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Ernesto López de Rueda - Columnas Blancas

Una semana menos para ganar la liga

Lo han leído bien, al Sevilla FC le queda una semana menos para ganar la Liga ¿Cuándo ocurrirá dicha explosión de júbilo? Nadie puede predecir su fecha exacta: ¿Dentro de 5 años, de dos, de uno, de tres meses, de diez semanas? Cuando fuere, resta una semana menos.

Lamentaría que alguien se haya sentido desilusionado tras la lectura del título y del párrafo que antecede a éste, pero es como veo la situación: el Sevilla FC ejerce de meritorio para grandes hazañas desde hace tres largos lustros que ya han contemplado la arribada masiva de plata a nuestras renovadas y pletóricas vitrinas que aún pueden y deben ampliarse más.

Escribo estas líneas antes de la disputa de los tres puntos ante el Club Atlético Osasuna de Pamplona. Hablamos de la Liga y es muy complicado llegar y besar el santo como reza la coloquial expresión, y ejemplos sobrados tenemos de ello: de los últimos 25 campeonatos, tan solo cinco se han escapado a las garras de los dos gigantes.

El primero de ellos lo conquistó el legendario Superdepor en el año 2000. Su clasificación media en las siete temporadas anteriores fue la de un puesto más cercano al 5º que al 6º: 5,4, insistimos, como media, en las siete temporadas previas a la obtención de su campeonato liguero (3º-2º-2º-9º-3º-12º-6º-1º).

Tras el Depor fue el Valencia quien se alzó con la Liga en 2002 y una clasificación media de 6,1 en las siete temporadas anteriores a ese logro (10º-2º-10º-9º-4º-3º-5º-1º) y que logró repetirlo en 2004 con una clasificación ponderada entre el 5º y el 6º de 5,4 en los siete años previos (como el Depor) en su segunda conquista (10º-9º-4º-3º-5º-1º-5º-1º).

Vino luego el primer turno del Atlético de Madrid, quien ganó la Liga en 2014 tras un puesto medio de 5,9 en las siete temporadas anteriores a dicho campeonato (7º-4º-4º-9º-7º-5º-3º-1º) y, muy reducido, de 2,4, cuando la ganó en 2021 tras una serie de 1º-3º-3º-3º-2º-2º-3º-1º.

Las matemáticas y el fútbol guardan una relación de amor y odio en cuanto que los números pueden tener varias lecturas, la mía es que es muy difícil aparecer de repente y ganar una Liga. De remontarnos aún más atrás en el tiempo veríamos como en la conquistada por el Atlético en 1996 tuvo como media un puesto entre el 6º y el 7º (6,4) en los 7 años anteriores) y que sus antecesores fueron los equipos vascos que ganaron cuatro ligas consecutivas: dos la Real y sendas el Athletic, y que lo hicieron tras una serie de 4º-4º-8º-8º-11º-4º-2º-1º-1º los de San Sebastián y de 5º-3º-3º-9º-7º-9º-4º-1º-1º-3º-3º los de Bilbao.

Hay que estar ahí arriba, y en orden anterior a esta temporada encontramos al Sevilla FC como 4º-4º-6º-7º-4º-7º-5º. Contemplando esa serie, la media sería de 5,3, probablemente algo menor la temporada que viene pues si no fuera en esta temporada pero quedáramos subcampeones, en la media desaparecería un 5º puesto para aparecer un 2º rebajándola hasta 4,9, lo cual tampoco garantiza nada pero nos mantiene en la pomada que conduce al antes que después.

“Si no fuera en ésta”… Es el derecho a soñar de los sevillistas, saber que estamos ahí, donde, como vulgarmente se dice, se cuecen las papas. Y sabemos que para nosotros todo parece resultar más difícil. El Sevilla FC ha tenido en las últimas 15 ligas puntuaciones de 77-76-71-70-70-64-63-63 puntos entre otras. Esto, en la Liga de tres puntos por victoria y de 38 jornadas (ponderando a éstas las dos disputadas con 42 en las temporadas 1995-96 y 1996-97) le habría alcanzado para ganar 4 ligas y un subcampeonato y dos terceras plazas;  o 3 Ligas , 3 subcampeonatos y una tercera plaza; o 2 ligas, 3 subcampeonatos y 2 terceras plazas; o una liga, 4 subcampeonatos y 2 terceras plazas.

Y nos ha dado para dos terceras plazas, cuatro cuartos puestos, cinco quintas posiciones y tres sextos lugares en la clasificación. Todo nos cuesta más. Me recuerda a aquel gran Sevilla que subió a Primera División y ganó la Copa en la temporada 1934-35 y que en ésa y en las 19 siguientes quedó 16 veces entre los 6 primeros o grandes de España sólo superado -por poco- por Barcelona y Athletic (18 y 17 veces respectivamente) y por delante de Madrid y Valencia (15 ambos) y Atlético (13), aunque sólo ganó una Liga por cuatro de los colchoneros (al margen de aquel Atlético Aviación fascista y emergente y del robo del señor Azón).

Espero que el artículo haya entretenido, lo que persigo, pero que más allá de ese entretenimiento, busco también infundir paciencia y ambición: el Sevilla FC está en la senda para ganar de nuevo la Liga, no debemos cejar en el empeño por más piedras que encontremos en un camino que nunca, ya lo ven, fue de rosas. Recuerden, queda una semana menos.

De algunos «sevillistas» y de los sevillistas

Se aproxima una nueva Junta General del Sevilla, cosa capital en la ídem de Andalucía. Sobre todo cuando uno de los asuntos a tratar, pareciendo subyacente es trascendente, es el sevillismo de los sevillistas o la relación entre determinados sevillistas y el sevillismo, debate al que es ajeno en su esencia el capital norteamericano ajeno a su impostado apellido y mucho menos al sentimiento que es común a todos nosotros pero extraño al grupúsculo de Miami autodenominados como Sevillistas Unidos 2020 S.L.

Hace una década, un expresidente del Sevilla FC me decía, en puertas del adiós de Andrés Palop, que el guardameta valenciano no era sevillista, sino del Palop CF. Siendo, como era, un profesional que defendía sus intereses y contratos. Al margen de actitudes que desconozco. Me resultó revelador pues desde entonces he podido comprobar que entre nuestros sevillistas accionistas mayoritarios hay unos que son del Del Nido FC, del Castro CF, del Sporting Guijarro, del Rayo Alés, del Real Carrión o del Sociedad Deportiva Miñán. Creo que no he excluido a ninguna de las familias aglutinadoras de capital.

Y a ninguno le he negado la condición de sevillista. Ocurre que el resto de cientos de miles de sevillistas son, o somos, del Sevilla FC, románticos carajotes sin remedio, torpes a más no poder pues los inteligentes comparten cierto sentimiento sevillista con mucho interés económico, y oigan, son sus vidas y sus haciendas, las de sus herederos o desheredados, y ahí no entro. El resto en nuestros sueños (los sueños siempre se cumplen) imaginamos un Sevilla sin más interés que el del propio bienestar y perdurabilidad del Sevilla.

Otros en lugar del escudo de preferencia igual ven grandes torres y en sus retinas se dibujan máquinas registradoras de euros o dólares como las que aparecían en los ojos del tío Gilito en aquellos comics de antaño.

Son visiones diferentes consolidadas desde que el sevillismo de base comenzó a aceptar “pactos” privados entre los máximos accionistas para “equilibrar” al Sevilla y que se traducían en más y más dinero para los máximos accionistas, para todos, aunque luego hayan disentido interna e incluso familiarmente. Era el precio que pagábamos por la “estabilidad”.

Y el caso es que, presos del síndrome de Estocolmo, nos creemos secuestrados por el Sevilla y no por los pactistas, y agradeceríamos un nuevo pacto que diera “paz y estabilidad” al Sevilla por más que psiquiatras o psicólogos pudieran decirnos que somos chantajeados emocionalmente. Lo reconozco, de buena gana seguiría siendo chantajeado a cambio de la estabilidad del club que amo, aunque algo ya se resiste, se resiste a la opacidad y reclama perdurabilidad. Reclama pactos públicos (dejen en privado las cantidades pero informen de los acuerdos) y duración, únicas líneas posibles para asegurar un Sevilla de los sevillistas y con el centro de decisiones en Sevilla mirando por un bien del Sevilla y de los sevillistas, de los adheridos emocionalmente a él durante generaciones y generaciones que desean seguir trasladando esa inquebrantable adhesión, amor, cariño, fidelidad y lealtad durante otras muchas.

¿Eso es posible con nuestros accionistas mayoritarios? Tengo mis serias dudas, pues requiere de grandeza de miras para todo lo que viene o sería necesario: botar a los norteamericanos, hablar del proyecto de club, de nuestras capacidades y habilidades, del Ramón Sánchez-Pizjuán… ¿Qué les hace falta a los máximos accionistas para actuar pensando en el bien presente y futuro del Sevilla Fútbol Club conjugándolo con dimensionados, lógicos y no desmesurados, intereses propios?

Quiero pensar que en todos ellos anida un fondo de esta intención o posibilidad, aunque, lo reconozco, entra dentro de lo onírico ¿Quién sabe?

En todo caso, hago un llamamiento a la unidad del resto del sevillismo para que sigamos siendo la fuerza del Sevilla, para que aportemos nuestras acciones a Accionistas Unidos o a los sevillistas en los que tengan plena confianza para que puedan representarlas en la Junta como barrera ante las intenciones especulativas de los norteamericanos, que deberían verse privados de todo apoyo desde que entraron de la mano de Castro y de lo que se aprovecha ahora Del Nido. Esas acciones deberían quemar las manos de todo sevillista.

Y no, no juzgaré a quienes hayan vendido, pero este artículo no va dirigido ya a ellos, sino a quienes puedan tomar armas para la batalla, cada acción es un fusil de razón contra los invasores.

Para quienes, sevillistas ellos, ven esto como una posibilidad de crecimiento, les invitaría a plantearse la siguiente reflexión en forma de diálogo.

  • Hola ¿Quién es?
  • Somos los americanos y venimos a hacer grande al Sevilla.
  • Ah, ¿y cómo?
  • Construyendo un equipo que aspire a ganar la Liga y gane alguna y dispute fases finales de la Champions y…
  • Bueno, lo que hace el Atlético de Madrid ¿no?
  • Sí exacto.
  • Pero el Atlético de Madrid tiene 500 millones de presupuesto y nosotros 200…
  • Nosotros vamos a poner 200 millones.
  • Pero eso un año, un proyecto deportivo para eso dura 4 o 5 temporadas, ustedes van a poner 200 millones al año durante 4 o 5 años, es decir, unos 1.000 millones de euros y además pagar 300 a los actuales accionistas mayoritarios ¿Van a invertir 1.200-1.300 millones de euros en el Sevilla? ¿Y cómo piensan no solo recuperarlos, sino además ganar dinero, porque ustedes son “inversores”, cómo?

Mantengan este diálogo consigo mismos, respóndanse y piensen en qué lado estarán.

La polla del Sevilla

Antes de que sigan leyendo, merecen una explicación a modo de advertencia respecto a un titular que explica un contenido, y es la de que al referirme a polla, no lo hago a la hembra del pollo como en algunos lares, o incluso a la fortuna como en otros. Se trata de una alusión directa al miembro viril masculino, al carajo, al cipote, al pene. Sea dicho, con el mayor de los respetos, el que hay que manifestar a la polla del Sevilla, servidumbre y honores a su paso y ante su sola presencia.

Advertida la muchedumbre, procedo. La polla del Sevilla es de nacimiento y, como tal, tiene su carga genética que explica sus características, dimensiones y comportamiento, suele ocurrir así y si no, doctores tiene la iglesia y también la medicina para desmentirme. No somos del siglo XIII ni del XVI como a modo de chanza deslizan algunos con el fin de minusvalorar nuestra fundación en 1890, pero la carga genética del nacido aquel año bajo el nombre de Sevilla Football Club hereda el arrojo, la casta y el coraje de los inquietos. De quienes salidos de una guerra de siglos, se fueron a conquistar (las niñerías para otros) el mundo con tal de ponérselo por montera. De quienes en época de adocenamiento moral, vital y económico, emergieron como titanes para emigrar de nuevo a aquellas tierras o poner en marcha empresas en Sevilla que fueron la única oposición a la decadencia decimonónica y de buena parte del siglo XX.

Esos constructores de sueños y empresas dotaron al Sevilla de la fuerza con la que se irguió su muy noble, leal y soberana polla cuando la ocasión lo hizo menester.

Y menesterosa fue la ocasión en que nuestros bisabuelos la sacaron a pasear en unas semifinales de Copa ante el club más poderoso del momento, el Athletic Club, alineando a jugadores amateurs o juveniles (no recuerdo bien) para vapulear a los bilbaínos en Madrid donde nos hicieron ir a jugar por no dignarse a bajar a Andalucía, que les quedaba lejos. La polla andaluza del Sevilla FC los trituró por 4-1 siendo descalificados. Y como aquélla, mil.

Los ejemplos vívidos en la memoria reciente son numerosos, pero me iré un poco, que no mucho, más allá en el tiempo y me remontaré un cuarto de siglo, 25 años, la última casi quinta parte de nuestra existencia.

Cuando un 1 de agosto de 1995 especuladores del fútbol como Gil, Asensio, García, o Sanz y por espurios intereses, decidieron mandar a un Sevilla FC clasificado para Europa como quinto equipo en la liga anterior, a Segunda B por cuestiones administrativas. Todo organizado y atado en Marbella y con cabezas de troya metidas en el Sevilla como los nefastos Caldas y Escobar. Qué pena Sevilla, perdonen la digresión, que en tu grandeza anidaran los traidores, y aquellos dos fueron los primeros de una larga lista.

Hete aquí, que en la tarde de aquel 1 de agosto de 1995 nos merendamos con que el Sevilla se va… ¡A Segunda B! Donde nadie, deportivamente, había conseguido ni acercarle. Negación, incredulidad, duda, aceptación, ofuscación… Pasamos por todas las fases habidas y por haber.

El club, descabezado: Luis Cuervas, escondido y con drama familiar de por medio, el otro en Disneyworld con las tareas por hacer, los demás bajo tierra… Dieron la cara los empleados. El primero al que mencionar, a Don Manuel Vizcaíno, gerente del club quien más no pudo hacer por evitar la situación a priori ante la negligencia vicepresidencial y la propia presidencia y “durante” canalizando los esfuerzos y posibilidades de ayuda que en las siguientes y vitales horas le hicieron llegar muchos sevillistas entre quienes destacar en aquellas nefastas y críticas horas a Eduardo Romero. Me quedaría corto y sería injusto por no nombrar a todos los sevillistas que arrimaron el hombro así que cerceno la lista en los dos casos paradigma de la situación dentro y fuera del club.

Horas en las que los traidores de aquí y los contumaces aliados de Madrid-Marbella apretaban pero no ahogaban.

¿Pero qué coño iban a ahogar a la inconmensurable polla del Sevilla? A la que salió a las calles derretidas de la capital de Andalucía en la tarde abrasadora de aquel 2 de agosto. ¿Cómo iban a poder con ella? La sangre afluyó de las calles, plazas y barrios, de las playas y sierras al solo conjuro del nombre del Sevilla FC y se irguió poderosa, altiva, infranqueable protegiendo al escudo del Sevilla: se mira pero no se toca.

Se mira, se ansía, se desea, se quiere destruir o se pretende apropiar, pero no se toca.

De abuelas a hijas y a nietas. Escenas imborrables, perdurables, memorables. Y quien tuvo que tomar buena nota, lo hizo, paripés más o menos prolongados en el tiempo, quienes debieron hacerlo desde Monsalves hasta la Moncloa tomaron nota. Mala cosa ir a las bravas a por la polla del Sevilla.

Aquella erección quedó registrada en los sismógrafos de toda Europa con el 8 de la escala Ritcher. En los últimos 15 años las ha habido de todos los tipos. La última de todas ellas, ocurrió en diciembre de 2018 tras cierta Junta General. Fue un mensaje para navegantes: ahí está la polla del Sevilla, para lo bueno y para lo malo, siempre alerta, siempre vigilante, siempre temible: en campos, calles y tribunales.

Cuando oigan hablar de la polla del Sevilla, conozcan su historia y su geografía, sus nervaduras como vericuetos que siempre encontrarán una explicación en sevillista.

Y ahora sí, perdonen mi lenguaje, mi expresión, quizás soez para espíritus y ojos delicados, los entenderé y me reconfortaré en la lectura ávida de textos de Camilo José Cela.

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Paolo Bruno

Con la clase, el estilo y el señorío no se juega

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