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Carlos Romero - Columnas Blancas

Derbi sevillano: los comienzos de una rivalidad eterna

Se acerca el partido doméstico y siempre es interesante exponer algunos datos más allá de los estadísticos. Conviene hacer un poco de historia para comprender la idiosincrasia de un evento deportivo que podríamos tildar como de “singular”.

Los primeros derbis en la ciudad de Sevilla se jugaban desde finales del siglo XIX entre dos equipos de la misma sociedad sevillista, es decir, entre el “Equipo inglés” y el “Equipo español” del Sevilla FC. Esto era normal, en Sevilla no había otros clubes a los que enfrentarse, ante los que los sevillanos se arremolinaban siendo partidarios de unos u otros en una Sevilla que necesitó ser dual desde siempre. Las crónicas advertían de que en dichos derbis los aficionados de uno u otro equipo “guardasen la conducta que era esperar de la cultura sevillana”, por lo que intuimos que hubo muchas ocasiones que no consiguieron guardarla.

Deberíamos esperar hasta 1909 para tener noticias de un enfrentamiento futbolístico entre dos clubes distintos en la ciudad. Unos muchachos, estudiantes de la carrera militar la mayoría de ellos, que muy posiblemente perteneciesen a uno o varios de los ocho equipos que la sociedad sevillista albergaba en 1908, eran aspirantes a formar parte de los primeros equipos, cuestión que no consiguieron. Esta es la razón más habitual en la formación de equipos en la época, grupos de jugadores que aspiraban a militar en el primer team, y al no conseguirlo fundan uno propio.

Los mencionados estudiantes militares, comenzaron a entrenarse en el Campo de Santa Justa, en las proximidades del no muy saneado arroyo Tagarete, lugar que probablemente les pillaba de camino, (o quizás no)  a los jugadores sevillistas rumbo al corralón de la fábrica de vidrios de La Trinidad donde jugaban sus partidos, y bautizaron a estos equipiers como el “Tagarete Football Club”, nombre que no les gustó en demasía, cuestión que  provocó algunos enfrentamientos más allá de la práctica del deporte rey. Es probable que este fuese el momento real del comienzo de una rivalidad. Este club terminó llamándose Sevilla Balompié, y nació, reconocidamente por sus dirigentes, para ser el rival del Sevilla Football Club.

Efectivamente, no sería hasta el 14 de febrero de 1909, día de San Valentín, cuando se produciría el primer encuentro entre dos sociedades de la ciudad de Sevilla, con la particularidad y según la costumbre y tradición de la época en otros lugares de España, consistente en que un equipo nuevo que pide un desafío, debe enfrentarse previamente con el tercer equipo del club decano de la ciudad, vencerle, seguir enfrentándose al segundo, y por fin, tras ganar, ya podrían jugar contra el primer equipo.

Este partido inicial entre el primer equipo del Balompié y el “Sevilla C”, que podríamos considerarlo como el originario de todos los derbis jugados en la historia, arrojó un resultado de victoria del tercer equipo sevillista por 4 a 0, y parece que los balompedistas tardarían bastante en ganar al tercer equipo, y al segundo posteriormente, pues el encuentro contra el primer equipo blanquirrojo no se produciría hasta noviembre de ese mismo año.

A partir de entonces, salvo momentos muy raros y puntuales a lo largo de la historia, el Sevilla FC ostenta la supremacía en todos los registros estadísticos globales e históricos de una forma aplastante; en palmarés, partidos ganados, en goles, en puntos, ni un solo registro escapa al dominio blanquirrojo durante 111 años de historia de enfrentamientos futbolísticos locales.

Por muchos siglos más, feliz año a todos.

El Sevilla FC, y la generación del 27

La conocida ‘Parábola del elefante’ es de origen hindú, y nos cuenta cómo unos ancianos ciegos arden en deseos de saber cómo es un elefante, pues nunca lo vieron. Por el poblado pasaba una caravana de comercio, con la particularidad de que traían un elefante y los ancianos pidieron permiso al dueño para palparlo y así hacerse una idea de cómo es.

Uno tocó la pata del elefante, y se dijo para sí mismo que un elefante era como un gran cilindro vertical. Otro palpó la trompa, y pensó que era como una serpiente; el siguiente le acarició una oreja, y se lo imaginó como un gran abanico. En realidad, se marcharon del lugar sin saber cómo era realmente un elefante y su morfología completa. Es una parábola que se utiliza para demostrar la incapacidad o dificultad del hombre para conocer la totalidad de la realidad.

Salvando las distancias, nos puede servir de introducción para reflexionar sobre la dimensión que adquiere el Sevilla FC, no ya por los éxitos de los últimos años cargados de centenares de kilos de plata, en el que este club no sólo se ha labrado un lugar en la élite -por derecho propio- y en el panorama futbolístico internacional, sino como excelso embajador de una ciudad que tiene una proyección universal indiscutible desde hace siglos. Ya lo dijo nuestro presidente Miró Trepat allá por 1913, “…y la admiración de los demás es nuestro premio”, pero todo ese éxito podría traducirse en una oportunidad perdida con esto de la ley no escrita de las equidistancias y los contrapesos por ser una ciudad dual en lo futbolístico, (casi en todo realmente) y la cuasi obligación de tratar por igual lo que no lo es. No se puede ser profeta en tierra propia parece ser.

Pero esa dimensión de la que hablamos no se traduce únicamente en gestas de tiempos recientes, sólo estaríamos palpando la oreja del elefante, la grandeza se remonta prácticamente al comienzo de los tiempos de la esferomaquia sevillana con muchos hechos que analizaremos en otras ocasiones, pero hay uno que es digno de mención y de recuerdo, un episodio que forma parte de la realidad total del Sevilla FC.

Teniendo en cuenta que, antropológicamente hablando, el fútbol forma parte cultural del sapiens-sapiens, muchos dirán desde otras concepciones que fútbol y cultura no casan demasiado, pero, ¿y si afirmamos que la aportación del Sevilla FC a la cultura ha sido mayúscula? Algunos me tildarán de loco. Algo de razón tendrán.

En anteriores artículos hablamos del carácter social de la sociedad sevillista, de regeneracionismo, de su aportación a la transformación de una ciudad sumida en la depresión a principios del siglo XX, y ahora es cuando toca hablar de un personaje poliédrico que fue presidente blanquirrojo, pero que fue mucho más.

Manuel Blasco Garzón, nació en Sevilla en 1885, masón, político, brillante orador, y como casi todos nuestros personajes sevillistas natos decimonónicos, lo hizo en una familia acomodada. Estudió Derecho en la Universidad de Sevilla, licenciándose en 1905 con premio extraordinario, y su compromiso con los más desfavorecidos fue patente desde joven en Blasco, en 1921 organiza en el Palacio de San Telmo un hospital de sangre para aliviar a los heridos en el desastre de la batalla hispano marroquí que se produce en Annual (Marruecos). Un hospital de sangre era un hospital provisional que se ponía en marcha en un sitio estratégico para atender más fácil y eficientemente a heridos de conflictos bélicos.

Además de ser director de la Real Academia de Buenas Letras, presidente del Colegio de Abogados, lo fue del Aeroclub de Andalucía y del Club Rotario de Sevilla, perteneciendo a la Sociedad Económica de Amigos del País, amén de ser un reconocido cofrade, y del Ateneo de Sevilla.

Durante su mandato en el Ateneo se propuso llevar la cultura a todos los rincones de Sevilla. Muestra de ello fue la salida a las casas de vecinos para hacer partícipes de la cultura a aquellos que ni soñaban, tal vez, con poder acercarse a ella. Blasco Garzón pretendía desde su cargo, llevar el nivel cultural a los barrios y contribuir a la educación de los ciudadanos, ayudando a la lucha contra el analfabetismo. Un proyecto sin igual en la época.

En el terreno político, republicano, presentó su candidatura a las Cortes por el distrito electoral de Estepa en las elecciones de 1923, logrando sacar 10.833 votos y obteniendo acta de diputado.

Fue concejal del Ayuntamiento de Sevilla, ejerciendo de alcalde interino en varias ocasiones; diputado por Sevilla en Cortes con la izquierda liberal en 1923; y una vez constituida la Segunda República, se presentó a las elecciones con el Partido Republicano Liberal en 1933, y por la Unión Republicana en 1936. Alcanzó el máximo en política al ser ministro de Comunicaciones y Marina Mercante, y después ocupar la cartera de Justicia.

Durante la dictadura de Primo de Rivera se mantuvo alejado de la política, centrándose más en la actividad de carácter cultural. Llegó a la presidencia del Sevilla FC en 1924, y trajo bajo el brazo cambios importantes que apuntalarían las infraestructuras del club blanquirrojo. Quizás muchos no sepan que Ramón Sánchez-Pizjuán fue portero del Sevilla FC, debutó con el primer equipo en 1918 en un partido amistoso en Portugal, pero Paco Alba, presidente en aquel momento le diría algo así como: “Ramoncito, hijo, lo tuyo son los estudios, eres un chaval inteligente, así que aprovéchalo”. Era un portero malísimo.

Sánchez-Pizjuán, apellido compuesto indisoluble donde los haya, le hizo caso, terminó sus estudios, y Manuel Blasco Garzón lo rescató para que formara parte de la directiva sevillista como secretario. A buen seguro no sabía la que liaría con los años aquel jovencísimo abogado en el fútbol español, y a las altas cotas que llevaría al Sevilla FC, pero ya apuntaba formas. Curiosa la similitud, quizá por aquello del dicho de que la historia se repite, que un portero vuelve o perdura en el tiempo para hacer más grande al club sevillista, yo no perdería de vista a otros guardametas en el futuro, especialmente si son malos.

De la misma forma, Blasco puso en marcha lo que podríamos considerar los primeros servicios médicos del club, con su amigo y médico José Manuel Puelles de los Santos a la cabeza, y dotó al estadio de la Avenida de la Reina Victoria, (actual Avenida de la Palmera) de los habitáculos necesarios para estos servicios. Por supuesto, campeonó en la Copa de Andalucía, aumentando el palmarés.

Llegados a estas alturas, y observando el currículum del personaje, sería muy complicado mejorar el plantel que os estamos presentando, pero aún nos queda la guinda del pastel.

Siendo presidente del Ateneo de Sevilla, Manuel Blasco Garzón fue el máximo responsable, junto a José María Romero Martínez, miembro del Ateneo igualmente, de la organización de los actos y ciclo de conferencias en homenaje a Góngora, y convirtió a la ciudad en la capital poética de España. Este acto dio pie a lo que se llamó desde ese momento ‘La generación del 27’; Lorca, Salinas, Altolaguirre, Alberti, Cernuda, Aleixandre, Gerardo Diego, Dámaso Alonso y otros tantos, formaron parte de este grupo de poetas que bien es conocido por todos y en el que no abundaremos por motivos obvios.

De izquierda a Derecha, Rafael Alberti, Federico García Lorca, Juan Chabas, Mauricio Bacarisse, José M. Platero, Manuel Blasco Garzón, Jorge Guillén, José Bergamín, Dámaso Alonso, y Gerardo Diego en el Ateneo de Sevilla. Foto Archivo Histórico.

De izquierda a Derecha, Rafael Alberti, Federico García Lorca, Juan Chabas, Mauricio Bacarisse, José M. Platero, Manuel Blasco Garzón, Jorge Guillén, José Bergamín, Dámaso Alonso, y Gerardo Diego en el Ateneo de Sevilla. Foto Archivo Histórico.

 

Un presidente sevillista, entre otras muchas cosas como hemos podido comprobar, fue el responsable de este hecho histórico tan importante para la literatura universal, para gloria de Sevilla y de sus habitantes. Es muy complejo que un personaje del calado y de la dimensión de Blasco vuelva a repetirse, tuvo suerte de presidir el club sevillista, y el Sevilla FC tuvo el honor de ser dirigido por él.

A Blasco le pilló el alzamiento fascista de 1936 en Madrid, siendo ministro de Justicia, cuestión esta que le pudo salvar de ser fusilado, ya que en Sevilla el golpe fue muy temprano. Se exilió en Buenos Aires, Argentina, y en 1939 pasaría a ocupar el cargo de cónsul general de España del gobierno republicano en el exilio.  Miembro del Centro Republicano Español en la capital argentina, sería director durante varios años de la revista España Republicana -órgano de la institución- también colaboraría frecuentemente con el diario Crítica.

Nunca volvió a ver su Sevilla querida, ni su Sevilla FC, ni su hermandad del Silencio cuya cuota siguió pagando religiosamente, nunca mejor dicho, desde el exilio. Fue relegado al olvido forzoso por su condición política, y falleció el 21 de noviembre de 1954.

El Sevilla FC solicitó al Excelentísimo Ayuntamiento de Sevilla en 2013 que Blasco Garzón formase parte del callejero sevillano. Aún recuerdo cómo tuve que salir de mi clase de Antropología Social y Cultural en el Rectorado, camino del Ayuntamiento para, junto al presidente José María del Nido explicar a Juan Ignacio Zoido, alcalde de Sevilla en aquel momento, la importancia de este polifacético personaje, y solicitar formalmente una calle en Sevilla para él.

Finalmente le fue concedida, y en mi humilde opinión, si de mí hubiese dependido, le habría dado una más importante, pero a buen seguro los habitantes de esa calle se sienten orgullosos al saber quién fue y lo que representó.

No sabemos si este episodio blanquirrojo es una pata, una oreja, o la trompa del elefante. Lo que sí sabemos es que forma parte del todo y de la verdadera dimensión del Sevilla FC, que conocemos en su totalidad porque la historia nos da esa perspectiva necesaria y suficiente para vislumbrarla, de ahí su necesidad. Quien no sea capaz de verla será porque no quiere, porque contarla, la contamos.

Gloria y honor a Manuel Blasco Garzón.

Familia Gallegos

José Luis Gallegos, el sportsman total

Desgraciadamente, la historia del fútbol se ha escrito de forma muy descuidada durante muchas décadas. La cosa funciona así; alguien escribe una primera versión basada en recuerdos y testimonios variopintos, y una vez publicada se va perpetuando en futuras versiones con otros autores que la dan por válida, añadiendo los hechos que van sucediendo a posteriori. La investigación histórica ha brillado por su ausencia, y los resultados se los pueden imaginar.

En el caso del Sevilla FC sucedió así, pero con la particularidad de que algunos de los autores, que no fueron precisamente sevillistas, añadieron intencionadamente facetas y episodios que si algo tuvieron que ver con la realidad fue pura coincidencia. La historia sevillista fue escrita en muchas ocasiones a la baja, reseñando episodios poco importantes, y obviando en otras tantas los esenciales.

Quizá hartos de que fuesen otros los que nos escribiesen nuestra historia, todo esto comenzó a cambiar en los primeros años de la presente centuria, las publicaciones comienzan a ser fruto de la investigación, los errores no se perpetúan en el tiempo, están sujetas a una metodología de trabajo. Y la historia fluye, emerge, tal y como sucedió, o muy parecida a como pudo ser, porque la historia es una ciencia social, y como tal utiliza el método científico, abierto permanentemente a otros descubrimientos, hipótesis, y teorías.

A lo que vamos, fue entonces cuando reapareció un personaje muy interesante, olvidado en la mayoría de las historias de corta/pega, y que protagonizó episodios esenciales que conforman, a pesar de que ha pasado más de un siglo, el actual Sevilla FC. José Luis Gallegos Arnosa, está considerado como uno de los más de 130 personajes que hemos localizado entre 1890 y 1905, que compusieron lo que llamamos “la generación intermedia”. Llegado desde Inglaterra en 1900 donde se le envió a estudiar fue, por tanto, jugador sevillista durante los primeros años del siglo XX, con 26 años es elegido cuarto presidente del Sevilla FC, tras Johnston, Aguilar, y Calixto Paz, probablemente porque en ese momento era uno de los de mayor edad de los integrantes del club y por su formación académica, no en vano estudió en Oxford siendo perito mercantil, dominando múltiples idiomas.

Fue uno de los grandes regeneracionistas que arribaron en el club, junto a Miró Trepat más tarde, o bien Paco Alba, personajes también esenciales, que entendían el deporte como una forma de transformación de la sociedad que debía inculcarse a los más jóvenes, en una Sevilla pestilente y llena de podredumbre, y, sobre todo, inserta en un país deprimido por la pérdida de las últimas colonias sucedida pocos años antes. Gallegos, junto a Carlos García Martínez, es el impulsor del cambio en la sociedad de football sevillista, imprimiendo el deporte, no sólo como una manera de mantenerse en forma personalmente, (idiosincrasia de los sportsmen) sino que debe ser entendido como una herramienta de transformación, y el club, insistimos, adquiere un carácter social. En 1908, tan sólo tres años más tarde, la sociedad sevillista consigue albergar 80 jóvenes que practican el football en sus distintos equipos, un deporte que a los sevillanos les sonaba a chino, como comprenderán.

Catorce años después de promulgada la Ley de Asociaciones de 1887, el Gobierno dicta un Real Decreto, de 19 de septiembre de 1901, en el cual se insta a las Asociaciones a cumplir el requisito formal de la inscripción en el Registro.

Este Real Decreto vino acompañado, seis meses después, de una Real Orden Circular, de 9 de abril de 1902, dirigida a los Gobernadores Civiles de las provincias, en la cual se les encomendaba que fueran especialmente diligentes, para que cumplieran con su obligación de acudir al Registro, con las asociaciones para fines religiosos y las formadas por extranjeros, las cuales ejercían actividades en España y cuyos interesados consideraban que la Ley de 1887 les eximía de cualquier obligación.

Por esta razón, el club le encomendó a Gallegos la inscripción del Sevilla FC en el libro de registro de sociedades en 1904, de la misma forma que lo hicieron el FC Barcelona (fundado en 1899) en 1902, y el Recreativo de Huelva (1889) en 1903. Igualmente era necesario darle un carácter de oficialidad a este deporte que estos jóvenes jugaban en “calzones”, (según la óptica social de la época en la que las mujeres vestían tapando sus tobillos) y eran perseguidos por los guardias por ‘vestimenta indecente’ y alborotadores, lo que les obligaba a disputar los partidos en lugares semiclandestinos como en el corralón de la Fábrica de vidrios de La Trinidad, por tanto, el football en Sevilla era algo poco noticiable como pueden comprobar.

No sería posible emprender una tarea regeneracionista y volcar una actividad que es entendida como social, si el club no sale de la clandestinidad y a la luz pública, debidamente reconocido por las autoridades, como así sucedió, el club realizó su puesta de largo en el partido a favor de los damnificados del terremoto de Mesina, (Italia), jugado en el Hipódromo de Tablada ante lo más granado de la sociedad sevillana, frente al único club posible ante el que jugar, pues no existía ningún otro en el sur, el Club Recreativo de Huelva.

Miembro y socio del Centro Mercantil, (hoy Círculo mercantil) de José Montes Sierra, presidente a su vez de un partido republicano, Gallegos es el vocal responsable de la Biblioteca, lugar donde prácticamente todos los jugadores sevillistas son socios, no sólo a principios de siglo, sino desde finales del siglo XIX, desde Johnston, hasta el propio Gallegos, y muchos continuaron muchos años después. El Centro Mercantil y su presidente Montes Sierra, son hilos conductores del Sevilla FC desde finales del XIX, es su sede durante décadas, y su presidente republicano es su mentor. Esto podría darnos muchas pistas de por qué el Sevilla FC nunca intentó obtener el título de Real.

Hasta la aparición del segundo equipo en la ciudad, el sistema de competición consistía en disputar partidos entre los distintos equipos de la misma sociedad, y contra Huelva cuando era posible, siendo el partido estrella y derbi sevillano cuando se enfrentaban el equipo inglés y el español, ambos sevillistas, con muchos partidarios sevillanos de un equipo y otro.

Pero Gallegos, que presidió el club en tres ocasiones, tenía una amplitud de miras y un criterio quizá más globalista del deporte, y en 1914 entiende que el Sevilla FC debe ser un club más amplio en cuanto a una concepción polideportiva, no sólo el football, y añadidamente, entiende que los clubes sevillanos deben fundirse en uno sólo para crear un gran club polideportivo.

Esto crearía un cisma entre los componentes sevillistas, se postularía una facción que apoyará a Gallegos, y la otra, más conservadora, que esgrime que el Sevilla Football Club es un club cuya actividad fundamental es aquella para la que fue creado a finales del XIX, es decir, el fútbol,  liderada esta por Paco Alba, y aduciendo que no debe ser fusionado con ningún otro club sevillano, peor aún, absorbido por el Balompié que comenzaba a promover el título Real, porque partía en esta supuesta fusión con más fortaleza.

Paco Alba terminaría por ganar esta batalla en la que obtuvo más apoyos, y dio como resultado un club que reforzó su identidad como club futbolístico. No sabemos qué hubiese ocurrido si Gallegos hubiese podido llevar a cabo sus planes, especulando por nuestra parte es muy posible que hubiese en Sevilla un gran club sin rival local, cualquier otro surgido a posteriori habría sido fagocitado muy probablemente, pero esto es ciencia ficción. Sí sabemos que ocurrió con el club blanquirrojo en los años posteriores tras aquel episodio apasionante, pero Gallegos, tras esto, pasó para siempre a estar en un segundo plano, no se le volvió a ver en ninguna directiva, ni tampoco en ningún acto social posterior, muy seguramente fue olvidado con los años, pero nosotros estamos para hacer resurgir a las grandes figuras del sevillismo.

Gallegos fue un gran presidente, remozó la actividad dándole nuevos bríos, oficializó el club, dio un carácter social a la entidad, muchos jóvenes se beneficiaron de esta obra que cumplió su función a la perfección. Intentó darle un carácter interdisciplinar al Sevilla FC, y por ello fue el gran sportsman de principios del siglo XX.

PD.- La primera historia del Sevilla FC fue escrita en 1941, varias décadas después de que Gallegos oficializara al club.

1914. Biblioteca Nacional de Francia

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