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Edu Saniña - Columnas Blancas

Dramas FC

Severo Catalina, político y escritor allá por el s. XIX, exhaló una frase que bien podría atribuirse al sevillismo actual, al de hoy en día: “El hombre, cuanto más asciende de la escala de la felicidad tanto más sube en la escala de las exigencias.” Ese puede ser uno de los -benditos- problemas de lo que de un tiempo a esta parte se ha convertido nuestro equipo. Si bien hace poco más de 14 años el equipo llevaba la friolera cantidad de 58 años sin oler plata, el no levantar uno en las últimas temporadas se ha convertido en un auténtico drama y, como bien dice mi madre, ni tanto ni tan calvo.

La temporada actual empezó de una forma espectacular con el juego reconocible de un equipo de nuevo construido por Monchi, ‘alma mater’ del mejor Sevilla FC de la historia, y bajo la dirección de Julen Lopetegui, entrenador más conocido por su ‘traición’ a la selección nacional y su decepción en el Real Madrid que por su capacidad en los banquillos. El León de San Fernando tuvo que acometer la mayor inversión de la historia del club para, en parte, subsanar todo lo malo que hicieron sus sustitutos en el cargo en apenas tres temporadas que, de no haber sido por la debacle romana en Porto acompañada de la debacle sevillista en Praga, hubiera hecho que los caminos de Monchi y el club no se hubiesen vuelto a unir tan pronto.

Entrenador nuevo, 13 caras nuevas en la plantilla y, agárrense de sus asientos, 18 salidas en una de las ‘limpias’ más grandes que recuerdo en un equipo que en la ausencia de Monchi no es que bajase a Segunda, no. Tampoco llegó a coquetear con la parte baja, no. Todo lo contrario. A pesar del malestar general, de que pasasen cuatro entrenadores en cinco etapas (Caparrós repitió en ambas campañas) y de todos los vaivenes que dio el club, ambas campañas acabaron con el club de nuevo en puestos europeos, unos cuartos de final de la Champions League y una final, de infausto recuerdo, de Copa del Rey. Para cualquier otro equipo del mundo esto hubiese desencadenado en un estado de felicidad permanente, pero aquí, en un club en pleno crecimiento y acostumbrado a codearse con las más altas alcurnias no todo vale y eso, también señal de grandeza.

El equipo lleva toda la temporada instalado en los puestos altos de la tabla, con una idea de juego que, cierto es, parece ir a peor y no a mejor, y con un desacierto de cara a portería impropio de un equipo que en los últimos años ha contado con jugadores como Luis Fabiano, Kanouté, Negredo, Bacca, Gameiro o Ben Yedder. Pero como bien dijo Monchi el proyecto necesitaba su tiempo y un Lopetegui, al que parece que el equipo se le está cayendo, pero salvo la decepción copera ante el Mirandés, está cuajando una gran temporada.

Solo el final de temporada podrá darle al equipo el lugar que se merece tanto en la competición doméstica como en la UEFA Europa League, donde el Sevilla buscará su sexto entorchado. Hay mimbres y el sevillismo deberá animar y esperar a mayo para aplaudir o pedir explicaciones. Mientras tanto, que nunca acabe esta bendita exigencia.

Hace falta valor

Si nos remontamos tiempo atrás, nada es lo que es ahora y menos en el Sevilla FC. Un equipo acostumbrado a ver como eran otros los que levantaban los títulos. Por mi corta edad no pude vivir esos años de frustración, pero me cuenta mi padre, con tono de rabia y voz entrecortada que durante años era habitual ver al Zaragoza, Espanyol, Real Sociedad… hacer cosas impensables para una generación que no sabía lo que era tocar plata. También me cuenta mi padre que lo que nos sacó de la más absoluta miseria fue nuestra cantera o, mejor dicho, nuestros canteranos.

Fue él quizá el que me metió ese veneno de amor por la cantera. Recuerdo mañanas y mañanas yendo a la Ciudad Deportiva a ver el Sevilla ‘B’ de Manolo Jiménez o aquel División de Honor dirigido por Luis de la Fuente. Eran otros tiempos donde las penurias económicas hacían que la apuesta por la cantera fuese necesaria. Años donde el equipo estaba formado en su mayoría por jugadores criados en la Carretera de Utrera y con un ADN sevillista que le daba algo de magia a esto del fútbol.

Como bien decía aquella canción de Radio Futura lo que pasa ahora en el Sevilla FC es que ‘Hace falta valor’. Me jode pensar que una mentira, por muchas veces dicha, se torne en realidad. De un tiempo a esta parte he escuchado en infinidad de sitios que nuestra cantera está devaluada porque lleva mucho tiempo sin sacar jugadores para el primer equipo. Pero creo que eso es más un problema de oportunidades que de talento porque, como siempre les digo a los que me preguntan, en nuestra Cantera hay muchos y muy buenos talentos.

2019 cierra en unos días con un dato que deja a las claras lo que hablo en las líneas anteriores. Todos los escalafones de F-11 (obviando a Sevilla Atlético y Sevilla C) fueron campeones de Liga e incluso algunos, como el Sevilla FC Infantil fue también campeón de Andalucía. El División de Honor, de la mano de Alejandro Acejo, recuperó la hegemonía en el Grupo IV, el Liga Nacional volvió, al igual que el División de Honor Cadete, a ser campeón dominando el grupo de principio a fin. Todos salieron campeones y, no solo eso, el número de jugadores convocados para la Selección Española ha ido en aumento hasta tal punto de ser junto a Madrid, Barcelona y Atlético el único en tener representantes en todos los escalafones de la Selección: Pozo y Amo (sub-21), Luismi Cruz (sub-20), Bryan, Pablo Pérez, Iván Romero y Paco Fernández (sub-19), Juanlu Sánchez y Zarzana (sub-18), Adrián González y Carlos Álvarez (sub-17), Ángel Rueda (sub-16) y Alberto Espiñeira, Álvaro Arquellada e Iker Amuedo (sub-15).

De las oportunidades que se les den a los jóvenes talentos de nuestra cantera dependerá el futuro de nuestro equipo. En un mercado roto en lo económico, mirar a la cantera puede ser una fórmula de acercarse aún más a los grandes de Europa. Confíen en la Carretera de Utrera y recuerden que allí se forman campeones del mundo.

Jesús Navas, de duende a leyenda

Hablar de Jesús Navas es hablar del Sevilla FC. Parece que fue ayer cuando hace 16 años, un 23 de noviembre de 2003, estrenando su condición de mayor de edad conseguida dos días antes, debutaba en el Ramón Sánchez-Pizjuán ante el RCD Espanyol. Ha llovido desde entonces, sí, pero la ilusión y las ganas son las mismas para el palaciego, que sigue pulverizando récords y vive una segunda juventud a los 34 años, siendo líder en el Sevilla FC y uno de los fijos en la Selección Española. Hablar de Jesús Navas es hablar de aquella inolvidable banda derecha con Dani Alves, o de los centros que le empezó poniendo a Baptista, Antoñito o Aranda, continuó con Kanouté, Luis Fabiano o Negredo, y que ahora disfrutan los Chicharito, De Jong y compañía.

Atrás quedó aquel niño que sorprendía a todos con su talento. Atrás quedaron los problemas personales que le impidieron rendir a un mayor nivel si era posible en los primeros años de su dilatada carrera. Atrás quedaron los récords de leyendas de antaño como Pablo Blanco o Manolo Jiménez. Y todo por aquel chaval de Los Palacios que una tarde maravilló al propio Pablo Blanco en Los Palacios, y eso que el futbolista al que había ido a ‘cazar’ el XI Dorsal de Leyenda sevillista no era Jesús, sino el portero Wilfred, ahora en las filas del Marbella FC. No se lo pensó dos veces el bueno de Pablo e hizo un dos por uno para fichar al ‘Duende de Los Palacios’.

En su primera etapa en el conjunto nervionense, el palaciego fue pieza clave para la consecución de los títulos de los sevillistas. Asistencias en las finales de Eindhoven, Glasgow o Mónaco y aquel gol inolvidable en la final ante el Atlético de Madrid en Barcelona. En total, hasta 6 títulos los que levantó el sevillista en su primera etapa, desglosados en dos Europa League, dos Copas del Rey, una Supercopa de Europa y otra de España. Pero no solo con el Sevilla FC cosechaba éxitos el extremo nervionense, y es que mientras tanto, el ‘Duende’ o ‘El Pajarillo loco’ -como le renombró Pepe Reina tras el Mundial de Sudáfrica-, también seguía cosechando éxitos con la selección, con la que se proclamó campeón del mundo en Johannesbugo, con aquel gol de Iniesta que comenzó con una carrera suya. También estaría el palaciego en la Eurocopa de 2012, en la que también se acabó consiguiendo el título que cerraba el círculo de éxitos del combinado nacional.

Iba a ser en el verano de 2013 cuando el palaciego iba a abandonar a su Sevilla tras 10 temporadas instalado en el primer equipo. Jesús hacía las maletas y cogía un vuelo a Manchester, pero algo dejó claro en aquella multitudinaria despedida en la Ciudad Deportiva: no era un adiós, era un hasta luego. 4 años más tarde, y tras 187 partidos con el conjunto ‘citizen’, donde añadió a su extenso palmarés una Premier League y dos Copas de la Liga, el palaciego decidió terminar su periplo inglés y volver a casa, para el deleite de su afición.

Fue el 1 de agosto cuando se anunció que el niño volvía a casa, pero lo que no sabía nadie, por mucho que algunos lo imaginaran, es que volvía para convertirse en leyenda. Con el ‘16’ de su amigo Antonio a la espalda y el brazalete de capitán en el brazo el palaciego está viviendo una segunda juventud. Desde convertirse en el jugador con más partidos (488) superando a Pablo Blanco (416), jugador con más victorias en Liga con el Sevilla FC (172) superando a Juan Arza (171) o jugador del club con más victorias en partido oficial con el equipo nervionense (251). En el club saben que Jesús no es un jugador, sino una leyenda, y así se lo hicieron saber dándole su nombre al Estadio principal de la Ciudad Deportiva.

Disfrutemos de Jesús, de su fútbol y de sus ganas -más propias de un chaval que empieza que de un futbolista con casi 700 partidos en la élite-. Ese es su secreto y, por supuesto, la suerte del Sevilla FC. Del ‘Duende’ a la Leyenda. Siga haciéndonos disfrutar como solo usted sabe, capitán.

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