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Julián Ruiz - Columnas Blancas

Preocupación vs ilusión

En mi amplia y dilatada trayectoria como aficionado sevillista y al fútbol en general, he crecido con la ilusión que genera el período estival en cuanto a noticias, rumorología, partidos amistosos, trofeos veraniegos de enjundia, pero sobre todo, en esperar y conocer los nuevos fichajes que realizaba el club de mis amores y, por qué no, echarlos a pelear con los de los equipos rivales para tantear el potencial de estos a priori.

Pero he aquí que este verano se están produciendo hechos y sucesos que no los había visto con anterioridad ni en épocas en las que “no había ni para balones”, aunque la etapa en la que nos encontramos viviendo vaya camino de ello pese a que el presupuesto de la entidad supere los doscientos millones de euros.

Me encuentro muy preocupado con la situación deportiva del club. No logro entender cómo el Sevilla Fútbol Club y Julen Lopetegui han logrado darse la mano, tras un compás veraniego de espera de dos meses en los que parecía que lo más fácil era extinguir la exitosa relación mantenida durante tres temporadas. Da la impresión que el club no quería o no podía despedirlo por motivos económicos, a la vez que el preparador vasco no iba a renunciar a sus dos años de contrato porque no encontraba ninguna oferta mejor en lo deportivo, pese a conocer de antemano que le iban a vender a dos de sus mejores piezas a las primeras de cambio como así ha sido.

Mi preocupación crece más aún cuando, a día uno de agosto, el Sevilla solamente había realizado un fichaje (Marcao) que, por cierto, parece que no está y no se sabe cuándo se le espera. Ha tenido que transcurrir toda una quincena de agosto para incorporar cedido al teórico lateral izquierdo suplente del equipo (Telles) y confirmar el más que sabido fichaje de Isco. Esta anómala situación de presentarse en agosto con un solo fichaje no lo había visto jamás en mi vida, y creo que en las dos décadas que lleva Monchi al frente de la Dirección Deportiva también es un hecho inédito para él. Más aún cuando se conocía que se iba a desprender de sus dos centrales titulares como él mismo ha reconocido y los sustitutos o no están aquí o no están preparados para competir.

Por eso no paro de preguntarme qué es lo que está pasando de puertas para dentro en el club. ¿Tiene Monchi libertad de movimientos? ¿Hay menos dinero del que realmente se presume? ¿Sólo hay dinero para que los saldos sean positivos y repartir dividendos? La opacidad es total y absoluta: desde el ya famoso informe Legends hasta un simple parte médico de un futbolista. Y todo aquello que se escucha de puertas para fuera, barrunta un movimiento sísmico en el tema accionarial. Haríamos bien en ir abrochándonos los cinturones a corto o medio plazo porque vienen curvas y bastante pronunciadas.

La preocupación continúa en aumento cuando el aficionado se dispone a ver los partidos del equipo de sus amores y observa que no ha existido un parón veraniego de tres meses. Los mismos vicios de la temporada anterior a excepción del espejismo de la primera parte ante el Tottenham: transiciones defensa-ataque muy lentas, circulación de balón más que previsible, esfuerzos continuos y necesarios de los extremos en defender como laterales, plantilla más que avanzada en años, ausencia de presión alta para dificultar la salida de balón del equipo rival, ausencia de recursos para salir de la presión cuando el rival decide venir a buscarte y un amplio y larguísimo etcétera. Cuanto menos da para preguntarse que los jugadores no confían ya en el mensaje de su entrenador o gustaría conocer qué es lo que se ha hecho durante las cinco semanas de preparación en la pretemporada porque, a tenor de lo visto, parece que no ha existido.

Me preocupa, cómo no, que seamos otro año más, ¿otro año más?, sí otro más, el hazmerreir en la RFEF, máxime si añadimos al Comité Técnico de Árbitros, multiplicando su valor desde la llegada de Luis Medina Cantalejo al cargo de presidente de los árbitros.

Nunca comulgué con la sumisión ante tal abuso pero, sin embargo, esa parece la línea marcada desde el club en una estrategia que no entendemos ninguno de los aficionados. Algunos pensarán que de qué sirve dar un puñetazo en la mesa en un fútbol podrido lleno de escándalos que salpican a todos los estamentos federativos, pero creo está más que demostrado que la sumisión o la tímida protesta sí que no sirve absolutamente de nada. Lo que no puede caer en el olvido de ningún sevillista, juego del equipo aparte, es la cantidad enorme de puntos que le birlan y burlan al Sevilla en las últimas temporadas.

Por añadir una preocupación más, no puede quedarse atrás el Consejo de Administración del Sevilla Fútbol Club S.A.D., con su presidente al frente. Un grupo de rectores que aparentan estar más pendientes de sus asuntos personales o profesionales que de los que rigen la entidad sevillista. Un grupo de personas que parecen haberse quedado mayores, caducas u obsoletas y que la cualificación que se les requiere queda en muy dudosa credibilidad. Pero, eso sí, el dinero que le cuesta a la entidad privada (S.A.D.), por muy sentimentalistas que seamos los aficionados a este bello y amado deporte, cuanto menos duplica la cruel subida de abonos. con la que han indignado aún más a una afición que ya acabó cuanto menos cansada en el curso anterior.

Y ante tanta preocupación y tanto ambiente negativo que además se respira a diario en las redes sociales, sólo cabe guardar un huequito para la ilusión. Esa ilusión que aprendí a tener desde niño en las pretemporadas. Esa ilusión que cada vez tiene menos espacio para aterrizar en estas últimas dos semanas de agosto. Esa ilusión que es a lo único que me puedo agarrar en estas fechas, además de pensar que voy a ver una serie de caras nuevas (en plural), donde además se acierte de pleno con las incorporaciones.

Quedan diecisiete días de mercado cuando se escribe este artículo. A expensas de que Gudelj termine saliendo, se necesitan uno o dos centrales. El centro del campo no da a bastos para luchar con equipos que meten una marcha más, se llamen Arsenal u Osasuna. Se necesita juventud, fuerza, piernas, frescura y músculo. Arriba estamos planos, sea por conceptos de juego, por calidad de los futbolistas o por la ausencia de verticalidad y desborde. Deberían llegar dos hombres en esas posiciones en las que solo apunta a dejar hueco Munir.

Hay muchos deberes por hacer. En un simple párrafo se contabilizan cinco entradas y uno ya empieza a deducir que no caben en los días que restan para la finalización del mercado de fichajes. Quizás con esas entradas y la aportación de Isco, si lo recupera Lopetegui para la causa, podamos ver un mejor Sevilla con las ayudas de Telles y Marcao. Quizás, y solo quizás, con la salida de los esperados Gudelj y Munir, si se le suman otras de jugadores ofensivos, ya sean Oliver y algunos más (Ocampos y En Nesiry, cosa que no veo probable), el Sevilla practique otro juego diferente. Es algo que veo complicado desde la concepción futbolística de Lopetegui, pero entre el fútbol atrevido de la primera temporada y el jugar a que no pase nada de nada en la última temporada, pueda encontrarse un modelo híbrido o de nueva creación, para que, aunque no lleguemos a conseguir el Trofeo Zamora, al menos el aficionado sevillista pueda sentirse orgulloso de ver jugar a su equipo y competir con los mejores dentro de sus posibilidades que, de por sí, están o parecen estar mermadas y venidas a mucho menos.

Queda tiempo aún, pero lo que puedo manifestar a día de hoy, es que la preocupación gana por goleada a la ilusión. Ojalá en este partido, que se ha puesto bastante cuesta arriba y que hay que remontar como sea, por lo civil o por lo criminal, entre Monchi y Lopetegui logren realizar esos cinco cambios que concede el árbitro y logren mejorar a la plantilla y cambiarle la cara de muerto que tiene. Depende única y exclusivamente de ellos, del que ficha y del que entrena. Está en sus manos. No quiero pensar en las consecuencias que tendría el no lograr esa remontada tan necesaria. Los aficionados solamente podemos animar y exigir, pero desde el club no deben hacer oídos sordos de la preocupación que ocupa y de qué manera al aficionado. La próxima parada… el viernes ante el Valladolid. Allí estaremos.

¡Viva el Sevilla!

Los grandes olvidados

A la velocidad que avanza la vida, unido a la inexistente memoria que tiene el mundo del fútbol, quizás sea un buen momento para traer a colación un tema que en el sevillismo ha generado en las últimas décadas múltiples debates de barras de bar, grupos de amigos o más actualmente en las redes sociales, ya fuese en todas las pretemporadas o en cada una de las temporadas por separado, que no es otro que el de la parcela de la preparación física y las lesiones musculares.

Los que peinamos canas y hemos crecido con un Sevilla FC que no era campeón, sabíamos que pasada la Semana Santa el equipo se caía físicamente cuando la Feria de Abril oteaba en el horizonte. Lesiones de tobillos como las de Quique Estebaranz o Lautaro Acosta acababan con la paciencia del más optimista. Y a todo esto había que sumarle el goteo semanal del resto de la plantilla, que hacía que el nivel competitivo de la plantilla disminuyese significativamente.

Se ha hablado muy bien de la llegada de Julen Lopetegui y se le ha encumbrado a los altares porque el equipo gana mucho, aunque sea por la mínima, pero ha tocado plata y se ha consolidado momentáneamente con la cuarta plaza en las dos últimas temporadas. Ni que decir tiene, todo lo que se ha escrito y dicho sobre Monchi, verdadero artífice del Sevilla de los títulos con dos consejos de administración diferentes. El hombre de las plusvalías, el que apabulla con aciertos los pocos errores que comete.

Pero eh aquí que me quiero detener en los que para mí son los grandes olvidados de este Sevilla de Lopetegui y que fue precisamente el técnico vasco el que los trajo a Nervión tras compartir cuerpo técnico con ellos tanto en la Selección Española como en el Real Madrid. Se trata de los preparadores físicos, Pepe Conde y Óscar Caro, que como máximos responsables de la parcela física, han conseguido que en el sevillismo se haya aparcado en los dos últimos años el temido y tan manido tema de las lesiones. Y es que lo han logrado de tal forma que parece que jamás haya habido debate, con lo que aquí nos gusta una discusión.

En la temporada pasada, anótenlo bien, el Sevilla FC fue el club de Primera División (permítanme que sea tradicional en el lenguaje), que menor número de lesiones musculares tuvo. Apenas insignificante el número si bien todos podemos recordar el parón prolongado que sufrieron Acuña y Ocampos, hombre claves para el técnico vasco. Durante la larguísima temporada cargada de partidos que tuvo el equipo andaluz, con una pretemporada exprés y en versión mini, que llegó tras parar poco más de una semana tras levantar la sexta UEFA Europa League en Colonia, los jugadores del equipo de Nervión no destacaron por las lesiones, sino todo lo contrario, fueron los que menos coparon la enfermería en toda la categoría. ¿Casualidad? Yo diría que no, pero se lo podría comprar.

Si volvemos la vista atrás dos temporadas, la primera de Julen en el banquillo, aquella en la que no jugaba Bono ni se le esperaba por la alargada sombra de Vaclik, aquella en la que Ocampos era goleador, sí, la del confinamiento brusco y severo, algo que a nivel personal jamás habría imaginado ni viendo una película, el equipo sevillista fue el que más fuerte volvió al reanudarse la competición tras ese largo parón. Hasta Munir andaba fuerte y fino y era indiscutible en el tramo final liguero. Ese trabajo individual organizado y concienzudo que realizaron los jugadores en sus domicilios bajo la batuta de Pepe Conde y Óscar Caro, hizo que pese a estar ausentes en las gradas, los sevillistas disfrutásemos por televisión de unos jugadores que volvieron como aviones y que pasaban por encima de sus rivales. ¿Casualidad? Ya dicen que dos veces y consecutivas no es ni casualidad ni suerte, sino trabajo y del bueno.

Por eso hablo de trabajo y del bueno, aquel que consiste en prevenir las lesiones, que es una parcela en la que destacan estos dos auténticos cracks, sobre todo si atendemos al currículum de ellos. Es tan importante recuperar bien una lesión que sufre un futbolista para que no haya recaídas o acortar los plazos de espera, como prevenirlas para que no se produzcan, parcela ésta que les hace ser líderes destacados en su trabajo.

Por eso creo que no debe olvidarse el reconocimiento a estos dos pupilos de Lopetegui, que consiguen que el grupo dé el perfil que quiere el técnico de Asteasu: equipo muy intenso, de alta presión e intensidad, que te gana por agotamiento y más aún con cinco sustituciones. La labor que llevan desempeñada estos dos pedazos de profesionales no debe pasar desapercibida, porque cuando nuestros jugadores se lesionan muy poco, los más veteranos sabemos que, tiempo atrás, ésa era la envidia ansiada por cualquier sevillista. Ahora tenemos dos diamantes bien pulidos en la parcela física y hay que saber disfrutarlos.

Por si no lo sabíais, Pepe Conde es gaditano y ya estuvo en la entidad de Eduardo Dato en una amplia etapa anterior. Trabajó como rehabilitador los dos primeros años de Unai Emery en Nervión (2013-2015), desarrollando ya la labor de preparador físico con el de Hondarribia en la 2015-2016. Con la llegada de Sampaoli y todo su cuerpo técnico quedó fuera de la entidad. Posteriormente, en la 2017-2018 pasó una temporada en Osasuna para fichar posteriormente por la Federación Española de Fútbol, haciendo pareja con Óscar Caro a las órdenes de Julen Lopetegui. Desde entonces, el técnico vasco tiene claro que son hombres de su confianza y ha hecho que les acompañen tanto en Madrid como en Sevilla.

Por el contrario el joven Óscar Caro es granadino y tiene el título de entrenador de fútbol UEFA Pro. Eso hace que lo veamos siempre detrás de Julen Lopetegui y Pablo Sanz, cuando lo enfocan las cámaras. Pese a su juventud tiene una amplia y dilatada trayectoria profesional que comenzó en Málaga, ciudad en la que obtuvo el título de entrenador. Tras abandonar la Costa del Sol, desarrolló sus funciones durante un par de años en Doha (Qatar), antes de enrolarse en las filas del Alcorcón y de ahí fue captado por Lopetegui para la Selección Española, el Real Madrid y el Sevilla. El bueno de Óscar Caro obtuvo un brillantísimo expediente académico en la Universidad de Granada, siendo premiado con el mejor expediente de su promoción.

Creo que es justo y obligado este reconocimiento a dos personas muy importantes en la parcela física y deportiva de nuestro amado y querido club. Y conviene hacerlo ahora que se dice que el equipo no carbura o que hay jugadores que parecen fuera de forma, ya sea por la edad, por la rarísima pretemporada que se ha desarrollado con más de una decena de jugadores del filial, por el brote de Covid sufrido al inicio de la campaña, o por cualquier otro motivo. Independientemente de con el prisma que se quiera ver, creo que Pepe Conde y Óscar Caro no deben ser olvidados por el aficionado, puesto que a ellos le debemos la omisión del debate de las lesiones en el Sevilla. Que nunca caigan en el olvido y que dentro de un par de meses se pueda subrayar cada línea de este artículo, que sería una magnífica señal para los más incrédulos.

Más que tirria

Cuenta nuestra querida RAE que la palabra “tirria” responde a un sustantivo femenino, de uso coloquial, que define a un trastorno, obsesión, odio o también a un sentimiento de antipatía hacia algo o alguien, especialmente a una persona (o a un club, esto último lo añado yo). En forma desusada, responde a un enojo, cólera, irritación, ira, furia, enfurecimiento, disgusto, cabreo, exasperación, enfado o rabia, porfía, machaconería, pesadez, constancia, obstinación, testarudez o tenacidad de manera repetida.

Es decir, queda perfectamente definido el sentimiento que tiene Leo Messi y el FC. Barcelona hacia el Sevilla FC, con un desencadenante claro, como narraría un episodio cualquiera de la serie americana “Criminal minds”, que no es otro que la apabullante y hasta humillante victoria en Mónaco, en la Supercopa de Europa de 2006, donde el Sevilla FC de Juande Ramos venció por 3-0 al Barcelona de Messi y sus amigos (Víctor Valdes, Rafa Márquez, Puyol, Deco, Ronaldinho, Xavi, Iniesta, Etoó y hasta Frank Rijkaard). ¡Casi nada! ¡Ahí queda eso!. Aquello hizo mucho daño, muchísimo más del que nos podamos imaginar jamás y, claro está, al menos para mí, de aquellos polvos vienen estos lodos.

Justo desde ese momento, parece clara la obsesión tomada por el pequeñito argentino y por el equipo azulgrana hacia el Sevilla FC. Una rabia que le dura y persigue quince años después y que, poco a poco, nos ha ido transmitiendo a los aficionados de Nervión y que nos hace sentir igual hacia el club culé. No llega a superar el sentimiento que uno profesa contra el club capitalino que dirige los hilos del fútbol en España pero, poco a poco, se va acercando a ello.

Y es que desde 2006 son ya muchas las ocasiones en las que el club catalán nos ha impedido tocar plata a los sevillistas que, aunque pueda formar parte de la lógica futbolera atendiendo a los presupuestos, nos empieza ya a cansar a algunos de nosotros. En estas líneas, para los más jóvenes o para los más desmemoriados, trataremos de recordar estos últimos enfrentamientos que terminaron todos con el mismo signo de derrota.

Agosto de 2010. Supercopa de España a doble partido. Tras haberse alzado con la Copa del Rey, precisamente en el Nou Camp, un Sevilla entrenado por Antonio Álvarez, con Cigarini al frente, se impone por 3-1 al Barcelona en el Sánchez Pizjuán y tiñe de optimismo lo que puede ser un partido de vuelta con la mayoría de los internacionales del FC. Barcelona, viniendo en chanclas tras haber disputado el Mundial de Sudáfrica que terminó levantando la Selección Española. En el partido de vuelta, Con Konko y Dabo en los laterales y Luis Fabiano en el banquillo de inicio, caemos solamente por 4-0 con un hat-trick de Messi y con el dudoso mérito de no disparar una sola vez a puerta.

Agosto de 2015, Supercopa de Europa en Tiflis o Tbilisi (Georgia). Un Barcelona de Luis Enrique apabullante, con doblete de Messi, arrolla o eso parecía al Sevilla de Unai Emery, con un 4-1 al inicio de la segunda mitad. Sin embargo, los Banega, Vitolo, Gameiro y compañía, consiguen empatar a cuatro tantos, forzando una prórroga (la primera de muchas contra el equipo catalán, por desgracia). En ese tiempo añadido, los honores recaen en Pedrito en el que era su partido de despedida, consiguiendo el 5-4 definitivo.

Mayo de 2016. Final de la Copa del Rey en Madrid. Tres días después de haber levantado su quinta Europa League en Basilea ante todo un Liverpool, y sin apenas haber descansado, los jugadores y toda la hinchada se trasladan de tierras suizas a la capital de España para tratar de hacerse de nuevo con este apetitoso trofeo. Bajo el mando de Banega, a los de Emery se les pone el partido de cara con la expulsión de Mascherano en la primera mitad, pero entre postes y el que para mí fue un cambio erróneo de Mariano en lugar de Coke (que venía de hacer un doblete), provocan la liberación hasta el momento de un maniatado Neymar que ya, de nuevo en la prórroga (otra más), y diez contra diez e incluso contra nueve, terminan decantando el partido por 2-0. Esta vez Messi se quedó sin marcar, raro, raro.

Abril de 2018. Final de la Copa del Rey en Madrid. Contra todo pronóstico, un inesperado Sevilla de Montella se mete en la final más horripilante que recuerde de las veinte disputadas que han visto mis entrañas. Sin plan de fútbol alguno, el Sevilla sucumbe en el Wanda Metropolitano sin paliativos por un escandaloso y humillante 5-0 con un gol del argentino.

Agosto de 2018. Supercopa de España en Tánger (Marruecos). Título extraño, en tierras foráneas y a partido único, donde un recién llegado Machín con sus tres centrales (Mercado, Kjaer y Sergi Gómez), ahí queda eso, consigue adelantarse por medio de Pablo Sarabia. Posteriormente con Vaclik, en la portería, remontarían Piqué y Dembelé desde fuera del área. Por si no hubiesen sido pocas ya las coincidencias, un recién ingresado en el campo como Ben Yedder, cinco minutos después de ingresar al terreno de juego, siendo el especialista del equipo y casi infalible desde los once metros, tuvo la posibilidad de forzar la prórroga pero erró en el lanzamiento de la pena máxima ante Ter Stegen. La película suena como si fuese un “deja vu” que ya hemos visto en otras ocasiones.

Marzo de 2021. Semifinal de la Copa del Rey. Creo que no hace falta decir mucho sobre la forma de jugar propuesta por Lopetegui, o del penalti fallado en el minuto 72 que nos daba el pase a la final o del triste carrusel de errores groseros encadenados en el descuento, que van desde el minuto 92 en el que En-Nesyri deja de correr hacia el córner y trata de hacer un cambio de orientación, hasta el gol de Piqué que fuerza el tiempo añadido. ¿Otra prórroga? Sí, otra más, de la que, por cierto, prefiero no comentar nada más.

Muchos palos deportivamente hablando los que les ha dado el FC. Barcelona al Sevilla FC. Le tiene comida la moral como solemos decir por estas bellas tierras andaluzas. Se podrían añadir tropecientos partidos de Liga y múltiples incomparecencias en el Nou Camp. Incluso, hasta comentar aquel partido de vuelta de cuartos de final de Copa, allá por enero de 2019, con un sonrojante 6-1 en la vuelta, encajados por el entonces nuevo inventor del fútbol, Pablo Machín.

Sea como fuere, lo que está claro es que en la última década nos hemos topado en múltiples ocasiones con el mismo rival, que es superior a nosotros y que encima parece hipermotivado cuando nos enfrentamos a ellos. ¿Tendrá toda esta historia su origen en Mónaco allá por el 2006? Quizás nunca lo sabremos, aunque a mí nadie me quita que esta obsesión naciese allí. Lo que sí está claro es que el FC. Barcelona ha privado ya en muchas ocasiones al Sevilla FC de levantar un título.

No hablamos de un club cualquiera, sino de un gigante europeo y mundial, con el que quizás no tendríamos ni que compararnos pero al que ya empieza a cansar enfrentarse a él. Quizás sean signos de crecimiento el querer más, el tratar de derrotarlo como ya lográsemos una vez a nivel continental. Lo que no debe caerse es en la frustración y en no valorar estos logros ante este tipo de rivales que son muy difíciles de vencer, que tienen mejores jugadores y, donde evidentemente, la línea entre el fracaso y el éxito es cada vez más fina y al mismo tiempo, una barrera más difícil de superar. A lo mejor lo que ha sucedido en estos últimos quince años quizás sea lo normal, que de seis veces que le hemos peleado un título a los blaugranas, solamente hemos salido vencedor en una de ellas (y gracias), aunque fuese la primera de todas y en la que menos esperanzas había de poder derrotarlos.

No queda otra. Toca apartar momentáneamente esa tirria y levantarse. Partido en Alemania aparte, hay que volver a asegurar la cuarta plaza. El final del camino debe de ser bonito y valorado. Que no decaiga el ánimo por más hundido que nos encontremos todos en estos momentos.

¡Viva el Sevilla FC!

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