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Carlos Romero - Columnas Blancas

CARLOS ROMERO 29/05/2020

De cómo hacer historia en pijama estampado

En alguna ocasión, alguien, en una de esas puyitas que algunos necesitan para reivindicarse cuasi adolescentemente ante su fatalidad futbolística habitual, dijo que al Sevilla FC le faltaba literatura, que no tenía quien le escribiese. El buen hombre igual aún no se ha enterado de que un equipo de fútbol no está para que le escriban, que un club de fútbol grande no necesita de poetas que resalten cualidades inexistentes; que el fútbol es competición, y que un club no está tampoco -precisamente- para que alguien lo envuelva artificialmente en un halo de leyenda, pues las leyendas, como la sevillista, se curten y se fabrican en el campo de batalla bajo el velo de las noches mágicas de Nervión con goles de ensueño. Y eso no quita que después se describan, para que los hechos no se pierdan en la noche de los tiempos y lleguen impolutos a las futuras generaciones, pero a ningún seguidor blanquirrojo le quitarán la ilusión de volver a vivirlo una vez más, y así por los siglos de los siglos.

Sobra la obviedad, aun así, el Sevilla FC gozó siempre de literatura de primerísima calidad. La belleza es pre-existente, tan solo se necesita de los mejores artistas para que la expresen, como los Otero, Blázquez, Elido, Juan Tribuna, Barbeito, de nuestros queridos Félix Machuca y el niño Aguilar, entre otros grandes, cuyas excelsas plumas, como si de finos pinceles se tratasen, plasmasen los mejores óleos de tintadas blancas y rojas del equipo de la ciudad que la Giralda abandera.

Orgullosos pues, pero como aquel que sólo venía a hablar de su libro y todo lo demás le venía al fresco, yo venía hoy a hablar de una de esas imágenes románticas que el fútbol sevillano, sevillista para más señas, nos dejó para la posteridad aquel personaje del que aún desconocemos su nombre, pero esencial en aquel primer partido jugado en España entre clubes legalmente constituidos, el 8 de marzo de 1890.

Cuenta la crónica del Dundee Courier and Argus de 17 de marzo de 1890, sobre el equipo sevillista, haciendo referencia a aquel partido frente al Huelva Recreation Club en el Hipódromo de la Dehesa de Tablada:

La hierba estaba en muy buenas condiciones a pesar del persistente aguacero, comenzando a las 4:45 ante alrededor de doce decenas de espectadores. Los jugadores presentaban un aspecto variopinto, con todas las equipaciones en regla, salvo el ala izquierda nuestra, que nunca había tenido el honor de pertenecer a un club atlético, y se presentó con traje de noche, en forma de un fantástico pijama estampado. Fue recibido entre carcajadas burlonas y bautizado por los nativos como el “Payaso Yugles”.

La alineación sevillista estaba clara: Sr. Maccoll (Capitán), Sr. Logan, Sr. Stroulger, Sr. Ritson, Sr. Annodall, Sr. Mondy, Sr. White, Sr. Welton, Sr. Grieg, y un sustituto, siendo este último el que probablemente apareciese vestido para la ocasión con ese pijama estampado que tanto llamó la atención de aquellas “doce decenas de espectadores” que compusieron también la primera afición de España de un equipo legalmente constituido y dedicado exclusivamente al fútbol, la sevillista.

Está claro que el hábito no hace al monje, Yugles no fue un personaje baladí, aunque el primer gol conocido en España corresponde al sevillista Ritson, sería nuestro excelso clown el que marcaría el segundo, ganando finalmente a Huelva por 2 goals a 0, convirtiéndose así el Sevilla FC, igualmente, en el primer club de la historia en ganar un partido.

El juego resultó de lo más agradable, con dos partes de treinta y cinco (minutos), terminando con victoria para Sevilla por 2 a 0. Ritson hizo el primero, seguido poco después por el “Payaso Yugles”, de forma inesperada para todos, y no menos para él mismo.

Clown de finales del siglo XIX

Tras el partido, los contendientes se citaron para celebrar el encuentro, y el Sevilla Football Club ejerció como anfitrión, siendo muy probablemente y en buena parte inconscientes de lo que acababan de iniciar en este país y la repercusión que ello tendría más de un siglo después. La crónica nos sigue contando lo siguiente:

Después de una suntuosa cena, en parte española y en parte francesa, con ligeros tintes británicos en el menú, el Sr. Edward Johnston, que presidía, con unas palabras bien escogidas, brindó por nuestra Reina, el Príncipe de Gales, y la Familia Real, así como por la Reina Regente y el joven rey de España, con especial sensibilidad por la reciente enfermedad de Alfonso XIII. Sobra decir que tras los brindis se bebió con el entusiasmo debido. La velada transcurrió agradablemente con brindis, cantos y emoción. Ni siquiera el fracaso del “Payaso Yugles” en su intento por mantener el equilibrio sobre una silla vacía estropearía la armonía de la reunión. Es probable que Sevilla visite Huelva en unas pocas semanas, y esperamos con interés que se repitan unos momentos tan agradables como los que Huelva ha vivido aquí; y seguramente, la inauguración de este juego en esta parte del país será seguida por otras organizaciones similares en todo lugar donde exista una colonia británica en España.

La primera crónica del fútbol constituido en España sólo puede tener como protagonistas a los primeros clubes que lo jugaron, y al igual que ellos en su momento, nosotros mismos hoy en día, igual no somos del todo conscientes tampoco de la importancia de haber sido los protagonistas de estos hechos históricos.

“Tarde de gloria en Tablada”, Sevilla Football Club, óleo sobre lienzo, 1890. En la pintura se refleja un hecho histórico para gloria de la ciudad, de Andalucía, y por ende del país, nada fue un invento.

1914. Biblioteca Nacional de Francia
CARLOS ROMERO 11/04/2020

Fútbol en tiempos de guerra

Vistos y sufridos los tiempos que vivimos, nos retrotrae a pensar que no es la primera vez que se paralizan las competiciones oficiales en España. El 18 de julio de 1936, sábado, se materializa el golpe de los sublevados en Sevilla, con Gonzalo Queípo de Llano como cabeza visible, y José Cuesta Monereo, fundador del Real Betis Balompié curiosamente, como mano derecha de Queípo, organizador y cerebro de la operación. El Sevilla FC amateur se disponía aquel día a celebrar la consecución del Campeonato de España en el restaurante de un famoso hotel sevillano, evento este que no llegó a celebrarse por motivos obvios.

Sevilla fue una de las primeras ciudades que cayeron en la Guerra Civil, el fútbol quedó paralizado inmediatamente, y tendría que transcurrir mucho tiempo para que las competiciones oficiales pudieran volver a ponerse en marcha nuevamente en el país. El Sevilla FC estuvo a punto de descender por primera vez en Liga, salvándose in extremis aquella temporada de 1935/36 previa a la guerra, teniendo en cuenta que la anterior fue campeón de copa.

Los jugadores blanquirrojos se alinearon con uno u otro bando contendiente: Euskalduna y Epelde, jugadores sevillistas, lucharon como gudaris a favor de la República. Una vez hechos prisioneros fueron internados en campos de trabajo. Epelde en un campo de Zamora y Euskalduna en Jerez de la Frontera en uno de los famosos batallones de trabajo. Fede estuvo como miliciano en el País Vasco, Segura, el medio centro del Sevilla, estuvo hasta su conquista en la Málaga Republicana. Tache, el que fuera máximo goleador en la temporada 1935/36, se enroló con el Barcelona en su viaje a Sudamérica, y se exilió en México, y Campanal, recién casado en ese verano, escapó con su señora por el pasillo de Tomares hacia Asturias, donde luchó como miliciano Republicano.

De parte nacional teníamos a Raimundo Blanco y a Luis Tejada, este último, que por su condición de ingeniero fue de los primeros movilizados y destinado a ferrocarriles, un puesto sin armas pues su familia de carácter progresista era poco afecta al nuevo régimen. También Guillermo Eizaguirre se alistó como voluntario en bando nacional, posiblemente motivado por el atentado anarquista que estuvo a punto de costarle la vida a su padre. Fue herido varias veces en el frente, llegando a ostentar el grado de capitán de la Legión. Al igual que estos, otros jugadores sevillistas, tanto del primero como del segundo equipo, fueron movilizados a distintas unidades militares de uno u otro bando.

Difícil papeleta pues para Ramón Sánchez-Pizjuán, que debía mantener la institución sevillista lo más cohesionada posible, con una buena parte de la plantilla desaparecida, y con el hándicap de que las nuevas autoridades necesitaban que el fútbol se pusiese en marcha cuanto antes para dar sensación de normalidad, aplicando la política de pan y circo que tan buenos resultados les dieron siempre.

Don Ramón nunca fue bien visto por el nuevo régimen militar, en primer lugar, por su talante democrático como liberal, no en vano se presentó a las últimas elecciones republicanas alineado con un partido que no logró representación parlamentaria. Y, en segundo lugar, por esa “manía” suya de mantener la costumbre de que fuesen los sevillistas los que eligiesen a su presidente en asamblea de socios, cosa poco afecta a los fascistas y falangistas gobernantes, que comenzaron a nombrar a dedo a todos los presidentes de los clubes futbolísticos.

A diferencia de algunos de mis compañeros, que mantienen otras teorías seguramente mejor fundadas y sabias que las mías, yo pienso que Sánchez-Pizjuán fue realmente desterrado a Madrid a pesar de ser nombrado por Moscardó como vicepresidente de la Federación Española de Fútbol. Esto en realidad suponía la separación de su Sevilla FC en 1940, en la capital estaba más controlado, y no volvería hasta bastantes años después, sólo cuando pudo ser elegido por sus socios democráticamente, cosa que hizo, a pesar del régimen, en 1948. Todas estas “cositas” le costarían algunas desafecciones y amenazas, incluso sugiriendo un juicio sumarísimo y posterior fusilamiento por parte de algún mando, pero don Ramón se salió con la suya. Por esto y por muchas cosas más, Sánchez-Pizjuán es el gran presidente sevillista, que nos debe servir de inspiración y faro que ilumina el sevillismo.

Volviendo al tema que nos ocupa, durante la contienda bélica, las nuevas autoridades se apresuraron a organizar partidos benéficos en pro de la Falange, y de los comedores sociales para dar de comer a una población hambrienta, (especialmente infantil) que ya sufría los rigores de la guerra, pero sobre todo para imprimir un carácter ideológico entre la población. Equipos sevillanos como el San Román, el Osario, el Sparta, el Calzada, el Triana, el España, el Macario, el Atletic, el Calavera, el San Vicente y el amateur del Sevilla, fueron “invitados” a jugar partidos en tiempos de guerra. La Copa Queipo de Llano se celebró en mayo del 37 para recabar fondos para las ‘Casas de Inválidos de Guerra, Empleados y Obreros’, copa que terminó en las vitrinas del entonces denominado Betis Balompié, mor de la República.

Eizaguirre (Sevilla FC) y Peral (Real Betis Balompié) en un partido benéfico a favor de los flechas de la Falange en el estadio de Nervión.

Don Ramón se las veía y se las deseaba para componer un plantel que pudiese jugar en estos partidos, que nada tenían que ver con un Sevilla competitivo y luchando por altas cotas, no en vano, se llegaron a contabilizar más 70 jugadores distintos, prácticamente todos amateurs, en los partidos organizados por el régimen durante aquellos eternos tres años que duró la guerra.

Las órdenes de los altos mandos conminaban a ejecutar la habilitación de los estadios, y a facultar a los jugadores que componían los equipos más importantes del elenco nacional, de esta forma, el “Sevilla Football Club”, que pronto debería cambiar su nombre por el de “Sevilla Club de Fútbol”, debido a la prohibición de los anglicismos en todas las sociedades y asociaciones por parte del régimen de Franco, llegó a recuperar finalmente en torno al 70% de su plantilla al comienzo de la temporada 1939/40, (no fue el que más en la ciudad de Sevilla) y fue culminada por el carismático presidente sevillista rodeado y asesorado por Antonio Sánchez Ramos, (el tío del puro) y por el incombustible Pepe Brand. Poco a poco fueron configurando un equipo capaz de plantar cara en la reanudación de la competición en la temporada 1939/40, tanto, que consiguió el campeonato de España ese año.

Pero esa es otra historia.

Niños sevillistas en los años 70. Archivo del autor
CARLOS ROMERO 28/02/2020

Igualar lo inigualable

Cualquier joven que ronde los 20 años en la actualidad y que indague en sus recuerdos más tempranos, sólo puede reconocer a un Sevilla FC campeón. Esto es una realidad, el axioma de la nueva generación blanquirroja, como fue la de los jóvenes sevillistas de la misma edad en los años 20, 30, 40 o 50 del siglo pasado. Esto es algo que los seguidores de muy pocos clubes han podido experimentar y de forma tan prolongada.

Los que peinan canas, y algunos ya no podemos peinar ni eso, saben que no todo fue siempre de color rosa. Vivieron y padecieron la época más mediocre y gris entre los años 60 y principios del siglo XXI, de un Sevilla FC atenazado por la gran deuda que supuso construir un gran estadio con medios propios, que lastraba en demasía a lo deportivo,  cayendo en la trampa de los localismos, en lo que se ha venido conociendo como la liga particular frente a rivales cercanos, limitando el crecimiento como entidad inserta en competiciones más amplias, cercenando aspiraciones, e imposibilitando otear otros horizontes más distantes. Aun así, fue un Sevilla que disfrutamos en muchas ocasiones y a otros niveles, campeones en otra dimensión con forma de trofeos de verano, ascensos, y algunas clasificaciones UEFA que nos sabían a gloria, pero son lecciones que la historia nos dejó bien claras, y que no podemos volver a repetir.

Pero igualmente una época gris muy mantenida en el tiempo al grito de “otro año igual”, fueron en torno a 50 años de penurias, llegando en algunos momentos a rozar la desaparición, si no fuese por el carácter decidido de muchos de sus aficionados, auténtico tesoro del club. Me gustaría recordar a aquellos que fueron denominados como ‘ángeles de la guarda’ del Sevilla FC en los años 60, en los que muchos se jugaron su propio patrimonio avalando y poniendo dinero en efectivo, o bien aquellos otros aficionados que aportaron a través de obligaciones hipotecarias para la construcción del estadio, renunciando masivamente a los intereses que donaron a la entidad. Podríamos detenernos en aquella generación de aficionados que aportaron su dinero para comprar un jugador como Bertoni, siendo este un hecho insólito en el mundo del fútbol, en el que los sevillistas fuimos siempre pioneros.

El Sevilla FC se puede permitir la licencia de incluir junto a su escudo y su bandera, a la afición como insustituible, porque se lo ganó por derecho propio, en una época que incluso hizo perder la perspectiva de la historia de aquel Sevilla FC grande de las primeras décadas del pasado siglo que no se planteaba cuestiones locales. Porque la duda no era si se podría ganar a esos rivales periféricos, sino que se hacían apuestas entre los jugadores blanquirrojos sobre el número de goles con el que se les iba a ganar, era así de sencillo y simple. El Sevilla FC eclipsó a todos sus rivales de una forma casi insultante para ellos, como reflejaba la prensa de la época.

“El domingo jugaron un partido en el campo del Real Patronato Obrero los equipos Sevilla FC, campeón del sur, y el Real Betis Balompié. Encontramos muy justificado el retraimiento de los aficionados. No existe rivalidad ni competencia posible, no hay lucha, no hay emoción. El Sevilla FC se ha quedado solo; los competidores, unos han sido anulados; otros han rehuido discretamente el ponerse al habla en el campo de “football” con el grupo blanco. Ayer alineó el Sevilla frente al Real Betis un equipo de cuidado, y sucedió lo que lógicamente se esperaba”.
Noticiero sevillano, Febrero de 1921.

Al contrario de otras concepciones sobre fútbol y aficiones que oímos cotidianamente, consecuencia de lo anterior,  el fútbol es un deporte en el que la competición es la primera norma, ganar al rival por cuantos más goles sea posible, mejor. Por ello, es necesario volver a reivindicar el Sevilla FC previo a la época gris, sólo así comprenderemos nuestra forma de entender el fútbol, de vivirlo, de expresarlo, que pertenece a la escuela sevillista que fue admirada en el resto del territorio nacional y más allá. La historia es un todo que transcurre a través del tiempo en determinadas circunstancias, pero un todo, al fin y al cabo.

Así, hoy podemos decir que el Sevilla FC ha conquistado a lo largo de su historia 34 títulos oficiales y el siguiente en esta supuesta clasificación tiene cuatro. Treinta títulos oficiales de diferencia que se antojan aplastantes, que dan una idea de la dimensión real que ocupa el Sevilla FC en el espectro futbolístico andaluz, aunque muchos de estos títulos hoy podrían considerarse menores, o, mejor dicho, son entendidos como menores por nuestros rivales, minimizándolos, y es normal que lo hagan, casi no los ganaron nunca, aunque los disputaron.

En esta tesitura está la Copa de Andalucía, único campeonato pre-liga y único torneo oficial posible contender antes de 1928, y que los equipos andaluces debían disputar para acceder a la gran competición del Campeonato de España, ya que sólo los equipos vencedores de los campeonatos regionales y de sus distintas federaciones podían acceder a esta competición nacional. Más tarde, viendo la Federación que siempre ganaban prácticamente los mismos en todas las regiones futbolísticas como eternos campeones, se abrió el abanico competitivo nacional a los subcampeones, que casi siempre eran los mismos también, eternos segundones, esta es la realidad constatable y objetiva, por lo que era comprensible que protestasen.

Dicho lo cual, el llamado por aquella época Sevilla Football Club, ganó 18 de los 21 campeonatos de Andalucía, comenzando a ganar títulos nacionales allá por mediados de los años 30. Se habló tendenciosamente mucho de estos títulos en blanco y negro, relacionándolos con un Sevilla FC alineado con la dictadura -falsedad que demostramos en numerosas ocasiones- pero su primer título nacional fue conquistado en plena República, como fue el Campeonato de España, si bien luego llegaron dos trofeos más de esta competición y un título de Liga con el franquismo en el poder, previos a la época gris de la que hablamos. El Sevilla FC ha ganado títulos en todos los regímenes políticos habidos en el siglo XX hasta nuestros días.

Igualmente, es importante reseñar que ningún club andaluz, en realidad de todo el sur de España, ha logrado superar en ningún registro estadístico global al Sevilla FC. Ni en partidos disputados en Primera División, ni en goles, ni en temporadas en Primera, ocupando el sexto lugar de la clasificación histórica en España tras los equipos más potentes económicamente, como son Madrid, Barcelona, Athletic Club, Atlético de Madrid, y Valencia.  Y subrayar que durante la etapa gris comprendida entre los años 60 y los primeros años del siglo XXI, ningún equipo pudo superarlo en palmarés, ostentando este la supremacía desde su nacimiento hasta nuestros días en el sur de España. Parece que lo que es evidente, debamos estar recordándolo permanentemente, en esa obsesión por intentar igualar en los medios lo que es inigualable.

Gracias a José Luis Garrido por aportar en su Twitter el maravilloso suelto periodístico que por aquí exhibimos.

Afición del Sevilla FC en el viejo Nervión – 1935. Foto archivo del autor.
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