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Enrique Ballesteros - Columnas Blancas

El Seny sevillista

El tanteado por ColumnasBlancas, Rubén Uría, muy querido por el que escribe y por la comunidad sevillista, ha enjabonado a Lionel Messi en una entrevista exclusiva mundial donde el crack argentino se delató a sí mismo a la vez que intentaba poner en evidencia al Presidente del Barcelona. Todo ello dentro de un culebrón de verano que a los sevillistas ni nos va ni nos viene más allá de que somos la víctima favorita del Maradona del Siglo XXI. Sin embargo, a un servidor le gusta el fútbol y la actualidad, y mientras seguía esta “novela” caía en la cuenta de la diferencia entre un aficionado del Sevilla o de cualquier equipo con cierta identidad no tiene nada que ver con el hincha que elige lo más fácil, que en España es el Real Madrid o el Barcelona.

El caso de Lionel Messi en el Barcelona es el mismo que el que sufrimos nosotros con Dani Alves al término de la temporada 2006/2007, o extrapolándolo a otro club y más visible en nuestros tiempos, el de Fernando Llorente en el Athletic Club en el proceso de transición del viejo al nuevo San Mamés. La guinda ha sido una encuesta de mi querido compañero Albert Valor que a su entorno azulgrana le pregunta, después de la exclusiva de Goal, que si a la estrella albiceleste hay que perdonarla después de su fallido movimiento. Y la respuesta mayoritaria ha sido “No hay nada que perdonar”.

Nadie duda que Lionel Messi es y ha sido durante la última década el mejor futbolista del mundo, así lo hemos sufrido nosotros que incluso nos ha privado de títulos con él sobre el tapete; pero no significa menos que lo que representó Dani Alves para el Sevilla, hoy muy querido pero que, cuando levantó en Madrid el quinto título en 15 meses se declaró en rebeldía. Considerado uno de los jugadores más técnicos, sino el que más, de nuestra historia, descubrimiento de Monchi en toda regla y protagonista de primer rango en el “Sevilla Top Class” que eliminó de un plumazo más de medio siglo de carestía sevillista, se plantó.

Se negó a disputar la primera jornada de aquella temporada frente al Getafe aparte de no viajar a Atenas para jugar la previa de la que sería la primera, y por tanto histórica, Champions League (no confundir con Copa de Europa) del equipo andaluz. La afición nervionense condenó aquello. No le parecía bien la actitud del que había sido su ídolo, su estrella. Varios clubes de la elite europea, por supuesto el Barça entre ellos, había tentado al brasileño con cifras mareantes y éste, ante su último contrato, intentó presionar declarándose en huelga para que, en aquel tiempo, José María del Nido se prestara a negociar y, por tanto, a vender. Con el caso “Sergio Ramos” tan presente, el club se negó y no es descartable que, en aquel instante, estuviera equivocado, pero al seguidor sevillista, embriagado de títulos hace 13 años, ni se le pasó por la cabeza cuestionar la decisión, acertada o no, de la institución.

Todo lo contrario, condenó a Dani Alves, porque el aficionado sevillista valoró que, por encima de todo, está el honor y la respetabilidad no de un jugador en particular sino de clubes poderosos que intentan pisotearte a golpe de talonario. La desgraciada y repentina muerte de un compañero como Antonio Puerta le hizo rectificar (es curioso como el único que le visitó en el hospital durante aquellos días agónicos y póstumos fue él, puesto que el equipo se encontraba en Atenas). A partir de ahí, el genial lateral se retractó, decidió continuar en el club, realizar una buena temporada 2007/2008 y ser al año siguiente la venta más cara, actualmente, de la historia del club que manda en la Europa League (unos 40 millones sumando variables).

La redención que pide ahora el barcelonismo sobre Lionel Messi no tiene nada que ver. El argentino no solo se ha negado a jugar sino que se ha dedicado a “echar mierda” sobre el club, o sobre una persona que fue elegido democráticamente según los estatutos de ese club. Se ha mofado del escudo del Barcelona por ¿un año de contrato? Ha querido echar un órdago y ha hecho el ridículo, también desde el punto de vista jurídico, lo que evidencia también a su entorno. Dentro de unos meses se irá libre a ganar más dinero, como si lo necesitase; y en el Barça no habrá dejado un duro, pero sí a un rebaño internacional de borregos embaucados por sus records inalcanzables o por crear toda una era futbolística a nivel mundial. Salvando las distancias, lo que hubiera supuesto Dani Alves si no llegase a rectificar, o lo que supuso Juande Ramos, o Enzo Maresca en una época (o Vitolo, Unai Emery o Sergio Rico en otra), o todos aquellos que deportivamente marcaron un antes y un después en la historia del club andaluz pero que, con mayor o menor grado, por una u otra circunstancia, no salieron por la puerta grande de la Bombonera de Nervión. Y es que “Roma no paga traidores” Más que nada porque por encima hay un sentimiento, unos valores, en definitiva, un escudo.

EFE

Insulina

Solo el Barcelona ha dado menos pases en el último tercio con respecto a sus pases totales en esta liga (9%) que el Sevilla de Julen Lopetegui (10%). Atendiendo a este dato descenderíamos a Segunda División, según éste y unos cuantos más. Es una estadística como otra cualquiera. Como las que se han disparado estos días después de ganar al Eibar, alcanzar los 60 puntos, superar el puntaje de cada una de las dos últimas campañas y tocar casi con la mano la clasificación para la próxima Liga de Campeones. Esta ilusión desmedida ha hecho que se celebre un tercer puesto en datos de posesión, repito, posesión (después de burlarse del Real Betis de Quique Setién, del tiki taka y del juego bonito); o también quintos puestos que, atendiendo a esos datos, no cumpliríamos el objetivo de estar en la máxima competición continental. Pero más allá de lo empírico, lo peor de todo es que se ha multiplicado la prepotencia, se ha dado por supuesta la clasificación y, sobre todo, se han hecho burlas de la autocrítica.

El aficionado sevillista que, desde el principio, creía en el nuevo proyecto de Monchi con Julen Lopetegui al timón, está de enhorabuena. También todos aquellos que, por razonamiento futbolístico, responsabilidad, conveniencia, resultadismo o veletismo, se han ido sumando a este barco. Ahora todos tuvieron razón, cuando en 2019 a estas alturas de año, en el entrenador guipuzcoano solo se creía en “la isla”. Una actitud que, sin duda alguna, cuando los resultados no sonrían se volverán en contra y se posicionarán al lado de los que ahora, de forma más analítica, inciden en los defectos. A los acusados se les difama que se alegrarían si el Sevilla se diera un batacazo en estas jornadas restantes. Esto último desde luego es de no ser buena persona. Ningún sevillista quiere que pierda el Sevilla, aunque sea para llevar la razón.

A falta de cuatro jornadas, es decir, sobre 12 puntos posibles, el Sevilla aventaja al Villarreal en seis puntos, con el detalle que, en el empate entre nervionenses y groguets, el average tiene tintes mediterráneos. El Getafe tiene un punto menos que los amarillos y tiene también opciones de capturarnos, y más teniendo en cuenta que, mientras se está escribiendo este artículo, se está disputando el Getafe-Villarreal, partido que habrá despertado más interés que el encuentro del Betis. Pues para muchos sevillistas, esta tesitura ya es sinónimo de celebración.

De Alzheimer temprano, no nos acordamos que, en la temporada 2004/2005, el Sevilla, que iba tercero, aventajaba en cinco puntos al quinto clasificado, también con 12 puntos por jugarse. El conjunto hispalense, en aquel curso, perdió el derbi en La Palmera, empató en casa con el Real Madrid, empató en Getafe y perdió en casa frente al Málaga. Sacó solo dos puntos y terminó quinto. Sí, si no llega a ser por esa mala racha, el Sevilla no se hubiera proclamado campeón de su primera UEFA al año siguiente. Pero, a cambio, tuvimos que relevar al entrenador, vender a nuestros mejores jugadores y reconstruir una confianza que solo el paso de rondas europeas ayudó a recuperar. Nos vimos escuchando los acordes de Händel el año de nuestro centenario y nos agarramos a la guitarra de Javier Labandón para curarnos en humildad y, desde la base, trabajar para ser grandes.

Pecado en el que estamos volviendo a caer. Y, ojo, que no está mal sacar pecho. Quedar entre los cuatro primeros es para ello y para alegrarse; pero no es sinónimo de obviar los defectos del equipo, ni de quienes señalan esos aspectos a mejorar que ayudan a seguir creciendo. Pues no. No se tiene en cuenta que, en los partidos como local, nuestras actuaciones no son las más óptimas. El Sevilla de Julen Lopetegui tiene estilo propio, reconocible, y, como tal, los rivales que juegan de visitante en función del rival, se lo estudian y lo ahogan. Por eso las primeras partes del Sevilla son para olvidar. A no descuidar la parte trasera, a tocar en tres cuartos de campo y ser horizontales. Y esperar a alguna genialidad individual. Unas cualidades magníficas para jugar lejos de Nervión. Porque, eso sí, el rendimiento de los nuestros a domicilio esta temporada ha sido extraordinario. Tan maravilloso que inclina la balanza de forma positiva a pesar de nuestras bochornosas actuaciones como local, a pesar de cosechar solo un 53% (ocho de 15), sin olvidarnos de empates en forma de derrota como ante el Alavés, el Espanyol, o el Real Valladolid, o las victorias surrealistas, agónicas y pidiendo la hora frente a Leganés, Osasuna y Eibar

Y no, no se trata de jugar mal, hacer uso de las pocas facultades que tienes, y ganar en el último minuto y de penalti injusto. Porque no se trata de eso. Porque no es nuestro caso. Porque el estilo “tiki taka” del Sevilla se aleja mucho del bilardismo del que alardea el sevillismo, del que presume Monchi en cada confinado documental; porque la plantilla del Sevilla está entre las cinco mejores de LaLiga; porque no es que ganes en el último minuto, es que sufres como un condenado en el último minuto. Y porque al Sevilla no le señalan penaltis injustos, sino más bien los árbitros últimamente tienen una disposición contraria a ello. No está todo hecho y el Sevilla tiene un problema muy gordo en casa que debería pulir en lo poco que nos queda en el campeonato doméstico (por no hablar del europeo). Es importante respetar las opiniones de los demás. Más que nada porque el azúcar nubla la vista, y no viene nada mal un poquito de insulina.

Reuters

Una trampa como hipocresía

Mayo tiene trampa para un sevillista. Da igual el día en el que te encuentres que hay algún recordatorio que te traslada a un día donde fuiste feliz. El Siglo XXI nos acogió de forma afectiva después del maltrato que sufrimos en los últimos compases del Siglo XX. Y ello ha venido acompañado de fechas que quedarán para siempre para la posteridad. Desde el gol de Antonio Puerta el 27 de abril (sí, sé que no es mayo) con el pase en jueves de Feria a la primera final europea de nuestra historia hasta el 23 de junio (tampoco lo es) con la consecución de la Copa del Rey de 2007 con aquel Madrid invadido y que yo vaticiné en uno de mis sueños de pequeño al ver 85000 almas viajeras tomándose aquel desplazamiento como pasar “un día en el campo”.

Cualquier efeméride es una excusa para contar algo, una anécdota, cualquier detalle social o deportivo, que para ti, sevillista, sin duda influyó mucho en tu vida. Podría hablar de mi experiencia en el Auditorio de La Cartuja, de mi viaje semanal por Gran Bretaña con parada en Glasgow y fonda en Edimburgo, de cómo empezamos a perder LaLiga de 2007 en A Coruña después de una orgía en el hotel María Pita, de los hielos que nos faltaron en Turín, del ¡¡hostias Rodri!! o del botellón en forma de “corteo” en Valencia tras sufrir el mayor atasco de mi vida en la A3,…, de miles de cosas que daría para un libro y que, a cada uno, en su experiencia personal, le servirá a uno para aislarse mentalmente de estos tiempos difíciles.

Porque nos encontramos en una época complicada. Una etapa donde se abren muchos debates existenciales. Todo, absolutamente todo, se pone en tela de juicio. Y hasta lo más básico, como son las autoridades sanitarias, es saltado a la torera por una supuesta manipulación de los instrumentos. En un periodo donde al principio se vendió que, con la unión de todos, íbamos a salir adelante, prolifera el mayor de los egoísmos y, en realidad, cada uno vela por sus propios intereses. No aceptamos consejos de nadie y todo lo extrapolamos a lo personal cuando nosotros mismos nos movemos por inquietudes particulares. A mí, como periodista, se me abre una película completa sobre el reinicio del fútbol y la protesta de gran parte de los aficionados sobre la ética o el negocio que supone esta reanudación.

Porque se abren dos vertientes bien diferenciadas. Por un lado, los aficionados que no quieren saber nada del fútbol hasta que el 100% de los aforos sean completos. Según una información del Valencia a sus socios, no se garantiza la presencia de público hasta marzo de 2021. Pues bien, hasta esa fecha, nada de nada, puesto que los clubes se deben a sus hinchas, y los partidos quedan supeditados a la presencia de los seguidores en las gradas, por lo que la no presencia de ellos a un tercio de la conclusión de la competición supone, incluso, la adulteración de la misma. Para un club como el Sevilla, la presencia de público siempre ha sido fundamental tanto que, históricamente, su rendimiento como local es inversamente proporcional a lo ofrecido a domicilio. Cuando, en los tiempos recientes, ha habido una atmósfera enrarecida, casualidad o no, no se han sacado adelante los resultados previstos. Me acuerdo de ese minuto de silencio que suponía el 16, o cuando mismamente Biris decide no animar, por la razón que sea.

A ello se le añade la verdadera razón de por qué nos preguntamos todo esto: la sanitaria. Si el Gobierno autoriza a que Javier Tebas, Presidente de la LFP, pueda reanudar la competición sirviéndose de tests para que los futbolistas puedan estar protegidos por el Coronavirus, ¿por qué tienen que estarlo ellos y no los trabajadores esenciales que están expuestos a contraer esta enfermedad? En realidad, el trato de favor hacia el fútbol y los proyectos impetuosos de Javier Tebas han existido siempre (y más ahora que tampoco tiene enfrente a Luis Rubiales, Presidente de la RFEF, necesitado de dinero y ocupado en problemas de otro calado con el fútbol no profesional), y la LFP lo que hace es actuar como una empresa que protege a sus trabajadores. Pero es hipocresía porque, aunque se esté intentando “abrirnos” hacia la (nueva) normalidad, todavía hay regiones, como la Comunidad de Madrid en la que resido, donde ni siquiera está garantizada la atención primaria. Vamos, que aún no me puedo poner malo aunque hayamos pasado de fase…

Y, en la otra cara de la moneda, la otra vertiente. La de aquellos que quieren la reanudación de la competición por el simple hecho de que hay comenzar a abrir más tarde o temprano, y que el fútbol profesional, como cualquier trabajo, y todos los sectores que dependen de él, como cualquier trabajo, también tienen derecho a proseguir su negocio; y, por tanto, a que sus trabajadores continúen desempeñando su función. Una de estas funciones es la del periodismo, en la que yo me encuentro, y que es tachado de hipócrita por no dar pábulo a las reivindicaciones de aquellos sectores de aficionados que se oponen al reinicio. Nadie va a descubrir ahora que los intereses económicos son los que manejan los designios de los medios de comunicación; pero los periodistas tampoco son de piedra. Aunque somos profesionales que, si bien, obedecen a una ética objetiva, dependemos de la apertura de LaLiga. Aún así, otro deber nuestro es el de comunicar lo que está pasando, ni más ni menos. Y lo que está pasando es que se está haciendo todo lo posible para que el fútbol se reinicie.

Porque sí, desgraciadamente, la televisión es la que manda. Y es la que genera la mayor parte de ese porcentaje de PIB que se han visto estos días por los medios. Y la televisión manda porque hace unos 30 años se concluyó que el fútbol era deficitario y que si seguía dependiendo de los socios estaba en vías de extinción. Por desgracia (vuelvo a repetirlo), el fútbol se le escapó de las manos a los aficionados, y se fue a las de las empresas, que tienen hoy en día en la televisión la manera de potenciar, como fin último, un equipo de fútbol que exigen los propios seguidores. No hay mayor hipocresía ahora que estamos en una situación extraordinaria que antes cuando na lo había. Y pienso que no hay mayor hipocresía en aquellos que quieren que se abran ciertos sectores, incluso beneficiando a privilegiados como el fútbol a pesar de que hay deficiencias en la gestión autonómica de la sanidad; que aquellos que la defienden y luego se ponen enfrente del televisor alimentando este negocio.

Como se ha demostrado estos días con la fiebre de la Bundesliga. Todos esperando a ver el Borussia Dortmund – Schalke04, que tuvo una audiencia de 162000 espectadores en Movistar convirtiéndose en el encuentro más  visto de la historia de esta competición con diferencia. Es más, un seguimiento superior a lo que genera cualquier partido del Sevilla, que no sea contra Barcelona, Real Madrid o Atlético de Madrid. Seamos serios, un poco de mono fútbol hay. El fútbol en concreto, o el deporte en general, también pueden ayudar a airearse de tanto clima negativo que hay en la sociedad. No hay por qué dejar los problemas de lado y dejar de estar atento a la actualidad, solo que puede servir de una ayuda psicológica importante.

Y, al final, por muy lucrativo que sea, el fútbol nos toca el corazoncito de lo que nos importa, en nuestro caso: el Sevilla FC. ¿Qué nos hubiera convenido el parón porque ya estaríamos clasificados para Champions League? Sin duda, pero puede ser un premio a corto plazo dado que las pérdidas económicas pueden ser desastrosas a largo. Muchos sevillistas, por aquello del Karma, están convencidos que perdemos el derbi, nos caemos de los puestos UCL y haya un rebrote que obligue a suspenderlo todo. Eso, para los más agoreros, ni se cotiza. Para los más positivos y realistas, el Sevilla ha demostrado esta temporada todo lo contrario a lo que indica su historia. Se ha movido mejor en ambientes fríos, lejanos y hostiles como son sus partidos a domicilio que las dudas que ha mostrado en casa. Este clima lo va a tener durante 11 jornadas. Veremos a ver si estos 11 partidos, más los europeos que puedan venir, nos ayudan a superar, a unos más que otros, esta delicada situación y que, en un futuro, nos ayude a sumar más buenos recuerdos, más anécdotas y más cosas que contar como nos sucede cada mayo.

Los datos más cofrades

En esta época que nos ha tocado vivir confinados más lejos de la división que de la unión y echando de menos la rutina frenética diaria de partidos, la mayoría de la comunidad sevillana a buen seguro se estarán acordando del incienso, la tradición, las procesiones, el recogimiento y el sentimiento de devoción, cariño, amor […]

EFE

Siento que ya llegó la hora

El Athletic Club llega a una final de la Copa del Rey. Cuánto sevillismo he visto en esa eliminatoria de semifinales. Es 6 de marzo (en el momento que escribo este artículo) y el 4 de marzo se cumplían 11 años de la debacle de Bilbao. De ese “nos comeremos al león desde la cabeza […]

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