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#EuropaLeague - Columnas Blancas

EDU SANIÑA 21/08/2021

¡Qué noche la de aquel día!

Hay días que siempre estarán en el recuerdo por un sinfín de motivos. Acostumbrados a que los títulos europeos llegasen a nuestra ciudad por el mes de mayo, el Sevilla FC quiso regalar un título a los suyos entre olas de calor y de COVID. En el año más difícil, el club tiró de ese bendito lema que Javier Labandón supo plasmar en esa oda que tenemos por himno, y le regaló una noche mágica a una afición que aún estando lejos sintió a los suyos muy cerca.

Eindhoven, Glasgow, Turín, Varsovia, Basilea y… COLONIA. La final estaba prevista en Gdansk, pero la maldita pandemia cambió los planes de la UEFA y acabó llevando su fase final a tierras alemanas. El Sevilla, como si de un torneo de selección se tratase, hizo del hotel su fortín y entre PCRs y entrenamientos mostró al mundo que este club es una familia enorme y que los éxitos vienen en parte por esa unión.

El club, que tanto cuida los pequeños detalles, quiso premiar a dos aficionados para estar en Colonia. Ellos, junto a otros trabajadores del club, fueron nuestros representantes en la grada. Aunque el bombo y el megáfono que tanto echamos de menos estaban en el banquillo. Los Oliver, Sergi, Vaçlik, Escudero y un nutrido grupo de canteranos decidieron que había que ganar por lo civil o por lo criminal. Raro era el partido en el que no nos dejaban una imagen para el recuerdo desde un banquillo que estaba mucho más cerca de parecerse al corazón de Gol Norte que a un grupo de profesionales. Y cómo nos gusta eso en casa.

El partido no fue apto para cardíacos. Diego Carlos pasó de villano a héroe en cuestión de minutos, Luuk espantó los fantasmas y decidió apuntarse con letras de oro en el libro de historia del club, Éver dejó un último baile que debería estar expuesto en todos los museos del mundo y todos los sevillistas nos vimos identificados en las lágrimas de Jesús Navas poco antes de recoger una Copa que elevó al cielo para que aquellos que por la pandemia no pudieron verla pudiesen tenerla más cerca. ¿Alguien no se alegró de ver al chaval de Los Palacios levantar la UEFA Europa League?

De las lágrimas se pasó a la euforia con vídeos y momentos que quedarán para siempre en las páginas doradas de nuestra historia. El vestuario volvió a ser el protagonista junto a unos trabajadores que nos pusieron los dientes largos celebrando ‘in situ’ la maravillosa gesta. El Sevilla es una familia y una vez más, esta vez en las buenas, se volvió a demostrar entre cánticos y botellines fresquitos.

Las playas y una Sevilla que en agosto suele estar en ‘stand by’ se llenaron de alegría en el que quizá fue el año más lúgubre de nuestras vidas. Los abrazos, los besos y las miradas al cielo fueron una vez más la tónica habitual. Porque lejos, muy lejos, un grupo de amigos habían vuelto a traer la gloria a orillas del río Guadalquivir. Qué noche la de aquel día.

Y en estos malditos tiempos, apareció el Sevilla

En estos tiempos de dureza extrema, donde cada día es una lucha con el cuchillo entre dientes por sobrevivir, pues un enemigo invisible te asalta a plena luz del día y quema tu vida como una servilleta arrojada a la candela, aparece el Sevilla Fútbol Club para ponerte en los labios una sonrisa y regalarte un soplo de alegría.

Después de interminables días de confinamiento, enciendes el televisor y ves al Sevilla que salta al césped como un león con hambre de muchos días y comienza a destrozar rivales con una virulencia descomunal. Atrás, el equipo blanco es una muralla tan alta que da vértigo, pero en el centro se convierte en una orquesta sinfónica repleta de virtuosos; arriba, el gol se llama de distintos nombres y todos llevan la camiseta blanca.

¿Qué ha podido suceder en este tiempo de forzoso recogimiento, con un goteo de noticias tan desalentadoras que hielan el corazón? Que el fútbol es medicina contra el dolor y el Sevilla un foco de luz cegadora que inunda de ilusión a los buenos aficionados y, en especial, a los sevillistas. Bálsamo de Fierabrás.

En estos tiempos de zozobra y panorama oscuro como el ojo de un pozo, el Sevilla es una brizna de aire fresco, un descarado David que apedrea las sienes de Goliat y baila un tango en su barriga; un Sevilla (de Lopetegui) que escribe una historia tan hermosa que no quiero que se termine nunca, porque alivia las entrañas de las espinas que los atardeceres nos clavaron y ya tengo ganas de que vuelva a amanecer para seguir mirando de frente a Nervión y pensar que el sol sigue siendo sevillista.

Hoy, cuando acaricio la plata de la sexta copa de UEFA Europa League que nos volvió a regalar el Sevilla, me acuerdo de ti, padre; de ti, Jesús, hermano; y, sobre todo, de ti, Pilar, hermana, sevillista hasta en las uñas, que naciste y dejaste el último aliento escuchando las campanas de Triana; también me acuerdo de toda esa gente buena que, desde el callejón del Tercer anillo, alentaron a mi equipo a derribar murallas con su fútbol de tronío y tan angelical, que Vivaldi volvió a ser monaguillo y Camarón, grumete de nuestra fragata.

Yo sé que más allá de Carmona o cruzando las lindes de Aznalcázar, este Sevilla se ve con otros ojos que solo encuentran tinieblas. Pero me importa el escupitajo de una hormiga. El Sevilla Fútbol Club siempre fue un rebelde con causa, un pirata con buena vista y los apaños bien puestos; este Sevilla es compadre del Astérix, que puso firmes a legiones de romanos y habla su propia lengua; es el equipo del orgullo y la casta que solo los sevillistas entienden. Por eso somos así y seguiremos hasta el horizonte de la eternidad, un club de pecho muy grande y corazón inquieto. El club de mi gente que brilla como nunca, alza la voz y es mano poderosa que crece, lucha y vence en estos malditos tiempos.

JUANMA DÍAZ 07/08/2020

Y el Sevilla FC nos dio otra alegría

Escribía hace unos días esta columna por aquí en la que pedía que nuestro Sevilla FC nos diera otra alegría al sevillismo, tras la que nos dio con quedar cuarto en la Liga con la correspondiente clasificación para la Champions y pensando sobre todo en ese partido de octavos de la Europa League contra la Roma que se jugó ayer.

Y vaya si nos ha dado una alegría. Partidazo del Sevilla FC, sobre todo la primera parte, que para mí ha sido de lo mejor que ha jugado el equipo en toda la temporada hasta ahora. Y una segunda parte que también ha estado bien, pero que ha sido más de control. Y también porque la Roma tras un 2-0 tenía que hacer algo, aunque la verdad es que mucho no ha hecho, pero más bien por méritos de los sevillistas que por deméritos de los romanos.

Goles de Reguilón y de En-Nesyri y uno más de Koundé que nos anuló el VAR por un fuera de juego muy justo. Es difícil destacar a algún jugador en concreto por encima de otros, porque todos han estado a un nivel altísimo, tanto a nivel físico como de juego y toque. Porque, ¿qué me decís de los dos laterales? Navas, incombustible y Reguilón con mucha llegada y hasta marcó el primer gol. ¿Y de los dos centrales? Vaya pareja Diego Carlos -ya se me acaban los calificativos para este portento- y Koundé -¿de verdad que tiene 21 años este chaval?-. Los centrocampistas en el mismo buen nivel con el que terminaron la Liga. Bueno, lo de Fernando ha sido desde el principio. Banega nos está dejando unos últimos partidos como sevillista para enmarcar. Lo que le vamos a echar de menos… y eso que también ha habido que aguantarle tela, pero la clase y la calidad que tiene nadie la puede discutir. Jordán a muy buen nivel también y quizás quien ha estado más flojillo ha sido Suso, que fue el primer sustituido por Munir -buenos minutos también los suyos-. Ocampos en su línea de incisivo y agresivo ante la portería rival y En-Nesyri con mucha movilidad que hacía que la defensa de la Roma no supiera cómo sacar el balón jugado. Empezaba la presión en él e iban todos a una. De Bono poco que decir porque prácticamente ha sido un espectador más del partido entre los pocos que habían en el estadio por eso de jugarse a puerta cerrada.

Mención especial merecen también el entrenador y los jugadores del banquillo. Lopetegui planteó muy bien el partido: presión a la Roma, mucho manejo de balón y una vez más acertando con los cambios. Y los suplentes muy metidos en el partido pues desde los micrófonos de ambiente llegaban los ánimos, las protestas… se nota que esta plantilla forma un grupo muy bien cohesionado. También tendrá mucho que ver el momento dulce que está viviendo el equipo, digo yo.

Hasta los comentaristas del partido por televisión – entre ellos estaban Julio Maldonado e Ismael Medina- alucinaban con el juego que estaba desplegando el Sevilla. La verdad es que el equipo está muy fuerte y da sensación de una sólida presencia en el campo. Se presiona mucho y bien, se toca con sentido el balón con mayoría de pases acertados, hasta en los pases largos y se generan ocasiones que ahora sí se materializan muchas de ellas, algo que no ocurría en la primera parte de la temporada.

Hoy nos ha alegrado la tarde nuestro Sevilla FC a todo el sevillismo y tengo que reconocer que hasta me he emocionado porque me he acordado de muchos sevillistas del tercer anillo -entre ellos, mi padre- que supongo que desde allí arriba habrán disfrutado de lo lindo.

El martes 11 nos espera en cuartos en el mismo escenario pero a las 21 horas los británicos del Wolves, que ha eliminado al Olympiacos al ganarle 1-0 tras empatar en la ida a uno en tierras griegas. Volverá a ser partido único y ya sabemos que puede pasar cualquier cosa, pero tenemos que confiar en nuestro equipo porque motivos nos está dando para ello… y mucho más tras el fenomenal partido de ayer.

Sigue dándonos alegrías, Sevilla FC. Los sevillistas sabemos agradecerlo.

#VamosMiSevilla

Nota final: En la columna anterior comenté que la escribí desde el hospital de madrugada. Esta también la escribo de madrugada, pero no desde el hospital. Me dieron el alta porque no me pudieron infundir las células CAR-T, pues se me he presentado un problema que requiere que me den sesiones de radioterapia para acabar o reducir lo máximo posible un plasmocitoma -un tumor de los malos que produce el mieloma múltiple que tengo- que me ha salido en la base del cráneo, pues la infusión de las células tiende a producir inflamaciones y puede ser peligroso por la zona en la que está. Sigo por tanto en Salamanca acompañado por mi mujer en un apartamento que hemos alquilado y recibiendo las sesiones diarias de radioterapia. Hoy me toca la octava. Acabamos el martes 11 con la décima, el mismo día que espero que nuestro Sevilla FC nos dé otra alegría. Seguimos con fuerza y a por todas… porque estoy seguro que #yomecuro.

JUANMA DÍAZ 22/07/2020

Danos otra alegría, Sevilla FC

Nota inicial: Escribo esta columna de madrugada desde la habitación de aislamiento de la planta de Hematología del Hospital Clínico de Salamanca, donde a partir de hoy voy a seguir un tratamiento con células CAR-T que son las que van a acabar con mi mieloma múltiple -un tipo de cáncer de la sangre- y que son […]

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