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José Manuel Ariza - Columnas Blancas

JOSÉ MANUEL ARIZA 21/10/2020

Ganar la liga

Saludos.

En lo que llevamos de siglo (el histórico total es aún más trágico) solo en tres ocasiones no ha ganado La Liga algún equipo que no sean el Barcelona (10, acumulados 26) Real Madrid (7, acumulados 34): Valencia 2 (total 6) y Atlético de Madrid 1 (total 10).

Dicho de otra forma, de 20 ediciones, 17 veces han ganado los mismos dos de siempre. Ésas solo tres “penosas” singularidades definen como nada una competición (amañada siempre) de largo recorrido que exige una logística muy exigente, completa y poderosa porque es, como digo, muy larga y una multitud de “imponderables” pueden descomponer fatalmente una planificación basada en el triunfo: quedar segundos, para ésos dos, es un fracaso absoluto. Imaginen para el resto y sus recursos propios.

Como pueden ver en el gráfico de valores de mercado de los clubes españoles, la curva es brutal entre los puestos de arriba y los de abajo. Las cifras de los tres colosos son más del doble del cuarto, el Sevilla FC, y si miramos entre ésos y los últimos… se te remueve algo en el estómago porque nuestro Club (y el resto de la tabla) debe competir la misma Liga, los mismos partidos y se disputarán los mismos puntos en cada entrega.

Se nos exigirán los mismos esfuerzos a todos aunque los recursos sean tan dispares. Jugar la Liga, para muchos, es más que un acto de fe.

¿Difícil? No, lo siguiente. El afamado slogan de Adidas “Impossible is nothing” es, sencillamente, mentira. La naturaleza, la física y las leyes universales ponen sus límites. Y la economía más que ninguna de ellas porque es controlable y maleable.

Miren: hay 14 ochomiles en el mundo (Everest, el K2, el Kanchenjunga, el Lhotse, el Makalu…) con picos de más de 8 km que si lo pensáis, son barbaridades de roca amontonada. Unos 40 alpinistas los han logrado ya todos y continúa siendo un desafío para el resto. Es, como en toda competición, el más difícil todavía y eso, ahí, es durísimo porque las paredes asustan al común. Y la gravedad chupa cosa mala.

40 han coronado las 14 cimas de entre… miles de escaladores de todo el globo.

Pero hay otras montañas en el mundo y en la vida que no son de piedra precisamente Y si no son tan altas como el Everest, no están exentas de dureza, dificultades y desafíos. Y otro tipo de escaladores que pretenden coronarlas. Unos de éstos, con campamento base en Nervión, llevan años subiendo sin prisa pero sin pausa, acercándose al apogeo con ritmo seguro e imparable, a pocos metros de la cúspide absoluta aunque éstos metros sean, con diferencia, los más arduos.

No fue fácil, nunca lo es, porque la mayor parte del tiempo éramos más como Sísifo llevando la piedra a cuestas. Tras muchísimos años de trepar, perder pie, resbalar, recomponernos, atarnos más fuerte, auparnos de nuevo… hubo momentos en que nos birlaron el balón de oxígeno a unos metros de la cumbre, cuando ya la tocábamos con las botas. Otros muchos instantes (que siguen sin solución de continuidad) nos cortaron el cordaje, nos limaron los dientes de los grampones (a base de pitidos infames) y nos hurtaron las barritas de calorías o los piolets.

Los de Nervión hemos coronado ya SEIS veces la cúspide de la segunda cordillera en un hito inigualado y que tardará mucho en ser alcanzado por otros montañeros. No, no es la más alta pero como preparación es inigualable porque hemos fortalecido los músculos, hemos adquirido material de primer nivel y hemos aprendido a escalar con seguridad, pericia y sabiendo fijar bien las clavijas, colgarnos para el vivac confiados cuando sople el viento helado o haya que descansar.

El Sevilla FC ganó una Liga y fue segundo en cuatro ocasiones en 91 años de competición. Repito: en 91 años.

En llegando el 2020 con su maldito covid-19 incorporado, el parón necesario ocasionó no pocas “molestias” a la mayoría de los equipos que salieron debilitados. Sin embargo, el Sevilla FC reapareció reforzado y robustecido hasta el extremo de quedar 4º en Liga (empatado a puntos con el tercero) ganar la Europa League y ponerle las cosas muy difíciles al equipo más en forma de Europa: nada menos que al poderosísimo Bayern de Múnich que venía de apisonar sin consideración a gente muy “importante”.

Además, juntamos una racha histórica de partidos sin perder. Ése cóctel explosivo y maravilloso no podía menos que dispararnos las ilusiones, los anhelos y las ganas de tocar la cresta, de plantar allí, en todo lo alto, la Bandera Blanca y Roja del sevillismo. ¿Por qué no? Los sueños se cumplen, decía aquel. Y como hemos podido vivir en lo que llevamos de siglo, nos hemos pasado en fantasías cumplidas. Los sevillistas somos muy exagerados, la verdad.

Pero la pelota debe estar a ras de suelo para ver la magia de los artistas. Ganar la Liga es, hoy, un sueño demasiado lejano porque el pico está ocupado permanentemente por dos o tres que harán lo necesario para no compartirla. En todo caso, dirán “que parezca un accidente”.

Cuidaros.

JOSÉ MANUEL ARIZA 04/10/2020

El sueño eterno

Mut, Santín, Campanal, Valero, Ruiz Sosa, Achucarro (sin tilde en la “u” y el tónico en la segunda “a”, por favor, que me lo dijo él mismo) Agüero, Diéguez, Antoniet, Pereda y Szalay… recitábamos de corrido de niños, cuando despertamos al sevillismo y tuvimos capacidad para memorizar once nombres (que ya éramos palanganas antes de tener memoria) para cantar nuestros guerreros y ponerles caras a todos y cada uno de ellos. Mejor ponerles cromos que entonces y por mucho que algunos puedan sorprenderse hoy, no nos llegaba todavía la televisión y teníamos escaso o nulo acceso a la Hoja del Lunes. Y el periódico de las grapas, más lejano aún. Cuando llegó la tele en blanco y negro (sobre todo gris, añado) solo Madrid y muy poquísimo más. Casi como ahora pero a lo bestia que para eso era el equipo del régimen. Como ahora.

Eran onces largos en el tiempo y que cambiaban poco en años con, quizás, algún nombre nuevo o dos la siguiente temporada, la marcha de alguno a otras tierras y equipos con más posibles y el ascenso de un suplente a titular que rápidamente era incorporado al recitario infantil colectivo.

Tan largos como aquellas décadas tristes, monótonas, duras y hasta deprimentes. Aguantamos porque era, es y será Hasta la Muerte.

Pero apenas iniciado el segundo milenio (DC, claro) llegaron los magos. Celebramos un Centenario de la Fundación que no lo era (como bien supimos poco después) y que sin embargo, nos trazó un rumbo distinto: dejamos de mirar la costa para otear el horizonte  y venciendo borrascas, ciclones, tifones y galernas, descubrir y conquistar nuevas tierras y un nuevo continente (que ya era viejo cuando llegamos) pero que a nosotros nos pareció la Revelación, el Dominio, un Mundo amplio y Maravilloso pletórico de riquezas. El no Centenario nos puso Música plateada y de una hermosura tal que se quedó para siempre, para navegar con notas arrebatadas hasta los confines como contaban las lenguas antiguas.

Pues ésos tres magos (Roberto, Joaquín y Ramón) eligieron al tercero (dos contra uno, mayoría, pero que aceptó encantado el reto) para que compusiera un puzle gigantesco y el que fuera cancerbero, ocupó todo su tiempo en encajar las piezas y formular los conjuros en el sitio justo hasta lograr el Bálsamo de Plata (el de Fierabrás era más antiguo y aún no había fútbol). Redomas, retortas, damajuanas… tomillo, lavanda, albahaca, salvia…

Agazapados 116 años aunque dueños absolutos de la gran parcela del Sur (con algún otro caso puntual y aislado que lo sigue siendo), despertamos a un amanecer luminoso para convencernos que ahora sí, o sí, el mundo europeo es ancho y que se pueden recolectar metales preciosos si das con la veta y empleas las barrenas adecuadas.

Y tuvimos que aprendernos onces nuevos cada año y la plata no cesaba de llegar porque la Plata se aprendió la Ruta de vuelta. La memoria de las alineaciones fue sustituida (en un baile sin fin, eterno) por nombres extraños y mal pronunciados de jugadores, de clubes lejanos, de viajes, aviones y trenes… dejando un reguero de víctimas en las contiendas. De sedes, de finales, de copas… que nos enseñaron geografía continental en vivo, en persona y en directo. Patear para ganar y llegar para volver volando con alas en los corazones.

Y Ramón, el mago, componiendo puzles y sortilegios año si año también, llega un momento en que nos permitimos, osados que somos, decirle NO a ofertas que antaño nos hubiera parecido escandalosas, alucinantes, muy fuera de “nuestro” mercado. El status imprime mínimos y cuando la necesidad no te ahoga porque has aseado la Casa perfectamente, sueltas un NO con cara de póker. Sube la apuesta, Sam, que tengo seis Damas y un comodín en la manga.

“El club lleva haciendo ventas importantes desde hace 20 años. Y eso nos ha traído 10 títulos, por lo que no vamos a cambiar nuestro modelo”, dice el Mago componedor y que es la traducción exacta de: si el encantamiento funciona, no lo toques. Y funciona. A fe mía que funciona y yo lo he visto, sentido, cantado y vivido. Suerte que no tuvo quien me hizo palangana.

El Componedor encajó piezas y mezcló las pócimas (alguna no, por cierto, en éste puzle gigantesco) pero lo importante era la composición final, el cuadro total, el rompecabezas mágico fijado en su marco eterno. Porque el Marlowe de San Fernando se quedó con las más bellas, con las diosas argentinas.

Luego llegaron nuevos magos y el sueño se perpetuó, se hizo eterno porque un día se abrió la Puerta a la Gloria y entró un vendaval de aire fresco que nos levantó en volandas por siempre.

Reconocidos en todo el mundo (con lamentables, infantiloides y risibles excepciones locales, más fruto de carencias propias y de deméritos) el Sello Sevilla FC se ha convertido en Marca Internacional de Alto Valor Añadido.

La “mala suerte” en los sorteos la hemos proyectado en los otros. Miedo, sienten miedo.

Y una inmensa FLOR mágica, sabiamente cultivada en Nervión, en un aquelarre inagotable de Color, Olor y Sabor para siempre. Eterno sueño que se cumple.

JOSÉ MANUEL ARIZA 11/09/2020

El caos y el cosmos

Saludos.

«Antes del mar y de la tierra y del cielo que todo lo cubre, en toda la extensión del orbe era uno solo el aspecto que ofrecía la naturaleza. Se le llamó Caos: era una masa confusa y desordenada, no más que un peso inerte y un amontonamiento de semillas mal unidas y discordantes» (Ovidio, Met. I, 5-sg.).

Y en la Odisea, cuando Ulises, por fin, se dispone a partir hacia Ítaca del país de los feacios, se lee: τοὶ δὲ καθῖζον ἐπὶ κληῗσιν ἕκαστοι κόσμῳ “y cada cual se sentó en los bancos en orden” (Od. XIII, 77), esto es, cada uno se sentó en el lugar que le correspondía.

Pitágoras y Heráclito, en el siglo VI antes de nuestra era, ya hablaban caos (χάος) y de cosmos (κόσμος). Definido de una forma tan sencilla que hasta yo lo entiendo, el primero sería el desorden (confusión, desconcierto…) y el segundo, lo contrario (claridad, coherencia…)

El 2020 está siendo un año caótico (de caos) porque un bichito microscópico (los primeros en llegar al planeta parece que tenían ése tamaño aproximadamente) ha desarbolado al mundo entero y ha puesto en evidencia, como nunca, que no hay enemigo pequeño: nos ha desordenado totalmente. Se dice que la fortaleza de tu enemigo hace tu victoria más importante, más valiosa. En viendo el tamaño del gusarapo, uno se pregunta si siendo tan chico… ¿cómo cuesta tanto vencerlo?

Nosotros, contemporáneos con la edad suficiente, hemos vivido una fase de la Historia de la Humanidad realmente excepcional: hemos visto llegar a la Luna; llegar la televisión, Internet, el 5G, llevar un potentísimo ordenador en el bolsillo y poder comunicarnos en tiempo real con alguien en el otro extremo del globo; hemos visto un cambio de siglo y de milenio y tenemos la posibilidad de viajar por todo el mundo en cuestión de horas; se han vencido a otros bichitos que causaban mortandades espeluznantes en otros tiempos aunque nunca pudimos con los peores: el hambre y la pobreza (contra éstos no parece interesar la vacuna).

Pues ante tanto desarrollo técnico y científico, el más pequeñajo es el que causa mayor destrozo.

Nosotros también, sevillistas contemporáneos, hemos visto el infierno y el cielo; hemos catado un poco de la sopa de Pedro Botero (sin llegar a hartarnos porque el mejunje está asqueroso y no se le desea a casi nadie); hemos vivido décadas en gris cuando un puntito de color nos hacía explotar de alegría hasta que por fin, hemos probado caos y cosmos y hemos decidido que es mejor instalarse en la idea universal, en el cielo argentado… que es incomparable revestirse con armadura de plata (de seis o siete capas mínimo) para campear allende la aldea y dejar huellas de calor, sones y colores imborrables por el continente.

Aunque, lamentablemente, hemos tenido que ver a nuestro Equipo en HD y con las gradas vacías en un sprint final sobresaliente, por mor de otro bicho más grande.

Éste año maldito, en el que la Marca España del fútbol ha sufrido un desastre equiparable a la pandemia en lo deportivo, solo una luz nos ilumina y solo un Equipo usó la cosmética (de cosmos) para tapar las arrugas, los desconchones y las grietas de la “mejor Liga del mundo”; para dejar en evidencia que la “aristocracia” de nuestro balón se sustenta en una gran mentira, en un artificio hediondo e interesado para premiar, asimétrica y generosamente, a dos o tres en detrimento del resto aunque suspendan el curso (aquí no vale la cultura del esfuerzo porque tienen el premio asegurado). Y ha tenido que venir un “burgués” para ordenar el camarote, adecentar la casa y para presentar unos deberes impecables, de nota muy alta; para demostrar brillantemente que aquí abajo, los denostados palanganas (solo se odia a quien se teme) han sustentado por sí solos la parafernalia hispana dejando en evidencia a los señoritos ricachones, a los amos del cortijo.

Bien poco que me importa lo que “vendan” por ahí que mi universo está en Nervión.

Nos subimos a las barbas de gente importante (Davides contra Goliatses) y con enjundia futbolera, muchísima pasta y con historiales tremendos en lo del balón para decirles: somos los Reyes del Sur y tus euros no pueden conmigo porque yo soy el Sevilla Football Club, de la Ciudad Cosmopolita de la Giralda que mira orgullosa. Que las finales no se juegan y que me importa un comino cómo te llames: te gano y punto y Copa.

Y el Cosmos, en el año del Caos, se vistió de blanco y rojo.

Cuidaros.

JOSÉ MANUEL ARIZA 23/07/2020

La mala reputación

Saludos. Ya lo decía Paco Ibáñez, en el Olimpia de París en 1969, cuando cantaba a George Brassens: No, a la gente no gusta que Uno tenga su propia fe… Es uno de los cantos más irónicamente liberadores que uno pueda escuchar y en nuestro mundo del fútbol, es la libertad de no ser del […]

JOSÉ MANUEL ARIZA 24/06/2020

Dance me to the end of love

Saludos. Ése asombroso tema de Leonard Cohen, de entre los muchos trabajos extraordinarios del genio canadiense, en clave sevillista se traduce como: Báilame hasta la muerte. Hasta la muerte. Seguro que os está rondando la melodía en la cabeza por la belleza total que encierra. A mí sí, desde luego, y me acompaña en mis […]

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