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RAFA VELASCO 01/01/2020

Una familia sevillista y solidaria

Dicen que el destino está marcado al nacer y en la vida de cada uno, hay acontecimientos que te van ayudando a encontrar tu camino.

En mi caso, nací en una familia sevillista y desde muy pequeño siempre sentí el amor a los colores rojo y blanco, de mi equipo del alma.

Paralelamente a esta pasión sevillista que ya corría por mis venas, siempre sentí una atracción muy acentuada, por ayudar a los demás.

Recuerdo de niño, que me encantaba pararme con los niños pequeños con Síndrome de Down para jugar con ellos y me gustaba ayudar a los niños con algún tipo de problema.

Mis dos pasiones, ayudar a los más necesitados y mi Sevilla FC, me llevaron hasta mi destino, un destino que no tiene sede física, un lugar que está en los corazones de los miembros que lo forman, un destino qué como un sueño, llegó a mi vida y que lleva por nombre PEÑA SEVILLISTA NERVIÓN SOLIDARIO.

Conocí su proyecto por mi gran amigo Antonio Calderón que me habló de una peña sevillista que realizaba labores solidarias y fue en Neo fm donde conocí a su presidente Luis Baez y a Juanjo Barraso.

En el programa de peñas de nuestra emisora, explicaron detenidamente cual era el espíritu de la peña, que se estaba realizando y sobre todo que se quería realizar, siempre desde el punto de vista solidario y sevillista.

En aquel momento comprendí que era un momento importante en ese camino que tenía que andar y en el descanso del programa les dije que ya tenían un nuevo socio.

Mi destino me había llevado hasta Nervión Solidario y como hubiese dicho nuestro antiguo presidente, “Lo mejor estaba por llegar “.

Cuando conocí a los socios me sentí rápidamente uno más entre ellos, porqué hablábamos el mismo lenguaje, tenían las mismas iniciativas que yo, se sentían felices ayudando a los demás y además disfrutaba con ellos en unas tertulias sevillistas inmejorables.

Era mi sitio, era mi peña y se convirtieron en muy poco tiempo en mi segunda familia, y no exagero en lo que digo, son muy especiales.

Una peña que paga sus cuotas solo para proyectos sociales y que no tiene derecho a nada más, que no tiene sede para ver los partidos, que no tiene caseta de feria, que no hace desplazamientos con el equipo etc.. solo puede tener entre sus miembros a personas con MAYÚSCULAS.

No conozco ninguna peña con la idiosincrasia de la nuestra, que lleve el Sevillismo por bandera y esa fuerza de las buenas personas que no se esconden y que siempre luchan por un mundo mejor.

Invito a todos los sevillistas a que den un paso adelante, abanderen su solidaridad con nosotros y pasen a formar parte de esta gran familia.

Sirvan estas palabras como sencillo homenaje a todos los socios que han sido, son y serán de Nervión Solidario porqué para pertenecer a esta peña hay que ser muy grandes.

Viva el Sevilla FC

Viva la Peña Nervión Solidario

ENRIQUE BALLESTEROS 31/12/2019

El XI de la década

Lejos, muy lejos, de sumergirme en la polémica suscitada, con dos versiones ya socialmente aceptadas, de si la década termina ya o, en cambio, fenece el año que viene, no quiero desaprovechar la oportunidad para ofrecer mi humilde opinión sobre lo que, para mí, puede ser la alineación titular del Sevilla desde el 1 de enero de 2010 hasta el 31 de diciembre de 2019. Soy muy consciente que al haber tantos jugadores, y a riesgo de olvidarme a los Stevanovic, Babá Diawará, Carole o Walter Montoya, puede ser que el once de gala pueda ser totalmente dispar al inicialmente expuesto. Eso sí, antes de pasar por megafonía y cantar para todo el estadio a los once elegidos (en algunas posiciones daré hasta a elegir dando cuenta, de paso, de mi generosidad), quisiera recordar lo logrado en estos diez años que pueden catalogarse como uno de los mejores de la entidad, por no decir que puede estar en el podio de leyenda.

Tres Europa Leagues (2014, 2015 y 2016) son la mayor excusa para no olvidarnos de esta década. Unos éxitos que nos han catapultado a ser el mejor equipo con diferencia de esta competición legendaria continental que data de 1971. En un segundo plano, la Copa del Rey lograda en el Camp Nou en el año 2010 frente al Atlético de Madrid por 2-0, aparte de ese gol de Wissam Ben Yedder en Old Trafford y esos cuartos de final de Champions League en 2018 (históricos ya que iguala la gesta de nuestro club de 1958 como cota más alta en la máxima competición continental). En un último plano, las dos finales de Copa malogradas en sede atlética (la prórroga fallida ante el Barcelona después de jugar con un hombre menos una parte entera, además del ridículo “montelliano” del Wanda Metropolitano, justo después de ser el primer equipo español en ganar en ese estadio), sin olvidarnos también de las tres clasificaciones para la Liga de Campeones (2015, 2016 y 2017), objetivo real del club en estos tiempos modernos para asentarnos en posiciones de la nobleza europea.

Empezamos….

PORTERÍA
Aquí muestro mi primera duda, mi primeros dos nombres a elegir. El 2010 que se cascó Andrés Palop bien merece una década entera, todo ello apoyado por el aura de los años anteriores y que fue nuestro portero hasta el año 2013, hasta que, tras superar a Javi Varas o Diego López, fue desbancado por Beto, que tardó solo unas horas en debutar con nosotros después de bajarse del avión. Fue en el Vicente Calderón en un partido copero donde solo hubo penaltis. Esos que le dieron la gloria en Heliópolis y en Turín otorgándole el derecho a ser uno de los protagonistas indiscutibles del retorno del Sevilla a conquistar “su” competición en una edición, la de 2014, con las mayores de dosis de fe posible (por no hablar de moña). Estuvo presente en los tres títulos conquistados, aunque solo fue titular en la primera. Después de un periodo de lesión, Unai Emery le sacó a la palestra en San Petersburgo donde falló y complicó una eliminatoria resuelta (aunque después la salvaría) le empezaron a defenestrar dentro del sevillismo, con el que no terminó familiarizado.

Una afición siempre exigente con los porteros y si no que se lo digan a Sergio Rico, el guardameta del futuro, titular en 2015 y que no supo aceptar las críticas cuando le vinieron mal dadas para salir por la puerta de atrás tras previa visita al “Rocío”. Algo que favoreció a David Soria, el sorprendentemente titular en la Europa League 2016 que estuvo muy verde en su salto al primer equipo, antes de ser un ídolo actualmente en el Getafe. Para terminar, destacar a nuestro cancerbero actual, Tomas Vaclik, quizás el fichaje “estrella” fuera de la era Monchi, que ha recuperado la seguridad que se había perdido tras la marcha de Andrés Palop, no obstante, su buen rendimiento en general no se ha traducido aún en hechos memorables.

LATERAL DERECHO
Me va a perdonar Mariano Ferreira, un jugador que resultó fundamental en la consecución de la tercera Europa League y que será recordado por ese robo de balón a Alberto Moreno en la final de Basilea. Además se hartó en correr la banda en el alocado sistema de Sampaoli un jugador técnicamente muy bueno y con buenas dosis defensivas que sonó una y mil veces para formar parte del Barcelona, antes de que este club apostara por la juventud de Nelson Semedo. Me va a perdonar también Gaby Mercado que pasó de ser el ojito derecho de Sampaoli para funcionar tanto en banda como en el eje de la zaga a ser uno de los principales baluartes de vestuario en la época post-títulos. De los pocos que daban patadas con sentido, se enfrentaba a los contrarios sin achicarse y defendía el escudo con profesionalidad. Un defensa con gol a pesar de sus limitaciones técnicas. Y me vais a perdonar que no incluya a Jesús Navas, cuyo rendimiento desde la vuelta del Etihad está siendo intachable tanto en calidad como en capitanía. Vertiginoso e incansable a sus 34 años de edad, se ha perdido la época de los títulos de esta década. Fijo en el once del decenio pasado, se fue en el extremo y Pep Guardiola nos la ha devuelto hecho un pedazo de lateral.

Pero esta posición tiene un nombre en Coke Andújar. Al vallecano, pundonor, simpatía y compromiso, le costó arrancar. Su irregularidad inicial pasó a mejor vida tras erigirse en el alma de esa heroica y surrealista tercera Europa League. Su complicidad en la grada, sus cánticos en Heliópolis, sus goles y ese saque de banda en Valencia le encumbró a ser un ídolo del sevillismo haciéndose, junto con sus alternancias con Diogo Figueiras, un fijo en el once en la época de vino y rosas hasta que encontró culmen y premio en esa final de Basilea de 2016. Llegó a jugar de mediocentro, pero fue en esa posición adelantada de interior, donde anotó un doblete inolvidable para tumbar al Liverpool de Jurgen Klopp. Tras la borrachera de masas, se marchó ese mismo verano al Schalke04 en una decisión extraña y que quizás tenga que ver con el largo recorrido de un puesto en el que daba mejor la talla el citado Mariano Ferreira y el polivalente Gaby Mercado. Hoy, el madrileño centra sus energías en mantener al Levante en la zona templada de la tabla hablando claro ante la prensa y dando palos incluso a los aficionados granotas, sin que estos osen a toserle.

LATERAL IZQUIERDO.
Quizás el lugar del campo más endeble que hemos tenido en los años 10. Tengo que reconocer que si a Andrés Palop lo he incluido en la portería por un año espectacular, aquí debería hacer lo mismo con Benoit Tremoulinas por un 2015 donde nos encontramos a un francés defenestrado que, con el 2 a la espalda, se atrevía a pisar área contraria como si fuera Marcelo o Roberto Carlos. Rápido y con disparo, llegó en invierno en otra nueva genialidad de Monchi. Titular en la final de Varsovia, empezó la temporada siguiente en el once tipo, sin embargo, un recién incorporado Sergio Escudero le fue comiendo la tostada hasta hacerse con su puesto al cabo de la temporada 2015/2016. Su vergonzosa profesionalidad en la 2016/2017 donde hasta un reconvertido Pablo Sarabia tuvo que jugar en su posición, le relegan de formar parte del once del Sevilla de la década.

Alberto Moreno parecía el hombre destinado a ocupar esta posición durante estos años pero se lo llevó el Liverpool en una decisión que nadie comprendió al cabo de la tercera Europa League. El canterano posteriormente demostró su inconsistencia en Anfield (y en Basilea) y ha vuelto a LaLiga al Villarreal. Sergio Escudero, uno de nuestros capitanes actuales, ha ido de más a menos. Se presentó como un hombre de buen disparo lejano, una cualidad que aún desconocemos y, poco a poco, se ha ido apagando. Más lateral que carrilero, un jugador defensivo con interesantes centros al área, los continuos cambios de sistema y de entrenadores han afectado a su rendimiento y han terminado de desubicarle dando la sensación siempre que está mal colocado, aparte de no asentarse definitivamente en el once ganándole la partida jugadores como Quincy Promes o ahora Reguilón.

Por lo que, quizás, por descarte y sobre todo profesionalidad. Por estar siempre ahí desde que ganó la Eurocopa 2008, nos vamos a quedar con Fernando Navarro. El catalán fue el jugador que levantó el “paragüero” en 2015, estando también en 2014. Se perdió la final de la Copa del Rey de 2010 brindándole una oportunidad de oro a un Antonio Luna que nunca terminó de asentarse aquí en años postreros. El barcelonés fue un ejemplo de sobriedad, de no poner una mala cara y no levantar la voz. Tácticamente perfecto, era un tercer central a la hora de cerrar y pocas veces le pillaban la espalda. Abusaba de ello y dejaba mucho espacio en la apertura a banda del rival, aparte que ofensivamente aportaba menos que David Castedo, pero terminó siendo un hombre de club (de hecho, lo es ahora mismo en otras facetas) y si no ha habido nadie que, por unas causas u otras, le hayan superado con creces, para mí, se queda con el puesto.

CENTRALES
En este capítulo no voy a ser muy original. Se quedan con el eje de la zaga tanto Nico Pareja como Daniel Carriço. Son la auténtica base de los títulos que vinieron después de un verano de 2013 que fue cuando aterrizaron, y en el cual volvíamos a Europa tras una breve ausencia y como consecuencia de hacer las cosas bien hechas, algo que ni Málaga ni Rayo Vallecano que, por méritos deportivos se lo merecieron, no cumplieron en los despachos. Ese nefasto noveno lugar de la 2012/2013 nos llevó, sin quererlo, a una de las épocas más esplendorosas del club, al igual que el agridulce quinto puesto de la 2004/2005. Estos dos centrales nos salvó de unos años aguantando a mediocridades como Emir Spahic, Juan Cala, Alexis Ruano o un alicaído Julen Escudé, todos ellos abanderados por un Federico Fazio desesperante, en el que los 10 kilos que pagaron los Spurs al cabo de su 2014 espectacular se nos antojó pocos, no porque los valiera sino porque eso no costó nuestra infinita paciencia de siete años aguantándole.

Nico Pareja y Dani Carriço, éste último que vino como mediocentro defensivo, aportaron la veteranía, la experiencia y las tablas necesarias para formar una dupla solvente. No han sido los defensas más destacados, no han tenido un físico imponente y su juego aéreo tampoco ha sobresalido. Además que sus lesiones les han lastrado en tener continuidad no solo como dúo compenetrado por más tiempo sino que han puesto a prueba el señorío del Sevilla a la hora de saber esperarles. La afición del Sevilla siempre les ha reconocido que, sin ellos, la estabilidad defensiva no hubiera sido tal en la época de los tres títulos. Por calidad, por vestuario.

Y eso que también hay centrales que han acumulado éxitos como nosotros como el innombrable Kolodziejczak que acabó siendo titular en la 2014/2015 para ser un fijo en el once en la temporada siguiente junto con Adil Rami, otro defensa que venía de vuelta y que dio un rendimiento extraordinario, quizás gracias a estar vigilando la playa. El primer francés, que apuntaba maneras, se aprestó al dinero y no quiso hacer carrera con nosotros (no se volvió a saber nada de él). Luego vino otro galo como Clement Lenglet, tan bueno y elegante en el curso y medio que estuvo que terminó llevándoselo el Barcelona donde es titular indiscutible por delante de Umtiti. Por lo que, de buenas a primeras, nos encontramos con un vacío en esa zona (Kjaer, Sergi Gómez, las idas y venidas de Pareja y Carriço, los parches de Mercado,…) clave para comprender el por qué nos hemos distanciado en estos últimos años de la zona noble. Diego Carlos ha llegado tarde a este decenio.

CENTROCAMPISTAS.
El motor de un equipo. Si esto no carbura, no hay nada que hacer. No destruye, no sujeta, no apoya, no construye, no genera, no ayuda a salvar goles y no ayuda a marcarlos, esto no funciona. Para elegir a los dos mejores mediocentros del Sevilla de estos últimos diez años, he dividido el decenio en dos partes. No han coincidido nunca juntos y, en cierto modo, uno vino por el otro. Para la primera parte (hasta 2014), Ivan Rakitic, natural de Pino Montano, que hasta que Unai Emery se enteró que había que colocarle a dos tíos a su lado, no empezó a demostrar su calidad. Para la segunda mitad de década, Éver Banega, que evolucionó de la forma contraria al suizo-croata. De ser un mediapunta que necesitaba sujeción al ser el auténtico 5 que necesitaba el Sevilla para sacarla jugada.

El actual futbolista del Barcelona echó raíces en Sevilla, y aunque uno pensó que podía haber dejado más en caja, casi estuvo de marcharse del club sin haber dejado huella. Llegó junto a Gary Medel. El “Pitbull”, demasiado impetuoso, generaba mucha controversia. Adeptos y críticos le defendían y le atacaban teniendo como capítulo final el derbi que terminó 3-3 (el primer gol en contra fue un error suyo en un partido donde acabó expulsado con Cañas saliendo victorioso y de rositas). El croata conoció a Ndri Romaric, que sin Jiménez (y con él también) no era nadie, a Piotr Trochowski, todo un semifinalista de Mundial castigado por las lesiones, y a Geoffrey Kondogbia, un “fondo de inversión” tan deslumbrante y potente como individualista e inmaduro. Cuando, por fin, el giputxi le puso por detrás a Carriço y Stephane M’Bia (“Valencia en llamas”), “el rubio” sacó su “quinta esencia”. Un taconazo contra el Real Madrid y levantar la milagrosa Copa de la UEFA de Turín fue suficiente para que, otro más, volara a la Ciudad Condal.

Podrían estar en esta categoría. El citado Stephane M’Bia; un box to box peculiar, hecho para milagros, protagonista del subidón más imprevisto de nuestra historia y que cogió los galones que dejó Samuel Etoo en Camerún. Don Vicente Iborra: de la saga de valencianos de donde vinieron Andrés Palop o Javi Navarro, que debutó como central, que te servía para cualquier cosa, que vino para dar el pase fácil y terminó centrando al área y rematando convirtiéndose, además, en el primer suplente de la historia de LaLiga en marcar un hat-trick a domicilio. O Gregorz Krychowiak: un polaco experto en limpieza y que se encargaba de barrer toda la zona ancha del terreno de juego; un jugador que vino específicamente para ganar un título en su país, incluyendo un golito, y en dejarnos para la memoria la descomunal belleza de su mujer y para las arcas un buen puñado de euros. Nunca volvió a ser nada. Salió al Camp Nou a ver el sexto de Sergi Roberto en la remontada del Barça en UCL frente al PSG y ahora lidera al Lokomotiv.

Pero no está ninguno de estos tres, y me resisto a mentar al, para mí, sobrevalorado Steven N’Zonzi. Quiero destacar a Éver Maximiliano David Banega Hernández. Nadie aprobó su fichaje, todos teníamos en mente sus pajas por internet, su auto atropello en una gasolinera (arte), y sus fracasos en el Atlético de Madrid y en el Valencia. Tanto que tuvo que volverse a Argentina. Extrañó que fuera el propio Unai Emery el que lo solicitara en 2014 cuando el que parecía más apropiado en sustituir a Ivan Rakitic era un Dani Parejo indispensable pero entonces discutido a orillas del Turia. De hecho, “Tanguito” tardó en hacerse un hueco en el once, y cuando empezó a bailar de espaldas con el balón pegado al pie deshaciéndose de un plumazo de la presión de los rivales para iniciar la jugada de ataque, se convirtió en ídolo. Dos Europas League, cántico de “fumando en el barrio” y al Inter de Milán.

No coincidió con Sampaoli, al que seguramente hubiera venido bien. Y, cual estrella que fracasa en territorio neroazzurro, regresó. Con recelo de la propia afición, pero regresó. Hacía falta porque los Kranevitter, Pizarro, Roque Mesa… parecía un precipicio. Volvió para regenerarse. Tras el Mundial y sin descansar, se puso a jugar previas de Europa League con Pablo Machín, que lo dejó solo en el medio para meter dos delanteros. Fue crucial para la ilusionante 2018/2019. Pero reventó de cansancio y de funciones, y el equipo se cayó con él. Su expulsión en Girona pareció un triste epílogo a su estancia en el Sevilla. Pero, nada más lejos de la realidad. Julen Lopetegui ha sabido arroparle junto a una bestia llamada Fernando y otro centrocampista más, para sacar, una vez más, la mejor versión del rosarino. Por cierto, en ese otro “centrocampista más” hallamos a Franco “el Mudo” Vázquez. Tan exquisito, tan bueno, tan genial, tan “Curro Romero”, tan silencioso, tan trabajador, tan criticado, tan importante que, de haber ganado un título, lo mismo hubiera liderado esta categoría.

VOLANTE DERECHO
No lo he incluido en el lateral pero sí lo he hecho en la posición que le conocimos y que tanta gloria nos dio en la época pasada. Jesús Navas, junto a Frederic Kanouté, se hartó de tirar del carro en esas tres temporadas ominosas en el que nos alejamos de pelear con los más grandes regresando de nuevo a la mediocridad que habíamos sido siempre. Fundamental en el tanto de nuestra quinta Copa del Rey que sentenciaba la final frente al Atlético de Madrid, el “duende de Los Palacios” hizo notar su ausencia cuando se marchó a Manchester en 2013. Parecía que algo nos faltaba cuando mirábamos a ese lado del campo y no le encontrábamos. Sus múltiples transiciones, llegadas al área, y milésimos centros que, por muy bajo que fuese su porcentaje rematador, era ya más alto, por cantidad, que el resto de jugadores de Primera División en ese lugar del campo.

En ese puesto bien podía haber estado Aleix Vidal que nos brindó una temporada 2014/2015 sencillamente desconocida y que no solo nos sirvió para conquistar la cuarta Europa League, sino para sacar un dineral cuyo club de llegada, quien si no el Barcelona, no supo amortizar. Ni siquiera cuando nos lo devolvió tres temporadas después. Solo duró un año, no quedó ni rastro del jugador de Valls que se marchó. Y dejó paso, entre otros, a Lucas Ocampos, cuya comparación ya parece de por sí insultante. Entremedias, Pablo Sarabia y José Antonio Reyes podían estar aquí, pero los he reubicado en otras posiciones, algo que paso a explicar a continuación.

VOLANTE IZQUIERDO
Una posición huérfana prácticamente desde que se marchó Adriano Correia hasta que llegó Vitolo. Porque mira que apostamos por Diego Capel, el cual no paró de devaluarse sin levantar la cabeza del suelo, o que tuvimos paciencia con Diego Perotti, a lo Federico Fazio Style, pero no hubo manera. El pobre chico era muy bueno, de hecho lo demostró en la Roma cuando estaba más maduro, pero de joven se enredó con las redes sociales y se centró más en sus celebraciones a las gradas y en invitar a los ultras a los entrenamientos que explotar, de verdad, como jugador. Por lo que la llegada del canario resultó fundamental para copar una posición pensada en José Antonio Reyes, aunque éste luego Unai Emery lo colocaría en la derecha, donde también mejor rindió en el Atlético de Madrid.

Así que, junto a Dani Carriço, Vicente Iborra, Nico Pareja, Carlos Bacca o Kevin Gameiro llegaría en el verano de 2013, Víctor Machín “Vitolo”, procedente de Las Palmas. Un jugador que deslumbró en Segunda División y que resultó toda una apuesta de futuro de Monchi, poco dado a que le salgan bien los jugadores de esa categoría. El canario demostró la personalidad que no tuvo ni el propio Diego Perotti ni el “fichaje estrella” Marko Marin para hacerse con ese puesto de interior izquierdo y no soltarlo durante cuatro temporadas donde siempre fue a más siendo titular indiscutible. Su potencia en la zancada, su trabajo colectivo y ayuda en defensa, su gol y su desborde hasta la línea de fondo que recordaba a Antonio Puerta enamoró a Unai Emery, a Sampaoli y al sevillismo.

Desde luego debía de ser el merecedor de este galardón si no fuera por esa “patada en el culo” que nos dio para marcharse a un directo rival como el Atlético de Madrid. Dejó decepcionado al sevillismo, con el culo al aire a Pepe Castro y tirados a sus compañeros, en especial a un Nico Pareja que, ejerciendo de capitán, le recogió en el aeropuerto para firmar su renovación horas antes de coger un chárter hacia Las Palmas, lugar de transición en dirección a Arcentales donde, con causas pendientes con la justicia, no termina de explotar desde el punto de vista deportivo, incluyendo las lesiones que no han parado de castigarle, la segunda de ellas provocadas en el Sánchez-Pizjuán en un partido donde los nuestros se cebaron con su ex para dejarle en la enfermería.

No quiero olvidarme de Joaquín Correa: un argentino que quiso presentar Monchi al mundo, con unas habilidades increíbles en el regate, buen fajador con gol pero desacertado en la última elección, la decisiva, aparte de unas carencias defensivas alarmantes; tampoco de Samir Nasri, al que rescatamos del City para brindarnos un inicio de 2016/2017 sencillamente espectacular antes de verse envuelto en un caso de supuesto escándalo sexual, desaparecer del mapa y caerse, como se cayó, aquel curso prometedor de Sampaoli; y tampoco de Yevhen Konoplyanka, un ucraniano con talento que fue nuestro último escollo antes de alzarnos con la cuarta, que brindamos arrebatárselo al Atlético de Madrid y que, quitando un encuentro fabuloso ante el Real Madrid y alguno más, también terminó de evaporarse en la última temporada de Unai Emery.

Pero el puesto se lo otorgo a Pablo Sarabia, un pedazo de futbolista que nos regaló en tres temporadas, nada más y nada menos que 42 goles y 36 asistencias. Es decir, en 151 partiditos participó en 78 tantos (más del 50% de los goles del Sevilla). Encuentros que, rara vez, los hacía completos. Primero porque era el jugador número 12 con Sampaoli, con el que rara vez empezaba de inicio pero que solo le faltó utilizarlo como portero. Y, después, porque se reventaba por nuestro escudo siendo muchas veces sustituido en los últimos instantes del encuentro llevándose una ovación que no solo reconocía sus impresionantes números, sino también su implicación, su entrega física, y los galones que adquirió, sobre todo, dando la cara en los micrófonos cuando el resultado no sonreía. Otro alarde de profesionalidad intachable que se resistió a renovar para marcharse al PSG dejando en caja más dinero de lo que indicaba su cláusula. Empezó de enlace entre el centro del campo y la delantera, se desenvolvió en la derecha, actuó de improvisado lateral o carrilero izquierdo, para luego, en una riquísima alianza con Wissam Ben Yedder, ejercer de líder de un equipo en descomposición y sin dirección técnica.

DELANTERO
Guillermo Campanal, Juan Arza, Anton Polster, Davor Suker, Luis Fabiano, Frederic Kanouté…Casi ná. La calidad es tal que merece gran responsabilidad elegir al ariete que mejor nos ha representado en este decenio. Me he centrado básicamente en cinco nombres, que cada uno elija el más apropiado.

En primer lugar, el propio Frederic Kanouté que, desde el 1 de enero de 2010 hasta que le despedimos por todo lo alto de 2012 disputó 97 partidos y marcó 38 goles en todas las competiciones (en total fueron 136 en su trayectoria sevillista). Para empezar, un detalle. Su expulsión en el Camp Nou en 2011 cuando nos señalaron un penalti rigurosísimo en contra en el descuento. Antes de que Javi Varas detuviera la pena máxima a Lionel Messi, el maliense, en un gesto simbólico (siempre simbólico) empujó la pelotita ya colocada en los once metros, en una acción reivindicativa de “ahí os quedáis con vuestra mierda que yo me bajo de esto”. Lástima que también no le reventara la cara al bueno de Cesc Fabregas. Cierro paréntesis y prosigo. Evidentemente nuestro querido Alá no era el de los cinco títulos de Juande Ramos; pero consiguió anotarse el sexto, siendo junto a Andrés Palop, Jesús Navas y Julien Escudé ese poso reminiscente de la que siempre será la mejor época de la historia sevillista. Su ocaso de sus siete temporadas de hispalense, afortunadamente, se eternizó. Y tiró del carro. Vaya si lo hizo. Su presencia se agigantó aún más, hasta el punto de bajar, plantarse en el centro del campo y ponerse a distribuir. Era nuestro faro cuando anduvimos perdidos a principios de estos años. Lo es y siempre lo será un futbolista que simbolizará toda la grandeza que tiene este club.

En segundo término, quiero destacar a Álvaro Negredo (160 encuentros en esta década, 81 goles). El vallecano era pura clase. Tenía una magia bestial en esa pierna zurda y sus movimientos eran de delantero caro. Su arranque no fue bueno porque estaba llamado a suceder a un tal Luis Fabiano. Y le costó. Cuando explotó supo aprovechar el vacío que ya estaba dejando Frederic Kanouté para convertirse él en referencia. Lo aprovechó, se proclamó campeón de la Eurocopa y al año siguiente se salió para marcharse de la mano de Jesús Navas al Manchester City. La 2012/2013 tuvimos dependencia de él y ello nos costó la presencia europea por vía directa. Protagonista en Santander en una de las mayores goleadas a domicilio de la historia del Sevilla en liga, se despidió con cuatro goles frente al Valencia de Banega; el club en el que recalaría años después. Su marcha ese verano nos dejó preocupados a muchos. Menos mal que teníamos a Monchi para hacer magia.

Y la magia llegó con “Abrazo de gol”: Don Carlos Arturo Bacca Ahumada (49 goles en 108 partidos). El delantero colombiano llegó tarde al mundo del fútbol y Monchi lo rescató del Brujas para convertirse, en mi opinión, en el mejor delantero de la década. Por lo menos el que más presencia ha tenido a la hora de obtener títulos. Con ese estilo tan ortopédico como infalible a la hora de afrontar los mano a mano, sus goles fueron fundamentales para empezar a coronarnos de nuevo campeones de la Europa League. Fue un muy mal suplente. Autor del gol que forzó el 0-2 en el Benito Villamarín en el Euroderbi; su gran noche llegaría frente al Real Madrid en el Sánchez-Pizjuán al marcar uno de sus tres únicos dobletes con la camiseta nervionense jodiéndole en una liga al Madrid. Poco después, la guinda la puso en Varsovia al anotar el tanto de la victoria frente al Dnipro (3-2). Posteriormente, su marcha al Milán fue un fallo por su parte del que todavía, ahora en el Villarreal, se estará arrepintiendo.

Si hemos dicho que Carlos Bacca fue un mal suplente era porque Kevin Gameiro era todo lo contrario (145 partidos, 83 como titular y 67 goles en su haber). El francés presente en los tres títulos europeos sevillistas, tuvo un papel secundario, pero no menos importante en sus dos primeras temporadas para luego ser el delantero de referencia en la quinta Europa League marcando incluso en Basilea contra el Liverpool. Esa misma campaña le hizo un hat-trick al Getafe, acribilló al Celta con su velocidad en la ida de semifinales de Copa y ajustició al Shakhtar en la vuelta de las semifinales UEL. Este francés trotamundos, de profesionalidad intachable, era y es un correcaminos, un auténtico revulsivo y un depredador de forzar ocasiones de gol. Su efectividad no era alta, pero con poca que fuera le bastaba para sumar un gran número de tantos. Un auténtico incordio para los centrales y un arma de destrucción masiva al contragolpe. Es el jugador del Siglo XXI que más goles ha marcado desde el banquillo en la liga española donde ahora es ídolo en Valencia tras un paso defenestrado por el Atlético de Madrid. Que viniese Luciano Vietto por él en las postrimerías de una pretemporada donde a Sampaoli se le dejó sin delantero fue un insulto a la inteligencia.

Y, aunque Stevan Jovetic llegaría en el invierno de 2017 para estar unos meses, dejarnos con la miel en los labios y un sabor de boca formidable, ya estaba en plantilla Wissam Ben Yedder (138 encuentros, 70 goles). El morito. “Miarma” para los amigos. Un fenómeno del área, del espacio corto y de la efectividad. Un delantero que no destacaba en nada, que no gustaba a ningún entrenador y que se hinchaba a meter goles. Nuestro héroe de Old Trafford con su doblete destronando a José Mourinho. Pesadilla específica de Gerónimo Rulli y de la Real Sociedad. Autor de cinco hat-tricks, uno de ellos en el Ciutat de Valencia en un 2-6 que no solo suponía la mayor goleada de la historia a domicilio del Sevilla en LaLiga, sino además la verdadera prueba que mientras haya jugadores, los sistemas cerrados (y Pablo Machín era cuadriculado como él solo) no valen para nada. Falló un penalti en la Supercopa de España de Tánger en el último minuto cuando muchos se escondieron, cuando Ben Yedder estaba con pie y medio fuera “porque no tenía corpulencia”. Denostado y odiado por no forzar la prórroga ante el Barça, se reinvindicó con 30 goles en una sola temporada, una de las mejores cifras de un jugador en la historia del Sevilla.

POSICIÓN DE HONOR.
José Antonio Reyes. Para refrescar su trayectoria os recomiendo el reportaje de Jorge Decarlini en la revista “Panenka”.

No hace falta recordar que es lo que supuso José Antonio Reyes para el sevillismo la década pasada sacándonos de las tinieblas económicas en un progreso como futbolista acorde al crecimiento desde abajo de nuestro club. Tampoco hace falta presentaciones que es lo que ha supuesto en esta década el gitano de Utrera con su vuelta, con sus derbis ante el Betis, con sus títulos,…con esa instantanea de la Europa League al cielo de Basilea ofreciendo la copa a su afición (sin duda, la imagen del Sevilla de estos años 10). No hace falta describir lo que supondrá a partir de ahora…..y siempre con su desgraciada pérdida

Beto; Coke, Carriço, Pareja, Fernando Navarro; Rakitic, Banega; Jesús Navas, Reyes, Sarabia; Bacca.

Mi once de la década. Como ya habéis apreciado, si es que habéis llegado hasta aquí, que han predominado sobre todo el papel decisivo y estar en el momento preciso a la hora de ganar títulos; junto con su profesionalidad y su sevillismo demostrado fundamentalmente cuando a uno le toca, por razones obvias y que todo aficionado al fútbol comprende, de dejar el fútbol a la hora de mejorar las prestaciones laborales. Es solo una percepción subjetiva, seguramente injusta y que, por supuesto, anima a generar debate. Para terminar, solo espero que los años 20 de este Siglo XXI sean tan buenos como la primera década y como ésta segunda que finaliza, para algunos, hoy.

El mal momento de la cantera

No corren buenos tiempos para la cantera del Sevilla. Y es algo que no es nuevo. Los malos resultados vienen ya de largo y es algo para analizar desde el club (imagino que son conscientes de ello).

Y no será por falta de apoyo del club, donde es evidente las mejoras en infraestructuras y comodidades que en estos últimos años ha acometido en sus instalaciones.

Estos decepcionantes resultados no se refieren a los estrictamente deportivos (que también) sino a lo que verdaderamente importa y por los que el club hace un esfuerzo en su organigrama deportivo y económico: el sacar jugadores para la primera plantilla. Único fin de la existencia de la cantera.

Es cierto que con el crecimiento deportivo del club se hace mucho más difícil incorporar futbolistas que se equiparen al resto de la plantilla, que en su mayoría está confeccionada a base de fichajes millonarios. Pero es que en la mayoría de los casos, los jugadores más destacados de la cantera a duras penas se mueven por la segunda división o por ligas menores, casos como Matos (Twente), Carmona (Racing), Luismi (Valladolid), Cotán (Roda), Borja Lasso (Tenerife), Curro (Numancia), Ivic (Huesca), C. Fernández y Brice en el Granada, etc. Hay muchos más. Pero ni los nombrados, ni los no nombrados dan el nivel para jugar en el Sevilla.

Y para ser sinceros, y jugando un poco a “pitoniso” los Mena, Lara, Pozo, que son los jugadores más punteros actualmente, me temo que acabaran igual que el resto.

Solo Bryan Gil pudiera vislumbrar alguna posibilidad de ser un jugador importante, aunque tampoco es que sea yo muy optimista al respecto.

A modo de ejemplo (abro paraguas), todo lo contrario de nuestro vecino que a decir verdad en lo único que nos supera en esta última década es precisamente en sacar jugadores importantes: Ceballos (Arsenal), Junior (Barcelona) o Fabián (Nápoles).

Posiblemente los últimos jugadores de buen nivel (hablo de memoria) fueran Alberto Moreno, Campaña y Luis Alberto. O incluso Perotti o Fazio. Y ronda ya los diez años desde que esto ocurriera.

Por cierto, me llama mucho la atención el modelo de jugador que acompaña a esta mala racha en nuestra cantera. Me refiero a la baja estatura de la mayoría de los jugadores. Algo que creo que no es casualidad. Ya el director del fútbol base (Pablo Blanco) en una entrevista (MFB) ante la pregunta de cuál era el modelo de futbolista de la cantera del Sevilla contestó que ya no importaba tanto la altura, que el perfil del canterano se basa en que sean talentosos y dinámicos.

Pues yo pienso que más vale que se lo vuelva a plantear porque los resultados no le avalan. Aunque está claro que el problema no es solo de centímetros.

PEDRO GONZÁLEZ 29/12/2019

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