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Autor
ALFONSO RAMOS 30/11/2019

SFC Gastrobar

Metre: Hola, bienvenido a SFC Gastrobar ¿Mesa para uno?

Sí, por favor.

Metre: Acompáñeme, si es tan amable.

Camarero: ¿Qué va a tomar para beber?

¿Me da la carta de vinos?

C: Por supuesto, aquí tiene.

Aconséjeme, por favor, que ando un poco perdido.

C: Pues mire, tenemos un vino blanco de la República Checa de las Bodegas Vaclik, se sirve frío y es muy seguro en boca con ligero aroma a réflex.

Ajam.

C: También tenemos un vino tinto marroquí, de las Bodegas Bono, algo más divertido.

¿Sale mucho?

C: Sale más que el de Bodegas Rico, vino tinto que teníamos el año pasado. Si quiere le puedo ofrecer un licor de Reguilón pero hay que tomarlo con cautela porque sube mucho.

No, póngame una botella de Vaclik y métala en frío, por favor.

C: Si le parece bien se la pondremos entre placas de hielo de plástico porque la botella es frágil y corre el riesgo de romperse.

Maravilloso.

C: Como aperitivo SFC Gastrobar le va a sevir unas aceitunas rotas portuguesas de la cooperativa Carriço. Tenga cuidado porque son de sabor algo fuerte.

¿No tiene gordales?

C: No, ya no trabajamos con Aceitunas Muriel, lo sentimos.

No pasa nada.

C: De entrante tenemos unos pimientos Diego Carlos que unos pican y otros no hay huevos de mascarlos. Muy fuertes pero muy ricos.

Póngame media de Diego Carlos.

C: Genial. Tenga cuidado esta noche porque son afrodisiacos y le suben a uno la bilirrubina. JA JA

JE JE. Póngame una entera, mejor.

C: Buena elección.

No veo el queso ahumado danés en la carta.

C: Sí, es que ya no trabajamos con la casa Kjaer. El proveedor era poco fiable y cuando venía llegaba siempre tarde. Le puedo ofrecer un Koundé que nos acaba de llegar, un queso joven francés.

¿Se lo piden mucho?

C: Cada vez más.

Póngame una tapa, para probarlo.

C: Le advierto que es un poco caro, pero no le defraudará.

Magnífico, gracias. ¿Qué me aconseja de primero?

C: Sin duda un chuletón de Reges. Es una carne brasileña de 32 años de maduración. Ya le advierto que todo el mundo lo pide.

Entonces póngamelo.

C: ¿En qué punto lo quiere?

En su punto, y que no venga frío, por favor.

C: No se preocupe, nuestro camarero, el señor Castro, se lo lleva calentito.

¿Cómo?

C: Que le va a traer la carne en seguida.

Ah. Por cierto, ¿trae guarnición?

C: Por supuesto, ¿prefiere ensalada de Jordán, hecha con productos nacionales, o unas papitas argentinas?

¿Las patatas vienen fritas o asadas?

C: Las de variedad Banega son papas fritas hechas en sartén de corralito, abollada de las caceroladas de la crisis argentina. Le van a gustar. Y las papas mudas se sirven frías. Tienen un sabor peculiar que no a todo el mundo le gusta.

Póngame un poquito de ensalada de Jordán y unas papas fritas Banega.

C: Bueno, la casa SFC Gastrobar le va a servir también una tapita de papitas mudas para que las pruebe, que le aseguro que si le gustan, quedará enamorado de ellas para toda la vida.

¿Y si no me gustan?

C: La gente las suele escupir de muy malas formas, directamente. Pero usted es de buen paladar y sabrá apreciarlas.

Ah vale, gracias. Me habían dicho que ponían ustedes un plato de filetes de oso panda que iba a ser premiado por la prestigiosísima Guía Michelin pero que actualmente ese producto está denunciado por la oficina del consumidor por crear falsas expectativas.

C: Normal, es que no es pa tanto. Pero eso es en el restaurante de enfrente, caballero. Nosotros le podemos ofrecer un pescado holandés de gran tamaño que no quería nadie en la lonja y está saliendo mucho este año.

Prefiero algo de cuchareo.

C: De cuchareo tenemos nuestros famosos chicharitos mejicanos. Una apuesta segura.

Venga, voy a probarlos.

C: También puede elegir como segundo plato cuscús de Munir o pollo de Ocampos.

¿El pollo cómo es?

C: Es una variedad de gallina criada en granjas argentinas. Es una especie muy musculada porque corre mucho y, eso sí, pone muchos huevos.

Genial, póngame también un pollito de Ocampos.

C: Le va a encantar. El Cholo Simeone lo pide cada vez que viene. ¿Qué va a querer de postre?

¿Qué tiene?

C: Tenemos un dulce israelí de piñones de Dabbur que no sale apenas pero todo el que lo prueba dice que está muy bueno. Yo lo he probado y ni fu ni fá. También tenemos el sorbete de Bryan que es muy ligero. El Pozito de cielo de la casa. El licorcito de Torres, que es una apuesta segura. O, si lo desea, le podemos poner un cubalibre.

Sí, póngame un Rony Cola.

C: Ese precisamente no se lo aconsejamos porque – se acerca a su oreja y le susurra – siendo sincero, es un elixir caro y malo. Los pocos clientes a los que he oído hablar de él no están muy contentos que digamos y nos estamos planteando retirarlo de la carta.

Bueno pues póngame mejor un Red Navas con cocacola.

C: Sin duda, el mejor espirituoso de la casa. Buen provecho.

Gracias.

Sevilla Unirea Champions
ENRIQUE BALLESTEROS 28/11/2019

Los pies en la tierra

Se cumple el décimo Aniversario del gol que se marcó nuestro gran Ivica Dragutinovic, Drago para los amigos y sustituto de Sergio Ramos para los ignorantes, en Bucarest ante el Unirea Urziceni, tanto que supuso una pequeña decepción. Nuestra única derrota en la más que probable mejor fase de grupo de Liga de Campeones de nuestra historia (también de largo el grupo más asequible), el petardazo vendría después en octavos de final. Hoy, diez años después, el sevillismo se encuentra rebosante en una nube de optimismo aupado, de forma sospechosa y peligrosa, por la victoria en el derbi en el Benito Villamarín.

Julen Lopetegui ha cambiado todos los titulares y todas las impresiones, lo que antes eran hachas ahora son pañuelos de reconocimiento, lo que antes eran estoques ahora son claveles. Está la temporada para que “lo de Éibar” pase a los anales de nuestra leyenda como ya forma parte “lo de Oviedo” o “lo de Tarragona”. Haber presenciado estas dos derrotas que, bien por caos bien por quedarte en las mieles de la gloria, se pueden considerar como cruzar la Antártida, espero que, en un futuro, yo pueda decir “estuve en Éibar” (porque estuve aunque todos los goles me pillaran en el otro gol). Ojalá que no.

Lo cierto es que el Sevilla no está variando un ápice cada uno de sus inicios de temporada de un tiempo a esta parte. Aspirábamos a todo a estas alturas de año con Jorge Sampaoli, con Eduardo Berizzo e, incluso, con Pablo Machín. El equipo luego se caía bien en marzo, en Navidades o con el frío de enero. Tanto que, en ninguno de los casos, se consiguió clasificar directamente para la Champions League al final de cada curso (Jorge Sampaoli nos dejó cuarto, eso es cierto, pero se marchó dejando a otro la papeleta de estar en la máxima competición continental mediante una previa). Todo lo contrario que don Unai Emery que, de una u otra manera, no solo nos regalaba la nimiedad de tres Europa League sino que nos dejó, en sus dos últimas sesiones, clasificados para Champions League. Y todo ello después de comenzar con uno o dos puntos de los primeros 15 puntos posibles en más de una temporada. Siempre era un tío de segundas partes, tanto a lo largo del año como a lo largo de los partidos.

Pero aquí no vengo a ensalzar a unos y a defenestrar a otros, aquí vengo a escribir un artículo “para intentar bajarla al suelo”. Si tenemos en cuenta a los rivales que nos hemos enfrentado, y la condición de local o visitante, el Sevilla, en este 2019/2020, solo cuenta con dos puntos más de los logrados contra los mismos equipos y las mismas condiciones con respecto al año anterior donde terminamos con la cifra floja de 59 puntos con su respectivo sexto puesto. Bien es cierto que ha habido mucha exigencia porque nos hemos medido contra adversarios a los que el año pasado les sacamos puntos. Ahora el calendario, en teoría, benigno, es el que nos
debe dar el espaldarazo para confirmar este buen inicio de curso. Esto es, Leganés en casa, Osasuna (por Huesca) fuera, Villarreal en casa, Mallorca (por Girona) fuera, Athletic Club en casa y Santiago Bernabéu nos proporcionó en la 2018/2019 tan solo cuatro de los 18 puntos posibles. Lo que no sea superar ese dato con creces supondrá que habremos repetido los batacazos del año anterior. Batacazos que, afortunadamente y quitando “lo de Éibar”, en esta campaña aún no se han producido.

Este calendario interanual pondrá a prueba el principal argumento de los más optimistas. La fiabilidad que desprende el nuevo sistema implantado por Julen Lopetegui y la seguridad que han supuesto los dos fichajes estrellas en el regreso de Monchi: Fernando, el mejor fichaje de LaLiga y el mejor mediocentro defensivo actualmente que se puede ver en la competición doméstica; y Diego Carlos, pilar básico en el eje de la zaga y uno de los mejores centrales del torneo español. La punta del iceberg de una buena estructura especialmente defensiva, basada en la presión en tres cuartos y en la recuperación de balón; amén de una gran, como habitualmente nos tenía acostumbrado el León, planificación deportiva. Es decir, los cimientos que dan la solidez para que el aficionado sevillista ilusionado de a pie confía para que “el edificio no se derrumbe”.

Sin embargo hay que contar con que el once (doce, trece, catorce…) que nos sabemos de carrerilla no va a perdurar toda la temporada. Pasadas las fiestas paganas, Julen Lopetegui tendrá que demostrar que sabe hacer la transición. Debe saber hacer entrar a la que hoy es su segunda línea de jugadores. Los que llevan jugando la  Europa League esta temporada, y que de momento están cumpliendo a la perfección a sabiendas que ni el APOEL, ni el Qarabag ni, mucho menos, el F91 Dudelange, son contrincantes de entidad para evaluar la actuación individual de un futbolista. Y mucho menos el colectivo. Más que nada porque, al cambiar prácticamente de golpe, once jugadores por otro once, resultará complicado asimilar los automatismos por mucho entrenamiento que haya de por medio.

No es una opinión alarmista. No, no lo es. Sin meternos tampoco en el mercado de invierno para pulir las carencias. Es la duda que desprende cuando, por lesiones, cansancio u otras circunstancias (como por ejemplo tres partidos de sanción “llovidos del cielo”), obliguen a los Gudelj (que estuvo muy bien en Valencia), Munir, Rony Lopes, Escudero, Pozo, Sergi Gómez o los delanteros entrar dentro de la alineación titular liguera y de la fase final de la Europa League con cierta continuidad. Y que esa presencia venga acompañada de rendimiento, sensaciones y, sobre todo, resultados. Que la buena noticia que nos ha dado Jules Koundé con, aparte de su proyección de futuro, su gran irrupción por la lesión de Dani Carriço sea la vereda que guíe a los citados para que puedan entrar en la rotación como ya hacen Éver Banega, Óliver Torres, Joan Jordan, el Mudo Vázquez y Nolito por dos o tres posiciones. Ojalá que así sea y que los que ahora descorchan el champagne del ensueño (y, en algunos casos, la utopía), lo sigan haciendo y nos inviten a los más precavidos, incluso a los que fuimos a Éibar, a unirnos a esta fiesta que, de momento, se han inventado Julen Lopetegui y Monchi.

MIGUEL CANALES 26/11/2019

Mi mediocampista favorito

Recuerdo hace muchos años una conversación virtual con Abel Rojas, en aquel momento redactor de la magnifica web Ecos del balón y actualmente integrante de la dirección deportiva de la Real Sociedad, en torno a Banega. En aquel momento, Éver no había tenido en España un periodo de continuidad en su rendimiento, jugaba en Valencia y lo entrenaba Valverde. Le comenté que el argentino era mi mediocentro favorito de la liga en ese momento -momento en el que estaba teniendo un desarrollo espectacular y jugando una serie de partidos de altísimo nivel-  y que me tenía encandilado. A eso, Abel, siempre certero en sus análisis, me respondía que Éver era de todo menos un mediocentro convencional. Otra vez más, Rojas lo clavaba en sus apreciaciones.

Banega ya estaba mostrando que era un centrocampista de alma libre, de enorme recorrido lateral y vertical, y con un descaro para buscar el desborde, regateando en zonas comprometidas y sin una velocidad punta importante, inusual en un jugador de su teórica ubicación en el terreno de juego. El Rosarino parecía haber encontrado en Valverde un entrenador que lo entendía y le daba una libertad para que sacara su repertorio con absoluta confianza. Veíamos un mediocampista total, capaz de generar superioridades en banda con sus extremos, venir a sacar la pelota jugada desde atrás apoyando al mediocentro y filtrar pases en profundidad a los puntas para ponerlos de gol.

Aquel momento no tuvo gran continuidad en el tiempo, pese a que Banega se destapó como uno de los mejores mediocampistas de nuestra liga -al menos potencialmente y durante algunas jornadas-. Luego se cruzó en su vida, Unai Emery. Posiblemente el entrenador que mejor ha sabido manejar a Banega y que más rendimiento continuado ha sacado de él. No fue fácil y en esa “batalla” Unai llevó a Éver a hacer de todo en diferentes momentos, según las necesidades del equipo o de la situación futbolística del argentino.

En Sevilla, el rosarino ha tenido múltiples entrenadores, y cada uno de ellos ha buscado cosas diferentes del 10 sevillista, haciendo totalmente reales las palabras que me comentaba Abel Rojas muchos años atrás. Hemos visto un Banega reconducido a sus orígenes en Boca como típico 5 argentino por delante de la defensa, cargando con la responsabilidad de inicial el juego y  de sostener por dentro en el aspecto defensivo, de la mano de Pablo Machín.

Caparrós, como entrenador más pragmático, llevó a Banega a jugar de falso interior sacándole de la zona caliente defensiva delante del área propia. Joaquín, en su último periplo como entrenador sevillista, generó un dispositivo táctico en el que Amadou permutaba su posición con él. Éver jugaba de extremo derecho en el repliegue y no participaba en los primeros pases de salida del juego, para activarse cuando el balón llegaba a mediocampo desde esa banda. Ibrahim rompía en profundidad a banda y liberaba a Banega para que este comenzara a organizar el juego más abierto de lo habitual y más arriba.

Aunque quizás, como comentaba anteriormente, Unai Emery ha sido el entrenador que más ha mutado a Banega, que más lo ha exprimido en diferentes funciones y con el que hemos visto al mediocampista menos encasillable en una definición para los más puristas. Con el vasco, Éver ha hecho de todo, desde jugar de falso delantero en sus primeros partidos en UEFA en el primer año de Unai tirando desmarques, a jugar de mediocentro único por delante de la defensa, de interior, de doble pivote, de mediapunta. Y todo ello con distintos recorridos en el campo y roles diferentes. Han sido muchos los años en los que han coincidido y en los que Emery ha tenido que manejar la indomable rebeldía del argentino en el campo queriendo erigirse como el líder natural del equipo y con presencia continua en el juego.

Sin embargo, el binomio Emery-Banega será posiblemente mucho más recordado a través de la figura de Iborra. El de Hondarriba creó un sistema de permutas entre ambos excepcional y que definió al Sevilla que ganó su segunda UEFA con él. En defensa, el argentino ocupaba posición de descanso, jugando paralelo al delantero y quedaba liberado del repliegue y el juego defensivo. En ataque, Iborra y él intercambiaban posiciones para que fuera Vicente el jugador que peleara las disputas aéreas y llegara de segunda línea a posiciones de remate. Mientras, Éver se posicionaba como mediocentro para construir el juego desde atrás. Ese movimiento fue singular y la clave más distintiva de aquel Sevilla campeón.

Llegaba la temporada 19/20 y con ella un matrimonio nuevo para Banega, como pareja desde el banquillo se presentaba Julen Lopetegui. Un matrimonio que había generado mucha controversia en el sevillismo durante el verano pero que ha acallado todas las críticas con el padrinazgo inesperado de Fernando Reges y los testigos Jules Koundé y Diego Carlos. El trío central que protege a Vaclik está siendo uno de los tridentes más significativos del campeonato y muy definidor de lo que es el Sevilla de JLO. Desde esa red de seguridad, el técnico sevillista está construyendo un equipo que se asienta ofensivamente desde un Banega que campa con libertad y a sus anchas a un nivel medio sostenido bastante alto.

Posiblemente en Pucela vimos la actuación más brillante de Éver en esta temporada. Hizo un gol de penalti, dio otro cantado a Nolito, y dirigió la batuta del equipo en un partido de esos que se juegan en el fango, duro, intenso, comprometido y difícil. En él, Banega sacó a relucir todo su repertorio con 5 regates en un campo de minas, con su habitual 88% de pases y siendo ese mix que Emery o Valverde sacaron de él. Jugando liberado en el repliegue en paralelo con De Jong en muchos momentos, yendo a recibir de Fernando para sacar la pelota cuando el brasileño se incrustaba entre centrales para sacar el balón, apareciendo en ¾ de campo abierto para liberarse de las marcas y bien buscar un pase interior a los puntas o dar continuidad al juego por bandas. Banega pisó todas las zonas del ancho y el largo del campo y recordó a su mejor versión con Unai Emery o Valverde. Esa en la que está en todos sitios, haciendo todo lo que pide el juego en ese momento y con un nivel de acierto mayúsculo.

Lopetegui ha conseguido devolvernos a ese Banega que muchos no esperaban -esperábamos, para incluirme yo también-. Machín nos trajo el año pasado un Banega más lejano, Julen nos ha dado un Banega más cercano. Le queda a Lopetegui conseguir que Éver mantenga este rendimiento. Si lo consigue, los objetivos serán más cercanos, porque Éver Banega es de esos jugadores estructurales que, en su pico de rendimiento, sube el nivel de los equipos varios escalones. Por ahora lo está consiguiendo y es una de las claves de la tercera posición del Sevilla en el campeonato. Banega vuelve a ser feliz,y con él el sevillismo.

PEDRO MONAGO 25/11/2019

Matar el partido

Hay cosas en el fútbol que no cambian. Cada verano nos ilusionamos con los fichajes y desesperamos con las ventas que no nos gustan. Después, a lo largo de la temporada, los resultados van, poco a poco, poniéndolo todo en su sitio e irremediablemente aparece otro elemento imprescindible en toda temporada futbolística: la cantinela, que […]

RAFA VELASCO 23/11/2019

De carrerilla

Inmersos en un fútbol mercantilizado, donde todo parece estar en venta y donde los sentimientos son patrimonio exclusivo de los aficionados, a veces siento nostalgia de otros tiempos en los que el fútbol estaba lleno de encanto y autenticidad. Una de las cosas que se han perdido en este camino, son las alineaciones que recitábamos […]

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