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ENRIQUE VIDAL 19/01/2022

La noche de los cristales rotos

Sevillano atípico, abogado. Sevillista de tercera generación, accionista y socio desde los tiempos de Almedi, el marcador Orient y el Simca publicitario que daba vueltas en los descansos al cinturón de albero del Sánchez-Pizjuán. Colaborador del Área de Historia y SFC Media. Autor de los libros “Caso Antúnez, más allá del honor”, “Enrique Lora, un purasangre de otros tiempos” y co-autor de “El Sevilla Football Club a caballo entre los siglos XIX y XX”. Guionista-realizador del documental “1890, 125 años de fútbol sevillista”.
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El pasado sábado en el estadio Benito Villamarín asistimos a uno de los episodios más graves y bochornosos de la historia del fútbol sevillano, aunque no tanto como los acontecimientos que le han sucedido después. Lo que se suponía una eliminatoria de Copa singular, por ser la primera entre eternos rivales que se disputaba a partido único, acabó convirtiéndose en un sumidero para el desahogo de los complejos acumulados por generaciones de aficionados del equipo local ante una ocasión única de obtener un triunfo efímero ante el campeonísimo local, regional, nacional y europeo de la ciudad.

Para comprender los hechos podríamos remontarnos como mínimo al 10 de mayo de 2006, cuando el ayatolá del Fontanal, Manuel Ruiz de Lopera, dejó de ser aquel ídolo de masas que con sus geniales ocurrencias hipnotizaba a las “criaturitas” sin que nadie le tosiera, y al que se le justificaba cualquier salida de tono con risitas por lo bajini y un “Don Manué en estado puro” que hacía las delicias del grueso de la afición. Lopera tuvo un enorme tirón, prácticamente unánime, y generaba expectación allá por donde iba porque conectaba como nadie con su público, que se reconocía en él, al encarnar con más carisma que otros el inconfundible y perdurable “Estilo Betis”. A Don Manué hubo que demonizarlo ante la opinión pública con todo el aparato propagandístico, institucional, periodístico y judicial del partido político que medra alrededor de ese club desde la transición para poder expropiarle sus acciones. El detonante, no lo olvidemos, fueron los primeros triunfos europeos del Sevilla F.C.

Lo vivido desde aquella gloriosa primavera, revalidada por tantas otras jornadas de orgías en sevillista, no es necesario recordarlo. Nuestra es la plata y nuestra es la memoria. Hay estudios antropológicos que han demostrado la capacidad de los clubs de fútbol de establecer identidades colectivas en tanto que conforman tribus sociales e incluso se habla del ADN de esos grupos. El sevillismo de mi generación se crio con los relatos triunfantes del eterno campeón de Andalucía, de los stukas, del Sevilla clásico campeón de Liga y de Copa y cuartofinalista de la Copa de Europa, de jugadores míticos y de envidias localistas de Despeñaperros para abajo sin excepción, donde para ver jugar en su apogeo a los Di Stéfano, Kubala, Zarra o Puchades en Primera División había que asomarse forzosamente a las gradas del viejo campo nervionense. Pero también nos educamos con el durísimo golpe de realidad que supuso sucumbir a números rojos de la construcción del Sánchez-Pizjuán y la consiguiente ruina deportiva y social que desencajó a la institución del rumbo que se había ganado durante décadas. Ya en este momento, el abandono a traición de las autoridades públicas y la entrega de sus favores al populismo de la periferia eran hechos consumados. El estadio inacabado se convirtió en símbolo de la afición, en la imagen de un proyecto de grandeza deportiva interrumpida pero que estaba ahí, latente, representado por la mole de su edificio y su solidez imperecedera. El resultado es una generación que se nutre del orgullo, de la fe, de la perseverancia, que ha sobrevivido enormes desgracias y hostilidades e incluso a sus propios enemigos interiores. Es la generación humillada que descendió a los infiernos en 1995 y sin embargo, supo regenerarse por sí sola. Nuestros hijos no han crecido mirando a los costados sino hacia arriba. No se trata de qué hacen los demás sino de qué podemos hacer nosotros. De repetir y mejorar lo que consiguieron nuestros mayores.

Mientras, la misma generación en la acera de enfrente vive un tremendo conflicto de conciencia que solo unos cuantos reconocen. La engañosa década de los setenta, deportivamente hablando, y la habitual tendencia a desconsiderar cualquier pasado que se remonte más allá de la propia experiencia vital, lleva al convencimiento erróneo de que una situación siempre ha sido como la recuerdas, sobre todo si esa elección es la más confortable de las posibles. “Volver a ser lo que fuimos” se convierte así en el lema del desconocimiento de la propia historia más memorable que se recuerda. La genética victimista, la envidia o el odio encarnados en el triunfo sobre el rival como mayor y casi única aspiración deportiva lleva a los malos modos generalizados en la (habitual) derrota y en la (excepcional) victoria, multiplicados y agigantados por la eclosión triunfante de un Sevilla al que estos años han reinstaurado en el trono que en su momento ya había ocupado en la historia del fútbol. En lugar de ver esto, y asumir la realidad, se empeñan en considerarla como una anomalía, lo cual impide la aceptación y alienta los bajos deseos. Cualquier mérito ajeno se combate con una irracionalidad que da miedo y recuerda otros tiempos y parajes.

Y es que debe resultar insoportable contemplar el buen hacer, la administración ejemplar, la personalidad y el éxito de tu enemigo sostenido en el tiempo cuando eres un fracasado, al que, si le falla la emulación, sólo concibe el exterminio, como mejor epítome del síndrome de Procusto. La noche del sábado y las horas y días subsiguientes constituyen un auténtico pogromo contra el Sevilla F.C., sus jugadores, su entrenador y, por extensión, todos sus aficionados, con acusaciones improbadas y linchamientos de la víctima agredida o del entrenador Lopetegui, éste tras una rueda de prensa ejemplar que se ataca demagógicamente sin haber comprendido (o querer comprender) nada. En definitiva, una noche de cristales rotos que es pura y directa consecuencia de la paranoia destructiva de quienes alimentan este clima asfixiante de rencor insano con el que enervan los ánimos de los energúmenos de instinto más animal, que tiene su epicentro en el cinismo de palco y puro, y que acaba con la sensatez de gente aparentemente cabal que, sin embargo, a las primeras de cambio, por acción u omisión, se pone a la misma altura que los anteriores, engullidos por la barbarie de los instintos más primarios. Es un comportamiento sistémico, del que no escapa nadie, que pudre y contamina con su mugre a todo el que se acerca o toca a esa institución.

Soy pesimista en cuanto a cualquier posible solución, porque dos no se arreglan si uno no quiere, y a quien disfruta del lodo es imposible sacarlo de su miseria. Cansa demasiado poner siempre la otra mejilla, porque esta película la hemos visto muchas veces. El Sevilla FC tiene esta temporada una oportunidad única de decir algo importante en el torneo liguero, y eso crea enemigos muy poderosos que saben bien como manipular al tonto útil correspondiente para desgastar indirectamente a su presa objetivo. Ya pasó en 2007 y quieren hacernos lo mismo en 2022. Ojalá hayamos aprendido la lección y podamos aplicarnos aquel “no escucho y sigo” de Sampaoli, pero la dificultad es máxima, porque la toxicidad que nos rodea hace el aire irrespirable.

QUIQUE DE LA FUENTE 17/03/2021

Mi cuñao y el derbi

Sevilla 22 enero 77, criado en el barrio sevillano Federico García Lorca, socio de gol sur, autor del libro y vídeos de poesías, sobre el Sevilla fc y su afición, “historias de un sentimiento”, Humorista sevillano, actualmente cómico y guionista de los espectáculos de humor ¡y yo con éstos pelos! apellidos andaluces y ¡está la cosa que arde!, también empleado de una empresa de limpieza desde hace mas de 20 años y todo ésto, estando casado y con dos hijos. Casi ná.
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Con lo contento que estaba mi cuñao bético con el Sevilla jugando con el Dortmund, jugando con el Barcelona, eso si, lo pasó un poquito mal porque casi que nos ve en otra final y en 1/4 de Champions, pero bueno, al final fueron alegrías para él, fue su semana fantástica, pero precisamente, justo cuando su equipo estaba en racha y el Sevilla de depresión (porque por lo visto que te elimine el Barcelona en la prórroga, con uno más y mangazo de turno y llegar “solo” a 1/8 en Champions, es un fracaso para el Sevilla, nos ven así de grandes). A lo que iba, con lo contento que estaba, y va y viene un derbi, es que ya es mala suerte joé, pero mi cuñao estaba en estado de gracia, totalmente venido arriba, tanto, que incluso veía que si el Betis ganaba el derbi y el Sevilla perdía en casa con el Elche… cosas muy normales ambas por lo visto, nos iban a coger ya mismo y quitar plaza Champions… ¡Un mojón pa’l Alcoyano al lao de mi cuñao! Y es que ya es mala suerte también que tenga uno que ser feliz con otros equipos, justo hasta cuando lo puedes hacer con el tuyo, pues nada, que el Sevilla se llevó el derbi. ¿Quién lo iba a imaginar, verdad? Ni cansao ya, chiquillo, esto de los derbis es como los documentales de los ñu, está el ñu en la orilla del río, el cocodrilo en el agua y el león al otro lado… vamos que como en el derbi, sabes que antes o después va a caer el ñu, es que ya no tiene emoción, killo… salvo que se salve el ñu, claro está, pero es que eso casi nunca pasa.

Bueno, total que otra vez a aguantar al cuñao buscando la excusa de la derrota que, casualidades de la vida, siempre hay polémica cuando pierde el Betis; en las pocas ocasiones que gana, el árbitro estuvo impecable. En esta ocasión me viene el gachó con una imagen parada en el momento oportuno y después de que ya Bono ha despejado el balón y su mano está pegada al pie de Canales… ¡penalti clarísimo! No hay ningún tipo de duda, la imagen lo corrobora y en su cabeza lo tiene claro: robo clarísimo. Y ¿qué queréis que os diga? Me ha gustado eso de la foto y el engaño visual y también he jugado al mismo juego de las imágenes en el momento oportuno para que parezca lo que no es y quede guay.

Por ejemplo, le enseñé una foto de cuando fui a Pisa (Italia), donde se ve claramente que estoy sujetando la torre, no hay lugar a la duda, mis manos están sujetando la torre y en la imagen se ve claro, pero ahí no queda eso, le enseñé también cómo claramente estoy cogiendo con mis manos nada mas y nada menos que la luna, en otra tengo a mi hija de pie en la palma de mi mano… y, sobre todo, la más espectacular de todas y en esta precisamente no hubo truco, le enseñé una foto en la que estoy con 6 trofeos de Europa League y qué mala suerte la suya, que precisamente esta última foto, la que más le duele, es la que si se creyó que es verdad, que no había montaje… y mira que es complicao hacerse una foto con 6 trofeos de Europa League, que eso solo hay un lugar en el mundo. Pues se lo creyó, pero por supuesto no se iba a convencer ni dar por vencido,

Me despido con la misma frase con la que me despedí de mi cuñao, una que escuché a un sevillista en televisión y que me pareció genial, esa frase que se le dice a los perdedores, a los que sabes que nunca llegarán a nada y que sirve como consuelo, incluso como filosofía de vida, por eso le dije a mi cuñao… «Cuñao, tú no te mosquees, que lo importante es participar».

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