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Mamen Gil - Columnas Blancas

La Radio y el fútbol

La radio de mi abuelo ocupaba lugar preferente en su casa. Los días en  los que el Sevilla jugaba fuera del Ramón Sánchez-Pizjuán nos sentábamos en torno a ella para saber qué estaba pasando, cómo estábamos jugando, quién había marcado primero… Fue el fútbol (cuando digo fútbol digo Sevilla Fútbol Club) el que me acercó a la radio, una radio que hoy en día se ha convertido en mi pasión y en mi modo de vida.

En una época en la que la mayor de mis preocupaciones y los únicos disgustos que tenían los provocaban los malos resultados del Sevilla, la radio era mi fuente de información y un señor llamado Juan Tribuna era el encargado de hacer volar mi imaginación con el juego de mi equipo: las paradas de Súper Paco, la férrea defensa de Pablo Blanco y Curro Sanjosé, las carreras de Biri-Biri, la personalidad de Hita, la calidad de Julián Rubio…

Han pasado los años, pero aún queda en mi memoria aquellas tardes de domingo y su soniquete de “para no perderse detalle, óptica Rodríguez del Valle”. Y qué decir de los dialoguillos del “Tío Pepe y su sobrino”. Aquello sí que era guasa de verdad, la rivalidad Sevilla-Betis a través de dos aficionados que comentaban las jugadas el día después de los partidos.

La radio había comenzado sus retransmisiones futbolísticas en 1927, el 22 de enero, BBC Radio narraba el primer partido de fútbol de la historia y cuatro meses después, el 15 de mayo de ese 1927, fue cuando Unión Radio retransmitía la final de copa disputada en Zaragoza entre el Real Unión y el Arenas de Getxo. Fue el principio y ya no llegaría el final, y eso que los clubes de fútbol lo pidieron, pues temían que esas retransmisiones apartara a los aficionados de los estadios.

Afortunadamente no pasó nada de eso y la radio siguió su curso. Gracias a la radio millones de españoles vibraron con el gol de Zarra en el Mundial de Brasil y gracias a la radio miles de sevillistas, ente ellos mi padre, pudieron celebrar por todo lo alto el empate a uno del Sevilla en Barcelona, un resultado que permitía al Sevilla alzarse con el primero y hasta el momento único Campeonato de Liga.

A mediados de los años cincuenta del siglo pasado nace “Carrusel Deportivo” y su éxito hace que aparezcan programas similares en otras emisoras. Los deportes triunfan en la radio y ya no hay que esperar a los domingos para estar al día de las últimas novedades, pues tenemos programas de deportes todos los días y a casi todas las horas. La gran revolución llega con José María García, con un periodismo deportivo de investigación y denuncia que logró unos niveles de audiencia jamás soñado y que hacía que medio país no conciliara el sueño hasta altas horas de la madrugada.

La radio no solo no apartó a los aficionados de los estadios, sino que se convirtió en un complemento más. Junto a bufandas y paquetes de pipas, la radio jugaba su papel. A través de ella te enterabas cómo iban los rivales y te ayudaba a aclarar, o no, si esa entrada debía haber sido penalizada, o si esa otra había sido penalti. Pero no solo te llevabas la radio al fútbol, si coincidía con un partido importante, también te la llevabas a la boda o comunión de turno. Al principio te apartabas un poquito e intentabas disimular mientras sintonizaba tu emisora, pero el estallido de alegría al conocer el resultado te terminaba por delatar.

Las nuevas tecnologías aún no habían irrumpido en nuestras vidas. Ahora todo es diferente, Internet, las redes… hacen que estemos informados al minuto. Los clubes de fútbol tienen sus propias emisoras de radios. Hay una amplia variedad de programas deportivos donde elegir. Pero ya nada es igual, las tertulias se han adueñado de ellos y las audiencias bajan peligrosamente. Hay quienes incluso se han atrevido a vaticinar que los programas deportivos de radio ya no tienen sentido y señalan un futuro catastrofista para ellos, algunos hablan de desaparición, pero si hay un medio de comunicación que ha sabido reinventarse constantemente ese es la radio, además, y como diría otro maestro de las ondas, José Antonio Sánchez Araujo, no eleven nada a definitivo.

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El fútbol que me vale

Hubo un tiempo en el que los domingos eran sinónimo de fútbol y la Gran Plaza nuestro centro neurálgico. En esos primeros años de mi infancia aún éramos muy pequeños solo iban al Ramón Sánchez Pizjuán ellos, los padres, y algún que otro niño (varón, por supuesto). El resto íbamos llegando para la merienda. A veces quedábamos con los amigos y otras, con los abuelos, pero siempre quedábamos allí, en La Ponderosa.

Mientas ellas, las madres, charlaban, nosotras, las niñas, correteábamos por los alrededores. De vez en cuando nos acercábamos a las mesas y dábamos cuenta de la merienda. A pesar de nuestros gritos y nuestras risas, siempre llegaba con nitidez los ecos de los goles del Sevilla. Entonces, corríamos a nuestras mesas a reunirnos con las madres y todos, adultos y pequeños, lo celebrábamos como si estuviéramos en el estadio: manos en alto, besos, abrazos, palmas, ¡viva el Sevilla!… era fantástico.

Después llegaban ellos, los padres, con las sonrisas de oreja a oreja y nos contaban qué tal había ido el partido. Era como si lo estuviéramos viviendo en directo. Esas narraciones no tenían nada que envidiar a esas otras que escuchábamos los domingos que jugábamos fuera, en casa de mis abuelos, primero en torno a la vieja radio de madera, después alrededor del primer transistor moderno que llegó a casa de mis abuelos.

Y mientras ellos, los padres, contaban cómo había ido el partido, yo soñaba con acompañarlos algún día. Quería estar allí, en ese campo aún inacabado pero que a mí me parecía perfecto, porque lo que se ama siempre es bello.

A veces los sueños se cumplen y ese día llegó, así es como sin soltar la mano de mi padre en ningún momento, recorrimos en silencio la antigua calle Padre Coloma (actualmente Cristo de la Sed). Yo iba aguantando la respiración y solo se me escapó un suspiro cuando empecé a vislumbrar el córner de gol sur, ese que sería nuestro espacio durante varias temporadas.

No recuerdo cuál fue ese partido ni cómo quedó, pero lo que nunca he podido olvidar es esa frase que me estremeció, ¡árbitro, aborto de rana!… A mi corta edad no lograba entender exactamente el significado de esa frase, pero por el modo en el que lo gritó y por la mirada y el asentimiento de los demás, deduje que ese señor de negro, no el de la serie de televisión que interpretaba José Luis López Vázquez, sino el árbitro, sería un enemigo más.

Cuando terminó el partido y me preguntaron qué tal me había parecido, no comenté nada de esa frase que, en los días posteriores se convirtió en una verdadera pesadilla, pues soñaba una noche sí y otra también, con ranas asesinas y con árbitros con caras de anfibios.

No, no me aburrí como había imaginado mi padre y, ante mi insistencia, no tuvo más remedio que hacerme socia. La Gran Plaza siguió siendo durante algunos años más nuestro punto neurálgico, pero ya habíamos cambiado las meriendas de La Ponderosa por los pepitos de lomo de Casa Prieto.

Decía Fontanarrosa que el fútbol que vale es el que uno guarda en sus recuerdos y estos retazos de la memoria son también ya partes del fútbol, de ese fútbol que me vale.

No, el fútbol no vuelve

Dicen las altas esferas deportivas que esta semana vuelve el fútbol y que lo hará a lo grande, con el rey de los derbis, con un Sevilla-Betis… Pero no, que no te engañen, el fútbol no vuelve… Si acaso vuelve la liga y 22 hombres corriendo detrás de una pelotita, aunque si queremos hablar con propiedad, lo que vuelve es el fútbol-negocio. Es cierto que las circunstancias son las que son, pero no es menos cierto que la pela es la pela.

Pero el fútbol no. El fútbol es otra cosa, es mucho más que todo eso… En una entrada anterior (¿por qué te gusta el fútbol?) ya decía que, para mí, el fútbol es una máquina de generar sentimientos, una eclosión de emociones. En el fútbol se sufre, se ríe, se llora, se grita… En un segundo se puede pasar de una emoción positiva a otra negativa… Lo mismo se sube al cielo que se baja a los infiernos…

Emociones todas, que se activan con el contacto directo con los tuyos, en tu grada, con tus vecinos de asiento, con tus jugadores en el campo y con la dopamina al cien por cien, gracias al chute de adrenalina que le inyectan desde la grada. Pero esas gradas ahora estarán vacías, un vacío que generará desencanto y sentimientos encontrados ante esa falta de conexión piel con piel.

Está claro que el regreso a los terrenos de juego no va a ser emocionalmente lo mismo y va a generar desencanto y frustración tanto en aficionados como en jugadores. Estos últimos necesitan el calor de los suyos y al no tenerlo, el jugar en casa ya no será un plus. Los que jueguen de local lo harán con desventaja respecto a los de la primera vuelta, por lo que los más suspicaces podrían ver aquí un conato de adulteración de la competición.

Claro que al que manda en esto, eso le importa más bien poco. Hay muchas formas de adulterar la competición y si es necesario para determinados intereses se hace y no pasa nada… Tampoco sería la primera vez. Dice el que manda que el derbi sevillano será un acontecimiento mundial, el más visto de la historia. No, señor Tebas, ese no será un derbi sevillano. No habrá calor ni color en las gradas, será una pachanguita sevillana, eso sí, con tres puntos por medio… Puntos muy importantes, por cierto.

El fútbol también es un ritual. En las vísperas, siguiendo las novedades de los entrenamientos… En la previa, seleccionando la ropa, procurando que no se olvide tu prenda u objeto fetiche… Antes del partido, comprando las pipas en el mismo quiosco, ir hacia el estadio por el camino de siempre… Entrar con el mismo pie y por la misma puerta; pedir el refresco de rigor, aunque después lo dejes entero; entrar al servicio, aunque nada más sea para volver a salir… Durante el partido, sentarte en tu asiento, aunque no sea el tuyo, sacar las pipas solo cuando las cosas se ponen fea, cruzar los dedos… Y en el postpartido analizando durante el camino de vuelta a casa (un camino más o menos agradable según el resultado) esas jugadas claves.

Nada de eso pasa cuando te quedas en casa a ver el partido por la tele, ni siquiera llegará a mi salón los ecos de los goles del Sánchez-Pizjuán, pues no habrá nadie para cantarlo en nuestra bombonera. Además, no me gusta ni el fútbol radiado ni el televisado. Pierde la esencia, me pone demasiado nerviosa y no soy capaz de aguantar frente a la pantalla más de 10 minutos seguidos.

Dicen que vuelve el fútbol, pero para mí no lo hará hasta que se pueda cubrir el cien por cien del aforo, solo entonces se supone que estará la pandemia controlada y será cuando yo, como población de riesgo, pueda volver a disfrutar del ambiente del Ramón Sánchez-Pizjuán. Mientras tanto, para mí no hay fútbol… Habrá liga, habrá negocio, pero no habrá afición y sin afición no hay fútbol.

Me aburro… y eso me preocupa

El fútbol me aburre (donde se escribe fútbol, léase Sevilla). Comenzó a resultarme tedioso hace un par de temporadas, pero lo de este año me resulta ya insoportable. No me gusta lo que veo y, además, tengo la sensación de estar siendo timada por una publicidad engañosa. Se anuncia partido de fútbol pero, en realidad, […]

Eugenio Montes Cabeza

Lo pudo decir más alto, pero no más claro, “árbitro de cámara del Real Madrid”. El entonces presidente sevillista, Eugenio Montes Cabeza, expresaba así su indignación por el arbitraje del colegiado canario Merino González durante un Sevilla-Real Madrid. Esa escueta frase hizo tambalear los cimientos del fútbol español, no solo por lo que significaba, sino […]

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