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Un fútbol que se derrumba

“Un mundo que se derrumba”, es una frase conocida en algunos diálogos de cine clásico. Así, en el guión que los hermanos Epstein entregaron a Michael Curtiz para “Casablanca”(1942), es pronunciada por Rick (Humphrey Bogart)en la inolvidable escena en que le dice a Ilsa (Ingrid Bergman) “el mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos”. Mientras tronaba la 2ª Guerra Mundial aquellos dos seres se abandonaban a inadecuadas cuitas personales. También en “Scaramouche”, excelente film de aventuras dirigido por George Sidney en 1952, basado en la omónima novela de Rafael Sabatini (1921), hay una escena en la que André Moreau (Stewart Granger) pronuncia la misma frase. En una revolución como la francesa de 1789, él está enfrascado en supuestos orígenes familiares que le impiden el amor de Aline de Gravillac (Janet Leig).

Sucede ahora con el ¿fútbol? Creo que es cualquier cosa menos eso. Uno sigue enganchado por el amor que profesa a su club de siempre, el Sevilla FC, el de sus mayores y su infancia,  el de su ciudad y el de un barrio entero que se estremecía y temblaba los días de partido. Y uso el pretérito imperfecto porque la guerra en forma de pandemia nos ha privado hasta de los ecos que salían del estadio. Una voz enlatada canta los “goals”, pero nada parecido al grito enrabietado de multitud de gargantas. Es la razón por la que he empleado este título parafraseando un recurrente diálogo en el Cine Clásico.

El cambio lleva tiempo produciéndose, aumento de clubs en la LFP desde 1971, publicidad en las camisetas, marca multinacional para las mismas, adelanto de la competición doméstica a pleno verano en unas latitudes en las que es insoportable jugar o acudir a un estadio, todo un marasmo de competiciones… ¿para qué seguir? Pero la guerra del Covid-19 y sus mutantes ha terminado por dar ya la puntilla a eso que yo llamaba fútbol. Ya no lo conozco.

Entiendo perfectamente que mantener la competitividad exige estos sacrificios ya que los ingresos por abonos son el 5º capítulo de cualquier entidad. Que orientales asiáticos con el huso horario UTC+8, entre la los 80º y 120º longitud E. y 20º y 50º latitud N. paguen por ver nuestra LFP y nos obliguen así a horarios intempestivos, que se ingrese mucho por publicidad, por “sponsors”, etc… lo asumo. “Marketing”, “Merchandaising” y otros aspectos, superan con creces al “ticketing”. ¿Lo he escrito bien? Pero el enjambre de competiciones que lastran el calendario de los clubs, para mí es incomprensible, y llega a empachar.

Escribo inmerso en la nostalgia de algo que ya no existe, lo sé. El verano comenzó con el anuncio de la editorial Tomás Tocino e Hijos de que ya no publicarían más la excepcional obra que iban lanzando ininterrumpidamente desde la temporada 1949-50 y que yo venía coleccionando desde finales de los sesenta, el Calendario Dinámico. Barrido inmisericordemente por las nuevas tecnologías, las mismas que nos obligan a una digitalización forzosa, imperativa, para renovar el abono anual, se han cargado una publicación sin la que muchos no entendemos el inicio de temporada.

Y aquí vemos a quienes, acostumbrados a ir anualmente a su taquilla, ahora se ven empujados a engancharse a una máquina y familiarizarse con un lenguaje incomprensible, hay que saber Inglés, para dar con la tecla precisa introduciendo códigos numéricos en campos, y cuando crees te has enterado de lo que es un código de barras este queda anticuado y aparece otro que es “QR”. Puedes tener tu carnet en el móvil, pero para eso debes tener una “aplicación”, y si lo quieres físico, como el de toda la vida, te lo mandan a un local si no te fías del buzoneo, con un plazo de tres días para recogerlo ¡en Agosto! Es como un Apartado de Correos, pero digitalizado, se necesitan códigos y números de seguimiento para que se te abra la cajita. Llamar a la empresa que el SFC contrató para su distribución o hacer lo propio al teléfono que la entidad habilitó para las dudas fue un calvario, según mi propia experiencia y la de otros.

El estío transcurrió lánguidamente, el llamado caso Koundé quedo oculto, afortunadamente, por el “affaire” M´Bappé y la marcha al PSG de SR-4, nuestro director deportivo ha confeccionado una esperanzadora plantilla, y la tranquilidad solo se ha visto empañada una vez más por el enésimo aparente asalto al poder del Sr. Del Nido Benavente. Ya debe saber que el sevillismo rechaza su carácter y su personalidad, y que no quiere nada de alianzas con gentes ajenas a la ciudad y al club, entonces, ¿Por qué insiste? ¿Es que quiere un nuevo pacto con el resto de grandes capitales presentándose como el que expulsó a “los americanos”? ¿Tan suculento es el negocio del Sevilla FC actual?. ¿Cree realmente que la afición se lo va a tragar?

Y mientras, aquí seguimos con aplazamientos de partidos por decisiones imprevisibles de FIFA en la Commenbol y sin posible fecha alternativa dado el cúmulo de torneos, y para colmo, ¡mire Vd. Hombre! el “merenguismo” se nos encampana nada menos que por agravios comparativos, vivir para ver. ¿Cuándo se percatarán las instituciones del fútbol en España que el calendario doméstico hay que descargarlo? Lamento escribirlo, pero si no se desea reducir el nº de equipos en la Liga Santander, hay que idear un sistema que permita  acortar y dejar disponibles fechas. Pero ese es otro análisis.

Para mí, la apertura del RSP empieza el 14-9-2021, me hago la idea de que empieza la emoción como antes con la visita del Red Bull Salzbourg. Buena suerte a todos y feliz temporada 2021-22, y ¡Viva el Sevilla hasta la muerte!

ÁLVARO FUENTES 25/10/2019

Que empiece lo bueno

Ciertamente, ver al Sevilla ganar por tres goles a cero en un partido europeo es algo que deja buen sabor de boca a cualquier aficionado al club nervionense. Sin embargo, la UEFA Europa League que está brindando la entidad hispalense no debería levantar tantas euforias. Ni esta competición ni la doméstica. Ahora es cuando el camino se empieza a empinar… y cuando hay que evitar hacer la goma.

El Sevilla, con su victoria ante el Dudelange, no hizo más que lo que debía. Que tiene mérito hacerlo, por supuesto… como el cumplir satisfactoriamente cualquier tarea que a uno le encomiendan. Sin embargo, no hay que perder en la perspectiva a los rivales a los que se ha superado. Ya puede Lopetegui llenarse la boca de respeto hacia sus oponentes, pero…. querido amigo de Asteasu, si no le hubieran ganado a los Apoel, Dudelange y el todopoderoso Qarabag… ya sabe usted lo que habría. Ganaron a los tres, bien hecho. Buen trabajo. Y con el equipo ‘B’… que eso sí tiene gran mérito. Eso sí, era lo que tenían que hacer. Ninguna proeza.

No obstante, lo importante viene ahora. De momento, el Sevilla se ha enfrentado a equipos de media tabla, a la Real Sociedad –con una importante victoria— y a Real Madrid y Barcelona, con derrotas. Las próximas fechas veremos al equipo nervionense jugarse los tres puntos ante Getafe… y Valencia, Atlético de Madrid y Betis  (con todo lo que ello representa para su afición y para la sevillista). Ahora comienzan las cuestas y es cuando todos vamos a ver realmente qué equipo tiene el Sevilla entre manos. Un equipo que aspira a Champions League tiene que dar el do de pecho y sacar de estos cuatro partidos un mínimo de nueve o diez puntos. Cuatro victorias sería excelso… y tampoco es cuestión de levantar los pies del suelo.

La plantilla de más de 150 millones de euros confeccionada por Monchi para Lopetegui estaba pensada para aspirar a grandes éxitos. Poco a poco, sí, pero desde ya. ¿Qué mejor éxito que desmarcarse del Sevilla de las últimas temporadas, ese que tiene la costumbre de descolgarse cuando el calendario viene de malas y de no competir ante los rivales de envergadura? Cuatro partidos importantísimos. Doce puntos vitales para decir ¡Aquí está el Sevilla! Para ganarse la importancia de abrir informativos. Para ganarse el respeto de la prensa de Madrid. Para darle a la afición lo que se merece. Déjense de medias tintas y denlo todo, porque estos partidos son los que diferencian una temporada sobresaliente de la más absoluta mediocridad.

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