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Carlos Romero - Columnas Blancas

CARLOS ROMERO 12/05/2021

La irreductible aldea de Híspalis

Me contaba Genaro, llamémosle así, que acudía por aquellos lares invitado al estadio madridista por cuestiones de trabajo. Fue recibido por un directivo merengue henchido de la prepotencia característica, que trata al resto de los clubes nacionales como si de extranjeros se tratase -si el club referido tiene cierta importancia- o como paletos mononeuronales que corren tras algo redondo, si el club es algo más modesto.

Rezumaba ese tinte de supremacía que hace poco observamos absortos e incrédulos en su jefe, Florentino Pérez, cuando intentaba hacernos creer, tras su ignominioso atentado de Superliga aún inconcluso, que el fútbol es sólo el Real Madrid y que todos colgamos de su ubre piadosa, alimentándonos, mientras gozosos deberíamos lanzar loas y albricias por su magnanimidad. Todos somos tratados como enanos mentales que necesitamos de su tutela, cualquier percepción que usted tenga en este sentido con respecto a ese club, créame, se queda muy corta.

Le decía a Genaro este directivo, sin que el menor remordimiento recorriese y atisbase su mente, que está bien que en Sevilla fuésemos del Sevilla y del Betis, el terruño siempre tira, pero que primero deberíamos ser del Real Madrid, que estaban trabajando en ello, y que tarde o temprano lo conseguirían.

Y Genaro le dijo sin cortarse un pelo, “están locos estos romanos”, y sería algo risible y ‘carcajeable’ si no fuese porque uno mira el panorama nacional, y observa las hordas de albaceteños y murcianos que claman al cielo porque le pitasen al Madrid antes de ayer un penalti como una casa, a cuyo jugador merengue sólo le faltó sacar un subfusil para terminar de rematar al contrario.

Y conste la alta estima que el que les escribe le tiene a los albaceteños y a los murcianos, amén de los pacenses, pero es que esto no es achacable a ellos tampoco, cuando a las criaturas no hacen más que bombardearles mediática y permanentemente con las cosas del Madrid, volvemos a lo mismo, como si no existiese otro club en la tierra.

La amenaza es real, sin paliativos, el Imperio lanza un ejército de periodistas y grandes medios que hoy mismo claman contra el VAR, y que sin pudor alguno propugnan que el Real Madrid deba ganar sí o sí, aunque cometan la injusticia futbolística más grande, tal cual. Como muestra un botón de Alfredo Relaño del diario AS.

Así, a cara descubierta, no se esconden.

Para los incrédulos, ¿a quién le va a extrañar estas cosas de un club que obligó impunemente a no jugar a Campanal aquel Trofeo Carranza para ganarlo?

Soy de los que piensa que, en el asedio sin cuartel que le tienen a Sevilla estos romanos, tarde o temprano lo conseguirán y la, hasta ahora, irreductible aldea futbolística que es Híspalis terminará por capitular. Ese directivo madridista trabaja sin cuartel para que sea así, cada día se ven más camisetas merengues en la ciudad, y perteneceremos todos a ese ejército de zombies vikingos pendientes del peinado del Cristiano Ronaldo de turno.

Cuando éramos niños cantábamos aquello de:

¡Hala Madrid!, el equipo del gobierno, la vergüenza del país”

Maravillosa poción mágica ¿No les enseñamos estas canciones ya a los nuestros?

Genaro, hijo, para las conclusiones que sacaste de allí, mejor que te lo hubieses ahorrado.

CARLOS ROMERO 06/03/2021

Nunca ganaremos otra liga

Mientras no pongamos remedio.

Decía en Redes Sociales que podemos competir con el Liverpool, el Inter, el Manchester United, o cualquier otro equipo de ámbito mundial, y ahí estamos, pero amigos, si jugamos contra uno de los dos de siempre, el que sea, nos pasan estas cosas ¿Jugamos mal, fallamos un penalti de libro, (porque tiene que ser de libro) no conseguimos una táctica adecuada al partido? Es posible también, cada cual encarnamos un entrenador y seguramente un dirigente que haría las cosas de otra forma.

Yo soy de los que piensan que los clubes tienen su idiosincrasia propia, con sus benevolencias y virtudes, pero con sus males endémicos. El Sevilla FC es un club molesto, no cae bien, grande en espíritu, sus bases y sus dirigentes imprimen a fuego en los jugadores eso que nosotros conocemos como la casta y el coraje. El sevillismo tiene por bandera el orgullo, que otros entienden como prepotencia, pero nosotros no jugamos al fútbol para caer bien, jugamos para ganarles.

Pasadas las décadas que nos sumieron en la más triste de las mediocridades, debido a los problemas económicos y por ende deportivos, aquellas que nos hicieron pensar y creer que lo importante era ganar una liga particular local, llegó a mediados de los 2000 lo que históricamente se ha dado en llamar como la “declaración de las Madeira”, un ante y un después en la manera de ser un club, que fue y es el más grande en el sur del país, al que nadie hizo sombra, y que había que recuperar. Aun así, incluso durante esas largas décadas a la deriva, nunca nadie nos superó jamás, ni en títulos, ni en cualquier estadística global que sea medianamente creíble.

Lejos de querer verlo desde una versión conspiranoica, ser el más grande en el sur no da para ser el más grande en el país y no es porque no lo deseemos. Las distancias son las que son, a pesar de tener una economía envidiable para muchos, una dirección deportiva impecable, y un equipo más que decente, el “baloncentrismo” aplasta como si de un gigante se tratase a cualquier club que sea capaz de despuntar medianamente. Se comporta como las fuerzas centrífugas y centrípetas de un tornado, que expulsa todo aquello que previamente se ha tragado y destrozado.

No es necesario que sea explícito, todo está reglado aparentemente, las normas están establecidas en la teoría, pero la competición española no trata de saber quién compite mejor alineados en un punto de salida de la que parten todos los clubes, la competición en este país consiste en ver cuál de los dos ricos, (la riqueza es la medida de la grandeza hoy en día) ejerce su supremacía sobre el otro, quién impone su guion al otro, cuestiones políticas incluidas, máquinas que acaparan todo, que abarcan todo, que manejan todo, que trituran todo, con poder para enfrentarse y manipular, no solo a los organismos reguladores del fútbol nacionales, sino también internacionales. Véase cómo han presionado a FIFA y UEFA con la supuesta Superliga. Y si algún año coincide en que estos dos se imbuyen en la zozobra, entra el tercero en discordia para aprovechar las migajas que se dejan en el camino para intentar demostrar que la competición está abierta. Tienen además el poder de desposeer a sus competidores de sus mejores jugadores, debilitándoles para que no les hagan sombra, aunque figuren como eternos suplentes en sus equipos.

Y todo esto sin parecer que ocurre, la prensa capitalina y catalana, esta última más política aún, entendidos como medios nacionales, se alimentan, literalmente, de estos dos. El “¡llorar te ha servido, Koeman!” -de Monchi- no es un brindis al sol, no surge de la nada, es la constatación y prueba del nueve de cómo funcionan las cosas.  Pero es todo más sencillo de lo que cabría esperar, como decía Alfonso Guerra, el que se mueva en la foto no sale. Es un proceso de retroalimentación en el que la prensa fabrica todos los parabienes y hacen parecer, incluso inculcan, que cualquier otro club del país parezca un equipo extranjero que viene a quitarles el pan y la sal, y se expanden creando madridismo y barcelonismo como fábricas por toda la geografía nacional. El árbitro que se sale demasiado de los cánones nacional-madridista y catalano-culé sabe que no pitará en Primera al año siguiente o tendrá los días contados, no es necesario comprarlos, véase igualmente quién y cómo se ganó la Liga la temporada pasada. Bueno, y la anterior, y la siguiente… los árbitros se la juegan y cuando no les da para ganar siempre estarán ahí.

En un mundo en el que estos acaparan la mayor parte del dinero de las televisiones, reglada perfectamente para que sea así, sí o sí, el Sevilla FC, que se lleva el pellizco que puede, sobrevive con una política económica basada en descubrir valores futbolísticos que cuestan una tostá, aunque la tostá hay que saber verla, para revalorizarlos, y tratar de venderlos como si de un Ferrari se tratase. Tiene mucho mérito lo que está haciendo el Sevilla FC, que muchas veces no somos capaces de valorar ni de situarlo en su justo lugar. A diferencia de las otras grandes ligas europeas en las que existe un reparto más ecuánime de los dineros televisivos, en la nuestra parece que asumimos ya una normalidad que es anormal.

Y en esas está el Sevilla, pidiendo paso. No se sabe muy bien qué tendría que ocurrir para que esta situación cambiase, así es irrealizable tener más altas miras, dar un salto de calidad más allá del que se ha dado, competir en igualdad de condiciones.

¿Qué podemos exigirle al Sevilla FC? ¡Todo! También va en el ADN, hagamos autocrítica igualmente, nada de paños calientes, aunque el sevillista no es dado a ejercer como víctima y responsabilizar de todos y cada uno de sus males a los demás, excepto cuando es una realidad incuestionable, claro. Se habla de un acomplejamiento endémico ante los grandes ricos, y esto sería debatible si no fuese por las goleadas infligidas en los últimos años, que seamos el equipo más goleado por un tal Messi, o las finales perdidas, frente a esta cruda constatación de la realidad no existen alternativas ni dimensiones paralelas. Que estos clubes se motivan con el Sevilla FC es vidente, pero que nos venimos abajo, también. Es un mal histórico. Ni siquiera es un mal de los últimos años, lo demás serían engañifas.

Mi reflexión sobre esta cuestión es que tendremos difícil cambiar las cosas externas, pero sobre las internas sí que tenemos toda la potestad, que sepamos dar con un diagnóstico certero y con el antídoto será otra cosa. Es necesario romper, como rompimos con décadas de localismos, una enfermedad que nos atenazaba. Debe existir un punto de inflexión entre la realidad histórica de endeblez y un nuevo afrontar esos partidos con más dignidad frente a ellos. Romper con este mal adquirido supone la mitad de todo, y algunas veces más la victoria estará de nuestro lado.

Es nuestra idiosincrasia, hay que ser realistas, grandes en el sur, que no es poco, pero con un techo endógeno y exógeno que se debe romper, aunque es muy complicado de superar. No podrá ganar otra Liga jamás, mientras no sepamos ponerle remedio,  ni siquiera una copa del rey en la que se crucen los de siempre ¿Un canto del cisne? Es posible, dicho lo cual, ojalá tenga que tragarme mis palabras, si fuese esta temporada, mejor, pero de momento hemos perdido la posibilidad de pasar a una final del Campeonato de España, y de este pelaje van… cuéntelas usted mismo.

CARLOS ROMERO 30/12/2020

Derbi sevillano: los comienzos de una rivalidad eterna

Se acerca el partido doméstico y siempre es interesante exponer algunos datos más allá de los estadísticos. Conviene hacer un poco de historia para comprender la idiosincrasia de un evento deportivo que podríamos tildar como de “singular”.

Los primeros derbis en la ciudad de Sevilla se jugaban desde finales del siglo XIX entre dos equipos de la misma sociedad sevillista, es decir, entre el “Equipo inglés” y el “Equipo español” del Sevilla FC. Esto era normal, en Sevilla no había otros clubes a los que enfrentarse, ante los que los sevillanos se arremolinaban siendo partidarios de unos u otros en una Sevilla que necesitó ser dual desde siempre. Las crónicas advertían de que en dichos derbis los aficionados de uno u otro equipo “guardasen la conducta que era esperar de la cultura sevillana”, por lo que intuimos que hubo muchas ocasiones que no consiguieron guardarla.

Deberíamos esperar hasta 1909 para tener noticias de un enfrentamiento futbolístico entre dos clubes distintos en la ciudad. Unos muchachos, estudiantes de la carrera militar la mayoría de ellos, que muy posiblemente perteneciesen a uno o varios de los ocho equipos que la sociedad sevillista albergaba en 1908, eran aspirantes a formar parte de los primeros equipos, cuestión que no consiguieron. Esta es la razón más habitual en la formación de equipos en la época, grupos de jugadores que aspiraban a militar en el primer team, y al no conseguirlo fundan uno propio.

Los mencionados estudiantes militares, comenzaron a entrenarse en el Campo de Santa Justa, en las proximidades del no muy saneado arroyo Tagarete, lugar que probablemente les pillaba de camino, (o quizás no)  a los jugadores sevillistas rumbo al corralón de la fábrica de vidrios de La Trinidad donde jugaban sus partidos, y bautizaron a estos equipiers como el “Tagarete Football Club”, nombre que no les gustó en demasía, cuestión que  provocó algunos enfrentamientos más allá de la práctica del deporte rey. Es probable que este fuese el momento real del comienzo de una rivalidad. Este club terminó llamándose Sevilla Balompié, y nació, reconocidamente por sus dirigentes, para ser el rival del Sevilla Football Club.

Efectivamente, no sería hasta el 14 de febrero de 1909, día de San Valentín, cuando se produciría el primer encuentro entre dos sociedades de la ciudad de Sevilla, con la particularidad y según la costumbre y tradición de la época en otros lugares de España, consistente en que un equipo nuevo que pide un desafío, debe enfrentarse previamente con el tercer equipo del club decano de la ciudad, vencerle, seguir enfrentándose al segundo, y por fin, tras ganar, ya podrían jugar contra el primer equipo.

Este partido inicial entre el primer equipo del Balompié y el “Sevilla C”, que podríamos considerarlo como el originario de todos los derbis jugados en la historia, arrojó un resultado de victoria del tercer equipo sevillista por 4 a 0, y parece que los balompedistas tardarían bastante en ganar al tercer equipo, y al segundo posteriormente, pues el encuentro contra el primer equipo blanquirrojo no se produciría hasta noviembre de ese mismo año.

A partir de entonces, salvo momentos muy raros y puntuales a lo largo de la historia, el Sevilla FC ostenta la supremacía en todos los registros estadísticos globales e históricos de una forma aplastante; en palmarés, partidos ganados, en goles, en puntos, ni un solo registro escapa al dominio blanquirrojo durante 111 años de historia de enfrentamientos futbolísticos locales.

Por muchos siglos más, feliz año a todos.

Familia Gallegos
CARLOS ROMERO 29/09/2020

José Luis Gallegos, el sportsman total

Desgraciadamente, la historia del fútbol se ha escrito de forma muy descuidada durante muchas décadas. La cosa funciona así; alguien escribe una primera versión basada en recuerdos y testimonios variopintos, y una vez publicada se va perpetuando en futuras versiones con otros autores que la dan por válida, añadiendo los hechos que van sucediendo a […]

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