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José Ramón Yúfera - Columnas Blancas

Mestalla

Con cariño recuerdo un chiste de Agustín Embuena: “Me duele la cabeza como el campo del Valencia, y…¿por qué? Porque me estalla”. Hago la cita porque en la jornada 11ª del 88º Campeonato Nacional de Liga (CNL) nuestro SFC empató a uno en Mestalla, y lo normal allí es volver de vacío, si no peor. A priori, en otras circunstancias sería un resultado aceptable. Estadio difícil, con una hinchada fiel que de vez en cuando pierde los papeles. Pero, viendo lo sucedido el Miércoles ante un VCF con bajas sensibles, la impresión general es que se perdieron dos puntos por errores propios. Debates aparte sobre delanteros preferidos y otros condenados al ostracismo, sobre sistemas o dibujos tácticos y otras cuestiones de las que no soy experto, es un hecho la falta de gol que condenó al equipo a perder dos de los tres puntos que tenía prácticamente en el bolsillo. Así, que nada más lejos de mi intención justificar el empate con ningún matiz.

Pero es a eso a lo que voy, los matices. Uno, el empate “che” se produce tras una inexistente falta botada impecablemente por Parejo, y dos, al menos dos jugadores locales debieron ser enviados a la ducha antes del descanso, especialmente un sobre-excitado Gayá, que curiosamente acabó sin ninguna amonestación. Tal vez con otro “refferée” y con jugadores avezados en la provocación, hubiese sucedido. Mas no fue el caso, y el sevillismo asume que los dos puntos se pierden no por las decisiones de Del Cerro Grande, sino por la mencionada falta de gol, y por un fallo colectivo en la defensa que permite el remate de Sobrino.

Explico esto porque de un tiempo a esta parte, la afición valencianista vive en una excesiva animadversión contra el SFC. Dado que en la ciudad del entrañable Cabañal, su decano balompédico, Levante UD, cuenta poco, el gran club blanquinegro era el llamado a dirigir la rebelión contra la manipulación del CNL por los dos y medio de siempre, pero como se dijo entonces, se vendió por una “pringá” al duopolio+uno, lo que no le ha servido para instalarse en la élite de forma permanente. Su centenario sólo le ha servido para meter en sus vitrinas la Copa de 2019, porque los vaivenes institucionales que viene soportando desde 2014 han tenido idéntica traducción en el terreno de juego, clasificaciones para “Champions” han alternado con peligrosos coqueteos con el descenso, y viendo además como su más antiguo rival urbano, Levante UD, se le aproxima.

Tal animadversión, la veo injustificada y excede en mucho la normal rivalidad entre clubs potentes que a menudo pugnan por iguales objetivos. Si una eliminación en semifinales de la UEL hace ya la friolera de 5 años, por muy en el descuento que fuese, o porque en la ida uno de los goles del SFC fuese polémico, va a significar una enemistad eterna entre clubs y aficiones, entonces todos en la Liga tendríamos razones para odiarnos. Listas de agravios las podemos hacer todos. Y si no, que pregunten en Valladolid tras la visita del gran club “che” la última campaña.

La hostilidad viene de largo. Un recién llegado J.B. Soler a la presidencia intentó estrenarse en el cargo aprovechando una confusión en la sustitución de Aranda por Pablo, (colegiado madrileño Esquinas Torres, minuto 86 con el SFC venciendo 1-2 en Mestalla en la jornada 7ª de la temporada 2004-05) para acusar al SFC de que por segundos jugó con 12 jugadores y ganar así en los despachos lo que su equipo no pudo hacer en el césped. Lo peor no fue su sucio intento de sacar rédito de lo que fue un partido bronco por ambos lados, mal arbitrado, y a corriente de la “fama” que desde la prensa capitalina se daba ya al SFC (eran los tiempos de la “alarma social” y las “entradas de oficio” del Comité de Competición, pero solo contra el Sevilla), sino su insinuación de que el SFC había intentado burlarse del VCF y su afición. Creo que allí, desde aquél 17-102004 empezó a cruzarse una línea roja aún no reconocida.

Amadeo Salvo, soltó una rajada al término de la ida de aquella semifinal de la UEL 2014 que incendió Mestalla para el partido de vuelta. El “M´biazo” en el minuto 94 hizo el resto. Ni Soler ni Salvo tienen ya relevancia en el fútbol, afortunadamente.

Las declaraciones de un tal Espíritu Santo, en la 1ª jornada del CNL 2014-15 en las que espetó los partidos que llevaba el Valencia contra el SFC sin terminar con once. Alguien desde la cúpula del club debió aleccionar al portugués. Pero suma y sigue, y claro, uno ve en TV primeros planos de un Gayá desencajado, o la agresividad de Garay, Ferrán y G. Paulista, y se pregunta por qué. Indiscutiblemente tiene que ver con algún sector de la prensa valenciana afín al club de Mestalla. Así, rebuscando, me encuentro fechado el 25-11-2016 en la columna “Polémica”, sección Súper Deporte del diario LEVANTE EL MERCANTIL VALENCIANO, un artículo de Marta Costa, “El ranking de los atracos al Valencia en Sevilla”. Ya el título da miedo, pero cuando se lee, se entienden ciertas cosas. La periodista hace una relación de “afrentas” perpetradas por el SFC contra un Valencia siempre necesitado, como si los demás no contásemos ni tuviésemos aspiraciones, centrándose en la Copa del Rey de 2009 y en la mencionada semifinal UEL de 2014. Termina su panfleto con un listado de expulsiones de valencianistas en el RSP desde 2011 hasta 2016. Omite la razón de tales expulsiones, solo da el dato estadístico. Precisamente, el choque con el que abre su lista, 6ª jornada del CNL 2011-12, en el que cita la expulsión de Adúriz, muy conocido como el mago del salto sin codos, no escribe que desde la 1ª parte el SFC tuvo que sostener un 1-0 con nueve jugadores por decisiones del colegiado asturiano, el repeinado y ahora televisivo, Muñiz Fernández.

Nada ha cambiado. Manolo Montalt, en PLAZA DEPORTIVA, en vísperas del choque último se ceba en las expulsiones de valencianistas en los últimos… ¡24 partidos!, minusvalorando las sufridas por el SFC al mismo tiempo. Y lo escriben en referencia a un equipo que es el que presenta más expulsiones en la Hª. de la Liga. Nosotros no le vamos a la zaga, todo sea dicho. Pero tal dato, que sería resultado de otro análisis, allí se enfoca contra el SFC. Guste o no, el SFC crea condiciones para que profesionales que no triunfan en determinados clubs sí lo hacen aquí. Palop, Banega, Emery, Javi Navarro… pudieron triunfar en Mestalla, pero lo hicieron en el RSP. ¿Es eso lo que molesta?. Pues es lo que hay, asúmanlo, señores “chotos” del viejo Algirós y todo irá mejor. Del mapa no nos vais a borrar, con Lim o sin Lim, otros más poderosos lo han intentado sin resultados. Espabilen, vean que el enemigo del VCF no está en Sevilla, y espero para la próxima vez que nos desplacemos a la Avdª.de Aragón, degustar fartons y horchata en Santa Catalina, aunque perdamos, en la única ciudad de España en la que mi primer apellido se pronuncia bien y a nadie extraña. Vamos a llevarnos bien.

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Símbolos

Que el Sevilla FC es un club maldito para esa opinión pública manipulada por tantos enemigos como tiene nuestra querida entidad, no creo que sea secreto ya para nadie. Hay que pedir perdón por nuestros numerosos éxitos y cuando se nos condecora, los encargados de hacerlo ponen cara de estreñimiento, nuestros fracasos sirven de alegría desbordada, no solo en la parte no sevillista de la ciudad, sino en otros muchos puntos de Andalucía y del resto de España. Hemos de guardar un escrupuloso silencio ante las dificultades, deportivas y económicas, de algunos de nuestros rivales comprobando cómo las instituciones locales y autonómicas se vuelcan en solucionar sus problemas y sabiendo que si nos ocurriera a nosotros, todo sería muy diferente. Nuestra forma de reaccionar ante esto es la postura correcta, indiscutiblemente. Nuestra afición ya sabe de sobra cuál es el papel que este fútbol patrio nos ha asignado desde casi siempre.

¿Por qué esta reflexión? Pues porque a menudo, desde la acera futbolera contraria en nuestra ciudad, no desde sus aficionados, que eso tendría un pase, sino desde su cúpula directiva actual, se acusa al Sevilla FC de haberse apropiado de los símbolos de la ciudad. No entro ya, desde luego, a comentar y rebatir otras declaraciones referentes a la dimensión y presencia social e institucional de cada uno, eso es un debate de barra de bar, y valoro positivamente que nadie de nuestro Consejo salga a contestar cada vez que se ha hecho una afirmación en este sentido. Como me dijo un amigo en los “tiempos dorados” del “loperismo”, años noventa, esa es una guerra en la que nada tenemos que ganar y si mucho que perder.

¿Cuáles son los símbolos de la ciudad?: Su nombre, su escudo alfonsino, sus santos patronos S. Isidoro y S. Leandro, el rey que conquistó la ciudad, Fernando III de Castilla y León… cualquier sevillano los conoce. Cuando se fundó nuestra más que centenaria entidad no existía nadie más que pudiese pugnar por tales símbolos. Somos el club decano de la ciudad, y el segundo más antiguo de España, ¿Por qué no llevar, orgullosamente, el nombre de la ciudad que nos acoge? ¿A quién se lo hemos arrebatado, si no había nadie más?

Siguiendo con el nombre, hacia finales de 1907, en el entorno de la Academia de Artillería, aparece otro club de fútbol, reconocido como el primer germen de nuestro actual rival urbano futbolístico con el nombre de Sevilla Balompié, y lo ostentó hasta el 31-12-1914, fecha en la que se re-fusionó con su vieja escisión desde 1908, el Betis CF, luego Real Betis CF, adquiriendo en ese momento su nombre actual. Durante siete años, nada ni nadie les impidió usar el nombre de la ciudad ¿Dónde está ese “apoderamiento” por parte del Sevilla FC? ¿Quién les impidió seguir usando el nombre a partir de 1915?. No el Sevilla FC desde luego.

Por otro lado, los símbolos están abiertos al uso de quien quiera acogerlos, el Sevilla FC no ejerce ningún monopolio sobre ellos, como ellos tampoco monopolizan la corona que adorna su escudo y que los convierte en uno de los clubs monárquicos, y por los tanto aristocráticos, de España, pese a que han procurado repartir otras famas a lo largo de la historia y la geografía. Pueden sustituir, añadir, reformar… lo que quieran en y con su escudo, nadie se lo impedirá. Pero claro, el discurso victimista del pobrecito acosado por el rico, se vendría abajo.

Y finalmente, aún quedan símbolos de la ciudad por usar, nuestras santas patronas Justa y Rufina o la Virgen de los Reyes, tan importantes como los que adornan el escudo del Sevilla FC. ¿Por qué no los acogen en su escudo? No se trata de entrar en ninguna guerra sobre estos asuntos, nimios a estas alturas de la historia futbolística, pero también conviene desde nuestro lado, y con todo el respeto del mundo, reaccionar ante afirmaciones que siguen, de forma muy provinciana, insistiendo en una historia que reparte papeles de buenos y malos, y ya sabemos cuál nos toca a nosotros. Es como si alguien desde nuestra acera afirmase que ellos se han apropiado del Señor de Sevilla, el Cristo del Gran Poder.

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