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Mamen Gil - Columnas Blancas

Me aburro… y eso me preocupa

El fútbol me aburre (donde se escribe fútbol, léase Sevilla). Comenzó a resultarme tedioso hace un par de temporadas, pero lo de este año me resulta ya insoportable. No me gusta lo que veo y, además, tengo la sensación de estar siendo timada por una publicidad engañosa. Se anuncia partido de fútbol pero, en realidad, se trata de una pachanguita. No hay ritmo, no hay velocidad, no hay intensidad… No hay ambición, no se sale a ganar.

No entiendo de técnicas ni de tácticas, pero después de toda una vida viendo y viviendo el fútbol, sé que para ganar hay que marcar, al menos, un gol más que el contrario. Para marcar hay que chutar entre los tres palos de la portería contraria y este equipo no le chuta ni al lucero del alba. Con este sistema de juego (¿sistema?) creo que no marcaría ni el Luis Fabiano de sus mejores tiempos.

Tú tienes que marcar y procurar que no te marquen y, para eso, mientras más lejos estemos de nuestro área mejor. Pues no, este Sevilla se empeña una y otra vez en jugar para atrás, arriesgando de forma innecesaria. Tocamos y tocamos la pelotita (la posesión, la gran mentira del fútbol moderno) pero no sabemos qué hacer con ella. Los rivales, sí. Los rivales nos tienen perfectamente estudiado y hasta el más malo hace con nosotros encaje de bolillos.

No voy a hablar del entrenador porque, si tengo que ser honesta, he de decir que mi relación con ellos es un poco complicada. No me gusta casi ninguno. Creo que un buen entrenador es aquél que hace el mejor cesto con los mimbres que tiene en cada momento, pero en ese colectivo parece que se ha instalado la cabezonería, cuando no la soberbia, y no quieren ver más allá de “su” sistema. Y nada que decir si ya se trata de apuestas personales.

Sí, sé que algunos dirán que el entrenador es el eslabón más débil de la cadena, que si se falla más de la cuenta es el primero en salir a la calle. Cierto, pero se van de rositas y con los bolsillos llenos, mientras que aquí se queda el equipo totalmente perdido, sin rumbo, y nosotros desolados.

Todas estas consideraciones pueden ser subjetivas y si me aburro es mi problema. Vale, lo compro, pero además de aburrirme empiezo a preocuparme, y mucho, por la falta de identidad. El equipo ya no tiene ni garra ni coraje. Se ha olvidado eso del “dicen que nunca se rinde” y a las primeras de cambio ya ha bajado los brazos.

Nada de esto es una tontería. La garra, el coraje y el nunca se rinden son parte de nuestra marca, de la marca Sevilla FC. Y en esta sociedad donde eso de la marca es tan importante, deberíamos cuidar de esas cosas más que nunca.

Componentes importantes también e inherentes de nuestra marca son el estadio Ramón Sánchez-Pizjuán y la afición. Podríamos jugar mejor o peor, pero los equipos que venían a nuestro campo sabían que era muy, muy difícil sacar algún punto aquí. El Ramón Sánchez-Pizjuán era un fortín y ya, ni eso. He perdido la cuenta de los puntos que hemos dejado escapar esta temporada de nuestro feudo.

Es todo tan decadente que la indolencia parece estar llegando a la grada. El aburrimiento nos está imbuyendo tanto, que hasta a los Biris les cuesta trabajo arrancar a animar. Ya no somos una caldera y ni siquiera nos sincronizamos a la hora de cantar el himno (el himno a capela, otro pilar fundamental de nuestra marca)…

No sé lo que pasará de aquí a final de temporada. Si se alcanzarán o no los objetivos. Si seguiremos aburriéndonos o no, pero lo que sí sé es que urge recuperar la ilusión y no permitir que se pierdan nuestras señas de identidad… Que la garra, el coraje y el nunca se rinden no se pierda nunca. Lo que pase en el palco y en el campo no está en nuestras manos, pero lo que pase en la grada sí. Quién sabe, quizás desde arriba podamos cambiar la actitud de los de abajo.

Eugenio Montes Cabeza

Lo pudo decir más alto, pero no más claro, “árbitro de cámara del Real Madrid”. El entonces presidente sevillista, Eugenio Montes Cabeza, expresaba así su indignación por el arbitraje del colegiado canario Merino González durante un Sevilla-Real Madrid. Esa escueta frase hizo tambalear los cimientos del fútbol español, no solo por lo que significaba, sino por quien lo decía: una persona que se caracterizaba por su señorío y que no decía una palabra más alta que otra, pero que sabía dar un golpe en la mesa cuando era necesario defender los intereses sevillistas.

Las relaciones entre ambos clubes se rompieron y durante el partido de vuelta el presidente sevillista no ocupó su puesto en el palco del Bernabéu y prefirió ver el partido desde la grada. Si ser valiente es difícil, ser coherente no le va a la zaga y Eugenio Montes lo era. Contrario a la transformación de los equipos de fútbol en Sociedades Anónimas Deportivas, rechazó en dos ocasiones ser uno de los mayores accionistas de la entidad. Pensaba que con las sociedades anónimas la democracia futbolística daba un paso atrás, que los socios tendrían cada vez menos que decir y que el poder solo recaería en aquellos que tuvieran dinero.

Uno de los presidentes más longevos de la historia del Sevilla, Eugenio Montes Cabeza cogió a un club casi desestructurado que vagaba por la tabla media de la Segunda División. Logró el ascenso y, con él en la presidencia, el Sevilla consiguió jugar dos temporadas seguidas en Europa. Fichó a Biri-Biri, el primer jugador negro de la historia del Sevilla, a Scotta, Pintinho, o a todo un campeón del mundo como Ricardo Daniel Bertoni, que un día le vio preocupado y le prometió que marcaría un gol en un momento determinado del partido, promesa que cumplió el “Terrible”.

Super Paco, Rafa Jaén, Pablo Blanco, Julián Rubio, Juan Carlos, Paco Buyo… Son solo algunos de los muchos jugadores con los que tuvo que negociar. Trajo al Sevilla a Miguel Muñoz y, a pesar de ser su amigo, cuando creyó que era la única solución le cesó y apostó por Manolo Cardo. Durante su mandato profesionalizó algunas de las áreas del club, completó el cerramiento del Ramón Sánchez-Pizjuán, acometiendo las últimas horas del estadio y amplió y reformó la Ciudad Deportiva. Además, logró traer a Sevilla un partido tan importante como una de las semifinales del Mundial de Fútbol de España.

Discípulo de Ramón Sánchez-Pizjuán y continuador de su legado, recuperó la primigenia denominación anglófila del Sevilla F.C. Trianero de la calle Castilla y sevillano por encima de todas las cosas, no era el típico sevillano gracioso, pero era socarrón y hacía gala de una fina ironía. Hombre de fútbol, su labor fue más allá del Sevilla. Fue directivo de la Federación Española de Fútbol, donde realizó una importante labor. Su trabajo y su buen hacer negociador fue fundamental para resolver tres importantes conflictos.

Medió en la huelga de árbitros; negoció con la Asociación de Futbolistas Españoles la derogación del derecho de retención sobre los futbolistas; y fue el representante de la federación en la Comisión de Televisión, consiguiendo que por primera vez se fijara una norma para el cobro por las retransmisiones de los partidos de fútbol.

Eugenio Montes Cabeza, todo un Señor al que, en mi modesta opinión, ni el Sevilla, en particular, ni el fútbol, en general, han sabido reconocer como se merece.

David Ramos

El Sevilla… La vida

Hay que ser muy inconsciente o temeraria (en este caso creo que las dos cosas) para intentar explicar por qué el Sevilla es la vida, pero como lo prometido es deuda, aquí estoy, lanzándome de cabeza a la piscina. Alguien con mucho más galones que yo como @leonsfdo lo ha dejado muy claro: ‘el sevillista lo vive las 24 horas del día’, ergo el Sevilla es la vida… Una vida íntimamente ligada a la filosofía del club.

El sevillista afronta la vida con optimismo, mirando siempre la parte positiva de las cosas. Podemos caer una y mil veces pero siempre nos levantamos, pues llevamos grabado a hierro eso del ‘nunca se rinde’. Podemos equivocarnos, pasar malas rachas, pero intentamos no buscar excusas ni acusar a los demás de nuestros errores.

Defendemos lo nuestro por encima de todo. Somos autocríticos y exigentes con nosotros mismos, pero no permitimos que nos pisoteen los de fuera. Sabemos que no somos más que nadie, pero nadie es más que nosotros. Respetamos y admitimos en nuestras vidas a todo el mundo, independientemente de su nivel social, creencia religiosa o ideología política. Abrazamos la bandera del señorío y somos hospitalarios aunque no lo sean tanto con nosotros.

Sabemos que la vida no es jauja y que no estamos aquí para perder el tiempo. Por eso vivimos a tope tanto las alegrías como las penas. Disfrutamos los éxitos y lloramos las pérdidas de los nuestros como si no hubiera un mañana, pero el mañana existe y cuando llega ya estamos preparados y hemos cogido la fuerza suficiente como para volver a subir en esa montaña rusa de sentimientos que es la vida.

El Sevilla es nuestra religión. Al fin y al cabo la religión es cuestión de fe y para fe la que tenemos en los nuestros, en los de colorao. Y nos dejamos el alma en el empeño porque,  al fin y al cabo la vida es pasión… Y si la vida es pasión el Sevilla también lo es.

La pasión, ese sentimiento vehemente capaz de dominar la voluntad y perturbar la razón. Dicen que la palabra pasión deriva del latín passio, y este del verbo pati, patior, padecer… Y malo del que ni sienta ni padezca. Pero eso de la pasión no lo digo solo yo, es algo que refrenda la ciencia. Según un estudio realizado por el Instituto de Ciencias Nucleares Aplicadas a la Salud de la Universidad de Coimbra, la pasión por el fútbol es similar al amor romántico. El estudio ha comprobado que los circuitos cerebrales que se activan en los hinchas del fútbol son los mismos que en los románticos enamorados. Cuando se celebra un gol o se festeja una victoria, se activan regiones del cerebro donde se libera dopamina a modo de recompensa.

Así pues, los hinchas viven en un estado de enamoramiento permanente. Un enamoramiento por el fútbol que es eterno, nunca muere. El vínculo amoroso puede romperse cuando se acaba la etapa del enamoramiento. En cambio, en la pasión por el fútbol nunca pasa eso… Así, que ya sabe… sevillista seré hasta la muerte… Porque como dicen en ‘El secreto de sus ojos’, se puede cambiar de todo. De cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios… pero hay una cosa que no puede cambiar… no puede cambiar de pasión…

¿Por qué te gusta el fútbol?

He perdido la cuenta de las veces que me han hecho esa pregunta a lo largo de mi vida y la verdad es que casi nunca he contestado. Siempre he considerado que quien eso se cuestiona jamás entenderá tu respuesta, así que tras una ligera elevación de hombros, me he dado media vuelta y a […]

Me pone

Me pone… El video que ha colgado el Real Madrid, me pone. Donde unos ven provocación, yo solo veo debilidad. Que sí, que sí, que el video está hecho con toda la intención del mundo, eso no lo dudo, pero lo que deja entrever se llama miedo… El Madrid nos teme, nos teme ahora y […]

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