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SEBASTIÁN GUERRERO 18/05/2021

Mucho equipo, poca plantilla

A expensas de ver si conseguimos batir nuestro récord de puntos, en una temporada liguera, y si damos asalto a la tercera plaza, esta temporada ha acabado. Sí, las dos motivaciones son grandes, de traca, de lío gordo, pero el final de temporada se ha hecho tan sumamente largo, y casi cruel, que psicológicamente todos necesitamos darlo por concluido, ponernos las chanclas y analizar y valorar lo realizado estos meses para pensar ya en la próxima e interesante temporada.

Las viperinas lenguas, siempre corrompidas de envidia y odio, se han dedicado siempre a culpar a la buena suerte de nuestros grandes éxitos, una falacia si vemos grandes derrotas, que pasan de soslayo, en las que la verdadera falta de fortuna nos privó de grandes logros. A simple golpe de recuerdo se me viene la cabeza la final de Tbilisi ante el FC Barcelona, que tras una heroica y emocionante remontada perdimos el partido en el descuento tras errar grandes ocasiones. O la que perdimos en Trondheim ante el Real Madrid, tras empatar los merengues en el descuento del partido y ganarnos en el último minuto de la prórroga. O aquella final de Copa en el Calderón, en la que los culés solo nos pudieron sobrepasar en la prórroga tras un excelso partido nuestro, tras ganar tres días antes al Liverpool la final de la Europa League. Lo importante es que en todas las ocasiones estuvimos ahí, como en el gol de Palop en Donetsk o el famoso Mbiazo en Valencia. O llegar a los penaltis en Glasgow o Turín.

Este año todo tocó cruz, desde el principio. Ya en Budapest, en la final de la Supercopa de Europa, se vio lo que iba a ser nuestra temporada. Remar, trabajar para llegar a la orilla y quedarnos allí. El último saltito que nos falta para crecer aun más. Pasó en la Copa ante el FC Barcelona, paso ante e Dortmund y ha pasado en el final de liga. Sin embargo, la temporada no puede ser considera de otra forma que no sea de sobresaliente. Sí, no hemos tocado plata, pero ha sido realmente una temporada apasionante, emocionante, en la que hemos estado en todas las fiestas, en la que todos nuestros enemigos han sudado la gota gorda temiéndose lo peor mientras nosotros vibrábamos cada tres días en el salón de nuestra casa. Personalmente, he vivido partidos de pie en mi casa, que no son finales, como pocas veces en mi vida. Todo esto con el hándicap de no haber podido tener descanso alguno tras ganar la pasada Europa League. No tengo dudas, con estos jugadores, con el entrenador y con Monchi voy a la guerra, a donde me pidan. Incluso Pepe Castro ha estado a un nivel muy alto en discursos y saber estar y Del Nido Carrasco se posicionó en contra del padre en pos de la estabilidad. Tremendo.

Y todo esto con un grandísimo equipo, que no plantilla. En la portería, Bono ha seguido estando grandioso, ya no es que haya hecho paradas milagrosas que dan puntos, es que se ha animado y anotó un gol en Valladolid. Pero luego, Vaclik no ha estado a la altura en los pocos partidos que ha intervenido, final aciago del checo en Sevilla. En el lateral derecho, Jesús Navas ha sido un líder y valladar cuando el físico le ha respondido. Cuando no, ha tenido que jugar igual porque no había otro de garantías. Y cuando no ha podido ni jugar, apareció un Aleix Vidal que combinó algún partido interesante, con alguno cumplidor, y alguno sin pena ni gloria. Mucha diferencia. En el lateral izquierdo Marcos Acuña ha completado una campaña sideral. Fichajazo sin peros. Defensivamente muy correcto, un tanque en los choques, subiendo bien, con varios recursos y las pone que da gusto. Sin embargo, se ha tenido que perder muchos partidos. Escudero ni ha estado ni se le ha esperado, entre lesiones y partidos mediocres ha pasado su último año de contrato, superado por un voluntarioso Rekik, reconvertido al lateral y cumplidor, sin fallos groseros, pero a años luz de una aportación seria para un equipo como el Sevilla. En cuanto a centrales, Koundé Y Diego Carlos, salvo pequeñas excepciones, han hecho una temporada de postín. La costumbre, y lo que se esperaba de ellos, puede restarles las alabanzas del año anterior, pero el nivel ha sido superior aún. Por el contrario, Sergi Gómez, como era de esperar, y Rekik no han sido en ningún momento opción alguna para darles descanso. La opción de reconvertir a Fernando, o incluso Gudelj, de central parecía algo más serio. Dicho todo.

En el centro del campo, Fernando es el mejor mediocentro de la historia moderna del Sevilla. Y es algo que no admite dudas. Por momentos, además, lo mismo hacía el papel de un central de campanillas que de un box to box con llegada y gol. Increíble. Gudelj, sin embargo, dio un paso para atrás en el nivel alcanzado por el grupo esta temporada. Desaparecido tras su partidazo en Stamford Bridge. En este nivel ya no vale con pasarla al que está al lado, tener tres minutos para pensar y hacer un corte bueno y llamativo para llevarte la ovación y confianza del respetable. Simplemente el anterior año dio lo máximo que tenía y en este se ha quedado atrás. No como Jordán, este chico no para de crecer. Tácticamente, defensivamente, en visión de juego, lectura de partidos, físicamente. Por poner un pero, el gol. Carece de la llegada que le daría el salto a crack mundial, sin querer ser exagerado. Todavía tiene tiempo. El jugador que más se le parece, o puede desempeñar su rol en el equipo, es Iván Rakitic. Pero el croata tenía que jugar como el otro volante del equipo, y ya no está para eso. Iván si ha tenido el gol y llegada que le ha faltado a Jordán, sin embargo, le ha faltado mucho del resto que ha tenido el catalán. El punto más flaco que hemos tenido este año ha estado en el centro del campo, para el que llegó el Papu en la segunda vuelta pero que no terminó de coger por diferentes circunstancias. La falta de plantilla hizo que lo primero que tuviera que hacer fuera cubrir la vacante de Ocampos por lesión, como si se parecieran en algo. Un lastre por todos lados la falta de plantilla, de jugadores en el banquillo que sean igual de titulares que los que juegan.

Óliver Torres quizá era el llamado a dar el paso adelante y cubrir ese puesto. No quiero mentar a Éver Banega, sería injusto. Pero sí se esperaba algo más del extremeño. Pero cuatro pinceladas y algunos ratos no son suficientes en la máxima élite. Ese año no valía eso. Como Gudelj, no cogió el barco de la subida de nivel, y lo del año pasado ya no fue suficiente para este año. Óscar hizo lo mejor de la temporada en una brillante eliminatoria ante el Dortmund, titular por sorpresa en Alemania, cogió la camiseta. Pero poco más. Pocas oportunidades y pocas demostraciones. El Mudo, salió ante el Elche para demostrar lo que es, pero hasta él sabía que aquí ya su ciclo estaba más que concluido. En las bandas, Ocampos y Suso no es que fueran titularísimos, es que no han tenido suplentes. Idrissi nunca fue una opción, Munir se borró pronto. Para darles descansos ha sido necesario cambiar el estilo del equipo. Y eso que Suso, jugador al que tenía por irregular, ha completado una temporada gigante, mucho más de lo que parece. Ocampos menos pero también. Sin ser vistosa de cara a portería, este Lucas es un portento. Siempre cree, siempre tira para arriba, siempre es una solución para los nuestros y una complicación para los otros. Y casi siempre, y sin el casi, mermado físicamente. Munir, es la tercera gran decepción. Como Gudelj y Torres, no ha demostrado en ningún momento el nivel para dar el salto de este año. Y mira que un tipo desde banda o segunda línea con gol, con peligro, con cierta punta de velocidad, podría haber sido nuestro grandioso jugador número doce. Pero se borró cuando vio que el nivel no le llegaba. Y en punta, Youseff, el delantero de los veintitantos goles sin tirar penaltis, sin ser titular indiscutible y siendo mandado al banquillo por el entrenador en plenas rachas de gol. El tipo con menos pinta de futbolista y más gol que he visto en mi vida. El tipo con menos cara de killer y más asesino del área que he visto. Yo a de Jong le perdono casi todo tras la fase final de la pasada Europa League, pero si ya le costaba llegar el año pasado, en este ni se le esperaba. Y eso que tuvo un comienzo medio prometedor cuando el viento soplaba a su favor y los demás estaban cansados. Luego ya, vida contemplativa.

Si a Julen Lopetegui, con todo esto, no hay que hacerle un monumento es porque hay que hacerle dos. Con lo que tenía se puede hacer magia, lo posimposible pero no lo imposible. Con once jugadores mal contados por poco arma no un lío gordo, sino el lío del siglo.

Ya hablaremos de lo que está por llegar… Interesante planificación para una interesantísima temporada. Será ya en la próxima publicación.

PEDRO MONAGO 18/03/2021

El efecto dominó

La teoría del efecto dominó fue utilizada a principios del siglo XX por Heinrich para explicar un modelo primario de análisis de los accidentes laborales en el que estos se conceptúan como “una sucesión de causas y efectos que acaecen de manera secuencial en un determinado orden”. El modelo se muestra como una sucesión de piezas de dominó que en su caída empujan a la siguiente y así, sucesivamente, hasta que terminan por generar el accidente. La consecuencia lógica de este modelo es que evitando la caída de una de las piezas se evita el accidente.

El último mes, desde el partido contra el Borussia en Sevilla, se había ido produciendo una casi continua “caída de fichas” en la trayectoria del equipo esta temporada que generó la lógica alarma respecto a la consecución de objetivos (lógica por lo tremendistas que somos, por distintas razones, aficionados y prensa, no porque tuviera mayor fundamento). Podríamos hacer un análisis de cómo fue cada una de esas caídas y encontraremos todo tipo de explicaciones, desde el un mal desempeño/planteamiento en aquella primera caída, hasta un cierto desinterés en día del Elche, pasando por una cierta mala suerte en la vuelta de Copa contra el Barcelona. En realidad, al cabo, da un poco igual, el caso es que las fichas iban cayendo una detrás de otra hasta el partido de Dortmund, por más que esa noche el equipo diera una mucho mejor cara que, probablemente, también tendría que ver con la necesidad extrema.

Se planteaba así el partido del domingo pasado contra el Real Betis como otra posible ficha caída que nos dejaría muy cerca tanto de la Real Sociedad como del propio equipo de Heliópolis, perdiendo además con este último el goal average. Era, en consecuencia, vital la victoria para acercarnos un poco más a nuestro principal y ambicioso objetivo, que no es otro que clasificarnos otro año más para disputar la Liga de Campeones. Y ganamos, con un partido en el que, en mi opinión, se jugó más o menos como quiso un Sevilla que ha jugado 11 partidos más que sus rivales y que tenía analizada la presión alta verdiblanca y había preparado una respuesta mediante la salida de En-Nesyri buscando la espalda de los centrales (ya hubo otra jugada así antes del gol) para después guardar la ropa con bastante más tranquilidad, a la vista de las estadísticas sobre posesión, disparos a puerta y paradas de Bono, de lo que los lógicos nervios de un partido importante nos hacían pensar.

Esa ficha no cayó (y sorprende que desde la otra ciudad que hay en nuestra ciudad no entiendan una celebración que, por otro lado, no ha sido, desde el club, desmesurada en absoluto), pero está por ver si eso implica que se cumpla la teoría de Heinrich…

PEPE SABARIEGO 21/12/2020

Hay motivos para disfrutar

No es exclusivo de esta época dorada la exigencia e inconformismo que caracteriza a nuestra afición, porque esto ha sido el santo y seña del Sevillismo toda la vida. Así ha sido siempre, va en nuestro ADN. Además, desde el inicio de este siglo, hemos añadido a lo anterior la Ambición, un complemento indispensable para poder lograr los éxitos conseguidos, que están muy por encima de nuestras posibilidades reales como club. Por tanto, los Sevillistas somos exigentes, inconformistas y con ambición.

Cierto es que estas características Sevillistas han contribuido, junto con el trabajo bien hecho, de organización, transformación y crecimiento del club, liderado por Monchi, piedra angular del proyecto, a conseguir los éxitos deportivos recientes que constituyen la época más dorada de nuestra historia, y que han hecho del Sevilla F.C. un club modelo y digno de estudio en el panorama futbolístico mundial, tanto en lo deportivo como en lo económico.

Hasta ahí todo bien, pero también es verdad que todo esto ha contribuido a que exista un sector del Sevillismo al que dicha exigencia, mal entendida, les lleva a la frustración, y por tanto, no disfrutan. O mejor dicho, sí lo hacen, pero siempre con matices o reproches, ya que destacan y magnifican mucho más lo negativo que lo positivo. Actúan casi como si de un entrenador se tratara, que una vez que termina el partido, aunque hayan ganado por goleada, ya están pensando en el siguiente y no disfrutan, o lo hacen muy poco.

Todavía en las derrotas tiene una lógica explicación, pero no termino de entender, aunque obviamente lo respete, cómo después de ganar el Sevilla F.C. un partido, no estén contentos, o sí, pero con matices, criticas y reproches a la victoria.

Después de habernos entretenido en ganar otro título Europeo y de clasificarnos para disputar la UCL en el primer año de Lopetegui, sin descanso, y teniendo que afrontar una final de la Supercopa de Europa, empezamos una nueva temporada de liga y la fase de grupos de la Champions. Eso nos obliga a jugar partidos cada 3 días y a realizar un esfuerzo físico y mental considerable.

El resultado actual es que nos hemos clasificado para los octavos de final en la Champions haciendo una fase de grupo de sobresaliente y, en liga, estamos arriba, muy bien posicionados con dos partidos menos para conseguir de nuevo el objetivo.

Qué orgullo ver nuestro escudo junto a los de los 16 mejores clubes de Europa en el sorteo de octavos de final. ¿Quién nos lo iba a decir a los que nos llevamos 50 años sin ver a nuestro equipo ganar nada?. El Borussia Dortmund será nuestro rival en febrero del 2021 y, no hace mucho, al llegar a estas alturas afrontaríamos esta eliminatoria como un premio. Diríamos “a disfrutarla”. Pero hoy en día, con la dimensión y grandeza que hemos alcanzado, decimos: “a competirla, a ganarla”. Esa es la diferencia que explica la ambición, el crecimiento y la magnitud que ha alcanzado el Sevilla F.C.

Pues así y todo, las críticas al entrenador, jugadores y al director deportivo son habituales, y es verdad que esto también es fútbol.

Al entrenador: que marcamos un gol y echa el equipo atrás, que no rematamos los partidos, que ganamos por la mínima y al final, que el equipo no juega bien, etc., etc., etc.

Al director deportivo: que no ha firmado delanteros buenos, que el equipo está descompensado, que no utilizamos la cantera (esto da para otro día un artículo en exclusiva), etc., etc., etc.

Y ahora pregunto y respondo yo:

¿Qué equipos ganan sus partidos con claridad y jugando bien?. Ninguno.

¿Qué es jugar bien?. Ganar.

Y ganar un partido hoy en día con la igualdad que existe tanto en liga como en Champions es muy complicado. Todos los equipos están muy bien preparados, compiten con intensidad, sus técnicos preparan a fondo los partidos y, además, qué casualidad, también los quieren ganar. Y, para conseguirlo, cada uno en función de sus posibilidades, emplea las armas con las que cuenta, todas lícitas dentro de lo que permite el reglamento.

En este aspecto, el Sevilla F.C. también utiliza las suyas, gustarán más o menos, pero Lopetegui ha conseguido desde el primer día darle una Identidad al equipo muy marcada, el Sevilla F.C. no engaña, todos sabemos qué pretende en cada partido y la forma es la misma que le ha dado un título y una clasificación Champions. Es un equipo sólido, contundente, muy bien posicionado en el terreno de juego, que somete a los rivales y trata de ser protagonista en todos los partidos, independientemente del rival.

Cierto es que le falta alguna variante en ataque, y ser más efectivos de cara al gol.

Hay una frase en fútbol que dice: “Lo que funciona no lo cambies”. Obviamente, todo es mejorable y este equipo tiene margen de mejora, pero aún así, mientras no se demuestre lo contrario, funciona y bien.

De fútbol todos opinamos y nadie tiene la razón. En fútbol, lo que vale es el presente, el pasado ya pasó y el futuro nadie lo sabe. Por supuesto, “como no puede ser de otra manera” (como diría nuestro presidente), tenemos que seguir siendo exigentes, inconformistas y con ambición, pero “inzisto“ (como diría Monchi), DISFRUTEN. Dicen los Rocieros que la llegada a la Ermita es el momento cumbre de la romería pero que de verdad, de lo que más se disfruta, es del camino. DISFRUTEMOS también nosotros del camino con este equipo y con este club que nos sigue dando desde hace muchos años MOTIVOS PARA DISFRUTAR.

Saludos y Viva el Sevilla F.C. ¡¡Siempre!!

Autoexigencia

Si nos vamos al diccionario de la RAE no se describe el significado de la palabra que encabeza el presente artículo, al ir precedido con su prefijo. Del lat. exigentia. f. Acción y efecto de exigir. f. Pretensión caprichosa o desmedida. f. desus. exacción (‖ acción de exigir impuestos o multas). Fuente : https://dle.rae.es/exigencia La autoexigencia es la característica que presenta una persona cuando se exige demasiado a sí misma y busca dar siempre […]

Kiko Hurtado
PEDRO MONAGO 16/11/2020

Equilibrio

Decía un buen amigo hace unos días que había visto al Sevilla, en su primera parte contra Osasuna, con desidia. En general piensa (y bastante gente se suma a esa opinión en las redes sociales) que el equipo sale como desmotivado en los partidos de Liga, a diferencia de lo que pasa entre semana en […]

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