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José Ramón Yúfera - Columnas Blancas

Un fútbol que se derrumba

“Un mundo que se derrumba”, es una frase conocida en algunos diálogos de cine clásico. Así, en el guión que los hermanos Epstein entregaron a Michael Curtiz para “Casablanca”(1942), es pronunciada por Rick (Humphrey Bogart)en la inolvidable escena en que le dice a Ilsa (Ingrid Bergman) “el mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos”. Mientras tronaba la 2ª Guerra Mundial aquellos dos seres se abandonaban a inadecuadas cuitas personales. También en “Scaramouche”, excelente film de aventuras dirigido por George Sidney en 1952, basado en la omónima novela de Rafael Sabatini (1921), hay una escena en la que André Moreau (Stewart Granger) pronuncia la misma frase. En una revolución como la francesa de 1789, él está enfrascado en supuestos orígenes familiares que le impiden el amor de Aline de Gravillac (Janet Leig).

Sucede ahora con el ¿fútbol? Creo que es cualquier cosa menos eso. Uno sigue enganchado por el amor que profesa a su club de siempre, el Sevilla FC, el de sus mayores y su infancia,  el de su ciudad y el de un barrio entero que se estremecía y temblaba los días de partido. Y uso el pretérito imperfecto porque la guerra en forma de pandemia nos ha privado hasta de los ecos que salían del estadio. Una voz enlatada canta los “goals”, pero nada parecido al grito enrabietado de multitud de gargantas. Es la razón por la que he empleado este título parafraseando un recurrente diálogo en el Cine Clásico.

El cambio lleva tiempo produciéndose, aumento de clubs en la LFP desde 1971, publicidad en las camisetas, marca multinacional para las mismas, adelanto de la competición doméstica a pleno verano en unas latitudes en las que es insoportable jugar o acudir a un estadio, todo un marasmo de competiciones… ¿para qué seguir? Pero la guerra del Covid-19 y sus mutantes ha terminado por dar ya la puntilla a eso que yo llamaba fútbol. Ya no lo conozco.

Entiendo perfectamente que mantener la competitividad exige estos sacrificios ya que los ingresos por abonos son el 5º capítulo de cualquier entidad. Que orientales asiáticos con el huso horario UTC+8, entre la los 80º y 120º longitud E. y 20º y 50º latitud N. paguen por ver nuestra LFP y nos obliguen así a horarios intempestivos, que se ingrese mucho por publicidad, por “sponsors”, etc… lo asumo. “Marketing”, “Merchandaising” y otros aspectos, superan con creces al “ticketing”. ¿Lo he escrito bien? Pero el enjambre de competiciones que lastran el calendario de los clubs, para mí es incomprensible, y llega a empachar.

Escribo inmerso en la nostalgia de algo que ya no existe, lo sé. El verano comenzó con el anuncio de la editorial Tomás Tocino e Hijos de que ya no publicarían más la excepcional obra que iban lanzando ininterrumpidamente desde la temporada 1949-50 y que yo venía coleccionando desde finales de los sesenta, el Calendario Dinámico. Barrido inmisericordemente por las nuevas tecnologías, las mismas que nos obligan a una digitalización forzosa, imperativa, para renovar el abono anual, se han cargado una publicación sin la que muchos no entendemos el inicio de temporada.

Y aquí vemos a quienes, acostumbrados a ir anualmente a su taquilla, ahora se ven empujados a engancharse a una máquina y familiarizarse con un lenguaje incomprensible, hay que saber Inglés, para dar con la tecla precisa introduciendo códigos numéricos en campos, y cuando crees te has enterado de lo que es un código de barras este queda anticuado y aparece otro que es “QR”. Puedes tener tu carnet en el móvil, pero para eso debes tener una “aplicación”, y si lo quieres físico, como el de toda la vida, te lo mandan a un local si no te fías del buzoneo, con un plazo de tres días para recogerlo ¡en Agosto! Es como un Apartado de Correos, pero digitalizado, se necesitan códigos y números de seguimiento para que se te abra la cajita. Llamar a la empresa que el SFC contrató para su distribución o hacer lo propio al teléfono que la entidad habilitó para las dudas fue un calvario, según mi propia experiencia y la de otros.

El estío transcurrió lánguidamente, el llamado caso Koundé quedo oculto, afortunadamente, por el “affaire” M´Bappé y la marcha al PSG de SR-4, nuestro director deportivo ha confeccionado una esperanzadora plantilla, y la tranquilidad solo se ha visto empañada una vez más por el enésimo aparente asalto al poder del Sr. Del Nido Benavente. Ya debe saber que el sevillismo rechaza su carácter y su personalidad, y que no quiere nada de alianzas con gentes ajenas a la ciudad y al club, entonces, ¿Por qué insiste? ¿Es que quiere un nuevo pacto con el resto de grandes capitales presentándose como el que expulsó a “los americanos”? ¿Tan suculento es el negocio del Sevilla FC actual?. ¿Cree realmente que la afición se lo va a tragar?

Y mientras, aquí seguimos con aplazamientos de partidos por decisiones imprevisibles de FIFA en la Commenbol y sin posible fecha alternativa dado el cúmulo de torneos, y para colmo, ¡mire Vd. Hombre! el “merenguismo” se nos encampana nada menos que por agravios comparativos, vivir para ver. ¿Cuándo se percatarán las instituciones del fútbol en España que el calendario doméstico hay que descargarlo? Lamento escribirlo, pero si no se desea reducir el nº de equipos en la Liga Santander, hay que idear un sistema que permita  acortar y dejar disponibles fechas. Pero ese es otro análisis.

Para mí, la apertura del RSP empieza el 14-9-2021, me hago la idea de que empieza la emoción como antes con la visita del Red Bull Salzbourg. Buena suerte a todos y feliz temporada 2021-22, y ¡Viva el Sevilla hasta la muerte!

Los francotiradores

Seguramente, al estadio Olímpico de la Cartuja pueden hacérsele múltiples objeciones, falta de conectividad y frialdad para el fútbol, básicamente. Con el Lluis Companys (Montjuich) de Barcelona, constituye sin embargo el único ejemplo de titularidad pública que dignamente puede albergar partidos internacionales y/o finales en España. En Madrid, la antigua “Peineta”, actual Wanda-Metropolitano, estaba llamado a servir de olímpico multiusos y una especie de Wembley hispánico que proyectase la imagen de España hacia el exterior, pero los “hados patrios” no lo quisieron así. El resto de grandes recintos deportivos, incluido nuestro Ramón Sánchez-Pizjuán, son privados y no estadios, sino campos de fútbol, que es distinto. Los que son olímpicos (Vallehermoso, Juegos Mediterráneos, Son Moix, Chapín y otros) no son considerados para albergar eventos en fases finales como una Eurocopa, exceptuando quizá el Anoeta-Reale Arena.

Escrito esto, como dice uno de nuestros colaboradores y dado el medio fiasco de la selección nacional confeccionada por Luis Enrique ante Suecia y Polonia, ya se ha movilizado toda la munición y artillería en Madrid para “disparar contra todo lo que se mueva”. Otras veces, desde la capital, los disparos van contra nuestros clubs, especialmente el Sevilla y cualquier cosa que tenga relación con él: algún jugador, su afición, su director deportivo, una campaña publicitaria, sus instalaciones o lo que sea. Ahora es el Estadio Olímpico de la Cartuja, su césped y el público asistente. La culpa del fracaso contra escandinavos y polacos, según estos francotiradores del periodismo capitalino la tuvo el mal estado del verde y un público que parece no actuó como el nº 12 habitual. El ataque ya no es contra el SFC, sino contra la ciudad, que para mí es lo mismo.

Soy de los que piensan que la faraónica obra de 1999 no debió ejecutarse, quien ideó su construcción, no conocía bien la afición de Sevilla ni lo que es nuestro país, fue entonces cuando la candidatura olímpica madrileña chocó con la sevillana y desde allí se inició, con toda su formidable batería mediática, el desprestigio consciente y constante de nuestra ciudad. Creo también que en España se podría ir avanzando ya hacia un modelo económico que no dependiese tanto del turismo y la hostelería. Pero dado que dicho modelo, ni con crisis económicas ni pandemias parece cambiar ni hay voluntad de ello, lo que desde Sevilla no es admisible es que veladamente se reclame desde Madrid la sede de la Selección para esta 1ª fase de la Eurocopa 2020 con todos los beneficios de imagen y económicos que tal evento conlleva amparándose en excusas tan banales como el estado del césped o una supuesta desafección de los comparecientes. La sede inicial era Bilbao, ignoro los motivos reales de por qué la UEFA decidió finalmente cambiar a Sevilla, coronavirus o no de por medio, pero puede que algunos pensaran que tras esa decisión no habría más alternativa que Madrid, y se llevaron el chasco.

A estos francotiradores les digo que el césped de La Cartuja no es el culpable de los errores de Morata contra Suecia primero, y contra Polonia después tras escupir el poste el lanzamiento de G. Moreno. Tampoco es el césped el responsable de que Luis Enrique no haya convocado a ningún jugador del Real Madrid y de que se empecine en no entender que la conexión Sarabia-Gerard Moreno es la única que crea peligro, y les digo además que los espectadores puede que silbaran en fases del encuentro, pero son los mismos que normalmente siguen en butacones y mostradores a los “equipos globales” de nuestro país, los que devoran AS, MARCA, o E.D. y quedan abducidos ante los receptores de TV contemplando hasta la madrugada la cacofonía de programas pseudo-futbolísticos con sus personajillos escuchándose a sí mismos. Dicho público, no es mayoritariamente sevillano. Pero vaya, dado el juego de la Selección hasta ahora, el respetable compareciente, sevillano o no, tiene más que justificado los abucheos.

Ya pueden seleccionador y seleccionados quejarse cuanto quieran del estado del césped y los plumillas de rigor hacer eco exagerado de sus tristes justificaciones, pero a Lewandowski no le impidió el césped de La Cartuja ejecutar el impecable cabezazo que batió al bueno de Unai Simón. Los francotiradores que desde sus trincheras mediáticas en la Villa y Corte abren fuego contra todo lo que se mueve son los que reparten sus filias y fobias por los grandes clubs capitalinos, los que no entienden que el grueso de la Selección puede estar formado por profesionales que no hayan sido criados en Valdebebas o El Cerro del Espino, los que aprovechando cualquier fracaso insinúan que en el Wanda-Metropolitano o el Bernabéu todo habría sido distinto. En su momento, igual que antes a tantos otros, elevaron a Morata a la cima, y si ahora lo arrojan al despeñadero, que quede claro que serán ellos y solo ellos, no cualquier aficionado de provincias, los que tienen la exclusiva de ejecutar tal acción.

Afortunadamente, la partida de cierto futbolista del Real Madrid ha eclipsado momentáneamente todo lo demás. La atención de los francotiradores de la pluma y de la imagen se ha desviado a cubrir tan “inesperado” suceso por el que toda España debe, obligatoriamente, estar lamentándose mucho más que por el posible fiasco de la Selección Nacional. Y mientras la primavera nos ha hecho un regalo climatológico como despedida, los sevillanos y sobre todo los sevillistas, hemos de soportar los insultos y las provocaciones en pleno centro de la ciudad de un reducido grupito de ultras, que todos juntos caben en un SEAT-600, supuestamente venidos de toda España. Flaco servicio hacen tales gentecillas a la imagen de toda la afición española. ¿Quién los envía? ¿Por qué se permite? ¿A quiénes ven, oyen o leen, si es que saben, estos tipejos?

Termino este escrito deseando fervientemente que la Selección Nacional se clasifique para la siguiente fase de la Eurocopa, dando mi más sinceras condolencias a toda la familia bética tras el fallecimiento de Luis del Sol, también congratulándome por el brillante ascenso a la Liga Santander y  contra todo pronóstico de ese gran club olvidado en Madrid, la A.D. Rayo Vallecano y haciendo finalmente un llamamiento a los sevillistas de que estén ojo avizor, porque de nuevo aparecen los filibusteros en el horizonte en busca de la mayoría accionarial. Moros en la costa, que se decía antes. En este sentido, la posición del accionariado minoritario debe ser contra cualquier invasión extranjera y puede ser decisiva. Esto es lo que ahora nos debe ocupar, y preocupar. Saludos a todos y ¡Viva el SFC hasta la muerte!.

Se acabó la temporada

Con este título deseo incluir el extraño ciclo inaugurado el 11-6-2020 con la reanudación del calendario de liga interrumpido por la “pandemia” tras el 2-2 del 7-3-20 en el Wanda-Metropolitano. Mi última comparecencia en el RSP fue el 27-2-2020 en la vuelta de 16º de final de UEL cuando Bono cantó, cual muecín en su alminar llamando a la plegaria, tras “shoot” de Paun en el minuto 87. La “baraka” protectora del marroquí fue más fuerte que sus “djinns” (demonios) y el equipo arbitral letón comandado por Andris Treimanis oyó la advertencia del inglés Stuart Attwell (VAR) y accedió a rebobinar la jugada desde su inicio apreciándose la mano de Traoré. Luego, la “ruleta rusa” del partido contra C.A. Osasuna el 1-3-2020, gol de En-Nessyri en el minuto 93,  al que ya no asistí por encontrarme fuera aunque lo vi por TV.

Desde Junio de 2020, enésimo triunfo en nuestro duelo urbano, hasta la fecha ha pasado casi un año. De sobresaliente en cuanto a los resultados, un título y dos clasificaciones “champions”, no tanto en lo que al juego se refiere. Es el debate de siempre ¿exige demasiado el sevillismo? ¿No somos conscientes de nuestra realidad? ¿No reparamos que vivimos por encima de nuestras posibilidades? Supongo que cada parte tiene su razón, los que consideran que el equipo y su juego es mejorable, y los que creen que hay que estar satisfechos con lo logrado.

Es cierto que la temporada 2019-20 se enlazó con la actual y que por medio hubo la fase final de la UEL contra rivales de enjundia (AS Roma, Wolves, M. United e Inter) y tras su conquista, la Supercopa en Budapest contra el FC Bayern München, y menos mal que no se jugó el llamado “Mundialito de Clubs” al que teníamos derecho. Sin descanso y con las exigencias de la alta competición, demasiado se ha hecho. Mas nuestro ADN sevillista nos lleva a la exigencia, así que hay un regusto amargo por la forma de caer en cada una de las competiciones disputadas. Tal vez la vuelta en el Signal Iduna Park de Dortmund sea la menos frustrante. No voy a repetir aquí lo del gol de Piqué en el Nou Camp en la vuelta de la semifinal copera. En el CNL podría haberse metido más el miedo en el cuerpo a los del “duopolio+1”. Hay que reconocerlo, contra el Atlethic Club y el RMCF el alargue nos privó de tres puntos que hubiesen servido para como mínimo mejorar el 4º puesto. Pero también muy cierto que el gol de Bono en Pucela rescató un punto sobre la bocina, y a priori, nadie daba un duro por salir vivos del “Nou Camp” y el “Bernabeu”, y se salió. Y añadimos el “papuazo” del domingo en el 92, cuando todo apuntaba a una repetición de lo del día del Atlethic Club.

Sigo sosteniendo que, tal como está montado el fútbol en nuestro país, cualquier equipo que no sea del “duopolio+1” tiene vetado hasta pelear por el título. Mucho dinero y muchas influencias son necesarios, lo escribí en mi tercer artículo del presente curso (“¿Aspirante al Título?”). Como en 2007, una combinación de hechos, arbitrales y del propio juego, nos apean del campeonato. En 2007 en “Son Moix” fue el arbitraje de Iturralde con la asistencia del inefable y televisivo Rafa Guerrero, pero nadie se acuerda de que el equipo perdió en Tarragona un partido contra un colista, “Nastic”, ya desahuciado. Hoy, dos árbitros adscritos al colegio madrileño, Gil Manzano, expresidente de la Peña Madridista de Don Benito, y Del Cerro Grande, privan al SFC de un desenlace diferente al que se dio finalmente tras la mano de Balenciaga, pero hay que recordar la derrota frente a la SD. Eibar en el RSP o el empate al final del Real Valladolid en la 1ª vuelta. Para ser campeón, como mínimo, no pueden perderse ciertos puntos. Luego está el problema arbitral, pero ese es otro tema. Se ha ganado una barbaridad de puntos, se ha batido el record de puntuación que lo ostentaba Unai Emery, pero en mi modesta opinión se ha jugado demasiado al filo del alambre con resultados ajustados que han hecho peligrar el resultado.

El final del CNL ha sido el esperado, los tres primeros son los que ya se sabía desde Octubre, tal vez con una menor diferencia de puntos, los mismos que lo serán la temporada 2021-22, si un milagro no lo impide. En clave sevillista, se pueden generar dudas: ¿Se podría haber hecho más? Dada la conjunción astral de este año ¿Se ha perdido una oportunidad que, como en 2007, tardará otros 15 años en repetirse? El tiempo lo dirá.

No he tenido ni el más mínimo interés desde el gol de Iñaki Williams que supuso la derrota ante el Atlethic Club en saber cuál de los tres del “duopolio+1” campeonaba. Para mí es igual, es la misma hidra de tres cabezas. Lo malo es que el año próximo será idéntico desenlace, y nadie parece quererlo remediar. Los que han ganado el título saben que, independientemente de su ruinosa situación económica, mantendrán a Suárez, Oblak y su entrenador talismán. Los subcampeones, restañan las heridas de su “fracaso” allanando el terreno para que M’Bappé y Haaland desembarquen en la Castellana, así,  los palmeros del “padre Pérez” ya hablan de la irresponsabilidad que sería que el PSG y su dueño osasen obstruir la salida de su estrella porque sería ir contra los deseos del futbolista ¿No es una canción que a todos los sevillistas nos suena desde el verano de 2005? Y por último, el 3º en el “pódium” desea mantener a Messi, posible causa de su ruina económica, y se le permite.

Es una obscenidad que en las circunstancias actuales la LFP, la RFEF, el CSD o quien sea, miren para otro lado si se consuman estos actos. Pero además atenta contra el equilibrio y la pureza de la Liga, es una competencia desleal clara. Si ante los nada oscuros objetos de deseo del santón que preside a los de Concha Espina los demás clubs de la LFP callan, luego que no haya quejas de ligas de 100 puntos y de que el 3º saca “tropecientos” al 4º. Si mientras la LFP se ceba contra los “Guadalajaras o  Salamancas de turno” en tanto que tolera que  el “duopolio+1” siga con patente de corso para más desmanes abogando encima por el engendro de la “Superliga” para que los demás les paguemos las deudas de sus excesos, el SFC, ni ningún otro, podrá optar jamás a algo superior al 4º puesto.

Falta de gol en la 2ª línea, marcadores muy cortos, juego excesivamente horizontal y previsible… son algunos defectos que deben pulirse. No sabemos si con más gol el sistema mejorará los números y dará tranquilidad al espectador sevillista hasta prescindir de la cafinitrina, pero habrá que comprobarlo, ya que la realidad incontestable es que una plantilla sin descanso estival ha hecho 77 puntos. Por otro lado, que nadie piense que por haber participado en “Champions” y ganar el derecho para la misma competición en la 2021-22 el club puede tirar la casa por la ventana para hacer un equipo que iguale en posibilidades a los del “duopolio+1”, las ganancias se han visto limitadas por los 14 meses de ausencia de público en el RSP y la inexistencia de campaña de abonos. Para pelear en igualdad de condiciones contra éstos, la batalla está en otro sitio.

Termina la temporada con buen sabor de boca en cuanto a los números, no tanto en cuanto al juego, pero es lo que hay. Felicidades a todo el sevillismo por el 4º puesto y a los profesionales que lo han logrado, plantilla, cuerpo técnico, director deportivo y Consejo,  y a soñar con la próxima temporada, que en ilusión no nos gana nadie.

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