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Pedro Monago - Columnas Blancas

Levante Sevilla
PEDRO MONAGO 19/06/2020

Las razones

Discutía el lunes pasado con unos amigos, tras el amargo empate contra el Levante, sobre las causas de que al Sevilla se le hubieran “escapado” dos puntos. Los datos objetivos mostraban que ello había pasado porque llegamos al final del partido con una ventaja de un gol y jugamos los últimos 15 minutos metidos en nuestro campo (ambas circunstancias son poco discutibles) pero no nos pusimos de acuerdo en algunos matices.

Es evidente que una ventaja de un gol resulta siempre peligrosa de cara al resultado final, pero ¿resulta manejable siempre esa situación? En un fútbol en el que es generalmente aceptado que ganar a cualquier rival no es fácil ¿debemos considerar un defecto eso que los entendidos llaman “no saber cerrar un partido”? ¿Somos conscientes de que ello implica que estamos exigiendo ganar cada partido por una diferencia de más de un gol? ¿Es eso razonable?

En cuanto al segundo de los motivos citados, las discusiones se referían a la razón por la que acabamos encerrados esos 15 minutos y ahí, la opinión generalizada es que “Lopetegui echa al equipo atrás” (una expresión también muy de entendidos). Por mi parte, como poco conocedor de los aspectos técnicos del fútbol, suelo rechazar las explicaciones simples (en el sentido de poco complejas) y creo que las cosas tienen normalmente más de una causa, distinta a una instrucción expresa por parte del entrenador:

– Puede haber cambios que empeoren el equipo, sea porque son estratégicamente erróneos (y ahí sí puede existir un cierto mensaje conservador), sea porque no aportan lo esperado (hubo varios ejemplos el lunes).
– El planteamiento inicial (que parece acertado) es muy exigente desde el punto de vista físico y se paga en los últimos minutos (pasó incluso en el derbi).
– Jugamos, por increíble que parezca, contra otro equipo. Y aquí me quiero detener un poco, porque me resulta especialmente llamativo que estemos cayendo en lo que siempre hemos criticado de los equipos mejor tratados por todos los estamentos de este país, que creen que juegan solos y es únicamente achacable a ellos el resultado que refleje el marcador.

Pues sí, amigos, el rival juega, tiene un entrenador que piensa en un planteamiento inicial y que si no le sale bien va buscando opciones para hacernos daño (en este caso las encontró por nuestra izquierda) y, a veces, las encuentra. Sí, ya sé que me van a decir que si el otro equipo es inferior eso no debe pasar, pero no me tomo muy en serio esto si me lo dicen los mismos que mañana analizarán el partido contra el Barcelona explicando en qué hemos fallado nosotros (quiera Dios que a pesar de haber ganado) y no qué ha hecho bien el de los 699 goles. Estoy convencido de que ninguno de nosotros da por bueno que el Barcelona domine 75 minutos hoy…

En cualquier caso, más allá de los matices, y de que a mí me resulte cómico la tragedia que se monta después de un mal resultado, lo que tengo claro es que prefiero que mi afición esté enredada en este debate y casi nadie se centre en el gol anulado… que hubiera “cerrado el partido”.

Nota bene: aunque sea triste tener que explicar un tuit (casi más que un chiste), que a mí me resulte cómico que el personal se ponga trágico después de un partido tiene más que ver con cómo me tomo el fútbol a estas alturas de mi vida que con el conformismo, la tibieza o mi poco gusto por la crítica, con la que no necesariamente hay que estar de acuerdo para respetarla.

PEDRO MONAGO 10/03/2020

A medias

Pues nada, aquí andamos, leyendo noticias sobre la evolución del Covid-19 en nuestro país y las posibles medidas a adoptar para contener la posible pandemia. Lo último que se comenta es que las dos próximas jornadas de la Liga de fútbol se jueguen a puerta cerrada y, a este respecto, creo que resulta de interés hacer una breve y urgente reflexión sobre lo que tantas veces hemos llamado “el fútbol moderno”.

Me mantendré alejado de la tentación de opinar sobre cuestiones médicas y de medidas epidemiológicas en general, pero creo que el simple sentido común nos da algunas claves de por dónde deberían ir los tiros en esta cuestión.

Que el virus ya está aquí es indiscutible y que las medidas para contenerlo son urgentes, también. Tengo claro que debe prevalecer la salud de los ciudadanos y que, por tanto, debemos asumir las incomodidades asociadas a esas medidas de prevención necesarias, pero también tengo claro que para esa prevención no es mejor jugar sin público que no jugar, así que ¿por qué celebrar un espectáculo sin público? ¿En qué hemos convertido este deporte para que no se decida, sencillamente, suspender los partidos?

Soy perfectamente consciente de los inconvenientes que suspender dos (o las que sean) jornadas de la Liga suponen, pero si la situación es de emergencia y, sobre todo, si comparamos esos inconvenientes con el bien superior protegido, que es la salud ¿tiene sentido que nos quedemos a medias? Desde el punto de vista futbolístico ni siquiera es una buena manera de respetar la competición, porque de alguna forma altera las reglas del juego, pero eso es casi lo de menos, lo verdaderamente importante es que se obvie el papel que juega el aficionado, lo que no es sino un síntoma de lo que llevamos tiempo temiendo: el fútbol ya no nos pertenece.

PEDRO MONAGO 18/12/2019

Probaturas

Aunque llevo ya unos años opinando por aquí y en redes sociales, siempre me he resistido a escribir sobre fútbol en sentido estricto, sobre sus aspectos técnicos. No entiendo de fútbol, lo digo siempre y muchos amigos lo consideran falsa modestia, pero no es así. No me suelo fijar ni en como están colocados en el campo los jugadores y solo al final puedo tener una opinión, más basada en sensaciones y hechos objetivos (soy resultadista), que en un análisis técnico del desarrollo del partido, cosa que dejo para gente muy preparada que tenemos la suerte de leer también aquí.

Hoy, en puertas del descanso futbolístico navideño, voy a hacer una excepción para contaros algo de cómo veo al Sevilla hasta ahora.

Parece obvio que esta temporada hemos mejorado en la configuración global del equipo: somos más sólidos en dos zonas claves, como son la defensa y el centro del campo.

Y también parece obvio que hemos empeorado en el ataque. Eso, además de las sensaciones, lo dicen los números.

La cuestión es, ¿cuál es la razón de que ataquemos peor? Y, en función de ello ¿qué se puede hacer?

Aquí hay opiniones para todos los gustos, desde la más popular (De Jong, Chicharito, etc, son unos bultos), hasta la teoría de la manta (atacamos peor porque nos arropamos más atrás), pasando por la mala configuración de la delantera por parte de Lopetegui.

Yo que, como decía un querido (aunque reciente) amigo que nos dejó hace poco, suelo ser equidistante, aquí no lo voy a ser menos: no creo que haya una sola causa de que nos cueste hacer gol.

Los delanteros no son, parece claro, del nivel de los monstruos que hemos tenido en los años de esplendor, vale, pero tampoco creo que tengan un nivel que no sea, al menos, equiparable a otros equipos (bastantes) que han anotado más que el Sevilla. No puede, por tanto, ser la única ni principal causa de la sequía.

La segunda posible circunstancia, la teoría de la manta, puede servir para algunos partidos en los que (dicho por el propio Lopetegui) nos hemos metido demasiado atrás, después de ponernos por encima en el marcador, pero no para otros cuantos en los que hemos atacado bastante, sin acierto. Por ejemplo, los dos últimos o la primera parte de Barcelona.

Nos queda, de las tres posibles causas comentadas, la relativa a la configuración de la delantera por Lopetegui. Tengo claro que este posible motivo es más amplio, porque la configuración de la delantera está condicionada (y al revés) por la del resto del equipo y el estilo de juego. Aquí, desde mi niideísmo, al principio reconocido, y sin pretender saber ni una milésima parte de lo que sabe Lopetegui, yo creo que hay campo de mejora.

Suelo decir (vuelvo a remitirme a mi post El especialista) que los hombres de fútbol, a veces, precisamente por serlo, pierden de vista cosas más mundanas que, sin el corsé de ser el que más sabe de esto, son palpables para el común de los mortales. En mi opinión, cualidades escasas pero muy valorables en los especialistas son la flexibilidad y la humildad, virtudes que, sin duda, hacen que no caigan en el pecado mortal de la cabezonería, que a tantos entrenadores se ha llevado por delante.

Tengo plena confianza en que Lopetegui, que ha conseguido lo más difícil desde que llegó, será capaz de mostrarnos las referidas cualidades. Y no lo digo porque yo crea que debe poner a uno u otro (que ahí el cabezón sería yo), sino porque entiendo que sería bueno que probara soluciones que a los legos se nos ocurren, como poner a Munir y/o Dabbur de delantero, utilizar a De Jong más como recurso que como regla, mezclar un poco el estilo y que no sea centros laterales al área el 90% de las veces, etc.

A lo mejor nada de eso funciona, pero estaremos de acuerdo en que esta prueba es más fácil (y barata) que intentar sustituir a los jugadores en plena temporada.

PEDRO MONAGO 25/11/2019

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PEDRO MONAGO 15/10/2019

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