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Enrique Ballesteros - Columnas Blancas

EFE
ENRIQUE BALLESTEROS 14/01/2021

Pepe y José discutiendo hasta 2024

«A seguir enfadándonos, discutiendo y exigiéndonos, pero sobre todo, a seguir consiguiendo objetivos», esto fue lo que declaró nuestro omnipotente director directivo Ramón Rodríguez Verdejo, Monchi, cuando se confirmó la renovación de Julen Lopetegui por la entidad sevillista hasta 2024. Unos gerundios que encierran muchos secretos, que son más allá de unas declaraciones típicas de cara a la prensa. Le gusta mucho al isleño, será sobre todo por su cariño al Carnaval, soltar comentarios entre líneas para que los más inteligentes capten de inmediato los mensajes, y los más toscos se queden en la literalidad de las letras como hace un año sucedió en el Santiago Bernabéu. Aún nos recuerdan que quisimos retirar al equipo…

Es indudable que esa división existencial que existe en el sevillismo en torno a la figura de su entrenador existe también en la cabeza de Monchi. No solo a la hora de confeccionar la plantilla, que es el principal cometido de nuestro manager (en el significado español), sino a la hora de observar y de comentar lo que se contempla en los terrenos de juego cada tres o cuatro días por parte de nuestro manager (en el concepto inglés). ¿Por qué no termina de convencer a una parte del sevillismo Julen Lopetegui más allá de los incuestionables resultados que tienen como bandera la conquista de la Europa League?

Una pregunta que conduce a una división. Una división que es absurda y que reaviva una rivalidad completamente innecesaria, que solo sirve para alimentar egos. El de “Pepe” que es cierto que vive los éxitos de su equipo de forma afligida y al acecho de cualquier fallo para llevar razón. O el de “José” que se atreve a llamar “Pepe” al que realiza una autocrítica o pone encima de la mesa otro tipo de preferencias sin dejar que éste último pueda expresarse con libertad. ¿Si Monchi se enfada, discute y exige a Julen Lopetegui, por esa regla de tres, es un “Pepe”?.

La gran arma de los “José” son los resultados. Da igual que no vean los partidos, le bastaría con ver parpadear los numeritos del teletexto Voy a detenerme en los resultados. Voy a comparar a Julen Lopetegui con los entrenadores que hemos tenido en la élite en el Siglo XXI y que han cumplido al menos una temporada. Esto es, Joaquín Caparrós, Juande Ramos, Manolo Jiménez, Unai Emery y Jorge Sampaoli. Hace no mucho salió el dato que el exseleccionador es el entrenador con el mejor porcentaje de victorias de la historia del Sevilla con al menos cuatro partidos dirigidos; y ya la campaña pasada salió a relucir la estadística aquella de que su % de derrotas es el más bajo de cuantos entrenadores han pisado Nervión y no Nervión. Nada que objetar a los “José”.

Julen Lopetegui, tras perder en el Wanda Metropolitano ante el Atlético de Madrid, acumuló el 57,50% de victorias (por las 57,14% de Juande Ramos), y posee tan solo el 18,75% de las derrotas (por las 22,56% del manchego, su perseguidor y según una encuesta de Estadio Deportivo, el entrenador favorito del sevillismo). Ahora bien, me parece original como Julen Lopetegui distribuye estos porcentajes si tenemos en cuenta los parámetros de casa y fuera, porque si algo ha conseguido el vasco es igualar hasta límites casi ínfimos la diferencia de resultados siendo local y visitante. Meritorio cuanto menos y homenajeando a esta época de pandemia donde no hay público en las gradas y la diferencia entre ser local y visitante por tanto es menor.

Una buena razón de los “Pepe” es el hastío que le deja el equipo cuando el Sevilla juega sus partidos en el Ramón Sánchez-Pizjuán. Julen Lopetegui ha vencido el 60% de sus partidos en casa (21 de 35). En la comparación de esta centuria, solo está por encima de Joaquín Caparrós (54,64%), está cerca de Manolo Jiménez (el 63,23%) y está muy lejos de los otros tres que están por encima del 70% en esta estadística demostrando que necesitaron hacerse fuertes en casa para sacar resultados. En el % de derrotas, Julen Lopetegui cuenta con un 14,29% (anda casi a la par con Unai Emery, 15,93%), un dato mejorado por el 10,94% de Juande Ramos y el 11,54% de Jorge Sampaoli. No pierde mucho como local pero otros han perdido menos.

No obstante, los “José” pueden contragolpear, como no, con resultados, los de a domicilio. Julen Lopetegui ha vencido el 52,50% de sus encuentros fuera (o lo que es lo mismo 21 de 40). En este aspecto, destroza a cualquiera de sus homónimos en este siglo con Manolo Jiménez en la distancia con el 45,59% de victorias como visitante, y el resto sin apenas superar el 40% (Juande Ramos 40,62%). Más relevante es su estadística de derrotas en los desplazamientos. El 22,5% (es decir solo 9 de 40), pulveriza a cualquiera que se le ponga enfrente (los otros cinco misters comparados giran entre el 34 y el 42%).

Julen Lopetegui ha ganado el 60% de sus partidos en casa y el 52,50% fuera. Alucinante. Una diferencia de 7,5 puntos, que contrastan redondeando con los 18 puntos de Manolo Jiménez, los 20 de Joaquín Caparrós, los 24 de Jorge Sampaoli, los 31 de Juande Ramos y los 39 de Unai Emery. Julen Lopetegui ha perdido el 14,29% de sus encuentros como anfitrión; y ha sido derrotado el 22,50% como forastero; es decir una diferencia de unos 8 puntos en comparación con los 18 de Manolo Jiménez, los 20 de Joaquín Caparrós y Unai Emery, los 24 de Juande Ramos o los 27 de Jorge Sampaoli (resultado de los 11,54% de derrotas en el RSP con el 38,46% de derrotas lejos de Sevilla).

Es decir, sus extraordinarios resultados como entrenador foráneo tapan sus estadísticas como local y le ayudan a aquellos “José” que creen y apoyan a Julen Lopetegui para seguir mirando por encima del hombro a quienes tienen la libertad de expresar lo que no le gusta. Siendo como es una forma de jugar similar independientemente del escenario donde se sitúe. Cuando los rivales visitan el Ramón Sánchez-Pizjuán esperan su oportunidad dando por bueno el punto de inicio, no tienen prisa y juegan con la horizontalidad de los nervionenses para hacerse fuertes, más si cabe si tienen el bloque bajo apuntalado, por eso los equipos modestos cuestan más. Cuando los rivales reciben al Sevilla, no se embotellan y tienen la necesidad de hacerse fuertes en casa dejando esos resquicios en su parte defensivo tan buenos para el estilo de este Sevilla de autor, algo que no le gusta a los “José” que, una vez por delante, sí sabe gestionar la ventaja a su favor (siempre que hayan cinco minutos de por medio).

Al estilo de Julen Lopetegui le gusta tener el balón, sobarlo para que no pase nada y que decida la cantidad de sus puntales. Le gusta jugar siempre igual. Le gusta jugar al empate. Tanto es así que el de Euskal Herria tiene el 23,75% de empates en total; el que más de los técnicos de este siglo con al menos una temporada completa. Es más, el Sevilla ha empatado nueve de sus 35 encuentros en Nervión (el 25,71%), solo Joaquín Caparrós está a la altura al haber empatado el 23,71% de sus compromisos como local (el resto de este siglo no superan el 19%).

Resultados, porcentajes, estadísticas y datos al fin y al cabo, que de momento de forma indudable avalan a un Julen Lopetegui cuanto menos original a la hora de conseguir sus réditos. Luego están las sensaciones que te deja, el gusto por su estilo de fútbol o lo que más le gusta a nuestra afición, que no es otra cosa que enconarse de forma absurda entre sí. Ver quién tiene razón, si los “Pepes” que se amargan o los “José” prepotentes que no dan pábulo a esa libertad de expresión, ahora tan envenenada en tiempos de pandemia y redes sociales. Libertad inherente a ese enfado, discusión y exigencia de un sevillismo que siempre va a intentar aportar su granito de arena para conseguir objetivos.

ENRIQUE BALLESTEROS 20/10/2020

Asalto al cielo

Veníamos de la catedral protestante de St.Paul, de comprarnos una camiseta en el Emirates, de cruzar el puente de la Torre y de cantar el “God save the Queen” en el mismísimo Buckingham Palace. Estábamos exultantes. Nuestro equipo se había clasificado el día anterior por segundo año consecutivo a las semifinales de la Copa de la UEFA. El Sevilla superó con nota la prueba del añejo White Hart Lane entre terribles sufrimientos (los míos) y la tranquilidad del Tío Pepe (la de él). Teníamos un día por delante para patear una de las ciudades más importantes del planeta, con un tiempo extrañamente estupendo, y a la que viajábamos ambos por primera vez. Y gracias, porque a punto estuvimos de perder uno de los dos vuelos que nos trasladaría a Reino Unido. Con la ilusión por parte mía de visitar todos los lugares y escenarios deportivos posibles, y por parte suya de conocer la torre de Willy Fog o cerrar cualquier pub de Picadilly, nos plantamos en uno de los barrios más pijos de la ciudad en una escala ineludible para cualquier friki futbolístico: Stamford Bridge, el estadio del Chelsea.

Juro que no había otro objetivo que contemplar el exterior y, a lo sumo, visitar su tienda. No íbamos a perder más tiempo porque había mucho camino por recorrer. Instalado entre chalés que parecen pequeñas mansiones, “The Bridge” se encontraba dentro de un recinto que te recibía con un espectacular mural donde se podía ver a todos los socios del club posando en la foto de equipo con el resto de jugadores “blue”. Lo dicho, fotos de rigor y a dar una vuelta buscando la tienda. Fue en ese instante cuando encontramos una de las puertas del estadio abiertas. Evidentemente, nos adentramos.

Y más aún cuando a aquello le faltaba la alfombra roja. Sin vigilancia ninguna queríamos nuestra estampa con el césped de fondo. Entonces, empezamos a subir escaleras, escaleras y escaleras. Arriba del todo y ya con el esfuerzo realizado, ya no nos íbamos a quedar atrás. Proseguimos en nuestro viaje al centro de nuestro universo. Dedujimos que aquello no era un vomitorio de entrada de aficionados normal y corriente. Y más cuando ya entre pasillos que bien podían pertenecer a los de un hotel nos cruzamos con una cocina. Tras ella, despachos, uno de ellos de Barclays Bank y, al final del todo, una puerta que destacaba sobre las demás. En ella un letrero bien nítido: “Roman Abramovich, owner”. “¿Entramos o no entramos?” “Venga, lo intentamos”. Fue tocar el pomo y saltar todas las alarmas de la instalación. Acojonados, salimos corriendo. No se sabe dónde. Tocaba bajar escaleras de emergencia; y mientras nosotros descendíamos, ellos con más rapidez subían.

Mi compañero se identificó rápido como componente del orden y la ley mientras nos empotraban contra la pared. Chequeados, interrogados y, con las cámaras temporalmente confiscadas, nos invitaron a recorrer de nuevo el camino que habíamos hecho dentro de Stamford Bridge. Como era de esperar, no supimos repetir la senda que habíamos atravesado minutos antes. Al final nos dejaron en paz siendo incluso despedidos amablemente en el gran mural de jugadores y socios. Con la adrenalina por las nubes, cogimos el tren (que no el metro) y en él coincidimos con un padre y un hijo ataviados con la camiseta del Chelsea. No dudamos en contarles lo que nos acababa de pasar, nos miraron entre alucinados e incrédulos, y empezamos a hablar de fútbol. Cuando nos tuvimos que despedir, mi colega y yo le dijimos al crío, que ahora me lo imagino…. (poned el estereotipo que queráis), que volveríamos al lugar de los hechos en cuanto el Sevilla visitara al Chelsea.

Más de 13 años después ha llegado ese momento. No cumpliremos esa promesa al viento, por supuesto por razones obvias de pandemia como principal causa. Pero el recuerdo y la deuda quedan pendientes en ese escenario ahora que llega Handel a nuestras vidas para llevarnos de la mano al olimpo del fútbol continental. Esa melodía que ha servido siempre para coronar a los reyes de Inglaterra desde la época de Jorge II y que, adaptada por Tony Britten, ahora sirve para presentarnos los partidos de fútbol más importantes de Europa. En esos donde el Sevilla FC comienza su andadura, en el barrio de los pensadores de Londres en la vertiente norte del revirado río Támesis, a lo que tiene que ser una empresa motivadora y apasionante ahora que se habla de objetivos ambiciosos, muy ambiciosos.

En el último lugar que nos faltaba por visitar del “Big Six” de la cacareada Premier League (1V 2E 2D), el Sevilla debe seguir la lenta progresión de la que está disfrutando en los últimos tres lustros. No solo seguir afianzándose en la zona noble de la competición doméstica, codearse con los mejores y acaudalados clubes del mundo en este escaparate internacional, sino, por qué no, traducirlo en resultados interesantes, como esos históricos cuartos de final de 2018. Una competición de prestigio, tronío y gloria, que empequeñece a los que no la disputa y que obsesiona a quienes quieren ser el tercer club de España en conseguirla tras Real Madrid y Barcelona. Aunque sea desde el sofá, vamos a intentar paladear de esta grandeza porque los sueños, incluso, son como una puerta abierta, inesperada, que te puede llevar a los pasillos de la ilusión y que, a su vez, te conducen a un éxito que creías imposible de conseguir.

ENRIQUE BALLESTEROS 05/09/2020

El Seny sevillista

El tanteado por ColumnasBlancas, Rubén Uría, muy querido por el que escribe y por la comunidad sevillista, ha enjabonado a Lionel Messi en una entrevista exclusiva mundial donde el crack argentino se delató a sí mismo a la vez que intentaba poner en evidencia al Presidente del Barcelona. Todo ello dentro de un culebrón de verano que a los sevillistas ni nos va ni nos viene más allá de que somos la víctima favorita del Maradona del Siglo XXI. Sin embargo, a un servidor le gusta el fútbol y la actualidad, y mientras seguía esta “novela” caía en la cuenta de la diferencia entre un aficionado del Sevilla o de cualquier equipo con cierta identidad no tiene nada que ver con el hincha que elige lo más fácil, que en España es el Real Madrid o el Barcelona.

El caso de Lionel Messi en el Barcelona es el mismo que el que sufrimos nosotros con Dani Alves al término de la temporada 2006/2007, o extrapolándolo a otro club y más visible en nuestros tiempos, el de Fernando Llorente en el Athletic Club en el proceso de transición del viejo al nuevo San Mamés. La guinda ha sido una encuesta de mi querido compañero Albert Valor que a su entorno azulgrana le pregunta, después de la exclusiva de Goal, que si a la estrella albiceleste hay que perdonarla después de su fallido movimiento. Y la respuesta mayoritaria ha sido “No hay nada que perdonar”.

Nadie duda que Lionel Messi es y ha sido durante la última década el mejor futbolista del mundo, así lo hemos sufrido nosotros que incluso nos ha privado de títulos con él sobre el tapete; pero no significa menos que lo que representó Dani Alves para el Sevilla, hoy muy querido pero que, cuando levantó en Madrid el quinto título en 15 meses se declaró en rebeldía. Considerado uno de los jugadores más técnicos, sino el que más, de nuestra historia, descubrimiento de Monchi en toda regla y protagonista de primer rango en el “Sevilla Top Class” que eliminó de un plumazo más de medio siglo de carestía sevillista, se plantó.

Se negó a disputar la primera jornada de aquella temporada frente al Getafe aparte de no viajar a Atenas para jugar la previa de la que sería la primera, y por tanto histórica, Champions League (no confundir con Copa de Europa) del equipo andaluz. La afición nervionense condenó aquello. No le parecía bien la actitud del que había sido su ídolo, su estrella. Varios clubes de la elite europea, por supuesto el Barça entre ellos, había tentado al brasileño con cifras mareantes y éste, ante su último contrato, intentó presionar declarándose en huelga para que, en aquel tiempo, José María del Nido se prestara a negociar y, por tanto, a vender. Con el caso “Sergio Ramos” tan presente, el club se negó y no es descartable que, en aquel instante, estuviera equivocado, pero al seguidor sevillista, embriagado de títulos hace 13 años, ni se le pasó por la cabeza cuestionar la decisión, acertada o no, de la institución.

Todo lo contrario, condenó a Dani Alves, porque el aficionado sevillista valoró que, por encima de todo, está el honor y la respetabilidad no de un jugador en particular sino de clubes poderosos que intentan pisotearte a golpe de talonario. La desgraciada y repentina muerte de un compañero como Antonio Puerta le hizo rectificar (es curioso como el único que le visitó en el hospital durante aquellos días agónicos y póstumos fue él, puesto que el equipo se encontraba en Atenas). A partir de ahí, el genial lateral se retractó, decidió continuar en el club, realizar una buena temporada 2007/2008 y ser al año siguiente la venta más cara, actualmente, de la historia del club que manda en la Europa League (unos 40 millones sumando variables).

La redención que pide ahora el barcelonismo sobre Lionel Messi no tiene nada que ver. El argentino no solo se ha negado a jugar sino que se ha dedicado a “echar mierda” sobre el club, o sobre una persona que fue elegido democráticamente según los estatutos de ese club. Se ha mofado del escudo del Barcelona por ¿un año de contrato? Ha querido echar un órdago y ha hecho el ridículo, también desde el punto de vista jurídico, lo que evidencia también a su entorno. Dentro de unos meses se irá libre a ganar más dinero, como si lo necesitase; y en el Barça no habrá dejado un duro, pero sí a un rebaño internacional de borregos embaucados por sus records inalcanzables o por crear toda una era futbolística a nivel mundial. Salvando las distancias, lo que hubiera supuesto Dani Alves si no llegase a rectificar, o lo que supuso Juande Ramos, o Enzo Maresca en una época (o Vitolo, Unai Emery o Sergio Rico en otra), o todos aquellos que deportivamente marcaron un antes y un después en la historia del club andaluz pero que, con mayor o menor grado, por una u otra circunstancia, no salieron por la puerta grande de la Bombonera de Nervión. Y es que “Roma no paga traidores” Más que nada porque por encima hay un sentimiento, unos valores, en definitiva, un escudo.

EFE
ENRIQUE BALLESTEROS 09/07/2020

Insulina

Solo el Barcelona ha dado menos pases en el último tercio con respecto a sus pases totales en esta liga (9%) que el Sevilla de Julen Lopetegui (10%). Atendiendo a este dato descenderíamos a Segunda División, según éste y unos cuantos más. Es una estadística como otra cualquiera. Como las que se han disparado estos […]

Reuters
ENRIQUE BALLESTEROS 23/05/2020

Una trampa como hipocresía

Mayo tiene trampa para un sevillista. Da igual el día en el que te encuentres que hay algún recordatorio que te traslada a un día donde fuiste feliz. El Siglo XXI nos acogió de forma afectiva después del maltrato que sufrimos en los últimos compases del Siglo XX. Y ello ha venido acompañado de fechas […]

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