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Since 1890

En fechas recientes el Sevilla FC y la Base Aérea de Tablada descubrieron la placa conmemorativa del primer partido de fútbol nacional, que disputaron el propio Sevilla FC y el  Huelva Recreation Club, concretamente el 8 de marzo de 1890, poco después de la fundación del club hispalense el 25 de enero del mismo año.

A raíz de ello han surgido comunicados por parte de la sra. alcaldesa de Minas de Riotinto reclamando que esa fecha no le corresponde al conjunto nervionense, pues en su municipio ya se disputaron partidos de fútbol en años anteriores.

El apoderamiento por parte del Sevilla FC de símbolos y de historia no es nuevo, ya lo conocemos los Sevillistas, y además no es la primera vez que algún alcalde o alcaldesa nos han soltado los perros por motivos igual de fútiles que este. Aprovechando el acto en Tablada, alguien ha vuelto a poner de manifiesto el anti-sevillismo y ha movido una de sus tres ramas, en este caso, la de la Andalucía anti-sevillana. En este sentido, la información al respecto que aparece en un diario deportivo nacional, usa como soporte gráfico una placa inaugurada ya hace 10 años confundiéndola con el modesto monumento conmemorativo inaugurado el pasado viernes día 8 de los corrientes.

El hecho de que el Sevilla FC se fundara en 1890 no usurpa nada a nadie, pues equipos como el Huelva Recreation Club (posteriormente Real Club Recreativo de Huelva) fue fundado en 1889, y nadie lo ha puesto en duda.

Lo que sí echo de menos por parte del Sevilla FC, es presumir orgulloso de lo que tiene en sus propias instalaciones, y por eso no llego a comprender cómo se quitó el “Since 1890” que figuraba en las vallas publicitarias del estadio Ramón Sánchez-Pizjuán (segunda U Televisiva), tal como se puede apreciar en la foto que ilustra este artículo, situado perfectamente a tiro de cámara. Espacio que actualmente está exento de publicidad. Un lema que también debería figurar en los soportes publicitarios del estadio Jesús Navas, y en posición destacada.

Kiko Hurtado
PEDRO MONAGO 16/11/2020

Equilibrio

Decía un buen amigo hace unos días que había visto al Sevilla, en su primera parte contra Osasuna, con desidia. En general piensa (y bastante gente se suma a esa opinión en las redes sociales) que el equipo sale como desmotivado en los partidos de Liga, a diferencia de lo que pasa entre semana en los de UCL. A mí, que de fútbol entiendo lo justo, me cuesta creer que un jugador salga al campo desmotivado (si bien entiendo que es posible que haya partidos que le hace más ilusión jugarlos que otros) y por eso intento encontrar una explicación distinta.

No hace falta reiterar que, en un año de por sí muy extraño (por ser suave), el Sevilla se encuentra en una situación especialmente extraordinaria, debido a que la consecución de la UEL supuso que fuera el último en terminar de competir y el primero en empezar a hacerlo, sin prácticamente pretemporada. No tengo la menor idea de cómo lo harán, pero estoy seguro de que el cuerpo técnico y sus preparadores físicos tienen un plan para que esas circunstancias excepcionales se noten lo menos posible y dentro de ese plan estará sin duda que Lopetegui vaya haciendo rotaciones.

En este punto los aficionados no nos ponemos de acuerdo nunca, porque hay quien entiende esas rotaciones, pero también quien se acoge a la máxima “los mejores siempre en el campo”. Por mi parte, creo que es imposible aplicar esa máxima (y, de hecho, cuando por la razón que sea se lleva a cabo nos encontramos con lo que le ha pasado a Navas) y que a lo largo de la temporada es necesario ir dando descansos selectivos, porque estamos en una carrera de fondo.

Dicho esto, la siguiente cuestión es cuando rotar, si en los partidos de Liga o en los de UCL y tampoco en esto nos ponemos de acuerdo, porque se enfrentan la teoría de “la Liga es lo que te da de comer” (qué nos gusta a los aficionados al fútbol una sentencia) con la de intentar llegar lo más lejos posible en la máxima competición continental.

En mi opinión, en estas cuestiones, como en casi todas, hay que huir de las posturas extremas (mi máxima favorita es ni calvo ni con cien pelucas) porque una temporada es algo vivo, mutable, a lo que hay que ir adaptándose a medida que avanza. De entrada, como principio, hacerlo bien en UCL es para mí prioritario, no solo porque no tiene sentido tener como objetivo en Liga clasificarte para esa competición y luego relegarla a un segundo plano cuando la juegas, sino porque desde el punto de vista económico es absolutamente clave (quizás más en las circunstancias de incertidumbre actuales) conseguir el máximo de ingresos por esa vía. Ahora que se acerca la Junta General de Accionistas y que tenemos a nuestra disposición las Cuentas Anuales del ejercicio 2019/2020, es bueno recordar que las cuentas de una sociedad nos hablan (de hecho había pensado escribir sobre ello y abandoné la idea por cierta pereza en cuanto a posibles interactuaciones posteriores) y una de las cosas que nos dicen las del ejercicio cerrado en junio es que los ingresos por competiciones europeas son fundamentales para la viabilidad del proyecto.

Resulta obvio, entonces, que un primer objetivo es pasar la fase de grupo e incluso conseguir el máximo de victorias posibles, teniendo en cuenta que en la primera fase te encuentras, en teoría, con los rivales más flojos. Pero esto no quiere decir que la Liga no sea importante, porque, a su vez, es la que te dará la clasificación para UCL en el próximo ejercicio.

¿Qué hacer entonces? Pues creo que lo que intenta hacer el técnico, ir buscando el equilibrio, priorizando los primeros partidos de la fase de grupo y luego (imagino), una vez encarrilada la clasificación, inclinar la balanza de las rotaciones hacia esa clasificación y priorizar (los buenos al campo) en Liga. Obviamente la idea no es tener una mala racha como la que hemos sufrido recientemente, sino buscar el punto en el que, priorizando una competición, se mantenga viva la otra. Ocurre, sin embargo, que esto es fútbol, no matemáticas y que no todo sale como uno quiere, pero hay que arriesgar, sobre todo contando con que quedan más de 30 partidos y muchas circunstancias inciertas por venir. Mientras tanto, por mi parte, confianza plena.

ÁLVARO OCHOA 15/11/2020

El Sevilla – Krasnodar con público

Llevo días dándole vueltas a esto. Cuando acabó la primera parte se lo comenté a mi compañero de sofá. “Imagínate cómo estaría el campo ahora”. Con el Sevilla perdiendo 1-2 contra el Krasnodar y con un jugador menos en el campo. Tiremos de imaginación y vayámonos al principio. A la cola para entrar en el estadio, por ejemplo. “¡Venga, que nos perdemos el partido!”, se quejan en alto a los guardias algunos que salieron tarde del trabajo. Ya en la grada, ‘storie’ para Instagram con el himno de la Champions y comentario de equipo grande entre risas: “No conozco a nadie de esta gente”, refiriéndose a los rusos. Comienza el partido. Primeras ocasiones, primeros fallos en ataque y primeros comentarios sesudos: “No tenemos gol y así es imposible ¡Qué bien nos vendría Ben Yedder o Bengoechea”.

Minuto 17. El Krasnodar, que no había casi cruzado el centro del campo, se encuentra con una falta al borde del área. Shapi, no sabemos si pariente de Ferrer, marca. El runrún comienza, pero la mayoría del estadio confía porque el Sevilla ganó moralmente en Stamford Bridge, entre otros argumentos. Cuatro minutos después, el segundo acercamiento del conjunto ruso. Bulla en el área y penalti VAR mediante. Primeros silbidos. No se sabe si al árbitro, a Koundé, a Lopetegui o a Castro. 0-2 y petición de cambios. Tras un ratito de intentar recomponerse, llegan los cambios. Escudero y Koundé, “que ya vale cinco millones menos por lo que ha hecho hoy”, salen. Al rato, y tras varios ‘Échale huevos, Sevilla échale huevos’ de los Biris, Rakitic acorta distancias. La grada se viene arriba y la siguiente llegada del rival acaba en la tercera expulsión de Jesús Navas en toda su carrera. Muchos se levantan y piden explicaciones al banquillo, una costumbre tan del sevillismo como llevar la bufanda atada a la muñeca. Los jugadores se marchan al vestuario en un silencio maestrante.

En la cola del baño: “Escudero no está para jugar”, “cómo echamos de menos a Banega” y “nos está ganando un equipo que en España sería de Segunda”. Y en la de los perritos: “A ver cuándo ponen otra cosa que no sean perritos calientes… ¡qué estamos en Champions!” . La vuelta al asiento, tras pisar a un chaval con un 47 de pie, es la vuelta de los jugadores al césped. Tímidos aplausos, que sólo devuelve Vaclik al acercarse a la portería de Gol Norte. “Necesitamos un delantero de verdad”, le dice un hijo a su padre, que asiente con la cabeza malhumorado. Sale el delantero para muchos “de mentira” en el minuto 60 y mete dos goles de verdad en tres minutos. El estadio es una fiesta y la afición ha sido clave para sostener al equipo cuando más lo necesitaba con un jugador menos. “Ahora sacaba yo al Mudo”, dice uno mientras el cartelón anuncia el descuento. El partido acaba y la comunión con el equipo es total.

La prensa titula que ‘El Sevilla nunca se rinde’, ’90 minutos en Nervión son ‘molto longui’’ y demás tópicos mientras el atasco que forma el embudo de la grada baja de Fondo se soluciona. Tres puntos más y un partido menos del abono total. Ya sólo queda escuchar la rueda de prensa en la radio del coche y mañana a preparar el siguiente partido.

ALFONSO GENTIL 12/11/2020

¡¡¡Árbitro!!!… ¡sevillano!

Transcurrían los años sesenta. Sentado en el Estadio Colombino para ver jugar al Recreativo, mi familia y yo nos disponíamos a pasar una alegre tarde de domingo. Todo era festivo. Una merienda excelente me esperaba en el descanso del partido. En medio de este, tras una jugada algo confusa entre jugadores de los dos equipos, […]

DAVID MELERO 12/11/2020

Nada es como era

De pequeños somos tan ilusos que pensamos que la vida “de mayor” será más grata en comparación con nuestra añorada infancia. Lo teníamos todo pero “Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”. Personalmente me apetecía compartir mis experiencias futbolísticas que a día de hoy recuerdo con nostalgia. Natural de un pueblo de Cádiz, […]

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