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ÁNGEL CERVANTES 06/11/2019

Aquella primera tarde

El dulce recuerdo de la primera vez se aferra a la memoria temprana y se proyecta en la madura casi con el mismo vigor con el que surgió de la nada. Parece ser, leemos, que en el primer tramo de la vida el llamado hipocampo funciona a pleno rendimiento. Se trata de una parte del cerebro ubicada en el sistema límbico, y está muy implicada tanto en los procesos mentales relacionados con la memoria como en los vinculados con la producción y regulación de estados emocionales. Esta ocurrencia va por tanto de recuerdos y sensaciones unidas al sevillismo de primera hora, vista desde la atalaya de una edad demasiado adulta.

Aquella primera tarde supuso el condicionamiento posterior en los hábitos de vida de una persona que, 43 años después, todavía siente el inconfundible cosquilleo que anuncia la proximidad de un partido que su equipo va a disputar como local. Aquel rito iniciático, definitivo, se celebró en Nervión la tarde del domingo 8 de febrero de 1976. Un recién ascendido Sevilla FC, entrenado por Roque Olsen, recibía la visita del FC Barcelona del gran Johan Cruyff, flanqueado por ilustres clásicos del calibre de Migueli, Asensi, Marcial, Neeskens, Sotil o Heredia. Nuestra alineación la abría el Súper bajo los palos (camiseta roja, calzón azul, medias blancas con vueltas rojas y gorra). Los compañeros de gesta fueron Hita, Gallego, Pulido, Sanjosé, Blanco, Rubio, Lorant, Plaza, Alonso y Biri Biri (durante el partido entrarían Jaén y Lora). Sucedieron muchas cosas, todas inolvidables. Para atenerse a las consecuencias solo hay que dejar caer la vista en el carnet que se sacó por primera vez tres años más tarde. Así hasta hoy, sin descanso. Ganamos 2-0, marcaron Lorant, de penalti, y Enrique Lora. El técnico alemán del Barcelona, Hennes Weisweller, tuvo la infeliz ocurrencia de sustituir a Cruyff en el minuto 70 por un tal Mir. Fue el detonante de un enfrentamiento abierto que terminó con la dimisión del entrenador en los primeros días de abril.

El mejor jugador del mundo en su época y uno de los más grandes de la historia arrojó con rabia el brazalete de capitán al césped, antes de enfilar la escalera del vestuario. Poderoso como pocos, genial hasta decir basta, pero derrotado sin paliativos por el Sevilla FC, una leyenda acababa de morder el polvo en el Sánchez-Pizjuán. Hay cosas, y la vinculación con el equipo de fútbol de la vida de uno es un magnífico ejemplo, que deben comenzarse a lo grande. Se hizo, se reforzó y, mucho nos tememos, se extinguirá únicamente cuando llegue el último suspiro.

Mestalla

Con cariño recuerdo un chiste de Agustín Embuena: “Me duele la cabeza como el campo del Valencia, y…¿por qué? Porque me estalla”. Hago la cita porque en la jornada 11ª del 88º Campeonato Nacional de Liga (CNL) nuestro SFC empató a uno en Mestalla, y lo normal allí es volver de vacío, si no peor. A priori, en otras circunstancias sería un resultado aceptable. Estadio difícil, con una hinchada fiel que de vez en cuando pierde los papeles. Pero, viendo lo sucedido el Miércoles ante un VCF con bajas sensibles, la impresión general es que se perdieron dos puntos por errores propios. Debates aparte sobre delanteros preferidos y otros condenados al ostracismo, sobre sistemas o dibujos tácticos y otras cuestiones de las que no soy experto, es un hecho la falta de gol que condenó al equipo a perder dos de los tres puntos que tenía prácticamente en el bolsillo. Así, que nada más lejos de mi intención justificar el empate con ningún matiz.

Pero es a eso a lo que voy, los matices. Uno, el empate “che” se produce tras una inexistente falta botada impecablemente por Parejo, y dos, al menos dos jugadores locales debieron ser enviados a la ducha antes del descanso, especialmente un sobre-excitado Gayá, que curiosamente acabó sin ninguna amonestación. Tal vez con otro “refferée” y con jugadores avezados en la provocación, hubiese sucedido. Mas no fue el caso, y el sevillismo asume que los dos puntos se pierden no por las decisiones de Del Cerro Grande, sino por la mencionada falta de gol, y por un fallo colectivo en la defensa que permite el remate de Sobrino.

Explico esto porque de un tiempo a esta parte, la afición valencianista vive en una excesiva animadversión contra el SFC. Dado que en la ciudad del entrañable Cabañal, su decano balompédico, Levante UD, cuenta poco, el gran club blanquinegro era el llamado a dirigir la rebelión contra la manipulación del CNL por los dos y medio de siempre, pero como se dijo entonces, se vendió por una “pringá” al duopolio+uno, lo que no le ha servido para instalarse en la élite de forma permanente. Su centenario sólo le ha servido para meter en sus vitrinas la Copa de 2019, porque los vaivenes institucionales que viene soportando desde 2014 han tenido idéntica traducción en el terreno de juego, clasificaciones para “Champions” han alternado con peligrosos coqueteos con el descenso, y viendo además como su más antiguo rival urbano, Levante UD, se le aproxima.

Tal animadversión, la veo injustificada y excede en mucho la normal rivalidad entre clubs potentes que a menudo pugnan por iguales objetivos. Si una eliminación en semifinales de la UEL hace ya la friolera de 5 años, por muy en el descuento que fuese, o porque en la ida uno de los goles del SFC fuese polémico, va a significar una enemistad eterna entre clubs y aficiones, entonces todos en la Liga tendríamos razones para odiarnos. Listas de agravios las podemos hacer todos. Y si no, que pregunten en Valladolid tras la visita del gran club “che” la última campaña.

La hostilidad viene de largo. Un recién llegado J.B. Soler a la presidencia intentó estrenarse en el cargo aprovechando una confusión en la sustitución de Aranda por Pablo, (colegiado madrileño Esquinas Torres, minuto 86 con el SFC venciendo 1-2 en Mestalla en la jornada 7ª de la temporada 2004-05) para acusar al SFC de que por segundos jugó con 12 jugadores y ganar así en los despachos lo que su equipo no pudo hacer en el césped. Lo peor no fue su sucio intento de sacar rédito de lo que fue un partido bronco por ambos lados, mal arbitrado, y a corriente de la “fama” que desde la prensa capitalina se daba ya al SFC (eran los tiempos de la “alarma social” y las “entradas de oficio” del Comité de Competición, pero solo contra el Sevilla), sino su insinuación de que el SFC había intentado burlarse del VCF y su afición. Creo que allí, desde aquél 17-102004 empezó a cruzarse una línea roja aún no reconocida.

Amadeo Salvo, soltó una rajada al término de la ida de aquella semifinal de la UEL 2014 que incendió Mestalla para el partido de vuelta. El “M´biazo” en el minuto 94 hizo el resto. Ni Soler ni Salvo tienen ya relevancia en el fútbol, afortunadamente.

Las declaraciones de un tal Espíritu Santo, en la 1ª jornada del CNL 2014-15 en las que espetó los partidos que llevaba el Valencia contra el SFC sin terminar con once. Alguien desde la cúpula del club debió aleccionar al portugués. Pero suma y sigue, y claro, uno ve en TV primeros planos de un Gayá desencajado, o la agresividad de Garay, Ferrán y G. Paulista, y se pregunta por qué. Indiscutiblemente tiene que ver con algún sector de la prensa valenciana afín al club de Mestalla. Así, rebuscando, me encuentro fechado el 25-11-2016 en la columna “Polémica”, sección Súper Deporte del diario LEVANTE EL MERCANTIL VALENCIANO, un artículo de Marta Costa, “El ranking de los atracos al Valencia en Sevilla”. Ya el título da miedo, pero cuando se lee, se entienden ciertas cosas. La periodista hace una relación de “afrentas” perpetradas por el SFC contra un Valencia siempre necesitado, como si los demás no contásemos ni tuviésemos aspiraciones, centrándose en la Copa del Rey de 2009 y en la mencionada semifinal UEL de 2014. Termina su panfleto con un listado de expulsiones de valencianistas en el RSP desde 2011 hasta 2016. Omite la razón de tales expulsiones, solo da el dato estadístico. Precisamente, el choque con el que abre su lista, 6ª jornada del CNL 2011-12, en el que cita la expulsión de Adúriz, muy conocido como el mago del salto sin codos, no escribe que desde la 1ª parte el SFC tuvo que sostener un 1-0 con nueve jugadores por decisiones del colegiado asturiano, el repeinado y ahora televisivo, Muñiz Fernández.

Nada ha cambiado. Manolo Montalt, en PLAZA DEPORTIVA, en vísperas del choque último se ceba en las expulsiones de valencianistas en los últimos… ¡24 partidos!, minusvalorando las sufridas por el SFC al mismo tiempo. Y lo escriben en referencia a un equipo que es el que presenta más expulsiones en la Hª. de la Liga. Nosotros no le vamos a la zaga, todo sea dicho. Pero tal dato, que sería resultado de otro análisis, allí se enfoca contra el SFC. Guste o no, el SFC crea condiciones para que profesionales que no triunfan en determinados clubs sí lo hacen aquí. Palop, Banega, Emery, Javi Navarro… pudieron triunfar en Mestalla, pero lo hicieron en el RSP. ¿Es eso lo que molesta?. Pues es lo que hay, asúmanlo, señores “chotos” del viejo Algirós y todo irá mejor. Del mapa no nos vais a borrar, con Lim o sin Lim, otros más poderosos lo han intentado sin resultados. Espabilen, vean que el enemigo del VCF no está en Sevilla, y espero para la próxima vez que nos desplacemos a la Avdª.de Aragón, degustar fartons y horchata en Santa Catalina, aunque perdamos, en la única ciudad de España en la que mi primer apellido se pronuncia bien y a nadie extraña. Vamos a llevarnos bien.

JOSÉ MANUEL ARIZA 01/11/2019

El 58%

Saludos.

Desde su Fundación en enero de 1890, el Sevilla FC ha logrado tapizar sus vitrinas con 31 títulos oficiales (y un sinfín de otros no considerados como tales). Innumerables trofeos, de mayor o menor transcendencia, decoran orgullosos las paredes de nuestro Museo. Atesorados, también, muchísimos más debidamente almacenados, ordenados y catalogados en las dependencias del Ramón Sánchez-Pizjuan. Necesitaríamos un espacio expositivo doble o triple para mostrarlos todos. Y también los hay de muy diversas especialidades deportivas, en todas las cuales lucieron vanidosas el Escudo del Decano de fútbol sevillano, del más Grande Equipo andaluz de todos los tiempos.

Veamos la distribución de ésos que llamamos “oficiales” y que son las competiciones organizadas por Federaciones legales, nacionales e internacionales tales que La Liga, la RFEF y la UEFA:

-1 Liga.

-5 Campeonatos de España (Copas en sus diferentes denominaciones: Presidente de la República, del Generalísimo y del Rey)

-5 Copas de la Europa League (Copas de la UEFA y EL).

-1 Supercopa de Europa.

-1 Supercopa de España.

-18 Campeonatos de Andalucía.

Fíjense en el último dato porque debemos insistir en ello: ganados 18 Campeonatos de Andalucía.

En la próxima edición del Campeonato de España-Copa del Rey (temporada 2019/2020) participarán de forma directa, eliminatoria y en distintas fases 116 equipos: 42 de Primera y Segunda, 28 de Segunda B, 32 de Tercera, 4 semifinalistas de la Copa Federación y 10 equipos de las primeras divisiones regionales por el mero hecho de militar en ésas categorías… pero no siempre fue así:

Para poder competir por el Campeonato nacional, había que superar “liguillas” territoriales y solo los vencedores optaban a representar a la zona frente a las demás regiones.

En 1915 se crea la hoy denominada Federación Andaluza de Fútbol (entonces Federación de Clubes de Football del Sur de España o Federación Regional Sur) presidida a la sazón por Paco Alba, Presidente del Sevilla Football Club. A finales de ése mismo año, se organiza el primer Campeonato andaluz que habría de disputarse hasta en 21 ocasiones (hubo algunas otras posteriores pero no se las considera como tales). Ésa primera edición, por cierto, la conquistó el desaparecido Español FC de Cádiz.

Sin duda que habrán advertido que las cursivas en negritas no se han colocado ahí gratuitamente. Habrán advertido, también, que de 21 Campeonatos, el Sevilla logra 18 (subcampeón en las otras tres). Ésta proporción abrumadora significa que el 85% largo de los títulos nos los quedamos los de Blanco y Rojo y que, dicho sin aspavientos, apabullan inmisericordes en el Sur.

Como dato destacable, cabe señalar que TODOS los trofeos, todas las COPAS, que se pusieron en juego, las posee el Sevilla FC. Se diseñó con una fórmula que sigue vigente en la mayoría de las competiciones: se queda la copa en propiedad el Equipo que logre tres campeonatos seguidos o cinco alternos. Hubo, no obstante, un cambio en ése diseño tras la que conquistara el Real Betis, su único título, en la temporada 1927/28: se otorgaría la propiedad del trofeo anualmente.

Igual quisieron motivar o incentivar a los demás Equipos ante el dominio sevillista; igual se tratara de una promesa a corto plazo (como tantas otras, fallida); igual se persiguiera que no solo un Equipo pudiera lucir el trofeo… no pudo ser porque el Sevilla FC ganaría todo lo que se disputó hasta la desaparición definitiva del Campeonato.

[Al hilo y es constatable: el tamaño de las copas sufrió una merma notable, en tamaño y calidad, tal como puede observarse en el Museo del Sevilla FC, después de la nueva disposición de 1928 y aun así, allí están]

Pues bien y como estoy seguro que han adivinado, de los 31 títulos oficiales que posee el Sevilla FC y que enseña vanidoso en sus vitrinas, el 58% de nuestro palmarés lo componen Copas del Campeonato de Andalucía. Dicho de otra forma, más de la mitad de la plata oficial que guardamos avariciosos, la logramos sin salir de la tierra, machacando y apaleando a los vecinos de Málaga, Cádiz, Huelva… y la propia Sevilla (torneos a modo medieval y sin olvidar que el fútbol es un juego de guerra que se practica en la paz) siendo, con diferencias abismales (nuestro inmediato seguidor solo tiene 4 títulos oficiales, casi 8 veces menos) el dominador absoluto del Football en el inmenso Sur de España.

Más tarde, el Sevilla FC ampliaría su dominio y sus conquistas a la Europa League donde por ahora y supongo que en mucho tiempo, tardarán en empatarnos.

Pues ése 58% de títulos, ésas 18 Copas de Andalucía, son tan oficiales como puedan serlo las 5 de la EL, la Liga, las 5 del Rey o las 2 Supercopas. Exactamente el mismo valor.

Así, cuando hablemos de títulos, recordemos siempre que más de la mitad los conseguimos sin abandonar la región y que brillan tanto como puedan deslumbrar los demás. Y que cuando nos saquen las 5 “güefas” (otros suelen hacerlo muchísimo más que nosotros mismos y con lo que se supone pretenden minusvalorar algo que no poseen ni en sueños) podríamos responder tranquilamente y… “18 Copas de Andalucía”.

Desde Madrid se nos denominó como “el Eterno Campeón de Andalucía” y verán que no supuso un título baladí, ni moral, porque éste sí es tangible y constatable.

Cuidaros.

Archivo Autor
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