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Mamen Gil - Columnas Blancas

David Ramos

El Sevilla… La vida

Hay que ser muy inconsciente o temeraria (en este caso creo que las dos cosas) para intentar explicar por qué el Sevilla es la vida, pero como lo prometido es deuda, aquí estoy, lanzándome de cabeza a la piscina. Alguien con mucho más galones que yo como @leonsfdo lo ha dejado muy claro: ‘el sevillista lo vive las 24 horas del día’, ergo el Sevilla es la vida… Una vida íntimamente ligada a la filosofía del club.

El sevillista afronta la vida con optimismo, mirando siempre la parte positiva de las cosas. Podemos caer una y mil veces pero siempre nos levantamos, pues llevamos grabado a hierro eso del ‘nunca se rinde’. Podemos equivocarnos, pasar malas rachas, pero intentamos no buscar excusas ni acusar a los demás de nuestros errores.

Defendemos lo nuestro por encima de todo. Somos autocríticos y exigentes con nosotros mismos, pero no permitimos que nos pisoteen los de fuera. Sabemos que no somos más que nadie, pero nadie es más que nosotros. Respetamos y admitimos en nuestras vidas a todo el mundo, independientemente de su nivel social, creencia religiosa o ideología política. Abrazamos la bandera del señorío y somos hospitalarios aunque no lo sean tanto con nosotros.

Sabemos que la vida no es jauja y que no estamos aquí para perder el tiempo. Por eso vivimos a tope tanto las alegrías como las penas. Disfrutamos los éxitos y lloramos las pérdidas de los nuestros como si no hubiera un mañana, pero el mañana existe y cuando llega ya estamos preparados y hemos cogido la fuerza suficiente como para volver a subir en esa montaña rusa de sentimientos que es la vida.

El Sevilla es nuestra religión. Al fin y al cabo la religión es cuestión de fe y para fe la que tenemos en los nuestros, en los de colorao. Y nos dejamos el alma en el empeño porque,  al fin y al cabo la vida es pasión… Y si la vida es pasión el Sevilla también lo es.

La pasión, ese sentimiento vehemente capaz de dominar la voluntad y perturbar la razón. Dicen que la palabra pasión deriva del latín passio, y este del verbo pati, patior, padecer… Y malo del que ni sienta ni padezca. Pero eso de la pasión no lo digo solo yo, es algo que refrenda la ciencia. Según un estudio realizado por el Instituto de Ciencias Nucleares Aplicadas a la Salud de la Universidad de Coimbra, la pasión por el fútbol es similar al amor romántico. El estudio ha comprobado que los circuitos cerebrales que se activan en los hinchas del fútbol son los mismos que en los románticos enamorados. Cuando se celebra un gol o se festeja una victoria, se activan regiones del cerebro donde se libera dopamina a modo de recompensa.

Así pues, los hinchas viven en un estado de enamoramiento permanente. Un enamoramiento por el fútbol que es eterno, nunca muere. El vínculo amoroso puede romperse cuando se acaba la etapa del enamoramiento. En cambio, en la pasión por el fútbol nunca pasa eso… Así, que ya sabe… sevillista seré hasta la muerte… Porque como dicen en ‘El secreto de sus ojos’, se puede cambiar de todo. De cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios… pero hay una cosa que no puede cambiar… no puede cambiar de pasión…

¿Por qué te gusta el fútbol?

He perdido la cuenta de las veces que me han hecho esa pregunta a lo largo de mi vida y la verdad es que casi nunca he contestado. Siempre he considerado que quien eso se cuestiona jamás entenderá tu respuesta, así que tras una ligera elevación de hombros, me he dado media vuelta y a otra cosa, mariposa.

Nací en una época en la que todavía sonaba en la radio esa otra pregunta de Rita Pavone “¿por qué, por qué el domingo por el fútbol me abandonas?”… Y sí, muchas mujeres se identificaban con ella, porque el hombre alfa se marchaba a disfrutar del llamado deporte rey y por mucho que ellas pidieran que les llevaran al partido alguna vez, al final se quedaban en casa solas.

Yo nunca me he reconocido en esa canción, pues en mi casa siempre se ha respirado fútbol en todos los rincones. Se escuchaba en la radio, se veía en la tele y acudíamos al campo. Era tan pequeña cuando fui por primera vez al Ramón Sánchez-Pizjuán que no recuerdo cuál fue ese primer partido. Pero sí sé que ahí comenzó una bonita relación, una relación que sigue viva después de varias décadas y que seguirá hasta que la muerte nos separe.

¿Que por qué me gusta el fútbol?… Pues ni idea, quizás porque es una metáfora de la vida… El fútbol es una máquina de generar sentimientos, una eclosión de emociones. En el fútbol se sufre, se ríe, se llora, se grita… En un segundo se puede pasar de una emoción positiva a otra negativa… Lo mismo se sube al cielo que se baja a los infiernos.

A lo largo de la vida, compres o no lotería, te van tocando unas bolitas que van a determinar que te toque reír o te toque llorar. Lo mismo pasa en el fútbol, pero en ese caso, la bolita adopta forma de balón, y es ese balón el que te hará sentir alegre o triste. Todo depende de si la pelotita quiere entrar o no en la portería contraria.

En cualquier caso, con el fútbol aprendes que hasta el rabo todo es toro y que tanto las victorias como las derrotas son efímeras, por eso se viven los partidos con tanta intensidad. Es el carpe diem elevado a la máxima potencia.

¿Que por qué me gusta el fútbol… Pues porque es buenísimo para desestresarnos y, por tanto, para la salud, ya que aunque vayan mal dadas, podemos clamar a los cuatro vientos todo lo que llevamos dentro. Da igual que grites más de la cuenta o que sueltes algún que otro improperio, nunca vas a estar solo. Conozcas o no a los que te rodean, comparten tus sentimientos. Te abrazas con ellos porque sienten como tú.

¿Que por qué me gusta el fútbol?… Pues no sé, quizás podría añadir que porque también te ofrece la posibilidad de conocer otras ciudades, otros países, otras culturas… Pero llegados a este punto he de confesar una cosa… En verdad, verdad… a mí no me gusta el fútbol (¡ea, ya lo he soltado!)… A mí lo que me gusta es el Sevilla F.C., porque si el fútbol es como una metáfora de la vida, el Sevilla es la vida… Pero bueno, de eso tocará hablar otro día…

Me pone

Me pone… El video que ha colgado el Real Madrid, me pone. Donde unos ven provocación, yo solo veo debilidad. Que sí, que sí, que el video está hecho con toda la intención del mundo, eso no lo dudo, pero lo que deja entrever se llama miedo… El Madrid nos teme, nos teme ahora y nos ha temido siempre.

Sabe que no nos achantamos ante ellos, que siempre hemos jugado estos partidos con una intensidad elevada al cuadrado, que lo vivimos al máximo y que nunca se lo ponemos fácil. Lo sabe y por eso, históricamente, han necesitado de una ayuda, normalmente de manos de un señor de negro, para poder alzarse victoriosos.

Mi abuela Lola nació a finales del siglo XIX y tuvo a mi madre a una edad muy, muy avanzada para la época, por eso siempre la recuerda igual, como una venerable señora mayor. Siempre amable, cariñosa y prudente. Quedarse a dormir en su casa era una experiencia bonita, porque siempre te contaba historias. Era una buena narradora.

Pero esa mujer amable y prudente, cual doctor Jeckyll y Mr. Hyde, de vez en cuando sufría una transformación y daba rienda suelta a su rabia. Se le encendían los ojos, miraba fijamente a la tele y decía “¡ladrones!”. Lo hacía siempre que escuchaba algo que dijera “Real Madrid”, le tenía una gran aversión. Entonces yo la miraba extrañada y ella me decía: “hija, nos roba, el Madrid, siempre nos ha robado. Son unos ladrones y, al enemigo ni agua”. Después recuperaba la normalidad y me narraba historias de partidos entre Sevilla y Real Madrid.

Mi abuela sabía de lo que hablaba, ella se había casado con “Ramírez”, que había jugado en el Sevilla varias temporadas. Cuando eran novios mi abuela iba a ver a jugar a mi abuelo Paco a los campos del Mercantil y Reina Victoria. Me contaba que a veces se llevaban las sillas desde casa, me contaba el 22 a 0 que le había metido el Sevilla al Betis y, sin parar de sonreir me iba desgranando los ocho goles que había marcado mi abuelo.

Ya en esa época Sevilla y Madrid se habían visto la cara y poco a poco se fue fraguando una rivalidad que llega al día de hoy. Mi abuelo Paco dejó el fútbol, pero nunca dejaron al Sevilla. En casa de mis abuelos maternos se vivían los partidos con mucha intensidad. Algunas veces iban al estadio, durante mucho tiempo los escuchaban por la radio y, después llegaría la televisión.

Mi abuelo no hablaba mucho, él era más de escuchar. Pero mi abuela sí, y tenía guardados en la memoria los partidos en los que el Madrid nos venció gracias a la ayuda arbitral. Definitivamente, a mi abuela no le gustaba el Madrid, y a mí, tampoco. Me pegó esa aversión y después fui yo misma la que pude comprobar que esas ayudas arbitrales existían más allá de la memoria de mi abuela.

Los Madrid-Sevilla no son un partido cualquiera. A los sevillistas nos pone, nos pone a mil, adrenalina a tope y nervios a mil por hora. Por eso los disfrutamos tanto, por eso no paramos en todo el partido. Y ellos lo saben. Saben que ganarnos no es fácil, que siguen teniendo mucho más dinero que nosotros, pero futbolísticamente ya no están tan lejos. Saben que hacernos agachar la cabeza no es tan fácil. Saben que no paramos de animar ni un solo minuto. Saben que arrancar un punto de la bombonera de Nervión es una ardua tarea. Saben que cada vez se les teme menos y eso a los del Real de Madrid les pone muy nerviosos.
Con el vídeo han dejado al descubierto la patita del miedo y eso a mi, me pone. Me pone los Sevilla-Real Madrid… ¡A por ellos!

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