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PEDRO GONZÁLEZ 02/10/2021

Lopetegui

Que el Sevilla F.C., ha tenido una mejoría sustantiva, en todos los aspectos, con Julen Lopetegui en el banquillo sevillista, no es sino confirmar una realidad.

Cuanto el vasco aterrizó por Sevilla, el equipo estaba en una encrucijada. No habían sido buenos tiempos. La entidad había entrado en una fase deportiva que no respondía a la ya sempiterna aspiración sevillista de ir paso a paso, cada día, más arriba.

Los números de Lopetegui, a día de hoy, son incontestables.

De los 116 partidos jugados, se ganaron 69, se empataron 26 y sólo, se han perdido 21.

Porcentajes de 59,48 ganados, 22,42 empatados y 18,10 perdidos, habiendo conseguido en su primera temporada 2019-2020, por la cuarta posición empatados a puntos con el 3º, meterlo en Champions, y logrando la 6ª Copa Europa Ligue para las vitrinas sevillistas. Clasificación que repitió esta temporada pasada 20-21 para Champions, con el record de puntos sevillistas en la Liga: 77.

Y esta temporada, estamos terceros, sin haber perdido ni un encuentro, ni en Liga ni en Champions.

Como digo, números incontestables.

Pero como aquí no conformamos con nada, y somos muy exigentes con todo y con todos, pues yo voy a dar mi opinión y, es seguro, que se abra el debate y nos enriquezcamos con las distintas opiniones al respecto. Me meto a entrenador a sabiendas de lo puede caerme encima. Pero si no lo digo, reviento. Así que “p’adelante”

A mí el Sr. Lopetegui me parece, en su conjunto, un magnífico entrenador. Su currículo en sevillista, no debería tener objeciones. Pero este año, el mago Monchi, le ha dejado un cuadro que merece la pena.

Que merece la pena, porque le ha dejado un cuadro polícromo, con muchas variantes, con futbolistas que han mejorado la ya magnífica plantilla de la que dispuso la pasada temporada. Como buen vasco, la tenacidad, y obstinación por qué no decirlo, en mantener sus ideas, sustentadas, precisamente en sus logros deportivos, hace más que difícil, hacerlo cambiar.

Tengo amigos que han sido profesionales del fútbol, durante muchos años, con distintos entrenadores, y todos me dicen lo mismo. “Ningún entrenador tira piedras sobre su tejado y todos colocan en el equipo a aquellos jugadores que creen mejor para afrontar los partidos”.

Bien, los entrenadores, y su staff técnico, son los que mejor conocen el paño. Están día a día, con ellos. Y pasan muchas horas estudiando y debatiendo pros y contras. Y comprendo, que debe ser jodidamente complicado, manejar los egos de una plantilla con tan variopinta gente. Y la de tomar decisiones que pueden cambiar, y mucho, su trayectoria deportiva.

Pero los aficionados basamos nuestras opiniones en lo que vemos en cada partido y de la información de los medios de comunicación que creamos veraces y reales. Y, a veces, hasta coincidimos con algunos profesionales de la información que refrendan lo que nosotros percibimos en la grada o a través de la TV.

Y yo no entiendo algunas cosas que ocurren con determinados jugadores.

¿Cómo podemos los aficionados encontrarle explicación a que jugadores como Suso, y Ocampos, y menor medida Rakitic o Jordán, jueguen casi todos los partidos, cuando vemos que no aportan nada o casi nada los dos primeros, y andan desdibujados los segundos?

¿Cómo es posible que Munir reine en el ostracismo, y Lamela, juegue tan poco, cuando nos han demostrado a los sevillistas que tienen cosas que no tiene ninguno de los jugadores de la plantilla? Velocidad, regate, gol, son virtudes, que pocos, muy pocos tienen en nuestra plantilla.  Y en mi opinión, están desaprovechados.

Contra el Wolfburgo, ambos disputaron algunos minutos y media parte, respectivamente,

Y el equipo cambió, creando más peligro. Como leí esta mañana en Twitter, y siento no recordar, quién lo twitteó, “Munir ha creado más peligro en 17 minutos que Ocampos en 7 jornadas”.

¿Cómo es posible, que, a la vista del desarrollo del juego de los partidos, sigamos erre que erre, sea el equipo que sea, con la misma predisposición y no sepamos cómo cambiar la trayectoria, cuando se ve que eso no funciona? ¿Cómo dejamos que los rivales se replieguen a su gusto y monten barreras defensivas que haga que los números de disparos a puerta sea irrisorio o, prácticamente, nulo?

Pues eso. Que me lo expliquen.

Como creo que a nadie haya que explicarle, porque no nadie tenga nada que objetar en como seguimos insistiendo en resguardar la meta, en eso somos los números unos y aquí no hay que cambiar nada.

Pero tanto sobar la bola y tener menos peligro que el “pescao blanco”, debe cambiarse de alguna manera. Y tenemos mimbres y futbolistas para darle policromía a nuestro juego, y no parecer tan grises en nuestro fútbol.

Es decir, que veamos alternativas. Otras alternativas que mejoren los resultados en ataque. Porque de seguir así, mucho me temo, que los rivales se aprendan el libreto y ganar partidos se convierta en misión imposible y la policromía se convierte en tonos grises por aburrimiento.

Archivo autor
CARLOS ROMERO 01/10/2021

Si Margaret levantara la cabeza

Decía Jorge Paradela, nuestro flamante director general de negocios del Sevilla FC, en el discurso inaugural de su gestión, que “es algo básico poner en el centro al aficionado de lo que se hace en el club”. Esta visión de hacia dónde deben dirigirse los designios del fútbol, junto a los beneficios intangibles, algo a lo que se refirió también, nos demuestra que ha hilado muy fino y que plantea unas tesis realmente interesantes.

Nos hemos desayunado estos días con la noticia, a colación del bodrio que llaman Superliga, concerniente a que en Inglaterra van a hacer posible que los aficionados recuperen el fútbol que lleva décadas enquistado en un mercantilismo exacerbado. Tal cual. Y no es que uno sea especialmente admirador de la Pérfida Albión, aunque últimamente me lean haciendo referencia a algunas cuestiones futbolísticas y en especial históricas de aquel país, pero hay que reconocer que con estas cuestiones marcan las tendencias y los designios futboleros internacionalmente.

Si existe el paradigma económico basado en lo que viene en llamarse el “aficionado global” (harto difícil si atendemos a las teorías que cuestionan que la economía sea una ciencia) o lo que es lo mismo, una persona enchufada a una televisión en cualquier lugar del mundo, este tiene su máximo exponente en los grandes clubes ingleses, especialmente los componentes del ‘Big Six’, o los seis grandes, como el United, Liverpool, Chelsea, City, Tottenham y Arsenal. Ese camino ya lo tienen recorrido, sólo algunos clubes más son tan seguidos globalmente como estos, auténticas máquinas de hacer dinero, pero llama la atención que sean precisamente ellos los que van a iniciar un camino más participativo de las aficiones locales, conscientes probablemente de que todo tiene un límite, un listón que no es conveniente sobrepasar.

La línea roja ha sido la Superliga como el desencadenante de todo esto, la pandemia de Covid-19 el caldo de cultivo y los ejecutores son la corona inglesa y el gobierno británico. El hecho de que algunos clubes más que centenarios hayan desaparecido en las islas británicas ha impulsado aún más la idea de que el dinero por el dinero no debe ser el centro del fútbol y que este se debe localizar en sus propios aficionados.

En este análisis de lo inglés es muy probable que, con el hecho pandémico, los dirigentes tuviesen la sensación y la tentación de que, llegados a este punto, podrían prescindir de las aficiones locales, más allá que para usarlas de relleno en los planos televisivos en la vuelta a la ‘nueva normalidad’, una especie de atrezo necesario. Pero los aficionados de algunos de estos clubes llamados a ser parte de la Superliga de Florentino, se plantaron con firmeza y doblegaron en la calle y a las puertas de sus estadios a sus dirigentes que tuvieron que capitular, incluso pedir disculpas. Esto supuso un mazazo a sus expectativas ante la nueva realidad postpandemia.

¿En qué se va a traducir todo esto en Reino Unido? Aún no lo sabemos muy bien, pero el gobierno británico tiene sobre la mesa, a instancias de la ‘Football Supporters Association (FSA)’, la organización que agrupa a las aficiones de los clubes de fútbol de Inglaterra y Gales, un proyecto de ley, en el que se habla de una especie de derecho de veto por parte de los aficionados hacia la administración de sus clubes, cuando entiendan que la gestión no es la adecuada y hacen hincapié en la necesidad de la representación de las aficiones ‘incrustadas’ por ley en las estructuras de las instituciones futbolísticas. Las licencias federativas sólo podrán activarse si los clubes demuestran que los aficionados tienen un papel importante en las decisiones del club, en definitiva, un empoderamiento que habían perdido mor de la conversión de los clubes en compañías empresariales. En otro momento hablaremos del caso alemán, mucho más avanzado si cabe.

¿Cómo repercutirá esto en España? Tampoco lo sabemos, depende de si los distintos estratos que conforman el fútbol nacional entienden que el sistema actual sea el adecuado o no, de la capacidad de presión de la patronal y de las aficiones -con una idiosincrasia y un estatus antropo-cultural muy distintos al británico- en los estamentos políticos, pero no tendríamos que irnos muy lejos para encontrar algún precedente parecido, que en principio podría parecer estar alejado de las tesis actuales, en un club que ha sido pionero en muchas cosas en España y en esta también.

Recordaremos cómo una afición, la sevillista, tumbó las resoluciones de la LFP y su pretensión de bajar a Segunda División B al Sevilla FC en agosto de 1995. Sencillamente no tuvieron los arrestos de hacerlo, no fueron capaces de terminar de aplicar su propia normativa, so pena de provocar vuelcos políticos electorales y paralizar la competición judicialmente, esto último es algo que se recuerda poco, pero para eso están los historiadores y sus investigaciones. El pecado de los mandamases de la LFP fue minusvalorar el poder de la afición sevillista en sus decisiones administrativas respecto al Sevilla FC, pecado que a posteriori pagaron caro.

Os confesaré que, a mí, personalmente, me daba cierto regustillo a grandeza que la Superliga contase con el Sevilla FC, como así se ha podido saber a posteriori y creo que el club se negó a formar parte del elenco fundacional en lo que probablemente se bautizará como la “Opción inteligente”, el club sevillista supo leer qué ocurriría -un fracaso más que seguro- amén de no visualizar que fuese una solución para el fútbol y lo innecesario de tensar a su propia afición. La perspectiva histórica dará o quitará razones, pero es un indicio claro del músculo blanquirrojo mantenido en el tiempo desde los albores del presente siglo.

Por el momento, según informaciones recabadas, son varios los movimientos que se realizan en torno al proyecto de ley del deporte, al que ya se están haciendo alegaciones por parte de todas las partes implicadas y en lo tocante a los aficionados, ‘FASFE, Accionistas y Socios del Fútbol Español’, está aportando modificaciones que van en la línea de lo que leemos de Reino Unido estos días. Que el Gobierno las acepte será harina de otro costal, estaría por ver.

Pero no obviemos que el cambio, al que el fútbol no es ajeno, puede ser también producto de los nuevos vientos y la tendencia económica global. Observamos a un presidente de los EEUU como Biden hablando de políticas más sociales, insta a las empresas a pagar más a los trabajadores como elemento base de más crecimiento, en definitiva, encaminadas a defenestrar las políticas ultraliberales lideradas en los años 80 por la Dama de Hierro y su amigo cowboy de películas, Ronald Reagan, que hoy persisten desgraciadamente y así nos va. Es precisa y curiosamente el gobierno británico encabezado por el conservador Jonhson el impulsor del nuevo proyecto de ley, y digo que esto es curioso porque no hablamos de los laboristas, algo que les pegaría más.

Si Margaret levantara la cabeza, cosa poco probable porque desde que llegó al infierno hay una parrillada festiva descomunal y el diablo no prescindiría de ella, lo mejor sería que desistiese porque volvería a fenecer cruelmente del susto.

No sé por qué me ha venido a la cabeza el tema de nuestro Silvio: Marguerita Margueró.

La remodelación del Ramón Sánchez-Pizjuán

Este mes de Septiembre que ya languidece se ha cumplido el 63º aniversario de la inauguración del estadio que es nuestra casa. Sustituyó a Nervión  que venía prestando servicio treinta años antes por lo que la vinculación del club, no ya con la ciudad que lo vio nacer que eso queda fuera de toda duda, sino con el barrio que lo alberga dura ya 93 años los cuales se cumplirán el venidero mes de Octubre.

El 7-9-1958, en un amistoso contra el Real Jaén que terminó con empate a tres, quedó listo para la práctica del fútbol. Otros quieren apuntarse el tanto de la inauguración dos semanas más tarde conmemorando uno de esos “sonoros” triunfos que logran cada 30 temporadas aproximadamente. Cada cual celebra lo que quiere, y lo que puede. En mi caso, empecé a ir en la temporada 1961-62 en la 2ª jornada de liga que nos enfrentaba al Atlethic Club de Bilbao, el cual, un mes antes (13-8-1961) nos había vapuleado en La Rosaleda malagueña, 4-0, en partido amistoso.

Jornada nocturna, 10-9-1961, el resultado fue de 2-1 a favor del SFC, nada que ver con el amistoso en Málaga de Agosto. Desde esa fecha hasta hoy, salvo excepciones, no he faltado nunca a la cita en el RSP. En estos 60 años, he disfrutado, padecido y estar aburrido en todos los rincones del graderío antes y después de su acabado en 1975 bajo la presidencia de D. Eugenio Montes Cabeza y con la inestimable ayuda de D. Gabriel Rojas. Me he mojado hasta tener que cambiarme la ropa entera al llegar a mi casa viendo al At. Madrid en los setenta, mi hija mayor sufrió una amigdalitis derivada de la insolación en un choque de liga contra el FCB en 1995, y algunos, como yo, en una tarde de Mayo contra el RC. Celta, hubieron de refrescarse el trasero en el bidé al regresar a sus domicilios a consecuencia del calor acumulado en el cemento de las antiguas bancadas, inolvidable el comentario de un abonado ya en la 2ª parte de aquél encuentro que acabamos perdiendo 2-3 gracias a las especulaciones de Luis Aragonés: “ tengo los calzoncillos fundidos con el culo”, textual. He pasado frío glacial un Domingo de Ramos de 1969 en jornada matinal aguantando un 0-0 frente al Burgos CF en 2ª división cuando lo más sensato era salir del estadio y ver procesiones.

Pero los tiempos cambian, y cada vez más rápidamente. Las inclemencias que antes se padecían ya cada vez cuestan más afrontarlas, y no es solo por los años que uno va cumpliendo, sino porque la gente joven ha vivido, afortunadamente, un nivel de vida superior al de generaciones anteriores y desea un recinto cómodo. He sido de los que pensaba que la visión del fútbol en los campos debía tener cierto punto de incomodidad. De adolescente me encantaba ver en TV esos estadios británicos de fútbol y de rugby, abarrotados y con singulares asimetrías arquitectónicas, pero con cubiertas que protegían al espectador del tiempo adverso. Aquél pensamiento lo mantuve mucho tiempo y se reforzó ante los ataques de presunción que determinadas entidades hacían con ampliaciones o derribos de gradas enteras para la construcción de palcos VIPS a fin de que algunos se llevasen hasta un cochinillo mientras ¿veían? el partido. He cambiado de opinión.

Durante año y medio, como todos, no he pisado el RSP, casi he llegado a acostumbrarme, y eso me ha dado cierto miedo. Me reencontré con mi localidad el día del Red Bull Salzbourg. Antes del descanso tuvimos que salir de estampida hacia los pasillos interiores porque la lluvia nos empapaba. Frente al RCD Español, observaba con preocupación la grada alta de fondo y pensaba: “allí tienen que estar cogiendo una insolación”. El verano astronómico y el meteorológico concluyeron ya, pero la inercia del calor continúa. Pero es que, en un mes de Enero si las exigencias televisivas te imponen un choque matinal, debas ir vestido de playa porque tu asiento está al sol todo el partido,  es inadmisible en una actualidad que no sabe de heroicidades.

Terminado el RSP, llegó a tener capacidad hasta para 77.000 espectadores. Pude comprobarlo sobre todo en el “Ciudad de Sevilla” de 1976, pero también cuando nos visitó el RMCF por primera vez tras los tres años en Segunda, aquél del “gol” de Breitner. Luego las exigencias de los eventos (Mundial de 1982) en que el RSP ha ido participando y la reglamentación UEFA han ido reduciendo su capacidad progresivamente hasta dejarlo en la actual de unos 43.500 espectadores.

Hace pocos días surge una… ¿información? insinuando, poco más o menos, que la no ampliación del RSP es por causa de un importante consejero del club que la obstaculiza. Si eso es así, me parece bien, ningún sevillista debe olvidar las décadas sombrías derivadas de la construcción del estadio. Creo que la cantidad de público actual es la adecuada, si acaso susceptible de ampliación hasta 45.000 personas. No pretendemos alcanzar unas magnitudes que no podamos colmar, eso lo dejamos para otros. Ahora bien, lo que sí es de justicia, lo que sí exige la dilatada y exitosa historia del Sevilla, es comodidad.

Un club de los niveles a los que se ha llegado, debe caracterizarse por la preocupación de sus abonados y público. Uno no puede llegar a su localidad haciendo equilibrios y con riesgo de caer sobre alguien, ni puede llegar asfixiado si su asiento es de grada alta, ni debe sufrir ni insolaciones ni pulmonías según haga un sol de justicia o llueva a cántaros. Nuestra “Bombonera” exige una cubierta integral, una ampliación de los pasillos entre filas y un ensanchamiento de cada localidad de forma que las jornadas de llenazo no esté uno embutido, como sardina en lata, entre sus “ad-láteres” . Y si llueve, no hay por qué padecer  por la espina dorsal el recorrido de la gota del paraguas del vecino hasta incluso tener que cerrarlo a costa de seguir viendo el partido con la cerviz agachada y terminar con las vértebras cervicales pulverizadas. Difícil elección.

Cierto que se han hecho mejoras, se han eliminado goteras y adecentado notablemente el suelo de los deambulatorios, se han mejorado muchísimo los servicios; hay ascensores, si bien éstos no satisfacen la demanda que hay, mas deben repintarse los asientos y mejorar el césped que presenta carencias que pueden perjudicar el juego del equipo, y debe eliminarse también esa extraña casetilla aparecida en el último partido contra el RCD. Español en la zona de pista de Preferencia hacia Gol Norte, pues parecía donde se guardaban porterías en los tiempos del “proto-fútbol”. Ignoro cómo habrá quedado la zona interior de Preferencia ante el próximo evento del estadio RSP para Mayo de 2022, la final de la UEL. Imagino que bien y satisfará las exigencias de los “mandamases” de UEFA, pero me atrevo a sugerir en estas páginas, que lo que más agradecería el abonado de cualquier edad es el cubrimiento total del RSP. El club y su historia, su prestigio, la afición, y la ciudad, lo merecen.

Autor
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