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Rafael Cáceres - Columnas Blancas

Exigencia

Hay un sector de la afición, jaleada también desde distintos medios ¡cómo si hiciera falta jalearla!, emperrada en que es la ‘exigencia’ del aficionado quien nos ha llevado a estar donde estamos. Yo digo que No.

Ahora tengo que abrir paraguas porque el mantra de la exigencia está incrustado en la médula del sevillismo, hasta el punto de que ya han salido algunos baluartes del actual SevillaFC diciendo que no podemos confundir exigencia con intransigencia.

Yo digo que son los dirigentes con sus gestiones, los accionistas con sus paces o sus guerras, los directores deportivos con sus apuestas por jugadores y técnicos y, finalmente, el buen trabajo de estos, quienes nos colocan en la situación que estamos, para bien (liga) o para mal (copa y champions).

La exigencia de la afición siempre fue alta, ese es el factor común, siempre fuimos una afición exigente, pero coincidiréis conmigo en que las consecuencias no fueron siempre las mismas.

Y también coincidiremos en que no es lo mismo tener de director deportivo a un genio como Monchi, que a quienes lo sustituyeron mientras duró su aventura extranjera. Ni es lo mismo tener a Lopetegui, Machín, Montella, Berizzo, Sampaoli, Emery, Michel, Manzano, Álvarez, Jiménez, Juande, Caparrós o a quien le cogió el tránsito del siglo: Marcos Alonso. Os ahorro la nómina de jugadores que han vestido nuestra camiseta en este siglo.

Siempre la misma afición, la misma exigencia, pero distintos presidentes, diferente estabilidad/inestabilidad institucional, distintos directores deportivos, distintos (muy distintos) entrenadores, un sin fin de jugadores y temporadas quedando 9º, 7º, 3º, 4º… Unas veces Champions, otras nada y otras UEFA. ¡Siempre con la misma exigencia!

Tres empates han bastado para que los emboscados, que suelen callar o criticar poco cuando el SevillaFC gana, hayan tomado por asalto cuantos foros virtuales existan o hayan de existir. La dichosa exigencia que nos caracteriza no ha permitido que una victoria sobre el Elche, del que Julen dijo que “el Elche es el actual líder del año 2022”, aplaque a los más exigentes y nos permita disfrutar de la victoria. Sólo ha servido para atemperar la ebullición de las semanas previas, pero “aburrimos a las ostras”, “tiramos la primera parte”o el más total “no jugamos a nada”.

Leo en un tweet de la Liga: “ ¡El @RCDEspanyol 𝙣𝙤 𝙝𝙖 𝙥𝙚𝙧𝙙𝙞𝙙𝙤 𝙘𝙤𝙣𝙩𝙧𝙖 𝙍𝙚𝙖𝙡 𝙈𝙖𝙙𝙧𝙞𝙙 𝙮 𝙁𝘾 𝘽𝙖𝙧𝙘𝙚𝙡𝙤𝙣𝙖 en el RCDE Stadium esta temporada en #LaLigaSantander!” Mientras tanto nosotros y nuestra exigencia considera que no ganar es un fracaso, que es un partido de trámite. Como se suele decir: que allí ganamos sin bajarnos del autobús. Hace poco escribí aquí mismo que el rival también juega y que, de vez en cuando, tiene sus aciertos. No todo son fallos nuestros. Incluso a veces, son tantos sus aciertos, que perdemos el partido.

Miedo me da la deriva. ¡Ojo! Que este club y esa exigencia (jaleada) destituyó a un entrenador que consiguió clasificar 3º la temporada anterior y en la de su destitución tenía al equipo clasificado para la final de Copa (que ganamos).

Vamos segundos en Liga ¡SEGUNDOS! a 7 puntos del tercero ¡SIETE! y 11 por encima del quinto ¡ONCE!

A punto de debutar esta temporada en ‘nuestra competición’.

Es hora de animación, que siempre fue lo que correspondió a nuestra afición, de unión de todos y de ilusión por lo que nos queda.

¿En manos de quiénes estamos?

Escribo tras haber visto la defensa numantina del Cádiz en el Santiago Bernabéu. Hoy no pensaba escribir, pero, pasadas dos horas de la finalización del encuentro, veo, escucho, leo y no puedo más que sentir una rabia inmensa tras la defensa, en televisión, radio o prensa escrita en twitter del actual líder de La Liga. Y es que la entrada de Casemiro castigada con amarilla es ROJA en cualquier punto de España excepto para los medios con sede en la capital del Reino. Es roja para todo el que no sea Madrid, así como para la prensa extranjera, que ven con asombro como se interpreta el reglamento en España según el escudo que porte el infractor. No me cabe la menor duda que, de haber sido al revés, el jugador del Cádiz habría sido sancionado con roja.

He estado ‘bicheando’ un poco por internet, nada de investigación seria, tampoco lo pretendo y ahora, oyendo radio o viendo televisión hay casi dos millones de españoles recibiendo la doctrina oficial que emana de los medios ‘controlados’ por el régimen.

Por citar los de mayor audiencia, hoy domingo por la noche (ya lunes) hay unos 700.000 oyendo “El Partidazo”, unos 670.000 están con “El Larguero”, 250.000 prefieren “El Transistor” y otros 250.000 estarán siguiendo por tv “El Chiringuito”, ese esperpento de Mega elegido por Florentino para la presentación de su juguete roto.

Mañana seguirán machacando Marca o As, entre otros, más las terminales provincianas de las susodichas radios, que serán nunca mejor dicho “la voz de su amo”.

Todo esto después de haber defendido a su Atlético de Madrid y la gravedad de la concesión del gol que dio la victoria al Sevilla, que nunca debió subir al marcador por falta previa de Delaney en el salto y juego peligroso de Koundé al dejársela a Ocampos.

Lo peor de todo es que, la mayoría de las veces consiguen su objetivo, que no es otro que amedrentar a los árbitros que, conscientes de la que les va a caer (incluso desde dentro del estamento) suelen dejarse llevar hacia donde fluye la corriente. Es más fácil “interpretar” cualquier jugada hacia donde sopla el viento y lo que un día es claro penalty por mano de Ocampos, la misma jugada no tiene ninguna sanción a la semana siguiente, si el protagonista es Casemiro.

En manos de esta gente estamos.

El fútbol profesional no debería mantener por mucho más tiempo esta situación. Es mucho lo que hay en juego para consentir estos escándalos. Según el estudio de PricewaterhouseCooper (PwC) publicado en la Newsletter de LaLiga en julio de este mismo año 2021, el fútbol profesional genera 185.000 empleos (0.98% de la población activa) 15.688 millones en ingresos (1.37% del PIB) y 4.100 millones en impuestos, entre otro montón de cifras que están a disposición de quien las quiera consultar. Cifras que demuestran que el fútbol profesional es una de las principales ‘industrias’ de este país.

¡Y estamos en manos de quien estamos!

Jugando algunos con las cartas marcadas, temiendo levantar la cabeza los otros por temor fundado a las represalias, mirando de reojo a quiénes deberían acompañar en el necesario cambio, desconfiando.

Por otro lado, la indiferencia de un Consejo Superior de Deportes indolente, máxima autoridad política en España, mira hacia otro lado sin atreverse a “coger el toro por los cuernos”.

Es posible organizar a las aficiones, a reclamar lo que por derecho nos pertenece y una ley nos arrebató, a influir y participar en la toma de decisiones, a exigir modificaciones normativas que nos devuelva lo nuestro, a que se nos dé el peso que nos corresponde…

Mientras no nos organicemos, los aficionados seguiremos hablando de la corrupción de la liga, la Federación, el arbitraje, la mafia, la indiferencia del CSD… y seguiremos estando en manos de quienes estamos.

Cuestión de méritos

Siempre me fastidió que no reconocieran nuestros méritos cuando arrancábamos 1 ó 3 puntos en casa del Real Madrid, Atlético o Barcelona. Tanto el periodismo de allí como su afición criticaron a sus equipos, entrenadores, jugadores… por el mal partido hecho.

El ninguneo al rival era (sigue siendo) evidente. El equipo invisible que se llevaba puntos no fue nunca por el buen juego realizado, sino por el mal planteamiento del entrenador o por cualquier motivo propio y ninguno ajeno.

Eso que tanto me fastidia, lo estoy viviendo ahora en Sevilla. Hemos llegado a un punto de creernos tan buenos que ignoramos al rival, como si nos creyéramos que el contrario no juega.

Si el Lille se llevó los 3 puntos fue porque jugó mejor que el Sevilla, su planteamiento táctico en defensa fue formidable (no había sitio por donde entrar, aunque hubiese durado el partido 2 horas más) y el nivel físico de sus jugadores estuvo muy por encima de los nuestros. Si a eso le añadimos su intensidad y su juego aéreo, tendríamos las claves del resultado.

El martes pudimos entender por qué el Lille fue el campeón de la Ligue1 por delante de un tal PSG. Aunque ahora no esté en su mejor momento en la competición doméstica, quien tuvo retuvo. Y en el Sánchez-Pizjuán retuvo con todas las de la ley.

Tuvimos nuestros fallos, errores de primerizos, jugadores señalados, falta de profundidad… todo lo que vertemos en las redes y los grupos de WhatsApp y, sobre todo, recibimos un baño táctico.

La soberbia nunca fue buena compañera. No nos creamos lo que no somos, por mucho que nos lo quieran vender. Esto es Champions y nadie está ahí por ser un paquete. Hemos crecido mucho, pero tenemos que seguir creciendo para dominar en Europa.

Un poco de humildad, de reconocer nuestras limitaciones (para crecer) y de valorar el trabajo de los rivales no nos vendría mal.

Que la exigencia no sea ilimitada. Ojalá en los próximos partidos seamos mejores que los dos ‘…burgo’ que nos quedan y podamos disfrutar de las victorias por nuestros méritos, que también los tenemos y muchos, aunque en ocasiones el contrario nos los oculte.

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