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ENRIQUE VIDAL 25/01/2020

130 años, guste o no guste

Aludía no hace mucho Monchi a los últimos 130 años de grandeza del Sevilla F.C., en un discurso de tintes delnidianos que no sé si abrazar del todo, porque si bien parece natural que el león (de San Fernando) marque su territorio recordando de vez en cuando quién es el rey en esta selva futbolera local sobrecargada de toxinas verdes, no me convence demasiado que el principal portavoz del club tenga que rebajarse a subrayar públicamente lo obvio, y menos en un foro amigo, como se supone que es la junta general de accionistas.

Con esto último no me refiero solamente a la indiscutible hegemonía blanca sostenida a lo largo de los tiempos, sino también, y principalmente hoy, a los 130 años de vida sevillista. Sí, 130 años de Sevilla Fútbol Club, y parafraseando a Monchi, 130 años de historia, “guste o no guste”, tal como asume y reconoce oficialmente, con total naturalidad, la propia entidad.

Porque las cosas son como son, no como nadie quiera que sean. Cuando los datos salen a la luz, cuando hablan los documentos, las evidencias, los testimonios otrora sepultados por la pátina del olvido o el silencio interesado, se desmoronan los mitos, no hay lugar para el romanticismo impostado y se renuevan, querámoslo o no, nuestros referentes, por mucho cariño que les hayamos tomado. Es otra forma de crecer, de madurar si se quiere. Porque ¿acaso en nuestro particular Olimpo, no hay sitio para Suker como lo hay para Juan Arza, para Kanouté como para Campanal, para Jesús Navas como para Enrique Montero? Llegaron no hace mucho “Ned” Johnston o Hugo Maccoll para sentarse junto a Alba, Miró o Sánchez Pizjuán, haciendo honor al evangelio sevillista según Gallegos: “Todos los hombres, de cualquier condición social, ideas políticas o religiosas, tendrán aquí cabida”. Hablamos del Sevilla Fútbol Club, que es lo que nos toca y nos duele, aquí y ahora, pero esto de asumir la evolución de las cosas vale también para cualquier otra institución, sea cual sea. Es solo cuestión de nobleza y altura de miras.

La conmemoración de nuestro aniversario me mueve a compartir con vosotros brevemente algunos hitos del proceso de descubrimiento de la verdadera datación del club y su puesta en conocimiento del sevillismo y del público en general. Hay que remontarse a los meses previos a los fastos del inolvidable centenario que entonces creíamos todos que tenía una fecha clara, el 14 de octubre de 2005. El añorado Agustín Rodríguez y el profesor Castro Prieto se hallaban preparando trabajos sobre la historia sevillista con ocasión de la citada efeméride cuando concertaron una visita a la casa particular de cierto historiador onubense que, encargado de confeccionar una enciclopedia sobre el R.C. Recreativo de Huelva, manejaba bastante material hemerográfico en su archivo particular. Allí, hojeando y ojeando informalmente algunos documentos, se toparon casi de refilón, de forma casual e inesperada, con un suelto periodístico del diario La Provincia de Huelva que llamó su atención. La noticia, redactada en inglés, un idioma que ni Agustín Rodríguez ni Juan Castro comprendían, aludía claramente al Sevilla Football Club. Apenas pudieron quedarse con la fecha de la publicación, pues su anfitrión guardaba el recorte celosamente y aquel acceso fue casi clandestino. Al interesarse por el asunto, Agustín y Juan recibieron la siguiente respuesta del historiador de Huelva: “Lo mismo sois más antiguos de lo que creéis”. Cada cual que interprete esta escena como prefiera, algunos quizás comprenderán mejor por qué fueron necesarios tantos años para aclarar las cosas y por qué tras aquello las reacciones desde determinadas atalayas han sido, y siguen siendo, las que son. De la casa de aquel historiador marcharon Agustín y Juan a la hemeroteca, hallaron la fuente original y se hicieron con una copia de la ya famosa carta de Isaias White Jr., Secretario de un Sevilla Football Club recién constituido, invitando a los miembros del club de recreo de Huelva a un desafío futbolístico en nuestra ciudad. Aparecía en la edición del 25 de febrero de 1890.

A partir de aquel momento, las investigaciones y el interés general dentro del sevillismo por conocer el verdadero origen del club, sus protagonistas y sus actividades se precipitaron, encontrándose nuevas evidencias documentales asombrosamente explícitas, entre las que sobresalió, por su contundencia, el Dundee Courier de 17 de marzo de 1890, con noticia del acto fundacional, localizada por Javier Terenti Sánchez, filólogo inglés con demostrada erudición, que situaba con plena exactitud la fecha original de la sociedad Sevilla Football Club en el sábado 25 de enero de 1890.

Memorable sería también la jornada sabatina del 10 de diciembre de 2011, cuando desde las mismas entrañas del Ramón Sánchez Pizjuán, un tosco ordenador nos alumbraba a los allí presentes con la columna del diario escocés en la que se relataba, con minuciosidad costumbrista, el nacimiento oficial de nuestro amado club. Los nombres de Johnston, Maccoll, White, Plews, Moliní y un largo etcétera de deportistas británicos y españoles, se unían a los Gallegos, Wood, Langdon o Alba, revelándose como protagonistas imprescindibles del pasado en rojo y blanco, dispuestos a recuperar el sitio en la historia que hasta entonces se les había privado.

El descubrimiento era fabuloso, no ya para el Sevilla F. C., sino para todo el fútbol hispano, y de ello queda testimonio enmarcado en la sede de la Real Federación Española de Fútbol. Su trascendencia superaba fronteras y tendía un puente en la distancia con la lejana Escocia, patria de muchos de aquellos pioneros. En clave puramente sevillista, no sólo cuadrábamos el relato de los acontecimientos, sino que nos permitía comprender sin distorsiones que el Sevilla F.C., lejos de lo que proclama el manoseado bulo de un supuesto clasismo nobiliario, fue realmente gestado por una élite, sí, pero intelectual más que social, unos individuos que en su tiempo eran ideológicamente avanzados, profesionales liberales, comerciantes, ingenieros, químicos, médicos, abogados, miembros todos ellos de una burguesía emergente y cultivada, inquieta y emprendedora, incómoda para el antiguo régimen y comprometida con el regeneracionismo más recto que los jóvenes españoles del grupo traían aprendido de las escuelas extranjeras, lo que explica su temprana labor proselitista entre los más desfavorecidos de nuestra ciudad y también sus actividades benéficas, inicialmente intensas, pero que nunca han cesado ni siquiera en nuestros días. Unos ideales modernos y progresistas, pujantes en Europa, que encontraron fuerte reacción en los sectores más rancios y conservadores de la sociedad sevillana, encendiendo la mecha de la rivalidad local dentro de la casta militar, primero, y entre los políticos y nobles aristócratas del sistema caciquil, poco después, hasta alcanzar en última instancia la mismísima cúspide de la corona. En pocas palabras, “Football” y “Club” versus “Balompié” y “Real” como marchamo definitorio de cada idiosincrasia en los apellidos adoptados. Toda una declaración de intenciones.

Desde entonces, ha sido necesaria una ímproba labor en diversos frentes y con distintas finalidades, en la que poco a poco el propio Sevilla Fútbol Club se ha ido implicando. Por un lado, una tarea arqueológica, de reconstrucción de los hechos, no sólo con cada uno de los nuevos datos encontrados, sino también, y casi más importante, con la recuperación y puesta en contexto de numerosas informaciones y publicaciones sobre el Sevilla F.C. en el siglo XIX de las que ya se disponía, accesibles para todos, pero que resultaban de muy difícil incardinación en el espacio y el tiempo sin los nuevos hallazgos encontrados. Cualquier sevillista o estudioso del tema que dispusiera de alguna publicación sobre el club, ya fuere con ocasión de las Bodas de Oro o Platino, fascículos o ediciones especiales de cualquier periódico, etc., podía encontrar en ellas referencias a ese Sevilla pretérito del ochocientos, aunque deslavazadas por puro desconocimiento de lo principal, el pegamento que lo amalgamaría todo, hasta entonces apenas intuido.

Por otro lado, la historia oficial, precaria en sus fuentes y repetida en bucle por pura comodidad o falta de medios de quienes la contaban, se demostró relatada principalmente por actores secundarios que, sin cuestionar su buena fe, es indudable que aprovecharon también su condición de supervivientes para arrogarse un papel estelar que no les correspondía. Protagonistas tardíos como Luis Ibarra Osborne o Paco Díaz, idealizando sus recuerdos y adornando su propio rol en los orígenes del club, versionaron lo que un Johnston, un Maccoll o un Alba, con más autoridad y criterio, nos hubieran narrado a buen seguro de otra manera, en el caso de haber sido entrevistados como lo fueron aquéllos, cuando el fútbol era ya un fenómeno de masas. Esta empresa de investigación e interpretación de los hechos históricos continúa abierta, porque siguen apareciendo novedades en forma de pequeñas teselas que añadir al mosaico mural de la trayectoria sevillista.

En segundo lugar, y junto a la labor arqueológica de base, se puso en marcha una tarea didáctica, pedagógica, encaminada a presentar, explicar y compartir, principalmente con el sevillismo, pero también con toda la comunidad interesada, la nueva información acopiada, de forma ordenada y sistematizada, exponiendo razonadamente los datos y documentos obtenidos, mediante publicaciones en internet, sitios web y redes, libros, conferencias, entrevistas, exposiciones y audiovisuales, de la mano de expertos en todos los ámbitos de rigor (histórico, jurídico, periodístico, académico). En colaboración con la Universidad de Sevilla, y coordinado por el Área de Historia, se editó en 2014 una obra magnífica, compendio científico de los estudios realizados: “El Sevilla Football Club a caballo entre los siglos XIX y XX. De las élites británicas a la ilusión regeneracionista”. Pese a ello, hay que reconocer que incluso dentro de la masa social sevillista el tema ha tenido, y quizás tiene aún, cierta resistencia, pues no es fácil resetear de la noche a la mañana la perspectiva que cada uno de nosotros tiene del club y su historia si hablamos, como sucede con la fecha fundacional, de símbolos de identidad; y menos aún, cuando factores más o menos legítimos como el desinterés, la nostalgia, la rebeldía frente al cambio o la sublimación de la tradición familiar y la propia experiencia pueden pesar en nosotros más que el dato frío y conciso, académicamente testado.

Dejo para el final otro de los ámbitos que ha sido preciso abordar, habida cuenta la animadversión que despierta el gigantismo sevillista en determinados círculos y geografías. Se trata de una actividad que podríamos calificar de carácter profiláctico, orientada a la limpieza y desinfección de toda la contaminación vertida por quienes se mueven exclusivamente por razones de odio, rivalidad o acomplejamiento, y que tienen como objetivo único negar cualquier iniciativa que, desde su particular perspectiva de las cosas (ni siquiera la nuestra) pueda suponer un timbre de mérito u honor para el Sevilla Fútbol Club. Allá ellos, individuos y colectivos, con su castrante síndrome procustiano, no merecen mayor comentario, salvo quizás el agradecimiento por habernos espoleado a formar un expediente sobre los inicios de nuestro club, con un nivel de detalle y exhaustividad muy superior al de cualquier otro semejante, y mucho más allá. Esos ataques gratuitos, esa envidia atormentada, esa vileza miserable y cobarde que califica y define a sus protagonistas, nos confirmaba a cada momento que estábamos en el buen camino, que existían cosas sabrosas por descubrir y que había miedo, auténtico pánico, a sus consecuencias, algo que sólo puede obsesionar a quienes tienen mucho que esconder. Nos hicieron situar el foco, sin proponérnoslo, en cuestiones en las que jamás nos hubiésemos parado, sobredimensionando el asunto. Terrible error de cálculo, pues Clío, ya lo sabemos, es implacable. Sin ellos, nada de esto habría sido posible, como tampoco lo hubiera sido conocer y documentar, cada día que pasa, hechos inéditos, incluso revolucionarios, que no cesan y tampoco dejan de sorprendernos. Así que bienvenidos sean, pero que nunca nos infravaloren, porque a tenacidad, ciencia y paciencia no gana nadie a ningún sevillista.

En cualquier caso, nosotros a lo nuestro, a nuestro ritmito (;-), siempre por delante, con firmeza y determinación, alzando nuestras copas en un brindis de plata inacabable, con el venerado Robert Burns, por los viejos tiempos (“for auld lang syne”) y por los próximos doscientos años, con la misma grandeza o más, de Sevilla Fútbol Club. Tal y como profetizara Monchi, guste o no guste.

P.S. Estatutos Sociales vigentes del Sevilla Fútbol Club, SAD, inscritos en el Registro Mercantil:

Artículo 1º. Denominación social.

Con la denominación de SEVILLA FUTBOL CLUB SOCIEDAD DEPORTIVA S.A.D., se constituye una Sociedad Anónima Deportiva que se regirá por los presentes Estatutos y por las disposiciones legales que en cada momento le fueran aplicables. El Sevilla Fútbol Club se fundó el 25 de enero de 1890 como Asociación Privada de carácter cultural y deportivo. El proceso registral de la misma se completó, según la normativa vigente, el 14 de octubre de 1905, previa aprobación de estatutos y reglamento el 23 de septiembre anterior. Se transformó en Sociedad Anónima Deportiva el 29 de junio de 1992, en virtud de lo dispuesto en la Ley 10/1990, de 15 de octubre, del Deporte.

LORENA NARES 23/01/2020

¡Campeones de liga!

Justo ahora que se van a cumplir 130 años desde su fundación, me gustaría recordar lo que para mí es el mayor éxito del club en su historia: en la temporada 1945/1946 el Sevilla Fútbol Club se alzó por fin con el título más deseado: el Campeonato Nacional de Liga.

En sus filas durante esa temporada contó con veinticinco jugadores que dieron todo para llevar a su equipo a lo más alto. Ellos fueron: Acedo, Alconero, Antúnez, Araujo, Arza, Belmonte, Berridi, Bonache, Busto, Campanal I, Campos, Clemente, Eguiluz, Félix, Guillamón, Herrera, Iturbe, Joaquín, López, Lucas, Mateo, Ovidio, Paquillo, Pedrín y Villalonga.

En la temporada anteriormente mencionada el equipo hispalense se situó en el peldaño más alto del fútbol español.

Ramón Encinas, entonces técnico del Sevilla Fútbol Club, consiguió llegar a la última jornada de liga con tan solo un punto de diferencia sobre el FC Barcelona. No era un partido cualquiera, era todo o nada, estaba en juego el título más preciado y a nuestro equipo le bastaba con conseguir un empate.

El FC Barcelona necesitaba ganar para proclamarse campeones ante su afición en su propio estadio, el Les Corts (anterior estadio al conocido Camp Nou).

Les Corts estaba abarrotado, todo el público estaba expectante y ambas aficiones deseaban que sus equipos saliesen victoriosos y alzaran la copa. En el campo, dos grandiosos equipos se estaban dejando el alma en cada ocasión, cada jugada… el ambiente era inmejorable, y los culés iban por delante, por un momento soñaron con ser campeones hasta que Araujo en el minuto 7 consiguió el gol del empate a uno, dando el honor a su equipo de poder conseguir la única Copa Nacional de Liga de España que a día de hoy tenemos.

Ramón Encimas aquel día apostó por la siguiente alineación que nos llevó a la gloria: Busto, Joaquín, Villalonga, Alconero, Antúnez, Eguiluz, López, Arza, Araujo, Herrera y Campos.

Once guerreros a los cuáles simplemente y eternamente agradecidos sólo les podremos decir ¡Gracias!

Los campeones volvieron a Sevilla como héroes, era todo un acontecimiento para la ciudad, la expedición sevillista viajó en autobús y fue parando en cada ciudad y pueblo donde fueron solicitados.

La entrega de la Copa se realizaría siete días después en un partido homenaje contra el Granada CF en el estadio de Nervión.

Soñar es gratis, ¿volveremos a ganar algún día otra liga?

CARLOS MARTÍN 22/01/2020

Sevillismo ‘efímero’: del antropocentrismo a la brevedad de la vida

(Suena de fondo “Lo bueno y lo malo” de Ray Heredia. Gracias a Álvaro Yanes por todas esas veces en las que la música da forma a las letras blancas y rojas de Salmonpalangana).

Del griego “ánthropos” (hombre) y del “kentron” (centro). Aunque esta historia nada tiene que ver con el heleno que jugaba con el 10 que convertía en oro cada balón en la frontal ni tampoco se sitúa en El Pireo donde años más tarde llegaría aquel gol del mago de Osijek. A las puertas del Renacimiento tiene su origen etimológico el antropocentrismo, término según el cual el ser humano se concibe como el centro del universo y sostiene la justificación de la creación del mundo por Dios para el disfrute del hombre. Una visión vital que desde el sur se aleja de la acepción recogida en el diccionario filosófico marxista para reflejarse en Nervión en la ilusión del niño que ve por primera vez el mosaico de Santiago del Campo o en el suave tintineo que producen dos llaves al son de ‘Pasan los Campanilleros’. Una vivencia edificada sobre recuerdos intangibles que se dirigen en la mayoría de los casos hasta el Ramón Sánchez-Pizjuán como kilómetro cero de su existencia. Una filosofía de vida que se profesa como ‘religión’, como divulgó el León ante la necia meseta. Y pobre del que quiera robarnos la ilusión de esos momentos. Fugaces como el paladeo de cinco toques al esférico de plata del otro dios que habitó entre nosotros. O eterno como el intervalo que abarca la histeria generada por cada entrenador tuitero tras conocer la convocatoria y el drama posterior al anuncio de la alineación. Todo gira sobre lo vivido, lo pensado, lo opinado y lo sentido. Porque para quererte ya estamos nosotros.

Y todo es efímero. Como el silencio de la grada antes de un gol.

Palop; Daniel Alves, Javi Navarro, Dragutinovic, Puerta, Martí, Poulsen, Maresca Adriano, Luis Fabiano y Kanouté. Y la repetiríamos las veces que hagan faltan sabiendo que el ‘Big Bang’ blanquirrojo giró entre los meses que transcurrieron entre Eindhoven y Glasgow. Quizás Copérnico, por el hecho de crear la astronomía científica, refutaría la teoría ptoloméica, pero fue el darwinismo el que asestó posteriormente el golpe decisivo a la concepción que considera al hombre como un ser sobrenatural. Aunque si solo fuera posible escoger a uno de esos seres divinos muchos coincidirían con esta elección fija en su once.

«Era muy especial marcar en las dos finales, pero cuando me fui ganaron tres más, y entonces dije: no era tan especial». Todos los focos apuntan hacia él mientras pregona esta frase después de alzar un pequeño papel que pone Sevilla FC ante los ojos de Europa. Un maliense nacido en Sainte-Foy-lès (Lyon) te pone los pies en la tierra de la misma forma con la que te bajaba un balón del cielo frente a la media luna. Frédéric Oumar Kanouté, 290 partidos y 136 goles a sus espaldas, el mismo atleta con el que te sentiste inmortal en cualquier guerra, viene a hablarte de la brevedad de la vida (De brevitate vitae) como si fuera un filósofo romano. Séneca en el año 55 d. C. ya incluyó este concepto en su obra Diálogos, que no sólo influenció siglos después a los autores españoles del Siglo de Oro, pues dejó un mensaje que puede valer para el individuo que habita en la grada de Nervión, o aquel que reside en el Foro, peña, grupo de WhatsApp, o incluso a ese que resopla mientras aún marca el 212 del teletexto. La vida es corta si no se sabe aprovecharla. Tan breve como los 20357 minutos en los que el gigante maliense portó la camiseta sevillista.

Después de Glasgow llegó Turín. Aunque también vino Varsovia y Basilea. Y ese momento que creíste que nunca sería igual se repitió. Como en el cuento de ‘Pedro y el lobo’ perdiste la credibilidad con el “a ésta vamos por si es la última”. Vinieron nuevas previas y hubo otros abrazos de gol que te permitieron comparar lo que parecía inolvidable. Hubo otros tifos, arengas y bengalas. Te volvió a faltar el hielo y también se ausentaron algunos de los que nos acompañaron para ocupar su localidad en el tercer anillo. Incluso hubo vida después de la pérdida de esa bufanda sacra. Porque otros amuletos llegan y ningún jugador besará el escudo eternamente. Larga vida al mercenarios en el césped, sevillistas en las gradas. Aunque solo un retorno como el de Navas puede reconciliarte con la fórmula de la eterna juventud o ese maldito tópico de las segundas partes.

En Zúrich, mientras seguían saliendo emparejamientos, era imposible priorizar el cruce o el rival. Sólo se podía escuchar: “pero cuando me fui ganaron tres más, y entonces dije: no era tan especial”. Justo en ese punto toca afrontar lo que se presenta en este tramo del curso. ¿Y si este año trae una nueva oportunidad? ¿Se sigue conjugando en Nervión el hambre con los sueños?

“La felicidad es el significado y propósito de la vida, el objetivo y fin de la existencia humana”. Aristóteles, a lo fiel de Nervión, sabe que las finales se juegan en mayo pero su felicidad se siembran desde el frío ecuador de la temporada. Toca apretar los dientes para encontrarse de nuevo. Para sentirnos el centro del universo. Para que la gloria vuelva a ser efímera. Para que Kanouté nos diga que lo hicimos de nuevo, aunque ya no seamos tan especiales por conseguirlo.

MAMEN GIL 22/01/2020

Eugenio Montes Cabeza

Lo pudo decir más alto, pero no más claro, “árbitro de cámara del Real Madrid”. El entonces presidente sevillista, Eugenio Montes Cabeza, expresaba así su indignación por el arbitraje del colegiado canario Merino González durante un Sevilla-Real Madrid. Esa escueta frase hizo tambalear los cimientos del fútbol español, no solo por lo que significaba, sino […]

JOSÉ MANUEL ARIZA 21/01/2020

Dictaduras

Saludos. “No basta con la obediencia. Si no sufre, ¿cómo vas a estar seguro de que obedece tu voluntad y no la suya propia? El poder radica en infringir dolor y humillación. El poder está en la facultad de hacer pedazos los espíritus y volverlos a construir dándoles nuevas formas elegidas por ti.”    (George […]

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