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PEDRO SENDRA 12/08/2022

De aquellos “Asuntos mercantiles” a estas “Sociedades Anónimas Deportivas”

Tratándose de mi estreno y primera colaboración en esta magnífica casa, antes de entrar en materia debo rendir tributo y recuerdo a mi amigo José Manuel Ariza que desde aquél lejano mes de junio de 2009 hasta este último otoño colaboró de forma notable en este portal.

Vamos a realizar un viaje recorriendo el periplo histórico-vital de una Asociación Atlética que un grupo de señores británicos, en su mayoría de origen escocés, junto con sus amigos sevillanos ocupados principalmente en asuntos mercantiles denominaron Sevilla Football-Club.

En efecto, estos fundadores se dedicaban a los negocios y eran gentes de empresa pero no constituyeron una compañía con fines lucrativos sino un Club de Football para practicar ejercicio físico, revestido con el término de Asociación según la normativa y legislación vigentes tal como quedaba regulado en el Código Civil de 1888 en sus artículos 35 y 36.

En los sucesivos estatutos de 1905 reestructurados en 1914, no se observan cambios en cuanto a la denominación y definición rezando su artículo 1 de esta forma: Bajo la denominación de Sevilla Football Club se constituyó en esta ciudad…. Una sociedad de aficionados al deporte de foot-ball, siendo su fin fomentar y propagar este sport para mejorar el desarrollo físico de la juventud.

No puede pasar desapercibida la importancia y transcendencia de aquella Orden Ministerial de 16 de mayo de 1940 formulada por la dictadura franquista en la que borrando de un plumazo los dos apellidos de nuestro Club se echaban, sobre nuestro verdadero origen, paladas de tierra a la cuneta del olvido.

Durante la mayor parte de esta década de los años cuarenta recordemos que quedó suspendido el sistema asambleario, santo y seña del Sevilla F.C. desde sus inicios, así como la elección del presidente por la correspondiente asamblea de socios.

En el caso de nuestro Club, hasta ese momento ningún otro régimen político, y los hubo muy variados y variopintos, se había inmiscuido en nuestros asuntos internos.

Más de treinta años hubieron de pasar para que, tras la derogación del citado decreto el 18 de julio de 1972, el Club pudiera restablecer parcialmente su denominación original y dando otro salto en el tiempo tenemos que transportarnos a un siglo XXI, ya convenientemente asentado, en el que unos “locos en paños mayores” canalizados posteriormente por el Área de Historia del Sevilla F.C. exhumaran definitivamente lo consciente o inconscientemente ocultado al sevillismo durante el paso de tres centurias.

Con resultar esto sorprendente, aún seríamos testigos de situaciones y circunstancias que darían un vuelco a la entidad en sus aspectos sociales e institucionales hasta el punto que podríamos afirmar parafraseando a algún político de épocas pasadas “Al Sevilla no lo va a conocer ni la madre que lo parió”.

Ciertamente, allá por el mes de marzo de 1980 ya se trabajaba, con el gobierno de la UCD, la nueva Ley de Educación Física y Deportes que ya contemplaba a los clubs de fútbol como sociedades anónimas pero no fue hasta la Ley del Deporte de 15 de octubre de 1990 que regula el deporte en general la que en sus artículos 19 a 29 introduce como novedad la obligatoriedad de adoptar la forma jurídica de Sociedades Anónimas Deportivas por parte de los clubs de fútbol o sus equipos profesionales para participar en competiciones oficiales de carácter profesional y ámbito estatal.

Existía una Disposición adicional a la ley que establecía la excepción a la norma consistente en que los clubs que en los cinco años anteriores (desde la temporada 1985/86 a la 1989/90) reflejaran en las auditorías realizadas por la LFP saldos positivos del Patrimonio Neto Contable durante todo ese período podrían optar, en tal caso, por continuar con su anterior estructura jurídica.

¿Qué ocurrió en el Sevilla F.C.?

A pesar de cerrar algún año de los mencionados con los Fondos Propios en positivo, no se cumplía con la exigencia de la regla en la totalidad del periodo pero un hecho acaecido durante el mismo ofrecía un argumento sólido para tratar de evitar la conversión en S.A.D si así se hubiera deseado.

El 24 de febrero de 1988, se firmaba el contrato de compraventa por parte del Sevilla F.C. de los terrenos de su propiedad aledaños al estadio Ramón Sánchez-Pizjuán y la empresa Construcciones y Contratas, S.A.

Esta transacción significaba que, si bien el patrimonio neto del Club arrojaba signo negativo durante los años analizados, esa valoración no se correspondía en el año 1991, cuando allá por el mes de abril aún no estaba ni redactado el Real Decreto sobre S.A.D., con la realidad en ese momento tras los beneficios obtenidos con la recalificación y venta mencionados que redundaron en un incremento del valor patrimonial del club.

Todo esto nos lleva a que con un estudio actualizado del valor real del patrimonio desde la temporada 1985/86 hasta los momentos previos a la anunciada conversión en S.A.D. se habría arrojado un saldo patrimonial positivo que hubiera evitado, probablemente dar vía libre al “gran negocio” y espectacular hurto al Sevillismo permitido por los políticos que le dieron cobertura legal y secundado por los dirigentes de los clubs finalmente, quizás tras atisbar la rentabilidad que en aquellos momentos se garantizaba con un patrimonio valorado en más de veinte mil millones de pesetas adquirido al precio de setecientos millones de la citada moneda.

Francisco Olid Castro, que había ocupado el cargo de Delegado Provincial de Deportes en Sevilla en la época de Adolfo Suarez como presidente del Gobierno y Benito Castejón como presidente de la Delegación Nacional de Deportes, fue el encargado de tutelar en el Sevilla F.C., como secretario del Consejo de Administración desde octubre de 1990, el proceso de transformación en S.A.D. junto a otros juristas del club. Tras reconocer la posibilidad cierta de evitarlo añadía como colofón lo siguiente:

“… lo que ya no está tan claro es que sea conveniente mantener esta forma jurídica, ya que es probable, que para garantía de los socios y para seguridad de una mejor organización y administración del club sea preferible la conversión S.A.D., en vez de continuar siendo Club de Fútbol como hasta ahora.” (El Sevillista. Abril 1991).

Ahora es, precisamente, cuando nos preguntamos, ¿ha mejorado la garantía de los socios o la mejor organización y administración de los clubs en general?

No hay nada más que respondernos con lo que nos dicta la experiencia constatada: El Sevilla F.C. pasó de pertenecer a todos sus socios a formar parte de la propiedad, sólo, de algunos de ellos y eso en el mejor de los casos (escasa o nula garantía) y si hablamos del fútbol en general en cuanto a organización y administración de los recursos observamos una larga lista de clubs desaparecidos y otros tantos puestos en la cola del Concurso esperando turno.

Todo apunta, visto lo visto a un craso error estratégico motivado por la no observancia del importante componente social que posee el fútbol condimentado por un excesivo interés por los capitales que mueve y genera.

Aún se dirimió una cuestión de matices y probablemente de dudosas consecuencias en aquella histórica Asamblea General Extraordinaria de 23 de septiembre de 1991 en la que figuraba como único punto del orden del día: la información y aprobación de la conversión del Sevilla Fútbol Club en Sociedad Anónima Deportiva y se trataba de la forma de acceder a esta nueva figura societaria. Se planteaban dos opciones: la transformación y la adscripción.

Con esta propuesta de la adscripción, apoyada por el Consejo de Administración, se pretendía preservar el patrimonio del club. De hecho, el Sevilla F.C. se encontraba en una situación parecida a clubs como el Valencia C.F. y el Sporting de Gijón que poseían un gran patrimonio a diferencia del resto de equipos y que se entendía o, más bien, se trataba de hacer ver que requerían un tratamiento distinto en el citado proceso.

En la asamblea salió aprobada la autorización al Consejo para utilizar la vía de la adscripción a la S.A.D. pero finalmente este se decidiría por la transformación tras consensuar un frente común junto con los otros dos equipos en similar situación para presentar recurso posterior al Consejo Superior de Deportes. Reclamación que no debió prosperar porque el tratamiento recibido por estos tres clubs no fue diferente al recibido por la mayoría.

En líneas generales así sucedieron los hechos en el año 1992 que llevaron al Sevilla F.C. a esta nueva identidad societaria novedosa y completamente ajena a los principios fundacionales y en clara beligerancia con la idiosincrasia que identificó al Sevilla Fútbol Club durante más de cien años.

Ojalá contribuyan estas breves consideraciones para poder sacarle más punta a ese manido tópico tan utilizado que viene a decir algo así como aquello de conocer nuestro pasado para entender el presente y garantizar nuestro futuro, pese a la incertidumbre de lo que está por venir, pero apostaría que la condición necesaria, al menos, para conseguirlo pasa por la unión del Sevillismo y hasta ahora se ha demostrado que eso sólo es fruto del trabajo bien hecho.

Para finalizar utilizo hoy una mítica despedida con un añadido mío.

Cuidaros… pero disfrutad.

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