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EFE
ENRIQUE BALLESTEROS 06/03/2020

Siento que ya llegó la hora

El Athletic Club llega a una final de la Copa del Rey. Cuánto sevillismo he visto en esa eliminatoria de semifinales. Es 6 de marzo (en el momento que escribo este artículo) y el 4 de marzo se cumplían 11 años de la debacle de Bilbao. De ese “nos comeremos al león desde la cabeza hasta la cola”. Esa “Jimenada” que nos costó toda una final siendo aplastados como una apisonadora por un equipo con hambre made in Jokin Caparrós que buscaba su primera final en dos décadas. “Jimenada” la de Gaizka Garitano que casi se carga la final de su Athletic Club con un planteamiento ramplón, el que tiene habituados a la parroquia del Botxo, y extremadamente defensivo dejándose avasallar por el Granada.

Un Granada con avidez, más si cabe que aquel Athletic Club del Lehendakari Toquero, porque la única vez que se saboreó una final de Copa en el reducto Al-Andalus se llevó el Óscar Charlton Heston al mejor actor por Ben-Hur. Un conjunto nazarí que tiene en el banquillo a un Diego Martínez de la misma cepa que don Unai Emery, y que cuenta como habituales al canterano nervionense Víctor Díaz, al ex jugador del Sevilla Atlético Yan Eteki, al francés Gonalons y a nuestra perla de esperanza Carlos Fernández, el cual a punto estuvo de tocar las mieles de la heroicidad copera. Sin embargo, el Karma que protegió al Real Betis en la Copa del Rey del año 2005, o al Sevilla en la Europa League de 2014, ha contagiado esta temporada al Athletic Club en la maravillosa Copa revolucionaria de Luis Rubiales para darles el billete directo a la cartujera final de Sevilla.

Manolo Jiménez fue tremendo. Como jugador y como entrenador. La retahíla de encuentros del que fuera capitán del Sevilla al inicio de los 90 no necesita mayor mención como futbolista que el de la admiración y la de su presencia en el mosaico de preferencia junto a otras leyendas. Artífice del primer ascenso histórico del Sevilla Atlético a la categoría de plata del fútbol español (ahí estuve yo, en Sevilla no, en Burgos viendo a Salva Sevilla fallar un penalti, mientras todo el sevillismo creía en el milagro contra el Villarreal en la única última jornada liguera vivida donde nos jugábamos una liga). El técnico del Arahal se aprovechó de la huida roedora de Juande Ramos a territorio “yid” para dar el salto como entrenador de Primera División. Y Manolo Jiménez fue tremendo en solo dos años y medio.

Anda que no han pasado entrenadores por el Sevilla en el Siglo XXI y solo tres han cumplido el objetivo de situar al Sevilla en la Liga de Campeones. Uno fue el propio Juande Ramos beneficiado y, a su vez, creando un equipo “Top Class” que quedará para los anales. El otro fue Unai Emery, crucificado todos los partidos pero a su vez querido que apostó por la vía Europa League para lograr el objetivo económico mayor. El otro fue Manolo Jiménez. Dos años y medio duró el apodado “Wenger”. No ha habido ser deportivo que haya provocado mayor división dentro del sevillismo. Un entrenador que se apoyaba en datos pero que no logró ningún título. Un preparador que contaba con el cariño de ser canterano y el odio de aquellos que veían eso como una protección a su figura. Una persona que metió al Sevilla tercero, que ganó en el Santiago Bernabéu, en el Camp Nou, en el Vicente Calderón….pero que contabilizó hasta cinco batacazos en tan poco espacio de tiempo que nos dejó molidos a muchos.

“Los balones parados no se entrenan”. Así despachaba a los periodistas tras uno de los petardazos tratando a los aficionados de a pie como si fuéramos imbéciles. Culpable directo de la destrucción del mejor Sevilla de toda la historia, dio con la tecla en casa contra el Getafe en las semifinales de Copa del Rey del año 2010 poniendo en liza a su querido Romaric y revolucionar esa eliminatoria. Una edición copera donde se vieron dos de las mejores actuaciones de Andrés Palop para clasificar al Sevilla en una final donde no estuvo Manolo Jiménez. Pocas veces se ha visto como una afición desplazada ovacionaba al árbitro de turno expulsar al entrenador de su propio equipo (eso ocurrió en Getafe en la citada semifinal de Copa, el protagonista fue Iturralde, I T U R R A L D E, el hombre que nos tangó una liga en Mallorca tres años antes). Pero lo inédito fue que muchos se alegraron de un tanto rival que suponía el empate a pocos minutos de final. El milagro lo obró Leandro Gioda, que llevó a un desahuciado Xerez a arrancar un punto de Nervión, y que precipitó la salida de MJ3.

Pues aquí estamos. Una década después con otro posible caso “Manolo Jiménez”. En el momento culminante de una temporada en la que el entrenador, Julen Lopetegui, se juega el ser o no ser. La punta del iceberg del pródigo Monchi, cuyo proyecto se juega el todo por el todo en dos semanas, tres si añadimos la visita a Orriols justo antes de un descanso de selecciones muy jugoso para la destitución de un entrenador. Wanda Metropolitano, derbi y una eliminatoria ante la Roma (encima la Roma que acogió a Monchi) enrarecida por el coronavirus, la que decidan si el ex seleccionador nacional hace las maletas o empieza a convertirse en el nuevo Dios del sevillismo.

Condicionado por su pasado madridista, por su poco bagaje en su CV y, sobre todo, por su plante a España a favor de Florentino Pérez justo antes de la disputa del Mundial de Rusia, no cayó en gracia a un neosevillismo que, de manera desafortunada, se está acostumbrando a pitar durante los partidos. Tan extraordinario a domicilio (suma siete victorias en liga, y el record histórico está en diez) como nefasto como local (ya se ha dejado 16 puntos), Julen Lopetegui ha visto como la flor, traducido en la intervención del VAR y en un gol en el descuento, le han dado oxígeno a pesar de la exhibición del equipo en Getafe. Ahora otro rival directo como el potente Atlético de Madrid que nos recibirá en su fortín de nueva creación, la presión que existe contra un eterno y alicaído rival, y la barrera que nos dice históricamente en Europa si vamos a ser campeones o no, van a dictaminar definitivamente si va a ser en los próximos años uno de los nuestros o si dentro de un momento se alejará al fin.

Paolo Bruno

Con la clase, el estilo y el señorío no se juega

“Catedrales del fútbol español”, poca broma. El Sevilla FC, nuestro Sevilla FC, es una institución ejemplar, y la ejemplaridad se traduce en ocasiones en originalidad, no banales, no estridentes, no chabacanas, sino más bien acordes al buen gusto y a la clase que, con razón, siempre nos hemos vanagloriado tener los del Ramón Sánchez-Pizjuán, y las “catedrales del fútbol español” es buena muestra de ello.

Es imposible no acercarse a nuestro estadio en jornadas en la que se disputa algún partido o en los días en los que no hay, y observar a muchas personas forasteras posar e inmortalizar un momento de sus vidas ante el gigantesco y artístico mosaico de preferencia que desde hace 38 años luce en nuestro estadio para asombro. Admiración y, por qué no decirlo, envidia de propios y extraños.

Si en su momento, hace más de 60 años, fue una locura la construcción del Ramón Sánchez-Pizjuán, no lo es mes la de uno de nuestros símbolos, el escudo grande Nervión que recoge en sí mismo la lealtad a nuestra ciudad.

Y el Sevilla FC en su vertiente más estrictamente deportiva y noble, ha decidido, felizmente a mi juicio, recibir a sus rivales haciéndoles entrega de una reproducción del mosaico del estadio en la que no figura nuestro escudo, sino el de ellos, ya seguramente representados en las miles de piezas que en la realidad conforman tan artística obra. Se trata, a mi juicio, de una idea brillante y digna de aplauso, caballerosa y original como aludía anteriormente.

La grandeza de la entrega de un obsequio no se encuentra en su valor o envergadura (así los tenga o no) sino más bien en el ánimo o intención de quien lo entrega, y en este caso es la tradicional deportividad en la que el Sevilla FC basa sus relaciones con quienes son sus rivales en el terreno de juego, en la grada y en la historia y que por esto último también forman parte de la nuestra, una deportividad que debe ser pieza angular en las relaciones entre instituciones que se conocen desde hace más de un siglo en muchos casos y con bastantes cosas que las unen a pesar de que las separen la defensa de los colores propios.

El Sevilla FC, como siempre, tiende la mano. En el ánimo de sus rivales estará otorgar distinción y valor al obsequio con la misma clase, estilo y señorío de quien lo entrega, pero ya no es cuestión nuestra, cada cual tiene sus normas, sus valores y su clase o estilo. Eso no es cuestión nuestra, nosotros, a lo que estamos.

JUANMA DÍAZ 02/03/2020

Diálogo entre sevillistas (I)

Mediodía en Sevilla. En la barra de un bar se encuentran un par de amigos sevillistas que establecen la siguiente conversación:

– Miguel, ¿fuiste el domingo al Pizjuán para ver a nuestro equipo contra el Osasuna?

– No digas Pizjuán, Antonio, que eso es muy de Madrid. Para nosotros es el Sánchez-Pizjuán. Los que tenemos apellido compuesto sabemos lo que significa eso, nos lo suelen cortar y nos da un coraje… Y no, no fui. Me fui a Cádiz con un par de amigos porque a mí me gusta mucho el carnaval y fuimos a ver si veíamos agrupaciones cantando por la calle. Lo pasamos muy bien.

– ¡Cristina, pon un par de cervecitas y unos chochitos…! ¿Y el jueves fuiste a verlo contra el Cluj ese?

– Que va, tampoco fui. Salí tarde de trabajar y solo vi la segunda parte por la tele. ¡Vaya partidito, miarma!

– No me hables, no me hables… que todavía me dura el mosqueo y el susto.

– Es que eso el año pasado que no había VAR era eliminación, Antonio.

– ¡Cómo lo sabes! No sé qué le pasa al equipo, la verdad, porque equipo y plantilla tenemos. Yo lo que creo es que el entrenador está un poco perdío… ¿Tú qué opinas, Miguel?

– Cuando los sevillistas nos enteramos que Lopetegui sería nuestro entrenador la verdad es que en general no cayó muy bien. En mi entorno nadie lo quería. Pero como el equipo empezó como empezó, ganando los partidos y dando buena sensación, pues la gente empezó a confiar en él. Pero cuando la pelota empieza a no entrar, se discute la forma de juego, se crean polémicas con algunos jugadores -el porqué juega éste y el otro no- y otra serie de problemas… parece que esa confianza empieza a decrecer y ya el entrenador no es bueno, a pesar de estar el equipo 3º en Liga y en octavos de la Europa League.

– Tienes razón, Miguel. Pero no te olvides que nos eliminó de la Copa el Mirandés. Y lo peor fue la imagen que dimos. Y no solo en ese partido…

– Así es, Antonio. ¿Pero la solución cuál es? ¿Echar al entrenador? ¿Y a quién traemos? Y que conste que a mí Lopetegui no me gusta, ¡eh! ¡Cristina, pon otras dos cervecitas! Y unas aceitunitas…

– Yo lo que sé es que ahora entramos en la parte importante de la temporada y ahora es cuando menos se puede fallar porque ya no hay posibilidad de reacción. Es verdad que vamos terceros en la Liga, pero ahí tenemos pegados a Getafe, Atlético y Real Sociedad -que tiene un partido menos-.Y del Valencia tampoco nos podemos fiar que al final siempre acaba arriba. ¿Lo viste el sábado contra el Betis?

– No, no lo vi, solo vi el resumen. ¡Vaya golazo de Gameiro, eh! Ahora tenemos dos partidos muy importantes: vamos al Wanda ese y después tenemos el derbi en Nervión. Yo firmo un empate con el Atlético y ganarle al Betis. Porque al Betis hay que ganarle sí o sí.

– Pues yo no me fío, Miguel. El Sevilla en casa está muy espeso y le está costando trabajo sacar los partidos. ¿No has visto que cualquier equipo que nos presione hace que los nuestros no sepan qué hacer con el balón? Y venga juego horizontal… y venga balón para atrás… y venga balón a la banda para que centre Navas y no remate nadie. Pero eso sí, al Betis hay que ganarle como sea… ¿Quieres otra cervecita?

– Venga, la penu…

– Cristina, pon otras dos fresquitas y dale una patá al olivo.

– No he visto nada del partido contra el Osasuna, pero me han dicho que nos empataron cuando íbamos ganando 2-0 y ellos con un jugador menos…

– Yo creía que el partido acababa ya en empate, menos mal que el larguilucho marcó en el descuento… Lo del VAR ese, ¡vaya tela! Y es que este año están pitando todas las manos. Los jugadores se van a tener que cortar los brazos. Antes siempre se hablaba de si había voluntariedad o no, pero es que ahora se pitan todas, aunque sea el balón el que vaya al brazo. Pero también hay que reconocer que el jueves pasado nos beneficiamos nosotros…

– No me recuerdes lo del jueves que todavía me dura el susto…

– Y ahora la Roma…

– Y primero aquí.

– Yo no creo que pasemos.

– Hay que jugar la eliminatoria, Antonio. Y recuerda que ésta es nuestra competición. Tengamos confianza y esperanza.

– Sí, tengámosla. Pero el entrenador tiene que saber gestionar la plantilla para estos partidos tan importantes que tenemos, porque el domingo uno miraba al banquillo que teníamos y alucinaba: Diego Carlos, Reguilón, Banega, de Jong… titulares todos los partidos y de pronto todos al banquillo. Y sin haber partido intersemanal. Él sabrá, porque yo no me lo explico, la verdad.

– Pero bueno, es que la gente también estaba pidiendo cambios. Que jugara Es-Nesyri, Ronny Lópes. Y ahora que juegan también lo criticamos… Es que ser entrenador es muy difícil… y como cada uno llevamos un entrenador en nuestro interior…

– Aquí lo importante es que la pelotita entre y que se sumen puntos… y si encima se juega buen fútbol y se da espectáculo pues mejor.

– ¡Uy, Antonio! Que esto me recuerda a la época de Jiménez y a las polémicas que había entre los resultadistas y los que buscaban espectáculo…

– Esto siempre será así, Miguel. Pero lo que está claro es que lo que todos queremos es que nuestro equipo gane y sume el mayor número de puntos posible. Todo lo demás es secundario.

– Bueno, secundario tampoco. Porque por muy sevillista que yo sea y por mucho que quiera que gane mi equipo cada vez que voy al Sánchez-Pizjuán quiero divertirme… y la verdad es que últimamente me divierto poco.

– Cristina, cóbrate que tengo que recoger a la chica del cole.

– Pagamos a medias, ¿no?

– Déjalo. Hoy me toca a mí. La próxima me invitas tú, nos pedimos media de jamón y hablamos del VAR ese…

– Venga, dicho queda.

– Nos vemos… y que viva el Sevilla.

– Eso siempre.

JOSÉ MANUEL ARIZA 02/03/2020

Los aires del sur

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CARLOS ROMERO 28/02/2020

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Cualquier joven que ronde los 20 años en la actualidad y que indague en sus recuerdos más tempranos, sólo puede reconocer a un Sevilla FC campeón. Esto es una realidad, el axioma de la nueva generación blanquirroja, como fue la de los jóvenes sevillistas de la misma edad en los años 20, 30, 40 o […]

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