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Miguel Canales - Columnas Blancas

MIGUEL CANALES 10/12/2020

Youssef En-Nesyri: me llaman el controvertido

El público sevillista ha tenido la suerte de ver con su camiseta grandes delanteros a lo largo de su historia de muy diversos pelajes. Sin remontarnos a Juan Arza, el Niño Maravillas, o el campeón del mundo Bertoni, Nervión ha visto botas de Oro como Toni Polster, botas de oro de mundiales como Davor Suker o a la pareja de oro de la historia sevillista, el dúo Luis Fabiano-Fréderic Kanouté. También ha contado con otros delanteros no tan recordados en el inconsciente colectivo sevillista como Bang Bang Zamorano, Álvaro Negredo, Carlos Bacca, Kevin Gameiro o el invento caparrosiano de la “Roca” Baptista. Incluso, todavía, anhela a Wissam Ben Yedder. Es decir, el sevillismo se ha acostumbrado a encadenar de manera bastante consecutiva a nueves de esos que tienen en sus botas 20 goles por temporada desde hace más de 30 años.

Por este motivo suele ser bastante crítico con los delanteros que no rinden de manera inmediata. Se levanta una corriente crítica importante y se abren bandos dentro de la afición. No hay que irse muy lejos para ver este comportamiento con respecto a Luis Fabiano -que pasó de demonio a ángel- o con Álvaro Negredo, al que se le achacaba en muchos foros sevillistas de buscar el más difícil todavía en lugar de ser efectivo. Luis Muriel, Iago Aspas o Ciro Inmobile -dentro de los años más recientes- no llegaron ni a levantar esa dualidad. El primero por su escaso rendimiento goleador -que luego ha redimido fuera de Sevilla- y los segundos, por contar con menos minutos de los que sus goles, anterior y posteriormente merecían. No es que lo hicieran mal, es que sus compañeros lo hacían bastante bien y no llegaron a coger la camiseta de 9 titular del equipo.

Con esta introducción recordando la figura de los goleadores en la historia reciente -y no tanto- sevillista, queremos poner de manifiesto que Sevilla tiene un paladar especial para los delanteros. Ha visto muchos, muy distintos y muy buenos. Por eso no suele ser demasiado paciente con sus 9s. Les exige rápido, quiere rendimiento goleador inmediato y más en esta situación histórica que vive el club de asentamiento en la máxima élite del fútbol europeo. Sabe que la figura del killer es capital para mantener el status en el que se encuentra y, aunque no se diga pero se piense con la boca pequeña, soñar con que le meta más cerca de la pelea -dentro de sus limitaciones- con los grandes transatlánticos nacionales y europeos.

Si a eso le unimos una figura como la de Youssef En-Nesyri -digamos así en primera impresión especial-, el cóctel está servido. La controversia se dispara y la dualidad en la afición sevillista vuelve a aparecer. Y más ahora, cuando parece que empieza a encadenar goles. Las tornas se vuelven y los que esperaban de él cosas interesantes o importantes acallan las voces críticas de los que, tras unos primeros meses, criticaban su calidad técnica y resolutiva de cara a portería. Ese culmen de críticas llegó con la parada de Neuer en la Supercopa de Europa, en una imagen que recuerda el peor momento de Wissam Ben Yedder fallando un penalti contra el Barcelona en otra Supercopa europea -volveremos sobre esta semejanza-.

La llegada de Youssef a Nervión no parecía la de un primer espada. Sus números no lo decían, había sido un jugador más de highligths que de anotaciones y mucho más lugarteniente que general. 13 goles en 37 partidos de titular y 12 de suplente en el Leganés y un comentario general en su anterior afición, “En-Nesyri es capaz de meter lo más difícil y fallar lo más fácil”, coronaban a un jugador más de secretaría técnica que de público medio. Con picos irregulares, siempre dando la cara en el trabajo, eso sí que es innegable, pero alternando partidos de los que dejan con la boca abierta con otros donde era demasiado romo.

Los 20 millones pagados por él en el mercado de invierno y la situación anotadora del equipo en aquel momento tampoco eran la mejor situación para presentarse en Sevilla a resolver unos problemas que no eran suyos ni que debía asumir. Aunque ese fuera el sentimiento general en la afición, Youssef parecía, a su llegada, un delantero para sumar desde las rotaciones y crecer dentro del crecimiento general del equipo y no lo que muchos esperaban de él: la solución goleadora.

En-Nesyri había ido creciendo en Leganés junto al protectorado de Martin Brahitwaite. En un modelo de juego que se basaba en la complicidad y complementariedad de ambos, el equipo pepinero había solventado una difícil salvación en Primera División sumando piezas alrededor de ellos. Youssef era el “currela”, el que peleaba los envíos largos, el que caía a bandas, el que más se fajaba lejos del área, alternado apoyos y rupturas muy largas a la contra. En eso, y volvemos a la semejanza con Wissam, Ben Yedder llegó a Sevilla siguiendo un camino similar, siendo el complementario de Bratihwaite en Toulouse. No decimos que su juego fuera similar, pero el francés barría más que el danés, como ocurría en Leganés con el marroquí, y tiraba más apoyos, se sacrificaba más y partía más veces desde banda que Martín.

Ambos aterrizaron en Sevilla sin vitola de titular, trabajando en una doble punta, y teniendo que ganarse el puesto por detrás de otros compañeros para ser el único 9. En ese proceso está ahora Youssef, en el de reciclaje desde el que le ha traído a Nervión. Pasando de moverse en todo el ancho y largo del campo, corriendo mucho, peleando más y en un modelo de juego que le pedía ser más insistente que certero.

En-Nesyri, en esta temporada en Sevilla, ha reducido su radio de acción a prácticamente el tercio central del campo, participa la mitad de las veces de lo que lo hacía en el Leganés, disputa la mitad de los balones aéreos que en su anterior equipo y chuta un 40% menos a potería que en la temporada 18/19. Son 3 meses solamente los que van de competición y quizás todavía no sean suficientes para establecer que esa tendencia se ha consolidado en su juego. Seguramente sea así si Lopetegui sigue manteniendo el modelo de juego que tiene donde prima el ataque por bandas y elaborado al de buscar espacios interiores, juego directo o el contragolpe de donde viene Youssef.

Sin embargo, su acierto en el pase ha subido un 25% y su capacidad resolutiva todavía más. Participa menos, pero lo hace mejor en lo que llevamos de temporada con respecto a lo que hacía en el Leganés. Sigue siendo embarullado en su conducción, su físico desgarbado en carrera tampoco le ayuda a ser estéticamente bonito de ver y la definición sigue siendo peor que su remate de primeras –sobre todo de cabeza-. Los controles y apoyos de espaldas le siguen costando y encima se le han reducido los espacios y participaciones. Pero ahí viene mostrando una evolución en su juego, adaptándose a moverse menos, trabajar menos para un compañero de ataque y esperando más las situaciones de juego o jugando más de espaldas que corriendo al espacio o saltando a ganar los balones largos.

Su figura seguirá siendo controvertida en cuanto y en tanto los goles dicten, como la de cualquier delantero, potenciada por sus limitaciones que las tiene como cualquier jugador que no es un dechado de técnica. Pero como ocurriera con Ben Yedder, por citar el último gran delantero sevillista con el que hemos establecido una línea temporal de semejanza, está en un proceso de reciclaje. Ojalá su recorrido sea como el de Wissam, señal de que ha sido muy productivo para el Sevilla y señal también de que la dirección técnica del club ha sabido ver más allá de lo visual y visualizado un proceso de adaptación efectivo a lo que se le pide en este modelo de juego.

Y mientras tanto, no está tampoco mal que, como contra el Rennes, nos deje ver sus virtudes, que también las tiene, como el atacar el remate al primer palo -moviéndose bien el área- o atacar los espacios en profundidad -mejor de derecha a izquierda y definiendo de izquierda a derecha-.

MIGUEL CANALES 23/11/2020

Oussama Idrissi, ¿el nombre del año 2021?

Diez minutos le bastaron a Oussama Idrissi, en su debut en Nervión, para convertirse en el nombre- que no el hombre- del partido contra el Celta de Vigo en el Sánchez-Pizjuán. La Sevilla sevillista siempre está ávida en conocer nuevos jugadores. El modelo de negocio del club rojiblanco le ha llevado a ver desfilar jugadores y jugadores temporada tras temporada. Y ella lo ha aceptado a base de plata y de jugar a un juego muy consolidado, otorgar bendiciones y odios tempraneros tras verlos debutar. Oussama no podía librarse de ello y sus primeros minutos ya lo pusieron en boca de todos por encima de cualquier otro debate en torno al partido.

Sonados fueron los primeros minutos de dos jugadores que ganaron el corazón sevillista para siempre, los de Davor Suker y Frederic Kanouté. Los de Idrissi no han llegado a tanto, pero ya han levantado el tema de conversación sobre su figura, opacando los problemas y dificultades que atraviesa la tropa de Lopetegui- Miguel Ángel Román dixit-. El marroquí está siendo y será el centro de las charlas entre sevillistas hasta el martes, donde el fútbol vuelve. Veamos si esto puede ir más allá y Oussama puede ser el nombre del año 2021 en clave sevillista.

Dentro de un modelo de juego que centra críticas, iras y fobias en la figura de los delanteros centros, los extremos aparecen como los elementos determinantes y distintivos del rendimiento del equipo. Y más en épocas donde la carga de partidos se hace muy pesada, como le pasará esta temporada al Sevilla. Ocampos, con permiso de Navas y Banega, fue la figura ofensiva del curso 19/20. El argentino añadió a sus compañeros de pódium en el juego de ataque la determinación de cara a portería. El sevillismo clama, y sobre todo espera, encontrar “otro” Ocampos para tener dos bandas plenas de profundidad y, a ser posible, en banda izquierda para que Lucas pueda volver a la derecha.

Rony Lopes por incomparecencia o Nolito por caída de su nivel no llegaron a ofrecer un rendimiento suficiente y mantenido para vestir esta temporada la zamarra blanca- roja o azul- sevillista. Munir, como bien comentaba ayer Miguel Quintana, es mejor suplente que titular. Sobre todo atacando zonas intermedias, encontrando espacios entre líneas y poniéndose de gol. Es decir, siendo un revulsivo para posiciones interiores y con aroma a segundo delantero. Y Suso parece que tiene lejanos aquellos tiempos en los que podría ser un extremo a pie cambiado con salida a ambos costados. Es más un mediapunta que parte de banda y daña más con el pase, el temple y la pausa que con el desborde y la agitación.

Idrissi aparece como esa figura “Ocampiana” en banda izquierda. Extremo de desborde, potencia, capacidad para percutir con continuidad y mantener el alto ritmo que necesita el equipo de Lopetegui para ser constante y continuo en ataque. Pero Oussama es algo más que eso. Y mis dudas aparecen en ¿qué versión potenciará Julen de él? ¿La de extremo abierto y profundo de cal, como más le gusta a él en sus jugadores externos? ¿O le dejará ser ese alma más libre que sale por ambos lados, ataca picos de área, mete diagonales desde borde del área al palo contrario, o aparece a recibir entre líneas y se perfila a portería para disparar desde fuera el área o buscar un pase interior a un compañero?

No me equivoco si digo que Julen estaba esperando la recuperación de Idrissi como agua de mayo para tratar de convertirlo en pieza fundamental de su Sevilla 20/21. Y es que el holandés, de ascendencia marroquí, tiene todo para ser el nombre de este año. Le puede ofrecer cosas al equipo de las que anda algo exento. Velocidad sin balón, ruptura al espacio, asociatividad y juego interior, capacidad resolutiva. Más allá del desborde típico de extremo que recibe al pie y busca profundidad, Ossama tiene las condiciones para ser un extremo moderno de amplio abanico de soluciones, junto con el arte del regate y el centro.

Su puesta de largo nos dejó 10 minutos que ilusionaron al sevillismo en una versión más clásica de un dorsal 11, con 3 acciones de recepción al pie, desborde y balón tenso a zona de remate. Pero la que ganará a los sevillistas es esa de extremo de pico de área y diagonal al palo largo, la de velocista al espacio o la de conducción hacia el interior en zona de minas de ¾ de campo el rival.

Primero, porque ha demostrado que es muy bueno en eso en el Az Alkmaark. Y segundo, porque es algo que no tiene el equipo y necesita. Lo necesita cuando repliega y quiere salir a la contra, lo necesita cuando busca los cambios de orientación de lado a lado para ganar profundidad y punch al espacio y lo necesita cuando ataca repliegues bajos para dar al equipo alternativas al Navas-Ocampos tan paradigmático en este Sevilla y obligar a los rivales a pensar en cómo defender un jugador que amenaza sin balón y por dentro o por fuera.

Debutó Oussama Idrissi y ya está en boca de todos. ¿Será el nombre del 21? Espero y deseo que así sea. Las condiciones las tiene y el modelo de juego que potencia tanto a los extremos le puede ayudar a ello. Lo veremos.

MIGUEL CANALES 23/08/2020

Con Julen Lopetegui, me equivoqué

Debo reconocerlo, me equivoqué con Julen Lopetegui. Pero mi valoración previa no estaba marcada por prejuicios de sus situaciones fuera de los terrenos de juego. Esas ni me importaron en un principio y menos me importan ahora. No estuve en esa corriente del sevillismo que tenía la mosca detrás de la oreja por los acontecimientos que ocurrieron alrededor de selección española y Real Madrid. Mi perspectiva sobre Lopetequi estaba motivada por lo que había visto de él como entrenador.

En el verano pasado hice un análisis bastante profundo del modelo de juego de Julen a lo largo de su paso principalmente por Real Madrid y Oporto, de donde eran más extrapolables las conclusiones sobre lo que podría ofrecer en el Sevilla como técnico ( en el siguiente enlace puede encontrar el lector el trabajo realizado ¿Cómo defenderá Lopetegui en el Sevilla?). Para ello vi no menos de 20 partidos, todos los del Real Madrid, varios en Europa y liga portuguesa con el Oporto y alguno más de la selección española que él dirigió.

No me gusta nunca hablar de lo que no conozco y menos dejarme llevar por las emociones sin conocimiento. Todavía menos cuando hablo de fútbol. Así que me puse manos a la obra para conocer más a fondo al Julen entrenador-sobre todo estratega- antes de dejarme llevar por las ideas previas que tenía de él en mi memoria no tan cercana. Lo que me encontré no me llenaba en clave sevillista.

Tenía serias dudas, como se desprende en el análisis enlazado, sobre qué plantearía defensivamente en el Sevilla y si sería capaz de encontrar solidez defensiva a través de la transición defensiva-al pasar de ataque a defensa- porque había sido su caballo de batalla en los clubs que había entrenado.  Tampoco era un enamorado de su modelo de juego ofensivo, basado más meter muchos centros laterales y generar superioridades por fuera que en otra cosa. Mucho balón, fútbol control y muchos centros laterales, ciertos problemas defensivos tras la pérdida, algunas rachas negativas relativamente largas donde le costaba sacar al equipo de inercias no ganadoras estaban ahí también. Tampoco le veía un entrenador demasiado dado a salir de su posicionamiento 1-4-3-3, salvo situaciones puntuales donde si tiraba de línea de 3 en defensa, o metía doble 9 cuando los partidos se le ponían en contra en las segundas partes. Lo veía un entrenador rígido, poco dado a modificar sus ideas y con un estilo de juego demasiado marcado, no muy adaptable.

En contrapeso a esto también valoraba sus inicios de temporada en los equipos. Oporto y Real Madrid comenzaron las temporadas con él como tiros. Su paso por la selección española fue más que notable y tenía un partido suyo con España que me había marcado. Fue el España-Italia donde, después de muchos años, veíamos a España replegar a campo propio y defender en su área sin utilizar el tikinaccio que se convirtió en marca registrada del combinado nacional durante muchos años. (Véase este artículo de Ecos del Balón para conocer este aspecto “Lopetegui es otra cosa”). Esto si me había puesto en alerta porque rompía muchos preceptos y moldes. También de los que tenía sobre él.

Después de todo este análisis tiraba en mí la parte más emocional. Queramos o no, nuestra valoración no es 100% analítica y los gustos marcan mucho la pauta en las valoraciones que hacemos. El fútbol de Lopetegui no me satisfacía del todo. Quizá mi paladar se ha vuelto más sibarita y ahora vivo más alejado del fútbol. No veo tanto y busco aquello que me da sensaciones. Soy más de ver equipos o jugadores que me satisfacen que de ver mucho de la manera que sea como antaño.

Pensaba, también, que el Sevilla necesitaba un fútbol más pragmático para reconstruirse y encontrar estabilidad en el banquillo tras dos años con demasiado terremoto en el vestuario de Nervión. Lopetegui te daba mucha posesión, fútbol con control pero con una puerta abierta a recibir contragolpes que había sido el talón de Aquiles principal del Sevilla de las dos últimas temporadas. No lo veía como un entrenador que hiciera un equipo de granito y duro atrás desde el que empezar a definirse.

Comenzó la temporada y la pauta de lo que esperaba se daba casi al 100%. Equipo de mucho control, bandas y más bandas con mucho centro lateral y racha inicial de resultados positiva. Clavaba lo esperado por él, pero sin enamorarme. Era en las derrotas, como la de Eibar, o en los partidos donde se salía del guion como contra el Qarabag de visitante donde yo veía el mejor Sevilla. Los primeros 45 minutos en Mendizorroza y los últimos 30 en  Rusia fueron totalmente diferentes al resto de los partidos de los primeros 3 meses. El equipo renunciaba al control tiránico de la pelota y corría. Y además corría como los ángeles ante equipos volcados. Fueron gotas en el desierto dentro de un patrón muy cerrado. Partidos con mucho control hasta el 1-0-en algún caso se llevaba hasta el 2-0-para replegar a campo propio, hacerse fuerte en área y resistir. El equipo hacía un trabajo de funcionariado, ganaba muchos más que perdía y se iba haciendo fuerte defensivamente.

Como comenta en muchas ocasiones el analista Miguel Quintana, el Sevilla se construía como un equipo de cantidad por encima de calidad. Llegaba mucho pero no muy claro y le llegaban poco pero generalmente con claridad.

Sin embargo, los parones competitivos marcaron la diferencia. Después de las vacaciones navideñas llegó la visita el Bernabeu. Ahí vimos un Sevilla distinto en cuanto a su concepto de juego. Empezó a escalonarse mucho más en la salida de balón, a encontrar muchos más jugadores por dentro y a intentar un  juego más equilibrado en cuanto a reparto espacial. Hace un muy buen partido pese a la derrota e intenta introducir cambios para hacerse menos previsible. Aquello tiene continuidad contra el Levante y el equipo ataca mucho más los picos de área que la línea de fondo. Se gana 3-1 en uno de los partidos, hasta ese momento, donde el ataque fluye más. El equipo corre más y busca más juego interior.

Sin embargo aquello no tiene continuidad. Comienza una mala racha de resultados, y aquí vienen a mi memoria los tiempos pasados de Lopetegui en Oporto y Madrid. La racha de resultados se cae después de un gran arranque. Llegan las dos competiciones, jugar cada 3 días, la necesidad de rotaciones. Ello lleva a  5 partidos sin ganar, eliminación de Copa, eliminatoria casi al cara o cruz contra los rumanos del Cluj. Son los peores momentos de Lopetegui que sigue calcando lo que intuía de él, visto su recorrido previo a Sevilla.

Veo que ha habido los llamados “brotes verdes”, situaciones-incluso en las derrotas-que yo valoro más que las victorias. Julen ha buscado darle al equipo otras cosas y han funcionado pese a las derrotas- Eibar o Madrid-. Pero no han tenido continuidad. En ese momento de la temporada el modelo de juego se ha atascado y ya no lo están sosteniendo los resultados. El más arriba y menos abajo, lo empieza a decantar más la calidad que la cantidad. Suenan alarmas en el sevillismo y en mi pensamiento se repite. Se veía venir.

Hasta aquí “mi relación” con Lopetegui es de subis-bajis. Veo cosas, pero no se implantan. El guión es al 90% el mismo. Dominio y muchas llegadas por fuerza y empuje, recibir pocas ocasiones pero claras y resultados ajustados. A favor o en contra. Muchos partidos decididos por detalles y no tanto por diferencia de categoría tanto a favor como en contra. Empiezo a creer que Julen puede cambiar cosas de su marcado ideario pero vuelven a no tener continuidad. Creo y dejo de creer.

Getafe y Atlético de Madrid vuelven a sostener al equipo. Aquí Julen ha roto uno de mis prejuicios. El equipo no se le ha terminado de caer como yo creía-visto su recorrido previo a Seviilla- Y le da la vuelta a una situación muy complicada para él y para el Sevilla contra mi “pronóstico” previo. Y llega el confinamiento. Todo se para y a la vuelta, Lopetegui si se corona. Cambia radicalmente mi percepción sobre él. Otra vez es un parón el que le lleva a darle una vuelta de tuerca, dentro de sus ideas de base, al equipo. Si antes era un equipo competitivo, ahora sí que se hace de granito y empieza a dejar atrás vicios.

La vuelta a la competición contra el Betis no deja tantas diferencias, control, dominio, balón parado, 2-0 a favor y repliegue intensivo para volver a intentar dejar al rival con las mínimas ocasiones posibles. Hay algún susto y el equipo repite patrón de muchos partidos. Villarreal es otro ejemplo de la dirección de campo de Lopetegui, bastante buena a lo largo del año, pero llevada al extremo tras el reinicio competitivo. Tras una primera parte anodina de control estéril, Julen modifica el modelo de juego y sobrecarga en bandas-sobre todo derecha- su ataque. Y vemos un Sevilla que ataca mucho mejor que en la línea media de sus partidos( ¿quizá los mejores ofensivos de la temporada en la segunda parte?)

A partir de ahí, partido medio contra el Valladolid, marcado por la pauta general que lleva al 1-1  Y la transformación en equipo metalúrgico absoluto que diría el gran Martín Perarnau. Si la transición defensiva durante todo el año ha sido buena-ahí radicaba mi gran duda con Lopetegui- a partir de Julio adquiere otra dimensión. El triángulo Fernando- Kounde- Diego Carlos lleva al Sevilla a prescindir cada vez más del repliegue a campo propio.

Al equipo le sigue costando más o menos atacar, sigue siendo muy dependiente del balón parado, no termina de ser brillante. Pero alcanza otro nivel de competitividad y control. Defiende mucho menos en área y empieza a renunciar al repliegue intensivo como marca clara. Ahora si que es una roca como demuestra que gana 9 partidos y empata sólo 1 a cero contra la Real Sociedad. Ha dado un paso adelante y tiene una determinación mucho mayor.

La temporada termina viéndose en los partidos  de Europa League que puede sostenerse con problemas en su transición defensiva-como muestran los Wolves de Nuno, el United de Soljskaer o Inter de Conte- y ya no es Ocampos-Navas dependiente en ataque. En los últimos 4 partidos de la temporada no asume que tiene que replegar cuando está con marcador a favor a sostener resultados en área propia y es capaz de darle la vuelta a resultados adversos. Esos aspectos han marcado gran parte de la temporada y estaban grabados a fuego en el insconsciente colectivo sevillista. Minuto 70 ganando, suponía defender si o si en área propia, y gol rival antes del sevillista llevaban a una lucha titánica por darle vuelta al marcador.

Lopetegui no solo ha conseguido que su equipo le crea, también ha roto los problemas que tenía el equipo y ha conseguido en el tramo final del año que tenga más argumentos competitivos de los que tenía. Y que pueda sostenerse al máximo nivel competitivo-e incluso aumentarlo- sin lo que parecían ser sus pilares básicos, el rendimiento de Diego Carlos y Ocampos que llegaron muy justos físicamente al final del curso.

Por todo esto tengo que decir, que sí, que Lopetegui me ha cambiado la percepción que tenía de él. Ha tenido sus momentos de fortuna que necesitan todos los grandes equipos para ser recordados como campeones. Más allá de los brotes verdes que hablábamos, me convencido por la capacidad de controlar los partidos- salvo esos minutos terribles del United en semifinales-.

Ha pasado a estar, con las diferencias que conllevan, en ese conjunto de entrenadores como Capello, Lippi o Mourinho para mi. Entrenadores con una capacidad para controlar partidos y trabajarlos emocionalmente desde sus jugadores. Que , en muchas ocasiones, no practicaban un fútbol brillante pero de los que podías esperar que a sus equipos los tenías que matar tres veces cuando perdían el control del juego porque luego tenían algo más para volver a los partidos. Julen no ha tenido los jugadores en Sevilla que estos tres entrenadores tuvieron en su carrera. Pero me ha llegado a convencer que tiene la capacidad para controlarlos como hacían esos técnicos en los mejores momentos de su carrera. Desde otra forma, pero con el mismo fondo.

Capacidad para sufrir, competir y controlar los partidos, dirección de campo, motivación grupal. Y una transición defensiva muy potente-pese a los penaltis en los 3 últimos partidos de Europa League-. Para mi los grandes equipos, salvo salvajadas ofensivas, se sostienen en esto. En su capacidad para no conceder contraataques a los rivales. Ahí Lopetegui se ha lucido-algo que me presentaba muchas dudas- y desde ahí ha construido una máquina competitiva. Ojalá le sumo esos brotes verdes de los que hemos hablado en el análisis- Eibar, Qarabag, R. Madrid, Levante, Villarreal- de manera más asidua. Porque entonces, cuidado. Este equipo sería, incluso, muy divertido de ver. Aunque para la mayoría lo divertido sea “solo” ganar.

 

MIGUEL CANALES 12/06/2020

La vieja normalidad del Sevilla de Lopetegui

Comentaba Alejandro Arroyo (@Arroyer), comentarista habitual de la web Ecos del Balón durante muchísimos años, vía Twitter, que, tras 30 minutos de partido, tanto Sevilla como Betis nos estaban mostrando en el campo lo que son. El Sevilla, decía, pone estructura y sistema, mientras que el Betis su latente creatividad. Y el partido se desarrolló […]

MIGUEL CANALES 17/01/2020

Youssef En-Nesyri en el modelo de Lopetegui

Se deshojó la margarita, finalmente ha sido Youssef En-Nesyri el delantero que ha llegado al Sevilla en este mercado de invierno. Lo hace en unas circunstancias bastante diferentes a las que suele utilizar el club de Nervión esta ventana de fichajes: en propiedad y por un buen montante económico. Cierto es, también, que su perfil […]

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