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monchi fernando navarro
PEDRO GONZÁLEZ 16/11/2022

Conjura por la desestabilización

Allá por el mes de febrero, dejaba escrito en estas opiniones de Columnas blancas, mi impresión sobre el derbi sevillano y, entre otras cosas, advertía de la deriva hacia derroteros lejanos a la concordia y el saber estar. Sobre todo, de la pérdida del sabor de esos derbis en los que preponderaba el respeto, la tolerancia y la mesura, y, cómo no, desaparecida la guasa sevillana de toda la vida, convertida hoy en un esperpento infumable y doloroso.

Este derbi pasado no ha hecho más que corroborar lo que presentía en ese tiempo. Y la confrontación entre clubes está llegando, desgraciadamente, a la confrontación personal.

En lo deportivo, éste reciente atípico derbi sevillano, llamémosle de las expulsiones, ha dejado a más de un vidente, con los morros estrellados con la realidad y ha dejado de manifiesto que no corren buenos tiempos para la lírica.

Las elucubraciones antes del partido sobre el desenlace del mismo, que presagiaban una contundente victoria del equipo de la Avenida de la Palmera sobre el del Barrio de Nervión, basado, en la diferencia clasificatoria, y, sobre todo, en la diferencia de juego exhibidos por ambos, resultaron ser eso; un augurio erróneo, porque los videntes no repararon, ni tuvieron en cuenta, la singularidad de estos enfrentamientos, cuya historia nos dice que poco importa como estén clasificados uno y otro y cuál sea su nivel de juego.

La frustración es mala consejera para aliviar tensiones, porque conlleva un porcentaje muy importante de amargura y, casi siempre, se convierte en arma arrojadiza, dependiendo muy mucho, del nivel de educación deportiva de quién tenga que roerla.

Ocurre que cuando con el devenir del tiempo sólo obtienes frustración tras frustración, fracaso tras fracaso, y aunque creas que es el momento idóneo para que, por fin, la desgracia salte por los aires, porque estás seguro y convencido de que ya vas conseguir que los hados te sean propicios; resulta, por enésima vez, que todos tus anhelos y deseos no se cumplen, y reparas en que, una y otra vez, durante muchos años, todas esas ilusiones se van por el husillo, y pasan a engrosar la estadística de esa larga lista de fracasos e infortunios, viendo que eres incapaz de ganar a tu eterno rival ni en las peores condiciones en qué pueda encontrarse.

La realidad, la cruda realidad, se hace patente e, interiormente, se crea un volcán de desengaño y desilusión que es difícil de contener.

Hace falta mucha preparación, educación y mucho temple para controlar que este último fiasco verdiblanco no rompiera las más elementales formas de convivencia deportiva entre ambos clubes.

El pozo de esa espera amargura, de esa pérdida continuada, tiene tal nivel, que ha acabado desparramándose por doquier, haciéndole perder los papeles a quiénes tienen el deber ineludible de velar por el respeto que debe imperar, sobre todo, entre los responsables de ambos clubes, para salvaguardar la esencia de la sevillanía deportiva.

Lleva el Sevilla F.C., soportando los ataques directos hacia Monchi desde todos los medios capitalinos. La crítica al trabajo de Monchi está llena de saña y mala intención. Todo con un solo objetivo. Que el Sevilla F.C., deje de ser el tocahuevos de los de arriba, que se tenga el camino expedito de contratiempos, en definitiva, que todo siga igual. Que los de siempre sigan mangoneando esta putrefacta Liga.

A esto se han apuntado algún que otro descerebrado consejero bético y toda una pléyade de personal deportivo y trabajadores heliopolitanos.

Los insultos a Monchi, la falta de respeto a jugadores en plena comparecencia televisiva, empaña el buen hacer de otros compañeros del Consejo de Administración verdiblanco y del resto de personal que si supieron mantener la compostura.

A nadie se le escapa la “mala suerte”, que tenemos con los arbitrajes. La persecución desde la más alta dirección de la Federación. Las voces de peso de medios de comunicación de Madrid, atacando de manera infame la figura de Monchi. Una cacería abierta y sin reparos. Contra el Sevilla F.C. y su figura mas representativa.

Las declaraciones de Del Nido Junior al Larguero de la Cadena Ser, da en el clavo de que está pasando. Ya tiene valor José María del Nido Junior de enfrentarse a la caterva periodística deportiva y no deportiva capitalina, — y muy contundente y acertadas sus declaraciones—enfrascados, como están, desde todos los sitios, en derribar a uno de los pilares fundamentales de los éxitos sevillistas de estos últimos diecisiete años: nuestro León de San Fernando, a nuestro querido Monchi, Don Ramón Rodríguez Verdejo,

A este ataque furibundo y violento, se han sumado algunos medios de comunicación locales, –que no han dejado pasar esta oportunidad–, utilizando inquina y maledicencia, actuando al unísono, con el pretendiente a dirigir nuestro Club. El Sr. Del Nido Benavente, que está dejando al sevillismo al borde una guerra civil.

No me cabe la menor duda, que esto que está pasando no es más que una orquestación, ruin y soez en sus maneras, una auténtica conjura de desestabilización que quiere dejar al club a los pies de los caballos.

Llevan mucho tiempo esperando el fallo, el contratiempo, esperando que Monchi tuviera la fatalidad de equivocarse para embestir, con todo, contra su figura, contra su persona y sobre todo por lo que representa en el Sevilla F.C.

Derribándole a él, creen tener el camino despejado.

No saben que cuanto más lo ataquen más resguardado estará por los que los queremos y respetamos. Mas lo protegeremos todos los sevillistas que valoramos su inmenso trabajo, su incansable dedicación a hacer grande, cada día más grande, a nuestro Sevilla F.C. y que se basa, sobre todas las cosas, en su colosal sevillismo.

Quién piense que tenemos alguna duda sobre lo que vale y lo que significa para nosotros, y crea que en estos momentos difíciles de su persona y de nuestro Club, vamos a dejar de insuflar ánimo y confianza, están tan equivocados como aquellos que nos dan por muerto.

No creo que a nadie le quepa la menor duda, que toda esta conspiración, toda esta confabulación de desestabilización fomentada y organizada para hundir a nuestro Club y a nuestra reciente historia, tendrá enfrente a todos los que queremos al Sevilla F.C.

Que nuestro Club necesita coherencia y, sobre todo, respeto, el respeto que nos deben porque lo hemos ganado en el césped. Que es donde un club debe hacer valer su trayectoria deportiva. Y la nuestra lleva 17 años de éxitos continuados, aunque a día de hoy, nos encontremos en un lugar que nadie quiere y que nadie desea.

Que los sevillistas no debemos dejarnos influenciar por los cantos de sirenas, de quién ya tuvo la gloria y él mismo dejó un aroma barriobajero en una entidad modélica en su comportamiento en su larga historia de 132 años y alejarnos de aquellos que están promoviendo toda clase de críticas y negando el apoyo que necesita el Club en estos momentos difíciles, en esta muy delicada situación.

El Consejo de Administración, debe dejar de dar esa sensación de inacción que tenemos todos los sevillistas. En mi modesta opinión debe dar un golpe en la mesa y poner en valía sus logros. No parece que ahora sea tiempo de adoptar una postura de perfil bajo. Sino todo lo contrario. A cada ataque debe haber una respuesta contundente, como la José María Del Nido Jr.

Porque quién calla otorga. Y ya va siendo hora de poner pie en pared y defenderse de tanta ignominia.

Apretando los dientes más que nunca, con firmeza y resolución, juntos, contra toda esta conjura mediática de desestabilización y contra esa guerra intestina que sólo busca beneficio particular, ayudado por gentes advenediza, sin carisma ni historia sevillista, gente a los que sólo les interesa buscar los réditos financieros de nuestro Club, una de las piezas más codiciada de Europa y que, además, la quieren comprar a precio de saldo.

Ahora es el momento de que sepan, que lo entiendan, que tenemos un slogan que nos define, que nos representa, que portamos con dignidad y orgullo, que somos el Club que nunca, por nada ni por nadie, se rinde. Es hora de hacer valer el “NUNCA NOS RENDIMOS”.

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