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Francisco José Carrasco - Columnas Blancas

Divagando tras un desastre

Todavía duele la derrota del jueves pasado contra el Mirandés en Copa. Nadie contaba caer contra un Segunda División después de ver la suficiencia con la que el Sevilla Fútbol Club había pasado los envites anteriores, sobre todo el del Levante en casa.

Aparte de este lunar, la campaña sevillista está siendo muy buena. Metidos ya en el mes de febrero, el equipo es tercero en Liga, a cinco puntos del segundo clasificado y a ocho del líder. Además, esperando que llegue el próximo día veinte para jugar la ida de dieciseisavos de final de la UEFA Europa League contra los rumanos del CFR Cluj.

Hoy tenemos la oportunidad de echar un poco de tierra encima a la reciente decepción copera consiguiendo los tres puntos en juego contra el Deportivo Alavés. Como dice el dicho, una mancha de mora con otra mora se quita. La victoria sobre los vitorianos se hace muy necesaria para no generar nerviosismo ni en la plantilla ni en la grada. En el Sevilla Fútbol Club hay tal exigencia a día de hoy que dos malos resultados consecutivos supone un negativismo, muchas veces injustificado, que lastra y condiciona.

Importante para la confianza y la ilusión de aquí a final de temporada será ver cómo se acoplan al equipo los nuevos jugadores llegados en este mes de enero, En-Nesyri y Suso, y también ver cómo reorganiza Lopetegui las posiciones de hombres sobre el césped.

El debate actual está en si los recién aterrizados en el equipo mejorarán a los ya fuera del club, Chicharito y Dabbur. El caso del marroquí es un melón por calar; con veintidós años y sin haber jugado en ningún club con altos objetivos, es un futbolista que tiene mucho margen de crecimiento, pero su fichaje por veinte millones de euros y la llegada a un equipo con la exigencia de este Sevilla Fútbol Club igual no juegan muy a su favor como su respuesta en el campo no sea positiva en un periodo corto de tiempo. Suso, con veintiséis años, fue fichado en edad juvenil del Cádiz por el Liverpool, club inglés por el que el gaditano pasó de forma testimonial. Fue cedido al Almería donde tampoco destacó. Después fichó por el posiblemente peor AC Milán de la historia y la aventura le duró media temporada, cuando fue cedido al Genoa. Ya en este club sí tuvo actuaciones meritorias, tanto como para volver al AC Milán tras su periodo de préstamo y ser un asiduo en las alineaciones del equipo lombardo hasta ahora.

A todo esto, lo importante es La Liga y quedar al final de curso entre los cuatro primeros clasificados. Si queremos un Sevilla FC poderoso y competitivo en el futuro, todo pasa por jugar de forma asidua la Champions League.

Cerrada la ventana de fichajes de enero y con casi dos tercios de competición ya vencidos, la bolita está rodando sobre la ruleta. No va más.

Como siempre decía José María García, “el tiempo es ese juez insobornable que da y quita razones”.

EFE

Mi sueño pre-derbi

El primer derbi de la temporada llega en un momento deportivo dispar para los equipos sevillanos. Mientras el Sevilla FC pelea en los puestos más altos de la tabla y cumpliendo con los objetivos marcados a principio de temporada, el rival se quema en las profundidades de la clasificación y con su afición acogotada viendo como le patinan los cables del ascensor que esperan que los lleve hacia arriba.

Entre muchos sevillistas de los que conozco se extiende la opinión de que, en los derbis, el Sevilla FC tiene mucho más que perder que ganar. La victoria sevillista son tres puntos para el zurrón y a seguir con nuestra vida, pero un simple empate o la derrota supone tener que soportar la guasa de los aficionados rivales hasta el siguiente derbi como si fueran ellos el mejor equipo de la historia del fútbol en el sur de España. Porque gloria deportiva no tienen ninguna, pero guasa les sobra para dar y regalar.

La diferencia deportiva actual entre el Sevilla FC y su eterno rival es muy grande, por mucho que desde los medios deportivos de esta ciudad la traten de acercar lo máximo posible. De hecho, en los últimos años, los sevillistas desde la grada han llegado incluso a pedir “un derbi digno, queremos un derbi digno…” viendo cómo los once alfareros de Nervión, año sí y año también, modelan como les place a unos rivales de arcilla que, como los Guerreros de Terracota, suelen tener más presencia que utilidad.

Pues sí, llega un nuevo derbi.

Y como en todos los derbis, tengo un sueño. Y como sueño que es, lo cuento sin querer pecar de prudencia, sin hablar de los tantos condicionantes que se dan en un partido para desequilibrar la balanza de un lado o de otro. Los sueños, sueños son y en el mío para este derbi veo al Sevilla FC saltando al campo de rojo, ese rojo pánico para la grada de Villamarín. Y veo a mi equipo arrollando a su rival, en su campo y entre su gente, con los “oles” en cada pase de esa legión de 700 fieles enfervorecidos dentro de la “jaula” llevando en volandas al equipo a ganar. Veo un final de partido con un resultado abultado a favor de los de Lopetegui, con sus jugadores en piña aplaudiendo hacia la cuña sevillista del graderío, con esos locos y locas de la cabeza haciendo que el “Forza Sevilla Campeón” suene por encima del estruendoso ruido de fondo del himno local con el que nos deleitan en cada final de derbi en La Palmera.

Estoy seguro que al revés también soñarán algo parecido los aficionados rivales. Pero realmente creo que el mío tiene muchas más probabilidades de hacerse real que el de ellos…

Lucas Ocampos

El fútbol no entiende de paciencia

El fútbol no entiende de paciencia. Los resultados mandan partido a partido y mirar a un futuro más allá del siguiente envite no es una opción.

Recientemente lo hemos podido vivir tras las derrotas en los partidos del Sevilla FC ante el Real Madrid en el Ramón Sánchez-Pizjuán y contra el Éibar en Ipurua. Da igual que llegáramos al primero de ellos con diez puntos de doce posibles. Perder contra el equipo blanco capitalino fue un drama porque “no se puede permitir que el Real Madrid corra más que tú”. Para colmo de males, tan sólo cuatro días después nos pintó la cara un Éibar que en el primer tiempo fue arrollado por los de Julen Lopetegui pero que en el segundo periodo barrieron al Sevilla FC hasta remontar el cero a dos del descanso. A partir de ahí, lo que hasta el domingo fuera optimismo desmedido, se tornó el viernes en decepción y pasamos a navegar en un mar de dudas.

Hablando de Julen Lopetegui: llegó al Sevilla FC sin el beneplácito de gran parte de la afición y solo la fe ciega en Monchi hizo que los escépticos de su fichaje le diéramos un voto de confianza a su desembarco en el club de Nervión. Con una gran pretemporada en la mochila y un mejor inicio de Liga del equipo, encaramados incluso en lo más alto de la tabla, el de Asteasu volvió a ser puesto en entredicho por las dos derrotas consecutivas, amén de ser cuestionado por la forma en que gestiona la plantilla por sus alineaciones, convocatorias, descartados…

En pleno nublado de ilusiones sevillistas llegó el partido contra la Real Sociedad, que para colmo de males se empezó perdiendo a los pocos minutos del inicio. El final del encuentro todos lo conocemos: victoria indiscutible, con un Sevilla FC muy superior ante un gran rival y con un resultado hasta corto a tenor de lo visto durante los noventa de partido. Y aquí que estamos un día después, viendo las derrotas sufridas como meros accidentes y tirando de nuevo las campanas al vuelo.

Ahora toca en Liga visitar el Camp Nou. El domingo próximo igual nos vamos a la cama haciendo trajes a cuerpo técnico y jugadores que desayunamos el lunes como “candidatos de pleno derecho a luchar por la Liga”.

Llevamos sólo siete jornadas de Liga. Y así estaremos durante toda la temporada, subiendo y bajando en esta montaña rusa de sentimientos y sensaciones.

Yo, cuando me llega el bajón, me reencuentro siempre con la ilusión acordándome de las palabras de un buen amigo que sentenció en su día con un “cómo me gustan las críticas de septiembre y octubre y las celebraciones de mayo”.

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