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Pedro González - Columnas Blancas

La Vanguardia

Una piscina llena de mierda

Una piscina llena de mierda. Así titulé un artículo de opinión, hace años, en la primera fase de Columnas Blancas. Y por lo visto en la pasada jornada, la piscina, lejos de ir depurando sus aguas, sigue aumentado su nivel y amenaza con desbordarse e inundar al resto de la casa, mientras el hedor se extiende allende los mares.

Lo del R. Madrid y lo del Barça, éste en menor medida, no cabe duda, es de traca. De traca malaca de la vaca.

Pues a lo que íbamos, andan los medios nacionales no afectos al Régimen, léase al nacionalmadridismo, haciendo frente a la oleada de protestas en todos los medios de opinión que no tiene residencia en los Madriles. Cierran filas y nos quieren hacer ver, que lo que vimos todos los españoles que pudimos en la TV de pago, es que el árbitro y el VAR habían acertado.

Es decir, que todos los que vimos el atraco a mano armada, el resto de España, estamos equivocados y lo que decimos viene de la inquina, el puro odio y envidia a su equipo. El mejor equipo de fútbol de la historia.

Cierto es. Ahí están sus logros. Llenas están las hemerotecas de sus éxitos. Pero también, si se hiciera un repaso histórico pormenorizado de muchísimas de sus victorias, saldría a la luz, cuantas veces el poderoso ha ganado sus partidos con su celoso aliado, el árbitro de turno.

Tan verdad es lo primero cómo lo segundo. El R. Madrid, es, sin ninguna duda, el equipo que más ha gozado a su favor de los errores arbitrales. Da igual quién sea el rival que se enfrente al poderoso. Ya sea de segunda, de primera o de la europea Champions League. El rodillo implacable de su prepotencia y tejemaneje de todas las esferas deportivas, sigue funcionado a las mil maravillas para sus intereses, privando de logros deportivos merecidos a muchos rivales a los que se enfrentó y les robó, no sólo el partido, sino el futuro.

Un futuro que no existe para los equipos que pugnen con él. Las cartas están marcadas desde el principio y si alguno de sus contrincantes lleva una buena mano, ya se ocupará el árbitro de turno para errar en sus apreciaciones arbitrales, en el momento oportuno, para que gane el de siempre.

El nacional madridismo dice que todo está bien y que todo va bien. Cegados por el fulgor de los éxitos y por la complacencia de ver a su equipo ganador casi siempre, no son capaces de reconocer, al menos alguna vez, por pura limpieza e higiene deportiva, que los señores colegiados han errado a su favor. Ni eso. Es más, lo que pasa es lo que tiene que pasar. Y ya está, el que lo quiera bien y el que no, pues a seguir tragando.

Para desgracia de los demás equipos, la veda sigue abierta al robo indiscriminado. El robo es sistemático y sostenido. Y da igual, también, en qué tiempo. Lo del Real de Madrid es atemporal. Antes de ayer le robó sus aspiraciones a La Real Sociedad y lo seguirá haciendo hasta el final de temporada, caiga quién caiga.

Como decía otrora, algún día, alguien hará estallar una bomba de razones y de agravios comparativos sobre esta piscina llena de mierda que es la Liga Española. Y veremos cuantos de los agraviados le siguen en su propuesta de acabar con este monopolio, que lleva camino de convertirse en duopolio. Es decir, el acabose.

Ya está bien. Estamos hartos de tragarnos lo que sentimos. Y se debería encontrar alguna fórmula para que el poderoso y sus aliados, no puedan seguir cometiendo desmanes deportivos en todos los campos de España y allende nuestras fronteras.

Algo habrá que hacer. Y pronto. O va a llegar el día en que en cualquier campo de España, hartos de tanta opresión, atropello e injusticia deportiva, se tomen la justicia por su mano. Y entonces, a ver qué nos inventamos.

Milagro navideño

En estos entrañables días, llenos de recuerdos, llenos de ausencias y de nostalgia, se suelen emitir por todas las cadenas televisivas, anuncios, programas especiales y películas en consonancia con ésta tan familiares fechas.

Eventos todos llenos de alusiones al altruismo, eventos que están dirigidos a tocar nuestras fibras más sensibles, aún más de lo que de por sí ya están.

Todas ellos piden o tienen un final feliz. Siempre terminan ganando los buenos sentimientos que afloran y erizan nuestra piel y llenan nuestros ojos de lágrimas y hasta los malvados, entienden el mensaje y terminan por claudicar a la bondad y ceder en sus malas acciones renunciando al lado obscuro y entregarse de lleno a la luz de la generosidad, la cordialidad y la sumisión a las buenas acciones.

Parece cierto que en estos días todos somos “mas buenos”, o, al menos, lo intentamos.

Pues bien, yo voy a pedir que el próximo día 30, que se celebra la Junta General de Accionistas del Sevilla F.C. S.A.D., se produzca un milagro navideño. Un milagro impregnado de buenas intenciones, un milagro que haga justicia y ponga a salvo de la especulación (el malvado) a nuestro Estadio y a nuestra Ciudad Deportiva.

El sevillismo de base, al que defendí, defiendo y seguiré defendiendo desde mi retiro voluntario, ha intentado, a través de los pequeños accionistas, de, una vez más, proteger de las garras de los malvados la esencia del sevillismo.

Nuestro Estadio pertenece a la sociedad mercantil Sevilla F.C. S.A.D. Creo que esto nadie lo discute. La maldita Ley de transformación de los clubes, por las deudas que arrastraban, en sociedad anónimas deportivas, hizo dueña a la sociedad de un patrimonio que pertenecía, por derecho propio, a todos los sevillistas que, de manera altruista, colaboró en su construcción y terminación. Y este patrimonio no se supo poner en valor cuando esta Ley nos obligó a transformarnos en sociedad anónima. Creo que seríamos el único Club, en aquellas fechas, que tenía patrimonio propio y no cedido o construido por las administraciones comunitarias o locales.

La petición de protección de estos inmuebles por parte de los pequeños accionistas, no debería caer en saco roto. Máxime, cuando creo firmemente, que los que tiene que tomar la decisión de acceder a esta petición, respiran el mismo nivel de sevillismo que quiénes lo están solicitando.

Mi petición directa a D. José Castro, D. Francisco Guijarro, D. Rafael Carrión, D. José María Del Nido y algún otro representante que no tengo el gusto de conocer en el Consejo de Administración, es que devuelvan a sus legítimos dueños, es decir, a todo el sevillismo, el patrimonio que la Ley obligó a incluir dentro de su Activo Inmovilizado y nos llenen de alegría a todos. Y hagan justicia, especialmente, a aquellos que son los directos dueños del estadio y ciudad deportiva, a aquellos que nos siguen viendo, y protegiendo, desde el tercer anillo del Sánchez-Pizjuán.

 Por favor, logren que este episodio sea tan memorable como cualquiera de las películas que vemos estos días. Tienen en sus manos que suceda un milagro navideño.

Me late tu escudo

“Más que mi corazón, me late tu escudo”. Esta corta frase, entresacada del discurso-pregón de García Barbeito en los fastos del centenario de nuestro Sevilla F.C., se ha constituido como la síntesis del sentimiento sevillista y es, con todos los honores, santo y seña de todos los que amamos con locura al Sevilla F.C.

Es una frase hermosa y contundente, que condensa el verdadero espíritu del sentimiento sevillista.

Porque si hay algo que los sevillistas ponemos en nuestro Club, es nuestro corazón. Ese que derrama sangre roja allá por donde vamos, dando ejemplo de sevillanía y señorío. Ese que no entiende de malos momentos, ese que no entiende otra cosa que defender a su equipo, cuyo escudo cobra vida y late al son de todos sus corazones y que lucha contra viento y marea, contra las malas hades, contra el mal fario y contra todo aquello que quiera envilecer y desacreditar nuestro origen y nuestra trayectoria.

Nuestro corazón no se lleva bien con nuestro raciocinio y entendimiento. En esa lucha abierta, muchas veces, cuestionamos todo lo cuestionable.

En el mundo del fútbol, hoy, la paciencia no existe. Y en nuestro Club ni te digo. El índice de exigencia ha subido hasta llegar a ser un muro infranqueable.

Y los nuevos sevillistas, la generación de los “millennials”, aquellos que tienen entre 16 y 36 años, que han conocido la etapa más brillante de nuestro Club, no tiene elementos comparativos en su trayectoria para bajar ese listón de exigencia.

Y ese nivel de exigencia ha logrado incrustarse en todo el cuerpo de los aficionados de una manera, parece, que definitiva.

Es esa exigencia la que perturba la conexión, el entendimiento entre nuestro corazón y nuestro cerebro.

Pero hay sevillistas a los que nada parece perturbarles el ánimo. Ni nada que rompa esa conexión. Lo tienen claro y diáfano.

Cualquiera de nosotros siempre piensa que somos muy sevillistas, Que a sevillista no nos gana nadie. Al menos eso creía yo, que siempre he tenido muy fácil ser consecuente con mi delirio. He tenido la suerte de vivir cerca del Sanchez-Pizjuán, prácticamente, toda mi vida. Salgo de casa para ver los partidos una media hora antes de que comiencen. Y luego tardo diez minutos en llegar a casa, una vez finalizados.

Por eso mi admiración para aquellos que hacen un montón de kilómetros para presenciar cualquier partido de nuestro equipo. Cómo no admirar a la gente que viene de Mérida, de Gilena, de Herrera, de Estepa, de Morón, de todas partes de la geografía española. Cómo no admirar a aquellos que no tienen la fortuna de poder vivir los partidos in situ, pero que buscan todas las maneras para poder presenciarlos. Por muy lejos que estén.

Cómo no sentir admiración por aquellos sevillistas que forman parte de las Directivas de la ingente cantidad de Peñas incrustadas ya por todo el territorio nacional y, cada día más, poblando el internacional. Una lucha diaria por el engrandecimiento del Club.

Cómo no sentir admiración por aquellos jóvenes sevillistas integrados en los Biris, que, por animar a su equipo, se ponen frente a ellos, se olvidan del partido dando la espalda al campo y entonan una y otra canción de aliento, sin desmayo, en pro del club de sus amores.

Tantas y tantas manifestaciones de amor por el Sevilla. Tantas y tantas historias personales de vivencias en sevillista. Tantos y tantos ejemplos de sevillismo puro y duro.

Pero no quiero acabar este artículo sin dar a conocer un ejemplo de cuán grande es sentirse sevillista. Uno de cualquiera de ellos que te eriza la piel por el sentido en sevillista que tiene. Un ejemplo de locura y delirio de amor por nuestros colores.

Tengo un amigo que tiene hijos norteamericanos que residen en EE.UU.

Uno ellos, que es astrofísico y trabaja en la NASA, ha conseguido reunir a otros dos locos con la sangre mas roja que la de Caparrós, para reunirse en un punto intermedio para los tres desde sus lugares de residencia, para presenciar los partidos del Sevilla F.C. y hacen cada uno de ellos un montón de kilómetros para no perderse a su Sevilla F.C.

La verdad, me emociona saber que lo que yo siento, también tiene enamorados, en todas las partes del mundo, a sevillistas capaces de hacer cosas que yo no estoy seguro si las haría.

Es verdad, a mí me late el escudo. Pero me late todavía más comprobando que nuestra pasión es compartida por sevillistas que convierten cada jornada su corazón sevillista y su escudo en una misma cosa. Y engrandecen a nuestra sociedad y defienden, como buenamente pueden, ese escudo que en ellos sí que late de verdad. Ellos sí que hacen honor a esa magnífica frase de García Barbeito.

Vaya para ellos mi más sincera enhorabuena y mi reconocimiento más profundo, por ser ellos los verdaderos dueños del: “MÁS QUE MI CORAZÓN, ME LATE TU ESCUDO”.

Injusticia solapada

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