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Paco Escarti - Columnas Blancas

Fútbol es cultura

A finales de enero, Sevilla perdía a uno de sus hijos, víctima, una más, de las secuelas del Covid: Manuel Salinas Milá.

Pintor sevillano, referente del arte abstracto y considerado como uno de los mejores de España en este estilo.

Salinas fue un artista autodidacta. Hijo de Manuel Salinas Benjumea, sevillano también, pero a diferencia de lo que muchos medios de comunicación se empeñan en mantener de forma errónea, no era pintor, sino agricultor.

Tuvo una trayectoria muy vinculada a la ciudad aunque sus obras viajaron por todo el mundo realizando más de 80 exposiciones internacionales. Medalla de oro de la ciudad de Sevilla y miembro de la Real Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría de Sevilla.

En 2012 realizó el paño de la Verónica para la Hermandad del Valle, su primera obra re-lacionada con el mundo de las cofradías.

Sería interminable seguir hablando de su biografía.

El sábado 13 de febrero de este año, solo dos semanas después de esta triste pérdida, recibíamos a la S.D. Huesca en partido de liga. ¿Y qué tiene todo esto que ver, os preguntaréis, con el pintor?

Pues más de lo que a simple vista pueda parecer. El fútbol y la cultura, el deporte y el Arte, no están condenados a llevar vidas paralelas y para eso están, entre otros, la S.D. Huesca, al igual que en innumerables ocasiones lo ha hecho el Sevilla F.C. Estar al lado del arte y en este caso del prestigioso artista sevillano.

Saltan al campo, como no podía ser de otra forma, con su indumentaria habitual, azul y grana pero con una característica que la hacía diferente, especial, única e irrepetible y era el brazalete de su capitán. El que representa al equipo, al club y a la ciudad.

Y en ese brazalete se aprecia el escudo del club sobre una imagen que representa uno de los cuadros de Manuel Salinas. Cuadro, que como el resto de su obra, no tiene título y no porque lo desconozca o lo olvidara, sencillamente porque el autor no titulaba ninguna de sus creaciones. Algo peculiar y característico de Manuel, que explicaba en alguna ocasión que pintaba para él y por tanto, no quería influir en la opinión de nadie que viera uno de sus cuadros.

Volviendo al fútbol. Qué detalle tan sencillo y qué gesto tan grande.

Detalle que desgraciadamente pasa desapercibido porque la prensa deportiva anda más preocupada, como siempre, de lo que ocurre por otros lares, en Villas y Condados y sigue despreocupada y poniéndose de espaldas ante hechos como este que por sí solos debe-rían ocupar portadas y cabeceras de programas deportivos.

Este equipo aragonés, modesto y humilde, está realizando un trabajo descomunal en el silencio de los clubes que no son mediáticos, con una afición entregada, unas estructuras consolidadas y, por lo que se aprecia, una directiva señorial.

Pues este club lleva toda la temporada realizando este gesto allí por donde va. Cada vez que visitan una ciudad, llevan el brazalete con alguna referencia a la ciudad que visitan.

Noble gesto deportivo, de amistad y de buenas intenciones.

En esta ocasión, al visitar Sevilla, pudiendo haber hecho miles de alegorías a una ciudad que tiene motivos de sobra para que se acuerden de ella y la homenajeen, este ejemplo de club señor, recuerda a nuestro querido Manuel Salinas y rinde con ello homenaje a su persona, a su familia, a sus amigos, a su obra y a la ciudad que lo vio nacer, crecer y morir.

Me permito transcribir un extracto de la página FAN CLUB SD HUESCA en el que explicaban el por qué de este brazalete en este partido, brazalete que salió elegido por delante de otro también confeccionado para esta fecha que hacía referencia al mosaico que la ciudad de Huesca tiene en la Plaza de España de Sevilla.

El sábado 13 de febrero a las 16:30h, la SD Huesca se enfrentará al Sevilla CF en la jornada 23 de La Liga Santander.

En este encuentro con el Sevilla CF, nuestro capitán portará este brazalete como homenaje y gesto de respeto a nuestro rival:

A los sevillanos les resultará familiar la trama utilizada en el diseño de este brazalete, pero para nuestros lectores quizá sea más difícil reconocer estas pinceladas tan coloridas y el importante artista que se esconde tras ellas.

Nuestro homenaje en esta jornada 23 va dedicado a Manuel Salinas, fallecido el pasado 30 de abril de 2020, víctima del coronavirus. Fue uno de los referentes de la pintura abstracta en España, con un carácter independiente muy marcado. Estudioso del color, con gran ritmo y luminosidad en sus obras, Manuel era un gran amante de su ciudad, Sevilla, y de Andalucía. Vecino del barrio de San Lorenzo de Sevilla, el cual es patrón de la ciudad de Huesca y un motivo más para acordarnos de él en este partido.

Por mi parte nada más que aportar a las palabras de estos gentiles maños que desde tan lejos han sabido definir tan bien algo tan nuestro.

Desde mi punto de vista esto es algo tremendamente emotivo y que califica a un club, a una afición y a una ciudad. Es algo muy grande que no debería caer en el olvido y no lo hará mientras existan como yo, aficionados al fútbol y al arte, al deporte y a la cultura, a las personas y a la unión entre pueblos y fundamentalmente a Sevilla y a sus hijos.

Mi más humilde pero sincero homenaje a Manuel, mi abrazo a su familia y amigos, mi gratitud a Diego Carrasco, su fiel amigo, por sus palabras, sus anécdotas y sus inmejorables charlas en “Er Var”, y mi más sincera y entrañable enhorabuena a la S.D. Huesca por su noble gesto.

En Sevilla entendemos perfectamente esta forma de hacer las cosas.

Quién sabe, quizás dentro de poco veamos el taconazo de “El Mudo” en un museo.

De fútbol y medicina

Hoy en día casi resulta retrógrado que a la pregunta: “¿tú a qué te dedicas?” Alguien conteste: “soy médico”, “soy abogado”, “soy entrenador de fútbol”, “soy preparador físico”…….

Lo que de verdad se lleva en estos tiempos es poder responder : “soy tertuliano” o “ soy comentarista”. Sí, en serio, es más que suficiente con eso.

Estas “profesiones” abren absolutamente todas las puertas, convencen, movilizan masas, manejan, sientan cátedra, encumbran o hunden en la miseria. Da igual los años de formación y experiencia profesional que tengas. Es más, en algunos casos da exactamente igual que la tengas o no. Es lo mismo, “lo han dicho en la tele”, “lo escuché en la radio”, “lo he leído en internet”.

Tener una licenciatura, 3 especialidades médicas, dos Máster universitarios, 2 Experto universitario, dos doctorados y 30 años de experiencia profesional son algo así como Nada en comparación con tener la posibilidad de comentar un partido de fútbol en la tele, por ejemplo.

Así de simple, así funciona esto. El primero debe desgañitarse, explicar, poner ejemplos, leer, formarse, reciclarse, revisar nuevas guías, asistir a congresos, hacer cursos, estudiar… y aún así, siempre les asaltará la duda, el diagnostico diferencial, las características del paciente, las lesiones anteriores, la calidad muscular, la preparación, la alimentación.

El segundo, estando en una cabina de tv en grada alta y tras ver una falta en 1 segundo, es capaz de diagnosticar, pronosticar, resolver el mecanismo de producción de la lesión e incluso dar algún consejo para el tratamiento: “ojo que se ha roto el cruzado. El club va a perder al jugador de 6 a 8 meses…”.

Qué pena de tiempo perdido, años de estudio y trabajo desperdiciados.

Comentarista. A eso me tenía que haber dedicado.

Baste con un ejemplo para explicar la dificultad que conlleva a día de hoy la medicina deportiva en el mundo del fútbol profesional. Imaginemos por un momento la siguiente utópica situación:

Dos gemelos univitelinos (vamos, los que son casi idénticos) que desde su nacimiento han recibido la misma alimentación, han pasado las mismas enfermedades recibiendo el mismo tratamiento. Tienen ambos la misma altura y mismo peso.

Han entrenado exactamente el mismo número de horas con el mismo preparador físico y haciendo el mismo trabajo. Han tenido las mismas horas de descanso y han competido exactamente el mismo número de minutos haciéndolo en la misma posición en el campo. Su alimentación ha sido la misma en número, cantidad y calidad. Ambos jugadores utilizan el mismo material deportivo.

Pues bien si consiguiéramos crear una situación ficticia en la que ambos jugadores sufrieran la misma lesión, en el mismo momento, con la misma intensidad y mecanismo de producción, más que posiblemente la reincorporación de estos jugadores a la competición NO sería el mismo día.

¿Y esto por qué es así?, pues porque son infinidad de circunstancias las que influyen en la recuperación de una lesión. Tantas que es prácticamente imposible dar un pronóstico de tiempo exacto, costumbre esta a la que el mundo del fútbol se ha habituado a costa de la salud de los médicos deportivos que se ven obligados a participar en este juego/apuesta en el que se ha convertido la baja de un futbolista.

Pues bien. Todo esto se simplifica sobremanera cuando es el comentarista/tertuliano/aficionado el encargado de manejar esta situación.

“Esguince de tobillo. De 2 a 3 semanas”

¡¡¡ Ole yo y mi cara bonita !!!

Que haya 3 grados en los esguinces, que pueda haber fractura, que pueda tener un edema óseo postcontusivo, que el esguince pueda ser bimaleolar, que se haya producido sobre un ligamento previamente lesionado…

¿Qué mas da?. Si ya el experto desde la cabina, el estudio o el sofá, ha visto que es un esguince y ha pronosticado de 2 a 3 semanas. Ya puede el servicio médico ponerse las pilas para que no se exceda el tiempo estipulado por el “experto”.

Este popular dicho con tantos años como el fútbol, podría perfectamente llevarse a otras profesiones, algo así como: “Para el fútbol y como letrado todo el mundo está preparado”.

Evidentemente el fútbol iría en todos los posibles refranes porque somos el país más preparado en este tema pero con diferencia. Y de leyes… ahí sí que nos salimos también.

Es increíble cómo un país cuyo “libro” más vendido es el Marca y el programa más visto Sálvame, tiene esa cantidad de conocimiento sobre leyes y medicina. Somos únicos.

¿Qué sentido tiene?, de verdad, estudiar tantos años y prepararte una de las oposiciones más difíciles que existen cuando puedes ir a la cola del supermercado o sentarte en la peluquería y sacar en claro el veredicto ese sobre el que tanto trabajo le está costando a un Juez fallar, sobre ese caso que salió en la tele referente a un fraude o una agresión o yo que sé. Y además hay que esperar a que se lea decenas de miles de folios cuando en el bar de mi barrio hace meses que todos saben que es culpable.

Un desperdicio.

¿A cuántos médicos, letrados o expertos de verdad habéis tenido la posibilidad de escuchar en una tertulia o en una retransmisión deportiva?

También es cierto que no podemos exigirle al fútbol que sea pionero en esto cuando cuestiones absolutamente vitales como puede ser la gestión de una pandemia, se soluciona con el compadreo entre compañeros de partido más allá de buscar profesionales y expertos que den las directrices a seguir. No, para qué vamos a hacer las cosas bien. Ponemos a un filósofo al frente del Ministerio de Sanidad de un país con más de cuarenta millones de habitantes y en medio de una pandemia mundial.

Y no pasa nada oiga.

¿Nos vamos a quejar de los comentaristas de un partido de fútbol?

Si es que yo también…

Lo dicho, de Fútbol y Medicina todo el mundo opina.

Los ídolos no existen

Año 1996. Davor Suker ficha por el Madrid. “¿Eso es cierto?”, “No es posible”.”¿Sukerman?”, “¡¡El Mago no se puede ir!!”

Pues se fue. Y al Madrid.

Qué impotencia, qué difícil de entender para una afición que volvía a encontrar tras muchos años a un referente, a un ídolo, a un jugador del que presumir frente al mundo y que se sentía sevillano y sevillista.

Pues se fue. Y al Madrid.

Seguramente no fue el primero en coger el vuelo de San Pablo a Barajas, y evidentemente no sería el último, pero fue una salida que se nos clavó en el alma.

Despedido como las grandes figuras del toreo después de cortar dos orejas en la Maestranza; a hombros y con la grada coreando su nombre. Qué lástima pero, qué orgullo de afición. Qué compostura y qué señorío despedir así a un jugador que creíamos sería la base sobre la que montar un gran Sevilla, y a pesar de todo, nuestra afición supo darle las gracias y poco faltó para llevarlo a hombros al aeropuerto.

Y al Madrid.

Honor para ellos y gratitud eterna para el que siempre se  comportó como un gran profesional. De principio a fin.

Han pasado ya algunos años y más futbolistas, algunos se fueron con gloria y otros sin ella, algunos incluso, ¿sin dignidad?. A algunos les perdieron sus propias palabras, otros, quizás mejor asesorados, supieron utilizar éstas para mitigar la tormenta. Algunos se fueron en silencio, otros, con ruido de fondo. Hubo quien se fue sin que nos percatáramos casi. Perdimos jugadores antes, después y durante alguna temporada. Alguno se fue con una foto en un avión, o a través de una red social, y hubo alguno, como Davor, que se fue en olor de multitudes.

Siempre estarán en el recuerdo jugadores que tras muchos años de esa despedida siguen sintiendo la camiseta que alguna vez llevaron, esos, los más queridos.

Pero quizás  casi sin darme cuenta he aprendido que nada de aquello debía afectarme como lo hizo ese día de hace 24 años. Aunque cueste definirlo así porque para nosotros los sentimientos no tienen precio, hablamos de trabajadores, gente que viene y va. Gente que busca su bienestar y el de sus seres queridos, y eso, queramos o no, es algo que debemos aprender a entender por muy mal que nos haga sentir. Las formas ya, es otro cantar.

Esta es la realidad.

A muchos los he conocido de cerca, muy de cerca. He trabajado con ellos, he viajado con ellos, he comido con ellos, y esa magia del jugador que sale del túnel de vestuarios mientras suena nuestro himno es otra según cada jugador, que a la postre es como el resto de los mortales. Pero esa es otra historia que dejo para más adelante…

Lo que sí debemos saber exigir es que el tiempo que lleven el  escudo en el pecho se dejen el alma cada día, cada partido y cada entrenamiento. Que luchen por cada gol, por cada punto, por cada jugada. Que ganen partidos y luchen por ampliar las vitrinas de la planta noble, y que mueran por esa afición que les lleva en hombros si hace falta.

Lo demás, es puro romanticismo, y aunque cueste asumirlo, fútbol y romanticismo hace tiempo que dejaron de coexistir. Posiblemente hace 24 años.

Quién sabe.

Los ídolos, quizás,  ya no existen.

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