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La importancia de llamarse Sevilla

Para algunos es cuestión baladí la denominación de los clubes de fútbol o de las ciudades mismas cuando la historia viene a concederles en muchos casos la ocasión de pasar a la posteridad o de instalarse en el subconsciente colectivo como sinónimo de algo importante, de gesta heroica o de titánica tarea.

Y vivimos en Sevilla, que fue Hispalis como Isbiliya y cuyo significado y simple mención la sitúa ante muchos como ciudad o sitio de importancia. Fue la principal capital europea en los asuntos concernientes al Nuevo Mundo cuando ya había destacado como lugar importante para culturas trascendentes como fueron la romana o la árabe y  musulmana.

Si la urbe inglesa Liverpool, reivindicadora de ardorosas gestas guerreras en el pasado, es la cuna de The Beatles, su sola mención invoca en todo el mundo el saber que es la ciudad que acoge al Liverpool.

Como asocia Madrid su nombre al del Real Madrid, uno de sus principales embajadores tal que lo es el FC Barcelona de la ciudad de la que toma el nombre. Hay importantes ejemplos, que no cuantiosos, porque no son demasiadas las ciudades de renombre mundial que se vinculan en la imaginación colectiva a un club conocido en todos los continentes a través de todos los océanos y mares.

Y Sevilla, la ciudad por la que deportivamente peleamos invocando su nombre al conjuro de sus tierras y cielos que vela la Giralda, se siente bien representada por quien alardea de ella de natural forma, sin estridencia, con gallardía y generosidad.

En estos tiempos mercantiles, los adelantados de Sevilla, quienes idean la ciudad y pretenden que su nombre colonice nuevos mercados de maneras distintas a como lo hacía hace medio milenio, deben corresponder en los tiempos que se tornan a las reclamaciones de uno de sus mejores vecinos y, sin duda, mejor embajador.

Easy Rider
MIGUEL CANALES 02/10/2019

Nacido para ser salvaje

Nervión es un enclave especial para el fútbol. Ha vivido mucho y bueno en poco tiempo, lo que le ha llevado a que se ha afinado su paladar y se ha identificado con un fútbol que desata las emociones más primarias. Ritmo, vértigo, velocidad, desenfreno, ir y volver a ir, un ataque de guerra de guerrillas que hace rugir a una grada ante un juego punzante y fresco en ataque. Aunque Nervión es representado por su afición como un abuelo, su alma sigue siendo joven y su espíritu aventurero. Viaja en moto, ruge y huele a gasolina. Le gusta el cuero, los redobles de tambores y las guitarras estridentes.

Sin embargo, los últimos años aquello se había ido perdiendo ante un cambio de mentalidad hacia una más madura. El equipo pareciera que se quería construir para realizar un fútbol más sereno, pausado, controlado, del que llaman algunos más moderno, más cerebral y menos emocional. Aquello no terminó de salir del todo bien.

Julen Lopetegui parecía una apuesta continuista en ello, en ese modelo de más control y menos baile. Y así comenzó la temporada, mostrando un fútbol maduro, de no demasiadas estridencias y bastante controlado. Las áreas se veían menos, costaba llegar, generar ocasiones y dar un alto vuelo al equipo. Por el contrario, se había conseguido parar una sangría en portería propia que estaba abierta en temporadas anteriores. Ese fue el principal motivo para que Nervión empezara a sentirse de nuevo bien con su equipo y empezara a alabar el proceder de su nuevo técnico. Lo que gana, generalmente gusta. Y si lo hace rápido, más todavía.

Las derrotas contra R. Madrid y Eibar -principalmente- empezaron a sacar al aire los “es ques” y los “peros”. Nervión tiene su ADN y no terminó de quedar del todo cautivada por ese fútbol al 1-0, control, portería a cero y sonidos de filarmónica. Las voces se pusieron demasiado críticas, al igual que las loas habían sido excesivas por el fútbol catenaccico de posesión. Los mejores momentos del equipo, hasta el pasado domingo a las 21:05, habían sido aquellos en los que había roto el molde de la mesura en el juego. La última media hora contra el Qarabag  y los primeros 45 minutos contra el Eibar nos habían enseñado un Sevilla diferente, que quería correr, que replegaba pero no se metía en su cueva, y que desde una atalaya defensiva bien construida en zonas intermedias, contratacaba con velocidad y despliegue al espacio. Ya era mucho más fácil pisar área contraria y el equipo se mostraba más irreverente y menos formal.

Llegaron las 21:05 del domingo del 29 de Septiembre, la Real se ponía 0-1 arriba en el minuto 3 después de dos derrotas en la misma semana. Y Nervión volvió a verse a sí mismo como lo que es. Un adolescente imberbe, que se revela y batalla con toda su energía. Este Sevilla rompió sus amarras, desde las variantes en el juego, para ser alocado pero sin perder el control. Divertido, jovial e irreverente. Empezó a correr, a dejar atrás el control, a alternar una presión alta agresiva, con un repliegue medio sin dar demasiados pasos atrás.

Lopetegui le dio la batuta definitivamente a Banega, que la cambió por su afinada guitarra y soltó el smoking por la chaqueta vaquera para verticalizar más el juego y cambiar menos de orientación con balones interiores, bajándole 20 metros en el campo. Cerró a los extremos que ya no iban solo de fuera a fuera, sino que picaban al espacio por dentro y atacaban picos de área -qué importante es esto en un sistema 1-4-3-3 que vive en campo rival y tiene laterales muy ofensivos-.

Nervión volvió a vibrar como en sus mejores noches, se volvió a ver a sí mismo, y observó un equipo que dejaba el corsé del control y llegaba con facilidad pasmosa al área rival corriendo, atacando espacios y entendiendo los tiempos del juego. Nervión no se ve a sí mismo en el futbol control, vive en Harley Davison y se siente un espíritu libre. Porque nació para ser salvaje.

Lucas Ocampos

El fútbol no entiende de paciencia

El fútbol no entiende de paciencia. Los resultados mandan partido a partido y mirar a un futuro más allá del siguiente envite no es una opción.

Recientemente lo hemos podido vivir tras las derrotas en los partidos del Sevilla FC ante el Real Madrid en el Ramón Sánchez-Pizjuán y contra el Éibar en Ipurua. Da igual que llegáramos al primero de ellos con diez puntos de doce posibles. Perder contra el equipo blanco capitalino fue un drama porque “no se puede permitir que el Real Madrid corra más que tú”. Para colmo de males, tan sólo cuatro días después nos pintó la cara un Éibar que en el primer tiempo fue arrollado por los de Julen Lopetegui pero que en el segundo periodo barrieron al Sevilla FC hasta remontar el cero a dos del descanso. A partir de ahí, lo que hasta el domingo fuera optimismo desmedido, se tornó el viernes en decepción y pasamos a navegar en un mar de dudas.

Hablando de Julen Lopetegui: llegó al Sevilla FC sin el beneplácito de gran parte de la afición y solo la fe ciega en Monchi hizo que los escépticos de su fichaje le diéramos un voto de confianza a su desembarco en el club de Nervión. Con una gran pretemporada en la mochila y un mejor inicio de Liga del equipo, encaramados incluso en lo más alto de la tabla, el de Asteasu volvió a ser puesto en entredicho por las dos derrotas consecutivas, amén de ser cuestionado por la forma en que gestiona la plantilla por sus alineaciones, convocatorias, descartados…

En pleno nublado de ilusiones sevillistas llegó el partido contra la Real Sociedad, que para colmo de males se empezó perdiendo a los pocos minutos del inicio. El final del encuentro todos lo conocemos: victoria indiscutible, con un Sevilla FC muy superior ante un gran rival y con un resultado hasta corto a tenor de lo visto durante los noventa de partido. Y aquí que estamos un día después, viendo las derrotas sufridas como meros accidentes y tirando de nuevo las campanas al vuelo.

Ahora toca en Liga visitar el Camp Nou. El domingo próximo igual nos vamos a la cama haciendo trajes a cuerpo técnico y jugadores que desayunamos el lunes como “candidatos de pleno derecho a luchar por la Liga”.

Llevamos sólo siete jornadas de Liga. Y así estaremos durante toda la temporada, subiendo y bajando en esta montaña rusa de sentimientos y sensaciones.

Yo, cuando me llega el bajón, me reencuentro siempre con la ilusión acordándome de las palabras de un buen amigo que sentenció en su día con un “cómo me gustan las críticas de septiembre y octubre y las celebraciones de mayo”.

ÁLVARO FUENTES 30/09/2019

Oportunidad o aclaración

La situación que se vive en la delantera está teniendo repercusiones entre la afición y lo mejor que puede hacer el club es dar explicaciones. La delantera nervionense lleva la friolera de un gol en ocho partidos oficiales —tomando como delantera al trío formado por De Jong, Chicharito y Dabbur— , siete de Liga y […]

PEDRO LÓPEZ 30/09/2019

No se puede estar mejor que entre sevillistas

Pierdo mi virginidad literaria, en estos foros, con el presente artículo de opinión, y no encuentro mejor momento que este para mostrar mi humilde homenaje y recuerdo, al que yo considero el mayor SEVILLISTA EJEMPLAR de la historia: “PEPE DEL RÍO” Os podría aburrir con su biografía, pues si fuera estricto me ocuparía más de […]

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