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Pedro Monago - Columnas Blancas

Viabilidad

Sabido es que la contabilidad “moderna”, o de partida doble, fue difundida por Fray Luca Pacioli en el Siglo XV. Probablemente, en términos relativos, la contabilidad es de las materias que menos ha cambiado en 6 siglos, dada la vigencia de los principios que la regían:

  • No hay deudor sin acreedor.
  • La suma que se adeuda a una o varias cuentas ha de ser igual a lo que se abona.
  • Todo el que recibe debe a la persona que da o entrega.
  • Todo valor que ingresa es deudor y todo valor que sale es acreedor.
  • Toda pérdida es deudora y toda ganancia acreedora.

Visto así, parece claro que la contabilidad, al menos en sus rudimentos, no es una materia compleja y cualquiera puede entender esas reglas fundamentales. De hecho, todo el mundo usa esos principios contables –con mayor o menor acierto- en la llevanza de su economía doméstica.

Me resulta, por ello, sorprendente la dificultad del personal para aplicar esos principios básicos cuando hay que mezclarlos con una pasión, como es el fútbol. Estoy seguro de que (casi) cualquiera tiene más o menos claro cuáles son sus ingresos ordinarios (con suerte, la nómina), la diferencia con los extraordinarios (con mucha suerte, un cupón) y cómo debe administrar unos y otros para hacer frente a los gastos ordinarios (el día a día) y extraordinarios (la comunión de la niña) o a una inversión (arreglar el cuarto de baño).

Cuando hablamos de fútbol, sin embargo, nos da igual todo: ponemos, en un lado, los importes de las ventas de jugadores en ese período de fichajes y, en el otro, los importes de las adquisiciones. Da igual lo que haya pasado en ejercicios anteriores, da igual lo que pase en el propio ejercicio (con los cedidos; por ejemplo) y da igual lo que tenga que pasar en el futuro, nosotros hacemos un “análisis contable” simplificado, de un ejercicio estanco, y a partir de ahí opinamos sobre si, como nos gusta decir, el dinero está o no en el campo.

Obviamente las cuentas no son así, como no son así nuestras propias finanzas. Uno no deja de pagar la hipoteca de una casa porque la alquile los meses de verano, ni deja de abonar el móvil que se compró a plazos porque lo ha perdido (y, además, se tiene que comprar otro), ni necesariamente se gasta en un fin de semana un dinerito extra que ha pillado, que estoy ahorrando para un viajecito… Pues en un club de fútbol también hay hipotecas, móviles perdidos y dineritos extra que hay que administrar.

No vamos aquí a explicar el modelo del Sevilla FC, aunque solo sea porque ni de lejos me acercaría a la capacidad pedagógica de Juan Luis Villanueva en las últimas Juntas Generales, pero sí que conviene recordar que es un modelo cuya principal virtud es precisamente seguir aplicándose muchos años después de implantarse, porque un club se debe administrar no con el objetivo de obtener éxitos deportivos a corto plazo, sino con el de seguir obteniéndolos dentro de muchos años. Se llama viabilidad y es, quizás, nuestro principal patrimonio.

El especialista

La especialización en el trabajo no es un fenómeno nuevo (ni siquiera de los tiempos de Adam Smith, aunque él le prestase atención preferente), pero tampoco parece tener fin. Continuamente se van produciendo posibles nuevas divisiones de las distintas tareas, que hacen que cada día nos vayamos encontrando con nuevas profesiones.

Como persona equidistante que me dicen que soy (y no lo niego, porque tengo una explicación para ello), a esto de la especialización le veo aspectos positivos y negativos, aunque creo que los negativos se pueden evitar, si ponemos un poquito de cuidado.

Es obvio que alguien que concentra su capacidad en una sola tarea, normalmente acabará “bordándolo”, aunque solo sea por la reiteración de la misma. A mayor especialización, mejor haremos las cosas… en principio.

Ocurre, sin embargo, que la especialización no implica infalibilidad, sobre todo en las tareas intelectuales, entre otras razones porque es muy difícil una partición pura de esas tareas, de forma que lo más normal será que las mismas se vean afectadas por distintas especialidades. Por eso es importante que los especialistas tengan la mente abierta y sean flexibles, para poder corregir adecuadamente los defectos que la rigidez de la especialización provoca, porque, si no es así (puede que incluso siéndolo), el especialista, aunque él no lo crea, se va a equivocar. De hecho, cada día millones de especialistas de distintos ámbitos se equivocan: abogados, arquitectos, ingenieros, periodistas y también los profesionales del fútbol, sean médicos, fisios, utilleros, directores deportivos o entrenadores.

Muchas veces, discutiendo de fútbol con amigos o en conversaciones de redes sociales (eso tan denostado por algunos que, sin embargo, no le quitan ojo) sale la típica frase de “tú vas a saber más que el entrenador”, ante la que siempre contesto que no, que yo no, pero que eso no significa que el entrenador no se pueda equivocar, como lo demuestra que los equipos que fracasan disponen también de uno y que, a veces, con los mismos mimbres, distintos técnicos sean capaces de obtener un rendimiento completamente distinto.

No, no os asustéis, no estoy queriendo decir que un entrenador tenga que estar a lo que gritemos en el estadio o escribamos los cuatro locos de twitter. Sería absurdo, entre otras cosas, porque hay casi tantas opiniones distintas como opinadores. Pero una cosa es eso y otra pensar que los clamores de una afición no tienen valor alguno, porque está claro que los aficionados no somos especialistas en fútbol, pero una afición en su conjunto, puesta de acuerdo en algo, tiene una especialidad: la de su equipo.

Al entrenador/especialista que muestre mente abierta y flexibilidad ante un clamor lo seguiré, diciéndole aquello de Monty Phyton “yo digo que eres el Mesías y de eso entiendo, porque he seguido a varios”.

vitoria

Solidez

El domingo, al acabar el partido de Vitoria me quedó la sensación, con todas las cautelas que haber disputado solamente cuatro jornadas demanda, de que el Sevilla F.C. ha montado un equipo sólido en defensa y con capacidad para mandar. La primera parte es, quizás, de las mejores que recuerdo en los últimos años en cuanto a control del juego, ese “saber a qué jugamos” que tanto hemos demandado en otras ocasiones.

Es cierto que parece faltarnos algo en ataque. No sé, un mejor último pase o centro, una mayor precisión en los contrataques, una definición más afinada… También aquí habrá que considerar que llevamos cuatro partidos y esperar que la cosa vaya mejorando a medida que se acoplen nuevos elementos.

He leído después a muchos sevillistas que están entre los que ven al equipo disputando el título de Liga (pocos, la verdad, que somos bastante realistas) y aquellos que se centran en el problema que hubiera supuesto un penalti en contra o un mayor acierto del Alavés en la única ocasión que tuvo. Éstos últimos le achacan al Sevilla no haber rematado la faena, de forma que hubiéramos evitado el sufrimiento de esa ocasión postrera y no puedo decir que no tengan razón, es una realidad incuestionable que un resultado corto se estropea en cualquier jugada. Creo que también es cierto, como dije antes, que arriba tenemos que mejorar.

Dicho esto, en mi opinión la situación debe ser analizada sin poner un excesivo peso en la perspectiva crítica y viendo lo sucedido en el partido con una cierta naturalidad. Porque el análisis global muestra otra realidad incuestionable, que no recibimos ni un solo disparo a puerta. Dejando al margen la posible incidencia de decisiones arbitrales (pero todas ellas, no unas sí y otras no) el fútbol no siempre premia a quien mejor lo hace, siendo ese grado de imprevisibilidad uno de los factores que lo convierte en apasionante, pero también es cierto que jugar bien consiste precisamente en generar la situación idónea para que lo más probable sea la victoria. Entiendo que eso es lo que hizo el domingo nuestro equipo, poner los mimbres para que sucediera lo que sería normal en 9 de cada 10 partidos como el disputado, ganar.

¿Pudo empatar el Alavés? ¿Era lo más probable, teniendo en cuenta que hubiera supuesto un 100% de efectividad en ataque? ¿Es razonable exigir a tu equipo que no le hagan ni una sola ocasión jugando en un campo como Mendizorroza? ¿Pensamos que la superioridad de la plantilla del Sevilla es tal que da para ir por los campos de España ganando por más de un gol siempre?

Pues no sé, yo creo que al final todos estamos más o menos de acuerdo en lo básico, que es lo importante y acabaremos viendo quién tiene razón en los matices.

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