable que Sevilla visite Huelva en unas pocas semanas, y esperamos con interés que se repitan unos momentos tan agradables como los que Huelva ha vivido aquí; y seguramente, la inauguración de este juego en esta parte del país será seguida por otras organizaciones similares en todo lugar donde exista una colonia británica en España.

La primera crónica del fútbol constituido en España sólo puede tener como protagonistas a los primeros clubes que lo jugaron, y al igual que ellos en su momento, nosotros mismos hoy en día, igual no somos del todo conscientes tampoco de la importancia de haber sido los protagonistas de estos hechos históricos.

“Tarde de gloria en Tablada”, Sevilla Football Club, óleo sobre lienzo, 1890. En la pintura se refleja un hecho histórico para gloria de la ciudad, de Andalucía, y por ende del país, nada fue un invento.

1914. Biblioteca Nacional de Francia
CARLOS ROMERO 11/04/2020

Fútbol en tiempos de guerra

Vistos y sufridos los tiempos que vivimos, nos retrotrae a pensar que no es la primera vez que se paralizan las competiciones oficiales en España. El 18 de julio de 1936, sábado, se materializa el golpe de los sublevados en Sevilla, con Gonzalo Queípo de Llano como cabeza visible, y José Cuesta Monereo, fundador del […]

Asier Arrate, Rafael Carpacho y Pachy Dopico

Un partido en la memoria de nuestros mayores

Va para los sevillistas más veteranos y por todos los sevillanos de bien, sean del color que sean, especialmente para los más mayores, esos que, en tan aciagos y pandémicos tiempos, están en la mayor franja de riesgo y no se sorprenden de lo que ahora la mayoría  estamos viviendo por 1ª vez. Oía a […]

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