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Ciudad Deportiv

Ciudad deportiva y estadio

En esta semana hemos conocido el proyecto del Sevilla FC sobre la nueva Ciudad Deportiva, que pasará a llamarse Campus Deportivo y Empresarial José Ramón Cisneros Palacios, y será el centro neurálgico del Club, y que aparte de las oficinas que ya se encuentran allí, albergará también los despachos de presidencia, dirección general, así como los estudios de radio y televisión que actualmente se encuentran dispersos.  Unas obras que ya comenzaron, y de las que ya podemos ver la nueva grada de Preferencia, por cierto, única que se habilita para los partidos del Sevilla Atlético y Femenino. La idea me parece magnífica por la categoría de la entidad, y por mejorar las actuales instalaciones, que aunque han ido mejorando bastante en los últimos años, pero necesitan de un impulso que las pongan donde deben estar.

Pero paralelamente a ello, no puedo dejar de pensar en los accesos,  que deberán mejorar en los siguientes aspectos, que no dudo que estarán contemplados en el proyecto:

  • Vehículo particular. Aunque existe un parking, éste debe mejorar sobre todo más que en cantidad, en calidad.
  • Disponemos de la estación de metro de la UPO, a escasos 7 minutos a través de la pasarela sobre la autovía de Utrera, pero el acceso al propio recinto sevillista tiene que mejorar, modificando la actual cancela cutre y sustituyendo el pasillo de albero por algo más digno, pues en los días de lluvia se convierte en un autentico barrizal.
  • Bus urbano. Existe la línea 38 de la empresa municipal de transporte, pero habría que negociar con la misma, que durante los fines de semana, que es cuando más actividad hay en la ciudad deportiva, las frecuencias sean mejores, pues actualmente dicha línea la cubren con un solo autobús.
  • Y también habría que negociar con ADIF, que a la línea ferroviaria de cercanías que pasa por uno de los extremos de la ciudad deportiva, se le construyera un apeadero, pues sería otro punto de acceso muy importante, negociando por supuesto con RENFE, que durante los fines de semana dicha línea esté más reforzada. Esta línea de ferrocarril conectaría con puntos de la ciudad donde todavía no hay metro.

Y en cuanto al estadio, me congratula que el Consejo de Administración esté estudiando ya la opción del tercer anillo, pues es totalmente necesario. Comprendo que el tema es complejo y llevará su tiempo, pero a la falta de aforo hay que darle ya una solución. Sobre este tema hay muy diferentes opiniones, pero yo apuesto por el tercer anillo como la mejor, y pudiendo simultanear las obras con la disputa de partidos. Así ya se hizo, cuando en la temporada 1974-1975 se efectuó la construcción de las tribunas altas de Norte y Sur, que habían quedado pendientes tras la inauguración de 1958.  Ahora bien, que una vez que las obras sean licitadas, sean llevadas a cabo por empresas que se comprometan a hacerlas en el menor tiempo posible, como ha ocurrido con muchos estadios de nuestra geografía.

RAFA VELASCO 20/09/2019

¿Una vuelta atrás?

Dicen que siempre hay que mirar adelante, que nunca se debe mirar atrás, pero el rico refranero español, también nos dice que Rectificar es de sabios.

¿Y todo esto a qué viene? Pues viene a colación de la vuelta que parece haber dado nuestro Sevilla FC a aquellos comienzos donde se fraguó un Sevilla Campeón. Un Sevilla forjado sobre un concepto olvidado y que parece que vuelve a ser, esta temporada, seña de identidad, me refiero a la COMPETITIVIDAD. Era necesario construir un equipo sólido y solidario, siempre sobre la base de una plantilla de alto nivel técnico para que los aficionados se sintieran orgullosos de sus futbolistas.

El Sevilla de Unai Emery había ganado la tercera Europa League consecutiva, pero gran parte de la afición no estaba contenta porque no se realizaba un fútbol vistoso. En busca de un crecimiento futbolístico que nos pusiera a la misma altura de los llamados “grandes” se dio un golpe de timón, que nos alejaba de la fórmula que tantos éxitos nos había dado. Era un proyecto arriesgado, y más arriesgado nos pareció aquella loca noche de agosto en la que Sampaoli debutaba como entrenador en el Sánchez Pizjuán, con aquel inolvidable 6-4 frente al Español, en el que los sevillistas nos mirábamos atónitos sin comprender muy bien qué era lo que estaba pasando. Con el “amateurismo” de Sampaoli se consiguió un meritorio cuarto puesto que nos dio la posibilidad de jugar la previa de Champions, pero nadie olvidará que el equipo se cayó con estrépito en la segunda vuelta. Después del argentino llegaron Berizzo, Montella y Machin, con sus luces y sombras, pero con el denominador común de dejar la fuerza y el físico en un segundo lugar.

Casualidad o no, regresó Monchi de su periplo romano y el “León San Fernando” llegó con las ideas muy claras, recomponiendo el puzzle que se había desordenado en los últimos años. Ramón Rodríguez Verdejo, constructor de esa fórmula exitosa, nos ha redirigido a ese camino que nos llevó directamente y sin atajos, a ser campeones. Su primer diagnóstico fue certero, faltaban  jugadores de verdad, competitivos y partiendo de esa base, pintó el ya “famoso cuadro” en el que se le dio prioridad al físico. Un cuadro que, por cierto, según se desprende de sus propias palabras,  parece estar inacabado.

¿Apostar de nuevo por la vieja fórmula te garantiza el éxito? No, está claro que no, pero sí nos acerca a ese Sevilla que nunca se rinde, a ese Sevilla de la Casta y el Coraje, a ese Sevilla que no tiene miedo a ganar, en definitiva a ese Sevilla que se funde con su afición en un mágico abrazo rojiblanco.

Porque nadie duda que unidos, equipo y afición, somos mucho más GRANDES.

Monchi
ENRIQUE VIDAL 19/09/2019

Otra obra blasfema de Monchi

Desde el púlpito de la moralidad, el republicano de Sullivan (Indiana), William H. Hays, perpetuaría su apellido como padre de la censura en el cine estadounidense bajo un código (“A Code to govern the making of motion pictures”) que, desde 1934 hasta 1967, metió el dedo del puritanismo en la llaga de los crímenes, el alcohol, la religión o la sexualidad, entre otros asuntos tabú para el muy hipócrita bestiario de miedos yanquis. En su período más crudo, el Código Hays sirvió de pretexto para purgar a cineastas incómodos, trasgresores, outsiders, acusados de antiamericanismo, con procesos y penas no sólo estrictamente legales, sino también sociales, como la exclusión, el ostracismo y el olvido. La denominada “caza de brujas”, con su carrusel de delaciones infames, cercenó la carrera profesional de no pocos talentos e hizo añicos su prestigio, su honor y el de sus familias, llevando a algunos de ellos a la indigencia o el suicidio, tras haber sido señalados, como el Billy Bones de Stevenson, con la temida mota negra de un supuesto comunismo.

Sin ir tan lejos, la Junta Superior de Censura Cinematográfica de la dictadura en España impuso también sus propias condiciones y criterios –Spain is different– para la producción y exhibición de obras cinematográficas, mostrando singular fruición en la amputación de fotogramas y la alteración de los diálogos mediante un uso creativo del doblaje en el caso de las filmaciones extranjeras, con algún que otro sonado despropósito. Tanto el Código Hays como la censura franquista, bajo el velo de un pretendido bien social general, perseguían educar, manipular y, en definitiva, influir sobre el pensamiento y la conciencia de las masas a las que supuestamente “protegían” de las inconveniencias y salidas de madre de cualquier desaprensivo artista que quisiera filtrar mensajes subversivos o simplemente inapropiados entre el inocente público de la posguerra que acudía a las sesiones dobles de su cine de barrio.

Estos ejemplos, por más que puedan parecernos estadios superados por la evolución de los tiempos, siguen coexistiendo con nosotros, en muchos ámbitos y múltiples formas. Si me apuran, la censura, como la discriminación arbitraria o los atentados contra la sana competencia, en el mundo que aquí nos importa, que es el del fútbol, viven su mejor momento, perfeccionados en sutilidad, disfraz o cinismo, como un virus que resiste y se adapta a los nuevos desafíos que le presenta el día a día. Es curioso, o no tanto, que la censura del chivatazo a la carta de la LFP actúe siempre contra los mismos y nunca contra esos otros mismos. Es llamativo, también, que el VAR, una herramienta conceptualmente impecable, esté sujeta al todo ok José Luis de turno en manos de una autoridad arbitral con inclinación estadística a dejarse llevar por la corriente. Es indignante, para finalizar, que el reparto de los derechos de TV genere diferencias descomunales entre los participantes en una misma competición y que el criterio principal para ello resida en un dato –la audiencia camuflada bajo el eufemismo de la implantación social- pervertido por el propio sistema, que se dedica a retroalimentar a los mismos de siempre, ignorando las apariciones del resto, salvo que sirvan para erosionarlos.

Pero no perdamos la esperanza. Al igual que los censores del cine americano y del español inspiraron con sus castrantes grilletes maravillosas obras maestras del Séptimo Arte, fruto de la adversidad y de la propia necesidad de buscar por caminos indirectos -más inteligentes, más ricos, más imaginativos- llegar a la meta deseada, las dificultades que los más poderosos siguen poniendo a quienes osan menearlos de su pedestal han propiciado en el balompié patrio singularísimos casos de ingenio y reinvención, entre los cuales, sin ninguna duda, destaca poderosísimamente el Sevilla Fútbol Club de nuestro acreditado Ramón Rodríguez Verdejo. Ha regresado Monchi entre nosotros, desde su exilio romano, como lo hiciera Buñuel a España a principios de los sesenta para rodar Viridiana, burlando dificultades, cortapisas administrativas y herencias envenenadas, con la ilusión y la osadía de ofrecernos otra pieza cumbre de las suyas, otro equipo de leyenda, en este nuevo ciclo recién iniciado. No es fácil repetir empresa, como tampoco le resultó sencillo a don Luis regatear a los inquisidores con aquel film tan memorable, pero si el genio aragonés consiguió alzar la Palma de Oro en Cannes y rasgar vestiduras en el Vaticano y el Pardo, por qué no volverá el de San Fernando, con su flamante troupe, a levantar plata y provocar otra vez pesadillas con un seísmo (de seis güefas, por ejemplo) yonkigitano. Ojalá este nuevo Sevilla de Monchi se convierta, como Viridiana, en otra obra blasfema que profane el mausoleo de nuestro fútbol; otra envidiada masterpiece que desate el escándalo allá por donde se exhiba.

Fernando
MIGUEL CANALES 19/09/2019

El sostén defensivo de Lopetegui

Julen Lopetegui ha dejado su sello marcado pronto en el Sevilla. Esto es algo que sorprende por la rapidez con la que el equipo ha tomado una identidad relativamente definida en tan poco tiempo. Sistema 1-4-3-3 como base de su posicionamiento táctico, activación rápida tras pérdida y presión en campo rival, dominio del juego mediante […]

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