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Ernesto López de Rueda - Columnas Blancas

¿Hacia dónde vamos, Sevilla?

Son días de vino y rosas para el sevillismo. El primer equipo arriba en la tabla codeándose con los dos más grandes o los tres poderosos, como quiera mirarse, pues si el Atlético de Madrid tienen algo más de la mitad del presupuesto con el que funcionan Barcelona y Madrid, ya duplica al del propio Sevilla FC.

Caminamos con paso fuerte en Europa, ya primeros de grupo y clasificados matemáticamente para dieciseisavos de final. Habrá quien diga que el grupo no era complicado, pero se parte con la ventaja de ser cabeza de serie, y para ser cabeza de serie hay que trabajar muchos años y bien, y el Sevilla FC lleva muchos años con matrículas, sobresalientes y notables en Europa. Y algún suspenso, que todo hay que decirlo.

En este contexto, ¿Qué echo en falta? Pues echo en falta información.

Con esto no digo que el Sevilla FC, su consejo de administración, sea oscurantista, simplemente que me gustaría que se nos informara más como accionistas y como afición.

Se nos repite por activa y por pasiva que somos una empresa solvente, lo cual no dudo y ni siquiera relaciono la solvencia en este sentido con los números financieros, sino con el “poder” como empresa, la empresa de ocio más potente de Andalucía probablemente atendiendo a la facturación. Una que estaría quizás entre no las más grandes del IBEX andaluz pero que estaría consolidada en él, con perseverancia, buscando la excelencia.

Para eso hace falta un plan de empresa, un plan estratégico, visto a tres o cinco años. Lo tiene el Barcelona, publicado, como lo tiene informado el Atlético de Madrid.

¿Alguien conoce el Plan Estratégico del Sevilla FC a 3 o 5 años vista? ¿Se nos ha presentado alguna vez? Precisamente el año pasado empezó un mandato de 6 años el nuevo consejo de administración patrimonialista que tenemos y al que apellido así porque sus miembros más que personas de empresa o de conocimientos propios para gestionar grandes empresas, están ahí para vigilar su patrimonio, no son consejeros profesionales de áreas aunque sí perciban algunos grandes emolumentos por ello.

Son las grandes familias propietarias de acciones. Antes había consejeros para relaciones institucionales, para infraestructuras, para la parcela médica. El Sevilla FC ha descendido en ese sentido en la profesionalización del club en las instancias más altas. Esa profesionalización recae ahora en el segundo escalón, en el de los empelados del club, laboriosos y capacitados. Si no, el club no iría tan bien. Y ahí, lo reconozco, también la parte de mérito del consejo patrimonialista.

¿Qué prevé el consejo para los próximos años? ¿Dónde sitúan al Sevilla FC como empresa? ¿Cómo gestionarán los recursos futuros, en qué invertirán dichos recursos, hacia dónde se orientarán nuestros esfuerzos, cómo se diversificarán?

Por ejemplo: el estadio Ramón Sánchez-Pizjuán. En dos años hemos recibido amplias informaciones contradictorias: que se iban a hacer determinadas actuaciones, luego que se cambiaba el orden, luego que la inversión iba a ser de tanto, luego que sería de tanto, siempre sin una reforma en profundidad que implicara un aumento significativo del aforo. Ahora sí, que habrá una ampliación para la construcción de un tercer graderío. Todo eso en el escaso tiempo de año y medio largo.

Pues me parece que hay un fallo de perspectiva cuando cambia tanto la opinión. Se me dirá sí, que hay una final europea en 18 meses, pero el mero hecho de perseguirla implicaba que en tanto se supiera si la tendríamos o no, no se tomarán decisiones sobre el estadio y mucho menos que cambiáramos de opinión cada tres meses.

No se nos informa de ningún Plan Estratégico de Futuro del Sevilla FC (algo que es el abc en cualquier empresa y se plasma por escrito sujeto a posibles modificaciones que son fruto, a su vez, de un detallado estudio y un intenso debate) en lo concerniente al estadio. Pero el Ramón Sánchez-Pizjuán sería sólo una parte, nuestro principal patrimonio, de ese PE. ¿Y el resto del patrimonio? Se nos habla de una importantísima inversión en la Ciudad Deportiva José Ramón Cisneros Palacios que supera ampliamente a la realizada en el propio Ramón Sánchez-Pizjuán durante los últimos 20 años.

¿Nos damos cuenta de la envergadura del proyecto, de la magnitud del mismo? Creo que no, eso es lo que pagan algunos clubes por determinados futbolistas y para nosotros pasa casi desapercibida. Porque nadie cree que 25 millones de euros en la Ciudad Deportiva correspondan a unos vestuarios, a cubrir unas gradas del estadio Jesús Navas, a modernizar determinadas instalaciones, a mejorar unos campos… ¿A qué se va a dedicar semejante dineral, 25 millones de euros? Nada se nos ha explicado al respecto.

Tampoco sabemos cuáles son las previsiones de ingresos por muy dependientes que sean del aspecto futbolístico del primer equipo.

¿Qué cálculos de ingresos televisivos existen? ¿Cómo influiría tener al Sevilla Atlético en Segunda y si será interesante invertir para ello? ¿Qué implica o hacia dónde tendría que llegar el club para ello: jugar fuera de Sevilla, de España, del Ramón Sánchez-Pizjuán…? Si las cosas se explican, gustarán más o menos, pero como mínimo se entenderán para expresar opiniones.

Si algo caracteriza a la afición sevillista es la preocupación por su club, los éxitos deportivos no adormilan las conciencias. No hay más que ver la reacción de la masa sevillista a la posibilidad de la venta del club, un peligro latente. Creo que los máximos dirigentes deberían aprovechar la lección aprendida el año pasado. Y la aprehensión de esta enseñanza no es maniobrar para dificultar la alianza entre los accionistas minoritarios con añagazas trapaleras en las convocatorias de Junta ni fomentando la desunión entre colectivos sevillistas: sino informando.

Que el Sevilla FC vaya bien es cosa de todos. Siempre que lo hemos hecho nos ha ido bien. Y qué mejor manera de caminar juntos que sabiendo qué somos y hacia dónde vamos, porque ya sabemos de dónde venimos.

El peso de la historia

Todos los proyectos nacen con ilusión, con el orgullo legítimo de crear algo nuevo o con la ambición de destruir otros o de contenerlos. No todos perduran ni los que sobreviven tienen el mismo éxito.

Enfilamos la última recta hacia los 130 años de historia viva del Sevilla Fútbol Club, que destacó como empresa, en el amplio sentido de la aventura, hercúlea y titánica puesta en marcha por sevillanos y escoceses, que sobrevivió a los avatares del cambio de siglo, y hablo del tránsito del XIX al XX y que definitivamente a lo largo de la pasada centuria se consolidó, se desarrolló y evolucionó hasta sentar las bases del Sevilla FC que conocemos y seguimos amando hoy siguiendo el ejemplo de muchas generaciones ya.

Destacó primero en los campos deportivos o empedrados o escampados sevillanos donde se erigió como claro dominador sin que haya cesado su prevalencia y supremacía deportiva en tan largo período, para saltar a conocer los andaluces en los cuales expande su dominio y superioridad desde tiempos inmemoriales.

Luego vino el salto al resto del territorio nacional e internacional donde la palabra Sevilla, asociada inequívocamente a Sevilla FC, resuena con fuerza y es reconocida por su prestancia y desenvoltura.

Es así, y no de ninguna otra manera, como se aquilata el peso de la historia, una trayectoria deportiva que convierten al Sevilla Fútbol Club en el primer club andaluz, en el sexto de España en el campeonato de Liga que se aproxima a sus 90 años, al séptimo en la Copa cuyas ediciones ascienden ya a más de 120 y que lo encumbran como quinto club español por su peso en Europa.

Es el peso de la historia y son nuestros poderes, a ellos nos debemos, a mantenerlos y superarlos pues tan solo se puede entender el ánimo deportivo del Sevilla FC como ir más allá de sus propios límites, pugnar por la victoria y engrandecer nuestro nombre con triunfos y bríos renovados. Lo demás, carece de sentido. El continente del Sevilla debe estar siempre presto a romperse por el vibrante contenido de sevillismo que pugna por desplazar sus lindes actuales en conflicto con la naturaleza del mundo futbolístico.

Cada vez que el Sevilla FC, sus jugadores, saltan al terreno de juego en cualquier escenario, es depositario del peso de su historia, de su obligación innata de vencer, de no rendirse en pos del triunfo por más que sean las dificultades.

Y traigo esto a colación porque en esta temporada, independientemente de los duelos ya dilucidados ante el Madrid en el Ramón Sánchez-Pizjuán y ante el Barcelona en su feudo, saldados ambos con derrota, quedan pendientes los de vuelta y los seis a disputar ante otros grandes del fútbol español como Athletic de Bilbao, Atlético de Madrid y Valencia CF. Ante ellos siempre plantó cara el Sevilla conformando un “peso de la historia” en este reducido segmento de grandes clubes, pero desde hace años, el balance es desastroso, no puede ser peor.

Es algo a abordar como club, no como un partido en concreto. Tal y como hicimos a la hora de otorgarle valor al torneo de Copa en el que veníamos desempeñando insignificantes papeles a lo largo de décadas, no disputando más que dos finales entre 1948 y 2003 (55 años) perdiendo ambas. Ese cambio de perspectiva, esa mirada asesina desde 2004, se ha traducido en dos títulos de Copa y dos finales perdidas, además de jugar cuatro supercopas de España una de las cuales también está en nuestras vitrinas y amén de haber jugado muchas semifinales: hemos recuperado el peso de la historia, tenemos que insistir, hemos de recuperarlo en todos los matices y esquinas de nuestras competiciones, no podemos tener un balance desfavorable en duelos particulares con como clubes como Getafe o Real Sociedad con todos mis respetos hacia ambos. O papeles ridículos en los últimos 15 años, meras comparsas, ante el resto de grandes. Es tarea de club, desde el presidente hasta el último de los empleados. Nos hará más grandes.

La importancia de llamarse Sevilla

Para algunos es cuestión baladí la denominación de los clubes de fútbol o de las ciudades mismas cuando la historia viene a concederles en muchos casos la ocasión de pasar a la posteridad o de instalarse en el subconsciente colectivo como sinónimo de algo importante, de gesta heroica o de titánica tarea.

Y vivimos en Sevilla, que fue Hispalis como Isbiliya y cuyo significado y simple mención la sitúa ante muchos como ciudad o sitio de importancia. Fue la principal capital europea en los asuntos concernientes al Nuevo Mundo cuando ya había destacado como lugar importante para culturas trascendentes como fueron la romana o la árabe y  musulmana.

Si la urbe inglesa Liverpool, reivindicadora de ardorosas gestas guerreras en el pasado, es la cuna de The Beatles, su sola mención invoca en todo el mundo el saber que es la ciudad que acoge al Liverpool.

Como asocia Madrid su nombre al del Real Madrid, uno de sus principales embajadores tal que lo es el FC Barcelona de la ciudad de la que toma el nombre. Hay importantes ejemplos, que no cuantiosos, porque no son demasiadas las ciudades de renombre mundial que se vinculan en la imaginación colectiva a un club conocido en todos los continentes a través de todos los océanos y mares.

Y Sevilla, la ciudad por la que deportivamente peleamos invocando su nombre al conjuro de sus tierras y cielos que vela la Giralda, se siente bien representada por quien alardea de ella de natural forma, sin estridencia, con gallardía y generosidad.

En estos tiempos mercantiles, los adelantados de Sevilla, quienes idean la ciudad y pretenden que su nombre colonice nuevos mercados de maneras distintas a como lo hacía hace medio milenio, deben corresponder en los tiempos que se tornan a las reclamaciones de uno de sus mejores vecinos y, sin duda, mejor embajador.

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