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Rafael Cáceres - Columnas Blancas

¿Poderoso caballero es don dinero?

Palabras como coronavirus, confinamiento, Covid19, distancia social o desescalada y ‘palabros’ como gotículas, seroprevalencia o hidroxicloroquina, han pasado a integrarse en nuestro reciente vocabulario habitual.

Esta maldita pandemia que nadie había vivido, está demostrando la vulnerabilidad del mundo tal como lo entendíamos. Un ‘bicho’ microscópico, tan endeble que muere tan solo con agua y jabón, ha demostrado los estragos que puede causar sin entender de fronteras, edades, religión, sexo… Nos iguala a todos aunque caprichosamente es letal con algunos y benevolente con otros.

El fútbol, tan rico en millones de euros, también ha hincado la cerviz ante el ‘bicho’ de marras. Son muchos millones de billetes los que se juegan en este partido y muchas las vidas (y medios de vida) que andan en juego.

El fútbol es pasión, es sentimiento desmedido por tu equipo, es colorido y animación, palmas y cánticos, banderas y bufandas, himno y clamor. Sin aficionados, sin seguidores no hay fútbol.

Pero el fútbol profesional también es una industria que por sí sola genera en España 15.688 millones de euros, un 1’37% del PIB anual y emplea a 185.000 personas, a lo que habría que añadir otros 4.000 millones indirectos (hostelería, merchandaising, hoteles, agencias de viaje…).

Y en esa diatriba van saliendo comunicados, artículos, opiniones que defienden la primera idea: la de la pasión, el colorido y la animación. Aparecen frases como “el fútbol no es nada sin aficionados”, “No al fútbol a puerta cerrada”o “No al fútbol negocio”. Quienes así se expresan, entienden que cuanto mayor sea el presupuesto, se pueden fichar mejores jugadores, luchar por objetivos más altos y, en definitiva, estar en la élite, pero anteponen la presencia de la afición en la grada al interés económico.

Frente a esta corriente de opinión, se encuentra por otro lado, una segunda idea, defendida por los próceres del fútbol patrio, a quienes también agradaría tener pobladas las gradas, pero anteponen los intereses económicos a cualquier otra cuestión. Quieren que esto se reanude cuanto antes, aunque sea a puerta cerrada, sin tener en cuenta que, lo primero es acabar con la enfermedad y después ya vendrá lo demás.

Ambas posturas tienen sus pros y sus contras.

Quienes defiende a ultranza las gradas con aficionados y si no no hay fútbol, no están pensando en la gente mayor o sin abono, que no puede ir al fútbol, personas deseando de ver ya a su equipo, y sólo pueden sentir sus colores a través de la TV. Tampoco valoran los puestos de trabajo de los empleados del fútbol.

Pero quiénes ven el fútbol desde el punto de vista de las empresas que generan riqueza, sueldos estratosféricos o suculentos dividendos, no están pensando en los aficionados que han pagado su carnet y se les hurta la posibilidad de alentar, sufrir o disfrutar de su equipo desde su estadio, en muchos casos, su segunda casa.

Parece que el dichoso virus ha venido para quedarse y, hasta que no haya medicamento y/o vacuna que nos proteja, no vamos a ver las gradas como siempre fueron. Entre partidos a puerta cerrada o estadios llenos, habría que arbitrar desde ya, de manera transitoria, otras medidas para que pueda asistir 1/3 o la mitad del aforo, con acceso a través de túneles de ozono y uso de medidas de protección como geles desinfectantes, guantes, mascarillas, asientos señalizados… El fútbol se practica al aire libre y, si otros sectores lo pueden hacer, el fútbol también tendría que ir por esa línea.

No veo a los dirigentes del fútbol planteando desde ya estas cuestiones, comprometiéndose a garantizar la seguridad de los aficionados y sí, muy preocupados por la de técnicos y jugadores. Por lo que se observa, parece que el único interés es reanudar cuanto antes la competición. Entre las dos tendencias, se va imponiendo la segunda: hay que reanudar la competición, aunque sea a puerta cerrada.

Aun así, la perspectiva se antoja compleja. Ya son varios los jugadores que no van a poder iniciar los entrenamientos por haber dado positivo en los test. La cosa se complicaría si esto ocurriera cuando ya estén entrenando en grupo, puesto que todos tendrían que quedar aislados durante al menos quince días. Más grave será si ocurriera una vez reanudada la competición. El aislamiento sería para los dos equipos y, teniendo en cuenta que se quiere jugar cada tres días, se perderían cinco jornadas cada uno, sin margen de recuperarlas.

Sí complicado es reanudar la jornada 28, más difícil se ve completar las 38. Entonces sí que se plantearía un grave dilema con la clasificación.

Habrían hecho un pan como unas tortas.

Por muchos test que se hagan, por mucho interés económico que haya, por mucho dinero que haya en juego y por muy poderoso caballero que sea don dinero, el virus está ahí. El fútbol es un deporte de mucho contacto. El insignificante ‘bicho’ y su cruda realidad pueden acabar imponiéndose al interés y a la voluntad.

Tan grande no es el pacto

Hay una frase, atribuida a Winston Churchill, que afirma que “la política hace extraños compañeros de cama”. La realidad es que esta afirmación no se circunscribe a la tan denostada política, sino que puede aplicarse a muchos ámbitos de la vida.

Así, por ejemplo, en el mundillo de la abogacía se habla de que “más vale un mal acuerdo que un buen pleito”.

¿Qué quiere esto decir? Que, en los supuestos en los que se dé la conjunción de intereses, es muy posible que se hagan “extraños compañeros de cama” (pueden hasta odiarse), siempre que confluyan hacia un interés común. Entonces, y sólo entonces, alcanzarán un acuerdo, una tregua o… un “Gran Pacto”.

¿Hubo el año pasado venta frustrada del SevillaFC? No lo podemos confirmar (tampoco desmentir). Lo que sí hubo fue una compra desaforada de acciones por parte de los grandes accionistas, hasta llegar a la extenuación. Del Nido no quiso o no pudo seguir comprando, mientras Castro y su grupo, tuvieron que recurrir a Sevillistas Unidos 2020, esa Sociedad opaca registrada en Delaware, para que comprara también. A cambio de esa alianza le permitieron a final de año ocupar un puesto en el Consejo.

Fue mucho el dinero gastado. A cambio de qué no lo sabemos, pero sí es evidente que había que recuperarse de arcas tan vaciadas.

Este año se convocó Junta General para el día 20 de diciembre, iban a repartir 15€ por acción. Ahí, entre propios y rivales, ha tenido que haber fuerte desacuerdo, por no decir bronca gorda entre ellos.

¿La no venta no da los beneficios que esperaban? No lo sabemos.

Lo que sí es cierto es que Del Nido no iba a aprobar las cuentas, mientras que SSUU 2020 no se ha pronunciado.

Solución: el “Gran Pacto”. Los temas de dineros se arreglan con dinero. Se retrasa la Junta General diez días, se aumenta a 44€, casi el triple, el reparto por acción y aquí paz y después gloria.

Todos los miembros del Consejo van a cobrar, (remuneración ya desligada de los beneficios) y todos los accionistas también. En eso consiste el “Gran Pacto”. Los tres miembros en el consejo representando las acciones de Del Nido cobrarán lo que hayan pactado y las acciones a 44€ supone para todos los grandes accionistas una pasta gansa: el triple de lo que le iban a percibir, que es una forma de ir recuperando la inversión.

Y como queda claro que, de momento no van a vender, hacen el gesto de blindaje del patrimonio inmobiliario. Gesto de cara a la galería, sin poner unas condiciones tan difíciles, que quedaran atados de pies y manos, y costara trabajo vender en el futuro.

Mientras hubo el interés común de derrotar a Hitler, rusos y americanos se entendieron. Desaparecido el alemán, volvieron a la gresca. Chinos nacionalistas y comunistas se unieron contra la invasión japonesa. Abortada la invasión, con los ‘japos’ regresados a sus islas, los chinos continuaron su propia gresca.

En ambos casos su “Gran Pacto” finalizó en gresca.

Creo que se me entiende.

¡Me hierve la sangre roja!

Un día entre semana cualquiera, da igual, quedamos a las 10 de la mañana en la cafetería de la Ciudad Deportiva. Nueve minutos antes de la hora establecida suena el WhatsApp:

-“Avísame cuando esté en cafetería, que bajo!!”

-“Ya estoy aquí”

-“Bajo”

No ha dado tiempo a que me sirvan mi ‘máquina cortado’ cuando Caparrós me está dando un toque en la espalda diciéndome que ya ha bajado.

Se suponía que habíamos quedado para entrevistarlo, pero no. No lo entrevisté. Cosas que suceden sin pensarlas. Fue por una buena causa ¿a que sí, Joaquín?. Había que echar una mano a alguien y se la echamos.

Os podéis hacer una idea de los ¡hola!, ¡buenos días!, ¿qué hay? y demás saludos dirigidos a Caparrós, que se intercalaron en la charla, de quiénes entraban o salían de la cafetería; entre ellos, Juan Redondo, el camero que fue lateral derecho de la primera plantilla.

Tomé algunas notas… pocas, porque nos conocemos y nos vemos con cierta asiduidad desde hace unos 18 años, casi siempre con sus inseparables Daniel, Felipe, Florindo (Florindo es apellido, de nombre Antonio, que así lo llamarían sus padres, porque para todos los demás siempre ha sido “el Florindo”)… amigos de la infancia de Pío XII, de donde Joaquín se tuvo que ir a Madrid con 12 años. Su padre, trabajador de Agromán, había sido destinado a la capital.

Por entonces, Caparrós ya destacaba en esto del fútbol. Con mucho dolor de su corazón, tuvo que dejar de jugar en los infantiles del Sevilla FC (llegó a jugar en el Sánchez-Pizjuán) y pasó a la cantera del Real Madrid y de ahí a… ¡con esto no me enrollo! Todo lo referente a su trayectoria deportiva ya está publicado. Lo que no sé si sabéis es que, allí, en Madrid, ese chaval de 12, 13, 14 años, iba acompañado de su padre al hotel de concentración de su Sevilla FC, cada vez que jugaba contra el Real Madrid o Atlético. Aquí hago un paréntesis para deciros, cómo le brillan los ojos recordando esa época. Seguramente también recordando a su padre, que le inoculó ese veneno rojo y blanco que corre por sus venas y las nuestras. ¡Me hierve la sangre roja!

Pasión, garra, profesionalidad, nervios, sentimiento… hasta ahí no os descubro nada nuevo, pero a todos esos valores hay que añadir, al menos dos más: la importancia que Caparrós le da a la amistad: conserva sus amigos del barrio, de Bilbao (Jokin), de Madrid, de Cuenca, de Sevilla, de Utrera… ¡amigos de verdad, no de boquilla! La otra cualidad es su cercanía: Joaquín no olvida sus raíces, sabe que procede de una familia humilde, de un barrio humilde (del Patronato de Casas Baratas), y eso lo sabe llevar a gala. Sabe quién es y dónde ha llegado, se considera un privilegiado por trabajar en el Sevilla, tiene los pies en el suelo y no se le suben sus logros a la cabeza. En este aspecto es de una categoría humana insuperable, ejemplar. Siempre con un gesto amable no impostado, siempre dispuesto a echarte una mano, si te hace falta. Es tal como lo veis, sin dobleces, transparente ¡una gran persona! Lo que aquí llamamos ¡un tío muy buena gente!

Nosotros somos afición

La RFEF pretende llevarse la Supercopa fuera de España. La LFP no ha abandonado su pretensión de llevarse algún partido de liga al extranjero. En nuestro país no hay ninguna regulación en cuanto a porcentaje reserva de entradas para la afición visitante ni en cuanto a precio máximo. ¿Dónde ha quedado el “Respect” a los […]

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