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JOSÉ MANUEL ARIZA 02/09/2021

Los mares del sur

Saludos.

No, no me refiero a la magnífica novela de Vázquez Montalbán porque, entre otras cosas, no soy, ni pretendo ser, crítico literario. Solo soy lector sin fondo o formación pero ésa novela me gustó, entre tantas otras.

Tampoco a las idílicas isla del Pacífico por allí situadas, en el mal llamado “quinto continente”, colocado al final de la retahíla por el “primero” aunque quizás se podría invertir el orden perfectamente y puede que con más justicia o, al menos, con una muy distinta belleza, abrumadora, apabullante.

No, me refiero al proceloso mundo accionarial del Sur del sur y la fauna que lo puebla con sus ballenas, orcas, morenas, mantas, plancton… y escualos. Sobre todo, escualos:

Orden de peces elasmobranquios de cuerpo prolongado y fusiforme, con las hendiduras branquiales en posición lateral y la cola heterocerca y robusta. “El tiburón, el pez sierra y el cazón pertenecen a los escualos”

Hubo un tiempo en que no teníamos ni para balones (literal) aunque a los nacidos en la época más plateada y reciente, las “batallitas” de los abuelos les cueste trabajo digerirlo porque, los entiendo, solo han visto brillar al esplendoroso Sevilla FC del siglo XXI.

Hay otro tiempo, el ahora, que ya compramos balones a puñados (y coleccionamos Títulos) y el Mar del Sur se ha vuelto generoso, ahíto, atiborrado de nutrientes para todas las especies y sobre todo para los elasmobranquios, para lo tiburones. Ya Spielberg nos acojonó con su hiperrealista máquina de meter miedo a los bañistas, con sus dientes descomunales, desproporcionados y que en original se llamaba “Jaws”, mandíbula: una máquina devoradora que comía humanos con la misma facilidad que destrozaba un barquito de medio tamaño. Solo un tiro certero a una botella de aire comprimido pudo con él. Un tiro, una “humilde” bala, para liquidar a la bestia.

Si lo de Spielberg era una máquina pensada para distraernos hora y media, los escualos del Sur también aunque ésta sea menos tangible, menos aparatosa y puede ser, sería, el The End lamentable con sus títulos de crédito incluidos. De hecho, casi son solo papeles con datos (negro sobre blanco, tinta o incluso bites) pero devoran de la misma manera y facilidad o quizás más, demostrado, porque ejemplos hay siguiendo el reguero de sangre por ésos mares de césped. Pretende arrasar la robusta nave en que se ha convertido el rey de los Mares del Sur, el monarca indiscutible. Tan robusto, orondo y apetecible se ha vuelto que la jauría de tintoreras acechando (iba a escribir “con la boca hecha agua” pero no parece apropiado dado el contexto) para el festín.

De la mano del “amigo” americano y de los quintacolumnistas que los colocaron ahí, los Jaws de los tres 7 (three sevens que los otros, los de la lejía, son muy nuestros y limpian. Éstos ensucian y dejan el solar hecho un estercolero) amenazan con hacer un Afganistán en Nervión. O un Vietnam. O arrasar, llevarse los dividendos (que para ellos suman y no dividen) y si te he visto… lo de siempre porque es el mercado, amigo. Tierra quemada, mar muerto como bien saben en el de los girondinos. Quizás sea necesario que aparezcan los jacobinos con el Pueblo detrás.

Y ya sabemos que el mercado, amigo, no conoce fronteras y no tiene colores ni pasaportes.

Porque si la Nave del Sur no tuviera excelente carne y sabrosos lomos, los marrajos no rondarían el Mar de Nervión. Probablemente estos escualos no consuman sardinillas, boquerones ni otros sabrosos pescaditos menores y solo ataquen piezas grandes. También deben saber que los tiburones no tienen vejiga natatoria y por tanto, no se pueden parar: tienen que estar siempre en movimiento o se ahogan, lo que no deja de ser paradójico.

En el año largo del virus, a nosotros nos habían contagiado antes con otro, con el de las Jaws. Lo hicieron “leales” sevillistas con banderitas, escudos, gritos estentóreos y lacrimosos de pasión desbordante, contagiosos. Cornetas de llamada a las armas para que, como desde hace siglos, los generales permanezcan en retaguardia, lejos de lo fragores de la batalla. Controlando el control y que al frente acudan las tropas de a pie, lo paganos, las fuerzas de choque que dejan sus vidas en el empeño.

No habrá medallas para los caídos.

Hasta la muerte.

Cuidaros.

Distancia

Dicen que la distancia es el olvido, pero yo no concibo esa razón. La ausencia es fuente de inspiración del poeta, es añoranza que activa el sentimiento, y es fuerza que nos une más a lo que queremos. Hoy quiero traer a este patio de columnas el recuerdo de lo vivido, y también un tributo a todos los sevillistas que por destino, amores, motivos profesionales y otras causas, viven su sevillismo lejos de la sombra de la Giralda.

Como siempre, acudir a personas y situaciones concretas puede ofrecernos una visión más acertada del asunto. Vamos a pasear brevemente por esta galería de sevillistas que han crecido en la fe sin ver, cantan sin oír, sufren y gozan sin estar, pero que no son del Sevilla, sino que son el Sevilla F.C. allí donde se encuentren.

Juliana era una gran señora castellana, recia pero cariñosa, guapísima y elegante, ante la que un notario de pueblo cayó rendido allá por los años 30. Diez años antes, este letrado había sido jugador del Sevilla F.C. mientras estudiaba Derecho, con aquella línea del miedo que creó la escuela sevillista. Y claro, el roce y el tiempo hicieron de ella una gran amante del fútbol. No faltaba un domingo a la grada del viejo Nervión, y siempre decía que nunca hubo un jugador como Juanito Arza. Se fue de Sevilla a Madrid en el año 59, y ya muy mayor, no podía dormir sin enterarse cómo había quedado el Sevilla, y sufría cuando el equipo navegaba por aguas bajas. El día antes de morir, con 99 años recién cumplidos, sonrió cuando le dijimos que el equipo iba el primero en la clasificación.

José Ramón es un sevillista que llegó a la ciudad con 13 años, y que solo recordaba hasta entonces la letanía gloriosa repetida por su padre con la alineación que conquistó el título de Liga -Busto, Joaquín, Villalonga, Alconero…-, alguna tarde de entrenamiento en la Ciudad Deportiva, y un balón de hexágonos rojos y blancos que no tocaba mal con la izquierda. En los 80, subía con su hermano y sus primos hasta la grada alta de Gol Sur, y allí lo atrapó para siempre la filigrana de Enrique Montero, la sutileza de Bertoni, los tiros de Scotta y la maestría de Francisco. Hoy, entrado en los 50, vive en Bruselas y late en su corazón un escudo más grande que el del mosaico. Presume de sevillismo en el corazón de Europa, y sus amigos y colegas del trabajo participan de la marcha del equipo para comentar con él su pasión rojiblanca. Se le atribuye alguna conversión a la causa entre ellos. En Eindhoven no pudo reprimir su alegría, igual que cada vez que gana el Sevilla.

Alex es un joven universitario que cursa sus estudios en Warwick, una preciosa ciudad del Reino Unido. Sus amigos ingleses y de otras latitudes cantan nuestro himno con toda su letra, y la bufanda de un partido que pudo vivir en el Ramón Sánchez Pizjuán, preside la salita del pequeño apartamento donde reside. Los fines de semana, se las arregla para ver el partido en algún pub donde ya le conocen, y donde ha generado una corriente de simpatía y afición por el Sevilla.

Tres generaciones, miles de sevillistas en la distancia y un solo sentimiento compartido que funciona como un resorte de alegría, arraigo, pertenencia, complicidad y pasión. Ellos son parte esencial de esta patria nuestra, que extiende su soberanía por todo el mundo.

Larga Vida.

Aficionados sevillistas en la grada del Campo de Sport del Sevilla FC de la Avenida Reina Victoria. fuente: Archivo Sevilla FC
CARLOS ROMERO 30/08/2021

La historia en los clubes de fútbol

Venía dándole vueltas desde hace algún tiempo a algunas cuestiones relacionadas con la historia y el fútbol, en cómo esta es percibida por los aficionados, los dirigentes y por los distintos agentes que intervienen en la industria, porque ya es industria nos guste o no, y la utilidad que tiene para un club.

En primer lugar, decir que caemos habitualmente en la equivocación al pensar que la historia de un club es eso hasta donde alcanza nuestra memoria, hablamos de los mejores jugadores del pasado, por ejemplo, como de aquellos que vimos jugar. Craso error, en el caso del Sevilla FC habría varias generaciones de sevillistas, nuestros padres, nuestros abuelos e incluso nuestros bisabuelos, que discreparían enormemente de nuestra percepción. La historia es un todo, pero al mismo tiempo incomparable en sus determinados estadios y épocas, además de las obligada perspectiva y contextualización.

Así, no podríamos comparar un jugador de la importancia de Kinké ubicado temporalmente en los años 20 del siglo pasado, que lo fue todo para el modo de juego legendario del Sevilla FC y que ganó casi la totalidad de lo que se puso en juego en el sur de España junto a la “Línea del miedo”, con Kanouté, jugador de “La generación del Centenario”, otro jugador que aportó una grandeza al club inmensa, pero en dos etapas y circunstancias muy distintas. Nuestros bisabuelos no dudarían en decir que el mejor jugador de la historia sería Kinké, muchos de nosotros, actualmente, nos decantaríamos por otro, por lo tanto, sería necesario hacer pedagogía sobre estas cuestiones, nuestros abuelos vibraron y disfrutaron de la misma forma con Kinké o Spencer como nosotros los hacemos contemporáneamente con Navas o Palop.

“La historia hace posible que se refuerce el sentido de pertenencia al club, y ancla la fortaleza de los aficionados globales con su institución”.

Cambiando de tercio, me gustaría comentar la percepción de lo que debe ser un departamento dedicado a la historia en un club, algo que puede chocar, cada vez menos, pues muchos se peguntarán qué hace un área de estas características en un club de fútbol.

La respuesta es muy sencilla, más tratándose de un equipo con más de cien años de recorrido histórico, es precisamente que es algo implícito e indisoluble en la institución, está ahí queramos o no, no nos podemos deshacer de ella, incluso si este club desapareciese -rogamos a todas las deidades para que eso nunca suceda- la historia seguirá ahí para siempre. Además, ha producido ingentes cantidades de enseres en forma de plata y documentos que hay que atender y cuidar.

Pero mientras en otros países, especialmente Reino Unido, donde sólo es necesario darse una vuelta alrededor de sus estadios para respirar la historia de los distintos clubes -ocurre igual en Alemania, Francia, Portugal, y otros tantos países- en España es algo que aún tiene que abrirse paso. La historia para el Manchester United, por ejemplo, ejerce una presión sobre sus rivales y obliga a una exigencia del propio club. Enfrentarse al ManU es competir con un club inmenso, esté bien o esté mal en ese momento, competir con el equipo de la Trinidad de Best, Charlton y Law presentes en el ADN a jierro. La historia lo envuelve en un halo de gloria, despierta la admiración de propios, pero lo más importante, de extraños, que terminarán aficionándose y afiliándose globalmente siendo parte y eje fundamental de los objetivos estratégicos.

“La historia es un nexo en común de todos los componentes del club, les une ante la competición, potencia la identidad, y posibilita una idiosincrasia que les hace sentirse únicos”.

Así lo vemos en otro país, Portugal por ejemplo, un club como el Benfica que alberga 250.000 socios globales además de los abonados en su propio estadio, para el que la atención a la historia es imprescindible e innegociable en sus estructuras, de hecho cuenta con un departamento con 28 empleados, laboratorio propio para el cuidado de sus enseres históricos, instalaciones impresionantes para almacenarlos con control de temperatura y humedad, y algo muy importante, un museo en el que invirtieron 10 millones de Euros que es considerado como un santuario para sus seguidores. Por cierto, si tenéis oportunidad os aconsejo que lo visitéis.

Es curioso cómo los clubes más importantes del mundo prestan una atención suma y especial a sus departamentos de historia. Otros ejemplos podrían ser River Plate, Boca Juniors, Dortmund, Bayern, Oporto, Liverpool, etc. algunos de ellos con un presupuesto claramente inferior al del Sevilla FC. Cuanto menor importancia den a su historia, menos importantes son.

La evolución del fútbol de élite obliga a los clubes a esto, afortunadamente, el Sevilla FC cuenta con un departamento histórico que es pionero en el fútbol español, y es además modelo para otros clubes que comienzan a plantearse estas cuestiones como un hecho estratégico. Son varios con los que he tenido la oportunidad de compartir experiencias y formas de trabajo en este sentido para su implantación.

Pero claro, el Sevilla FC, además, cuenta con todos los ingredientes históricos necesarios para ser un club mítico, alberga elementos físicos e intangibles que son únicos a nivel nacional e internacional. Su propia historia obliga al club a estar a la altura necesaria y todas sus acciones están condicionadas por ella, es uno de los parámetros de la grandeza. El Sevilla FC es el club más grande del sur de España, está por ver si lo es del sur de Europa por el peso de su historia y debe actuar en consecuencia.

Pero como decía, en España aún estamos a años luz de estos otros países que lo tienen muy claro desde hace bastantes lustros. Nos llevan una ventaja astronómica. Cuando varios lustros atrás ellos comenzaban a darse cuenta del filón que supone la historia como eje estratégico, nosotros estábamos discerniendo sobre si era necesaria hacer una web oficial y discutiendo su utilidad para un club. Plantearse si un club debe tener una web hoy en día sería impensable.

Y en esas estamos, en ese momento en el que sus dirigentes discuten si la atención a la historia es necesaria y si tiene utilidad para un club. Picando piedra nos hallamos para fabricar hachas y puntas de flecha, creo que todavía nos queda alguna que otra generación de distancia para que los dirigentes de los clubes españoles asuman plenamente esta necesidad, los hagan evolucionar, y deben asumir que la historia está en las antípodas del mercantilismo, porque es la esencia y la que cose la fidelidad de sus aficionados.

Y me gustaría terminar este popurrí y mezcliche de apuntes con un par de cuestiones. Los representantes de la historia del fútbol la ostentan los propios clubes a través de sus historiadores, que ya no son sólo historiadores, sino juristas, antropólogos, museólogos, estadísticos, lingüistas, incluso economistas por eso de que la historia es una ciencia social y debe analizarse interdisciplinarmente desde distintas ópticas. Y digo esto porque me da la risa cuando leo que tal ‘historiador’ ha dicho algo en Twitter, máxime siendo un aficionado, o que alguna asociación desnortada sentencie una teoría peregrina. Ni caso. La historia pertenece a los clubes, a sus departamentos, y son los únicos órganos creíbles y autorizados por ser oficiales y profesionales, son el único conjunto real de historiadores en España a tener en cuenta.

Terminando, el historiador no es un señor/a que se acuerda de cabeza de tal partido o de los goles que marcó tal jugador, que podría ser también, (si me preguntasen en frío, depende de qué, seguramente no sabría responderles, no recuerdo siquiera un partido de la temporada pasada) sino que trabaja en función de una disciplina, y atiende la historia globalmente, sus contextos en las épocas en los que sucedieron los hechos, los personajes, las causas, las consecuencias, escenarios, las influencias políticas, y, cómo no, la recopilación de datos objetivos: goles, partidos, puntos, clasificaciones, jugadores, presidentes, etc.

La historia es algo que se estudia y se aplica.

JUAN LUIS FRANCO 26/08/2021

Liderato y zarandajas

Carpe diem, sevillistas. Estamos en agosto y un terremoto con epicentro en el despacho del director deportivo del Sevilla FC está haciendo temblar a más de uno. Monchi está dejando la ventana de fichajes como la vidriera del rosetón de la Catedral. Liderato, 2 partidos, 6 puntos, 4 goles a favor, 0 en contra. Esto […]

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