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Álvaro Ochoa - Columnas Blancas

El Sevilla – Krasnodar con público

Llevo días dándole vueltas a esto. Cuando acabó la primera parte se lo comenté a mi compañero de sofá. “Imagínate cómo estaría el campo ahora”. Con el Sevilla perdiendo 1-2 contra el Krasnodar y con un jugador menos en el campo. Tiremos de imaginación y vayámonos al principio. A la cola para entrar en el estadio, por ejemplo. “¡Venga, que nos perdemos el partido!”, se quejan en alto a los guardias algunos que salieron tarde del trabajo. Ya en la grada, ‘storie’ para Instagram con el himno de la Champions y comentario de equipo grande entre risas: “No conozco a nadie de esta gente”, refiriéndose a los rusos. Comienza el partido. Primeras ocasiones, primeros fallos en ataque y primeros comentarios sesudos: “No tenemos gol y así es imposible ¡Qué bien nos vendría Ben Yedder o Bengoechea”.

Minuto 17. El Krasnodar, que no había casi cruzado el centro del campo, se encuentra con una falta al borde del área. Shapi, no sabemos si pariente de Ferrer, marca. El runrún comienza, pero la mayoría del estadio confía porque el Sevilla ganó moralmente en Stamford Bridge, entre otros argumentos. Cuatro minutos después, el segundo acercamiento del conjunto ruso. Bulla en el área y penalti VAR mediante. Primeros silbidos. No se sabe si al árbitro, a Koundé, a Lopetegui o a Castro. 0-2 y petición de cambios. Tras un ratito de intentar recomponerse, llegan los cambios. Escudero y Koundé, “que ya vale cinco millones menos por lo que ha hecho hoy”, salen. Al rato, y tras varios ‘Échale huevos, Sevilla échale huevos’ de los Biris, Rakitic acorta distancias. La grada se viene arriba y la siguiente llegada del rival acaba en la tercera expulsión de Jesús Navas en toda su carrera. Muchos se levantan y piden explicaciones al banquillo, una costumbre tan del sevillismo como llevar la bufanda atada a la muñeca. Los jugadores se marchan al vestuario en un silencio maestrante.

En la cola del baño: “Escudero no está para jugar”, “cómo echamos de menos a Banega” y “nos está ganando un equipo que en España sería de Segunda”. Y en la de los perritos: “A ver cuándo ponen otra cosa que no sean perritos calientes… ¡qué estamos en Champions!” . La vuelta al asiento, tras pisar a un chaval con un 47 de pie, es la vuelta de los jugadores al césped. Tímidos aplausos, que sólo devuelve Vaclik al acercarse a la portería de Gol Norte. “Necesitamos un delantero de verdad”, le dice un hijo a su padre, que asiente con la cabeza malhumorado. Sale el delantero para muchos “de mentira” en el minuto 60 y mete dos goles de verdad en tres minutos. El estadio es una fiesta y la afición ha sido clave para sostener al equipo cuando más lo necesitaba con un jugador menos. “Ahora sacaba yo al Mudo”, dice uno mientras el cartelón anuncia el descuento. El partido acaba y la comunión con el equipo es total.

La prensa titula que ‘El Sevilla nunca se rinde’, ’90 minutos en Nervión son ‘molto longui’’ y demás tópicos mientras el atasco que forma el embudo de la grada baja de Fondo se soluciona. Tres puntos más y un partido menos del abono total. Ya sólo queda escuchar la rueda de prensa en la radio del coche y mañana a preparar el siguiente partido.

Sevilla tiene una red especial

El Ramón Sánchez-Pizjuán es un estadio único. El ambiente de fútbol que en él se respira es irrepetible. Ya lo dice nuestro himno: “Vuelan banderas y suenan palmas que nadie podrá imitar”. La afición, la cercanía de la grada al césped, los cánticos, el colorido. El Sánchez-Pizjuán es único por muchos motivos, pero hay uno del que sólo puede presumir la ‘Bombonera de Nervión’. Sí, hablo la red de Gol Norte.

Puede usted recorrer España de norte a sur y de este a oeste y no encontrará ningún estadio de Primera División con una red detrás de una portería. La del Gol Norte del campo del Sevilla es única. Y muy molesta, por cierto. Si es abonado de esta zona enredada, bien lo sabrá. Incluso se habrá acostumbrado a ver los partidos a cuadros, que es como yo me he quedado al saber que el Sevilla es el único que la mantiene.

Me toca preguntar el porqué. ¿Por qué en el Norte sí y en el Sur no? ¿Será para evitar que los abonados de esa zona lancen objetos al campo o para protegerlos de los balonazos? La red está detrás de la portería y la puntería de los delanteros, aunque ustedes no lo crean, a veces falla y pueden dar balonazos a los espectadores de las primeras filas. Un peligro del que sólo se salvan los ‘afortunados’ aficionados de Gol Norte.

Quizá haya que poner redes por todo el perímetro del campo. Una bien grande en Preferencia, que proteja los cristales de los palcos VIP de los despejes laterales. Y otra igual en Fondo, a ver si así da algo de sombra a sus bronceados sevillistas. Imagínenlo. Redes por todos sitios como si de una jaula se tratara. Bueno, los de Gol Norte no se tienen que imaginar nada. Ya saben lo que es, semana tras semana, ver el fútbol a través de una red, pues Sevilla tiene una red especial. Digna de fotografiarla como hemos hecho al empezar esta columna blanca y… enredada.

Autor

Pan, salchicha y servilleta

En Sevilla hay más o menos 4.000 bares. Los hay de todo tamaño, precio y calidad. No los conozco todos, pero me extrañaría que existiera uno como el protagonista de esta columna. El bar del que os hablo es, en realidad, una cadena de bares. Desgraciadamente, todos iguales. Con los mismos productos y los mismos precios. Un refresco vale 2,50 euros y el producto-estrella de estos bares, el ‘pack’ pan-salchicha-servilleta, también. Los camareros no tienen mucho que quebrarse la cabeza para ajustar la cuenta. Además, no se puede pagar con tarjeta. Una complicación menos.

Estos bares son más bien barras. Pero no como las de cualquier cruz de mayo, verbena de barrio o cine de verano. Ojalá circularan por estos bares de los que os hablo maravillosos montaditos de lomo o, puestos a soñar, hermosos serranitos de pollo. No, querido lector. Pan, salchicha y servilleta. La falta de variedad facilita mucho la visita a estos bares, que por no tener, no tienen ni tique para darte. Tampoco un cartel visible con los precios. Ni pizarra con la sugerencia del día: pan, salchicha y servilleta.

Imagino que la curiosidad, querido lector, le estará reconcomiendo por dentro y se preguntará dónde están estos simples bares de pan, salchicha y servilleta. El afortunado barrio de disfrutarlos es el de Nervión. Concretamente, están en un campo de fútbol. No, en el del Nervión no. Ya quisieran estos bares parecerse al ambigú del Centro Deportivo Antonio Puerta, donde reinan las palmeras de chocolate y los batidos de frutas. Ya quisiera el dueño de estos bares, el undécimo equipo de Europa, tener uno como el de la AD Nervión, ahora en la quinta división del fútbol español. O como el de la UD Tomares, que te sirve unos magníficos chicharrones en un vasito de plástico. Las comparaciones, más que odiosas, son sabrosas.

No sé a usted, pero a mí me está entrando hambre de sólo escribir esta columna gastronómica. Siento terminar aquí y dejar de hablarle de estos bares, pero se me ha ocurrido preparar un plato novedoso para saciarme. No soy cocinero de ningún bar, pero creo que en la cocina de mi casa podré realizarlo ¿Sabe a qué comida me refiero? Sí, lo ha averiguado: pan, salchicha y servilleta.

Azulejos del Universo

¿Dónde está el mosaico?

Mi primera columna blanca, aunque el resto me temo que también lo serán, es para hablar de algo que mejorar. De algo que, cada vez que paso por allí, que es bastante, me apena y me asombra a partes iguales. Hablo de la fachada de nuestro estadio. Hablo, concretamente, de Gol Sur. El 18 de […]

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