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Pedro González - Columnas Blancas

Lopetegui

Que el Sevilla F.C., ha tenido una mejoría sustantiva, en todos los aspectos, con Julen Lopetegui en el banquillo sevillista, no es sino confirmar una realidad.

Cuanto el vasco aterrizó por Sevilla, el equipo estaba en una encrucijada. No habían sido buenos tiempos. La entidad había entrado en una fase deportiva que no respondía a la ya sempiterna aspiración sevillista de ir paso a paso, cada día, más arriba.

Los números de Lopetegui, a día de hoy, son incontestables.

De los 116 partidos jugados, se ganaron 69, se empataron 26 y sólo, se han perdido 21.

Porcentajes de 59,48 ganados, 22,42 empatados y 18,10 perdidos, habiendo conseguido en su primera temporada 2019-2020, por la cuarta posición empatados a puntos con el 3º, meterlo en Champions, y logrando la 6ª Copa Europa Ligue para las vitrinas sevillistas. Clasificación que repitió esta temporada pasada 20-21 para Champions, con el record de puntos sevillistas en la Liga: 77.

Y esta temporada, estamos terceros, sin haber perdido ni un encuentro, ni en Liga ni en Champions.

Como digo, números incontestables.

Pero como aquí no conformamos con nada, y somos muy exigentes con todo y con todos, pues yo voy a dar mi opinión y, es seguro, que se abra el debate y nos enriquezcamos con las distintas opiniones al respecto. Me meto a entrenador a sabiendas de lo puede caerme encima. Pero si no lo digo, reviento. Así que “p’adelante”

A mí el Sr. Lopetegui me parece, en su conjunto, un magnífico entrenador. Su currículo en sevillista, no debería tener objeciones. Pero este año, el mago Monchi, le ha dejado un cuadro que merece la pena.

Que merece la pena, porque le ha dejado un cuadro polícromo, con muchas variantes, con futbolistas que han mejorado la ya magnífica plantilla de la que dispuso la pasada temporada. Como buen vasco, la tenacidad, y obstinación por qué no decirlo, en mantener sus ideas, sustentadas, precisamente en sus logros deportivos, hace más que difícil, hacerlo cambiar.

Tengo amigos que han sido profesionales del fútbol, durante muchos años, con distintos entrenadores, y todos me dicen lo mismo. “Ningún entrenador tira piedras sobre su tejado y todos colocan en el equipo a aquellos jugadores que creen mejor para afrontar los partidos”.

Bien, los entrenadores, y su staff técnico, son los que mejor conocen el paño. Están día a día, con ellos. Y pasan muchas horas estudiando y debatiendo pros y contras. Y comprendo, que debe ser jodidamente complicado, manejar los egos de una plantilla con tan variopinta gente. Y la de tomar decisiones que pueden cambiar, y mucho, su trayectoria deportiva.

Pero los aficionados basamos nuestras opiniones en lo que vemos en cada partido y de la información de los medios de comunicación que creamos veraces y reales. Y, a veces, hasta coincidimos con algunos profesionales de la información que refrendan lo que nosotros percibimos en la grada o a través de la TV.

Y yo no entiendo algunas cosas que ocurren con determinados jugadores.

¿Cómo podemos los aficionados encontrarle explicación a que jugadores como Suso, y Ocampos, y menor medida Rakitic o Jordán, jueguen casi todos los partidos, cuando vemos que no aportan nada o casi nada los dos primeros, y andan desdibujados los segundos?

¿Cómo es posible que Munir reine en el ostracismo, y Lamela, juegue tan poco, cuando nos han demostrado a los sevillistas que tienen cosas que no tiene ninguno de los jugadores de la plantilla? Velocidad, regate, gol, son virtudes, que pocos, muy pocos tienen en nuestra plantilla.  Y en mi opinión, están desaprovechados.

Contra el Wolfburgo, ambos disputaron algunos minutos y media parte, respectivamente,

Y el equipo cambió, creando más peligro. Como leí esta mañana en Twitter, y siento no recordar, quién lo twitteó, “Munir ha creado más peligro en 17 minutos que Ocampos en 7 jornadas”.

¿Cómo es posible, que, a la vista del desarrollo del juego de los partidos, sigamos erre que erre, sea el equipo que sea, con la misma predisposición y no sepamos cómo cambiar la trayectoria, cuando se ve que eso no funciona? ¿Cómo dejamos que los rivales se replieguen a su gusto y monten barreras defensivas que haga que los números de disparos a puerta sea irrisorio o, prácticamente, nulo?

Pues eso. Que me lo expliquen.

Como creo que a nadie haya que explicarle, porque no nadie tenga nada que objetar en como seguimos insistiendo en resguardar la meta, en eso somos los números unos y aquí no hay que cambiar nada.

Pero tanto sobar la bola y tener menos peligro que el “pescao blanco”, debe cambiarse de alguna manera. Y tenemos mimbres y futbolistas para darle policromía a nuestro juego, y no parecer tan grises en nuestro fútbol.

Es decir, que veamos alternativas. Otras alternativas que mejoren los resultados en ataque. Porque de seguir así, mucho me temo, que los rivales se aprendan el libreto y ganar partidos se convierta en misión imposible y la policromía se convierte en tonos grises por aburrimiento.

Ganar la liga

De eso se ha estado hablando estos días en el mundo del fútbol español. De quién podía ganar la Liga, antes de esta jornada 34. Ya que las diferencias entre los cuatro primeros estaban tan ajustadas que era posible que cualquiera podría optar a ganarla.

Se ha hablado mucho de que nuestro equipo tenía algunas opciones de disputarla. Que llegaba en un buen momento y que contaba mucho en este sprint final.

No quisiera pecar de inmodesto, sobre todo ahora, que tras perder con el Athletic las opciones se han esfumado y son mínimas y dependiendo de mil carambolas que seguro no se darán.

Digo esto, porque a los viejos de este lugar, el planteamiento de ganar la Liga, nos producía una sonrisa socarrona y, a la vez, triste, de tantas veces como lo hemos pensado y deseado, pero que la realidad imperante desde lustros en nuestro fútbol, demuestra lo imposible que es esta tarea.

A los que conocemos el paño, esas ensoñaciones no pasaban de ser eso, un deseo, un sueño, que está muy dentro de los sevillistas, como de cualquier aficionado de otros clubes, pero sabedores de que esto, desgraciadamente, en el fútbol español es una quimera, una utopía sin sentido.

Para muestra un botón. La historia que se repite, temporada tras temporada, de nuestro reciente partido con el Athletic.

Nada más conocer los árbitros que designó el Comité para el partido este partido, ya sabíamos que, para vencerlo, se tendría que ganar holgadamente, porque los jueces designados tenían, tienen y tendrán, marcado perfectamente la pauta de sus actuaciones.

Sólo hay que repasar y ver la historia de los partidos arbitrados al Sevilla F.C., para darnos cuenta de que la “mala suerte” nos persigue con ellos. Que si hubiera alguna jugada dudosa, dependería de en qué área se desarrollaba para que el veredicto fuera, como siempre –fruto de la mala suerte–, contrario a los intereses del Sevilla F.C., o del club de turno que en ese momento dispute los puntos a los poderosos.

Nadie ha podido, hasta ahora, con el juego de los funambulistas, artífices en cada partido de que las aspiraciones de los poderosos sigan intactas, aunque, una y otra vez, se les vea la desvergüenza e impunidad con las que actúan, y poco les importa que vayan impregnando el ambiente de un tufo mafioso insoportable.

El penalti cometido por Balenziaga es de libro. No admite ninguna duda, no tiene por qué someterse a la interpretación del sr. Colegiado de turno. Mano separada del cuerpo que impide la trayectoria de la pelota, dentro del área, es penalti. Pero el Colegiado, que conoce perfectamente qué se está jugando, hace aparatosos y teatrales aspavientos con las manos para dar a entender que aquello no era punible, y dejar clarito al otro juez del VAR, que la decisión ya está tomada y que no debe revisarse. Lección aprendida y ejecutada conforme a lo diseñado de antemano.

Y qué casualidad, Miguelito, como diría mi admirado Manolo Aguilar, que otra jugada dudosa, ésta claro que sí, dentro del área sevillista, se escudriñó por árbitro y VAR, no fuera a ser que el fuera de juego clamoroso, pudiera revertirse de otra manera. Y poco importa, que hace bien poco tiempo, que el trencilla de turno nos pitara un penalti en contra, por dar la pelota en el codo de Acuña. Todo es según el color del cristal con que se mira.

Que los árbitros se equivoquen siempre a favor de los poderosos, debería tener fecha de caducidad. Es inadmisible que estos señores, campen a sus anchas, intocables ellos, ajenos a toda sanción deportiva, merecedoras de descalificación y despido, por sus lamentables actuaciones en favor de los de siempre y contra los de siempre.

Los hilos que mueven estas marionetas, están ocultos. No se sabe quién los maneja. Pero sí se conoce el fin de sus actuaciones. Impedir que los clubes que puedan molestar a los poderosos puedan acercarse a importunarlos. Socavan la moral y la integridad de los profesionales, que ven, con tremenda impotencia, que no pueden hacer más que aceptar las patrañas que se inventan.

Que tienen que admitir que jueguen con su dignidad, con sus emolumentos, y con su carrera deportiva, y no pueden hacer absolutamente nada de nada. Solamente, apretar los puños, morderse la lengua y labios, hasta hacerse sangre, y salir corriendo porque saben que, si se enfrentan a los intocables, el final es contraproducente y desfavorable para sus intereses y los de sus Clubes.

Y esto, desdichadamente, dura ya mucho tiempo. Tener que tragar un año sí y otro también, hacen que el hartazgo, el hastío, terminen en repugnancia por la perversas, sibilinas e infames actuaciones arbitrales. Comportamientos indignos que van minando la competición liguera y las aspiraciones de todos los demás por conseguir ganarla. Hasta cuándo se va consentir esto, sin que las protestas se hagan escuchar de una vez. Hasta cuándo el Imperio del Mangazo.

Me pregunto ¿Por qué seguimos aguantado esto año tras año? ¿Por qué los demás clubes de la Primera y Segunda División no se rebelan ante estas graves injusticias? ¿Por qué consentimos, –todos– que estos jueces –que deberían aplicar la justicia deportiva en los partidos– se rían, temporada tras temporada, de nosotros los aficionados? ¿Por qué los medios de comunicación son tan tibios en sus crónicas? ¿Por qué aceptamos que este “status quo” de corrupción siga sistemáticamente imperando?

Para que esto cambie de verdad, hace falta unión. Y no sólo de los clubes. La implicación debe venir de todos los estamentos que tengan que ver con el mejor deporte de todos los tiempos. Todas las asociaciones deportivas deben exigir que prevalezca la pureza de la competición. Y las aficionados, que tienen que decir mucho es esta lucha, tienen que dar el definitivo impulso para que, a Martillo pilón, a Dios rogando y con el mazo dando, adviertan a los que ganan siempre moviendo los hilos a las marionetas, que algo empieza a agitarse con el ánimo de cambiar definitivamente las cosas.

Pero, sobre todo, para no seguir quejándonos de que los poderosos, y estas manipulables marionetas, sigan riéndose a carcajadas de todos los que amamos este deporte y prolongar, con nuestro consentimiento, el que los poderosos sigan campando a sus anchas “per saecula saeculorum”.

El fútbol de los ricos

El invento de D. Florentino ha durado menos que un caramelo en la puerta de un colegio.

La declaración unilateral de la creación de una Superliga, ajena a FIFA y UEFA, formado por doce clubes europeos de sólo tres países y financiada por grandes multinacionales con una oferta mareante en lo económico, donde R. Madrid y Barça, iban a sacar 350 millones de euros sólo por participar, ha resultado ser un fiasco, un ridículo mayúsculo con resonancia mundial.

Un ridículo no sólo del promotor, sino de todos aquellos partícipes en esta baladronada elitista, en la que han intervenido, cómo no,  medios de comunicación “afectos al régimen”, es decir, lo de siempre y los de siempre.

Toda una gama variopinta de lameculos propagandistas, baboseando las maravillas del invento florentiniano, que, para más inri, ha contado con el beneplácito de un Juzgado madrileño prohibiendo, expresamente, nada más y nada menos, a la FIFA y a la UEFA, que pudieran impedir al todopoderoso Sr. Pérez llevar a cabo su delirante sueño.

Quién crea que esta idea trasnochada del Sr. Pérez obedece a un “tira p’alante primo”, como un concepto que ha surgido de improviso, está más que equivocado.

Estos dos últimos días, en las redes sociales se han parido informaciones de todo tipo, pocas a favor, y sobre todo, muchas en  contra de la European Super League.

Lo verdaderamente jugoso que se puede entresacar de las informaciones vertidas en las redes, es la más que sabida, pero poco informada, de la precaria situación económica de los tres equipos españoles que formaban parte de esta fanfarronada sin sentido.

Las escalofriantes cifras de endeudamiento de Barça, R. Madrid y Atleti son el único argumento real que ha movido a estos clubes a buscar otras soluciones distintas de los dineros que sacan de la Champions League, que ya no les llega para tapar sus malas gestiones deportivas y económicas.

La deuda de 1173 millones que asfixia al Barça, tiene una solución difícil, ya que 730 millones son a Plazo Corto (Deuda a pagar en 1 año) y, peor aún, 266 millones que tiene que devolver a los bancos y 196 a otros clubes por los fichajes de futbolistas, todo esto a pagar antes del 30/06/2021.

El R. Madrid también tiene números rojos muy preocupantes. Al cierre de la pasada temporada 2019-2020, su deuda bruta era de 901 millones de euros y la neta de 355 millones de euros.

Tanto Madrid, como el Barça, se encuentran en una situación de fondo de maniobra negativo. El fondo de maniobra es el índice que informa sobre los recursos financieros necesarios para financiar la actividad de la empresa a corto plazo. 

Del At. de Madrid, sólo se sabe que a primeros de este año tenía la intención de renegociar la deuda de 500 millones, solicitando préstamos oficiales y ampliación de plazo de otros créditos bancarios y empresariales por la construcción del Wanda Metropolitano y los carísimos fichajes deportivos.

Esta es la verdadera razón de tamaña insidia. Éste era el verdadero ardid, y no otro, como salvar al fútbol, tal como nos querían hacer creer.

Creo que con esto se comprende nítidamente que la salida hacia delante de los tres integrantes de la nonata European Super League, tenían motivos económicos de sobra para agarrarse a esta solución que suavizaría la mala situación de sus respectivas arcas y desplegaría un tupido velo sobre la verdad de sus responsabilidades ante su nefasta gestión.

Por eso, poco importa que los pobrecitos clubes de La Liga, que año tras año luchan por conseguir mejorar deportivamente en sus respectivas Ligas, hayan puesto el grito en el cielo ante esta disparatada y maliciosa agravante de los poderosos.

Al menos, de toda esta inmensa partidista estupidez, han salido situaciones esperanzadoras. La respuesta de las aficiones de los equipos ingleses, llevando a las direcciones de sus clubes a renunciar a Superliga, es un hecho trascendente. Un arrebato de cordura para parar la imbecilidad y torpeza de sus dirigentes.

La drástica decisión de la FIFA y UEFA, de someter a los equipos y sus futbolistas a durísimas y descalificantes sanciones deportivas, fueron el primer torpedo en la línea de flotación del buque insignia de la Superliga.

La renuncia de los equipos europeos, con los alemanes del Bayern y el Borussia, a la cabeza, y, por qué no citarlo, la declaración oficial sobre la postura del Sevilla F.C. hecho que llevó al reconocimiento del presidente de la Uefa; la suavona y callada por respuesta de los franceses, el apoyo de destacadas figuras del fútbol, actuales y retirados, y las declaraciones de una ingente mayoría de clubes y asociaciones deportivas de toda Europa y toda índole, han sido demasiado para el sueño florentiniano.

Sólo dos días después de emprender la travesía el barco se ha hundido, llenando de vergüenza a sus emprendedores y a toda la caterva de medios afines a esta chabacana iniciativa.

Seguro que el Sr, Pérez y sus acólitos buscarán otras soluciones u otros inventos.

Pero estas soluciones, estos inventos, no se podrán llevar a cabo sin contar con la intervención de la FIFA y la UEFA, de los demás equipos integrantes de sus Ligas, y lo que es más  importante, con la opinión y favor de sus aficionados.

Con ello hemos ganado, en favor del fútbol, seguir luchando por  su esencia, por su pureza y con el objetivo, siempre, de seguir mejorando compitiendo entre iguales, lejos del tinglado del fútbol de los ricos.

De momento, afortunadamente, el gran proyecto de la Superliga se muere casi antes de nacer.  Descanse en paz.

EFE

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