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SEBASTIÁN GUERRERO 10/06/2020

Nacidos para dominar Sevilla

No se dejen engañar, el fútbol no vuelve, pero La Liga sí, y en la primera fecha, enfrente, tendremos al eterno rival, el segundo equipo que más alegrías nos da tras nuestro Sevilla. Antes de rodar el balón, tanto en pretemporada como en las previas, el Betis es el mejor y se va a comer el mundo, pero cuando la pelota comienza a rodar sobre el verde, el que hace historia es el Sevilla. El que quiera hacer historia, como dijo Napoleón, primero que aprenda de ella. Gracias a Dios, nuestros adorables vecinos en su ciudad imaginaria del Betis solo saben despreciarla y restarle valor, no les culpo, la ignorancia es la mayor fuente de felicidad y no querer saber la verdadera grandeza del Sevilla les mantiene dignamente con vida, eso, y llenar su estadio, aunque luego ingresen menos dinero que nosotros en dicho concepto, ya se sabe, lo barato, dos veces caro. Así seguirán con sus historias, pero nunca sabrán que es hacerla.

Últimamente crece la corriente del sufrimiento de los derbis. Tenemos que aguantar toda la semana previa bravatas varias. Tenemos que aguantar cómo nos obligan a ser condescendientes con sus desprecios a nosotros y, para mas inri, a lo poco que elevemos la voz para sacar pecho con solo hechos, se nos acusa de ser prepotentes y faltarles el respeto. Siempre se le exigió más al hijo listo, esto es así, y nuestra penitencia por abandonar la mediocridad y pasar a la élite es que en una sociedad de ofendiditos tenemos que andar con pies de plomo. Pero no me digan, lo que disfruta uno viendo cómo suben y bajan, no digo ya de categoría, que también es gracioso, sino de estado de ánimo. Volviendo al tema, sí, el botín son tres puntos y una sonrisita irónica al día siguiente, demasiado poco para el disgusto de si empatamos y el improbable caso que perdamos, que puede ocurrir, pasa de vez en cuando, y entonces el post derbi dura años. De hecho, el del famoso seis de enero parece que fue el domingo pasado, pero desde entonces ha llovido algo ya, creo.

Pero hablemos de lo estrictamente deportivo, bueno, todavía no. La liga se reanuda para que los equipos puedan cobrar de las teles y los patrocinadores, para que las teles puedan pagar la fiesta y el chiringuito pueda seguir abierto el año que viene. Pero, aunque el fútbol negocio atufe y el paripé que se está perpetrando no valga un duro y te haga alejarte de todo este mundillo, ahí está nuestro Sevilla y eso lo puede todo. Sí, todo esto parece un capítulo de Black Mirror, una exasperante pesadilla distópica sobre un futuro perturbador, fútbol sin aficionados, imágenes con sonido ambiente inventado, pantallas con gente viendo el fútbol en sus casas… pero el jueves tenemos que ganar por lo civil o por lo criminal. Está en juego que no nos den el coñazo, perdonen la expresión, está en juego defender la plaza que nos ganamos mientras hubo fútbol de verdad (sic) y escuchar a Haendel el próximo año y teñir los LED del Sánchez Pizjuan de azul, está en juego prepararnos físicamente, mentalmente y anímicamente para la reanudación de la Europa League y que abran portadas en Madrid con miles de sevillistas celebrando un nuevo título europeo cuando no se puede hacer, aunque allí lo hagan unos y otros y no pase nada, bueno sí, pero no hablemos de lo no deportivo.

Ahora ya sí, vayamos al lío. Lo deportivo stricto sensu. Muy fácil, tranquilidad y poner más fútbol vital que el rival, con eso nos debe bastar para ganar. Como en el partido de ida. Yo confío en Lopetegui, en la motivación de Monchi y en nuestros jugadores. Tenemos argumentos para estar tranquilos, somos más fuertes en todas las líneas aunque ellos tengan buenos jugadores y no nos podamos descuidar. Quien consiga jugar con el corazón y a la vez mantener la cabeza fría será quien se lleve el gato al agua. En esta ocasión será importante adaptarse al ambiente, el poder mental para controlar el escenario. Y el físico. Ojo con los cambios, evidentemente poder hacer cinco ayuda más a los que tenemos mejores plantilla pero si se llega con resultado adverso, cambio tras cambio, no solo rompe el ritmo del partido, es que mentalmente te desquicia. Nacimos para dominar Sevilla, el jueves debemos de continuar con nuestro sino, hacer que Joaquín deje de contar chistes unos días, que hace mucha falta en la llamada nueva normalidad. Eso sí, qué no se pierda nunca la guasa y el pique sano y deportivo. Violencia no, gracias. Y concentraciones antes (y después) del partido, tampoco. Responsabilidad por encima de todo. Eso también entra en el lote de ser la imagen de una ciudad tan importantísima como Sevilla, capital del mundo del fútbol, dicen, el día del derbi.

MAMEN GIL 08/06/2020

No, el fútbol no vuelve

Dicen las altas esferas deportivas que esta semana vuelve el fútbol y que lo hará a lo grande, con el rey de los derbis, con un Sevilla-Betis… Pero no, que no te engañen, el fútbol no vuelve… Si acaso vuelve la liga y 22 hombres corriendo detrás de una pelotita, aunque si queremos hablar con propiedad, lo que vuelve es el fútbol-negocio. Es cierto que las circunstancias son las que son, pero no es menos cierto que la pela es la pela.

Pero el fútbol no. El fútbol es otra cosa, es mucho más que todo eso… En una entrada anterior (¿por qué te gusta el fútbol?) ya decía que, para mí, el fútbol es una máquina de generar sentimientos, una eclosión de emociones. En el fútbol se sufre, se ríe, se llora, se grita… En un segundo se puede pasar de una emoción positiva a otra negativa… Lo mismo se sube al cielo que se baja a los infiernos…

Emociones todas, que se activan con el contacto directo con los tuyos, en tu grada, con tus vecinos de asiento, con tus jugadores en el campo y con la dopamina al cien por cien, gracias al chute de adrenalina que le inyectan desde la grada. Pero esas gradas ahora estarán vacías, un vacío que generará desencanto y sentimientos encontrados ante esa falta de conexión piel con piel.

Está claro que el regreso a los terrenos de juego no va a ser emocionalmente lo mismo y va a generar desencanto y frustración tanto en aficionados como en jugadores. Estos últimos necesitan el calor de los suyos y al no tenerlo, el jugar en casa ya no será un plus. Los que jueguen de local lo harán con desventaja respecto a los de la primera vuelta, por lo que los más suspicaces podrían ver aquí un conato de adulteración de la competición.

Claro que al que manda en esto, eso le importa más bien poco. Hay muchas formas de adulterar la competición y si es necesario para determinados intereses se hace y no pasa nada… Tampoco sería la primera vez. Dice el que manda que el derbi sevillano será un acontecimiento mundial, el más visto de la historia. No, señor Tebas, ese no será un derbi sevillano. No habrá calor ni color en las gradas, será una pachanguita sevillana, eso sí, con tres puntos por medio… Puntos muy importantes, por cierto.

El fútbol también es un ritual. En las vísperas, siguiendo las novedades de los entrenamientos… En la previa, seleccionando la ropa, procurando que no se olvide tu prenda u objeto fetiche… Antes del partido, comprando las pipas en el mismo quiosco, ir hacia el estadio por el camino de siempre… Entrar con el mismo pie y por la misma puerta; pedir el refresco de rigor, aunque después lo dejes entero; entrar al servicio, aunque nada más sea para volver a salir… Durante el partido, sentarte en tu asiento, aunque no sea el tuyo, sacar las pipas solo cuando las cosas se ponen fea, cruzar los dedos… Y en el postpartido analizando durante el camino de vuelta a casa (un camino más o menos agradable según el resultado) esas jugadas claves.

Nada de eso pasa cuando te quedas en casa a ver el partido por la tele, ni siquiera llegará a mi salón los ecos de los goles del Sánchez-Pizjuán, pues no habrá nadie para cantarlo en nuestra bombonera. Además, no me gusta ni el fútbol radiado ni el televisado. Pierde la esencia, me pone demasiado nerviosa y no soy capaz de aguantar frente a la pantalla más de 10 minutos seguidos.

Dicen que vuelve el fútbol, pero para mí no lo hará hasta que se pueda cubrir el cien por cien del aforo, solo entonces se supone que estará la pandemia controlada y será cuando yo, como población de riesgo, pueda volver a disfrutar del ambiente del Ramón Sánchez-Pizjuán. Mientras tanto, para mí no hay fútbol… Habrá liga, habrá negocio, pero no habrá afición y sin afición no hay fútbol.

EDU SANIÑA 01/06/2020

Año I de República Sevillista

Ha pasado un año y parece que fue ayer. Era un sábado de esos soñados para los futboleros empedernidos como el que os escribe: Final de la Champions en Madrid, penúltima jornada de Segunda División, playoffs de ascenso a Segunda y Segunda ‘B’. Era día de ordenador y preparación de la jornada que venía. El Utrera -qué casualidad- se jugaba el pase a la semifinal del ascenso ante el Antequera y tocaba ver la previa y analizar todo lo que había pasado la semana anterior. Entrando la primera hora de la tarde sonaba el teléfono: ‘Edu, te voy a decir algo que no te va a gustar’ así empezaba la llamada que nunca hubiese querido tener. ‘Joder, no me asustes y habla que me pillas liado’, respondí. ‘Reyes ha muerto en un accidente de coche’. Y colgué.

Fueron dos minutos, máximo tres, mirando la pantalla sin reaccionar, con esa sensación de congoja, rabia y esa pequeña ilusión de que todo fuese mentira. Volví a llamar para que me explicase, pero bastaron dos minutos para asimilar la noticia. Los mensajes en WhatsApp y la noticia corriendo por las redes sociales eran puñales que se clavaban.

Lo de esa tarde ya es una historia negra más para nuestra ciudad y nuestro Sevilla FC. Siempre he dicho que tengo la suerte de pertenecer a la ‘Generación Reyes’. Prácticamente mis primeros recuerdos futbolísticos eran sus comienzos. El primer ídolo. Una generación que vivió su carrera como algo propio desde su paso por el Arsenal hasta sus últimos coletazos en el Extremadura.

La rabia, la impotencia y la incredulidad se juntaron aquel fin de semana. Esa última despedida fue jodida. En lo profesional tuve la suerte de coincidir con él varias veces y era espectacular la cercanía que trasmitía. Siempre una sonrisa, siempre unas palabras. Creo que no he escuchado a nadie hablar mal de Reyes, y ese es un título del que no muchas personas -y más ahora en este podrido mundo del fútbol- pueden presumir. Su fútbol lo resumo en una frase que escuché en un grupo de WhatsApp aquel trágico fin de semana: “Si Reyes hubiese decidido algún domingo sentarse en una silla en el centro del campo del campo, también hubiese salido ovacionado por su gente”. Y era así, ni más ni menos. Reyes fue una de las primeras piedras del resurgir del Sevilla y cerró el círculo levantando la quinta UEFA Europa League en Basilea. Entre medio, varios derbis, un gol ‘maradoniano’ al Valladolid, aquel bocado prohibido de Paco Gallardo, el incidente con la pica, la celebración subido en el autobús tras el ‘Euroderbi’ o la mejor asistencia que yo he visto en una final europea, la de aquel gol de Bacca en Varsovia.

Si hablamos del canterano, me quedo con las palabras de Pablo Blanco, sin duda: ‘Reyes ha sido el mayor talento salido de la Carretera de Utrera”. Y si lo dice alguien que lleva más de 30 años viendo a cientos de miles de canteranos, pues ¿quién soy yo para llevarle la contraria?. Era el ejemplo de jugador de club elevado a infinito. La estrella que sale en el peor momento económico de la entidad, que ayuda con su venta a sanear la entidad y que acaba volviendo para tocar plata con el equipo de toda su vida. Si eso no es lo que sueñan todos lo que día tras día van a entrenar a nuestra Ciudad Deportiva, poco les falta.

Pero hoy hace un año que aquella estrella pasó, antes de tiempo, a convertirse en leyenda. 366 días de uno de los más duros para el club en su historia. Un año desde que Sevilla perdió a su Rey.

El ERTE

Al escucharlo en un programa radiofónico cuando se produjo pensé que, en la forma en la que se enfocaba y siempre con las odiosas comparaciones hacia el eterno rival, era un hito más hacia la denigración de la imagen del SFC de todos los que se vienen produciendo desde 1958. Más que los calificativos empleados […]

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