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Julián Ruiz - Columnas Blancas

Los grandes olvidados

A la velocidad que avanza la vida, unido a la inexistente memoria que tiene el mundo del fútbol, quizás sea un buen momento para traer a colación un tema que en el sevillismo ha generado en las últimas décadas múltiples debates de barras de bar, grupos de amigos o más actualmente en las redes sociales, ya fuese en todas las pretemporadas o en cada una de las temporadas por separado, que no es otro que el de la parcela de la preparación física y las lesiones musculares.

Los que peinamos canas y hemos crecido con un Sevilla FC que no era campeón, sabíamos que pasada la Semana Santa el equipo se caía físicamente cuando la Feria de Abril oteaba en el horizonte. Lesiones de tobillos como las de Quique Estebaranz o Lautaro Acosta acababan con la paciencia del más optimista. Y a todo esto había que sumarle el goteo semanal del resto de la plantilla, que hacía que el nivel competitivo de la plantilla disminuyese significativamente.

Se ha hablado muy bien de la llegada de Julen Lopetegui y se le ha encumbrado a los altares porque el equipo gana mucho, aunque sea por la mínima, pero ha tocado plata y se ha consolidado momentáneamente con la cuarta plaza en las dos últimas temporadas. Ni que decir tiene, todo lo que se ha escrito y dicho sobre Monchi, verdadero artífice del Sevilla de los títulos con dos consejos de administración diferentes. El hombre de las plusvalías, el que apabulla con aciertos los pocos errores que comete.

Pero eh aquí que me quiero detener en los que para mí son los grandes olvidados de este Sevilla de Lopetegui y que fue precisamente el técnico vasco el que los trajo a Nervión tras compartir cuerpo técnico con ellos tanto en la Selección Española como en el Real Madrid. Se trata de los preparadores físicos, Pepe Conde y Óscar Caro, que como máximos responsables de la parcela física, han conseguido que en el sevillismo se haya aparcado en los dos últimos años el temido y tan manido tema de las lesiones. Y es que lo han logrado de tal forma que parece que jamás haya habido debate, con lo que aquí nos gusta una discusión.

En la temporada pasada, anótenlo bien, el Sevilla FC fue el club de Primera División (permítanme que sea tradicional en el lenguaje), que menor número de lesiones musculares tuvo. Apenas insignificante el número si bien todos podemos recordar el parón prolongado que sufrieron Acuña y Ocampos, hombre claves para el técnico vasco. Durante la larguísima temporada cargada de partidos que tuvo el equipo andaluz, con una pretemporada exprés y en versión mini, que llegó tras parar poco más de una semana tras levantar la sexta UEFA Europa League en Colonia, los jugadores del equipo de Nervión no destacaron por las lesiones, sino todo lo contrario, fueron los que menos coparon la enfermería en toda la categoría. ¿Casualidad? Yo diría que no, pero se lo podría comprar.

Si volvemos la vista atrás dos temporadas, la primera de Julen en el banquillo, aquella en la que no jugaba Bono ni se le esperaba por la alargada sombra de Vaclik, aquella en la que Ocampos era goleador, sí, la del confinamiento brusco y severo, algo que a nivel personal jamás habría imaginado ni viendo una película, el equipo sevillista fue el que más fuerte volvió al reanudarse la competición tras ese largo parón. Hasta Munir andaba fuerte y fino y era indiscutible en el tramo final liguero. Ese trabajo individual organizado y concienzudo que realizaron los jugadores en sus domicilios bajo la batuta de Pepe Conde y Óscar Caro, hizo que pese a estar ausentes en las gradas, los sevillistas disfrutásemos por televisión de unos jugadores que volvieron como aviones y que pasaban por encima de sus rivales. ¿Casualidad? Ya dicen que dos veces y consecutivas no es ni casualidad ni suerte, sino trabajo y del bueno.

Por eso hablo de trabajo y del bueno, aquel que consiste en prevenir las lesiones, que es una parcela en la que destacan estos dos auténticos cracks, sobre todo si atendemos al currículum de ellos. Es tan importante recuperar bien una lesión que sufre un futbolista para que no haya recaídas o acortar los plazos de espera, como prevenirlas para que no se produzcan, parcela ésta que les hace ser líderes destacados en su trabajo.

Por eso creo que no debe olvidarse el reconocimiento a estos dos pupilos de Lopetegui, que consiguen que el grupo dé el perfil que quiere el técnico de Asteasu: equipo muy intenso, de alta presión e intensidad, que te gana por agotamiento y más aún con cinco sustituciones. La labor que llevan desempeñada estos dos pedazos de profesionales no debe pasar desapercibida, porque cuando nuestros jugadores se lesionan muy poco, los más veteranos sabemos que, tiempo atrás, ésa era la envidia ansiada por cualquier sevillista. Ahora tenemos dos diamantes bien pulidos en la parcela física y hay que saber disfrutarlos.

Por si no lo sabíais, Pepe Conde es gaditano y ya estuvo en la entidad de Eduardo Dato en una amplia etapa anterior. Trabajó como rehabilitador los dos primeros años de Unai Emery en Nervión (2013-2015), desarrollando ya la labor de preparador físico con el de Hondarribia en la 2015-2016. Con la llegada de Sampaoli y todo su cuerpo técnico quedó fuera de la entidad. Posteriormente, en la 2017-2018 pasó una temporada en Osasuna para fichar posteriormente por la Federación Española de Fútbol, haciendo pareja con Óscar Caro a las órdenes de Julen Lopetegui. Desde entonces, el técnico vasco tiene claro que son hombres de su confianza y ha hecho que les acompañen tanto en Madrid como en Sevilla.

Por el contrario el joven Óscar Caro es granadino y tiene el título de entrenador de fútbol UEFA Pro. Eso hace que lo veamos siempre detrás de Julen Lopetegui y Pablo Sanz, cuando lo enfocan las cámaras. Pese a su juventud tiene una amplia y dilatada trayectoria profesional que comenzó en Málaga, ciudad en la que obtuvo el título de entrenador. Tras abandonar la Costa del Sol, desarrolló sus funciones durante un par de años en Doha (Qatar), antes de enrolarse en las filas del Alcorcón y de ahí fue captado por Lopetegui para la Selección Española, el Real Madrid y el Sevilla. El bueno de Óscar Caro obtuvo un brillantísimo expediente académico en la Universidad de Granada, siendo premiado con el mejor expediente de su promoción.

Creo que es justo y obligado este reconocimiento a dos personas muy importantes en la parcela física y deportiva de nuestro amado y querido club. Y conviene hacerlo ahora que se dice que el equipo no carbura o que hay jugadores que parecen fuera de forma, ya sea por la edad, por la rarísima pretemporada que se ha desarrollado con más de una decena de jugadores del filial, por el brote de Covid sufrido al inicio de la campaña, o por cualquier otro motivo. Independientemente de con el prisma que se quiera ver, creo que Pepe Conde y Óscar Caro no deben ser olvidados por el aficionado, puesto que a ellos le debemos la omisión del debate de las lesiones en el Sevilla. Que nunca caigan en el olvido y que dentro de un par de meses se pueda subrayar cada línea de este artículo, que sería una magnífica señal para los más incrédulos.

Más que tirria

Cuenta nuestra querida RAE que la palabra “tirria” responde a un sustantivo femenino, de uso coloquial, que define a un trastorno, obsesión, odio o también a un sentimiento de antipatía hacia algo o alguien, especialmente a una persona (o a un club, esto último lo añado yo). En forma desusada, responde a un enojo, cólera, irritación, ira, furia, enfurecimiento, disgusto, cabreo, exasperación, enfado o rabia, porfía, machaconería, pesadez, constancia, obstinación, testarudez o tenacidad de manera repetida.

Es decir, queda perfectamente definido el sentimiento que tiene Leo Messi y el FC. Barcelona hacia el Sevilla FC, con un desencadenante claro, como narraría un episodio cualquiera de la serie americana “Criminal minds”, que no es otro que la apabullante y hasta humillante victoria en Mónaco, en la Supercopa de Europa de 2006, donde el Sevilla FC de Juande Ramos venció por 3-0 al Barcelona de Messi y sus amigos (Víctor Valdes, Rafa Márquez, Puyol, Deco, Ronaldinho, Xavi, Iniesta, Etoó y hasta Frank Rijkaard). ¡Casi nada! ¡Ahí queda eso!. Aquello hizo mucho daño, muchísimo más del que nos podamos imaginar jamás y, claro está, al menos para mí, de aquellos polvos vienen estos lodos.

Justo desde ese momento, parece clara la obsesión tomada por el pequeñito argentino y por el equipo azulgrana hacia el Sevilla FC. Una rabia que le dura y persigue quince años después y que, poco a poco, nos ha ido transmitiendo a los aficionados de Nervión y que nos hace sentir igual hacia el club culé. No llega a superar el sentimiento que uno profesa contra el club capitalino que dirige los hilos del fútbol en España pero, poco a poco, se va acercando a ello.

Y es que desde 2006 son ya muchas las ocasiones en las que el club catalán nos ha impedido tocar plata a los sevillistas que, aunque pueda formar parte de la lógica futbolera atendiendo a los presupuestos, nos empieza ya a cansar a algunos de nosotros. En estas líneas, para los más jóvenes o para los más desmemoriados, trataremos de recordar estos últimos enfrentamientos que terminaron todos con el mismo signo de derrota.

Agosto de 2010. Supercopa de España a doble partido. Tras haberse alzado con la Copa del Rey, precisamente en el Nou Camp, un Sevilla entrenado por Antonio Álvarez, con Cigarini al frente, se impone por 3-1 al Barcelona en el Sánchez Pizjuán y tiñe de optimismo lo que puede ser un partido de vuelta con la mayoría de los internacionales del FC. Barcelona, viniendo en chanclas tras haber disputado el Mundial de Sudáfrica que terminó levantando la Selección Española. En el partido de vuelta, Con Konko y Dabo en los laterales y Luis Fabiano en el banquillo de inicio, caemos solamente por 4-0 con un hat-trick de Messi y con el dudoso mérito de no disparar una sola vez a puerta.

Agosto de 2015, Supercopa de Europa en Tiflis o Tbilisi (Georgia). Un Barcelona de Luis Enrique apabullante, con doblete de Messi, arrolla o eso parecía al Sevilla de Unai Emery, con un 4-1 al inicio de la segunda mitad. Sin embargo, los Banega, Vitolo, Gameiro y compañía, consiguen empatar a cuatro tantos, forzando una prórroga (la primera de muchas contra el equipo catalán, por desgracia). En ese tiempo añadido, los honores recaen en Pedrito en el que era su partido de despedida, consiguiendo el 5-4 definitivo.

Mayo de 2016. Final de la Copa del Rey en Madrid. Tres días después de haber levantado su quinta Europa League en Basilea ante todo un Liverpool, y sin apenas haber descansado, los jugadores y toda la hinchada se trasladan de tierras suizas a la capital de España para tratar de hacerse de nuevo con este apetitoso trofeo. Bajo el mando de Banega, a los de Emery se les pone el partido de cara con la expulsión de Mascherano en la primera mitad, pero entre postes y el que para mí fue un cambio erróneo de Mariano en lugar de Coke (que venía de hacer un doblete), provocan la liberación hasta el momento de un maniatado Neymar que ya, de nuevo en la prórroga (otra más), y diez contra diez e incluso contra nueve, terminan decantando el partido por 2-0. Esta vez Messi se quedó sin marcar, raro, raro.

Abril de 2018. Final de la Copa del Rey en Madrid. Contra todo pronóstico, un inesperado Sevilla de Montella se mete en la final más horripilante que recuerde de las veinte disputadas que han visto mis entrañas. Sin plan de fútbol alguno, el Sevilla sucumbe en el Wanda Metropolitano sin paliativos por un escandaloso y humillante 5-0 con un gol del argentino.

Agosto de 2018. Supercopa de España en Tánger (Marruecos). Título extraño, en tierras foráneas y a partido único, donde un recién llegado Machín con sus tres centrales (Mercado, Kjaer y Sergi Gómez), ahí queda eso, consigue adelantarse por medio de Pablo Sarabia. Posteriormente con Vaclik, en la portería, remontarían Piqué y Dembelé desde fuera del área. Por si no hubiesen sido pocas ya las coincidencias, un recién ingresado en el campo como Ben Yedder, cinco minutos después de ingresar al terreno de juego, siendo el especialista del equipo y casi infalible desde los once metros, tuvo la posibilidad de forzar la prórroga pero erró en el lanzamiento de la pena máxima ante Ter Stegen. La película suena como si fuese un “deja vu” que ya hemos visto en otras ocasiones.

Marzo de 2021. Semifinal de la Copa del Rey. Creo que no hace falta decir mucho sobre la forma de jugar propuesta por Lopetegui, o del penalti fallado en el minuto 72 que nos daba el pase a la final o del triste carrusel de errores groseros encadenados en el descuento, que van desde el minuto 92 en el que En-Nesyri deja de correr hacia el córner y trata de hacer un cambio de orientación, hasta el gol de Piqué que fuerza el tiempo añadido. ¿Otra prórroga? Sí, otra más, de la que, por cierto, prefiero no comentar nada más.

Muchos palos deportivamente hablando los que les ha dado el FC. Barcelona al Sevilla FC. Le tiene comida la moral como solemos decir por estas bellas tierras andaluzas. Se podrían añadir tropecientos partidos de Liga y múltiples incomparecencias en el Nou Camp. Incluso, hasta comentar aquel partido de vuelta de cuartos de final de Copa, allá por enero de 2019, con un sonrojante 6-1 en la vuelta, encajados por el entonces nuevo inventor del fútbol, Pablo Machín.

Sea como fuere, lo que está claro es que en la última década nos hemos topado en múltiples ocasiones con el mismo rival, que es superior a nosotros y que encima parece hipermotivado cuando nos enfrentamos a ellos. ¿Tendrá toda esta historia su origen en Mónaco allá por el 2006? Quizás nunca lo sabremos, aunque a mí nadie me quita que esta obsesión naciese allí. Lo que sí está claro es que el FC. Barcelona ha privado ya en muchas ocasiones al Sevilla FC de levantar un título.

No hablamos de un club cualquiera, sino de un gigante europeo y mundial, con el que quizás no tendríamos ni que compararnos pero al que ya empieza a cansar enfrentarse a él. Quizás sean signos de crecimiento el querer más, el tratar de derrotarlo como ya lográsemos una vez a nivel continental. Lo que no debe caerse es en la frustración y en no valorar estos logros ante este tipo de rivales que son muy difíciles de vencer, que tienen mejores jugadores y, donde evidentemente, la línea entre el fracaso y el éxito es cada vez más fina y al mismo tiempo, una barrera más difícil de superar. A lo mejor lo que ha sucedido en estos últimos quince años quizás sea lo normal, que de seis veces que le hemos peleado un título a los blaugranas, solamente hemos salido vencedor en una de ellas (y gracias), aunque fuese la primera de todas y en la que menos esperanzas había de poder derrotarlos.

No queda otra. Toca apartar momentáneamente esa tirria y levantarse. Partido en Alemania aparte, hay que volver a asegurar la cuarta plaza. El final del camino debe de ser bonito y valorado. Que no decaiga el ánimo por más hundido que nos encontremos todos en estos momentos.

¡Viva el Sevilla FC!

El Rey Midas terrenal

Cuenta la mitología griega, que allá por el siglo VIII a.C., Dioniso le confirió a Midas el don de convertir en oro todo lo que tocase, en gratitud a la hospitalidad que había tenido hacia su amigo el sátiro Sileno.

Y casi tres mil años más tarde, vuelve a aparecer la figura del rey Midas terrenal, con más fuerza, con más hambre y con más poder que nunca. Y digo terrenal, porque nuestro rey es humano y, de vez en cuando, comete algún error (Rony Lopes o  de momento Idrissi), a diferencia de lo que se cuenta en la mitología griega.

Tras llevar más de quince años comandando la dirección deportiva del Sevilla Fútbol Club S.A.D., fue necesario que se marchara dos años de la entidad para que se le valorase aún más el que parecía trabajo ya olvidado y realizado en década y media. Cuando regresó de su periplo italiano, encontró un plantel en el que sólo había dos activos que cotizaban al alza (Sarabia y Ben Yedder). Y digo dos y no tres. No hace falta tirar de memoria para recordar la “dilapidación” pública que los aficionados le habíamos realizado a Éver Banega por su autoexpulsión en Girona con aquella patada en el pecho en los minutos finales.

Pues cuando aún no se cumplen dos años del regreso del León, a la plantilla sevillista no le faltaban novios por doquier, se mire por donde se mire. Creo que sería justo citar esos aciertos porque no deben caer en el olvido esas contrataciones:

  • Julen Lopetegui. Cuando nadie lo quería, cuando estaba olvidado ese entrenador cesado por el Real Madrid a los tres meses de comenzar, tras haber firmado tres años de contrato. Un entrenador que había sido despedido fulminantemente de la Selección española de fútbol en las previas del Mundial de Rusia, por su filtreo con el Real Madrid. Escaso bagaje entrenando en clubes con nada de éxito en el Rayo Vallecano y con buen acierto al inicio de su etapa en el Oporto. Sí triunfó en las categorías inferiores de la Selección. Pues contra todo pronóstico, Lopetegui fue el entrenador elegido para comandar el proyecto, en contra de la voz de todo el sevillismo, que nos llevábamos las manos a la cabeza con los tres años de contrato que le firmaron. Ya tocó plata el primer año y, pese a sus peculiares cabezonerías con las que a veces nos ilustra, es un trabajador y ganador nato con un hambre insaciable. Un entrenador que gana, gana y vuelve a ganar. Lo que se dice perder y demostrado está, pierde muy poco.
  • La renovación de Julen Lopetegui. No me estoy repitiendo. Simplemente creo que es un nuevo acierto haber renovado al entrenador justo antes de que le restara un año de contrato. Y Monchi se ha vuelto a adelantar a todos, ofreciéndole trabajo y proyecto hasta 2024, tres temporadas más amén de la presente. Y varias semanas después de la renovación, los aficionados hemos comprobado que vuelve a ser todo un acierto. Julen Lopetegui sabe dónde está, que hay buenos jugadores que tendrán que volar siguiendo el modelo de gestión de la sociedad anónima y deportiva, pero que si el vasco ha renovado tantas temporadas es, a buen seguro, porque se le han prometido retos más que interesantes.
  • Yassine Bono. Repescado en Segunda División del Girona, con una cesión inicial con opción a compra. Los “enemigos” de Monchi siguen pensando qué habría sucedido si Vaclik no choca con Kike García en aquella noche en la que Ocampos frenó a Dmitrovic. Lo cierto y verdad es que de casualidades está desbordado el mundo del fútbol (José Mari Bakero en Kaiserslautern, Iniesta en Stamford Bridge, Palop en Donetsk, Casillas vs Robben, M´Bia en Valencia y un larguísimo etcétera, todo amplio que ustedes quieran). Sea como fuere, el Sevilla FC tiene actualmente un portero que gana puntos, muchos puntos y hasta la sexta UEFA Europa League. Y todo esto por menos de cinco millones euros. De ponerlo en venta pese a su treintena de edad, está claro que su cotización sería muy alta. Busquen, comparen y si encuentran algo mejor, cómprenlo.
  • Jules Koundé. Criticado y cuestionado el pagar más de veinte millones por un defensa de veinte años al que se le fijó una cláusula de 80-90 millones de euros que, hoy día, a todos se nos antoja corta si lo comparamos con los dispendios que se pagan por Europa por centrales de medio pelo. Inaudito. Pues se ha convertido en la joya de la corona, pero de la de un príncipe de tan sólo 22 añitos que tiene enamorado al sevillismo y con el que gozamos tanto de su fútbol defensivo y de anticipación como de sus cada vez más habituales proyecciones en ataque. Para los aficionados del club más grande y laureado del Sur de España, hace meses que ya no es ninguna sorpresa. De Despeñaperros hacia arriba, fue descubierto en el partido de ida de las semifinales copera de hace unos días. Todo hace pensar que la Europa futbolera lo descubrirá si repite actuaciones y resultado ante el Dortmund. Y lo mismo lo hace hasta el seleccionador francés. Recuerdo algo parecido con Lenglet en Old Trafford al secar a Roman Lukaku en Octavos de Champions. Pero ya sabemos desde el yonkigitanismo habitual que profesamos, que nos da igual lo que piensen y opinen los demás desde el resto de España (normalmente centralizado informativamente en la capital).
  • Diego Carlos. Fichado del Nantes por quince millones de euros tras una mala temporada. Un jugador que ha alcanzado la internacionalidad con la canarinha en el Sevilla y que cotiza a la alza. El primero de los fichajes en llegar de la nueva era Monchi, en silencio y en vísperas del Mundial. A mí el nombre compuesto, ante mi desconocimiento del fútbol internacional, ya me hacía estragos. Menos vistoso que el príncipe galo, pero el auténtico jefe de la zaga, con una fortaleza increíble y un buen desplazamiento en largo. Todo un baluarte, nada duro pese a su corpulencia y que, hasta en tono humorístico, le cogió el gusto a hacer penaltis en pleno mes de agosto. Todo un crack.
  • Fernando Reges. Este jugador, debido a su edad, no tiene una futura venta, pero nuestro querido rey Midas terrenal volvió a dar una lección de dirección deportiva de club al recuperarlo de Turquía por cuatro millones de euros con 32 años. Que si estaba mayor, que si venía de vuelta, que si la liga turca es una liga menor, bla, bla, bla. A ver donde encuentran un pivote de cierre con el despliegue físico y táctico de Fernando, honrado como el que más, que nunca falla y que encima tiene bastante ordenado tanto al equipo como a la presión alta que ejerce.
  • Joan Jordán. Trece millones a un equipo como el Eibar que lucha por evitar el descenso año tras año a las órdenes de Mendilibar, pero del que a veces te traes jugadores, ahora llamados “box to box”, en todo su esplendor futbolístico que están llamando a las puertas de la selección nacional y que a día de hoy cotiza por más del triple del valor de su adquisición allá en 2019.
  • Lucas Ocampos. Fichado del Marsella por quince millones de euros. Ya es internacional argentino. Fue pichichi la temporada pasada causando sensación en aficionados propios y ajenos. Este curso no alcanza la cifra goleadora de hace unos meses, pero lo quiero siempre en mi equipo. Pese a sus cabezonerías del uno contra todos, es vertical, no rehúye una pelea, desborda, tiene velocidad y golpeo y, aunque no se destaque, lleva nueve de nueve en los lanzamientos de la pena máxima en las dos temporadas que ha jugado en Nervión. Todo un valor seguro y que muchos quisieran tener en su equipo, pero evidentemente a un precio ya muchísimo más elevado.
  • Gaditano y rescatado del Milán en el mercado invernal por una cifra cercana a los veinte millones de euros. Compañero allá por la temporada 2013-2014 de Aleix Vidal en el Almería. Ha sido internacional por España y parecía algo olvidado. Pues es toda una realidad desde que llegó pero más mejorado aún desde que realizó una pretemporada y se puso a buen tono físico. Juega a pierna cambiada, conexiona a los compañeros de ataque, da la pausa, permite la prolongación del lateral diestro, tiene un excelente golpeo tanto a puerta como cuando pone de gol a sus compañeros, y se le respira ese deseos de conseguir cosas con este club. Como todos los anteriores, su valor de mercado supera el de su adquisición de hace apenas doce meses.
  • Youssef En-Nesyri. Al igual que Suso, fue firmado en el mercado de invierno por una cifra de veinte millones de euros y que ha protagonizado multitud de debates en el seno del sevillismo. Con menos cualidades técnicas que los delanteros que hemos conocido en la era Monchi (Kanouté, Luis Fabiano, Negredo, Bacca, Gameiro o Ben Yedder), pero con dos características principales que se deben explotar. Su juventud, 23 añitos y su gran arma de atacar los espacios, ya sean centros o desmarques en velocidad. En la temporada en curso ya atesora diecisiete goles entre Liga y Champions cuando apenas se ha rebasado el ecuador del ejercicio. Muy marcado por aquella decisiva acción ante Neuer en la Supercopa de Europa, pero de la que se ha repuesto satisfactoriamente, además de ganarle con creces la titularidad a De Jong. Le han salido novias en la Premier que doblaban su adquisición de hace sólo un añito y, por el momento, tanto el jugador como el club han preferido cerrar filas ante cualquier hipotética salida.
  • Papu Gómez. La última adquisición de un muy buen y experto futbolista por parte de Monchi. No lleva aún ni veinte días en nuestra ciudad, pero se le divisa bastante fútbol en sus botas pese a no estar aún acoplado al equipo ni al ritmo de partidos, debido al incidente que tuvo en el Atalanta con su anterior entrenador Gasperini y lo tuvo mes y medio sin jugar. Pese a todo, aunque no hayamos visto aún al jugador del que nos hablan los expertos, viene a cumplimentar los diferentes perfiles con los que “El León” confecciona su plantel. Jugador que debe batir líneas desde la zona central, ésa en la que se posiciona en cuanto parte de la izquierda. Tiene un buen disparo y, que pese al vacío de las gradas, nos va a hacer disfrutar y mucho con sus bailes sobre el césped, con y sin balón. Su edad es avanzada, claro está, pero ese precio que ronda los siete millones de euros parece hasta barato para lo que se le vislumbra al jugador lo poco que lo hemos visto.

Pues al comienzo del este extenso artículo hablábamos que Monchi se encontró a un plantel con sólo dos valores en alza como Sarabia y Ben Yedder y a un Éver Banega desquiciado. Ahora, citados arriba, salen a bote pronto nada más y nada menos que diez cotizaciones muy en alza, entrenador incluido. Para los críticos y exigentes con este artículo, podemos discutir si Óscar en negativo y Rakitic en positivo podrían haber sido incluidos o no en el mismo, pero creo que ha quedado puesto de manifiesto el excelente trabajo del de San Fernando en su regreso a nuestra centenaria entidad.

Sea como fuere, sólo queda por desearle una larga vida en nuestro querido y amado club a nuestro rey Midas terrenal, para que nos siga colmando de felicidad a los sevillistas. Tiene pinta de no tener fin, pero el glorioso, eterno e inimaginable gozo y disfrute de estos últimos dieciséis años, que se dice bien pronto, con las más de veinte finales disputadas y los diez títulos levantados a nivel nacional y continental así lo atesoran. Harían falta vidas y vidas de muchas generaciones para acercarse de lejos a lo que ha logrado Ramón Rodríguez Verdejo. Eso sí, habrá que advertir a Monchi que no termine plagiando al rey Midas en su ruego a Dioniso, cuando le pidió que lo liberase de su don, viendo que no podía comer los alimentos, ya que a su contacto quedaban transformados en oro. Con el don se nace y Monchi además lo pone al servicio del Sevilla Fútbol Club S.A.D., ¿qué más se puede pedir?

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