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Pedro Monago - Columnas Blancas

Kiko Hurtado

Equilibrio

Decía un buen amigo hace unos días que había visto al Sevilla, en su primera parte contra Osasuna, con desidia. En general piensa (y bastante gente se suma a esa opinión en las redes sociales) que el equipo sale como desmotivado en los partidos de Liga, a diferencia de lo que pasa entre semana en los de UCL. A mí, que de fútbol entiendo lo justo, me cuesta creer que un jugador salga al campo desmotivado (si bien entiendo que es posible que haya partidos que le hace más ilusión jugarlos que otros) y por eso intento encontrar una explicación distinta.

No hace falta reiterar que, en un año de por sí muy extraño (por ser suave), el Sevilla se encuentra en una situación especialmente extraordinaria, debido a que la consecución de la UEL supuso que fuera el último en terminar de competir y el primero en empezar a hacerlo, sin prácticamente pretemporada. No tengo la menor idea de cómo lo harán, pero estoy seguro de que el cuerpo técnico y sus preparadores físicos tienen un plan para que esas circunstancias excepcionales se noten lo menos posible y dentro de ese plan estará sin duda que Lopetegui vaya haciendo rotaciones.

En este punto los aficionados no nos ponemos de acuerdo nunca, porque hay quien entiende esas rotaciones, pero también quien se acoge a la máxima “los mejores siempre en el campo”. Por mi parte, creo que es imposible aplicar esa máxima (y, de hecho, cuando por la razón que sea se lleva a cabo nos encontramos con lo que le ha pasado a Navas) y que a lo largo de la temporada es necesario ir dando descansos selectivos, porque estamos en una carrera de fondo.

Dicho esto, la siguiente cuestión es cuando rotar, si en los partidos de Liga o en los de UCL y tampoco en esto nos ponemos de acuerdo, porque se enfrentan la teoría de “la Liga es lo que te da de comer” (qué nos gusta a los aficionados al fútbol una sentencia) con la de intentar llegar lo más lejos posible en la máxima competición continental.

En mi opinión, en estas cuestiones, como en casi todas, hay que huir de las posturas extremas (mi máxima favorita es ni calvo ni con cien pelucas) porque una temporada es algo vivo, mutable, a lo que hay que ir adaptándose a medida que avanza. De entrada, como principio, hacerlo bien en UCL es para mí prioritario, no solo porque no tiene sentido tener como objetivo en Liga clasificarte para esa competición y luego relegarla a un segundo plano cuando la juegas, sino porque desde el punto de vista económico es absolutamente clave (quizás más en las circunstancias de incertidumbre actuales) conseguir el máximo de ingresos por esa vía. Ahora que se acerca la Junta General de Accionistas y que tenemos a nuestra disposición las Cuentas Anuales del ejercicio 2019/2020, es bueno recordar que las cuentas de una sociedad nos hablan (de hecho había pensado escribir sobre ello y abandoné la idea por cierta pereza en cuanto a posibles interactuaciones posteriores) y una de las cosas que nos dicen las del ejercicio cerrado en junio es que los ingresos por competiciones europeas son fundamentales para la viabilidad del proyecto.

Resulta obvio, entonces, que un primer objetivo es pasar la fase de grupo e incluso conseguir el máximo de victorias posibles, teniendo en cuenta que en la primera fase te encuentras, en teoría, con los rivales más flojos. Pero esto no quiere decir que la Liga no sea importante, porque, a su vez, es la que te dará la clasificación para UCL en el próximo ejercicio.

¿Qué hacer entonces? Pues creo que lo que intenta hacer el técnico, ir buscando el equilibrio, priorizando los primeros partidos de la fase de grupo y luego (imagino), una vez encarrilada la clasificación, inclinar la balanza de las rotaciones hacia esa clasificación y priorizar (los buenos al campo) en Liga. Obviamente la idea no es tener una mala racha como la que hemos sufrido recientemente, sino buscar el punto en el que, priorizando una competición, se mantenga viva la otra. Ocurre, sin embargo, que esto es fútbol, no matemáticas y que no todo sale como uno quiere, pero hay que arriesgar, sobre todo contando con que quedan más de 30 partidos y muchas circunstancias inciertas por venir. Mientras tanto, por mi parte, confianza plena.

Levante Sevilla

Las razones

Discutía el lunes pasado con unos amigos, tras el amargo empate contra el Levante, sobre las causas de que al Sevilla se le hubieran “escapado” dos puntos. Los datos objetivos mostraban que ello había pasado porque llegamos al final del partido con una ventaja de un gol y jugamos los últimos 15 minutos metidos en nuestro campo (ambas circunstancias son poco discutibles) pero no nos pusimos de acuerdo en algunos matices.

Es evidente que una ventaja de un gol resulta siempre peligrosa de cara al resultado final, pero ¿resulta manejable siempre esa situación? En un fútbol en el que es generalmente aceptado que ganar a cualquier rival no es fácil ¿debemos considerar un defecto eso que los entendidos llaman “no saber cerrar un partido”? ¿Somos conscientes de que ello implica que estamos exigiendo ganar cada partido por una diferencia de más de un gol? ¿Es eso razonable?

En cuanto al segundo de los motivos citados, las discusiones se referían a la razón por la que acabamos encerrados esos 15 minutos y ahí, la opinión generalizada es que “Lopetegui echa al equipo atrás” (una expresión también muy de entendidos). Por mi parte, como poco conocedor de los aspectos técnicos del fútbol, suelo rechazar las explicaciones simples (en el sentido de poco complejas) y creo que las cosas tienen normalmente más de una causa, distinta a una instrucción expresa por parte del entrenador:

– Puede haber cambios que empeoren el equipo, sea porque son estratégicamente erróneos (y ahí sí puede existir un cierto mensaje conservador), sea porque no aportan lo esperado (hubo varios ejemplos el lunes).
– El planteamiento inicial (que parece acertado) es muy exigente desde el punto de vista físico y se paga en los últimos minutos (pasó incluso en el derbi).
– Jugamos, por increíble que parezca, contra otro equipo. Y aquí me quiero detener un poco, porque me resulta especialmente llamativo que estemos cayendo en lo que siempre hemos criticado de los equipos mejor tratados por todos los estamentos de este país, que creen que juegan solos y es únicamente achacable a ellos el resultado que refleje el marcador.

Pues sí, amigos, el rival juega, tiene un entrenador que piensa en un planteamiento inicial y que si no le sale bien va buscando opciones para hacernos daño (en este caso las encontró por nuestra izquierda) y, a veces, las encuentra. Sí, ya sé que me van a decir que si el otro equipo es inferior eso no debe pasar, pero no me tomo muy en serio esto si me lo dicen los mismos que mañana analizarán el partido contra el Barcelona explicando en qué hemos fallado nosotros (quiera Dios que a pesar de haber ganado) y no qué ha hecho bien el de los 699 goles. Estoy convencido de que ninguno de nosotros da por bueno que el Barcelona domine 75 minutos hoy…

En cualquier caso, más allá de los matices, y de que a mí me resulte cómico la tragedia que se monta después de un mal resultado, lo que tengo claro es que prefiero que mi afición esté enredada en este debate y casi nadie se centre en el gol anulado… que hubiera “cerrado el partido”.

Nota bene: aunque sea triste tener que explicar un tuit (casi más que un chiste), que a mí me resulte cómico que el personal se ponga trágico después de un partido tiene más que ver con cómo me tomo el fútbol a estas alturas de mi vida que con el conformismo, la tibieza o mi poco gusto por la crítica, con la que no necesariamente hay que estar de acuerdo para respetarla.

A medias

Pues nada, aquí andamos, leyendo noticias sobre la evolución del Covid-19 en nuestro país y las posibles medidas a adoptar para contener la posible pandemia. Lo último que se comenta es que las dos próximas jornadas de la Liga de fútbol se jueguen a puerta cerrada y, a este respecto, creo que resulta de interés hacer una breve y urgente reflexión sobre lo que tantas veces hemos llamado “el fútbol moderno”.

Me mantendré alejado de la tentación de opinar sobre cuestiones médicas y de medidas epidemiológicas en general, pero creo que el simple sentido común nos da algunas claves de por dónde deberían ir los tiros en esta cuestión.

Que el virus ya está aquí es indiscutible y que las medidas para contenerlo son urgentes, también. Tengo claro que debe prevalecer la salud de los ciudadanos y que, por tanto, debemos asumir las incomodidades asociadas a esas medidas de prevención necesarias, pero también tengo claro que para esa prevención no es mejor jugar sin público que no jugar, así que ¿por qué celebrar un espectáculo sin público? ¿En qué hemos convertido este deporte para que no se decida, sencillamente, suspender los partidos?

Soy perfectamente consciente de los inconvenientes que suspender dos (o las que sean) jornadas de la Liga suponen, pero si la situación es de emergencia y, sobre todo, si comparamos esos inconvenientes con el bien superior protegido, que es la salud ¿tiene sentido que nos quedemos a medias? Desde el punto de vista futbolístico ni siquiera es una buena manera de respetar la competición, porque de alguna forma altera las reglas del juego, pero eso es casi lo de menos, lo verdaderamente importante es que se obvie el papel que juega el aficionado, lo que no es sino un síntoma de lo que llevamos tiempo temiendo: el fútbol ya no nos pertenece.

Probaturas

Aunque llevo ya unos años opinando por aquí y en redes sociales, siempre me he resistido a escribir sobre fútbol en sentido estricto, sobre sus aspectos técnicos. No entiendo de fútbol, lo digo siempre y muchos amigos lo consideran falsa modestia, pero no es así. No me suelo fijar ni en como están colocados en […]

Matar el partido

Hay cosas en el fútbol que no cambian. Cada verano nos ilusionamos con los fichajes y desesperamos con las ventas que no nos gustan. Después, a lo largo de la temporada, los resultados van, poco a poco, poniéndolo todo en su sitio e irremediablemente aparece otro elemento imprescindible en toda temporada futbolística: la cantinela, que […]

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