Cabecera Columnas Blancas
image

Carlos Romero - Columnas Blancas

fuente: Archivo Sevilla FC

El León de San Fernando

Ríos de tinta están corriendo estos días en la prensa capitalina sobre la actitud de Ramón Rodríguez Verdejo, Monchi, con su proceder en Almería tras un partido para olvidar.

Atados en corto desde la Avenida de Concha Espina, periodistas de lo que algunos han dado en conocer como “La Central Lechera”, (en Barcelona no se quedan muy atrás) cargan nuevamente contra nuestro director general deportivo por acercarse a la afición, darle las explicaciones pertinentes sobre lo ocurrido, pedir disculpas, arengarles y asegurarles que todo tendrá el rumbo adecuado. Como siempre.

Diríamos que no le conocen, pero no, le conocen perfectamente. Saben que es el motor del gran Sevilla FC de las últimas décadas, hilo conductor bajo el mando de distintos presidentes, desde Roberto Alés, José María del Nido y nuestro actual mandatario, José Castro, que comprendieron y ejecutaron a la perfección un modelo de club prácticamente único en el mundo.

El León ha sido y es pieza clave en la historia sevillista, es necesario recordarlo a los más jóvenes, es el punto de inflexión sobre el que se consiguió defenestrar a un club blanquirrojo mediocre, más centrado en los localismos, que aspiraba a no descender y que lo llevó a la gloria de los títulos para gozo del sevillismo. Un club moderno, fuerte, con presencia en Europa, con prestigio… eso es el Sevilla FC actual.

En Madrid quieren un club sevillista folclórico, de los tópicos, que les dé titulares de andaluces graciosos, que vague sin rumbo, en puestos de mitad de la tabla temiendo que sus perseguidores les adelanten para no descender, sirviendo a precio de saldo como cantera de Madrid y Barcelona. No decimos tonterías, esto ocurrió así durante muchos años.

Por el contrario, ven a un club que comienza a pisarles los talones, esperando un tropiezo para encontrar su oportunidad, atreviéndose a cuestionar su hegemonía, algo que poco a poco, año tras año, ven venir de lejos y es algo contra lo que deciden cargar tintas e intentar destruir. El Sevilla FC supone una amenaza para el sistema establecido de dos clubes que usan técnicas oscuras, con un tercero en discordia recogiendo las migajas que justifique que no es cosa de dos.

El club sevillista no entraba en sus planes como club que se establece y consolida entre los cuatros primeros y al acecho. No pueden permitirlo y harán lo indecible por impedirlo.

Malditos imbéciles.

El sevillismo se crece ante la adversidad, esto es algo inculcado en el ADN desde el presidente hasta el último de sus aficionados, pasando por el utillero, así lo demostramos en infinidad de veces a lo largo de la historia, porque, contra lo que algunos pueden llegar a pensar, esto no es nuevo, ocurrió siempre, desde que el fútbol se organizó en España con cientos de ejemplos que darían para un libro y de los gordos. Somos la piedra en el zapato que les duele, que les molesta, de la que se quejan y no se la pueden sacar.

El máximo responsable de los triunfos es el presidente del Sevilla FC, todo ocurre durante su mandato y su director general deportivo tiene la venia, en una de esas leyes no escritas -porque no se pueden escribir- para acercarse a la afición y entrar en comunión con ella y eso es algo que nunca podrán entender en ese lugar de la meseta -ni en algunos lugares cercanos- y lo usarán como arma arrojadiza. Así lo ha hecho siempre en las duras y en las maduras.

La unión es importante ante un trabajo más que contrastado y establecido, sabiendo que no somos muy de adorar a personajes endiosados como en otros lares, pero sí tenemos muy claro quiénes son los nuestros, especialmente los que han trabajado y trabajan para llevarnos nuevamente a la gloria, hacer lo contrario sería darse un tiro en el pie.

Ser aficionado del Sevilla Fútbol Club, significa DEFENDER al Sevilla Fútbol Club.

Grábese usted a fuego esto en su mente. No tiene otro sentido por más que lo busquemos. Con las nuevas tecnologías y en Redes Sociales, todos somos responsables también de la imagen de nuestro club, que tiene los mecanismos para hacer rendir cuentas en tiempo y forma, realizar todos los cambios necesarios si proceden, pero hay que DEFENDER al Sevilla FC siempre. Sea usted crítico, faltaría más, no todos los sevillistas tenemos la misma concepción de cómo debe funcionar nuestro club, pero sabiendo que el triunfo del Sevilla sólo tiene dirección única: la unión del sevillismo y el apoyo a un trabajo de dirección deportiva, como decía anteriormente, más que contrastado.

Aviso a navegantes:

El Sevilla FC es actualmente, en este minuto en el que usted lee esto, campeón de Liga, hexacampeón de la Europa League, pentacampeón del Campeonato de España, supercampeón de Europa y supercampeón de España, ostentando la supremacía del fútbol andaluz antes de la puesta en marcha de la Liga en 1928 a años luz del siguiente con 18 títulos de 21 disputados y, después, absolutamente nadie nos superó ni en títulos, ni en ningún registro estadístico positivo que se precie. El Sevilla FC es el eterno campeón de Andalucía, aunque otros se empeñen en minimizarlo.

fuente: Archivo Sevilla FC

Y una estrella rasgó el cielo

Él era como cuando miras al cielo nocturno y aparece esa estrella fugaz cruzando el cielo, única, irrepetible, abrumadora y cautivadora.

Recuerdo aquel acto histórico en las entrañas del Ramón Sánchez-Pizjuán que conmemoraba en un acto a los sevillistas fallecidos del tren 766, que volvían de Madrid felices en 1934, tras ver al equipo de su alma ascender a Primera División por primera vez.

El club entendió que los jugadores debían empaparse de las enseñanzas de la afición de aquel triste episodio de nuestra vida sevillista. Podría haberse sentado junto a mí cualquier otro jugador, pero me tocó en suerte José Antonio Reyes.

Me presenté, le dije que era el responsable del Área de Historia, me estrechó la mano y acto seguido me preguntó con cara de extrañeza:

– ¿Esto qué es lo que é?

Tuve el honor de irle explicando todo lo que ocurrió hacía más de 80 años, en una época en la que era muy complicado movilizar a las aficiones a lugares tan lejanos y que en número de 5.000 estuvimos presentes para llevar a nuestro equipo en volandas (¡Ay!, sevillistas desde 2006) y traernos el tan deseado ascenso bajo el brazo, como así fue.

Aquel tren de la ilusión descarriló a la vuelta, decenas de heridos, once muertos. La Plaza de España, lugar donde se esperaba la gran celebración, enmudeció y se tornó en una profunda tristeza, once de los nuestros ya no estarían jamás.

Por su forma de atender a mis explicaciones, creo que le causó gran tristeza, no fue un acto más para él y me lo agradeció cuando terminó.

José Antonio ha simbolizado y sigue simbolizando, en nuestro recuerdo vivo por él, ese orgullo sevillista tan irónico, tan “yonkigitanista”, ese mismo que devuelve el insulto multiplicado por mil sin mediar palabra, sólo hechos, el del brillo en los ojos y el colmillo afilado cuando sabe que va a pasar por la piedra al eterno rival, sí o sí, del que sabe qué es lo que debe hacer para llevarnos a la gloria.

Pero también es el del pase imposible a Bacca en aquella final de Europa League, como si el balón se transformarse en ese bólido celestial surcando un firmamento de césped, para llevar a su afición a la euforia más infinita, tras haber contenido la respiración durante unos segundos.

Nuestra estrella, fugaz en la inmensidad de la historia blanquirroja, tiene un lugar en nuestros corazones para recordarnos cuál es nuestra esencia, la sangre de nuestra sangre y la singularidad que significa ser sevillista.

Decía estos días nuestro vicepresidente Del Nido Carrasco, «nosotros somos lo que somos gracias a lo que hemos sido en el pasado». Cuánta verdad y cuánto debemos asomarnos a la ventana de la historia para ver nuestro reflejo.

Otros recuerdos de José Antonio me los guardo para mí.

Sevilla FC, un momento delicado

Y es que son muchos los años ya, ojalá por los siglos de los siglos, que estamos en la cresta de la ola, admirados en Europa, con títulos más que suficientes en las vitrinas, con épicas casi inenarrables que erizan el vello al más pintado y que llena de satisfacción a aquellos que peinan canas, los calvos militantes como yo ni eso, precisamente por vivir otros tiempos no tan rimbombantes y casi innombrables.

Nunca perdimos la fe. Se dice que se puede cambiar de marido o mujer, pero nunca se cambiará de equipo y el nuestro en la actualidad nos hace sonreír, nos hace llorar de felicidad y copa toda la satisfacción que nos puede caber por ver un Sevilla FC que recuperó su verdadera esencia que perdió tras demasiadas décadas de mediocridad en las que, incluso de esa guisa, lo sentíamos como el mejor.

Pero nos estamos encontrando con una nueva circunstancia que el sevillismo no ha vivido desde hace decenios -que me parece una bendición- y esto es la nueva generación que comienza a ser mayoría mientras los demás vamos transcurriendo por la historia, de sevillistas que nunca vivieron un Sevilla FC paupérrimo, instalado en la mediocridad más absoluta y localista, sin una ambición que fuese más allá de no descender, de intentar ganar en casa y fuera ya veremos. No es una crítica, es una constatación de lo evidente.

Nos contaba Bertoni, aquel mítico jugador setentero que nos visitó hace un par de años, que cuando el Sevilla FC le fichó, hizo un comentario en la rueda de prensa de presentación que rezaba que harían todo lo posible por ganar el campeonato de Liga, algo natural de un recién campeón del mundo que aterrizó -para nuestra enorme fortuna- en el equipo blanquirrojo. Cuando se incorporó al vestuario al día siguiente -por primera vez- se encontró con una agria bienvenida, caras largas, cosa que el bueno de Bertoni no llegó a comprender de sus compañeros en primera instancia, aunque después descubrió cuáles eran los verdaderos objetivos ¿Cómo se le había ocurrido decir tal desfachatez? Les ponía el listón tan alto, cuando con salvarse ya serían cuasi héroes.

Sí, sé que no es bueno generalizar, asumo cualquier crítica sobre esto, no era una cuestión instalada en los jugadores solamente. Para usted, señor o señora mayor era un éxito mayúsculo, objetivos de primer nivel, el no va más de “Puerta de Jerez” y fiesta hasta las tantas por subir a Primera División o clasificarse para la antigua UEFA -sin más perejiles- suponían los verdaderos hitos para aquella afición, que en absoluto era conformista, que exigía a su directiva y a sus jugadores algo más que no bajar a Segunda División, el grito de guerra de “otro año igual” que se cantaba en la grada cuando la UEFA nos quedaba demasiado lejos como para clasificarse para jugarla. Pero éramos así.

Y si se clasificaba para Europa, ¿a qué sevillista le iba a entrar en la cabeza que podríamos ganarle a un Inter de Milán, a un Manchester United, a una Roma, e incluso al Liverpool? ¡Qué digo!, llegar siquiera a una semifinal de algo. Quizá en otro universo fuese posible, pero, ¿en qué dimensión podríamos imaginar que llegaríamos a disputar una Supercopa de Europa al Bayern de Múnich y hacerles sudar tinta china para que la consiguiesen, cuando estábamos en el estadio del Salto del Caballo de Toledo jugándonos la vida para sobrevivir en Segunda División? ¿Y vivir un Trofeo Ciudad de Sevilla como si de una competición europea se tratase?

Cómo cambian los tiempos.

No llegar lejos en Champions es un absoluto fracaso hoy en día, no clasificarse para para la máxima competición europea un auténtico drama, incluso no competirle la Liga a Madrid y Barsa podría llevar a la mayor de las frustraciones a este nuevo sector generacional del que nos ocupamos y también para algunos desmemoriados, cuando el que escribe estas líneas piensa que nunca volveremos a ganar una Liga tal y como está planteado este sistema de competición prefabricado para dos, muy ocasionalmente para tres y siempre son los mismos. Quítenselo de la cabeza.

Se llama evolución, bien es cierto, es obvio que muy pocos clubes en el mundo han evolucionado como el Sevilla FC, la niña o niño que en 2006 tenía 10-15 años, hoy está en torno a los 30-35, lo que supone un sector importante de la afición que siempre vio un club instalado en la élite y que vive el éxito de los títulos como algo natural y cotidiano.

Pero constatemos la realidad inequívoca de que Sevilla es una ciudad media tirando a pequeña (sólo imaginemos que cualquier ciudad China de nombre irreconocible, media tirando a pequeña cuenta con 14 millones de habitantes), en la que, para más inri, habitan dos equipos rivales en la élite y nos enfrentamos a los clubes de las grandes capitales europeas con millones de seguidores, que aportan una cantidad ingente de recursos que son inalcanzables para nosotros. No podemos compararnos con ellos ni en idiosincrasia, ni en objetivos, por más que nos empeñemos.

Y que aún así, este club ha sido capaz de poner en marcha un modelo económico y deportivo que es paradigma en el fútbol mundial, que aparece en los primeros puestos de los rankings europeos más importantes, que cuenta con el mejor director deportivo del mundo, con estructuras de gestión que se van modernizando a buen ritmo, el Sevilla FC es el club soñado para los que vagamos penando tiempos ha por los valles de lágrimas y envidiado por los que creyeron que podrían ser iguales que nosotros.

Una cosa es la exigencia -ejerzámosla sin titubeos- y otra muy distinta es la intransigencia, la primera nos lleva la excelencia, la segunda al fracaso y a la frustración, es necesario saber distinguirlas teniendo en cuenta los factores históricos que tenéis a bien leerme. Debemos conocer de dónde venimos, para eso sirve la historia, para saber a dónde vamos, frase manida ya, lejos de un discurso conformista, pero también de la sinrazón.

Son muchas las generaciones de aficionados, directivos y jugadores que construyeron este Sevilla FC que hoy disfrutamos, no se llegó a la élite mundial de la noche a la mañana, mucho sufrimiento hubo de por medio, es necesario poner en valor este Sevilla FC pase lo que pase a final de temporada, esta o cualquiera, con una visión más global y con un conocimiento de los avatares de la historia.

Decía Alejandro Dumas, “¿Sabéis lo que es el deber? Lo que se exige a los demás.” En la mayoría de las ocasiones fuimos capaces de estar a la altura como aficionados, la exigencia, además, debe estar fundamentada porque el camino no sólo está lleno de éxitos, sino también de sinsabores, de fracasos y debemos ser conscientes de ello.

El éxito de 1890

¿Qué importancia tiene la fecha fundacional de un club? En mi modesta opinión y aisladamente, puesto que lo importante es el todo que conforma la historia, no es algo que tenga una importancia suma, en nuestro caso debe ser tomado como una celebración interna del propio sevillismo que no le importa a nadie; que sirve […]

The Otago Witness, periódico de la ciudad de Dunedin, Nueva Zelanda

Tanto honor y tanta gloria, Mr. Johnston

La historia es la que nos hace grandes, así de categórica es la frase. Sin un palmarés, sin una idiosincrasia, sin las hazañas y las épicas, o los grandes hechos, el estatus de “Eterno campeón de Andalucía” no es posible. Para colmo es gran parte de la motivación para ser sevillistas, lo que nos inculcaron […]

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies