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Francisco Romero - Columnas Blancas

Monchi y el don de la oportunidad

La vuelta a casa de Ramón Rodríguez Verdejo (sinónimo de plata) es un éxito del presidente y de su consejo de administración con el que vuelve a disfrutar el sevillismo en pleno. Un logro que, con ser sustancial, resulta incomparable con el futuro inmediato que ya se nos vislumbra.

Somos legión los que, como el de San Fernando, creemos “de forma radical, extrema y ultra en este Sevilla Fútbol Club que se está cociendo, en este proyecto que se está dibujando”. Sabemos que “somos el más grande de Andalucía desde hace 130 años y que lo seguiremos siendo en los próximos 200” y que “somos la marca que mejor ha vendido la marca de esta ciudad… porque así nos parió nuestra madre, exigentes y conformistas”.

No tanto por una cuestión de juicio como de edad, he aprendido a analizar los discursos en general no sobre lo que me dicen sino sobre el trasfondo, sobre lo que me quieren decir. Y, a mí me lo parece, con esa prédica de final de año en Los Lebreros que puso a gran parte de los accionistas presentes en pie, tres lustros después del alegato de Del Nido en Madeira, el Sevilla se ha dejado algún mechón de pelos en la gatera de esa imagen ambiciosa de constante progresión.

Harían bien Monchi y el Sevilla, desde el silencio absoluto y máximo respeto, en excluir cualquier referencia, aún de forma tácita, al club menor de la ciudad, prolongando la senda de aquel septiembre de 2004 que tan majestuosos resultados ha procurado. Haría, igualmente, bien nuestro director general deportivo en no dejar traslucir la más mínima duda sobre si se aprovecha, o no, su fama y su bien ganada reputación como escudo de otras cuestiones deficientemente explicadas por parte de los dirigentes; en definitiva, haría bien en seguir desempeñando su rol como él solo sabe y en alejarse de la delgada línea que separa la oportunidad del oportunismo.

Lo obvio es irrebatible y no ha de exteriorizarse en el foro donde los administradores, anualmente de forma ordinaria, han de dar cuentas de su gestión (notable en el último ejercicio) y menos aún al comienzo de la convocatoria en lo que pudo parecer (“sed exigentes, exigid claridad, pero al mismo tiempo demos margen de credibilidad a aquellos que nos han elevado al olimpo europeo, a éxitos increíbles”) una puesta en escena destinada a atemperar los razonables ánimos de indagación de unos accionistas inquietos por el día a día y avizores del futuro de nuestro Sevilla.

Ni era el lugar ni era el momento. Lo primordial, como él mismo corroboró (“estoy convencido de que hay margen para crecer aún más a todos los niveles”), es que siga manteniendo el crédito, el que posee tras una trayectoria repleta de laureles que -excediendo objetivos- ha culminado al finalizar 2019 en el pódium del fútbol español.

¿Derbi? ¿qué derbi?

Decimotercera jornada liguera. El Sevilla tras deshacerse sin despeinarse del –otrora- grandioso Dudelange luxemburgués, comenzó a pensar en la madrugada del pasado viernes en su inminente rival, el equipo menor de la ciudad, al que se enfrenta en apenas unas horas.

Con la llegada de estos enfrentamientos, que todavía hay quien se empecina en llamarlos derbis, siempre se recurre a los tópicos, a la engañifa, al ensayo de estadísticas, inventarios y corolarios que tan sólo existen en la mente de los que, sin complejo de inferioridad alguno, se consideran inferiores porque objetivamente lo son.

El tópico más manoseado entre los profesionales y los gacetilleros de este deporte no es otro que “en los derbis –insisten- no hay favoritos”. La afirmación cae por sí sola. Los números que a continuación se exponen así lo demuestran. Es cierto que ante un encuentro cualquiera -incluido éste- el resultado es incierto pero una visión global de todos los enfrentamientos nos muestra palmariamente quién va siempre de ganador y quién normalmente acaba derrotado. De cada diez partidos, más de la mitad son siempre para el favorito. Es cierto que cabe la sorpresa, pero nuestra mente a priori desconoce el significado de esa palabra… “fútbol es fútbol” que categorizó Vujadin Boskov.

Así, la gran mayoría de casas de apuestas por internet se han sumado en la mañana previa al acontecimiento a la corriente ganadora sevillista. Por ejemplo, williamhill.es paga la victoria de los de Lopetegui a 2,17 euros, mientras que la de su rival de hoy está a 3,60 euros. En bwin.com, el triunfo sevillista se cobra a 2,10 euros y el de los verdiblancos a 3,60 euros. Por último, la casa de apuestas que patrocina al Sevilla, marathon bet, paga la victoria de los de Nervión a 2,16 euros y la de los de La Palmera a 3,52 euros.

Algún valor a priori deben tener también los guarismos de todos los enfrentamientos directos previos a la jornada de hoy y que son los que se reflejan a continuación, no los que algunos quisieran que fueran:

– Enfrentamientos totales Sevilla FC – R. Betis B. (incluida Copa de Andalucía): 290.

– Partidos ganados por el Sevilla FC: 143.

– Partidos empatados: 54.

– Partidos ganados por el R. Betis B., Betis FC, Sevilla Balompié y otros seudónimos: 93.

– Goles a favor del Sevilla FC: 538.

– Goles a favor del R. Betis B., Betis FC, Sevilla Balompié y otros seudónimos: 372.

– Partidos Oficiales (Europa League, 1ª División, 2ª División y Copa de España): 128.

– Ganados por el Sevilla FC: 59.

– Empatados: 31.

– Ganados por el R. Betis B., Betis FC, Sevilla Balompié y otros seudónimos: 38.

– Goles marcados por el Sevilla FC: 196.

– Goles a favor del R. Betis B., Betis FC, Sevilla Balompié y otros seudónimos: 153.

– Partidos Oficiales (1ª División): 96.

– Ganados por el Sevilla FC: 44.

– Empatados: 22.

– Ganados por el R. Betis B., Betis FC, Sevilla Balompié y otros seudónimos: 30.

– Goles marcados por el Sevilla FC: 147.

– Goles marcados por el Real Betis: 119.

Por su parte, la clasificación histórica actualizada de nuestra liga de Primera División establece los siguientes datos estadísticos para ambos rivales al día de hoy:

   Punt.  Tp.1ª  Jug.  Gan.3  Emp.  Perd.  G/F  G/C Avge
SEVILLA F.C. 2957 76 2496 1030 549 917 3806 3491 315
Betis 2008 54 1816 641 458 717 2280 2625 -345

Hoy, a partir de las nueve, mirando de reojo a la web del Ministerio del Interior, pasará lo que tenga que pasar. Esperamos, tirando de lógica, que se imponga la ídem.

¿Derbi? ¿Qué derbi?

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En la pertinaz búsqueda del fin de ciclo

El reciente fallecimiento de José María Negrillo (qepd), ha vuelto a recordarme esa extraña mezcla entre gloria y desventura que, desde su misma fundación, envuelve a nuestro Sevilla. Más adelante diré porqué.

Desde siempre, pero sobretodo en la última época, los sevillistas en general hemos (mal) vivido al haberse instituido una insana simbiosis (exigencia, también la llaman) entre la búsqueda constante de la excelencia y la pesadumbre por una mediocridad que, en realidad, al menos a nivel regional, nunca fue tal.

Durante mi niñez, entre Alanís y el internado, mis intuiciones, más que vivencias, sobre los éxitos del Sevilla, se centraban en las elogiosas palabras que mi padre brindaba al campeón de Liga, Juanito Arza (“el único que me ha superado en clase”, como le gustaba presumir); ya en mi juventud se ceñían a los recuerdos de la final copera del 48, en la que mi tío Paco encumbró a Mariano y, ya en la madurez, a la del 62, la misma que me contó y recontó José Carlos Diéguez (“nunca debí dejar tirar el penalti a Mateos”) en el mostrador de acceso a las oficinas del Ramón Sánchez Pizjuán, donde se jubiló.

Con esos antecedentes, ya me permitirán entender la “locura” que, junto a miles de sevillistas, acometí con mi familia el 20 de abril de 2006. ¿El Sevilla en una semifinal europea? ¿Cuándo nos veremos en otra? ¡A Gelsenkirchen! Porque, ¿quién aseguraba que, a renglón seguido, vendría Eindhoven? Y después… Mónaco, Glasgow, Madrid, otra vez Madrid, Barcelona, Turín, Varsovia, Basilea… y desde entonces mi relación de amor y odio con Cofidis.

Un auténtico deleite que, pese al intento lógico de los que “no sienten como yo” y al absurdo despropósito de algunos de los propios, he disfrutado siempre como si fuera la última vez.

Viene todo esto a cuento por ese afán desmedido (¡cuerpo a tierra que vienen los nuestros!) de hermanos de sentimiento, inconformistas, que llevan la crítica más allá de lo que recomienda la prudencia, que no disfrutan del sosiego suficiente para deleitarse con cada uno de los grandes momentos vividos, pero, sobretodo, por pretender fastidiar el natural regocijo de una mayoría en el inconcebible intento de provocar un harakiri colectivo.

¿Alguien pone en duda todo lo que, antes de convertirse en judas, nos dio Juande Ramos? ¿Hemos olvidado, sin embargo, que se pidió su destitución tras empatar con el Español en la sexta jornada de la misma temporada de “lo que sucedió en Holanda”, y que ocurrió lo propio en enero, a cuatro meses de Eindhoven, tras caer en Copa frente al Cádiz?

Aunque al final sucumbieran ante la evidencia, ¿recuerdan cómo se ridiculizaron los inicios de los Alves, Kanouté, Luis Fabiano o David Castedo?

¿Algunas dudas sobre Unai Emery, el “hombre-carabela” que se empeñó en traer plata europea por el Guadalquivir, ahorrando los costes de atravesar el charco? Lo de éste, si cabe, todavía es peor, pues sus críticos de entonces lo siguen siendo aún (“tres títulos continentales pese al de Fuenterrabía”).

Dejo para el final una referencia (para mí la más aciaga) a Manolo Jiménez, un técnico cuyo mayor error lo cometieron sus padres al elegirle Arahal como cuna. Pese a quedar quintos en su primera temporada, tras el adiós de Antonio Puerta, la fuga de Juande y la intentona de Alves, sus números igualaron a los de los colchoneros, cuartos clasificados. En la segunda, clasificó al Sevilla tercero con Romaric y Duscher como “baluartes” de la parcela ancha y como cabeza de serie en el sorteo Champions. En la última, una de las mejores de nuestra historia, a mediados de marzo, nos tenía en tres competiciones.

Sus críticos se contaban por docenas. Escribía a la sazón José Manuel García en El Confidencial: “… Y no fue coser y cantar precisamente, pues el tenaz técnico sevillano tuvo que salvar un exuberante muestrario de trampas vietnamitas del grupito de la llamada secta antijiménez, que encendió candela en sus foros para negar pan, sal y oxígeno al arahalense”.

Fue por entonces cuando, en un tradicional almuerzo en Antares de la Asociación Cisneros, tuve la ocasión –también la osadía- de debatir sobre la continuidad del entrenador con José María Negrillo, una institución sevillista a la que Dios tenga en su gloria. Tras hacer pública su opinión desfavorable -digámoslo así- le espeté: “En octavos de Champions, clasificados para la final de Copa tras eliminar al Barcelona y cuartos en Liga, a tres puntos del tercero, Valencia… no sé qué vamos a dejar para cuando lleguen las vacas flacas”. Los asistentes ponderaron por igual ambas intervenciones, lo que demuestra que en el término medio está la virtud, que la indulgencia solo procede tras un previo e intenso esfuerzo y que la crítica pone las orejas tiesas a los dirigentes, pero que (y ahí radica el fallo) ésta nunca debe ir más allá de lo razonable.

Lo tengo claro: desde aquel 20 de abril en Alemania, me dedico a disfrutar, no habéis podido quitarme la ilusión pero, también os demando, no cejéis en vuestra exigencia… ecuánime y cabal porque esto es el Sevilla Fútbol Club

Repaso al “repaso”

El bagaje de experiencias que acopiamos quienes –alopecia mediante- deberíamos pintar canas, supone un estimable tesoro no siempre bien aprovechado, también en lo relacionado con el mundillo del fútbol. ¿Quién, hasta hace bien poco, no había escuchado aquello tan socorrido de “… y tú has visto ganar algo al Sevilla”? Como si los triunfos que […]

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