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Álvaro Ochoa - Columnas Blancas

Sevilla tiene una red especial

El Ramón Sánchez-Pizjuán es un estadio único. El ambiente de fútbol que en él se respira es irrepetible. Ya lo dice nuestro himno: “Vuelan banderas y suenan palmas que nadie podrá imitar”. La afición, la cercanía de la grada al césped, los cánticos, el colorido. El Sánchez-Pizjuán es único por muchos motivos, pero hay uno del que sólo puede presumir la ‘Bombonera de Nervión’. Sí, hablo la red de Gol Norte.

Puede usted recorrer España de norte a sur y de este a oeste y no encontrará ningún estadio de Primera División con una red detrás de una portería. La del Gol Norte del campo del Sevilla es única. Y muy molesta, por cierto. Si es abonado de esta zona enredada, bien lo sabrá. Incluso se habrá acostumbrado a ver los partidos a cuadros, que es como yo me he quedado al saber que el Sevilla es el único que la mantiene.

Me toca preguntar el porqué. ¿Por qué en el Norte sí y en el Sur no? ¿Será para evitar que los abonados de esa zona lancen objetos al campo o para protegerlos de los balonazos? La red está detrás de la portería y la puntería de los delanteros, aunque ustedes no lo crean, a veces falla y pueden dar balonazos a los espectadores de las primeras filas. Un peligro del que sólo se salvan los ‘afortunados’ aficionados de Gol Norte.

Quizá haya que poner redes por todo el perímetro del campo. Una bien grande en Preferencia, que proteja los cristales de los palcos VIP de los despejes laterales. Y otra igual en Fondo, a ver si así da algo de sombra a sus bronceados sevillistas. Imagínenlo. Redes por todos sitios como si de una jaula se tratara. Bueno, los de Gol Norte no se tienen que imaginar nada. Ya saben lo que es, semana tras semana, ver el fútbol a través de una red, pues Sevilla tiene una red especial. Digna de fotografiarla como hemos hecho al empezar esta columna blanca y… enredada.

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Pan, salchicha y servilleta

En Sevilla hay más o menos 4.000 bares. Los hay de todo tamaño, precio y calidad. No los conozco todos, pero me extrañaría que existiera uno como el protagonista de esta columna. El bar del que os hablo es, en realidad, una cadena de bares. Desgraciadamente, todos iguales. Con los mismos productos y los mismos precios. Un refresco vale 2,50 euros y el producto-estrella de estos bares, el ‘pack’ pan-salchicha-servilleta, también. Los camareros no tienen mucho que quebrarse la cabeza para ajustar la cuenta. Además, no se puede pagar con tarjeta. Una complicación menos.

Estos bares son más bien barras. Pero no como las de cualquier cruz de mayo, verbena de barrio o cine de verano. Ojalá circularan por estos bares de los que os hablo maravillosos montaditos de lomo o, puestos a soñar, hermosos serranitos de pollo. No, querido lector. Pan, salchicha y servilleta. La falta de variedad facilita mucho la visita a estos bares, que por no tener, no tienen ni tique para darte. Tampoco un cartel visible con los precios. Ni pizarra con la sugerencia del día: pan, salchicha y servilleta.

Imagino que la curiosidad, querido lector, le estará reconcomiendo por dentro y se preguntará dónde están estos simples bares de pan, salchicha y servilleta. El afortunado barrio de disfrutarlos es el de Nervión. Concretamente, están en un campo de fútbol. No, en el del Nervión no. Ya quisieran estos bares parecerse al ambigú del Centro Deportivo Antonio Puerta, donde reinan las palmeras de chocolate y los batidos de frutas. Ya quisiera el dueño de estos bares, el undécimo equipo de Europa, tener uno como el de la AD Nervión, ahora en la quinta división del fútbol español. O como el de la UD Tomares, que te sirve unos magníficos chicharrones en un vasito de plástico. Las comparaciones, más que odiosas, son sabrosas.

No sé a usted, pero a mí me está entrando hambre de sólo escribir esta columna gastronómica. Siento terminar aquí y dejar de hablarle de estos bares, pero se me ha ocurrido preparar un plato novedoso para saciarme. No soy cocinero de ningún bar, pero creo que en la cocina de mi casa podré realizarlo ¿Sabe a qué comida me refiero? Sí, lo ha averiguado: pan, salchicha y servilleta.

Azulejos del Universo

¿Dónde está el mosaico?

Mi primera columna blanca, aunque el resto me temo que también lo serán, es para hablar de algo que mejorar. De algo que, cada vez que paso por allí, que es bastante, me apena y me asombra a partes iguales. Hablo de la fachada de nuestro estadio. Hablo, concretamente, de Gol Sur.

El 18 de diciembre de 2005 se inauguró el mosaico del primer centenario del Sevilla FC. Ese día se culminó una obra que tenía detrás dos años de trabajo del artista marroquí Ben Yessef, que se dejó cuerpo y alma en plasmar la ciudad de Sevilla y el escudo del Sevilla en la fachada lateral del estadio. La más visible por la ausencia de edificios ante ella.

14 años después, ni rastro de la obra del artista. Mi pregunta es clara y pública: ¿Dónde está el mosaico? ¿Dónde han metido ese trozo de la historia del club? Puede gustar más o menos, pero una obra de arte no se debe guardar en un ‘cajón’. El Área de Historia, que tan buen trabajo está haciendo por ahondar en los orígenes de la entidad, debe intervenir y reivindicar este documento histórico de 300 metros cuadrados. Es, además del himno y de aquellos que aún mantienen la bandera en el balcón, el recuerdo de un centésimo cumpleaños que fue punto de inflexión para el Sevilla que ahora conocemos.

Aún está el Sevilla a tiempo, ahora que se acerca a su 130 aniversario, de recuperar una obra de arte. De ponerla en valor. Ya sea en su lugar original, donde las luces y los brillos han ganado la partida al arte desde la remodelación de 2016; o en otro lugar. Aprovecho esta columna para agrandar el rumor que a veces he escuchado en el entorno del club y sumarme a la propuesta: el mosaico de Ben Yessef podría estar en la Ciudad Deportiva.

El Estadio Jesús Navas, nuevo corazón del club en la carretera de Utrera, sería una ubicación magnífica para esta pintura, que se puede adecuar a la fachada del nuevo recinto. Sería un recuerdo más que añadir a las renovadas instalaciones, donde está la estatua de Antonio Puerta o el gran cartel en honor de los canteranos que han sido campeones del mundo con la selección española. Elementos de una historia que no se debe olvidar, pues como dijo Mahatma Gandhi, “la historia es el mejor maestro con los discípulos distraídos”.

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