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David Melero - Columnas Blancas

Una asignatura pendiente para algunos

Humildad. Característica que consiste en tener consciencia de nuestras virtudes y defectos y obrar en acuerdo a esto. Valor totalmente contrario a la soberbia. No ser arrogante. Obrar bien sobre los demás. A medida que uno adquiere humildad se va haciendo un pequeño hueco en el corazón de los demás.

Porque una persona modesta tiene un rincón reservado en todos los sitios, o al menos, así me lo hicieron saber durante mi niñez. Sin infancia y una buena educación, la humildad no aparece en la vida de nadie, debido a que desde mi perspectiva, este valor no se trabaja, debe inculcarse a partir del primer lloro en los brazos de nuestros progenitores. Como diría José Ángel Buesa, “sólo es grande en la vida el que sabe ser pequeño”.

Como algunas tardes de primavera, me disponía a escuchar diversos podcasts y leer algunos artículos de distintas épocas futbolísticas. Curiosamente y, de manera totalmente fortuita, encontré una columna de Tomás Roncero en el Diario As del año 2017. En ella, el periodista deportivo español analizaba el pase a la final de la Champions del Real Madrid  tras eliminar al Atlético de Madrid. Todo me pareció normal hasta que al final de la columna leí esta frase: “El Madrid no tuvo infancia, nació grande”. Al instante, mi conciencia me hizo apagar el móvil y reflexionar ante tal afirmación.

Equipos “grandes”. Cuando no estás acostumbrado a caer, no valoras tus verdaderos éxitos. A la mínima que algo empieza a fallar, juegas con tu poder económico sin observar a tu alrededor; la discriminación no es palabra tabú en vuestro diccionario. Aceptar la derrota pocas veces es una opción, mirar a tu lado y culpar al ajeno es tu perdición. El fútbol hace tiempo que no es de los aficionados, pero ustedes, quisisteis desterrarlo de nuestros corazones para siempre, y eso JAMÁS podrá ser perdonado. Jugasteis con el sentimiento y el motivo de vivir de algunos, la palabra “fútbol” os sobrepasa.

“Grande es aquel que camina sin pisar a los demás”.

Los valores de la niñez nunca pueden perderse, de hecho, si tus verdaderos seguidores afirman no haber pasado por ella, difícilmente puedes adquirirlos. Años de tu vida donde te caes una y otra vez, sin tener éxito, hasta que de repente un día la vida te sonríe. “Nacer grande” es una verdadera pasada, un orgullo para tus fans, pero a la hora de la verdad, nada es tan bonito como parece. Cuando toca levantar cabeza después de un verdadero fracaso, todo se vuelve más costoso, la mayoría de tus seguidores se aferran a increíbles hazañas conseguidas en el pasado, sin tener cabida la autocrítica. Conocer el sabor de la derrota es un enriquecedor proyecto a largo plazo.

Si hay algún lugar que haya comido tierra una y otra vez, ese es el barrio de Nervión. La tristeza y la derrota estuvieron sobrevolando durante esa maldita época por cada rincón sevillista, sin piedad, pero con la cabeza alta y con sus seguidores al pie del cañón para apoyar a los suyos. Problemas económicos que nos hicieron más fuertes, adversidades que a día de hoy nos sitúan en lo más alto del mercado futbolístico. ¡Ay Monchi de mi vida!

Un canterano nos cambió la vida, un chaval que, con su esfuerzo, sacrificio y su zurda de diamante  colocó al Sevilla FC en la cima. Ese día supimos que nuestra “infancia” tenía punto y final.

El fútbol le debe una al Sevilla FC, el verdadero tapado en la lucha por la Liga. Restan 5 jornadas por dis(fr)putar, tenemos que ir con todo, nadie puede robarnos la ilusión. Nadie la quiere como nosotros, ¡VAMOS, JODER!

El Sevilla FC es la VIDA

A veces, cuando las cosas no van como uno quiere, buscamos miles de formas para darle la vuelta a la situación, luchando sin descanso por una deseada estabilidad. Solo tenemos ese objetivo, la cabeza no para de dar vueltas y vueltas, la incertidumbre y el miedo no nos dejan descansar. Existen miles de ecuaciones para llegar a la meta, pero los locos con ese bendito veneno, siempre echamos mano del “colorao”.

El Sevilla FC está en todas las facetas de nuestra vida, en las buenas y en las no tan buenas. Dicho sea de otra forma, está en las buenas y aparece en las malas dándonos el respiro necesario para solventar el aparente indescifrable problema.

“Si en las buenas te quiero, en las malas te amo”. Lema protagonista entre la parroquia rojiblanca. Frase que al fin y al cabo usamos en nuestro día a día, porque antes de ser un equipo de fanáticos, el sevillismo es una pequeña gran familia dentro de este enredado mundo.

“Respetados en Europa y ninguneados en nuestro país”. Esa es la situación actual de nuestro equipo. La tropa de Julen Lopetegui es alabada y respetada por media Europa, mientras que de fronteras para adentro, el equipo rojiblanco es el blanco fácil de todos los francotiradores adinerados, o más bien, un saco de boxeo para adultos enrabietados. A veces, reconocer el éxito del vecino, nos duele mucho más que nuestros propios fracasos.

“El trabajo siempre es la clave del éxito”. Ejemplos en nuestra actual plantilla hay varios, pero Aleix Vidal puede ser el profesional que mejor refleja el resultado buscado. Jugador que ha trabajado en la sombra, día sí y día también, recibiendo críticas sin haber demostrado ningún ápice de su juego. Ahora, es titular en el once de Julen Lopetegui, no hay otro camino. Trabajo, trabajo y más trabajo.

“Dicen que nunca se rinden”. Eliminatoria frente al Borussia Dortmund, partido en el Ramón Sánchez Pizjuán donde el Sevilla FC no estuvo a la altura de los germanos. Los nuestros no encontraron en los primeros noventa minutos de eliminatoria la fórmula para destruir el denso bloque amarillo. Queda el partido de vuelta, muchos nos dan por muertos, pero no es ni mucho menos la primera vez que ocurre. Nos han dejado vivos. Amigos y amigas, no lo olviden, SOMOS EL PUTO SEVILLA FC.

Un balón y una equipación blanca del Sevilla FC, esa fue mi infancia. Cuando la camiseta estaba en la lavadora, una frase salía de la boca de todos los vecinos de mi pueblo. “Niño, ¿tú qué eres del Madrid o del Barça?” Nada me daba más coraje. Pero un chaval con mucho descaro, siempre tenía la misma respuesta, “Yo zoy del Sevilla FC”. El acento, y la valentía de ser diferente en el apartado futbolístico, fue la firma de mi maravillosa niñez.

¡Cuánto le debemos a las personas que nos guiaron hacia el camino del sevillismo! En mi caso, mi padre fue el encargado de inyectarme el veneno. Muchos kilómetros separan a mi pueblo del barrio de Nervión, pero gracias a él, no caí en la monotonía “Madrid o Barça”.

Gracias “pisha”.

Nada es como era

De pequeños somos tan ilusos que pensamos que la vida “de mayor” será más grata en comparación con nuestra añorada infancia. Lo teníamos todo pero “Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”.

Personalmente me apetecía compartir mis experiencias futbolísticas que a día de hoy recuerdo con nostalgia. Natural de un pueblo de Cádiz, Barbate, sí, BARBATE, un pueblo encasillado y maltratado por el ignorante que se deja llevar por voces ajenas. Visitarlo no tiene precio. En este pequeño lugar marinero disfruté de mi infancia, concretamente en unas explanadas cerca de mi hogar, en definitiva, mi campo de fútbol era el aparcamiento de una gran superficie comercial cerrada. Dos porterías, una pintada en la pared de la fachada del comercio, otra, a cincuenta metros hecha con dos piedras que permanecieron intactas durante diez años.

En esa época no había ningún tipo de pudor a partirse un hueso o destrozarse las rodillas, solo valía disfrutar hasta la caída del sol. Quizás no fuera la forma adecuada de pasar el tiempo, pero sin lugar a dudas era la más divertida.

Como sevillista y por lo tanto, “bicho raro” en un pueblo de pocos habitantes, me tocaba defender a capa y espada a los míos. A la hora de empezar los partidos en “nuestro Estadio de Maracaná”, cada uno, como de costumbre, solía adjudicarse un héroe de su infancia. Salían nombres como Ronaldinho, Ronaldo, Raúl, Roberto Carlos… pero un servidor siempre pensaba en rojiblanco. Contra todo pronóstico defendía el arco como Palop, corría sin descanso por la banda como Puerta y al igual que Frédéric Kanouté, anotaba goles y goles. Nada más lejos de la realidad.

Todo ha cambiado. Plazas deseosas de ambiente contra niños pegados a elementos tecnológicos. Mi particular pésame a los jóvenes que no pudieron disfrutar de tales momentos infinitos.

La falta de fútbol callejero ha hecho mella en el balompié de élite. Los excesivos entrenamientos de las técnicas de un futbolista están haciendo del fútbol una actividad metódica. Mucho control y pase. Echamos en falta el descaro, la poca vergüenza, el toque picante que aviva el deporte rey, encarar al contrincante sin miedo, superar al rival de la forma más atávica.

Un balón descosido siendo pateado por un joven que aprovecha los últimos rayos de luz sobre su particular campo de fútbol. Pese a que ahora es difícil ver esta imagen recreada en las calles de nuestros pueblos, observar en momentos puntuales a pequeños soñadores disfrutar de esa preciosa manera, emociona.

El poder de ser un EQUIPO

Muchos personajes ilustres de épocas pasadas pusieron en manifiesto el afán de anteponer la cooperación ante la división. -La unidad y la victoria son sinónimos. –Samora Machel. En realidad, no tenemos por qué salir de casa, ni tampoco remontarnos a citas de épocas pasadas, puesto que la mayor representación de protección y unión, viene dada […]

La “nueva normalidad”

Ya lo notábamos semanas atrás. Se podía respirar un ambiente cálido en las terrazas de los bares, podías sentir la sonrisa picarona de tu fiel amigo futbolero, conversaciones sin protagonismo de la palabra COVID 19… Un sinfín de condimentos que sin duda nos esbozan una sonrisa en el rostro tras estos dos meses y medio […]

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