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Monchi y Fernando
ANTONIO VELÁZQUEZ 29/10/2019

El pulpo

No estamos muy acostumbrados en Sevilla al buen pulpo, salvando algún aliño que te puedas encontrar en tu bar de esquina preferido (en mi caso en Casa Julián), pero esta temporada nos vamos a hartar de Polvo (pulpo en portugués, vaya…). Y no es lo mismo que morder el polvo, que ya lo hicimos en muchas ocasiones la temporada pasada. Ni tampoco es lo mismo que echar un… bueno, a lo que voy, que entre polvo y polvo me entretengo y no cuento lo que quiero.

Este año futbolístico disfrutaremos del mejor Pulpo del mercado, y no es pulpo a feira, aunque seguramente lo veamos paseando por la Feria en abril. Evidentemente me refiero a Fernando Reges, cefalópodo futbolista brasileño (qué de adjetivos :O) que nos ha traído Monchi este verano proveniente de la liga turca. Y esa fue una de las causas por las que tenía cierto recelo con su fichaje. Y por sus 32 años (aunque es más joven que yo y ya sabéis lo que duele comenzar a ser mayor que todos los jugadores en activo).

Muchos los recordábamos de su etapa en el City siendo un cerrojo defensivo y un 5 de mucha calidad y, sobre todo, de gran envergadura. En realidad, como estamos viendo ahora vestido de blanco, lo que tiene son muchos tentáculos. 8 ni más ni menos. Y con ellos llega a cualquier balón que se tercie, recupera hasta aburrir al contrario y si él se aburre, le da el esférico al rival para volvérselo a arrebatar, como decía alguien en Twitter estos días. Y es que viendo cualquier partido del Sevilla parece que haya varios Fernandos sobre el verde, como si de una pesadilla se tratase para el equipo de enfrente, como un verdadero Doctor Octupus siendo el malo de la película para todo plantel que se le ponga por delante. Y Lopetegui lo sabe, y ojalá tuviera varios Pulpos con los que poder rotar, porque se le acumulan los minutos al octópodo centrocampista en La Liga y seguro que se notará su falta en el once cuando llegue el momento del descanso, las sanciones o Calamardo no lo quiera, alguna lesión.

Y algo que me llama poderosamente la atención es que sólo nos costara 4,5 M de machacantes. Como si alguien en el Galatasaray estuviera mal de la cabeza y nos regalara este auténtico Kraken. Y si fueran pocas risas ya, para suplirlo fichan a Nzonzi que es más lento que Internet en un Windows 95. Buenas cachimbas hay en Turquía, eso sí.

Esperemos, por el bien del Sevilla, que este pedazo de titán continúe al ritmo que está, que Julen sepa dosificarlo bien, que las lesiones le respeten los tentáculos y que disfrute en Sevilla para que, si todo va bien, incluso pueda retirarse aquí. Este es uno de los que gustan por Nervión. Porque tiene todos los ingredientes necesarios para triunfar aquí: casta, coraje, sal, aceite de oliva y pimentón.

ENRIQUE BALLESTEROS 29/10/2019

El padre desplazado

Como el ácido láctico de un corredor agotado de 400 metros cuando encara la recta, como el MGU-K del McLaren de Fernando Alonso en plena progresión o como la nula resignación de Valentino Rossi en el ocaso de su carrera mientras compite contra el tipo que le va a destrozar su brillante palmarés; así se siente uno cuando está dispuesto a darlo todo, como lo ha hecho siempre, a la hora de viajar en el día para ver, disfrutar y animar al Sevilla en un partido de visitante, o de local, en otra ciudad diferente a Madrid. Madrid, un privilegio, porque si algo tiene la berlina del donut es que está relativamente cerca de casi todos los destinos nacionales de desplazamiento sevillista (hablamos de carretera o raíl).

Posiblemente el alcohol atenúe el momento de la ejecución, pero no es más que un ingrediente más para “acabar con los leones” (y nunca mejor dicho porque mi mujer es del Athletic). La rutina de criar a dos niñas maravillosas, cuidar a tu mujer y la casa donde vives se alterna con, afortunadamente, las 40 horas de rutina y stress semanal. Ello deja no solo al Sevilla sino a otros quehaceres en un segundo plano, aunque en tu interior la sangre roja sigue bombeando igual. Primero, porque el tiempo escasea; pero, sobre todo, porque el resquicio que encuentras libres (si es que gozas de cheques-libertad) se intenta aprovechar….reventado y con rémora de sueño.

Pues así se plantea el Valencia-Sevilla de este miércoles. Ir y venir en el día en un trayecto que dura tres horas (y gracias porque un día más y hubiéramos pillado el traficazo del puente). Valencia en llamas. En la Capital del Turia habré estado 200 mil veces; incluso alrededor de un estadio que, por fuera, puede ser de los más feos de España (yo siempre lo he comparado al esqueleto de una falla quemada). Pero a un Valencia – Sevilla solo una vez. Sí, esa, con Malvarrosa y kilométrico cortejo en forma de botellón, incluido. Por aquel entonces, la felina ya llevaba tres meses embarazada de mi primera retoña. Ni de lejos era consciente de lo que se me veía encima…. Tres Europas Leagues más, más dos finales de Copa en mi ciudad; sin contar las enésimas Supercopas perdidas, con Cardiff o Barcelona, por ejemplo, entre ceja y ceja de mi mochila viajera.

Fueron las últimas estaciones de inconsciencia ciega por darlo todo sin entender las consecuencias. Se ha seguido viajando, por supuesto, pero la rutina familiar pasa factura en las repercusiones. Sobre todo, ese día después que te recuerda que tienes que volver, que debes tirar del carro de la situación con el estómago hecho una mierda y la cabeza como el bombo de gol norte, con el razonamiento que quizás la paliza no compensa, con que tienes que dejar la casa en orden, a las niñas en el cole y después hacerte cargo de ella, de sus deberes, de su baño, de su cena, de sus pañales, de su sueño. El que yo no tengo. El que tampoco tiene mi mujer, que me ha cubierto y al que debo su proporcional y cariñosa atención. Por estas y muchas razones más, no es lo mismo.

No, no lo es. Antes tirabas a todo. Te daba igual cerveza, ron o whisky, mezclado o a la vez. Te daba igual las tuyas o las rivales. No te daba igual la situación dentro del estadio porque querías estar lo más cerca de la primera plana en la grada. Incluso te daba igual cuando volver. Le dabas más importancia al post que al pre. Ahora ni de lejos. Ahora rara vez hay post. Y si lo hay, comedido. Fichas por el móvil cada dos por tres siempre con el recuerdo de tus hijas por bandera. La conciencia te atormenta el cerebro con la maldita frase “qué clase de padre eres que te vas sin tu familia”. Regulas más con la cerveza pensando qué puñetera barriga te está saliendo que te va a joder los tiempos en las carreras populares o medias maratones, que antes hacías con la gorra y ahora te cuesta hasta entrenarlos. Hablas con la gente pero no con la sociabilidad de antes, ya no lo necesitas, y te gustaría encontrarte con viejos conocidos. Intentas cantar fuera, o así empiezas, pero no prosigues porque si no el cansancio empieza a hacer mella. En la grada, estás encima del partido…y del móvil y los millones de grupos de fútbol de whatsapp; además, tienes hambre y priorizas la comida cuando antes era completamente prescindible. Aún así, esos glóbulos rojos palanganas te ayudan a animar, a responder a la afición rival, a cagarte en los muertos del árbitro, a enfadarte o desesperarte con un gol en contra y a celebrar a muerte ese gol tan caro para el Sevilla como forastero. Y, tras el pitido final, hundimiento.

Quieres continuar, sobre todo si el partido ha ido de cara, pero te das cuenta que no puedes, que mañana tienes que cumplir y que, además, con los que viajas también tienen prisa y no se quedaban a hacer noche como se quedaban antes. Hay que volver a casa, que no es mejor ni peor, ni trato de comparar una situación con la otra. Por favor, no. No se confrontan tener a la persona que más quieres en el mundo con dos seres que te llenan por los cuatro costados, con los títulos, las alegrías de las victorias y la aventura que te brinde apoya a tu equipo de fútbol en la distancia. Es diferente. Solo trato de describir, más o menos y en las horas previas a un viaje con su cosquilleo correspondiente, lo que puede sentir un padre desplazado.

MIGUEL CANALES 28/10/2019

Explotar los espacios

Comentaba Guardiola en una entrevista que dio para Gol Televisión que dentro de un terreno de juego siempre había algunas zonas donde los espacios aparecían, espacios indefendibles si los extremos se encontraban bien abiertos. Apostillaba que esos espacios siempre estaban disponibles y que su labor era conseguir que su equipo fuera capaz de atacar esas zonas que no se podían defender. A ese respecto, Xavi Hernández también comentó en una entrevista que Pep estaba siempre maquinando dónde estaban disponibles los espacios libres. El entrenador más paradigmático en atacar en espacios reducidos, con menos espacios disponibles y al que más se le achaca buscar la mayor posesión del balón posible, poniendo su principal énfasis táctico en los espacios y no en el balón. Esto nos deja bien a las claras que este juego, y cada día más, no va tanto de tener la pelota sino de encontrar los espacios.

El Sevilla de Lopetegui es el tercer equipo de la liga con mayor posesión de balón tras Barcelona y Real Madrid, después de haberse enfrentado a ambos, y el que realiza un mayor número de centros laterales al área de la primera división española. Estas estadísticas marcan, claramente, su modelo de juego. Posesión y profundidad por bandas buscando centros y remates.

Bajo estas premisas se tilda al equipo de ser poco resolutivo y se mira con lupa el rendimiento de sus delanteros, a los que se considera poco efectivos de cara a puerta. Sin embargo, pese a ser un equipo de juego por bandas y centros y remates, sus extremos no siempre son chinchetas abiertas que dan amplitud al campo -en especial Nolito- y la profundidad exterior recae en los laterales. Se dan muchas situaciones donde el rival defiende muy metido en área propia y no aparecen demasiados efectivos en posiciones de remate. El equipo mezcla poco, como demuestra ser en dos estadísticas, el tercer peor equipo del campeonato: disparos desde fuera del área y ataques por zona central del campo. No presenta una amenaza real por dentro y desde media distancia, lo que lleva a los rivales a tener sus ideas defensivas muy claras y cómo deben actuar al enfrentarse al Sevilla: doble lateral con extremos replegando en ayudas para que los jugadores exteriores sevillistas no tengan facilidad en el centro y repliegue bajo cerca del área propia para defender los centros laterales en superioridad manifiesta en el área.

A esto se une que Lopetegui prioriza la defensa del rechace que el ataque de las posiciones de remate para que el equipo sea fuerte en la transición defensiva y se active rápido tras pérdida. Los extremos juegan más por dentro que por fuera y los mediocampistas no pisan tanto área como debieran. Eso repercute en los guarismos en el marcador. El Sevilla marca poco, más allá del debate sobre la capacidad anotadora de sus delanteros, en el juego elaborado y recibe aún menos ocasiones de contragolpe del rival.

En juego elaborado le cuesta encontrar al equipo de Julen esos espacios indefendibles de los que habla Guardiola cuando el rival repliega bajo porque sus extremos no siempre son amplios y no mezcla el juego dentro fuera lado contrario que hace bascular las defensas atrayendo hacia el balón y liberando espacio en el lado débil.

Sin embargo, cuando esos espacios surgen de manera natural, el equipo se transforma, afila su colmillo, es vertical, llega fácil y mejora su capacidad resolutiva. La segunda parte contra el Qarabag en copa de la UEFA, la primera parte en Eibar, los primeros treinta minutos en el Camp Nou -aunque aquí faltó la capacidad resolutiva- o la segunda parte contra el Getafe este pasado domingo han puesto en el escaparate el mejor Sevilla, quitando el partido contra la Real Sociedad donde el juego elaborado sí fluyó mejor con extremos no tan interiores y pisando picos de área.

En estos partidos surgió el contragolpe de manera más natural, el equipo se tiró un poco más atrás en el repliegue, recuperó más lejos y atacó los espacios a la defensa de un rival mucho más adelantado. Estas situaciones se potencian cuando los jugadores de banda son Oliver Torres y Ocampos, con comportamientos dispares pero complementarios, para conjuntarse con dos laterales de esfuerzos amplios y que corren 60-70 metros sin problemas con o sin balón, como Reguilón y Navas. Oliver y Ocampos, cuando aparecen abiertos, desde campo propio amenazan rivales a muchos metros de su portería. El español recibiendo abierto y a pierna cambiada tiene el toque suficiente para meter un pase profundo al desmarque del punta o para cambiar la orientación del juego y el argentino pone la potencia, las piernas y la capacidad de definir tirando desmarques al espacio desde fuera hacia dentro.

Pese a ser un equipo de estadísticas muy pronunciadas en cuanto a posesión de balón y llegadas en juego elaborado, la mayor amenaza de este Sevilla aparece siempre al contragolpe -como muestran otras victorias contra Levante o Granada con ambos goles recuperando en campo propio y atacando de manera vertical-. Cuando los espacios no se encuentran o se generan atacando, hay que aprovecharlos cuando surgen de manera natural. Y ahí está la mayor virtud hasta ahora de Lopetegui. Haber conseguido de un equipo de juego elaborado en campo rival un contragolpe de equipo que vive en el repliegue. El Getafe lo sufrió en propias carnes en cuanto aceptó la invitación a destaparse después de no haber permitido alegrías al Sevilla cuando estuvo replegado.

RAIMUNDO DE HITA 28/10/2019

Criticar o dar…

Hace ya tiempo, un veterano sevillista era cuestionado por otros más jóvenes sobre una situación viva en el club a lo largo de los años, la de la asunción por parte de la afición en general de la grandeza que adornaba a nuestro Club a pesar de los muchísimos años de sequía de triunfos. Ellos, […]

Autor
FRANCISCO ROMERO 27/10/2019

En la pertinaz búsqueda del fin de ciclo

El reciente fallecimiento de José María Negrillo (qepd), ha vuelto a recordarme esa extraña mezcla entre gloria y desventura que, desde su misma fundación, envuelve a nuestro Sevilla. Más adelante diré porqué. Desde siempre, pero sobretodo en la última época, los sevillistas en general hemos (mal) vivido al haberse instituido una insana simbiosis (exigencia, también […]

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