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José Manuel Ariza - Columnas Blancas

Dance me to the end of love

Saludos.

Ése asombroso tema de Leonard Cohen, de entre los muchos trabajos extraordinarios del genio canadiense, en clave sevillista se traduce como: Báilame hasta la muerte. Hasta la muerte.

Seguro que os está rondando la melodía en la cabeza por la belleza total que encierra. A mí sí, desde luego, y me acompaña en mis sueños del pasado, de otros tiempos y otras formas, de otros valores… en ése larguísimo anterior en los que algunos seguimos contoneándonos al delicioso compás de la Historia.

Me hubiera encantado haber podido reunirme con unos cuantos colegas y colleagues y a la sombra de unas cañas, fundar un Club de Foot-Ball y ponerle de nombre Sevilla F.C. como mandan las normas de la Association. De cambiar el cuello duro por los paños menores (de recio algodón) y de remar por el Guadalquivir hasta Tablada para jugar un match en medio del terreno de los caballos, para volver luego hasta la Casa Bote y posar con los recios y sonrientes caballeros de poblados bigotes.

Pedirle a Isaías que escribiera a Huelva y que invitara al Recreation (si no tenían once que llamaran a Riotinto) a una partida en el Hipódromo allá por marzo. Mientras, terminar de organizar los detalles entrando por la calle Monardes y en la primera planta, sentarnos los pollitos a debatir sobre las cualidades de la Patti o el Ronconi; del fin del imperio (Cuba, Puerto Rico y Filipinas en el alambre); de si era mejor la Kopp, la Witman o la Bortallo; de los precios de la naranja amarga y de entradas y salidas steamships. Y ya que estamos, vamos reservando sitio (te toca otra vez, Isaías, que para eso eres el Secretario) para la cena en el Suizo por si aceptan los de Huelva.

Obviamente, con el visto bueno de D. Eduardo, a la sazón Presidente. El primero.

Me hubiera gustado estar allí cuando las partidas terminaban en una cena conjunta, con esmerados y variados platos y bebidas y con brindis por todo lo brindable: donde había contrincantes y no enemigos; donde se felicitaba a los ganadores porque habían sido mejores y cuando se denominaban “sportmen”. Mucho antes de que se convirtieran en “profesionales”, allá por 1928.

Luego, unos años más tarde, vimos aparecer otras escuadras que pretendieron rebelarse contra los mayores y que jamás lograron. De hecho, cada día se les ve más pequeños.

Cuando nacimos todos nosotros, nuestros padres y abuelos, el baile ya llevaba mucho tiempo sonando al ritmo de la denominación de origen “Escuela Sevillista” (la del Eterno Campeón de Andalucía”) del requiebro, la jarcha y la siguiriya, de las palmas de Triana y a veces, de soleá. Bailando sevillanas para el mundo, mostramos las raíces de la tierra, de la mixtura cultural que nos alumbra y que algunos, hoy, quisieran borrar en su profunda estupidez.

Vimos la danza andaluza al compás de 18×21 y me hubiera encantado ser recoge pelotas (si los hubiera habido) para poder contemplar la magia de los Spencer, Kinké, Brand, León, Escobar… de los Campanal, Guillamón, Torrontegui, Fede, Raimundo… de los Arza, Alconero, Antúnez, Busto, Villalonga… de los Diéguez, Agüero, Antoniet, Szalay, Pereda… hubiera sido maravilloso bailar con ellos hasta el fin del amor.

Y luego, la losa de hormigón nos confinó décadas de quejíos y llantos, del lamento, de repetir la triste Historia, de esperar que llegara el aire liberador… hasta el siglo XXI donde explotamos en la fiesta de la plata, del baile más sensual, de la danza excitante de los títulos de allende y aquende, de pasar del pueblo al continente sin escalas, sin fronteras, sin Schengen que nos facilitara el trabajo y dejando abandonados a los hijos. Malos padres, sí, pero le habíamos enseñado el camino y no quisieron seguirlo. No les gustaba el ejemplo y quisieron vivir sus vidas. Suerte porque cuando a tus vecinos veas ganar, pon tus penas a remojar.

En todos estos años, nos hemos convertido en profesores de baile; en maestros de danza; en los Cerrito, Petipa, Cecchetti, Duncan, Paulova, Laban, Graham… del sur absoluto porque el Sur es nuestro. Y no lo compartimos porque somos egoístas, muy egoístas. No valen juicios morales sobre todo si no saboreas las mieles y se te antojan muy lejanas porque con algo te debes entretener. Ahí me den todas las críticas que de mis almacenes me ocupo yo.

Y yo lo he visto y he bailado hasta el paroxismo en ésa orgía argentina, D. Leonard, porque es un baile, un amor, hasta el fin del Amor. Hasta la muerte porque vi a llegar a D. Roberto, a D. José María, a D. Ramón, a D. Joaquín… a todos ésos magos del tango apretado. Vi llegar a D. José Luis, a D. Frédérick, a D. Luis, a D. Enzo, a D. Andrés, a D. Renato, a D. Drago, D. Antonio… los vi a todos, bailé con todos en mi love sin fronteras.

Y no firmo que no pueda verlo desde otra dimensión, desde otro Anillo, porque puestos a creer, yo creo en lo que quiera, sin intermediarios.

¡Qué suerte haber vivido ésta parte del baile!

Cuidaros.

Los honrados

Saludos.

“Se multará y sancionará a los que duden de la honradez de los árbitros”.

“Los colegiados ya no tendrán edad de jubilación y se sancionará a quien dude de su honestidad.”

“La realización por parte de cualquier persona sujeta a disciplina deportiva de declaraciones a través de cualquier medio mediante las que se cuestione la honradez e imparcialidad de cualquier miembro del colectivo arbitral o de los órganos de garantías normativas; así como las declaraciones que supongan una desaprobación de la actividad de cualquier miembro de los colectivos mencionados cuando se efectúen con menosprecio o cuando se  emplee un lenguaje ofensivo, insultante, humillante o malsonante, serán sancionados: …»

Todo eso y más, podría ser la “nueva normalidad” del fútbol que nos espera aunque en realidad, si lo piensan un poco, no será tan diferente de lo que había. La pugna entre RFEF, La Liga y el CSD (unos pidiendo “mano dura” y otros poniendo guante de seda al puño de hierro) vendrá para certificar la historia misma de una larguísima tradición de parcialidad (siempre inclinada en un sentido) que ésa misma historia puede relatar paso a paso, con datos y nombres en una completa relación de vejaciones, en la que la mayoría de los equipos del fútbol español hemos padecido desde los inicios mismos de la oficialización y reglamentación de las competiciones futboleras. Y sus estamentos afines y aledaños sin los cuales no hubieran sido posibles.

Dudar de la honradez de un árbitro y expresarlo, en un Estado de Derecho, lo es menos en éste vigoroso submundo con serias lagunas constitucionales (establece sus propias leyes al margen porque estarán “sujetos a la disciplina deportiva”) con la sorprendente aceptación de los implicados y sobre todo, de los organismos públicos, CSD, que se suponen que deben velar por la limpieza de las competiciones.

Y no se jubilarán, con lo que alargamos sine die la tropelía y nos aseguramos la continuidad unos años más.

Pero lo realmente asombroso es que quien pretende auparse sobre el derecho de libertad de expresión de cualquier ciudadano (futbolista o no) sea el primero que tiene instaurado desde hace mucho tiempo, un modelo de organización arbitral que impide, por ejemplo, que un colegiado arbitre a equipos de su ciudad. Dicho de otro modo: eres culpable de parcialidad previa, de falta de honradez, antes de cometer el “delito”.

Sin embargo, un colegiado de otra región en la que exista un equipo que compite directamente con el tuyo, sí puede. De hecho, es habitual y reiterativo. ¿Ahí no hay conflicto de intereses? ¿Se da por entendido que será “honrado” y que no arbitrará en favor de los suyos? ¿No hay un principio de contradicción en ello?

¿Qué papel juega en todo esto la “designación de árbitros”, en ésa oscura sala de maquinaciones? La opacidad, la terrible falta de transparencia y la impotencia del aficionado que ve como su equipo es tratado con reglas distintas (y por tanto perjudiciales) a las que se les aplican a otros pocos.

¿Quién y por qué teme un sorteo puro?

No, los árbitros, lo dice la RFEF en primer lugar, no parecen honrados. Por tanto, opinar y expresar ésa coincidencia de principios y que te sancionen por ello, me parece éticamente vergonzante.

En baloncesto o balonmano no se aplica el criterio territorial. En el fútbol sala solo en los derbis de tu ciudad. Y en el Reino Unido, aunque residas en una metrópolis, puedes arbitrar enfrentamiento locales si eres seguidor de un equipo de otra región, lo que nos llevaría (imposible en España aunque tengamos sospechas fundadas de parcialidad) a que los colegiados deban declarar sus filias… ¿recuerdan lo del 90 y el 10% del ínclito Iturralde? En Francia solo se les veta en su ciudad, no en su región. En Italia y Alemania (llamativo por el supuesto carácter de los teutones), los criterios son similares a los españoles.

Quizás pueda compartir que no arbitren derbis locales de su ciudad por razones entendibles. Pero incluso así, choca con la pretendida imparcialidad de un juez y si lo apartas, estás declarando su posible falta de integridad.

Si, además, los medios periodísticos afines a los equipos más poderosos, cuando no te arbitran como tú deseas (es decir, siempre a favor independientemente de si es justo o no y como hemos presenciado en multitud de ocasiones) y las cosas no salen como esperan, son los primeros en echar a los pies de los caballos a los colegiados. Son los principales y más destacados potenciadores de la animadversión de los aficionados con los arbitrajes. Y cuando los mismos nombres reinciden una y otra vez… algo ocurre en las “designaciones”.

¿Qué hay de los famosos “códigos éticos” de los medios? ¿Quién sanciona a éstos? Vale, no los consumimos y ahí estará el “castigo”, pero si pensamos que nueve de cada diez titulares son, reales o inventados, a favor de tus colores (dos o tres), es complicado pensar que no se venderán, escucharán o verán. Pero como los equipos súper poderosos tienen millones de seguidores, se permiten mantenerse en sus batallas y ya de paso, echar toda la mierda posible a los demás, a los que deben competir con ellos aunque los desequilibrios presupuestarios dejen a ése verbo bastante maltrecho.

La “nueva normalidad” será la “misma normalidad” potenciada, vigilada y sancionada. Más todavía.

Nada nuevo en la Historia.

Cuidaros.

Autor

Vivir sin fútbol

Saludos.

¿Cuántas veces hemos repetido ésa preciosa cantinela de “a mí no me gusta el fútbol, a mí lo que me gusta es el Sevilla FC”? A nosotros nos encanta.

Es una declaración de principios tales que “Escudo, Bandera y Afición”; “hasta la muerte”; “vuelan, vuelan banderas”; “la Giralda de nuestra ciudad, verá solo un Equipo ganar”; “te sigo a todas partes yo te quiero”; “amarás siempre a tus colores”; “recorremos kilómetros”; “sale el sol por la mañana”; “contigo siempre estaremos”; “somos ultras del Sevilla…” y otras tantas, que podrían caber aquí perfectamente, en ésa larguísima lista de cánticos salidos del corazón blanco y rojo, de ésa sinfonía de pasión que nos dejamos cada partido, cada gol, cada copa.

¿Cuántas veces hemos arrugado el entrecejo cuando llega un “parón de selecciones”? Y no solo el ceño que la lengua también se nos ha disparado, para cagarnos en un todo amplio y generoso, porque se nos detiene nuestra regularidad sevillista para que otro equipo, que nos interesa tirando a poco (en general) tenga su espacio robándonos el nuestro… para que pretendan que sintamos que hay un interés superior en una afición que solo tiene un Interés y que después de éste Interés no hay otros intereses.

¿Cuánto de largo se nos hacen los veranos sin fútbol? ¿Inacabables? ¿Insoportables? ¿Es posible que sean los algo más de dos meses (mentalmente de cuatro) que padezcamos cada año, cada temporada? ¿Entendemos entonces lo que los drogatas llaman mono? ¿Y monazo?

Largo (y cálido) verano en el andamos buscando unas vacaciones que nos restituyan de los muchos meses de trabajo; en el que nos pavoneamos por ahí mostrando nuestros escudos (con sus títulos anexos en la imaginación del que mira con envidia porque sus expresiones y gestos los delatan); en el que hacemos un profundo chequeo de lo que debe salir, de lo que debe quedarse y sobre todo, de lo que debe llegar. Por suerte o por desgracia, eso no depende de nosotros y todos nuestros sesudos análisis de las bondades de ése o aquel otro, se quedan casi siempre es bonitos textos. Si no llega el deseado, igual le damos un añito más, un verano próximo a ver si ésta vez acertamos que muchos tiene fecha de obsolescencia programada, recuerden.

Largo (y cálido) verano de pasar otra página (no cumplimos años, cumplimos temporadas) a la que pondremos marco dorado o solo marco; que guardaremos en nuestros corazones ya para siempre pero que dejaremos sitio para la que llega porque tenemos corazones muy grandes.

Largo, larguísimo verano sin fútbol que soportamos con las promesas de nuevas emociones sin fin. Nuevos desafíos, nuevas caras, nuevas apuestas a ver qué, quién, cómo y desde dónde llega ése tipo. Nombres impronunciables (no importa porque enseguida los abducimos y los renombramos al modo propio ¿verdad Rinat Rafaé?), de mirar videos de YouTube (engañosos videos por parciales) para hacernos una idea elemental de ése chaval que antes de firmar pocos conocíamos. O damos con alguien que si lo había visto jugar y nos bebemos sus opiniones como incitantes promesas de festín.

Pero llegó el bicho desde China (creo) para quedarse y nos recogió en casa a la inmensa mayoría. En la casa propia que no la Casa. Pues había, ésta vez sí, un interés superior a nuestra pasión propia: la Vida.

Y de pronto descubrimos que se puede vivir sin Sevilla FC, sin juntarnos tres o cuatro decenas de miles en el Sánchez-Pizjuan, apretaditos (ahora sentimos repelús de que te llegue el bichito por un lado, por otro, por detrás o desde el de delante). Arrebujaditos con los tuyos (con los de años respirando la misma magia, las mismas esencias) que se te hace cuesta arriba…  lo de “hasta la muerte” iba en otra dimensión.

Pero apretamos los dientes, nunca nos rendimos, soñando con el primer día que volvamos a nuestra Casa con emoción contenida, cuando toque tocarnos, cantar gol con abrazo de gol que, probablemente, será un primer abrazo de gol de final. Una de ellas cualquiera. ¡Y ésas previas maravillosas de nervios contenidos, o no, con los tuyos, con los que admiras, con los que compartes ésa razonable sinrazón bien sintonizada! Y ya convenientemente adobados, colmillos al aire y saliva en las comisuras, al Campo, al Estadio, a la Casa Nuestra para engullirnos al de turno, crudo. Bueno, quizás en modo churrasco poco hecho, que sangre un poco.

Podemos vivir sin Sevilla FC… mal, muy mal. Nos sentimos estafados por la vida, por el destino, por los hados que nos hurtan esta ilusionante temporada de un Equipo que con sus claroscuros, estaba ahí arriba, a tiro de piedra de la Europa de los muy ricos. Todo un mundo por descubrir.

Podemos vivir sin Sevilla FC pero poco.

¡Y pobre del que quiera robarnos la ilusión!

Cuidaros.

1890

Saludos. No, no será éste un artículo al uso sobre el año de nuestra fundación aunque sea ésa fecha la que lo motive. Hace más de una década, unos cuantos locos por la Historia del Sevilla FC descubrimos los documentos que certificaban la fundación del Club que, desde entonces, abandera el nombre de nuestra ciudad […]

Encerrados

Saludos. No es el encierro mismo (yo me encuentro muy a gusto en mi casa) es la sensación de no tener libertad para elegir si quedarte encerrado o darte una caminata por la sierra, por la calle o por el parque; es no poder decidir si llegarte a ver a un amigo y tomarte una […]

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