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Lo mismo nos estamos equivocando

Mis años (que ya son muchos) de seguidor del Sevilla me sirven para ver la evolución del aficionado del Sevilla en estas últimas décadas. Y la verdad es que es bastante distinto.

No hemos cambiado en el amor a nuestro club y en el orgullo de pertenecer a él. Unas características que nos hacen ser de las aficiones más fieles de España.

Seguimos siendo respetuosos con los rivales (con excepciones). Señorial y con un comportamiento ejemplar (también habrá excepciones, claro)

Pero con la llegada de los títulos y habernos colocado entre los cinco equipos más importantes del país, han aparecido unas nuevas características en gran parte de la afición que lo mismo no son tan positivas. La exigencia desmedida y la impaciencia.

Siempre hemos escuchado que la exigencia forma parte del club buscando el crecimiento de la entidad. Pero creo que una gran parte de la afición ya se ha pasado de frenada y estoy planteándome si no está ya empezando a perjudicar.

Y lo dice alguien que siempre ha llevado el sambenito de criticarlo todo, pero que ha visto como, sobre todo en estas dos últimas temporadas, los “nuevos azotadores” me han pasado por el lado como un Ferrari pasa a un Citroën 1.

Ahora parezco un “oficialista” comparado con la corriente de opinión tan negativa que rodea al Sevilla FC.

Sí, sin duda, ahora somos distintos. Y no somos mejores.

Me viene a la memoria los dos últimos partidos jugados contra Cádiz y Osasuna.

¿Cuántos sevillistas de veinte años hacia atrás han visto que le pitasen al equipo en un partido amistoso planificado para hacer pruebas, como ha ocurrido en el Trofeo Antonio Puerta contra el Cádiz?

O cuando en el primer partido de liga es mucho más relevante para gran parte de la afición el hecho de tirar tres veces a puerta a que nos hayan metido un mangazo descomunal, denunciado por todos los medios deportivos del país.

A mí tampoco me gusta el juego del equipo últimamente, ni la subida de los abonos. Sé que los asientos del estadio es un parche. Y veinte cosas más que se pueden hacer mejor. Pero el azote continuo a los dirigentes y sobre todo la predisposición para pitar y criticar al equipo, no solo a las primeras de cambio, sino toda una semana completa, hacen que esta afición ya no lleve al equipo en volandas como dice su himno, más bien lo que vuelan son los palos sin pararse a pensar que quizás el Sevilla ha llegado a su punto más álgido y que subir un peldaño más es demasiado difícil.

Todavía seguimos entre los grandes y en gran parte ha sido gracias al apoyo de la afición.

Para eso era la mejor de España.

Por cierto. Excluyo a los Biris de todo esto.

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