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Pedro Monago - Columnas Blancas

PEDRO MONAGO 18/03/2021

El efecto dominó

La teoría del efecto dominó fue utilizada a principios del siglo XX por Heinrich para explicar un modelo primario de análisis de los accidentes laborales en el que estos se conceptúan como “una sucesión de causas y efectos que acaecen de manera secuencial en un determinado orden”. El modelo se muestra como una sucesión de piezas de dominó que en su caída empujan a la siguiente y así, sucesivamente, hasta que terminan por generar el accidente. La consecuencia lógica de este modelo es que evitando la caída de una de las piezas se evita el accidente.

El último mes, desde el partido contra el Borussia en Sevilla, se había ido produciendo una casi continua “caída de fichas” en la trayectoria del equipo esta temporada que generó la lógica alarma respecto a la consecución de objetivos (lógica por lo tremendistas que somos, por distintas razones, aficionados y prensa, no porque tuviera mayor fundamento). Podríamos hacer un análisis de cómo fue cada una de esas caídas y encontraremos todo tipo de explicaciones, desde el un mal desempeño/planteamiento en aquella primera caída, hasta un cierto desinterés en día del Elche, pasando por una cierta mala suerte en la vuelta de Copa contra el Barcelona. En realidad, al cabo, da un poco igual, el caso es que las fichas iban cayendo una detrás de otra hasta el partido de Dortmund, por más que esa noche el equipo diera una mucho mejor cara que, probablemente, también tendría que ver con la necesidad extrema.

Se planteaba así el partido del domingo pasado contra el Real Betis como otra posible ficha caída que nos dejaría muy cerca tanto de la Real Sociedad como del propio equipo de Heliópolis, perdiendo además con este último el goal average. Era, en consecuencia, vital la victoria para acercarnos un poco más a nuestro principal y ambicioso objetivo, que no es otro que clasificarnos otro año más para disputar la Liga de Campeones. Y ganamos, con un partido en el que, en mi opinión, se jugó más o menos como quiso un Sevilla que ha jugado 11 partidos más que sus rivales y que tenía analizada la presión alta verdiblanca y había preparado una respuesta mediante la salida de En-Nesyri buscando la espalda de los centrales (ya hubo otra jugada así antes del gol) para después guardar la ropa con bastante más tranquilidad, a la vista de las estadísticas sobre posesión, disparos a puerta y paradas de Bono, de lo que los lógicos nervios de un partido importante nos hacían pensar.

Esa ficha no cayó (y sorprende que desde la otra ciudad que hay en nuestra ciudad no entiendan una celebración que, por otro lado, no ha sido, desde el club, desmesurada en absoluto), pero está por ver si eso implica que se cumpla la teoría de Heinrich…

Reuters
PEDRO MONAGO 12/01/2021

La renovación

La verdad es que no recuerdo la última vez que el Sevilla tuvo contrato con un entrenador tan a largo plazo como el que acaba de firmar Lopetegui (hasta 2024). Sí ha habido alguna renovación, pero normalmente por un año, como la primera de Emery o la que luego él mismo resolvió para irse el PSG.

Está claro que habrá todo tipo de opiniones al respecto, tantas como las que hay sobre la labor de Julen en el tiempo que lleva, pero creo que, más allá de que no hay nadie perfecto y de gustos personales, hay datos objetivos que nos invitan a felicitarnos por esta novedosa situación.

Alguno de vosotros recordaréis que cuando se rumoreaba que Monchi ficharía a Lopetegui manifesté en redes sociales que me pensaría si sacar el abono. Los que me conocéis daréis por hecho que jamás me planteé tal cosa, pero sí es cierto que el fichaje no me generaba ilusión alguna y, sorprendentemente en mí, que soy bastante práctico para estas cosas y humilde en cuanto a mis conocimientos futbolísticos, lo manifesté con esa “amenaza”.

No tardé mucho en darme cuenta de mi error, concretamente al día siguiente de aquel tuit, al encontrarme a Monchi en la calle y decirme, con su sorna cañailla y una sonrisa, “muchas gracias por el apoyo, está bien saber que cuenta uno con los amigos”. Os parecerá una tontería, pero le vi tal convencimiento que, al margen de la guasa de tuitear inmediatamente que aquello del abono era broma, me empezó a generar ilusión en la temporada que iba a empezar.

Lo que vino después ya lo conocemos todos, un nuevo título y una holgada clasificación para la UCL. ¿Qué más podemos pedir? Pues podemos pedir asentarnos en hacer temporadas de ese corte, más parecidas a las de 2006/2007 que a las de las tres UELs seguidas, en las que nos costaba mantener el equilibrio en Liga. Y creo que se ha dado el primer paso con la estabilidad en el puesto de entrenador, que se debe refrendar con la relativa estabilidad (ya sabemos que, por modelo y porque siempre hay carencias, en esto la estabilidad absoluta no es deseable). Pero eso es trabajo de Monchi y ahí ya no me meto (otra vez).

Kiko Hurtado
PEDRO MONAGO 16/11/2020

Equilibrio

Decía un buen amigo hace unos días que había visto al Sevilla, en su primera parte contra Osasuna, con desidia. En general piensa (y bastante gente se suma a esa opinión en las redes sociales) que el equipo sale como desmotivado en los partidos de Liga, a diferencia de lo que pasa entre semana en los de UCL. A mí, que de fútbol entiendo lo justo, me cuesta creer que un jugador salga al campo desmotivado (si bien entiendo que es posible que haya partidos que le hace más ilusión jugarlos que otros) y por eso intento encontrar una explicación distinta.

No hace falta reiterar que, en un año de por sí muy extraño (por ser suave), el Sevilla se encuentra en una situación especialmente extraordinaria, debido a que la consecución de la UEL supuso que fuera el último en terminar de competir y el primero en empezar a hacerlo, sin prácticamente pretemporada. No tengo la menor idea de cómo lo harán, pero estoy seguro de que el cuerpo técnico y sus preparadores físicos tienen un plan para que esas circunstancias excepcionales se noten lo menos posible y dentro de ese plan estará sin duda que Lopetegui vaya haciendo rotaciones.

En este punto los aficionados no nos ponemos de acuerdo nunca, porque hay quien entiende esas rotaciones, pero también quien se acoge a la máxima “los mejores siempre en el campo”. Por mi parte, creo que es imposible aplicar esa máxima (y, de hecho, cuando por la razón que sea se lleva a cabo nos encontramos con lo que le ha pasado a Navas) y que a lo largo de la temporada es necesario ir dando descansos selectivos, porque estamos en una carrera de fondo.

Dicho esto, la siguiente cuestión es cuando rotar, si en los partidos de Liga o en los de UCL y tampoco en esto nos ponemos de acuerdo, porque se enfrentan la teoría de “la Liga es lo que te da de comer” (qué nos gusta a los aficionados al fútbol una sentencia) con la de intentar llegar lo más lejos posible en la máxima competición continental.

En mi opinión, en estas cuestiones, como en casi todas, hay que huir de las posturas extremas (mi máxima favorita es ni calvo ni con cien pelucas) porque una temporada es algo vivo, mutable, a lo que hay que ir adaptándose a medida que avanza. De entrada, como principio, hacerlo bien en UCL es para mí prioritario, no solo porque no tiene sentido tener como objetivo en Liga clasificarte para esa competición y luego relegarla a un segundo plano cuando la juegas, sino porque desde el punto de vista económico es absolutamente clave (quizás más en las circunstancias de incertidumbre actuales) conseguir el máximo de ingresos por esa vía. Ahora que se acerca la Junta General de Accionistas y que tenemos a nuestra disposición las Cuentas Anuales del ejercicio 2019/2020, es bueno recordar que las cuentas de una sociedad nos hablan (de hecho había pensado escribir sobre ello y abandoné la idea por cierta pereza en cuanto a posibles interactuaciones posteriores) y una de las cosas que nos dicen las del ejercicio cerrado en junio es que los ingresos por competiciones europeas son fundamentales para la viabilidad del proyecto.

Resulta obvio, entonces, que un primer objetivo es pasar la fase de grupo e incluso conseguir el máximo de victorias posibles, teniendo en cuenta que en la primera fase te encuentras, en teoría, con los rivales más flojos. Pero esto no quiere decir que la Liga no sea importante, porque, a su vez, es la que te dará la clasificación para UCL en el próximo ejercicio.

¿Qué hacer entonces? Pues creo que lo que intenta hacer el técnico, ir buscando el equilibrio, priorizando los primeros partidos de la fase de grupo y luego (imagino), una vez encarrilada la clasificación, inclinar la balanza de las rotaciones hacia esa clasificación y priorizar (los buenos al campo) en Liga. Obviamente la idea no es tener una mala racha como la que hemos sufrido recientemente, sino buscar el punto en el que, priorizando una competición, se mantenga viva la otra. Ocurre, sin embargo, que esto es fútbol, no matemáticas y que no todo sale como uno quiere, pero hay que arriesgar, sobre todo contando con que quedan más de 30 partidos y muchas circunstancias inciertas por venir. Mientras tanto, por mi parte, confianza plena.

Levante Sevilla
PEDRO MONAGO 19/06/2020

Las razones

Discutía el lunes pasado con unos amigos, tras el amargo empate contra el Levante, sobre las causas de que al Sevilla se le hubieran “escapado” dos puntos. Los datos objetivos mostraban que ello había pasado porque llegamos al final del partido con una ventaja de un gol y jugamos los últimos 15 minutos metidos en […]

PEDRO MONAGO 10/03/2020

A medias

Pues nada, aquí andamos, leyendo noticias sobre la evolución del Covid-19 en nuestro país y las posibles medidas a adoptar para contener la posible pandemia. Lo último que se comenta es que las dos próximas jornadas de la Liga de fútbol se jueguen a puerta cerrada y, a este respecto, creo que resulta de interés […]

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