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José Manuel Ariza - Columnas Blancas

1890

Saludos.

No, no será éste un artículo al uso sobre el año de nuestra fundación aunque sea ésa fecha la que lo motive.

Hace más de una década, unos cuantos locos por la Historia del Sevilla FC descubrimos los documentos que certificaban la fundación del Club que, desde entonces, abandera el nombre de nuestra ciudad por todo el mundo. Tuve el privilegio de participar en ello y será una de las cosas más importantes que me llevaré al Tercer Anillo. Gracias, Agustín, allá donde estés.

Pues fruto de aquellas investigaciones, se ha aportado una ingente cantidad de documentos que corroboran lo que en principio sorprendió a propios y extraños. Y siguen apareciendo porque por suerte para todos (“el tiempo y los medios”, D. Antonio) solo se podrán sumar más evidencias en tanto que las investigaciones no han concluido. Nunca será suficiente, aparecerán nuevas fuentes y será, inevitablemente, en apoyo de lo descubierto.

Ésa inmensa labor desarrollada en su mayor parte en silencio, en la intimad de nuestras casas, invirtiendo infinidad de horas frente a las pequeñas pantallas, en leer miles documentos amarillentos de hemerotecas, universidades, archivos nacionales y cualquier otro lugar susceptible de contener algún dato, concluyó que el Sevilla Foot-Ball Club nació el 25 de enero de 1890.

El Sevilla Foot-Ball Club, poco después y anticipándose en el tiempo (como en tantas otras actividades desde el principio mismo) creó el Área de Historia. No menos de diez personas, de muy distinta y competente formación, constituyeron un Equipo Multidisciplinar orgullo para los nuestros y envidia de otros muchos. El descubrimiento, cuando se hizo público, fue aceptado y aplaudido por la inmensa mayoría del mundo futbolero, incluidos organismos oficiales de España y Europa, y que nos colocó entre los pioneros continentales del juego inglés de la pelota con los pies, fuera del Reino Unido.

Sin embargo y como todo en nuestra larga Historia de superación de adversidades, no habría de ser fácil. Ciertamente que, como decía aquel, “nosotros a lo nuestro” y a lo nuestro seguimos fielmente. Aun así, enseguida saltaron a la palestra dos clubes, especialmente algunos aficionados de ambos, en una interesada (¡!) y errónea interpretación de lo que los hechos demostraban, para intentar devaluar y quitar méritos al descubrimiento. Unos por ignorancia y otros por mala fe.

A los primeros solo les redime la didáctica, la misma que se ha venido impartiendo durante muchos años (incluidos buena parte de nuestra propia afición, convencidos de que 1905 era la FECHA). Hoy, solo unos pocos irreductibles sevillistas se mantienen anclados en una idea que ha sido superada con creces y con documentos.

(La “didáctica” decía que para mí y como he manifestado y escrito siempre, es la labor más importante que ha desarrollado el Área de Historia desde sus orígenes.)

Nada que reprocharles a los palanganas (y los que no) en tanto que muy libres de creer y pensar lo que deseen, pero que no podrán mantener mucho tiempo porque las evidencias documentales los desmienten. Deberían contenerse so pena de quedar en alguna forma de ridículo.

A los del desconocimiento, desde otras latitudes, cabe desearles que la Historia no los deje en precario como podría ocurrir en cualquier momento.

A los segundos, a los de la mala fe, a los que llevan muchos años inventando, manipulando, tergiversando y buscando enemigos fuera cuando en realidad los tienen dentro, solo hay que recordarles que los despliegues de grandeza (imaginaria) deben ir acompañados de algún soporte, de algo que sustente ésas afirmaciones, de un basamento en el que colocar las estatuas para mostrar al pueblo. Algo que los defina como más “grandes”, “mejores”, en poseedores absolutos del “sentimiento”… algo. Algún referente real que permita distinguirlos de los otros por sus méritos (somos de un Equipo por exclusión de los demás), en un deporte que persigue la búsqueda constante de distinciones, de títulos, de logros que mostrar. Hace ya mucho más de un siglo que este sport dejó de convertirse en solo un divertimento, de una actividad física para caballeros aburguesados, en puro ejercicio amateur donde lo importante era participar. Ya no, ya se juega para ganar o no tendría sentido ahora.

Unos no saben contar fechas (de momento, que ya las contarán y entonces veremos) y otros, en ausencia de valores propios, se entretienen en buscarle más pies al gato del vecino de los que tiene, a falta de pasado propio por casi irrelevante; en no querer (que lo saben) distinguir las diferencias etimológicas entre fundar y legalizar; en desvirtuar el contexto histórico pretendiendo compararlo con el presente; en tratar de igualar los currículos, con esfuerzos cuasi patéticos, cuando las diferencias son siderales; en buscar valores decorativos para ocultar las carencias y los hitos negativos…

En realidad, toda ésa frustración acumulada si tiene una explicación y se resume en una cuestión de matemática elemental, de guardería, de marcador de fútbol escandaloso:

31 a 4.

Todo lo que se pretenda construir alrededor/contra eso, serán fantasías animadas de ayer y de hoy.

Cuidaros y quedaros en casa, por favor.

Encerrados

Saludos.

No es el encierro mismo (yo me encuentro muy a gusto en mi casa) es la sensación de no tener libertad para elegir si quedarte encerrado o darte una caminata por la sierra, por la calle o por el parque; es no poder decidir si llegarte a ver a un amigo y tomarte una cervecita con él; es ponerle nombre a tu frigo y pedirle que te sirva un vino o una cerveza a casi cualquier hora; es descubrir que en el bloque de enfrente vive gente porque las ves a todas horas; es la soledad de las calles que para los que nos gusta el silencio, nos estamos dando dosis masivas; es descubrir rincones de tu casa por los que llevabas meses sin pisar; es tener todo el tiempo y llenarlo de actividades hasta tomarte un descanso en el balcón de vez en cuando; es no hacer planes para después, que quizás no salga ninguno porque no sabes cuándo será; es aplaudir, con entusiasmo, a algo distinto del Sevilla FC…

Es, también, la paradoja de que en teniendo todos mucho más tiempo disponible, Columnas Blancas parece también enclaustrada.

Es la ausencia de unas rutinas obligatoriamente sustituidas por otras; es imaginación para sobrevivir y no salir tocados porque esto va para muy largo; es descubrir aspectos nuevos de la solidaridad que nunca debió faltarnos, que perdimos por el camino; es tiempo para pensar en lo que esta sociedad está haciendo mal y no volver a caer en los mismos errores; es descubrir emocionados la grandeza de muchos corazones; es descubrir la vileza de otros tantos…

Es la permanente inquietud de tener que comprobar cada día que tus familiares y amigos, en la distancia, no estén afectados; es echar de menos a tantos aunque nos viéramos a diario o de tarde en tarde; es comprobar cada día como crece la ola de contagiados y muertes y te encojes un poco para que pase de largo; es la impotencia de saber si se están dando los pasos adecuados para frenar al virus y qué parte te toca en ésta batalla…

Es la certeza de comprobar que todo el mundo sabe de todo y todos somos perfectos ignorantes; es tener la facultad necesaria para impedir que los árboles te oculten el bosque; es tener capacidad para distinguir verdades, mentiras y todo lo demás; es encontrar melodías entre el ruido; es el maravilloso sentido del humor en las redes y que es el mejor bálsamo para evitar depresiones…

Es tener la seguridad de que tardaras mucho en volver al Ramón Sánchez-Pizjuán y que nada te asegure que recuperarás los partidos no celebrados; los triunfos y lo sueños no cumplidos y los trofeos no ganados.

Es la convicción de que éste partido se juega en casa y que lo vamos a ganar. Sí o sí.

Cuidaros.

Los aires del sur

Saludos.

Los que hemos nacido por ésta parte de la Iberia sabemos, desde tiempos inmemoriales y porque un sinfín de pueblos invasores así lo testifican, que aquí el aire es más puro y trasparente, más límpido y donde las ondas sonoras y visuales se propagan con mucha mejor calidad. Una vez conquistados y expoliados convenientemente, nunca quisieron retornar a sus tierras patrias y muy al contrario (alguno lloró cuando hubo de irse) optaron por mestizar con los nativos de la Vandalucía y conservar sus privilegios compartiendo sangre. Luego, nosotros trasladamos ésa costumbre a América con los resultados conocidos.

Hoy el proceso sigue en curso, de maneras menos violentas aparentemente aunque, las más de las veces, igualmente cruentas porque las espadas se han cambiado por euros y dólares que matan igual pero de forma más disimulada, más lentamente. Con solo un mínimo de atención se pueden ver ésas guerras. También las otras, las de las bombas que son equivalentes pero con más vísceras visibles.

De esa mezcla maravillosa, de ése crisol de culturas que exprimimos y nos reservamos las mejores esencias, resultaron nuestras conocidas características físicas, sociales y psicológicas: nuestra herencia que tomamos de lo mejor de cada pueblo, lo maceramos y nos hicimos nuestro propio caldo único y distinto de todos los demás.

Los que hemos tenido la suerte de poder viajar mucho por buena parte del mundo, somos testigos privilegiados de eso que afirmo sobre las virtudes de nuestro aire que, sin negar los de los otros y sin atisbo de egocentrismo, nos permite tener bastantes elementos de comparación.

Pongamos algún ejemplo práctico, sin tener que irnos a la Cochinchina, con una actividad que se realiza al aire libre, prisioneros de emociones intensas y a la que acuden regularmente decenas de miles de personas en calidad de espectadores, tal que el fútbol:

Un observador procedente de alguna ciudad no sureña, pongamos por caso Madrid (ha sido casualidad que haya recordado ésa ciudad que habrá otras muchas) toma un tren que viaja a grandísima velocidad y en algo más de dos horas arriba a Sevilla, allá por Santa Justa y a tiro de piedra (¡) de la Casa Mas Grande. Apenas pisa suelo hispalense, ya comienza a notar una sensible mejoría de los sentidos. Es lógico porque en viniendo del ombligo, donde sabemos que usan boina pestosa y maloliente (a pesar de los esfuerzos abortados de alguna alcaldesa y que el alcaldeso posterior se empeña en conservar contra toda lógica y contra Greta) sentirse rescatado de tamaña losa debe suponer una liberación sensorial rayana en lo sensual. Más tarde tapeo y bebeo para subliminar la estancia a gastos bien pagados (yo pongo mi parte alícuota, contra mi voluntad, como todos los paganos).

Éste tren rápido, y el que circula bajo tierra, dejan muy cerca de uno de los Estadios (que para llegar al otro hay que usar medios alternativos, fruto de la “birigestión” histórica consabida). Ése segundo tendrá que esperar, como siempre, tiempos mejores que para eso manda quien manda (modo irónico on que luego pasa lo que pasa y ya nos conocemos).

Antes de partir, a los fisgones de turno se les alecciona convenientemente para hacer un uso selectivo de sus facultades; se les señala exactamente lo que deben ver, escuchar y hacia dónde dirigir la mirada y los pabellones al levantar el acta no notarial que aun siendo alegal, se cumple con una rigurosidad que para sí quiera la otra Justicia. Obvio también porque como decía antes y dependiendo del estadio en allende, la contaminación aletarga sus capacidades hasta rozar la ceguera y la sordera permanentes. Aquí, en ambos casos, siempre experimentan una recuperación notable de las percepciones. El aire más puro, supongo.

Prosigamos: un jugador canterano del Sevilla FC y que lleva un par de siglos en otro club es, por méritos propios y amplia y debidamente contrastados a nivel mundial, objeto preferente de “lindezas” sin fin que son de todo menos eso, lindezas. Cuando digo “lindezas” quiero decir insultos gruesos y muy gruesos, explícitos y contundentes porque, sin justificarlos nunca, habrá que admitir que puso mucho de su parte para ser desbendecido en su propia casa. Ya saben aquello de que nadie es poeta en su tierra y éste de poesía (y otros géneros literarios) en los pagos de Cernuda, Aleixandre o Machado, aparece como un borrón musculado, un fallo antropológico de escaso o nulo recorrido y eso lo hace más comprensible porque por aquí tenemos muchas letras.

Pues ésos mirones son capaces de identificar exactamente a 1500 espectadores, denunciarlos y elevada la papela al departamento correspondiente, sancionarlos a todos en masa. 1500 que podrían ser 2000, 5000, 1100 o 33, pero se dispara al bulto que siempre se acierta. Es una burrada ponderada que se solventa con el manido “colaboradores necesarios por cercanía”, saco con capacidad ilimitada y recurrente para cobijar los “aproximadamente” de rigor que es, con diferencia, lo menos riguroso conocido.

También hay calidades en los “delitos”: al tipo ése de antes, una tosecilla un pelín alta se anota (juega con quien juega) porque a los míos, a los del régimen, no les tose nadie; decirle nazi a un nazi se anota porque los gritantes desprenden un tufo izquierdoso intolerable para el jefe nazi; llamar negro a un negro parece menos delito porque los negros, en general y aunque caen mal al jefe (otros de igual pigmentación y mucho menos posibles, ni se les considera) son tolerados en tanto que produzcan ingresos cuantiosos; a los ínclitos trencillas, conspicuos ellos por méritos prestados, nadie ose señalarles sus condiciones de profesionales de bajo nivel, incompetentes y casi siempre tendenciosos (desarrollan una sorprendente capacidad para detectar infracciones en una sola dirección: la del viento del norte) porque se anota y se eleva a la instancia correspondiente…

[Si llevas tu bandera o bufanda, ésa que alguien en su perverso desquicie particular (cómplices locales añadidos) y dirigido en función de quién seas o representes, te la roban porque figuran en la lista de los símbolos terroristas más buscados, a manos de un señor con pistola y uniforme, sucedáneo de madero, capaz de entrever, juzgar y ejecutar un “posible delito” en tu libertad de expresión y manifestación. No es un aguilucho, obviamente]

…si se canturrean a coro los “méritos” de otro Equipo local o foráneo, salta la alarma del “respect” en la tierra de la guasa, en donde nos reímos de nuestra sombra y la de los demás, en la que los mejores chistes se cuentan de la quinta fila para atrás en los entierros y donde buscarles las costuras a todo lo importante de la vida, es un gratificante ejercicio intelectual difícilmente igualable en otras latitudes (de ahí que la escasez imaginativa de gran parte de la meseta sea incapaz de entenderlo) se anota. Todo se anota o no: hay lugares, bajo la boina preferentemente, en que se asesina y no pasa nada, no se anota.

Todo lo que hemos venido haciendo un siglo largo y hemos sobrevivido, ahora se anota porque a los mafiosos nazis les gustan las gradas uniformadas, encuadradas, enmarcadas y aleccionadas, matando directamente una de las esencias mismas de éste maravilloso deporte: la increíble disparidad de opiniones sobre un mismo asunto. De uniformes va la cosa porque la diversidad y la pluralidad asustan a los homogéneos de pensamiento único y no hay nada más peligroso que un homogéneo con poder.

Y son los aires del sur, del sur no conquistado por castellanos y aragoneses tardíos, los que por sus propias características nos convierten en decantadores privilegiados de un espectáculo grandioso que ya quisiera el mejunje de Fierabrás para sanar las almas.

Aires. Nuestro aire.

Cuidaros.

ALEA, Peña Sevillista Alsolano

Enteros

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