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Ernesto López de Rueda - Columnas Blancas

Paolo Bruno

Con la clase, el estilo y el señorío no se juega

“Catedrales del fútbol español”, poca broma. El Sevilla FC, nuestro Sevilla FC, es una institución ejemplar, y la ejemplaridad se traduce en ocasiones en originalidad, no banales, no estridentes, no chabacanas, sino más bien acordes al buen gusto y a la clase que, con razón, siempre nos hemos vanagloriado tener los del Ramón Sánchez-Pizjuán, y las “catedrales del fútbol español” es buena muestra de ello.

Es imposible no acercarse a nuestro estadio en jornadas en la que se disputa algún partido o en los días en los que no hay, y observar a muchas personas forasteras posar e inmortalizar un momento de sus vidas ante el gigantesco y artístico mosaico de preferencia que desde hace 38 años luce en nuestro estadio para asombro. Admiración y, por qué no decirlo, envidia de propios y extraños.

Si en su momento, hace más de 60 años, fue una locura la construcción del Ramón Sánchez-Pizjuán, no lo es mes la de uno de nuestros símbolos, el escudo grande Nervión que recoge en sí mismo la lealtad a nuestra ciudad.

Y el Sevilla FC en su vertiente más estrictamente deportiva y noble, ha decidido, felizmente a mi juicio, recibir a sus rivales haciéndoles entrega de una reproducción del mosaico del estadio en la que no figura nuestro escudo, sino el de ellos, ya seguramente representados en las miles de piezas que en la realidad conforman tan artística obra. Se trata, a mi juicio, de una idea brillante y digna de aplauso, caballerosa y original como aludía anteriormente.

La grandeza de la entrega de un obsequio no se encuentra en su valor o envergadura (así los tenga o no) sino más bien en el ánimo o intención de quien lo entrega, y en este caso es la tradicional deportividad en la que el Sevilla FC basa sus relaciones con quienes son sus rivales en el terreno de juego, en la grada y en la historia y que por esto último también forman parte de la nuestra, una deportividad que debe ser pieza angular en las relaciones entre instituciones que se conocen desde hace más de un siglo en muchos casos y con bastantes cosas que las unen a pesar de que las separen la defensa de los colores propios.

El Sevilla FC, como siempre, tiende la mano. En el ánimo de sus rivales estará otorgar distinción y valor al obsequio con la misma clase, estilo y señorío de quien lo entrega, pero ya no es cuestión nuestra, cada cual tiene sus normas, sus valores y su clase o estilo. Eso no es cuestión nuestra, nosotros, a lo que estamos.

Cuando formamos juntos

Los 130 años de historia del Sevilla FC dan para el relato de numerosas proezas deportivas y de las debacles que también nos acompañaron, luces y sombras que permiten construir el relato de las afecciones y adscripciones así como el de las traiciones con un fiel de la balanza -a pesar de los claroscuros,- donde triunfan el amor y la entrega, el cariño y la guardia permanente, la lucha sin cuartel en pos de la defensa de unos valores acrisolados a lo largo y ancho del mundo futbolero por una institución que proyecta su nombre desde hace trece décadas y que es objeto del mimo de cinco o seis generaciones y que si no la encabeza la directiva de turno, hoy convertida en consejo de administración, la enarbolan los sevillistas de a pie sucediéndose unos a otros ininterrumpidamente de modo que cada vez que se produce el hueco de una baja, automáticamente es cubierto por prestas almas sevillistas que forman juntas la fila inacabable que rodea al corazón gigante del Sevilla FC.

Formamos juntos, asumiendo hoy el peso de la historia que escribieron nuestros pioneros, cuando hubo que crear y consolidar un club en tiempos de penurias e incomprensiones en una Sevilla enferma y decrépita, pasto para las castas y clases dominantes que habían dejado de emprender siglos ha, acomodadas en las rentas y explotaciones y recuperando el espíritu conquistador e indómito de los sevillanos y forasteros asentados en este territorio que protagonizaron la conquista del mundo, levantamos el muro de protección ante lo desconocido que era para la sociedad sevillana de finales del XIX y principios del XX la práctica sana de la actividad deportiva todavía presa de enfermedades contagiosas derivadas de la falta de higiene y salubridad.

Formamos juntos en tiempos convulsos para preservar el club de lo atroz de un conflicto entre hermanos no sin pagar el horrible y correspondiente tributo en sangre.

Formamos juntos para convertir al Sevilla FC en un grande de España cuando no existía el concepto de Europa en la lontananza futbolística y tan grande se nos hizo en esas décadas primeras del siglo pasado que a sus mediados el patrimonio generado no daba para contener a nuestra masa social.

Formamos juntos de nuevo cuando hubo que erigir el Ramón Sánchez-Pizjuán y tus padres o abuelos te contaron como las familias se afiliaron en masa al Sevilla FC contándose sus socios por el 10 % de la población de la ciudad y como, no siendo bastante, suscribieron obligaciones del Sevilla FC para, a duras penas, terminar la primera fase del estadio, aún sin cerrar las tribunas altas de los goles., obligaciones avaladas por nuestro propio patrimonio y volvimos a formar las familias enteras para no ir al club a cobrarlas como se estipulaba por lo que siguen durmiendo en tantas y en tantas casas como prueba de lealtad y de fidelidad inmunes al paso del tiempo.

Formamos juntos cuando hubo que aportar fondos para el cierre definitivo del Ramón Sánchez-Pizjuán y adquirir aquella fila 0.

Formamos juntos para ser una de las aficiones que, a pesar de las trabas interesadas traducidas en falta de información, más porcentaje de acciones suscribió en la conversión de los clubes en sociedades anónimas deportivas.

Formamos juntos y cerramos las filas hasta hacerlas impenetrables por nadie en aquel agosto de 1995.

Formamos juntos para velar la vida amenazada en tiempos procelosos de Segunda en Almendralejo, Toledo, El Cerro del Espino y otros lugares de la infamia y para, hombro con hombro, levantar uno a uno el trinquete, el palo mayor y el mesarra para desplegar las velas y surcar a modo de rojas y blancas mareas incontenibles España y Europa a bordo de tan poderoso navío por ríos y mares conquistando cielos y tierra por carreteras y raíles.

Cuando formamos juntos, no lo olvidéis, hermanas y hermanos en la fe del Sevilla FC, podemos descansar cuando el viento sopla a favor, mas cuando amaina o lo hace en contra, acude a tu puesto con tu remo y acompasa tu brazada poderosa para que tan gallardo buque prosiga su singladura más allá de que sus mandos, antes capaces y capataces como tantas veces a lo largo de nuestra historia, hayan olvidado que se puede caminar fuera de la moqueta.

Cuando formamos juntos, crisis a nosotros, a los sevillistas… Que el Ramón Sánchez-Pizjuán sea la bahía protegida donde reparar los desperfectos y las andanadas rivales, donde restaurar con mimo los daños antes de entrar en combate alimentando el ánimo de la tripulación y del piloto y procurando siempre, ojo avizor, que ese refugio y fortaleza ancestral y natural que es el Ramón Sánchez-Pizjuán donde nos alistaron llevados de la mano por el cariño y el amor incomensurables, lo sea siempre: aviso para navegantes…

¿Hacia dónde vamos, Sevilla?

Son días de vino y rosas para el sevillismo. El primer equipo arriba en la tabla codeándose con los dos más grandes o los tres poderosos, como quiera mirarse, pues si el Atlético de Madrid tienen algo más de la mitad del presupuesto con el que funcionan Barcelona y Madrid, ya duplica al del propio Sevilla FC.

Caminamos con paso fuerte en Europa, ya primeros de grupo y clasificados matemáticamente para dieciseisavos de final. Habrá quien diga que el grupo no era complicado, pero se parte con la ventaja de ser cabeza de serie, y para ser cabeza de serie hay que trabajar muchos años y bien, y el Sevilla FC lleva muchos años con matrículas, sobresalientes y notables en Europa. Y algún suspenso, que todo hay que decirlo.

En este contexto, ¿Qué echo en falta? Pues echo en falta información.

Con esto no digo que el Sevilla FC, su consejo de administración, sea oscurantista, simplemente que me gustaría que se nos informara más como accionistas y como afición.

Se nos repite por activa y por pasiva que somos una empresa solvente, lo cual no dudo y ni siquiera relaciono la solvencia en este sentido con los números financieros, sino con el “poder” como empresa, la empresa de ocio más potente de Andalucía probablemente atendiendo a la facturación. Una que estaría quizás entre no las más grandes del IBEX andaluz pero que estaría consolidada en él, con perseverancia, buscando la excelencia.

Para eso hace falta un plan de empresa, un plan estratégico, visto a tres o cinco años. Lo tiene el Barcelona, publicado, como lo tiene informado el Atlético de Madrid.

¿Alguien conoce el Plan Estratégico del Sevilla FC a 3 o 5 años vista? ¿Se nos ha presentado alguna vez? Precisamente el año pasado empezó un mandato de 6 años el nuevo consejo de administración patrimonialista que tenemos y al que apellido así porque sus miembros más que personas de empresa o de conocimientos propios para gestionar grandes empresas, están ahí para vigilar su patrimonio, no son consejeros profesionales de áreas aunque sí perciban algunos grandes emolumentos por ello.

Son las grandes familias propietarias de acciones. Antes había consejeros para relaciones institucionales, para infraestructuras, para la parcela médica. El Sevilla FC ha descendido en ese sentido en la profesionalización del club en las instancias más altas. Esa profesionalización recae ahora en el segundo escalón, en el de los empelados del club, laboriosos y capacitados. Si no, el club no iría tan bien. Y ahí, lo reconozco, también la parte de mérito del consejo patrimonialista.

¿Qué prevé el consejo para los próximos años? ¿Dónde sitúan al Sevilla FC como empresa? ¿Cómo gestionarán los recursos futuros, en qué invertirán dichos recursos, hacia dónde se orientarán nuestros esfuerzos, cómo se diversificarán?

Por ejemplo: el estadio Ramón Sánchez-Pizjuán. En dos años hemos recibido amplias informaciones contradictorias: que se iban a hacer determinadas actuaciones, luego que se cambiaba el orden, luego que la inversión iba a ser de tanto, luego que sería de tanto, siempre sin una reforma en profundidad que implicara un aumento significativo del aforo. Ahora sí, que habrá una ampliación para la construcción de un tercer graderío. Todo eso en el escaso tiempo de año y medio largo.

Pues me parece que hay un fallo de perspectiva cuando cambia tanto la opinión. Se me dirá sí, que hay una final europea en 18 meses, pero el mero hecho de perseguirla implicaba que en tanto se supiera si la tendríamos o no, no se tomarán decisiones sobre el estadio y mucho menos que cambiáramos de opinión cada tres meses.

No se nos informa de ningún Plan Estratégico de Futuro del Sevilla FC (algo que es el abc en cualquier empresa y se plasma por escrito sujeto a posibles modificaciones que son fruto, a su vez, de un detallado estudio y un intenso debate) en lo concerniente al estadio. Pero el Ramón Sánchez-Pizjuán sería sólo una parte, nuestro principal patrimonio, de ese PE. ¿Y el resto del patrimonio? Se nos habla de una importantísima inversión en la Ciudad Deportiva José Ramón Cisneros Palacios que supera ampliamente a la realizada en el propio Ramón Sánchez-Pizjuán durante los últimos 20 años.

¿Nos damos cuenta de la envergadura del proyecto, de la magnitud del mismo? Creo que no, eso es lo que pagan algunos clubes por determinados futbolistas y para nosotros pasa casi desapercibida. Porque nadie cree que 25 millones de euros en la Ciudad Deportiva correspondan a unos vestuarios, a cubrir unas gradas del estadio Jesús Navas, a modernizar determinadas instalaciones, a mejorar unos campos… ¿A qué se va a dedicar semejante dineral, 25 millones de euros? Nada se nos ha explicado al respecto.

Tampoco sabemos cuáles son las previsiones de ingresos por muy dependientes que sean del aspecto futbolístico del primer equipo.

¿Qué cálculos de ingresos televisivos existen? ¿Cómo influiría tener al Sevilla Atlético en Segunda y si será interesante invertir para ello? ¿Qué implica o hacia dónde tendría que llegar el club para ello: jugar fuera de Sevilla, de España, del Ramón Sánchez-Pizjuán…? Si las cosas se explican, gustarán más o menos, pero como mínimo se entenderán para expresar opiniones.

Si algo caracteriza a la afición sevillista es la preocupación por su club, los éxitos deportivos no adormilan las conciencias. No hay más que ver la reacción de la masa sevillista a la posibilidad de la venta del club, un peligro latente. Creo que los máximos dirigentes deberían aprovechar la lección aprendida el año pasado. Y la aprehensión de esta enseñanza no es maniobrar para dificultar la alianza entre los accionistas minoritarios con añagazas trapaleras en las convocatorias de Junta ni fomentando la desunión entre colectivos sevillistas: sino informando.

Que el Sevilla FC vaya bien es cosa de todos. Siempre que lo hemos hecho nos ha ido bien. Y qué mejor manera de caminar juntos que sabiendo qué somos y hacia dónde vamos, porque ya sabemos de dónde venimos.

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