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Canal Sur

Una difícil comparación

La confrontación FEF-LFP empaña la ilusión por el comienzo de la temporada 2020-21. El llamado “caso Fuenlabrada”, la polémica de jugar lunes y viernes, los intentos de mediación del CSD, politizan ya el fútbol nacional provocando colisión entre, aficiones, ciudades, partidos políticos y hasta administraciones. Todo ello no hace nada más que generar confusión entre los aficionados que ya no saben cuáles son las competencias reales de cada institución relacionada con el fútbol.

Como todos mis artículos, escribo desde el sentimiento sevillista y para sevillistas, nunca me referiría a este asunto que en principio no afecta al SFC de no haber resurgido el Sr. Lendoiro, ex -presidente del R. C. Deportivo  con el que el entrañable club coruñés vivió sus mejores momentos, haciendo una comparación entre lo ocurrido con el final de la Liga “Smartbank” y la Crisis de los Avales de Agosto de 1995, que tanto daño nos hizo a los sevillistas. Argumenta el buen exmandatario deportivista que, en justicia, debe procederse a ampliar la Liga “Smartbank” a 24 equipos. Por esa vía el  Deportivo mantendría la categoría que, desgraciadamente, ha perdido en el terreno de juego esta temporada.

Entiendo que toda la familia deportivista intente todo cuanto esté en su mano para que su histórico club no abandone la LFP, pero pedir una ampliación de la Smartbank citando como antecedente la solución que se dio al conflicto de Agosto de 1995 que involucró a  R.C Celta, SFC, Albacete Bal. y Real Valladolid, no procede porque hay algunos matices y otros precedentes que deben tenerse en cuenta.

El primer matiz es que, a diferencia de lo ocurrido en la jornada 42 ª de la “Smartbank”, la Crisis de los Avales fue debida en gran medida a un enfrentamiento entre el secretario  general de la LFP  Jesús Samper y el presidente del SFC, Luis Cuervas. La bisoñez del organismo, creado en 1984, y el carácter impulsivo de ambos mandatarios derivó en un choque de trenes. La LFP invitó de inmediato a los descendidos esa temporada (Albacete Balompié  y  Real Valladolid) a ocupar las plazas de RC. Celta y SFC, lo que dificultó enormemente una solución pactada y el asunto se politizó debiendo intervenir el CSD ante la situación creada con manifestaciones en las cuatro ciudades afectadas. Ahora, podrá o no existir un enfrentamiento entre los máximos dirigentes de la FEF y la LFP, pero no entre el Consejo del Deportivo y la LFP, hasta esta situación, claro. Lo que sí hay en común es el intento del CSD de mediar.

El 2º matiz es que, en 1995, el SFC había quedado 5º (puesto UEFA) en el CNL y el R.C. Celta, 13º. El Deportivo en 2020 ha quedado en puesto de descenso, independientemente de las reclamaciones judiciales que tenga sobre su partido contra la Extremadura UD, la visita con contagiados de COVID-19 del Fuenlabrada, y sobre la anulación completa de la jornada. Escrito de otra forma, el Deportivo llegaba a la 42ª en descenso y solo una difícil carambola lo salvaría.

El 3º matiz es un precedente de 1987. Hay otro de la temporada 1939-40, que no voy a referir ahora, pero el de 1987, el año de los play offs a seis tras la liga regular con que finalizó el último CNL a 18 equipos, sin duda lo debe recordar el Sr. Lendoiro. Se decidió una reestructuración aumentando el torneo a 20, de 1ª División solo bajaría uno, el último, y subirían cuatro de 2ª División. Antonio Baró era el presidente entonces de la recién creada LFP y José Luis Roca de la FEF. El último en 1ª División esa temporada (1986-87) fue el Cádiz CF de don Manuel Irigoyen, a la sazón directivo de la RFEF y gran conocedor de los entresijos del fútbol español. El presidente cadista  aclaró que el descenso de 1ª a 2ª era de tres, sin precisar el orden, así que si “a posteriori” se decidía un cambio de reglas del juego, habría que dilucidarlo entre los tres últimos. Le dieron la razón, hubo un “play off exprés” entre C.A. Osasuna, R.C. Racing de Santander y Cádiz CF. Y éste se salvó.

El  4º matiz, se refiere concretamente al Sr. Lendoiro.  Se oponía claramente a la ampliación a 22 del CNL. Argumentaba que su club estaba en “champions”, que no habría fechas, que era una locura…  Hay que tener memoria para todo, sólo hay que visitar las hemerotecas. A los sevillistas, supongo que a los “celtiñas” también, nos dolió mucho aquello. La afición del SFC escribió el 2-8-1995 uno de sus capítulos más hermosos al manifestarse por las principales arterias de nuestra ciudad hasta el Ayuntamiento solicitando justicia ante aquél atropello fruto de malentendidos, de novatos y de choque de caracteres. Supongo que la afición deportivista habrá hecho lo propio desde el 22-7-2020 en las redes sociales, que es donde ahora se influye.

Con tales matices no deseo disculpar en absoluto la chapuza de la última jornada en la “Smartbank” propiciada por el interés de la LFP en acabar el CNL como fuese ni quitarle razón al R.C. Deportivo y su sufrida afición con la que tantos lazos nos unen. Ampliación ya no va a haber, el CNL 2020-21 ha comenzado ya y el CD Fuenlabrada y SD. Ponferradina  han jugado  la 1ª jornada. Vía justicia ordinaria, podrá existir compensación económica al Deportivo, pero de haberse producido la ampliación demandada, o hubiese sido a 26 (sin descensos) o a 24 con un “play off” a cuatro: Deportivo, Numancia, Extremadura y Racing.

Creo, una vez más,  que se está perdiendo una magnífica oportunidad para racionalizar el nº de equipos en la LFP y diferenciar claramente el fútbol profesional del que no lo es. Nada ocurriría si se hacen dos grupos de 13 o 14 clubs en la Smartbank para una o dos temporadas, y, tal como se va a hacer en las categorías de la RFEF, dejar ya la cantidad de equipos en la vieja 2ª División en 20. Pero los dineros de las TV andan de por medio, y así, es muy difícil.

De lo que nadie se acuerda es que la “solución” dada al conflicto de los avales  pasó factura al Sevilla que tuvo que purgar seis largos años de travesía del desierto. Sin dinero suficiente, con una guerra accionarial terrible, acosado desde fuera del club por dirigentes de sus rivales más enconados, padeciendo una injusta mala fama, el SFC salvó la categoría por la campana y por Suker en 1996, descendió en 1997 y estuvo dos ejercicios en 2ª. En 1999 ascendió a pesar de las muchas dificultades: “baile” de entrenadores, de directivas (JGA del “World Trade Center”), protagonizando un final de temporada agónico con el nefasto arbitraje en Los Pajaritos para sobrevivir luego al infierno de La Rosaleda lo que nos facultó para jugar la promoción contra el Villarreal. Luego, un año en 1ª soportando arbitrajes increíbles y nuevo descenso en 2000. Y finalmente, la llegada Ramón Rodríguez y Joaquín Caparrós de la mano de Roberto Alés, la conversión a la humildad del sevillismo, y hasta hoy, solo progresión.

El Deportivo no necesitará tanto. Desde esta plataforma, le deseo lo mejor, y estoy seguro que, igual que el Sevilla FC salió a la larga reforzado de aquella situación, también lo hará el Deportivo, y más pronto que tarde.

JOSÉ MANUEL ARIZA 11/09/2020

El caos y el cosmos

Saludos.

«Antes del mar y de la tierra y del cielo que todo lo cubre, en toda la extensión del orbe era uno solo el aspecto que ofrecía la naturaleza. Se le llamó Caos: era una masa confusa y desordenada, no más que un peso inerte y un amontonamiento de semillas mal unidas y discordantes» (Ovidio, Met. I, 5-sg.).

Y en la Odisea, cuando Ulises, por fin, se dispone a partir hacia Ítaca del país de los feacios, se lee: τοὶ δὲ καθῖζον ἐπὶ κληῗσιν ἕκαστοι κόσμῳ “y cada cual se sentó en los bancos en orden” (Od. XIII, 77), esto es, cada uno se sentó en el lugar que le correspondía.

Pitágoras y Heráclito, en el siglo VI antes de nuestra era, ya hablaban caos (χάος) y de cosmos (κόσμος). Definido de una forma tan sencilla que hasta yo lo entiendo, el primero sería el desorden (confusión, desconcierto…) y el segundo, lo contrario (claridad, coherencia…)

El 2020 está siendo un año caótico (de caos) porque un bichito microscópico (los primeros en llegar al planeta parece que tenían ése tamaño aproximadamente) ha desarbolado al mundo entero y ha puesto en evidencia, como nunca, que no hay enemigo pequeño: nos ha desordenado totalmente. Se dice que la fortaleza de tu enemigo hace tu victoria más importante, más valiosa. En viendo el tamaño del gusarapo, uno se pregunta si siendo tan chico… ¿cómo cuesta tanto vencerlo?

Nosotros, contemporáneos con la edad suficiente, hemos vivido una fase de la Historia de la Humanidad realmente excepcional: hemos visto llegar a la Luna; llegar la televisión, Internet, el 5G, llevar un potentísimo ordenador en el bolsillo y poder comunicarnos en tiempo real con alguien en el otro extremo del globo; hemos visto un cambio de siglo y de milenio y tenemos la posibilidad de viajar por todo el mundo en cuestión de horas; se han vencido a otros bichitos que causaban mortandades espeluznantes en otros tiempos aunque nunca pudimos con los peores: el hambre y la pobreza (contra éstos no parece interesar la vacuna).

Pues ante tanto desarrollo técnico y científico, el más pequeñajo es el que causa mayor destrozo.

Nosotros también, sevillistas contemporáneos, hemos visto el infierno y el cielo; hemos catado un poco de la sopa de Pedro Botero (sin llegar a hartarnos porque el mejunje está asqueroso y no se le desea a casi nadie); hemos vivido décadas en gris cuando un puntito de color nos hacía explotar de alegría hasta que por fin, hemos probado caos y cosmos y hemos decidido que es mejor instalarse en la idea universal, en el cielo argentado… que es incomparable revestirse con armadura de plata (de seis o siete capas mínimo) para campear allende la aldea y dejar huellas de calor, sones y colores imborrables por el continente.

Aunque, lamentablemente, hemos tenido que ver a nuestro Equipo en HD y con las gradas vacías en un sprint final sobresaliente, por mor de otro bicho más grande.

Éste año maldito, en el que la Marca España del fútbol ha sufrido un desastre equiparable a la pandemia en lo deportivo, solo una luz nos ilumina y solo un Equipo usó la cosmética (de cosmos) para tapar las arrugas, los desconchones y las grietas de la “mejor Liga del mundo”; para dejar en evidencia que la “aristocracia” de nuestro balón se sustenta en una gran mentira, en un artificio hediondo e interesado para premiar, asimétrica y generosamente, a dos o tres en detrimento del resto aunque suspendan el curso (aquí no vale la cultura del esfuerzo porque tienen el premio asegurado). Y ha tenido que venir un “burgués” para ordenar el camarote, adecentar la casa y para presentar unos deberes impecables, de nota muy alta; para demostrar brillantemente que aquí abajo, los denostados palanganas (solo se odia a quien se teme) han sustentado por sí solos la parafernalia hispana dejando en evidencia a los señoritos ricachones, a los amos del cortijo.

Bien poco que me importa lo que “vendan” por ahí que mi universo está en Nervión.

Nos subimos a las barbas de gente importante (Davides contra Goliatses) y con enjundia futbolera, muchísima pasta y con historiales tremendos en lo del balón para decirles: somos los Reyes del Sur y tus euros no pueden conmigo porque yo soy el Sevilla Football Club, de la Ciudad Cosmopolita de la Giralda que mira orgullosa. Que las finales no se juegan y que me importa un comino cómo te llames: te gano y punto y Copa.

Y el Cosmos, en el año del Caos, se vistió de blanco y rojo.

Cuidaros.

Un verano agridulce

En clave sevillista, sin duda, un verano agridulce, con sensaciones contrarias. Un año terrible que no olvidaremos mientras tengamos memoria. Se han marchado para siempre amigos y familiares, no por la guerra en forma de pandemia que dirigentes irresponsables de estados poderosos nos han impuesto, pero sí durante la misma. Insisto en que la competición no debió reanudarse a pesar de los intereses de las televisiones y de la patronal del fútbol en España, pero, mira por dónde, el SFC ha salido bien parado. Desde la reinauguración del CNL el 11-6-20 en que claramente se derrotó al que presumía de igualdad deportiva con nosotros hasta la tarde-noche feliz del 21-8-20 en el RheinEnergieStadion de Kölhn, todo fue casi viento en popa, dificultado solo por la fanfarronería de quien no se resiste a no tener los focos sobre sí y no es protagonista directo en nuestra sociedad.

Para los sevillistas que, como yo, pasamos el verano en territorio “colonizado” por aficionados y simpatizantes, nativos y estacionales, de los llamados clubs “globales” de nuestra Liga, más los de otras “yerbas”, que tenemos que hacer encajes de bolillos si queremos ver a nuestro equipo, pues qué voy a decir: una satisfacción cómo cerramos el CNL, 4º puesto con derecho a la Champions 2020-21, y luego…bueno… ha sido orgásmico cantar a voz en grito los espectaculares goles de Reguilón, (“se la ha tragado, se la ha tragado, cantada total de Pau López”, murmuraban “eses” centro-peninsulares tras de mí “analizando” su golazo a la Roma) y los de Ocampos, De Jong, Suso, Diego Carlos, Munir, y En-Nessiry, fue una gozada ver las internadas de Navas por su banda y ver a Banega ultra-comprometido, y ha sido de alto riesgo cardíaco contener la respiración con las increíbles paradas de Bono.

Todo lo narrado y algo más en la acera de un bar en Zahara de los Atunes atestado de veraneantes sevillistas rodeados de transeúntes “eses” que, atónitos, eran a su pesar testigos de la solvencia futbolística del SFC frente a pesos pesados de Europa, privilegio que solo creían reservado para ellos. Solo los aficionados de los clubs vascos de la Liga Santander, especialmente los del Athletic Club de Bilbao, se alegraban con sinceridad del tremendo éxito del SFC.

El de Asteazu, ya don Julen, en colaboración directa con su cuerpo técnico más el “León de San Fernando”, ha logrado sacar lo mejor de cada uno de la plantilla. Alabanzas para Jordán, Gómez, Escudero, Fernando, Koundé, Gudelj, Torres, y Vázquez. Perdón si omito alguno en esta fase final exprés y, por supuesto, en la finalización del CNL 2019-20.

Como le decía a un amigo valencianista que me llamó para felicitarme, no fue lo mismo si la celebración hubiese sido normal y en Sevilla, pero bueno, también se disfrutó viendo el silencio de los que sucesivamente iban luciendo camisetas de la Roma, del United y del Inter. Del Wolwerhampton Wanderers no había porque ese es aún poco conocido y su equipación es rarita.

La 6ª UEL ya luce en nuestras vitrinas. Incontestable. Pero la guerra en forma de pandemia nos ha privado del espectáculo con público y de celebraciones como es debido. Ha sido todo como de tapadillo, sin el brillo merecido. Y sin solución de continuidad, ya estamos ante una nueva temporada, sin saber si se va a interrumpir o no, sin público, con un calendario atípico en el que ya la bazofia de lo asimétrico es lo de menos. No jugaremos las dos primeras jornadas, y nos conformaremos con ver a nuestro Sevilla, restregándonos los ojos, cómo muestra al Mundo el nombre de su ciudad en el estadio “Puskas Arena” de Budapest y en el Mundialito de Clubs (FIFA Club World Cup Qatar 2020 presented by Alibabá-Auto por motivos de patrocinio).

Lo que el SFC está haciendo por la ciudad es para analizarlo. Tal vez el departamento de “marketing” del club podría hacer algo más para dar verdadero lustre a la auténtica hazaña que es levantar por 7ª vez en poco tiempo un título continental (seis UEL y una Supercopa) para una sociedad radicada en una capital del Sur en donde están los barrios más pobres del país, y que además tiene que competir en nº de abonados contra un eterno rival urbano. Mas partido ha debido sacarse al hecho de ser el único representante español en llegar a una final, y ganarla.

Pero he aquí que negros nubarrones se ciernen sobre ese estado de felicidad permanente en que nos ha instalado el Sevilla en los últimos tiempos. La guerra accionarial otra vez, como si no tuviéramos bastante con la de la pandemia. Fantasma del pasado, que como un virus contagioso revestido de bravuconería, amenaza de nuevo la estabilidad del club. Creo que nadie en su sano juicio, accionista, abonado o simpatizante del SFC piensa que es el momento para iniciar un conflicto por el poder en la entidad. No se trata de defender al actual consejo y a su presidente, pero como se decía en el viejo chascarrillo, “Virgencita, que me quede como estoy”.

Alguien me dijo una vez que de éxito también se muere. Pues cuidado, porque al SFC le puede suceder. Hay quienes necesitan al club para su propia y existencia y mantener cierto tren de vida, y no al contrario. El SFC no requiere ahora mismo la presencia de ningún salvador, ni quiere que nadie se agarre a él como su tabla de salvación. Que la gestión es mejorable, sin duda, pero eso no debe ser excusa para intentar un asalto al Consejo. Los sevillistas no queremos ni directa ni a través de ningún testaferro a nadie condenado por la Justicia controlando la entidad por muchos golpes de sevillismo que se dé en el pecho. Los sevillistas de hoy, ni queremos estadio nuevo en el mismo lugar, ni venta del solar para mudarnos a La Cartuja, ni cantos de sirena, ni palabras rotundas pero huecas que son tácticas viejas de leguleyos-picapleitos más que de buen abogado y que ya no cuelan. No queremos piratas de paraísos fiscales. Nos valen los ejemplos de varios clubs históricos de España para saber que no es ese el camino. ¡Ay, quienes confiados en un Pacto por la Estabilidad ven cómo los que con su permiso entraron en el Consejo, ahora los traicionan!.

Por todo ello, un verano agridulce. Como accionista y sevillista antiguo que soy, mucho más que el “candidato” que “no desea” figurar como presidente, espero que la Junta Extraordinaria solicitada, nunca llegue a celebrarse.

DAVID MELERO 08/09/2020

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