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Una bonita historia que contar

Estos días ha aparecido un vídeo de la emocionante bienvenida de su familia a nuestro entrenador, en un pequeño pueblo de Guipúzcoa llamado Arteasu.

Allí se vio visiblemente emocionado a su padre, José Antonio Lopetegui.

El mismo que vi no hace mucho en una curiosa fotografía levantando en peso a sus hijas y con Julen de testigo.

Curioseando por internet he visto que el padre de nuestro entrenador tiene una bonita historia que contar.

En la década de los sesenta el caudillo buscaba un boxeador que cubriera el hueco que había dejado un boxeador llamado Uzcudun y mandó al presidente de la federación de boxeo a que buscara uno entre los forzudos vascos que se dedicaban a levantar piedras.

El mejor en aquella época era José Antonio Lopetegui. Padre de nuestro entrenador Julen Lopetegui, que era conocido como Aguerre II.

Con lo cual el enviado de Franco lo tenía fácil y se trasladó al pueblo de Arteasu, al caserío de los Lopetegui para hacerle la propuesta, que no era otra que enseñarlo a boxear y con el apoyo del caudillo hacerlo famoso y millonario.

Pero Lopetegui sorprendió al interlocutor y le dijo que él solo quería vivir tranquilo en su pueblo con su asador, su familia y sus amigos.

El mensajero de Franco se fue a la segunda opción, otro forzudo levantador de piedras llamado José Manuel Ibar Urtain. Al que sí convenció. La historia de Urtain, al menos para los más mayorcitos, es ya bien sabida.

Se da la circunstancia que en una de las visitas de Urtain al País Vasco, ya siendo el deportista más famoso de España, fue al asador de Lopetegui con algunas copas de más y quiso propasarse con su mujer. El padre de nuestro entrenador lo cogió en peso y lo tiró por la ventana.

El afamado Urtain acabó arruinado y se suicidó tirándose de un octavo piso cuando tenía 49 años.

Lopetegui (padre) a sus 89 años sigue disfrutando de su plácida vida. Y sigue disfrutando de los momentos felices de su hijo… que ahora también son los nuestros.

Y en estos malditos tiempos, apareció el Sevilla

En estos tiempos de dureza extrema, donde cada día es una lucha con el cuchillo entre dientes por sobrevivir, pues un enemigo invisible te asalta a plena luz del día y quema tu vida como una servilleta arrojada a la candela, aparece el Sevilla Fútbol Club para ponerte en los labios una sonrisa y regalarte un soplo de alegría.

Después de interminables días de confinamiento, enciendes el televisor y ves al Sevilla que salta al césped como un león con hambre de muchos días y comienza a destrozar rivales con una virulencia descomunal. Atrás, el equipo blanco es una muralla tan alta que da vértigo, pero en el centro se convierte en una orquesta sinfónica repleta de virtuosos; arriba, el gol se llama de distintos nombres y todos llevan la camiseta blanca.

¿Qué ha podido suceder en este tiempo de forzoso recogimiento, con un goteo de noticias tan desalentadoras que hielan el corazón? Que el fútbol es medicina contra el dolor y el Sevilla un foco de luz cegadora que inunda de ilusión a los buenos aficionados y, en especial, a los sevillistas. Bálsamo de Fierabrás.

En estos tiempos de zozobra y panorama oscuro como el ojo de un pozo, el Sevilla es una brizna de aire fresco, un descarado David que apedrea las sienes de Goliat y baila un tango en su barriga; un Sevilla (de Lopetegui) que escribe una historia tan hermosa que no quiero que se termine nunca, porque alivia las entrañas de las espinas que los atardeceres nos clavaron y ya tengo ganas de que vuelva a amanecer para seguir mirando de frente a Nervión y pensar que el sol sigue siendo sevillista.

Hoy, cuando acaricio la plata de la sexta copa de UEFA Europa League que nos volvió a regalar el Sevilla, me acuerdo de ti, padre; de ti, Jesús, hermano; y, sobre todo, de ti, Pilar, hermana, sevillista hasta en las uñas, que naciste y dejaste el último aliento escuchando las campanas de Triana; también me acuerdo de toda esa gente buena que, desde el callejón del Tercer anillo, alentaron a mi equipo a derribar murallas con su fútbol de tronío y tan angelical, que Vivaldi volvió a ser monaguillo y Camarón, grumete de nuestra fragata.

Yo sé que más allá de Carmona o cruzando las lindes de Aznalcázar, este Sevilla se ve con otros ojos que solo encuentran tinieblas. Pero me importa el escupitajo de una hormiga. El Sevilla Fútbol Club siempre fue un rebelde con causa, un pirata con buena vista y los apaños bien puestos; este Sevilla es compadre del Astérix, que puso firmes a legiones de romanos y habla su propia lengua; es el equipo del orgullo y la casta que solo los sevillistas entienden. Por eso somos así y seguiremos hasta el horizonte de la eternidad, un club de pecho muy grande y corazón inquieto. El club de mi gente que brilla como nunca, alza la voz y es mano poderosa que crece, lucha y vence en estos malditos tiempos.

SEBASTIÁN GUERRERO 24/08/2020

En algún lugar de la plaza de América…

Jean-Claude Nicolas Forestier fue un paisajista clasicista encargado de rediseñar el Parque de María Luisa, donado por la Duquesa de Montpesier, para adaptarlo con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929. Junto a Aníbal González decidieron que para cada una de las rotondas dedicadas a personajes ilustres, se plantara en medio un árbol que representara en cuestión al personaje homenajeado. En la Plaza de América, uno de los lugares más bellos de la ciudad, y del mundo, franqueando al Pabellón Real se encuentra la Rotonda a Cervantes. Pese a ser de dimensiones minúsculas, era considerada la rotonda principal de la Exposición, esto es porque al salir del Pabellón Real, donde daba sus discursos el Rey Alfonso XIII, recordadas son aquellas palabras de Un Alfonso dijo aquello de Sevilla no me ha dejado (Alfonso X “El Sabio”) y ahora otro dice, yo nunca dejaré a Sevilla, y se hacían las recepciones oficiales más importantes, lo primero que se veía, al tener la visión de la lectura, de izquierda a derecha, era el referido espacio.

Pues bien, tras una infausta búsqueda encontraron el árbol perfecto. Si una persona piensa en Cervantes, piensa en su literatura, y si piensa en su literatura, piensa en El Quijote, y si alguien piensa en El Quijote, se le viene a la cabeza molinos y gigantes. Pues el árbol perfecto que pensaron fue la auricaria araucana, ¿por qué? Pues porque el árbol cuando es pequeño crece con las ramas bajas hacía abajo, las centrales para los lados, y las de arriba hacía arriba, asemejándose a los molinos. Así lo plantaron para la exposición, otra particularidad es que crece mucho y rápido, por lo que pronto se convertiría en el árbol más grande y así, en el gigante del parque. Para colmo, los araucanos eran un pueblo nómada de Los Andes, muy bravos, que no tenían inconveniente en luchar contra pueblos más numerosos y fuertes.

Esta curiosa, interesante y poco conocida historia, no puede recordarme más a nuestro amado club. Esos molinos de viento es luchar por un ideal, por cumplir unos sueños, por conseguir objetivos, y todo ello en un camino lleno de complicaciones y piedras. Y cuanto más se refuerzan esos ideales, cuantos más sueños cumplimos, cuanto más altos y complicados son nuestros objetivos, más gigantes se hacen esos molinos. Y la cuadratura del círculo, ya pueden ser esos molinos gigantes y llamarse UEFAS, clasificaciones, copas, Barcelona, Madrid, Atlético, Liverpool, Inter, United, poder mediático, poder establecido… nosotros al final enseñamos al mundo que su grandeza es un espejismo, es terrenal, y acabamos consiguiendo los títulos, asentarnos en Europa, ser respetados por los medios y hasta que haya un reparto televisivo justo. Y todo bajo un mismo denominador común, haciendo que parezca fácil lo que era catalogado como machada. Somos como ese pueblo conquistador andino, unos tipos capaces de ir a luchar contra cualquiera a pesar de estar en una aparente desventaja. Somos esa pequeña rotonda en el lugar más bello del mundo que pese a su tamaño es la de más importancia y con el árbol más grande de todos con los que compite. Al fin y al cabo el futbol es literatura, qué orgullo vernos representados por una de las obras más importantes de la historia. Y esto no acaba aquí, que seamos el equipo que mas finales europeas llevamos disputadas en lo que va de siglo, es solo el comienzo, nuestros sueños apuntan cada vez más alto, y paso a paso, peldaño a peldaño seguimos caminando hacía ellos. Disfrutando mucho, muchísimo, sin complejos, conquistando el cielo, como las auricarias, a pasos agigantados. Superando problemas y obstáculos, que a veces nos ponemos nosotros mismos, véase la frivolité de José María Del Nido, personaje anacrónico hoy día en lo que debe ser la dirección del club, pero que nadie dude qué si hay guerra accionarial de nuevo, si es que ha dejado de haberla en algún momento, lo superaremos.

Y unas palabras de agradecimiento a nuestros amigos del Shalke 04, nuestro Sancho Panza particular, siempre acompañándonos en el camino durante estos últimos años, especialmente en su tierra en estos momentos tan complicados. La sexta es un poco suya también. Y a nuestros guerreros que han estado luchando en el césped y en los banquillos estas semanas, ustedes entráis desde ya dentro de nuestro emblema de sangre de nuestra sangre por méritos propios, sencillamente, fuisteis nosotros. Unos locos.

MIGUEL CANALES 23/08/2020

Con Julen Lopetegui, me equivoqué

Debo reconocerlo, me equivoqué con Julen Lopetegui. Pero mi valoración previa no estaba marcada por prejuicios de sus situaciones fuera de los terrenos de juego. Esas ni me importaron en un principio y menos me importan ahora. No estuve en esa corriente del sevillismo que tenía la mosca detrás de la oreja por los acontecimientos […]

JUANMA DÍAZ 21/08/2020

Una final europea en agosto

Hace años lo habitual en agosto era disfrutar de torneos veraniegos por distintas ciudades andaluzas y españolas. Tras la desaparición del Trofeo Ciudad de Sevilla donde solíamos disputar algún que otro derbi, fundamentalmente participábamos en el Colombino y en el Carranza, entre otros. Y bastantes trofeos de ambos se pueden ver en las vitrinas de […]

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