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Rafa Velasco - Columnas Blancas

Conclusiones a unos sentimientos pisoteados

Escribía hace un año por estas fechas un artículo titulado “¿ Por qué nos tratáis así ?” en el que manifestaba la nula sensibilidad del consejo con los aficionados del Sevilla FC en la campaña de abonos.

Pues este año, lejos de escuchar a la afición y sus dificultades actuales, para poder hacerse socios, han tenido la genial idea de empeorar todavía más las cosas.

La humillación a los que velan por unos sentimientos que son centenarios, no la pueden hacer personas que realmente sean sevillistas y ellos la hacen, por tanto, llegamos a la primera conclusión: no son sevillistas

Una empresa profesional no tiene entre sus cargos familiares y amigos que cobran solo por estar y sin aportar nada, además de tener todo tipo de privilegios a costa del dinero que genera el club, por tanto, llegamos a la segunda conclusión: menos alguna excepción, no son profesionales.

Hablan de que los abonos son baratos comparados con los de los equipos de grandes capitales, en las que el poder adquisitivo es mucho más alto que en nuestra ciudad, en la que además el número de desempleados es el segundo mayor a nivel nacional.

Con esto llegamos a la tercera conclusión: son unos desinformados

Los niños y chavales de nuestra ciudad tienen prohibido económicamente ser socios del Sevilla FC porque no hay abonos baratos para ellos y en este sentido estamos perdiendo una batalla en la ciudad que todos estamos viendo menos ellos que son incapaces de bajar de sus poltronas.

Y en este sentido apelan al pack familiar, que lo que hace es dar una pequeña ayuda a los niños y chavales cuyos padres ya se gastan el dinero en los abonos.

Pero me pregunto ¿han pensado alguna vez en todos los niños y chavales jóvenes a los que les encantaría ir al Sevilla FC pero sus padres no son futboleros o simplemente no pueden pagar las cantidades que exige un pack familiar?

Por tanto, llegamos a la cuarta conclusión: son unos inadaptados que viven en un mundo paralelo y no pueden interactuar con la sociedad real, que son los que dan vida a la entidad.

Podemos constatar que cuando se realiza al club cualquier tipo de queja o ruego, la respuesta suele ser despótica y falta de sensibilidad con los que forman la gran familia que los sustenta, respuesta y trato que a veces parecen tener por destino a un enemigo.

En esta conclusión coinciden muchos sevillistas que se han visto en la necesidad de contactar con el club por alguna anomalía, son prepotentes.

¿Seguimos?

Pero eso sí, te exigen que en los partidos los aficionados canten el Himno del centenario a capela como si no hubiera un mañana porque eso vende y atrae a los turistas y Tours operadores

Los Biris que no paren de animar y dar colorido al campo porque si no lo hacen estamos dando sensación de ser un campo frío y desangelado y eso sería negativo para los resultados del marketing del club.

Cuando la situación se tuerce y estamos en problemas para conseguir objetivos, llamemos a los aficionados para que nos ayuden, esos mismos aficionados a los que hemos humillado durante toda la temporada.

Mi última conclusión es una pregunta ¿Llegará el día en que os deis cuenta, que tenéis que cambiar muchísimo el trato al aficionado, para estar a la altura de esta gran afición?

¡¡ Viva el Sevilla de los sevillistas de sentimiento y no de cartera!!

fuente: afp

Robo de sueños futbolísticos

No sé si se trata de la edad, que uno madura, aunque no quiera o será el hartazgo de tantos años presenciando el mismo espectáculo del doble rasero, pero lo cierto es que me encuentro en ese momento, futbolísticamente hablando, en el que he perdido la poca fe que aún mantenía en los estamentos del fútbol español.

La manipulación interesada y mezquina de una gran herramienta como es el VAR, que venía a poner justicia donde no la había, le ha dado el puntillazo final.

Desde pequeño siempre vi en nuestro país un poder mediático descaradamente vendido a las masas como un binomio de poder en el que te tachaban de raro si no eras del Real Madrid o Barcelona.

Los árbitros casualmente siempre se equivocaban a favor de los llamados “grandes” que cuando salían perjudicados en alguna jugada puntual, magnificaban el error en los medios de comunicación de manera que esa equivocación pasaba a ser la mayor muestra de injusticia de la competición.

Los errores arbitrales sufridos por los demás equipos eran muy frecuentes, pero mediáticamente no existían porque realmente no interesaba y quedaban relegados o escondidos.
Lo que cuento es tan conocido y está tan demostrado que no necesita de muchos más datos para que pueda ser corroborado por todos, menos por los medios que informan con la bufanda puesta y anteponen sus intereses personales a la imparcialidad debida en su labor profesional.

Llevamos tanto tiempo viendo la prostitución periodística en España que ya no nos sorprende nada.

Los equipos que tienen mejores plantillas y más poder económico y mediático tienen todas las papeletas para el triunfo final, pero si este no llegara, actúa el mejor actor de esta representación teatral, el árbitro de turno.

Y como el maná caído del cielo, como el justiciero protagonista de las películas, llegó el VAR para hacer justicia en este mundo del fútbol tan corrupto y dar las mismas oportunidades a todos los equipos.

Durante un tiempo soñamos con la justicia y creímos que se habían terminado los tiempos en los que el hurto futbolístico era la mejor jugada para ser campeón.

Pero ya hemos comprendido que eso solo pasa en las películas de ficción, porque en la vida real el malvado y poderoso gana siempre.

En cuanto los poderosos vieron que podían perder parte de su supremacía pusieron a trabajar a todos sus adláteres y de forma sibilina pero muy eficaz, hicieron que el superhéroe VAR siguiera y siga vestido de Superhéroe, pero con corazón de villano.

Y en esas estamos, en una sociedad donde los valores pasan a un segundo lugar, donde el respeto está en desuso los que deben impartir justicia se sienten cómodos impartiendo “su” justicia, las que les viene bien a ellos y a los demás solo nos queda el papel de aplaudidores.

Mi amor al Sevilla FC vivirá conmigo siempre como sentimiento intrínseco en mí, como legado imperecedero de mi padre, pero llegado este momento y viendo que las esperanzas de justicia se han desvanecido hasta convertirse en sueños imposibles, me pregunto ¿Merece la pena seguir siendo parte de esta farsa?

¿Hacia dónde va el Derbi Sevillano?

Después de los acontecimientos vividos en nuestra ciudad en los que el respeto parece perdido y los medios de comunicación disfrutan de las controversias entre los dos equipos de nuestra Sevilla, me gustaría hacer públicas varias preguntas ¿A dónde va la rivalidad sevillana?, ¿En qué momento el odio sustituyó a la guasa? ¿Por qué los medios de comunicación se empeñan en igualar las actuaciones de unos y otros cuando saben perfectamente que no actúan de la misma forma? ¿Por qué unos quieren echar agua al fuego mientras otros echan gasolina, pero a los medios les interesa que el agua y la gasolina sean lo mismo?

Han cambiado los tiempos en los que los amigos íbamos a los dos estadios mezclados, cada uno con la camiseta y bufanda de su equipo, pero unidos.

Los lunes eran días de repaso futbolístico de la jornada que cada uno la pintaba de rojo o verde según los resultados, pero siempre dentro de una sincera amistad y con la bandera compartida de la deportividad.

Creo que el problema actual lo tenemos porque con las redes sociales nos hemos atrincherado en posiciones que no van más allá de lo que dicen los que defienden nuestra misma camiseta y solo escuchamos lo que queremos escuchar.

Esta forma de proceder solo nos lleva a posiciones radicales en las que la única verdad es la que dicen los que piensan como nosotros y todo el que no comulgue con nuestras opiniones pasa a ser oficialmente un enemigo.

En mi humilde opinión y si me lo permiten, les diré que este es un grave error de los que ven el fútbol como una guerra y no como un juego, de los que ven enemigos donde solo hay rivales.

La sociedad actual fomenta la división y a nivel nacional se frotan las manos con nuestras desavenencias que las ven como un espectáculo divertido en el que nos hacemos daño para diversión de su audiencia.

Y desgraciadamente picamos el anzuelo y les proporcionamos esa diversión que siempre es tratada con un doble rasero en el que los mismos actos, si son realizados por otros que no tienen domicilio en el sur, son blanqueados y dulcificados de una manera tan injusta como vomitiva.

Y llega un momento en el que debemos pararnos y decidir si esto es lo que queremos en el futuro, si de verdad este es el legado futbolístico que queremos dejar a las generaciones venideras que no olvidemos seguirán mezclando familias, amigos, compañeros etc…. de rojo y verde.

No sé si ya me estoy haciendo viejo y no me adapto a estos nuevos tiempos, pero una cosa sí que tengo meridianamente clara, quiero seguir teniendo amigos béticos que respeten mi Sevillismo al igual que yo respete sus colores verdiblancos, porque esto es Sevilla, la Sevilla de todos.

Me niego a que mis hijos y nietos no puedan disfrutar estos partidos, unidos con sus amigos y familiares de distintos colores, porqué entonces estaremos perdiendo para siempre la esencia y el embrujo de nuestra ciudad a la que todos amamos.

Los que están posicionados en posturas radicales no me entenderán e incluso puede que digan que no soy un buen sevillista pero les puedo asegurar que no creo que haya aficionado más sevillista que yo o quizás sí, solo mi padre que fue quien me llevo de su mano al Sánchez Pizjuán y me legó su amor a nuestros colores, pero ese amor nunca puede estar reñido con el respeto y la concordia.

La fractura actual es imposible no reconocerla y mi pregunta final es ¿queremos que cambien las cosas o realmente hemos caído en el juego de los medios nacionales y queremos ser la nueva versión modernizada de la Sevilla de la pandereta ?

Deseo que haya corrientes de opinión de nuestros vecinos del Real Betis que secunden estas palabras y apuesten por estrechar las manos para reconvertir lo que hoy es una guerra, en lo que siempre fue, la fiesta del fútbol según Sevilla.

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