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Mamen Gil - Columnas Blancas

MAMEN GIL 22/01/2020

Eugenio Montes Cabeza

Lo pudo decir más alto, pero no más claro, “árbitro de cámara del Real Madrid”. El entonces presidente sevillista, Eugenio Montes Cabeza, expresaba así su indignación por el arbitraje del colegiado canario Merino González durante un Sevilla-Real Madrid. Esa escueta frase hizo tambalear los cimientos del fútbol español, no solo por lo que significaba, sino por quien lo decía: una persona que se caracterizaba por su señorío y que no decía una palabra más alta que otra, pero que sabía dar un golpe en la mesa cuando era necesario defender los intereses sevillistas.

Las relaciones entre ambos clubes se rompieron y durante el partido de vuelta el presidente sevillista no ocupó su puesto en el palco del Bernabéu y prefirió ver el partido desde la grada. Si ser valiente es difícil, ser coherente no le va a la zaga y Eugenio Montes lo era. Contrario a la transformación de los equipos de fútbol en Sociedades Anónimas Deportivas, rechazó en dos ocasiones ser uno de los mayores accionistas de la entidad. Pensaba que con las sociedades anónimas la democracia futbolística daba un paso atrás, que los socios tendrían cada vez menos que decir y que el poder solo recaería en aquellos que tuvieran dinero.

Uno de los presidentes más longevos de la historia del Sevilla, Eugenio Montes Cabeza cogió a un club casi desestructurado que vagaba por la tabla media de la Segunda División. Logró el ascenso y, con él en la presidencia, el Sevilla consiguió jugar dos temporadas seguidas en Europa. Fichó a Biri-Biri, el primer jugador negro de la historia del Sevilla, a Scotta, Pintinho, o a todo un campeón del mundo como Ricardo Daniel Bertoni, que un día le vio preocupado y le prometió que marcaría un gol en un momento determinado del partido, promesa que cumplió el “Terrible”.

Super Paco, Rafa Jaén, Pablo Blanco, Julián Rubio, Juan Carlos, Paco Buyo… Son solo algunos de los muchos jugadores con los que tuvo que negociar. Trajo al Sevilla a Miguel Muñoz y, a pesar de ser su amigo, cuando creyó que era la única solución le cesó y apostó por Manolo Cardo. Durante su mandato profesionalizó algunas de las áreas del club, completó el cerramiento del Ramón Sánchez-Pizjuán, acometiendo las últimas horas del estadio y amplió y reformó la Ciudad Deportiva. Además, logró traer a Sevilla un partido tan importante como una de las semifinales del Mundial de Fútbol de España.

Discípulo de Ramón Sánchez-Pizjuán y continuador de su legado, recuperó la primigenia denominación anglófila del Sevilla F.C. Trianero de la calle Castilla y sevillano por encima de todas las cosas, no era el típico sevillano gracioso, pero era socarrón y hacía gala de una fina ironía. Hombre de fútbol, su labor fue más allá del Sevilla. Fue directivo de la Federación Española de Fútbol, donde realizó una importante labor. Su trabajo y su buen hacer negociador fue fundamental para resolver tres importantes conflictos.

Medió en la huelga de árbitros; negoció con la Asociación de Futbolistas Españoles la derogación del derecho de retención sobre los futbolistas; y fue el representante de la federación en la Comisión de Televisión, consiguiendo que por primera vez se fijara una norma para el cobro por las retransmisiones de los partidos de fútbol.

Eugenio Montes Cabeza, todo un Señor al que, en mi modesta opinión, ni el Sevilla, en particular, ni el fútbol, en general, han sabido reconocer como se merece.

David Ramos
MAMEN GIL 15/11/2019

El Sevilla… La vida

Hay que ser muy inconsciente o temeraria (en este caso creo que las dos cosas) para intentar explicar por qué el Sevilla es la vida, pero como lo prometido es deuda, aquí estoy, lanzándome de cabeza a la piscina. Alguien con mucho más galones que yo como @leonsfdo lo ha dejado muy claro: ‘el sevillista lo vive las 24 horas del día’, ergo el Sevilla es la vida… Una vida íntimamente ligada a la filosofía del club.

El sevillista afronta la vida con optimismo, mirando siempre la parte positiva de las cosas. Podemos caer una y mil veces pero siempre nos levantamos, pues llevamos grabado a hierro eso del ‘nunca se rinde’. Podemos equivocarnos, pasar malas rachas, pero intentamos no buscar excusas ni acusar a los demás de nuestros errores.

Defendemos lo nuestro por encima de todo. Somos autocríticos y exigentes con nosotros mismos, pero no permitimos que nos pisoteen los de fuera. Sabemos que no somos más que nadie, pero nadie es más que nosotros. Respetamos y admitimos en nuestras vidas a todo el mundo, independientemente de su nivel social, creencia religiosa o ideología política. Abrazamos la bandera del señorío y somos hospitalarios aunque no lo sean tanto con nosotros.

Sabemos que la vida no es jauja y que no estamos aquí para perder el tiempo. Por eso vivimos a tope tanto las alegrías como las penas. Disfrutamos los éxitos y lloramos las pérdidas de los nuestros como si no hubiera un mañana, pero el mañana existe y cuando llega ya estamos preparados y hemos cogido la fuerza suficiente como para volver a subir en esa montaña rusa de sentimientos que es la vida.

El Sevilla es nuestra religión. Al fin y al cabo la religión es cuestión de fe y para fe la que tenemos en los nuestros, en los de colorao. Y nos dejamos el alma en el empeño porque,  al fin y al cabo la vida es pasión… Y si la vida es pasión el Sevilla también lo es.

La pasión, ese sentimiento vehemente capaz de dominar la voluntad y perturbar la razón. Dicen que la palabra pasión deriva del latín passio, y este del verbo pati, patior, padecer… Y malo del que ni sienta ni padezca. Pero eso de la pasión no lo digo solo yo, es algo que refrenda la ciencia. Según un estudio realizado por el Instituto de Ciencias Nucleares Aplicadas a la Salud de la Universidad de Coimbra, la pasión por el fútbol es similar al amor romántico. El estudio ha comprobado que los circuitos cerebrales que se activan en los hinchas del fútbol son los mismos que en los románticos enamorados. Cuando se celebra un gol o se festeja una victoria, se activan regiones del cerebro donde se libera dopamina a modo de recompensa.

Así pues, los hinchas viven en un estado de enamoramiento permanente. Un enamoramiento por el fútbol que es eterno, nunca muere. El vínculo amoroso puede romperse cuando se acaba la etapa del enamoramiento. En cambio, en la pasión por el fútbol nunca pasa eso… Así, que ya sabe… sevillista seré hasta la muerte… Porque como dicen en ‘El secreto de sus ojos’, se puede cambiar de todo. De cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios… pero hay una cosa que no puede cambiar… no puede cambiar de pasión…

MAMEN GIL 16/10/2019

¿Por qué te gusta el fútbol?

He perdido la cuenta de las veces que me han hecho esa pregunta a lo largo de mi vida y la verdad es que casi nunca he contestado. Siempre he considerado que quien eso se cuestiona jamás entenderá tu respuesta, así que tras una ligera elevación de hombros, me he dado media vuelta y a otra cosa, mariposa.

Nací en una época en la que todavía sonaba en la radio esa otra pregunta de Rita Pavone “¿por qué, por qué el domingo por el fútbol me abandonas?”… Y sí, muchas mujeres se identificaban con ella, porque el hombre alfa se marchaba a disfrutar del llamado deporte rey y por mucho que ellas pidieran que les llevaran al partido alguna vez, al final se quedaban en casa solas.

Yo nunca me he reconocido en esa canción, pues en mi casa siempre se ha respirado fútbol en todos los rincones. Se escuchaba en la radio, se veía en la tele y acudíamos al campo. Era tan pequeña cuando fui por primera vez al Ramón Sánchez-Pizjuán que no recuerdo cuál fue ese primer partido. Pero sí sé que ahí comenzó una bonita relación, una relación que sigue viva después de varias décadas y que seguirá hasta que la muerte nos separe.

¿Que por qué me gusta el fútbol?… Pues ni idea, quizás porque es una metáfora de la vida… El fútbol es una máquina de generar sentimientos, una eclosión de emociones. En el fútbol se sufre, se ríe, se llora, se grita… En un segundo se puede pasar de una emoción positiva a otra negativa… Lo mismo se sube al cielo que se baja a los infiernos.

A lo largo de la vida, compres o no lotería, te van tocando unas bolitas que van a determinar que te toque reír o te toque llorar. Lo mismo pasa en el fútbol, pero en ese caso, la bolita adopta forma de balón, y es ese balón el que te hará sentir alegre o triste. Todo depende de si la pelotita quiere entrar o no en la portería contraria.

En cualquier caso, con el fútbol aprendes que hasta el rabo todo es toro y que tanto las victorias como las derrotas son efímeras, por eso se viven los partidos con tanta intensidad. Es el carpe diem elevado a la máxima potencia.

¿Que por qué me gusta el fútbol… Pues porque es buenísimo para desestresarnos y, por tanto, para la salud, ya que aunque vayan mal dadas, podemos clamar a los cuatro vientos todo lo que llevamos dentro. Da igual que grites más de la cuenta o que sueltes algún que otro improperio, nunca vas a estar solo. Conozcas o no a los que te rodean, comparten tus sentimientos. Te abrazas con ellos porque sienten como tú.

¿Que por qué me gusta el fútbol?… Pues no sé, quizás podría añadir que porque también te ofrece la posibilidad de conocer otras ciudades, otros países, otras culturas… Pero llegados a este punto he de confesar una cosa… En verdad, verdad… a mí no me gusta el fútbol (¡ea, ya lo he soltado!)… A mí lo que me gusta es el Sevilla F.C., porque si el fútbol es como una metáfora de la vida, el Sevilla es la vida… Pero bueno, de eso tocará hablar otro día…

MAMEN GIL 21/09/2019

Me pone

Me pone… El video que ha colgado el Real Madrid, me pone. Donde unos ven provocación, yo solo veo debilidad. Que sí, que sí, que el video está hecho con toda la intención del mundo, eso no lo dudo, pero lo que deja entrever se llama miedo… El Madrid nos teme, nos teme ahora y […]

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