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Miguel Canales - Columnas Blancas

Explotar los espacios

Comentaba Guardiola en una entrevista que dio para Gol Televisión que dentro de un terreno de juego siempre había algunas zonas donde los espacios aparecían, espacios indefendibles si los extremos se encontraban bien abiertos. Apostillaba que esos espacios siempre estaban disponibles y que su labor era conseguir que su equipo fuera capaz de atacar esas zonas que no se podían defender. A ese respecto, Xavi Hernández también comentó en una entrevista que Pep estaba siempre maquinando dónde estaban disponibles los espacios libres. El entrenador más paradigmático en atacar en espacios reducidos, con menos espacios disponibles y al que más se le achaca buscar la mayor posesión del balón posible, poniendo su principal énfasis táctico en los espacios y no en el balón. Esto nos deja bien a las claras que este juego, y cada día más, no va tanto de tener la pelota sino de encontrar los espacios.

El Sevilla de Lopetegui es el tercer equipo de la liga con mayor posesión de balón tras Barcelona y Real Madrid, después de haberse enfrentado a ambos, y el que realiza un mayor número de centros laterales al área de la primera división española. Estas estadísticas marcan, claramente, su modelo de juego. Posesión y profundidad por bandas buscando centros y remates.

Bajo estas premisas se tilda al equipo de ser poco resolutivo y se mira con lupa el rendimiento de sus delanteros, a los que se considera poco efectivos de cara a puerta. Sin embargo, pese a ser un equipo de juego por bandas y centros y remates, sus extremos no siempre son chinchetas abiertas que dan amplitud al campo -en especial Nolito- y la profundidad exterior recae en los laterales. Se dan muchas situaciones donde el rival defiende muy metido en área propia y no aparecen demasiados efectivos en posiciones de remate. El equipo mezcla poco, como demuestra ser en dos estadísticas, el tercer peor equipo del campeonato: disparos desde fuera del área y ataques por zona central del campo. No presenta una amenaza real por dentro y desde media distancia, lo que lleva a los rivales a tener sus ideas defensivas muy claras y cómo deben actuar al enfrentarse al Sevilla: doble lateral con extremos replegando en ayudas para que los jugadores exteriores sevillistas no tengan facilidad en el centro y repliegue bajo cerca del área propia para defender los centros laterales en superioridad manifiesta en el área.

A esto se une que Lopetegui prioriza la defensa del rechace que el ataque de las posiciones de remate para que el equipo sea fuerte en la transición defensiva y se active rápido tras pérdida. Los extremos juegan más por dentro que por fuera y los mediocampistas no pisan tanto área como debieran. Eso repercute en los guarismos en el marcador. El Sevilla marca poco, más allá del debate sobre la capacidad anotadora de sus delanteros, en el juego elaborado y recibe aún menos ocasiones de contragolpe del rival.

En juego elaborado le cuesta encontrar al equipo de Julen esos espacios indefendibles de los que habla Guardiola cuando el rival repliega bajo porque sus extremos no siempre son amplios y no mezcla el juego dentro fuera lado contrario que hace bascular las defensas atrayendo hacia el balón y liberando espacio en el lado débil.

Sin embargo, cuando esos espacios surgen de manera natural, el equipo se transforma, afila su colmillo, es vertical, llega fácil y mejora su capacidad resolutiva. La segunda parte contra el Qarabag en copa de la UEFA, la primera parte en Eibar, los primeros treinta minutos en el Camp Nou -aunque aquí faltó la capacidad resolutiva- o la segunda parte contra el Getafe este pasado domingo han puesto en el escaparate el mejor Sevilla, quitando el partido contra la Real Sociedad donde el juego elaborado sí fluyó mejor con extremos no tan interiores y pisando picos de área.

En estos partidos surgió el contragolpe de manera más natural, el equipo se tiró un poco más atrás en el repliegue, recuperó más lejos y atacó los espacios a la defensa de un rival mucho más adelantado. Estas situaciones se potencian cuando los jugadores de banda son Oliver Torres y Ocampos, con comportamientos dispares pero complementarios, para conjuntarse con dos laterales de esfuerzos amplios y que corren 60-70 metros sin problemas con o sin balón, como Reguilón y Navas. Oliver y Ocampos, cuando aparecen abiertos, desde campo propio amenazan rivales a muchos metros de su portería. El español recibiendo abierto y a pierna cambiada tiene el toque suficiente para meter un pase profundo al desmarque del punta o para cambiar la orientación del juego y el argentino pone la potencia, las piernas y la capacidad de definir tirando desmarques al espacio desde fuera hacia dentro.

Pese a ser un equipo de estadísticas muy pronunciadas en cuanto a posesión de balón y llegadas en juego elaborado, la mayor amenaza de este Sevilla aparece siempre al contragolpe -como muestran otras victorias contra Levante o Granada con ambos goles recuperando en campo propio y atacando de manera vertical-. Cuando los espacios no se encuentran o se generan atacando, hay que aprovecharlos cuando surgen de manera natural. Y ahí está la mayor virtud hasta ahora de Lopetegui. Haber conseguido de un equipo de juego elaborado en campo rival un contragolpe de equipo que vive en el repliegue. El Getafe lo sufrió en propias carnes en cuanto aceptó la invitación a destaparse después de no haber permitido alegrías al Sevilla cuando estuvo replegado.

Easy Rider

Nacido para ser salvaje

Nervión es un enclave especial para el fútbol. Ha vivido mucho y bueno en poco tiempo, lo que le ha llevado a que se ha afinado su paladar y se ha identificado con un fútbol que desata las emociones más primarias. Ritmo, vértigo, velocidad, desenfreno, ir y volver a ir, un ataque de guerra de guerrillas que hace rugir a una grada ante un juego punzante y fresco en ataque. Aunque Nervión es representado por su afición como un abuelo, su alma sigue siendo joven y su espíritu aventurero. Viaja en moto, ruge y huele a gasolina. Le gusta el cuero, los redobles de tambores y las guitarras estridentes.

Sin embargo, los últimos años aquello se había ido perdiendo ante un cambio de mentalidad hacia una más madura. El equipo pareciera que se quería construir para realizar un fútbol más sereno, pausado, controlado, del que llaman algunos más moderno, más cerebral y menos emocional. Aquello no terminó de salir del todo bien.

Julen Lopetegui parecía una apuesta continuista en ello, en ese modelo de más control y menos baile. Y así comenzó la temporada, mostrando un fútbol maduro, de no demasiadas estridencias y bastante controlado. Las áreas se veían menos, costaba llegar, generar ocasiones y dar un alto vuelo al equipo. Por el contrario, se había conseguido parar una sangría en portería propia que estaba abierta en temporadas anteriores. Ese fue el principal motivo para que Nervión empezara a sentirse de nuevo bien con su equipo y empezara a alabar el proceder de su nuevo técnico. Lo que gana, generalmente gusta. Y si lo hace rápido, más todavía.

Las derrotas contra R. Madrid y Eibar -principalmente- empezaron a sacar al aire los “es ques” y los “peros”. Nervión tiene su ADN y no terminó de quedar del todo cautivada por ese fútbol al 1-0, control, portería a cero y sonidos de filarmónica. Las voces se pusieron demasiado críticas, al igual que las loas habían sido excesivas por el fútbol catenaccico de posesión. Los mejores momentos del equipo, hasta el pasado domingo a las 21:05, habían sido aquellos en los que había roto el molde de la mesura en el juego. La última media hora contra el Qarabag  y los primeros 45 minutos contra el Eibar nos habían enseñado un Sevilla diferente, que quería correr, que replegaba pero no se metía en su cueva, y que desde una atalaya defensiva bien construida en zonas intermedias, contratacaba con velocidad y despliegue al espacio. Ya era mucho más fácil pisar área contraria y el equipo se mostraba más irreverente y menos formal.

Llegaron las 21:05 del domingo del 29 de Septiembre, la Real se ponía 0-1 arriba en el minuto 3 después de dos derrotas en la misma semana. Y Nervión volvió a verse a sí mismo como lo que es. Un adolescente imberbe, que se revela y batalla con toda su energía. Este Sevilla rompió sus amarras, desde las variantes en el juego, para ser alocado pero sin perder el control. Divertido, jovial e irreverente. Empezó a correr, a dejar atrás el control, a alternar una presión alta agresiva, con un repliegue medio sin dar demasiados pasos atrás.

Lopetegui le dio la batuta definitivamente a Banega, que la cambió por su afinada guitarra y soltó el smoking por la chaqueta vaquera para verticalizar más el juego y cambiar menos de orientación con balones interiores, bajándole 20 metros en el campo. Cerró a los extremos que ya no iban solo de fuera a fuera, sino que picaban al espacio por dentro y atacaban picos de área -qué importante es esto en un sistema 1-4-3-3 que vive en campo rival y tiene laterales muy ofensivos-.

Nervión volvió a vibrar como en sus mejores noches, se volvió a ver a sí mismo, y observó un equipo que dejaba el corsé del control y llegaba con facilidad pasmosa al área rival corriendo, atacando espacios y entendiendo los tiempos del juego. Nervión no se ve a sí mismo en el futbol control, vive en Harley Davison y se siente un espíritu libre. Porque nació para ser salvaje.

Fernando

El sostén defensivo de Lopetegui

Julen Lopetegui ha dejado su sello marcado pronto en el Sevilla. Esto es algo que sorprende por la rapidez con la que el equipo ha tomado una identidad relativamente definida en tan poco tiempo. Sistema 1-4-3-3 como base de su posicionamiento táctico, activación rápida tras pérdida y presión en campo rival, dominio del juego mediante la posesión en campo rival, o juego mucho más volcado a bandas con laterales muy ofensivos frente a las combinaciones interiores han definido el arranque liguero de este nuevo Sevilla 19/20. Nada sorprendente para aquellos que hubieran seguido la trayectoria  del técnico vasco en cuanto a su concepción del juego que quiere que desarrollen sus equipos.

Sí es cierto que dentro de estas cuestiones, los equipos de Lopetegui han mostrado dos aspectos que no eran tan positivos y que se podían considerar como sus dos principales “déficits tácticos”. Y estos están siendo los dos, quizás, más comentados por el entorno mediático sevillista y por sus aficionados.

El primero ha sido, y está siendo también en Nervión, la cierta dificultad que mostraban sus equipos a la hora de generar un número de ocasiones acorde al volumen de posesión, presencia en campo rival y carga de juego ofensivo que mostraban los equipos de Julen. Este Sevilla posiblemente genera menos ocasiones de las que transmite su presencia y juego en campo contrario. Y se está achacando mucho a la falta de finura de sus jugadores de ataque. No discuto que podría influir algo, pero también es un aspecto -como comentaba antes- que ha sido coyuntural en el modelo de juego de Lopetegui a lo largo de su carrera.

Ese segundo aspecto menos positivo en los equipos de Julen, por el contrario, sí está siendo corregido con bastante solvencia. Y aquí entra en juego el protagonista de este artículo, Fernando. Algunos de los conjuntos dirigidos con anterioridad por el entrenador sevillista habían dejado ciertas reticencias a la hora de defender. Y solían recibir más ocasiones de las que el dominio del juego nos mostraba. Sus equipos no eran la roca defensiva que está mostrando su Sevilla. Y en especial, sufrían en las transiciones defensivas cuando el rival salía al contragolpe.

Cierto es que la mayor parte de los focos se los está llevando en mediocampo Joan Jordan, por méritos propios. Pero no está de más poner la figura de Fernando a la altura de la relevancia que está teniendo en las escasas situaciones de gol que concede el equipo de Nervión. Fernando es el mediocampista de la liga, hasta el momento, que más interceptaciones ha realizado. Y esto está siendo capital a la hora del gran tono que muestra el Sevilla en su transición defensiva, cuando su presión tras pérdida es superada por el rival.

Conforme van sucediéndose los partidos, el centro de gravedad de Fernando en el campo se atrasa más y su posición media prácticamente está siendo a la altura de los centrales. Más que un mediocentro defensivo está actuando casi como un tercer central, lo que posibilita un gran vuelo a los laterales y está sirviendo de gran ayuda a Carriço y Diego Carlos cuando el equipo tiene que enfrentar a rivales que salen en carrera teniendo mucho espacio a su espalda.

Sin ir más lejos, en Mendizorroza tapó en varias ocasiones algunos problemas que tuvo Carriço al estar tan lejos de Vaclik. Su juego aéreo y su lectura táctica para anticipar pases están siendo aspectos básicos y sobre los que se está sustentando la solvencia defensiva sevillista. Si bien Jordan es quien brilla en campo rival, en campo propio Fernando está siendo un bastión fundamental que explica muchas cosas de las que vemos en este Sevilla.

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