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José Manuel Ariza - Columnas Blancas

Los mares del sur

Saludos.

No, no me refiero a la magnífica novela de Vázquez Montalbán porque, entre otras cosas, no soy, ni pretendo ser, crítico literario. Solo soy lector sin fondo o formación pero ésa novela me gustó, entre tantas otras.

Tampoco a las idílicas isla del Pacífico por allí situadas, en el mal llamado “quinto continente”, colocado al final de la retahíla por el “primero” aunque quizás se podría invertir el orden perfectamente y puede que con más justicia o, al menos, con una muy distinta belleza, abrumadora, apabullante.

No, me refiero al proceloso mundo accionarial del Sur del sur y la fauna que lo puebla con sus ballenas, orcas, morenas, mantas, plancton… y escualos. Sobre todo, escualos:

Orden de peces elasmobranquios de cuerpo prolongado y fusiforme, con las hendiduras branquiales en posición lateral y la cola heterocerca y robusta. “El tiburón, el pez sierra y el cazón pertenecen a los escualos”

Hubo un tiempo en que no teníamos ni para balones (literal) aunque a los nacidos en la época más plateada y reciente, las “batallitas” de los abuelos les cueste trabajo digerirlo porque, los entiendo, solo han visto brillar al esplendoroso Sevilla FC del siglo XXI.

Hay otro tiempo, el ahora, que ya compramos balones a puñados (y coleccionamos Títulos) y el Mar del Sur se ha vuelto generoso, ahíto, atiborrado de nutrientes para todas las especies y sobre todo para los elasmobranquios, para lo tiburones. Ya Spielberg nos acojonó con su hiperrealista máquina de meter miedo a los bañistas, con sus dientes descomunales, desproporcionados y que en original se llamaba “Jaws”, mandíbula: una máquina devoradora que comía humanos con la misma facilidad que destrozaba un barquito de medio tamaño. Solo un tiro certero a una botella de aire comprimido pudo con él. Un tiro, una “humilde” bala, para liquidar a la bestia.

Si lo de Spielberg era una máquina pensada para distraernos hora y media, los escualos del Sur también aunque ésta sea menos tangible, menos aparatosa y puede ser, sería, el The End lamentable con sus títulos de crédito incluidos. De hecho, casi son solo papeles con datos (negro sobre blanco, tinta o incluso bites) pero devoran de la misma manera y facilidad o quizás más, demostrado, porque ejemplos hay siguiendo el reguero de sangre por ésos mares de césped. Pretende arrasar la robusta nave en que se ha convertido el rey de los Mares del Sur, el monarca indiscutible. Tan robusto, orondo y apetecible se ha vuelto que la jauría de tintoreras acechando (iba a escribir “con la boca hecha agua” pero no parece apropiado dado el contexto) para el festín.

De la mano del “amigo” americano y de los quintacolumnistas que los colocaron ahí, los Jaws de los tres 7 (three sevens que los otros, los de la lejía, son muy nuestros y limpian. Éstos ensucian y dejan el solar hecho un estercolero) amenazan con hacer un Afganistán en Nervión. O un Vietnam. O arrasar, llevarse los dividendos (que para ellos suman y no dividen) y si te he visto… lo de siempre porque es el mercado, amigo. Tierra quemada, mar muerto como bien saben en el de los girondinos. Quizás sea necesario que aparezcan los jacobinos con el Pueblo detrás.

Y ya sabemos que el mercado, amigo, no conoce fronteras y no tiene colores ni pasaportes.

Porque si la Nave del Sur no tuviera excelente carne y sabrosos lomos, los marrajos no rondarían el Mar de Nervión. Probablemente estos escualos no consuman sardinillas, boquerones ni otros sabrosos pescaditos menores y solo ataquen piezas grandes. También deben saber que los tiburones no tienen vejiga natatoria y por tanto, no se pueden parar: tienen que estar siempre en movimiento o se ahogan, lo que no deja de ser paradójico.

En el año largo del virus, a nosotros nos habían contagiado antes con otro, con el de las Jaws. Lo hicieron “leales” sevillistas con banderitas, escudos, gritos estentóreos y lacrimosos de pasión desbordante, contagiosos. Cornetas de llamada a las armas para que, como desde hace siglos, los generales permanezcan en retaguardia, lejos de lo fragores de la batalla. Controlando el control y que al frente acudan las tropas de a pie, lo paganos, las fuerzas de choque que dejan sus vidas en el empeño.

No habrá medallas para los caídos.

Hasta la muerte.

Cuidaros.

Gradas vacías

Saludos.

En poco menos de dos semanas comienza la Liga y en el sevillismo andamos inmersos en un mar de incertidumbres. Y alguna certeza.

Seguimos sin saber qué nómina de jugadores defenderá el Escudo (aunque tengamos a Monchi y confianza plena en su trabajo, no podemos sentir un cierto nerviosismo, el nerviosismo de cada año ciertamente, que luego se suele trocar, afortunadamente, en felicidad) y con importantes operaciones económicas en curso que podrían significar cambios importantes.

Pues en más de un año con las gradas vacías nos ha ido bien, muy bien: la sexta EL, record histórico de puntos y nueva participación en el selecto club de Champions. Y si nos ha ido tan escandalosamente bien… ¿por qué facilitarnos la vuelta para llenar el Ramón Sánchez-Pizjuán de sevillistas? Pues porque parece que ya no somos necesarios y cada vez lo seremos menos. Ya no y ha quedado demostrado. Ya, el plus de “casa” y la “presión de la grada”, han perdido valor y pueden ser prescindibles. Demostrado, insisto, porque no han sido necesarios para marcar hitos.

Decía aquel que si funciona, no lo cambies, no lo toques. Pues con las gradas vacías, la máquina (de hacer dinero) funciona perfectamente y cada día, cada año, estamos mucho más cerca de ser, como los otros por todo el mundo, artefactos magníficos (marionetas) en HD: cómodamente instalados en nuestros sofás, cervecita helada (con alcohol y sálvese quien pueda) al alcance de la mano, piernas estiradas y las avellanitas que no falten (puede valer cualquier otra chuchería, por supuesto) ¿Cómo vamos a comparar eso con los tiempos perdidos en desplazamientos, sangrías de previas, estrecheces, escaleras, cacheos, salchichas de plástico, la sin… del Estadio, por favor? Seamos serios.

¿Y la de molestias y gastos (seguridades varias, cruces rojas, limpiezas…) que nos ahorramos teniendo que lidiar con cuarenta mil gentes rulando por la Casa no merecen la pena? ¿Y las recurrentes sanciones por recordarles los ancestros a los lacayos del poder que en eso nos “distinguen” de vez en cuando?

No es necesario que vengáis al fútbol: nosotros te lo llevamos a casa. Como slogan cabría perfectamente para la próxima campaña, la siguiente o la de más allá. Porque, además, el Gran Hermano (share) nos pedirá que cantemos los goles en casa con más ardor, Sr. Smith, aunque molestemos a los vecinos de otros lares, colores y agnósticos peloteros.

Y como al final renovaremos los abonos (somos como somos) sin saber cuántos ni cómo ni cuándo, tendremos un remanente considerable para gastos corrientes un añito en cuenta y que absorberemos con los intereses bancarios. Porque las gradas vacías volverán a ser todo beneficio y la calculadora echando humo. Jugada perfecta y golazo.

Vemos también, apocados y no sin enfado, que en otras actividades públicas, deportes y hasta en los toros, se permiten aforos mucho más numerosos (no me cuelen la de los comparaciones porcentuales que una plaza de toros, por ejemplo, tiene una superficie mucho más pequeña que un Estadio y un 50% allí es, potencialmente, mucho más peligroso que en fútbol); lo vemos en otras comunidades y países con datos pandémicos peores que los nuestros y se siguen produciendo aglomeraciones importantes. Añado que, a pesar de ello, toda medida precautoria me parecerá correcta si es lógica, si tiene sentido. Sin embargo, con el ritmo de vacunación que llevamos, no termino de entender las restricciones tan duras que imponen en fútbol. Además, aquí al lado, en La Cartuja, hemos podido ver más asistentes a la Eurocopa que los que dejarían entrar en el Sánchez-Pizjuán con un 25% y entonces teníamos muchos menos inmunizados.

¿Ha intentado el Sevilla ejercer alguna “presión” ante la Junta por el aforo? No me consta. Y si así fuera, sería de agradecer que publicaran las gestiones que están haciendo, qué les han preguntado y sobre todo, qué les han respondido.

Visto lo visto, la fidelidad queda, desgraciadamente y como vemos, para el número de socio (que ya lo es en sí mismo aunque cada vez más placebo) abonado o pagano. Sobre todo, pagano. De hecho, mejor le pagas a la operadora de TV que ya ellos nos lo devuelven con un margen sustancioso de mejora… porque se trata de eso y eso parece ¿no?

Fuego amigo, dicen en las guerras.

¡Dios, qué buen vassallo, si oviesse buen señor!

Cuidaros.

Pitos y flautas

Saludos.

No, no quiero decir “entre” pitos y flautas: entre unas cosas y otras, teniendo en cuenta el todo. Digo lo que digo. A saber:

Vaya por delante una declaración que firmaría ante notario y con cuarenta mil testigos: jamás he pitado a un jugador aunque lo estuviera haciendo rematadamente mal y he visto, desgraciadamente, a muchos. De los otros y por suerte, también. De hecho, soy espectador casi “mudo” porque lo llevo por dentro (no siempre bien) y eso incluye las barrabasadas de los trencillas (que también he visto muchas, demasiadas quizás). Canto el Himno, canto los goles y aplaudo a los míos. Aplaudo a los míos, repito, porque jamás se me ocurriría hacerlo con nadie de otro equipo que me hubiera machacado varias veces (sin machacar tampoco) por muy importante que fuera. No llego a tanto (tengo mis carencias) lo siento, porque a mí no me gusta el fútbol, me gusta el Sevilla FC y todos los demás son adversarios y en ocasiones, enemigos acérrimos y a los enemigos no se les aplaude, se les derrota. Y si esto no ocurre, me lamo las heridas y espero la siguiente batalla con el sable afilado.

Este escrito versa sobre la “polémica” reciente de los pitos a Morata en los partidos de La Cartuja con la Selección. El chaval, que personalmente no me parece un jugador TOP ni me lo ha parecido nunca aunque haya tenido alguna actuación destacada, hizo lo que pudo y le salió mal: no marcó a pesar de que tuvo varias, demasiadas, ocasiones. Eso es normal y todos los jugadores del mundo, en el ranking más absoluto histórico, tuvieron, tienen y tendrán partidos similares aunque a los verdaderamente TOP les ocurra las menos veces.

El asunto no debería haber tenido mayor repercusión, un par de días malos, pero visto desde la óptica de uno de los muchos y principales flautistas mayores del reino de Hamelin, la cuestión alcanza cotas que no es que rayen, es que sencillamente aterrizan en la indecencia: ¿desde qué posición se sitúa uno para llamar “estúpidos” a unos aficionados, que han pagado su entrada y que muestran su malestar pitando a un jugador, al que no le sale nada bien, en la forma que estimen oportuna por poco que a ti te guste? No pongo el nombre del medio ni del obsceno porque todos sabemos de quién hablo.

¿Desde que pensamiento único te permites insultar a los ciudadanos y pontificar sobre lo que tienen que hacer, lo que tienen que decir, lo que deben pensar…? ¡Ésos visos autoritarios tan propios de los de tu clan!

Mal digieres las ausencias clamorosas de los “tuyos” (no sería la primera vez ni será la última) para defender el orgullo futbolero patrio, particular y general, que es, parece y lo ha parecido siempre, de tu propiedad, de vuestra propiedad centrífuga y centrípeta: la del monocolor impuesto fuera del cual… ¿hay vida? Pues sí, la hay y aunque no seas capaz de comprenderlo, existe algo que se llama libertad de expresión y a mal sitio has venido a soltar tus vómitos porque es uno de los pocos lugares en que no lográis imponer vuestra repugnante doctrina totalitaria centralista.

Son demasiados años mintiendo a saco con, pro y por el único pensamiento; demasiados vendiendo una sola idea a los pies de la cual pretenden que nos inclinemos todos en todos los niveles, unas veces ante su equipo y otras ante el otro su equipo.

Pero el nivel es el que es y cómo parece que está  ampliamente aceptado, se supone que deben tener razón. Es conmigo o contra mí y mi doctrina es la auténtica, única y verdadera. Cuando me visitan los Testigos de Jehová, termino rápido con un… “no creo en el mío que es el bueno, imagina con el tuyo”.

Aún queda un último partido a vida o muerte para tratar de evitar el desastre previsible. No quiero pensar que ocurriera eso (aunque en el fondo y en la superficie me importe un higo) porque entonces sí que veríamos la tormenta perfecta. Y como es complicado que éstos vainas entiendan que no son aficionados del Sevilla FC o del Real Betis (que en eso os sacamos kilómetros de ventaja) en llegado el desastre, previsible enseguida o un poco más tarde, no quiero pensar en los misiles que nos lanzarán para tratar de justificar sus malas praxis y de paso, lavarle un poco la cara a la nefasta gestión, a la nefasta prensa, a la nefasta banda que se supone que deberían representarnos a todos. A todos no que algunos somos más selectivos.

Cuidaros.

Dignitate

Saludos. Del latín “dignĭtas”: f. Gravedad y decoro de las personas en la manera de comportarse. Es la tercera acepción de “dignidad” que propone la Real Academia de la Lengua, la RAE. Es, también, una cualidad humana (que no sabemos bien lo que ocurre con los animales aunque a algunos les otorguemos dudosas condiciones humanas) que puede ser mostrada por personas sin importar su cultura, su […]

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Saludos. Yo adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos Van marcando mi retorno. Son las primeras estrofas, como saben, de un maravilloso Tango de Carlos Gardel y Alfredo Le Pera, tomadas para ésta ocasión en la voz mágica de Estrella Morente. Las elijo, de entre las que llenan ésa maravillosa obra rebosante […]

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