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Paco Escarti - Columnas Blancas

PACO ESCARTI 26/01/2021

De fútbol y medicina

Hoy en día casi resulta retrógrado que a la pregunta: “¿tú a qué te dedicas?” Alguien conteste: “soy médico”, “soy abogado”, “soy entrenador de fútbol”, “soy preparador físico”…….

Lo que de verdad se lleva en estos tiempos es poder responder : “soy tertuliano” o “ soy comentarista”. Sí, en serio, es más que suficiente con eso.

Estas “profesiones” abren absolutamente todas las puertas, convencen, movilizan masas, manejan, sientan cátedra, encumbran o hunden en la miseria. Da igual los años de formación y experiencia profesional que tengas. Es más, en algunos casos da exactamente igual que la tengas o no. Es lo mismo, “lo han dicho en la tele”, “lo escuché en la radio”, “lo he leído en internet”.

Tener una licenciatura, 3 especialidades médicas, dos Máster universitarios, 2 Experto universitario, dos doctorados y 30 años de experiencia profesional son algo así como Nada en comparación con tener la posibilidad de comentar un partido de fútbol en la tele, por ejemplo.

Así de simple, así funciona esto. El primero debe desgañitarse, explicar, poner ejemplos, leer, formarse, reciclarse, revisar nuevas guías, asistir a congresos, hacer cursos, estudiar… y aún así, siempre les asaltará la duda, el diagnostico diferencial, las características del paciente, las lesiones anteriores, la calidad muscular, la preparación, la alimentación.

El segundo, estando en una cabina de tv en grada alta y tras ver una falta en 1 segundo, es capaz de diagnosticar, pronosticar, resolver el mecanismo de producción de la lesión e incluso dar algún consejo para el tratamiento: “ojo que se ha roto el cruzado. El club va a perder al jugador de 6 a 8 meses…”.

Qué pena de tiempo perdido, años de estudio y trabajo desperdiciados.

Comentarista. A eso me tenía que haber dedicado.

Baste con un ejemplo para explicar la dificultad que conlleva a día de hoy la medicina deportiva en el mundo del fútbol profesional. Imaginemos por un momento la siguiente utópica situación:

Dos gemelos univitelinos (vamos, los que son casi idénticos) que desde su nacimiento han recibido la misma alimentación, han pasado las mismas enfermedades recibiendo el mismo tratamiento. Tienen ambos la misma altura y mismo peso.

Han entrenado exactamente el mismo número de horas con el mismo preparador físico y haciendo el mismo trabajo. Han tenido las mismas horas de descanso y han competido exactamente el mismo número de minutos haciéndolo en la misma posición en el campo. Su alimentación ha sido la misma en número, cantidad y calidad. Ambos jugadores utilizan el mismo material deportivo.

Pues bien si consiguiéramos crear una situación ficticia en la que ambos jugadores sufrieran la misma lesión, en el mismo momento, con la misma intensidad y mecanismo de producción, más que posiblemente la reincorporación de estos jugadores a la competición NO sería el mismo día.

¿Y esto por qué es así?, pues porque son infinidad de circunstancias las que influyen en la recuperación de una lesión. Tantas que es prácticamente imposible dar un pronóstico de tiempo exacto, costumbre esta a la que el mundo del fútbol se ha habituado a costa de la salud de los médicos deportivos que se ven obligados a participar en este juego/apuesta en el que se ha convertido la baja de un futbolista.

Pues bien. Todo esto se simplifica sobremanera cuando es el comentarista/tertuliano/aficionado el encargado de manejar esta situación.

“Esguince de tobillo. De 2 a 3 semanas”

¡¡¡ Ole yo y mi cara bonita !!!

Que haya 3 grados en los esguinces, que pueda haber fractura, que pueda tener un edema óseo postcontusivo, que el esguince pueda ser bimaleolar, que se haya producido sobre un ligamento previamente lesionado…

¿Qué mas da?. Si ya el experto desde la cabina, el estudio o el sofá, ha visto que es un esguince y ha pronosticado de 2 a 3 semanas. Ya puede el servicio médico ponerse las pilas para que no se exceda el tiempo estipulado por el “experto”.

Este popular dicho con tantos años como el fútbol, podría perfectamente llevarse a otras profesiones, algo así como: “Para el fútbol y como letrado todo el mundo está preparado”.

Evidentemente el fútbol iría en todos los posibles refranes porque somos el país más preparado en este tema pero con diferencia. Y de leyes… ahí sí que nos salimos también.

Es increíble cómo un país cuyo “libro” más vendido es el Marca y el programa más visto Sálvame, tiene esa cantidad de conocimiento sobre leyes y medicina. Somos únicos.

¿Qué sentido tiene?, de verdad, estudiar tantos años y prepararte una de las oposiciones más difíciles que existen cuando puedes ir a la cola del supermercado o sentarte en la peluquería y sacar en claro el veredicto ese sobre el que tanto trabajo le está costando a un Juez fallar, sobre ese caso que salió en la tele referente a un fraude o una agresión o yo que sé. Y además hay que esperar a que se lea decenas de miles de folios cuando en el bar de mi barrio hace meses que todos saben que es culpable.

Un desperdicio.

¿A cuántos médicos, letrados o expertos de verdad habéis tenido la posibilidad de escuchar en una tertulia o en una retransmisión deportiva?

También es cierto que no podemos exigirle al fútbol que sea pionero en esto cuando cuestiones absolutamente vitales como puede ser la gestión de una pandemia, se soluciona con el compadreo entre compañeros de partido más allá de buscar profesionales y expertos que den las directrices a seguir. No, para qué vamos a hacer las cosas bien. Ponemos a un filósofo al frente del Ministerio de Sanidad de un país con más de cuarenta millones de habitantes y en medio de una pandemia mundial.

Y no pasa nada oiga.

¿Nos vamos a quejar de los comentaristas de un partido de fútbol?

Si es que yo también…

Lo dicho, de Fútbol y Medicina todo el mundo opina.

PACO ESCARTI 28/10/2020

Los ídolos no existen

Año 1996. Davor Suker ficha por el Madrid. “¿Eso es cierto?”, “No es posible”.”¿Sukerman?”, “¡¡El Mago no se puede ir!!”

Pues se fue. Y al Madrid.

Qué impotencia, qué difícil de entender para una afición que volvía a encontrar tras muchos años a un referente, a un ídolo, a un jugador del que presumir frente al mundo y que se sentía sevillano y sevillista.

Pues se fue. Y al Madrid.

Seguramente no fue el primero en coger el vuelo de San Pablo a Barajas, y evidentemente no sería el último, pero fue una salida que se nos clavó en el alma.

Despedido como las grandes figuras del toreo después de cortar dos orejas en la Maestranza; a hombros y con la grada coreando su nombre. Qué lástima pero, qué orgullo de afición. Qué compostura y qué señorío despedir así a un jugador que creíamos sería la base sobre la que montar un gran Sevilla, y a pesar de todo, nuestra afición supo darle las gracias y poco faltó para llevarlo a hombros al aeropuerto.

Y al Madrid.

Honor para ellos y gratitud eterna para el que siempre se  comportó como un gran profesional. De principio a fin.

Han pasado ya algunos años y más futbolistas, algunos se fueron con gloria y otros sin ella, algunos incluso, ¿sin dignidad?. A algunos les perdieron sus propias palabras, otros, quizás mejor asesorados, supieron utilizar éstas para mitigar la tormenta. Algunos se fueron en silencio, otros, con ruido de fondo. Hubo quien se fue sin que nos percatáramos casi. Perdimos jugadores antes, después y durante alguna temporada. Alguno se fue con una foto en un avión, o a través de una red social, y hubo alguno, como Davor, que se fue en olor de multitudes.

Siempre estarán en el recuerdo jugadores que tras muchos años de esa despedida siguen sintiendo la camiseta que alguna vez llevaron, esos, los más queridos.

Pero quizás  casi sin darme cuenta he aprendido que nada de aquello debía afectarme como lo hizo ese día de hace 24 años. Aunque cueste definirlo así porque para nosotros los sentimientos no tienen precio, hablamos de trabajadores, gente que viene y va. Gente que busca su bienestar y el de sus seres queridos, y eso, queramos o no, es algo que debemos aprender a entender por muy mal que nos haga sentir. Las formas ya, es otro cantar.

Esta es la realidad.

A muchos los he conocido de cerca, muy de cerca. He trabajado con ellos, he viajado con ellos, he comido con ellos, y esa magia del jugador que sale del túnel de vestuarios mientras suena nuestro himno es otra según cada jugador, que a la postre es como el resto de los mortales. Pero esa es otra historia que dejo para más adelante…

Lo que sí debemos saber exigir es que el tiempo que lleven el  escudo en el pecho se dejen el alma cada día, cada partido y cada entrenamiento. Que luchen por cada gol, por cada punto, por cada jugada. Que ganen partidos y luchen por ampliar las vitrinas de la planta noble, y que mueran por esa afición que les lleva en hombros si hace falta.

Lo demás, es puro romanticismo, y aunque cueste asumirlo, fútbol y romanticismo hace tiempo que dejaron de coexistir. Posiblemente hace 24 años.

Quién sabe.

Los ídolos, quizás,  ya no existen.

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