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El sistema maldito

Ayer leí en la prensa que Lopetegui se plantea, ahora que tiene más tiempo durante la semana, trabajar y mejorar el sistema de tres centrales para utilizarlo lo que queda de temporada.

Sin saber si la noticia es cierta me ha entrado un dolor de barriga como si me hubiese comido pirañas vivas y me estuvieran dando bocados.

Y es que mis temores no son porque esté en contra de ese sistema (Sampaoli lo utilizaba y funcionaba de maravilla), mis temores son porque Lopetegui se ha trabajado un sistema de cuatro defensas que nos ha llevado a ser uno de los equipos más sólidos de la liga y cuando ha decidido cambiar aunque sea esporádicamente al sistema de tres centrales, es decir, al “Gudismo” (el serbio incrustado entre los centrales), el equipo pierde la mayoría de las veces todas las buenas virtudes que nos han llevado hasta la buena situación que tenemos hoy.

Es tan simple como recordar que en la mayoría de los partidos donde Lopetegui ha utilizado este sistema, mi memoria me dice que, a excepción de los partidos contra Atlético y Getafe, ambos en Madrid, son los únicos que han dado buen resultado, mientras que en todos los demás partidos, (aunque se hayan ganado alguno) el equipo ha estado muy por debajo de su nivel habitual.

Para mí está demostrado que al Sevilla actual le sienta muy mal ese sistema. Sus motivos habrá, pero esa es la realidad. Y estoy seguro que si Lopetegui se hubiera olvidado de esa variante tendríamos incluso más puntos.

Soy consciente que este sistema tendrá cosas positivas. Pero también estoy seguro de que, para que se plasmen en el terreno de juego y en resultados, hay que tener los jugadores adecuados y sobre todo tenerlo muy bien trabajado para minimizar los riesgos y fortalecer las virtudes. Pero Lopetegui optó por trabajar otra forma de jugar bien distinta, y la respuesta del equipo fue fantástica, sobresaliendo una insultante solidez defensiva, basándose en un rombo de nombres que ha sido la envidia de Europa. Bono, Kounde, Diego Carlos y Fernando.

Esa solidez con el sistema de tres centrales, se pierde.

Y se pierde, principalmente, porque se juega sin laterales puros. Ahí está la gran tara de este sistema. Las bandas. Lugar donde en este deporte está demostrado que es la ruta más efectiva para crearle jugadas de gol al contrario. No hay solidez defensiva si las bandas no están bien cerradas.

Sé que es una osadía rebatirle un sistema de juego a Julen Lopetegui, pero es algo que llevo sufriéndolo cada vez que Lopetegui lo ha utilizado, y solo de pensar con la posibilidad de que lo tome más en cuenta en lo que queda de temporada me dan escalofrío.

De momento es clave que Fernando esté bien y juegue los partidos que quedan. Porque seguro que no es casualidad que en la mayoría de las veces que Lopetegui ha recurrido a este sistema “maldito” ha sido cuando el brasileño se ha ausentado del equipo.

Así que finalizo mi osada opinión pidiéndole a Fernando que se cuide mucho.

ENRIQUE BALLESTEROS 29/03/2021

Mes y medio después

A principios de febrero el sevillismo se frotaba las manos. Era consciente que el Atlético de Madrid estaba intratable tanto en el terreno de juego como en el videoarbitraje, y que, por ende, el objetivo de conseguir el título de LaLiga andaba muy lejano, más si cabe porque ese tren se nos escapó semanas antes al no aprovechar la oportunidad del partido aplazado del Wanda Metropolitano. Ese 2-0, que no fue otra cosa que una lección de pegada, fue el único lunar en un inicio de 2021 que, si bien a nivel general, fue apocalíptico para el sevillismo fue una sobredosis de ilusión por los cuatro costados.

Y es que desde que perdiéramos frente al Real Madrid el 5 de diciembre hasta que vino Haaland a Tierra Santa pasaron 19 encuentros en todas las competiciones, 16 victorias, dos empates y el comentado tropiezo como visitante ante el Atlético. Es más, desde aquel partido se encadenaron nueve triunfos consecutivos, incluyendo ese 2-0 en la ida de las semifinales de la Copa del Rey que fue el espaldarazo definitivo para que la afición del Sevilla se creyera con derecho a aspirar a todo. Al optimismo también contribuyeron dos factores: Primero: una racha de ocho encuentros consecutivos sin encajar gol colocando a Yassine Bounou al Olimpo de los mejores porteros sevillistas de la historia. Segundo: el Dortmund llegaba con bajas al primer envite en el Sánchez-Pizjuán y con un entrenador nuevo que no terminaba de encajar las piezas de este grande de la Bundesliga.

¿Qué temporada histórica nos esperaba a la vuelta de la esquina? Pues al parecer ninguna. El golazo desde fuera del área de Dahoud nos abrió la puerta de la realidad. Fue la clave del encuentro y la eliminatoria donde si bien el gigantón noruego con rostro porcino marcó diferencia, nos apuntilló y se llevó todo el protagonismo mediático-cavernario, esos 20 minutos postreros al gol del sirio fueron un golpazo del que nos costó salir. Reaccionamos pero la eliminatoria quedó muy cuesta arriba. Y, aunque se ganó de forma solvente en Pamplona, no supimos aprovechar que el Barcelona, tras recibir un golpetazo procedente de París y quedar tocadísimo tras la visita de un Cádiz post-carnavalesco. El Barça nos puso en su sitio.

Si bien en LaLiga las esperanzas eran mínimas, se cargó nuestra máxima ilusión de la temporada en forma de título: la Copa del Rey. No ayudó que el inexpugnable Yassine Bounou se lesionara en los prolegómenos de esta contienda dejando a recaudo la portería a un Tomas Vaclik con la confianza tan subterránea como su físico. A la horripilante puesta en escena en el Camp Nou manifestada en un primer tiempo de muchas tinieblas, donde no fuimos capaces de dar ni una sola patada en el centro del campo y en el que el resultado justo hubiera sido más propio del tenis, se unieron una serie de factores desgraciados tras el descanso. Que Lucas Ocampos desperdiciara una pena máxima, que se le perdonara la expulsión a Mingueza y que nos llevaran a la prórroga en el último suspiro fue un desafortunado, ultrajado y cruel epílogo a lo que sin duda fue algo merecido.

Nos quedamos abatidos, que tuvo como principal símbolo el naufragio de nuestra cara B en Elche. Sin embargo, los acordes de Haendel de la Liga de Campeones y el orgullo propio de nuestro “Nunca se rinde” propició que el Sevilla, el puto Sevilla Fútbol Club, mostrara posiblemente la mejor cara desde que está Julen Lopetegui como entrenador a acosar al Borussia en su imponente Signal Iduna Park. Nuestro asedio y despliegue físico se quedó a la orilla. También fastidió esta eliminación, mucho, pero de cara al futuro dejó la sensación que este equipo seguía su rumbo y que el bajón físico no era una de las razones del bache de resultados.

El derbi cortó la sangría y fijó horizontes. Con la plantilla descansada y una zona de nadie árida en el cuarto lugar con las mismas opciones de ganar LaLiga (11 puntos) que de caer al quinto puesto (10), el Sevilla se presenta de esta manera a esa parte de la temporada que nuestro exentrenador Luis Aragonés catalogaba como la más importante de la temporada: los diez últimos encuentros. Y se presenta con el objetivo principal e inicial del curso: el cuarto puesto encarrilado. Solo una hecatombe privaría del notable alto a la 2020/21. Es más, hay dos fines muchos menor que, a un servidor, personalmente me haría mucha ilusión: uno, adelantar al Real Madrid y ser tercero, clasificándonos para un torneo con derecho a título como la Supercopa de España; dos, que Yassine Bounou se convierta en el primer portero de siempre de la entidad en conseguir el Trofeo Zamora, ya que anda mano a mano, décima arriba décima abajo, con Jan Oblak.

En definitiva, el Sevilla lo tiene claro. Y a Julen Lopetegui, al que planteamientos y formas de jugar aparte, solo hay que achacarle las dos “Jimenadas” coperas, porque por lo demás está siguiendo el camino prediseñado por Monchi de manera intachable: estar en la Liga de Campeones un año sí y otro también. Y es lo que un club de zona media – alta si quieres ascender a clase olímpica debe porfiar: estar un lustro entre los transatlánticos de Europa con el fin de amasar una cantidad ingente económica para, poco a poco, asentarse y ver como normal objetivos que eran impensables en toda nuestra honorable historia.

ALFONSO GENTIL 22/03/2021

Bono

Estábamos en el minuto 93, con la ansiedad a cuestas, y sucedió todo. Emergió la figura del portero y remató como el mejor delantero. Ese gol personifica lo que a mi entender es el Sevilla FC del momento actual. El último jugador del equipo, por posición, le dio al grupo el motivo para sentirse orgulloso. Nadie mejor que el para reunir las cualidades que atesora este Sevilla FC: humildad, lucha hasta el fin, compromiso, compañerismo, espíritu de superación, calidad futbolística…

Esa noche los aficionados nos acostamos con una amplia sonrisa. No fue el mejor partido del equipo, incluso estuvo reservón a veces y caótico por momentos, pero surgió por encima de todo la unión. Reflejado en la celebración del gol. Parecía que se había ganado otra final más de algún campeonato.

Cuando años atrás, mucho antes de aquella noche fría y lluviosa de Glasgow, celebrábamos el gol de Palop nadie se imaginaba que sería el principio de un glorioso final en esa competición. Las cosas no suceden por casualidad. Para lograr el éxito, en cualquier faceta, hay que poner mucho para conseguirlo: estudio, esfuerzo, conocimientos, ejemplaridad…

Una de las fotos mas repetidas en los últimos años en el club es ver a los altos directivos presenciando los entrenamientos, acompañando al equipo. Ahí se ve sin ninguna duda la calidad, el compromiso, la ejemplaridad, la sencillez del gesto por encima de declaraciones altisonantes.

Ese es una de las razones por la que este Club, y no otro, cosecha tantos éxitos.

Las cualidades humanas y de amor a los colores se reflejan en muchos de los componentes de la plantilla. Y sin ninguna duda en Bono. Escuchar sus reflexiones después de los partidos es un alivio a tanta tontería que dicen, en muchas ocasiones, los afanados gladiadores del balón.

Las cualidades humanas, también en el futbol, pesan para conseguir los éxitos, y no únicamente pegarle bien al balón.

JOSÉ MANUEL ARIZA 19/03/2021

Son solo negocios

Saludos. Y por tanto, no hay nada personal en ello. Dicho de otra forma y bebiendo de los ancestros del idioma: poderoso caballero es don dinero. Según todas las fuentes consultadas (incluidas las de la propia Liga) con datos de 2020, el fútbol en España genera el 1.37% del PIB (suponen unos 15.700M€) y emplea […]

PEDRO MONAGO 18/03/2021

El efecto dominó

La teoría del efecto dominó fue utilizada a principios del siglo XX por Heinrich para explicar un modelo primario de análisis de los accidentes laborales en el que estos se conceptúan como “una sucesión de causas y efectos que acaecen de manera secuencial en un determinado orden”. El modelo se muestra como una sucesión de […]

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