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Sebastián Guerrero - Columnas Blancas

Esperando a Luna y Piña

Todavía quedan unas tres semanas para que se cierre el plazo de fichajes, toda una vida como quien dice. Puede pasar de todo y nada, máxime cuando vivimos tiempos de incertidumbre en lo económico, en los que la normativa sobre fair play financiero crea más malestar que el propio VAR. Parece que fue ayer cuando escuchamos por primera vez el concepto de límite salarial y, sin embargo, ahora domina todo un mercado de fichajes, venido a la mínima potencia a consecuencia de la pandemia mundial que estamos sufriendo debido al covid 19.

Es difícil saber si el Sevilla tiene problemas con el límite salarial, si el problema es de cash o sí, simplemente, ha de vender para cuadrar el balance. Quizá nada de eso nos afecte y, simplemente, con el equipo hecho no tenemos que precipitarnos, todo lo contrario, nos beneficia esperar a que algunos clubes no tengan más remedio que rebajar sus pretensiones y podamos ser más ambiciosos a la hora de apuntalar al equipo.

Bono, Acuña, Diego Carlos, Kounde, Navas, Fernando, Jordán, Rakitic, Ocampos, Suso y En-Nesyry. El once tipo titular, más jugadores como el Papu siguen en nómina, por mucho que parezca que Kounde puede salir al Chelsea, pese al despilfarro de los blues gastando unos 115 millones en Lukaku, ítem más, teniendo una defensa con Thiago Silva, Christensen, Rüdiguer, Zouma, Azpilikueta… pero doctores tiene la Iglesia, y millones el bueno de Roman Abramovich.

Pues a ese once inicial, que ha conseguido la máxima puntuación del club en la Liga, que ha conseguido la clasificación para Liga de Campeones de forma casi insultante respecto a sus rivales, que solo pudo ser eliminado de la Copa por el Barsa en la prórroga, y que presentó su candidatura a ganar la Liga, sin suerte, se le han unido dos grandes refuerzos: Dmitrovic y Lamela. Jugadores que mejoran, sin duda, el nivel de la plantilla y que aumentarán el nivel de competencia en sus puestos respecto a lo que había el año pasado. Para los amantes de la cantera, también se puede decir que son algunos los que han asomado la cabeza para salir del anonimato y, sobre todo José Ángel e Iván Romero hacer ver que, si se les requieren, pueden dar un pasito, poco a poco. Por lo tanto, al tedio de un verano sin futbol, no moló nada el pasado con el final de liga, disputando el título y la fase final de la Europa League… no ni ná, se le une un mercado parado donde solo unos días con la operación Bryan por Lamela y 25 millones nos dio chance. Ya que lo de Dmitrovic estaba más que sabido y asumido.

Pero el mercado es el que es y Monchi ya lo anunció nada más acabar la temporada: Mercado parado en el que tendremos que ser creativos. Después de múltiples conferencias, presencia en un programa de Canal Sur sobre su trayectoria, hasta en una tertulia youtubera con aficionados sevillistas, Monchi desapareció. Dicen que, si no tienes nada que decir, mejor no decir nada. Y al pie de la letra. Monchi, Castro, Lopetegui… Silencio. Tanto silencio está guardando el club que no ha salido nadie ni a presentar la campaña de abonos, y explicarla, ni a contar por todos los medios que hemos conseguido un magnífico patrocinio de Naga. Eso sí, el de San Fernando se dejó ver en la concentración portuguesa para en un vídeo del club dejar un par de mensajes velados. En uno, dice que había adelantado su viaje a Portugal un día porque estaba aburrido sin hacer nada. Obviamente, sarcasmo. ¿Contestación a algunos? Pues podría quedar en anécdota, pero todos sabemos que Monchi no da ni una puntada sin hilo. Como cuando se deja grabar bromeando con En Nesyri, que lo va a tener que vender si no vende a otro antes para poder realizar fichajes. Fina ironía, ¿tirito con bala para algunos? Puede ser, o no. Pero todos sabemos que, si lo hace Monchi, lo hace con sentido. Reconocido por él mismo en múltiples ocasiones.

Lo cierto es que el verano está siendo tan insulso como sentido tiene ser cautos y esperar. Por ejemplo, los 135 millones que puede que lleguen de la Liga, fondos de inversión mediante, que pueden hacernos más ambiciosos. O vender a Kounde, o no, 70 millones varía la cosa más o menos. Monchi y Castro no salen, y así programaron las presentaciones, con lo que gusta un figureo, y sentarse en el medio, porque ya se sabía el plan, independientemente de la economía de guerra que tengamos o que no vendamos ni una botella de agua fresquita con  el calor que hace. Tres semanas quedan, y nosotros solo con los jugadores que nos dieron gloria estos dos últimos años, casi nada. Y el Barsa sin Messi. Y el Madrid sin fichar, y sin Ramos, y sin Varane. Y muchos sin ni poder inscribir jugadores.

A ver cuando se deciden Luna y Piña a decirle a Monchi que coja el teléfono y que vámonos que nos vamos. Hasta entonces, los que tenemos un director deportivo dentro uno mismo, podemos seguir con nuestras cábalas e imaginando lo que haríamos. El que no se consuela es porque no quiere. Al menos ya llega el lio, el domingo tres puntos, y la ilusión de volver a ver a nuestro Sevilla en la bombonera. Y ustedes, cabreados porque no se ficha.

Mucho equipo, poca plantilla

A expensas de ver si conseguimos batir nuestro récord de puntos, en una temporada liguera, y si damos asalto a la tercera plaza, esta temporada ha acabado. Sí, las dos motivaciones son grandes, de traca, de lío gordo, pero el final de temporada se ha hecho tan sumamente largo, y casi cruel, que psicológicamente todos necesitamos darlo por concluido, ponernos las chanclas y analizar y valorar lo realizado estos meses para pensar ya en la próxima e interesante temporada.

Las viperinas lenguas, siempre corrompidas de envidia y odio, se han dedicado siempre a culpar a la buena suerte de nuestros grandes éxitos, una falacia si vemos grandes derrotas, que pasan de soslayo, en las que la verdadera falta de fortuna nos privó de grandes logros. A simple golpe de recuerdo se me viene la cabeza la final de Tbilisi ante el FC Barcelona, que tras una heroica y emocionante remontada perdimos el partido en el descuento tras errar grandes ocasiones. O la que perdimos en Trondheim ante el Real Madrid, tras empatar los merengues en el descuento del partido y ganarnos en el último minuto de la prórroga. O aquella final de Copa en el Calderón, en la que los culés solo nos pudieron sobrepasar en la prórroga tras un excelso partido nuestro, tras ganar tres días antes al Liverpool la final de la Europa League. Lo importante es que en todas las ocasiones estuvimos ahí, como en el gol de Palop en Donetsk o el famoso Mbiazo en Valencia. O llegar a los penaltis en Glasgow o Turín.

Este año todo tocó cruz, desde el principio. Ya en Budapest, en la final de la Supercopa de Europa, se vio lo que iba a ser nuestra temporada. Remar, trabajar para llegar a la orilla y quedarnos allí. El último saltito que nos falta para crecer aun más. Pasó en la Copa ante el FC Barcelona, paso ante e Dortmund y ha pasado en el final de liga. Sin embargo, la temporada no puede ser considera de otra forma que no sea de sobresaliente. Sí, no hemos tocado plata, pero ha sido realmente una temporada apasionante, emocionante, en la que hemos estado en todas las fiestas, en la que todos nuestros enemigos han sudado la gota gorda temiéndose lo peor mientras nosotros vibrábamos cada tres días en el salón de nuestra casa. Personalmente, he vivido partidos de pie en mi casa, que no son finales, como pocas veces en mi vida. Todo esto con el hándicap de no haber podido tener descanso alguno tras ganar la pasada Europa League. No tengo dudas, con estos jugadores, con el entrenador y con Monchi voy a la guerra, a donde me pidan. Incluso Pepe Castro ha estado a un nivel muy alto en discursos y saber estar y Del Nido Carrasco se posicionó en contra del padre en pos de la estabilidad. Tremendo.

Y todo esto con un grandísimo equipo, que no plantilla. En la portería, Bono ha seguido estando grandioso, ya no es que haya hecho paradas milagrosas que dan puntos, es que se ha animado y anotó un gol en Valladolid. Pero luego, Vaclik no ha estado a la altura en los pocos partidos que ha intervenido, final aciago del checo en Sevilla. En el lateral derecho, Jesús Navas ha sido un líder y valladar cuando el físico le ha respondido. Cuando no, ha tenido que jugar igual porque no había otro de garantías. Y cuando no ha podido ni jugar, apareció un Aleix Vidal que combinó algún partido interesante, con alguno cumplidor, y alguno sin pena ni gloria. Mucha diferencia. En el lateral izquierdo Marcos Acuña ha completado una campaña sideral. Fichajazo sin peros. Defensivamente muy correcto, un tanque en los choques, subiendo bien, con varios recursos y las pone que da gusto. Sin embargo, se ha tenido que perder muchos partidos. Escudero ni ha estado ni se le ha esperado, entre lesiones y partidos mediocres ha pasado su último año de contrato, superado por un voluntarioso Rekik, reconvertido al lateral y cumplidor, sin fallos groseros, pero a años luz de una aportación seria para un equipo como el Sevilla. En cuanto a centrales, Koundé Y Diego Carlos, salvo pequeñas excepciones, han hecho una temporada de postín. La costumbre, y lo que se esperaba de ellos, puede restarles las alabanzas del año anterior, pero el nivel ha sido superior aún. Por el contrario, Sergi Gómez, como era de esperar, y Rekik no han sido en ningún momento opción alguna para darles descanso. La opción de reconvertir a Fernando, o incluso Gudelj, de central parecía algo más serio. Dicho todo.

En el centro del campo, Fernando es el mejor mediocentro de la historia moderna del Sevilla. Y es algo que no admite dudas. Por momentos, además, lo mismo hacía el papel de un central de campanillas que de un box to box con llegada y gol. Increíble. Gudelj, sin embargo, dio un paso para atrás en el nivel alcanzado por el grupo esta temporada. Desaparecido tras su partidazo en Stamford Bridge. En este nivel ya no vale con pasarla al que está al lado, tener tres minutos para pensar y hacer un corte bueno y llamativo para llevarte la ovación y confianza del respetable. Simplemente el anterior año dio lo máximo que tenía y en este se ha quedado atrás. No como Jordán, este chico no para de crecer. Tácticamente, defensivamente, en visión de juego, lectura de partidos, físicamente. Por poner un pero, el gol. Carece de la llegada que le daría el salto a crack mundial, sin querer ser exagerado. Todavía tiene tiempo. El jugador que más se le parece, o puede desempeñar su rol en el equipo, es Iván Rakitic. Pero el croata tenía que jugar como el otro volante del equipo, y ya no está para eso. Iván si ha tenido el gol y llegada que le ha faltado a Jordán, sin embargo, le ha faltado mucho del resto que ha tenido el catalán. El punto más flaco que hemos tenido este año ha estado en el centro del campo, para el que llegó el Papu en la segunda vuelta pero que no terminó de coger por diferentes circunstancias. La falta de plantilla hizo que lo primero que tuviera que hacer fuera cubrir la vacante de Ocampos por lesión, como si se parecieran en algo. Un lastre por todos lados la falta de plantilla, de jugadores en el banquillo que sean igual de titulares que los que juegan.

Óliver Torres quizá era el llamado a dar el paso adelante y cubrir ese puesto. No quiero mentar a Éver Banega, sería injusto. Pero sí se esperaba algo más del extremeño. Pero cuatro pinceladas y algunos ratos no son suficientes en la máxima élite. Ese año no valía eso. Como Gudelj, no cogió el barco de la subida de nivel, y lo del año pasado ya no fue suficiente para este año. Óscar hizo lo mejor de la temporada en una brillante eliminatoria ante el Dortmund, titular por sorpresa en Alemania, cogió la camiseta. Pero poco más. Pocas oportunidades y pocas demostraciones. El Mudo, salió ante el Elche para demostrar lo que es, pero hasta él sabía que aquí ya su ciclo estaba más que concluido. En las bandas, Ocampos y Suso no es que fueran titularísimos, es que no han tenido suplentes. Idrissi nunca fue una opción, Munir se borró pronto. Para darles descansos ha sido necesario cambiar el estilo del equipo. Y eso que Suso, jugador al que tenía por irregular, ha completado una temporada gigante, mucho más de lo que parece. Ocampos menos pero también. Sin ser vistosa de cara a portería, este Lucas es un portento. Siempre cree, siempre tira para arriba, siempre es una solución para los nuestros y una complicación para los otros. Y casi siempre, y sin el casi, mermado físicamente. Munir, es la tercera gran decepción. Como Gudelj y Torres, no ha demostrado en ningún momento el nivel para dar el salto de este año. Y mira que un tipo desde banda o segunda línea con gol, con peligro, con cierta punta de velocidad, podría haber sido nuestro grandioso jugador número doce. Pero se borró cuando vio que el nivel no le llegaba. Y en punta, Youseff, el delantero de los veintitantos goles sin tirar penaltis, sin ser titular indiscutible y siendo mandado al banquillo por el entrenador en plenas rachas de gol. El tipo con menos pinta de futbolista y más gol que he visto en mi vida. El tipo con menos cara de killer y más asesino del área que he visto. Yo a de Jong le perdono casi todo tras la fase final de la pasada Europa League, pero si ya le costaba llegar el año pasado, en este ni se le esperaba. Y eso que tuvo un comienzo medio prometedor cuando el viento soplaba a su favor y los demás estaban cansados. Luego ya, vida contemplativa.

Si a Julen Lopetegui, con todo esto, no hay que hacerle un monumento es porque hay que hacerle dos. Con lo que tenía se puede hacer magia, lo posimposible pero no lo imposible. Con once jugadores mal contados por poco arma no un lío gordo, sino el lío del siglo.

Ya hablaremos de lo que está por llegar… Interesante planificación para una interesantísima temporada. Será ya en la próxima publicación.

El día que te vuelva a ver

El día que pueda ir de nuevo al Ramón Sánchez-Pizjuán a verte será el mejor día del año. Me levantaré temprano, me enfundaré la camiseta del Sevilla, me anudaré la bufanda a la muñeca y miraré la cartera para asegurarme de que mi abono está donde tiene que estar. Tiraré intramuros hasta salir a Puerta Osario para buscar Nervión, con mis cascos puestos escuchando en sevillista. Da igual la hora del partido, desayunaré mi tostada como Dios manda ya en el barrio. Leeré un periódico e intercambiaré algún chascarrillo con el camarero o algún otro cliente. Entonces ya estaré preparado para ir en busca del escudo. Entraré por la Plaza del Nervión y me santiguaré, sí, me santiguaré. Se me vendrán mil recuerdos a la cabeza desde que era pequeño, y no podré evitar echar una mirada atrás para ver al otro los árboles y una risa evocadora de tiempos que ya no volverán. Daré la vuelta al estadio, me fijaré si han puesto ya la última Europa League conseguida, me fijaré en Pedro Berruezo, miraré por los cristales de alguna de las puertas y aspiraré para ver si se me viene algo del olor a césped remojado y recién cortado. Me pararé en la puerta 16, y hablaré con Antonio –lo que hemos seguido consiguiendo, chaval, no te preocupes, que seguiremos trayendo gloria a Sevilla para haceros más el grande y confortable el tercer anillo-. Llegaré a la zona de Gol Norte y comenzaré a tararear inconscientemente algún cantico de los Biris y ya será tanto lo que lleve dentro, que no completaré la vuelta e iré en busca de los bares para estar con mis amigos.

Abrazos rompespaldas de rigor antes de un eeeehhh mientras nos echamos para atrás al darnos cuenta de la cruel realidad pandémica. Es inimaginable lo que puede salir de allí más allá del puro sentimiento. Tendré que ir a la salida del equipo del hotel, que sepan que los refuerzos han llegado y que a partir de ese momento comienza otra historia, otra temporada, y lo más importante, que ya no estarán solos en la nueva aventura. Ese momento marcará la cuenta atrás para buscar mi asiento. Desde la gran cola que seguro se forma, sonreiré al tío que llega el último ya silbando y pidiendo que abran más puertas con alguna expresión impregnada de arte. Empatizaré con el que me mire y, sin conocerme de nada, me diga –a ver si hoy no echa el equipo atrás Lopetegui– para luego girarse y seguir a sus cosas como si nunca se hubiera dirigido a mí. Subiré por la escalera y, lo que me parecía una reforma de dudoso gusto y a medio gas, me parecerá ahora gloria bendita. Visitaré el baño para hacer algo de tiempo y evitar tener que volver después y, para qué engañarnos, para prepararme mentalmente para salir por el vomitorio y salir al campo. Si para mí es un momento único, lleno de condicionantes, y eso que llevo ya más de tres décadas haciéndolo, qué no deben pensar los futbolistas en la bocana de vestuarios.

Me quedaré contemplando todo el estadio un rato, con la vista situaré la ubicación de mi gente, y me iré a colocarme a mi sitio, con la emoción de contemplar el videomarcador mientras subo la escalerilla. Allí me esperarán los compañeros de asiento. Sí, ya sé que ese día no estaré en mi sitio o no podremos estar todos, pero da igual, te sientes donde te sientes, estará el antimudista, el que no para de hacer bromas, que a partir de la tercera te arrepientes de haberle reído la primera, están los críticos, los que van diciendo a los jugadores lo que tienen que hacer a cada momento, el que le parece que hacemos todo mal y son todos muy malos pero, a la misma vez, piensan que deberíamos de ganar liga y champions con suficiencia…. Y yo, que soy el mudista y el tipo que se pone los cascos para no aguantar al de los chistes y al antimudista hasta que llegan mis amigos. Vislumbro el momento en el que con el cielo apagándose comience el espectáculo de luces, para entonces ya se habrá ovacionado espontáneamente en varias ocasiones al equipo, como si del paso de cofradías del Jueves Santo por la Catedral se tratara, los primeros del tramo esperan que todos estén alineados para todos juntos arrodillarse ante el Santísimo. Pues en esto igual, cuando vayan entrando grupos de sevillistas irán ovacionando a los héroes de la sexta. Entonces, la voz de Javi Nemo, que ese día me parecerá un crack, tomará las riendas de la megafonía y dará paso a toda la parafernalia prepartido.

Estoy seguro de que al final del Himno llegaré ya ronco, pero tengo un plan, como dice el cántico, “cuando te falte la voz, canta con el corazón”, y ese día de eso iré sobrado. Tras la ovación cerrada y el minuto de silencio por todos los que ya no podrán ir al estadio, comenzará a rodar la pelota, y ahí será cuando nuestro gen ganador salga a flote para que todo sea pasado y el presente solo sea conseguir los tres puntos. No puede ser de otra forma. Ni virus, ni pandemia, ni la sexta, ni la emotividad de volver al estadio. Solo los tres puntos y la mejor forma que sepamos de ayudar a los nuestros para lograrlos. Solo si al final del día se consiguen, habrá sido un día glorioso, único e irrepetible. La vuelta a casa será con la radio puesta, la bufanda ya al cuello, mirando la clasificación y próxima jornada, leyendo noticias y redes sociales y cansado de un día largo y lleno de emociones.

Cuando te vuelva a ver Sevilla… cuando te vuelva a ver me devolverán un trozo de vida, de religión, de patria. Me devolverán un trozo de mí.

Lo mejor sigue estando por llegar

-¿Puedes ser grande ganando Europas League? -Hombre, uno se hace grande ganándose el respeto mundial. Primero va la sorpresa, luego la felicitación, luego la admiración y ya, por último, llega el ansiado respeto. Pregunta y respuesta surgieron tal cual en una conversación entre amigos unas noches atrás. Realmente es muy complicado dilucidar cuáles equipos son […]

En algún lugar de la plaza de América…

Jean-Claude Nicolas Forestier fue un paisajista clasicista encargado de rediseñar el Parque de María Luisa, donado por la Duquesa de Montpesier, para adaptarlo con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929. Junto a Aníbal González decidieron que para cada una de las rotondas dedicadas a personajes ilustres, se plantara en medio un árbol que representara […]

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