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José Manuel Ariza - Columnas Blancas

El caos y el cosmos

Saludos.

«Antes del mar y de la tierra y del cielo que todo lo cubre, en toda la extensión del orbe era uno solo el aspecto que ofrecía la naturaleza. Se le llamó Caos: era una masa confusa y desordenada, no más que un peso inerte y un amontonamiento de semillas mal unidas y discordantes» (Ovidio, Met. I, 5-sg.).

Y en la Odisea, cuando Ulises, por fin, se dispone a partir hacia Ítaca del país de los feacios, se lee: τοὶ δὲ καθῖζον ἐπὶ κληῗσιν ἕκαστοι κόσμῳ “y cada cual se sentó en los bancos en orden” (Od. XIII, 77), esto es, cada uno se sentó en el lugar que le correspondía.

Pitágoras y Heráclito, en el siglo VI antes de nuestra era, ya hablaban caos (χάος) y de cosmos (κόσμος). Definido de una forma tan sencilla que hasta yo lo entiendo, el primero sería el desorden (confusión, desconcierto…) y el segundo, lo contrario (claridad, coherencia…)

El 2020 está siendo un año caótico (de caos) porque un bichito microscópico (los primeros en llegar al planeta parece que tenían ése tamaño aproximadamente) ha desarbolado al mundo entero y ha puesto en evidencia, como nunca, que no hay enemigo pequeño: nos ha desordenado totalmente. Se dice que la fortaleza de tu enemigo hace tu victoria más importante, más valiosa. En viendo el tamaño del gusarapo, uno se pregunta si siendo tan chico… ¿cómo cuesta tanto vencerlo?

Nosotros, contemporáneos con la edad suficiente, hemos vivido una fase de la Historia de la Humanidad realmente excepcional: hemos visto llegar a la Luna; llegar la televisión, Internet, el 5G, llevar un potentísimo ordenador en el bolsillo y poder comunicarnos en tiempo real con alguien en el otro extremo del globo; hemos visto un cambio de siglo y de milenio y tenemos la posibilidad de viajar por todo el mundo en cuestión de horas; se han vencido a otros bichitos que causaban mortandades espeluznantes en otros tiempos aunque nunca pudimos con los peores: el hambre y la pobreza (contra éstos no parece interesar la vacuna).

Pues ante tanto desarrollo técnico y científico, el más pequeñajo es el que causa mayor destrozo.

Nosotros también, sevillistas contemporáneos, hemos visto el infierno y el cielo; hemos catado un poco de la sopa de Pedro Botero (sin llegar a hartarnos porque el mejunje está asqueroso y no se le desea a casi nadie); hemos vivido décadas en gris cuando un puntito de color nos hacía explotar de alegría hasta que por fin, hemos probado caos y cosmos y hemos decidido que es mejor instalarse en la idea universal, en el cielo argentado… que es incomparable revestirse con armadura de plata (de seis o siete capas mínimo) para campear allende la aldea y dejar huellas de calor, sones y colores imborrables por el continente.

Aunque, lamentablemente, hemos tenido que ver a nuestro Equipo en HD y con las gradas vacías en un sprint final sobresaliente, por mor de otro bicho más grande.

Éste año maldito, en el que la Marca España del fútbol ha sufrido un desastre equiparable a la pandemia en lo deportivo, solo una luz nos ilumina y solo un Equipo usó la cosmética (de cosmos) para tapar las arrugas, los desconchones y las grietas de la “mejor Liga del mundo”; para dejar en evidencia que la “aristocracia” de nuestro balón se sustenta en una gran mentira, en un artificio hediondo e interesado para premiar, asimétrica y generosamente, a dos o tres en detrimento del resto aunque suspendan el curso (aquí no vale la cultura del esfuerzo porque tienen el premio asegurado). Y ha tenido que venir un “burgués” para ordenar el camarote, adecentar la casa y para presentar unos deberes impecables, de nota muy alta; para demostrar brillantemente que aquí abajo, los denostados palanganas (solo se odia a quien se teme) han sustentado por sí solos la parafernalia hispana dejando en evidencia a los señoritos ricachones, a los amos del cortijo.

Bien poco que me importa lo que “vendan” por ahí que mi universo está en Nervión.

Nos subimos a las barbas de gente importante (Davides contra Goliatses) y con enjundia futbolera, muchísima pasta y con historiales tremendos en lo del balón para decirles: somos los Reyes del Sur y tus euros no pueden conmigo porque yo soy el Sevilla Football Club, de la Ciudad Cosmopolita de la Giralda que mira orgullosa. Que las finales no se juegan y que me importa un comino cómo te llames: te gano y punto y Copa.

Y el Cosmos, en el año del Caos, se vistió de blanco y rojo.

Cuidaros.

La mala reputación

Saludos.

Ya lo decía Paco Ibáñez, en el Olimpia de París en 1969, cuando cantaba a George Brassens:

No, a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe…

Es uno de los cantos más irónicamente liberadores que uno pueda escuchar y en nuestro mundo del fútbol, es la libertad de no ser del Madrid o del Barcelona, de tener una tierra que vuelve la espalda al imperio porque se cocina sola sus adicciones. Y somos felices con nuestros fallos y aciertos, con nuestros colores, con nuestros piques y nuestra guasa, con ser como somos de… juntos que no revueltos.

Un poco más adelante, el inefable Paco añadía:

En el mundo pues no hay mayor pecado
Que el de no seguir al abanderado…

No, no seguimos a los abanderados y eso no gusta porque somos pecadores y ofender a los caudillos está penado de muchas maneras. Pero lo seguiremos siendo cuanto más tiempo estemos “estorbando” a los habituales de la buena mesa; de habernos colado en el club de Brioni con ropa prêt-à-porter; de no tener pasta para comprar voluntades, medios todos (de acá y de acullá) vares y pitos… nuestros logros nos salen mucho más caros pero también tienen mayores méritos. Llegado el caso, los “imponderables” nos azuzan y sin embargo y a pesar de arbitrajes criminales (los árbitros NO son malos que hacen muy bien SU trabajo) de trampas de los escuchadores selectivos, de medios mercenarios y de repartos de dineros mafiosos, seguimos pecando ahí arriba.

Pero no todos, aquí, tienen la misma mala reputación (aunque parezca que navegan en el mismo buque) porque por oposición al pecador más grande, le bailan el agua al otro. Y así, pensando en que el otro ése pueda suponer un lastre para aquel primero (cuando hace mucho tiempo que surcamos distintos mares), todo es bueno y todo es malo en igual medida pero con un plus de penalización para una parte: la “desagradable”. Y es desagradable porque representa peligro para el estado mayor. Lo otro, la mentira, es abrazado como acto de fe por ésa mitad que en no teniendo otras ilusiones, se conforman con una supuesta “superioridad moral” prestada, adobada e inflada interesadamente desde dentro y desde fuera. La otra, la que resulta de jugar al fútbol, es incontestable y ahí es, también, intocable. Busquemos pues otras vías para intentar socavar con la inestimable ayuda del vecino. Las pruebas, como saben, les otorgan un fracaso absoluto.

“Nadie es profeta en su tierra” reza el dicho popular de origen bíblico. Pues a pesar de haber logrado en relativo poco tiempo (pero cada vez más largo) colocarnos en el escaparate del éxito deportivo mundial y de ser un referente de gestión y de títulos, en nuestra tierra seguimos siendo pecadores por tener nuestra propia fe, por no abrazar otras religiones, otros dioses. Pecamos porque no es nada personal, solo negocios. Y el dinero no tiene colores. O sí.

En buena lógica, tener a “uno de los tuyos” ahí arriba debería ser motivo de alegría y de orgullo cuando se nos llena la garganta de amor por la patria andaluza. El problema surge cuando los “nuestros” no son los mismos que los otros y las voluntades chocan cuando prefieren al foráneo antes que “a los tuyos”. Pero es fútbol y pasión y o eres de los míos o estás contra mí.

Y entonces nos crean la mala reputación. Burdos, torpes, perversos y conocedores del público al que van dirigidos (mientras más groseros, mejor cuelan) siguen sin entender que los ataques solo son aglutinante, pegamento y que, dicho en términos de moda gastronómica, maridan perfectamente con lo que sentimos por nuestro Escudo.

“Nos odian en todas partes…” dicen. Va en el contrato: si ganas, si vences, si humillas (en el marcador) no esperen besos. Si creces, te desarrollas y demuestras que eres mejor con bastantes menos recursos, los recelos son imparables. Para los demás, lo primero suele ser envidia (todos pueden hacer lo mismo, si supieran, que aquí hay pocos secretos). Si no saben, por incompetencia u otros asuntos más turbios, enfocamos nuestras iras y fracasos en el vecino y lo culpamos de todos nuestros males. Infantiles.

Todos me muestran con el dedo
Salvo los mancos, quiero y no puedo.

“Flor en el culo…”. La inspiración, cuando llega, debe pillarte trabajando, decía aquel. El universo está lleno de musas inspiradoras y las opciones para crear una singularidad están al alcance de cualquiera… que sepa algo de poesía (no hay que ser Cernuda para emocionarse con una flor se plante donde se plante). No llueven flores todavía pero con el cambio climático, los ciclos pudieran ser distintos en el futuro.

Pues sí, tenemos mala reputación porque el cupo de simpáticos, chistosos, divertidos y graciosos ya estaba completo y hubimos de buscarnos nuestra propia denominación.

Todos todos me miran mal
Salvo los ciegos es natural.

Es natural, George. Es natural, Paco.

Cuidaros.

Dance me to the end of love

Saludos.

Ése asombroso tema de Leonard Cohen, de entre los muchos trabajos extraordinarios del genio canadiense, en clave sevillista se traduce como: Báilame hasta la muerte. Hasta la muerte.

Seguro que os está rondando la melodía en la cabeza por la belleza total que encierra. A mí sí, desde luego, y me acompaña en mis sueños del pasado, de otros tiempos y otras formas, de otros valores… en ése larguísimo anterior en los que algunos seguimos contoneándonos al delicioso compás de la Historia.

Me hubiera encantado haber podido reunirme con unos cuantos colegas y colleagues y a la sombra de unas cañas, fundar un Club de Foot-Ball y ponerle de nombre Sevilla F.C. como mandan las normas de la Association. De cambiar el cuello duro por los paños menores (de recio algodón) y de remar por el Guadalquivir hasta Tablada para jugar un match en medio del terreno de los caballos, para volver luego hasta la Casa Bote y posar con los recios y sonrientes caballeros de poblados bigotes.

Pedirle a Isaías que escribiera a Huelva y que invitara al Recreation (si no tenían once que llamaran a Riotinto) a una partida en el Hipódromo allá por marzo. Mientras, terminar de organizar los detalles entrando por la calle Monardes y en la primera planta, sentarnos los pollitos a debatir sobre las cualidades de la Patti o el Ronconi; del fin del imperio (Cuba, Puerto Rico y Filipinas en el alambre); de si era mejor la Kopp, la Witman o la Bortallo; de los precios de la naranja amarga y de entradas y salidas steamships. Y ya que estamos, vamos reservando sitio (te toca otra vez, Isaías, que para eso eres el Secretario) para la cena en el Suizo por si aceptan los de Huelva.

Obviamente, con el visto bueno de D. Eduardo, a la sazón Presidente. El primero.

Me hubiera gustado estar allí cuando las partidas terminaban en una cena conjunta, con esmerados y variados platos y bebidas y con brindis por todo lo brindable: donde había contrincantes y no enemigos; donde se felicitaba a los ganadores porque habían sido mejores y cuando se denominaban “sportmen”. Mucho antes de que se convirtieran en “profesionales”, allá por 1928.

Luego, unos años más tarde, vimos aparecer otras escuadras que pretendieron rebelarse contra los mayores y que jamás lograron. De hecho, cada día se les ve más pequeños.

Cuando nacimos todos nosotros, nuestros padres y abuelos, el baile ya llevaba mucho tiempo sonando al ritmo de la denominación de origen “Escuela Sevillista” (la del Eterno Campeón de Andalucía”) del requiebro, la jarcha y la siguiriya, de las palmas de Triana y a veces, de soleá. Bailando sevillanas para el mundo, mostramos las raíces de la tierra, de la mixtura cultural que nos alumbra y que algunos, hoy, quisieran borrar en su profunda estupidez.

Vimos la danza andaluza al compás de 18×21 y me hubiera encantado ser recoge pelotas (si los hubiera habido) para poder contemplar la magia de los Spencer, Kinké, Brand, León, Escobar… de los Campanal, Guillamón, Torrontegui, Fede, Raimundo… de los Arza, Alconero, Antúnez, Busto, Villalonga… de los Diéguez, Agüero, Antoniet, Szalay, Pereda… hubiera sido maravilloso bailar con ellos hasta el fin del amor.

Y luego, la losa de hormigón nos confinó décadas de quejíos y llantos, del lamento, de repetir la triste Historia, de esperar que llegara el aire liberador… hasta el siglo XXI donde explotamos en la fiesta de la plata, del baile más sensual, de la danza excitante de los títulos de allende y aquende, de pasar del pueblo al continente sin escalas, sin fronteras, sin Schengen que nos facilitara el trabajo y dejando abandonados a los hijos. Malos padres, sí, pero le habíamos enseñado el camino y no quisieron seguirlo. No les gustaba el ejemplo y quisieron vivir sus vidas. Suerte porque cuando a tus vecinos veas ganar, pon tus penas a remojar.

En todos estos años, nos hemos convertido en profesores de baile; en maestros de danza; en los Cerrito, Petipa, Cecchetti, Duncan, Paulova, Laban, Graham… del sur absoluto porque el Sur es nuestro. Y no lo compartimos porque somos egoístas, muy egoístas. No valen juicios morales sobre todo si no saboreas las mieles y se te antojan muy lejanas porque con algo te debes entretener. Ahí me den todas las críticas que de mis almacenes me ocupo yo.

Y yo lo he visto y he bailado hasta el paroxismo en ésa orgía argentina, D. Leonard, porque es un baile, un amor, hasta el fin del Amor. Hasta la muerte porque vi a llegar a D. Roberto, a D. José María, a D. Ramón, a D. Joaquín… a todos ésos magos del tango apretado. Vi llegar a D. José Luis, a D. Frédérick, a D. Luis, a D. Enzo, a D. Andrés, a D. Renato, a D. Drago, D. Antonio… los vi a todos, bailé con todos en mi love sin fronteras.

Y no firmo que no pueda verlo desde otra dimensión, desde otro Anillo, porque puestos a creer, yo creo en lo que quiera, sin intermediarios.

¡Qué suerte haber vivido ésta parte del baile!

Cuidaros.

Los honrados

Saludos. “Se multará y sancionará a los que duden de la honradez de los árbitros”. “Los colegiados ya no tendrán edad de jubilación y se sancionará a quien dude de su honestidad.” “La realización por parte de cualquier persona sujeta a disciplina deportiva de declaraciones a través de cualquier medio mediante las que se cuestione […]

Autor

Vivir sin fútbol

Saludos. ¿Cuántas veces hemos repetido ésa preciosa cantinela de “a mí no me gusta el fútbol, a mí lo que me gusta es el Sevilla FC”? A nosotros nos encanta. Es una declaración de principios tales que “Escudo, Bandera y Afición”; “hasta la muerte”; “vuelan, vuelan banderas”; “la Giralda de nuestra ciudad, verá solo un […]

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