Cabecera Columnas Blancas
image

Ernesto López de Rueda - Columnas Blancas

La polla del Sevilla

Antes de que sigan leyendo, merecen una explicación a modo de advertencia respecto a un titular que explica un contenido, y es la de que al referirme a polla, no lo hago a la hembra del pollo como en algunos lares, o incluso a la fortuna como en otros. Se trata de una alusión directa al miembro viril masculino, al carajo, al cipote, al pene. Sea dicho, con el mayor de los respetos, el que hay que manifestar a la polla del Sevilla, servidumbre y honores a su paso y ante su sola presencia.

Advertida la muchedumbre, procedo. La polla del Sevilla es de nacimiento y, como tal, tiene su carga genética que explica sus características, dimensiones y comportamiento, suele ocurrir así y si no, doctores tiene la iglesia y también la medicina para desmentirme. No somos del siglo XIII ni del XVI como a modo de chanza deslizan algunos con el fin de minusvalorar nuestra fundación en 1890, pero la carga genética del nacido aquel año bajo el nombre de Sevilla Football Club hereda el arrojo, la casta y el coraje de los inquietos. De quienes salidos de una guerra de siglos, se fueron a conquistar (las niñerías para otros) el mundo con tal de ponérselo por montera. De quienes en época de adocenamiento moral, vital y económico, emergieron como titanes para emigrar de nuevo a aquellas tierras o poner en marcha empresas en Sevilla que fueron la única oposición a la decadencia decimonónica y de buena parte del siglo XX.

Esos constructores de sueños y empresas dotaron al Sevilla de la fuerza con la que se irguió su muy noble, leal y soberana polla cuando la ocasión lo hizo menester.

Y menesterosa fue la ocasión en que nuestros bisabuelos la sacaron a pasear en unas semifinales de Copa ante el club más poderoso del momento, el Athletic Club, alineando a jugadores amateurs o juveniles (no recuerdo bien) para vapulear a los bilbaínos en Madrid donde nos hicieron ir a jugar por no dignarse a bajar a Andalucía, que les quedaba lejos. La polla andaluza del Sevilla FC los trituró por 4-1 siendo descalificados. Y como aquélla, mil.

Los ejemplos vívidos en la memoria reciente son numerosos, pero me iré un poco, que no mucho, más allá en el tiempo y me remontaré un cuarto de siglo, 25 años, la última casi quinta parte de nuestra existencia.

Cuando un 1 de agosto de 1995 especuladores del fútbol como Gil, Asensio, García, o Sanz y por espurios intereses, decidieron mandar a un Sevilla FC clasificado para Europa como quinto equipo en la liga anterior, a Segunda B por cuestiones administrativas. Todo organizado y atado en Marbella y con cabezas de troya metidas en el Sevilla como los nefastos Caldas y Escobar. Qué pena Sevilla, perdonen la digresión, que en tu grandeza anidaran los traidores, y aquellos dos fueron los primeros de una larga lista.

Hete aquí, que en la tarde de aquel 1 de agosto de 1995 nos merendamos con que el Sevilla se va… ¡A Segunda B! Donde nadie, deportivamente, había conseguido ni acercarle. Negación, incredulidad, duda, aceptación, ofuscación… Pasamos por todas las fases habidas y por haber.

El club, descabezado: Luis Cuervas, escondido y con drama familiar de por medio, el otro en Disneyworld con las tareas por hacer, los demás bajo tierra… Dieron la cara los empleados. El primero al que mencionar, a Don Manuel Vizcaíno, gerente del club quien más no pudo hacer por evitar la situación a priori ante la negligencia vicepresidencial y la propia presidencia y “durante” canalizando los esfuerzos y posibilidades de ayuda que en las siguientes y vitales horas le hicieron llegar muchos sevillistas entre quienes destacar en aquellas nefastas y críticas horas a Eduardo Romero. Me quedaría corto y sería injusto por no nombrar a todos los sevillistas que arrimaron el hombro así que cerceno la lista en los dos casos paradigma de la situación dentro y fuera del club.

Horas en las que los traidores de aquí y los contumaces aliados de Madrid-Marbella apretaban pero no ahogaban.

¿Pero qué coño iban a ahogar a la inconmensurable polla del Sevilla? A la que salió a las calles derretidas de la capital de Andalucía en la tarde abrasadora de aquel 2 de agosto. ¿Cómo iban a poder con ella? La sangre afluyó de las calles, plazas y barrios, de las playas y sierras al solo conjuro del nombre del Sevilla FC y se irguió poderosa, altiva, infranqueable protegiendo al escudo del Sevilla: se mira pero no se toca.

Se mira, se ansía, se desea, se quiere destruir o se pretende apropiar, pero no se toca.

De abuelas a hijas y a nietas. Escenas imborrables, perdurables, memorables. Y quien tuvo que tomar buena nota, lo hizo, paripés más o menos prolongados en el tiempo, quienes debieron hacerlo desde Monsalves hasta la Moncloa tomaron nota. Mala cosa ir a las bravas a por la polla del Sevilla.

Aquella erección quedó registrada en los sismógrafos de toda Europa con el 8 de la escala Ritcher. En los últimos 15 años las ha habido de todos los tipos. La última de todas ellas, ocurrió en diciembre de 2018 tras cierta Junta General. Fue un mensaje para navegantes: ahí está la polla del Sevilla, para lo bueno y para lo malo, siempre alerta, siempre vigilante, siempre temible: en campos, calles y tribunales.

Cuando oigan hablar de la polla del Sevilla, conozcan su historia y su geografía, sus nervaduras como vericuetos que siempre encontrarán una explicación en sevillista.

Y ahora sí, perdonen mi lenguaje, mi expresión, quizás soez para espíritus y ojos delicados, los entenderé y me reconfortaré en la lectura ávida de textos de Camilo José Cela.

El escudo del Sevilla FC no se besa, se muerde

Si cuando éramos pequeñitos, recién nacidos casi, nos costaban mucho las cosas, o al menos mucho más que a los consolidados clubes del norte, cuando nos contemplan más de 130 años no ha cambiado la situación.

Curtidos en la adversidad, rotos los pechos por sacarlos cuando ha hecho falta menester, enarbolando siempre la bandera del sur, despreciado, con orgullo infinito, siempre defendiendo al escudo donde hiciere falta, fueren terrenos, gradas, tribunales o donde el ofensor quisiera aplicar triquiñuelas al grande de Andalucía.

Porque eso enseñaron las madres sevillistas transmisoras del gen más potente y ganador que se ha desparramado sobre nuestros campos, sierras, ríos y mares desde hace siglos: es territorio del Sevilla FC y lo encarna el Ramón Sánchez-Pizjuán.

Allá donde el escudo no se besa, se muerde; allá donde los demás han de apretarse los dientes; allá donde tu padre te susurró sobre la casta y el coraje cuando el estadio, el gigante, atronaba con su al Madrid y a sus millones nos los pasamos por donde huelga decir la palabra que tributa a la fiereza con la que defendemos lo nuestro.

Allá donde tantas acciones y jugadas de tantos hombres que lucieron nuestra enseña cosida sobre la camiseta generaron una forma de ser que encontró acomodo en el “dicen que nunca se rinde” ante el que recelan los rivales, unos tras de otros.

Porque, podremos perder, de formas rocambolescas o merecidas ante la superioridad de un contrario o porque el sino lo quiso así, pero sin que nadie se lleve nuestra bandera sino tan solo su gloria efímera sabedor de que más pronto que tarde nos tendrá enfrente de nuevo, en pie y con la mirada torva.

O agachados, haciendo piña, formados para que las espaldas estén bien guardadas y para que no exista absolutamente ningún resquicio para que un caprichoso balón entre donde no debe en ningún minuto 100.

Porque ¿quién hay en el mundo que pueda hablarnos de un minuto 100 cuando ahí, en la imagen congelada, se ha detenido el tiempo y se aprecian la formación defensiva, el corazón, el ansia, el valor…?

 

Paolo Bruno

Con la clase, el estilo y el señorío no se juega

“Catedrales del fútbol español”, poca broma. El Sevilla FC, nuestro Sevilla FC, es una institución ejemplar, y la ejemplaridad se traduce en ocasiones en originalidad, no banales, no estridentes, no chabacanas, sino más bien acordes al buen gusto y a la clase que, con razón, siempre nos hemos vanagloriado tener los del Ramón Sánchez-Pizjuán, y las “catedrales del fútbol español” es buena muestra de ello.

Es imposible no acercarse a nuestro estadio en jornadas en la que se disputa algún partido o en los días en los que no hay, y observar a muchas personas forasteras posar e inmortalizar un momento de sus vidas ante el gigantesco y artístico mosaico de preferencia que desde hace 38 años luce en nuestro estadio para asombro. Admiración y, por qué no decirlo, envidia de propios y extraños.

Si en su momento, hace más de 60 años, fue una locura la construcción del Ramón Sánchez-Pizjuán, no lo es mes la de uno de nuestros símbolos, el escudo grande Nervión que recoge en sí mismo la lealtad a nuestra ciudad.

Y el Sevilla FC en su vertiente más estrictamente deportiva y noble, ha decidido, felizmente a mi juicio, recibir a sus rivales haciéndoles entrega de una reproducción del mosaico del estadio en la que no figura nuestro escudo, sino el de ellos, ya seguramente representados en las miles de piezas que en la realidad conforman tan artística obra. Se trata, a mi juicio, de una idea brillante y digna de aplauso, caballerosa y original como aludía anteriormente.

La grandeza de la entrega de un obsequio no se encuentra en su valor o envergadura (así los tenga o no) sino más bien en el ánimo o intención de quien lo entrega, y en este caso es la tradicional deportividad en la que el Sevilla FC basa sus relaciones con quienes son sus rivales en el terreno de juego, en la grada y en la historia y que por esto último también forman parte de la nuestra, una deportividad que debe ser pieza angular en las relaciones entre instituciones que se conocen desde hace más de un siglo en muchos casos y con bastantes cosas que las unen a pesar de que las separen la defensa de los colores propios.

El Sevilla FC, como siempre, tiende la mano. En el ánimo de sus rivales estará otorgar distinción y valor al obsequio con la misma clase, estilo y señorío de quien lo entrega, pero ya no es cuestión nuestra, cada cual tiene sus normas, sus valores y su clase o estilo. Eso no es cuestión nuestra, nosotros, a lo que estamos.

Cuando formamos juntos

Los 130 años de historia del Sevilla FC dan para el relato de numerosas proezas deportivas y de las debacles que también nos acompañaron, luces y sombras que permiten construir el relato de las afecciones y adscripciones así como el de las traiciones con un fiel de la balanza -a pesar de los claroscuros,- donde […]

¿Hacia dónde vamos, Sevilla?

Son días de vino y rosas para el sevillismo. El primer equipo arriba en la tabla codeándose con los dos más grandes o los tres poderosos, como quiera mirarse, pues si el Atlético de Madrid tienen algo más de la mitad del presupuesto con el que funcionan Barcelona y Madrid, ya duplica al del propio […]

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies