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Alfonso Ramos - Columnas Blancas

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El loro de mi vecino

En el mismo sitio. A la misma hora. Como reza la sevillana de Chiquetete. Todos los días, a la hora de la siesta y desde la seguridad que le otorga su jaula, silba el himno del centenario del Betis el cabrón del loro de mi vecino.

“Ole ole ole ole Beti olee, ole ole ole ole Beti olee…”

Así lo canta, sin vocalizar, gracias a Dios, silbando las notas del himno que compuso Rafa González Serna, una y otra vez, como un CD rallado, en bucle, siempre repitiendo la misma estrofa. La plaga de cotorras argentinas que padece Sevilla es un mojón al lado del porculo que da el animalito en mi bloque. Pero, ¿saben qué? Él no tiene culpa.

En Sevilla, cuando nace un crío, antes de cortarle el cordón umbilical a la criatura, el padre ya se ha tomao 3 cervezas en el bar de en frente, le ha sacao al niño el carnet del Sevilla o del Betis y le ha hecho hermano de la Macarena o de Triana. Raro son los padres que a los meses o pocos años no le hacen una foto a su pequeñín en el mosaico del Sánchez-Pizjuán o en el arco de la Macarena. “Herencia de padres a hijos”, suelen titular la estampa. Una herencia es un chalé en Matalascañas, carajo. Heredar pasión no está mal tampoco, pero en la mayoría de los casos es más una imposición que le cae al niño en lo arto que un privilegio. Como heredar una deuda, heredar supersticiones absurdas o ritos. No seré yo el que reniegue de la vertiente pasional de esta ciudad, porque en ella reside gran parte de su encanto, pero convendría también enseñar a nuestros hijos a pensar y a decidir por ellos mismos, como mínimo con el mismo ímpetu con el que los abonamos a un club de fútbol o los hacemos hermanos de una hermandad. Y seguramente, este que escribe, cuando tenga un hijo, cometa los mismos errores. ¿Cantajuegos pa qué? Mi niño oirá marchas de Semana Santa a todas horas, desde los 2 meses de edad, para que a los 2 añitos nos llene de orgullo a papá y a mamá tocando su tamborcito en un programa de Telecinco. Mi niño aporreará las baquetas de manera repetitiva, sin saber muy bien por qué, para el goce de sus padres.

““Ole ole ole ole Beti olee, ole ole ole ole Beti olee…” No le entrará una afonía al loro, consusmuerto.

De este modo, inconscientemente, seguiremos criando hordas de niños adoctrinados que excusarán su fanatismo heredado gritando a los cuatro vientos que lo que sienten por “su” club y/o “su” hermandad es fruto de una pasión desenfrenada. Rivalidades adquiridas, odios que brotan inevitablemente. Y ellos no tienen la culpa. Tampoco el loro de mi vecino. La culpa es de sus dueños. Pero, a diferencia del loro, los niños no deberían tener dueños, sino padres, y no deberían actuar por repetición, puesto que tampoco tienen el cerebro del tamaño de un altramú.

Cuando tenga un hijo intentaré no criar un loro. Para ello leeré este escrito cuantas veces haga falta para no cometer estos errores. Intentaré no enjaularlo, para que crezca libre. Y, sobre todo, pondré todo mi esfuerzo para que no dé el coñazo a los vecinos silbando himnos o aporreado un tambor.

“Ole ole ole ole Beti olee, ole ole ole ole Beti olee…”

El guitarrista de la Plaza España

Qué cabrones somos con quienes más queremos. Hay que ver lo que nos cuesta decirnos las cosas buenas a la cara. Coño, que parece que decirle “te quiero” a tus padres o a tus hermanos es como sacar dinero en un cajero ajeno, que conlleva comisión. Lo de sincerarte con algún amigo y decirle cuánto lo admiras, también es casi una quimera. Y lo verdaderamente jodido del asunto no es disponer del arrojo necesario para hacerlo, sino no hacerlo a posteriori. Hacerlo “en su momento” resulta tan difícil como apreciar la felicidad cuando la tienes. Y es que esta vida sería la leche si no existiera el tiempo. Supongo que lo inventaría el mismo mamarracho al que se le ocurrió lo de “el trabajo dignifica”. Porque, claro, cuando me levanto temprano para trabajar por cuenta ajena, me encuentro tan llenito de dignidad que no me cabe ni la media de aceite y jamón del desayuno, sí.

“Quillo, sa muerto Javi el yonki”. Con este mensaje me he despertado esta mañana. Una foto de Javi, que sirve de obituario digital, ha corrido como la pólvora por los grupos de wasap del barrio.

Javi era conocido en Sevilla como “el guitarrista de la Plaza España”, un apodo mucho más digno que el que usábamos en El Porvenir para referirnos a él. Y mucho más justo. Porque, a decir verdad, la única adicción visible de Javi era su guitarra. Y con guitarra me refiero al instrumento, porque no tuvo una sola sino cientos. Muchas de ellas heridas de guerra, con remiendos de esparadrapo. Otras, con menos cuerdas que una flauta. Y rara vez se le veía con alguna impoluta, porque así le duraban muy poco.

Recuerdo, hace unos años, que mi padre se cruzó con Javi y este le dijo que unos desalmaos le habían roto la guitarra, llorando esmorecío. Mi padre no dudó en subir a casa, trincar la guitarra que me regalaron mis tíos por la comunión (y que nunca supe tocar, salvo el punteo de Salir, de Extremoduro, que me enseñó mi hermano), y dársela a Javi. Eso necesitaba Javi, comprensión y reconocimiento “en su momento”. De nada sirven los “qué pena, tío”. “Joé, pobrecillo”. “Qué arte tenía”. Mensajes lastimosos que llegan tarde, sobre todo para él. Coño, que en vida, la mayoría de las veces le rehuimos la mirada, no seamos hipócritas. Y bueno, los que le conocíamos sabíamos que pesao también era un rato. Y resabiao, porque la vida le obligó a ser así. Que te pedía dinero pal autobú en la Calle Valparaíso y todos sabíamos que dormía en un cajero de Felipe II, cuando lo que más había en Felipe II eran bancos. Luego vino la fiebre de los bares de tapas, que obligó a Javi a pernoctar en otros lugares, eso sí, aprovechando la coyuntura para tocar su guitarra por los veladores a cambio de algunas monedas con pelusilla de bolsillo.

La muerte de Javi me ha hecho reflexionar. No podemos ser tan mariconas en el presente y redimir nuestros “pecados” en el futuro. Que me he cruzado a más de una excompañera del colegio a la que traté de inferior por ser poco agraciada físicamente cuando éramos niños y ahora, que está más fuerte que el Instagram de India Martínez, es super agradable conmigo (salta la sorpresa) cuando en realidad merezco ser escupido, cuanto menos. He visto a gente tatuarse el Carpe Diem, como si al depositarlo en tinta bajo su piel ya fueran capaces de llevar a cabo esa actitud ante la vida. Vivamos el presente, sí, pero amando al prójimo, cabrones. Que nos hemos tirado toda la semana hablando de que el Sevilla puede vender a Koundé y estamos a 48 horas de disputarle, o intentarlo al menos, la Supercopa de Europa al puto Bayer. Tengamos respeto por el club al que amamos y centrémonos en disfrutar estos momentos de gloria, que son irrepetibles. Pongamos en valor lo conseguido y lo que se puede conseguir. Porque el Sevilla no son Koundé, Diego Carlos y Ocampos. El Sevilla es tu abuelo, tu tío y tu padre. El abrazo con tu amigo en el salón de casa con 4 platos de ganchitos por testigo. Y luchemos contra la lógica, carajo. Contra los alemanes. Contra los presupuestos. Contra las cuotas de las casas de apuestas. Contra ese cabrón que es el tiempo, que te obliga siempre a darte cuenta de que eres feliz cuando ya no lo eres tanto. Digámonos te quiero ahora, “en su momento”. Y presumamos de Sevilla como lo hacía Javi, el guitarrista de la Plaza España.

Qué más quisiera Nueva York.

Porque Sevilla es Sevilla

que todo es de maravilla

Mira por dónde,

la vida es que nunca se orvida.

Sirva este escrito como homenaje a lo auténtico. A aquel que se muestra tal y como es, mostrando su identidad y su verdad al mundo. Va por ti, Javi.

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Hoguera de confrontación

-ENTRA CABECERA DEL PROGRAMA Y SUENA UNA MELODÍA SALVAJE-

Es el momento de la hoguera. Y no se le llama así solo porque el fuego prenda entre concursante y presentadora. Metafóricamente hablando es el purgatorio mismo. Es ese momento en el que el concursante se enfrenta a esa realidad que no ve o que no quiere ver. Y en esa hoguera hay dos opciones, alcanzar el perdón quemando tus tormentos o dejar que las llamas te envuelvan por completo para descender al infierno.

Entre un pasillo de antorchas se abre paso la sombra de un bigfoot. Es Julen, que camina hacia adelante, aunque su cara diga que quiere ir en dirección contraria a la de sus pies. Viste pantalón y camisa de lino blanco, desabrochada en exceso. Quizás cumpliría mejor con el decoro si se cerrara un botón más de la camisa, pero se lo perdonamos porque Julen aún no ha llegado a la hoguera y ya tiene calor.

Mónica Naranjo, diva ella, aguarda la llegada de Julen sentada en una banqueta. Lo mira de abajo a arriba, de manera compasiva, poniendo cara de pensar “míralo, poresito, lo que tiene de grande lo tiene de inocentón”.

-Bienvenido a la hoguera, Julen. Siéntate.

-Buenas noches, Mónica, estás muy gua…

-¡Julen! Presta atención a la Tablet.

El sistema nervioso de Julen, que ya de por sí parece no haber pasado las últimas 5 itv´s, sufre la primera alteración.

-Tenemos imágenes para ti.

La ceja izquierda de Julen, producto de la tensión, dice “conmigo no contéis” y comienza a precipitarse de la vida, de hecho, parece pesarle el doble que antes y provoca que su ojo izquierdo quede casi cerrado.

La Tablet permanece apagada unos segundos en los que Julen, en la oscuridad de la pantalla, se ve reflejado a sí mismo y piensa “sonríe al menos, que tienes más mala cara que volviendo de un besamano en Wuhan”.

  • Hola, Julen…

En la pantalla una mujer de unos 60 años, en batín.

  • Me llamo Marugenia. Soy la sosia número seis mil siento treintidó de esta bendita cosa que me corre hasta por las varise: el Sevilla fúrbor clú.

Julen mira a Mónica Naranjo, buscando en ella una aliada para salir de la estupefacción. Pero Mónica le hace un gesto con las cejas como diciendo “atiende a Marugenia, que te va a enterá, mostro”.

  • Yo tengo un disgustito. Un disgustito mu grande. Que a mí como madre de una hija y madre de madre de una hija me duele mushísimo. Lo que tú ha hesho con Dadúr no tiene nombre.

Julen repite con sus labios la palabra Dadúr como pensando “¿de quién caraho me está hablando?”.

  • A ese chiquillo le ha fartao una convocatoria pa terminá de sufrí búyin ya der tó, poresito mío.

La Tablet se apaga de forma repentina y provoca un silencio solo interrumpido por el chisporroteo de las ascuas de la hoguera, cuyas llamas parecen acercarse cada vez más a Julen.

-Bien, ¿qué tienes que decir ante la grave acusación de María Eugenia?- Dice Mónica con tono de fuerte carga.

-Bueno, todas las opiniones son respetables ¿No? Pero en el caso de Dabbur los técnicos evaluamos que la mejor opción era…

-¡JULEN! Hay más imágenes para ti.

La ceja vaga de Julen ejerce tal peso sobre su ojo izquierdo que le obliga a tenerlo cerrado, quedándole así una cara como del que está mirando por la mirilla y al otro lao de la puerta están los de Músicos por la Paz, ávidos de conseguir unas monedas para su causa.

-Mira la Tablet, por favor.

Julen traga saliva y se rasca la frente, aunque no le pica.

En los pocos segundos en los que la Tablet sigue en negro le da tiempo a Julen a rascarse la frente, el cuello y hasta la piel insensible del codo, que eso nunca ha picao ni .

  • ¿Ya está grabando?

En la pantalla un cuarentón trajeao, engominao y tan repeinao que casi podía olerse el perfume fuerte que se ha echao, que recuerda a cuando pasas por la puerta del Stradivarius.

  • Ah, voy. Mi nombre es Juan Antonio García-Argüeso, de Muebles Argüeso, de la calle Puente y Pellón. Soy el socio número mil cuatro si nadie se ha muerto en este minuto que llevo de vídeo, que ya entrao en los primeros mil socios nada es descartable, toquemos madera, que gracias a Dios aquí en mi tienda tengo por tos laos, jeje.

Julen mira a Mónica y ésta inclina ligeramente la cabeza como diciéndole “atiende, que ahora viene lo bueno”.

  • …preguntarte por la Copa del Rey. Con lo bonita que está este año y habiéndonos tocao el Mirandés, de Segunda División, se podía haber hecho algo más ¿No?

-Hombre, hicimos lo que…

-¡Julen! No respondas a Juan Antonio. Es una grabación. No serás de los que escucha los audios de wasap con el móvil al oído e intenta responderlos como si de una llamada se tratara, ¿verdad?

  • …que su delantero, el Lótar Matéus ese, parecía Ronaldo Nazario da Lima, copón. Vaya meneo, Julen. Vaya meneo. Vergüenza más grande pasé, Julen. Te lo dice Juan Antonio García-Argüeso, de Muebles Argüeso de la calle Puen…

La Tablet vuelve a negro y el silencio del momento es interrumpido por un carraspeo nervioso de Julen que se vuelve tan continuo que Mónica lo interrumpe con un:

-Trata de arrancarlo, Julen.

-Lo… lo… Lo de la Copa fu… fue un accidente.

Al ojo guiñao, los rascamientos, y la carraspera se les une un inesperado tartamudeo leve.

-Ya hemos trata… tado el tema con los te… técnicos y vamos por el bu… buén camino.

-Julen -dice Mónica con cara de pena pero de estar disfrutando EN VERDÁ– tenemos más imágenes para ti.

-¿Ma… más?

-Más, hijo, más. Atento a la pantalla.

Julen pide agua a los técnicos del programa y uno de ellos, sevillista, se mete en la mano en el bolsillo y en vez de una botella saca su puño cerrado bocarriba en forma de puñaíto de algo pero en realidad de nada. “Te la comío, Julen”, piensa él.

La Tablet se enciende y en ella aparece la inconfundible y familiar imagen de Monchi en el salón de su casa, con su perrita Luna en el regazo y la tercera sesión de cuartos de final del COAC sonando de fondo proveniente de la tele.

  • Hola, Julián, como zabes que te llamamos los que te apresiamoz

“¡POSITIVIDÁ, JOÉ!” se oye gritar al Bizcocho, que actúa con su chirigota.

  • …siempre te he apoyado y zabes mejor que nadie que fui el primer causante de que hoy estés aquí entrenando al Sevilla, ¿no?

Mónica mira a Julen y le sonríe como diciendo “atiende que este habla poco pero cuando habla sentencia el hioputa”. Julen suma a su catálogo de tics nerviosos un gesto con la boca de piñón, como oliéndose el bigote.

  • incisto, ciempre has tenido mi confianza. Que Chicharito no te gustaba, pues fichamos al del Leganés. Que Nolito te gusta, pues no le falte gloria a Nolito. Que ce te antoja un Zuso, pues yo te traigo a Suzo

“¡LA CHUSMA SELECTA!” Anuncian en el Gran Teatro Falla desde el youtube de Onda Cádiz.

  • …pero Julián, en Ipurúa nos remontan un 0 a 2, en Anduva el Mirandéz nos da la del ligre y en Balaídos, ganando 0 a 1, zacas otra vés a Éver, me quitas a Zuso y el Serta, que llevaba sin ganar un partido desde pretemporada, nos remonta. A ver si van a tener razón los destructore y me he equivocao contigo, Julián. Dios no lo quiera, Julián.

Se apaga la Tablet y se van Monchi, Luna y el sonido del carnaval pero vuelven las carrasperas nerviosas de Julen.

-Julen, trata de arrancarlo, por Dios -dice Mónica haciendo leña marismeña del árbol caído- ¿No vas a decir nada? -insiste Mónica ya más sijaputa que diva.

Julen intenta articular palabra. Carraspea. Tartamudea carraspeando. Se rasca mientras carraspea tartamudeando. Alterna el ojo guiñado mientras se rasca y carraspea tartamudeando.

-No te oigo, Julen -dice Mónica dejando a Satán en güenagente.

Julen se intenta levantar mientras guiña los ojos, se rasca, carraspea tartamudeando y hace aspavientos tratando de pedir agua. Mete gran cambayá al tratar de erguirse, emite un sonido parecido al que haría Chiwaka si se diera con la pata de la cama en el deo chico del pie, se desmaya y cae a plomo en la hoguera.

La realización del programa evita mostrar la imagen de Julen ardiendo y se centra en Mónica Naranjo, quien tras aguantar durante unos segundos un primerísimo primer plano como solo lo hacían los protagonistas de los westerns de Sergio Leone, afirma:

-Total, pa lo que iba a decir…

-ENTRA CABECERA DEL PROGRAMA Y SUENA UNA MELODÍA SALVAJE-

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SFC Gastrobar

Metre: Hola, bienvenido a SFC Gastrobar ¿Mesa para uno? Sí, por favor. Metre: Acompáñeme, si es tan amable. … Camarero: ¿Qué va a tomar para beber? ¿Me da la carta de vinos? C: Por supuesto, aquí tiene. Aconséjeme, por favor, que ando un poco perdido. C: Pues mire, tenemos un vino blanco de la República […]

Carta de Javiva, la madre de Dabbur

הי, אני אמו של דבור. אני כותב את המכתב הזה בגלל ¡Coño! ¡Que estoy escribiendo en hebreo! Por cierto, ¿el coño lo he dicho en hebreo o en español? Bueno, es lo mismo, yo creo que se entiende en los dos idiomas igual. Os decía que soy Javiva, la madre de Munas (aquí me presigno). […]

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