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Cambio de juego

La tarde del 3 de enero de 1998 el Sevilla saltaba al Estadio Insular para medirse a Las Palmas y, casi sin saberlo en aquellos tiempos procelosos de Segunda División, marcaba un hito en la historia del club: sería la primera ocasión en que vestía una tercera equipación. Ese Sevilla, que acababa de materializar un relevo en el banquillo con la llegada de Juan Carlos Álvarez tras el cese de Vicente Miera, no parecía en disposición de preocuparse mucho más que del día a día y, sin embargo, esta próxima temporada se cumplirán nada menos que 25 años de aquel acontecimiento. Aquella camiseta azul marino con franjas formadas por pequeños escudos sevillistas es ya historia.

Aquellos años fueron los del desembarco de las televisiones privadas con su lluvia de millones, y la tan grandilocuente denominación de la “Liga de las Estrellas”. En el fondo, pero sobre todo en la forma, se seguía la estela de las modas que marcaba una liga organizativamente más madura como la inglesa (como casi siempre en temas futbolísticos, de hecho). En términos estéticos esto se plasmó en detalles como la llegada de los nombres de los jugadores y los dorsales fijos en los camisetas en la temporada 1995-1996, o la armonización del parche de la competición en la manga. Señales del fútbol moderno…

Es también en esta época en la que surgen de manera generalizada las terceras equipaciones. Históricamente se habían dado casos en que un club había tenido que recurrir a un uniforme distinto, generalmente en partidos de competición europea. Sin embargo, a principios de los años 90 surgieron dos factores que habrían de revolucionar los vestuarios: el boom de las camisetas réplica para aficionados -iniciado en el Reino Unido, pero pronto exportado al resto de Europa- y la adopción masiva por parte de las marcas del poliéster, ese “nuevo material” que por sus características y posibilidades de estampado permitía diseños cada vez más extravagantes. Esas camisetas noventeras, en su día a menudo criticadas, son hoy objeto de deseo de coleccionistas a lo largo de todo el mundo (algo de lo que hablaremos en otra ocasión).

Es en este frenesí de principios de los 90 en el que Umbro, la marca dominante del fútbol mundial por aquel entonces (hasta que Nike descubrió en el Mundial de 1994 lo lucrativo del negocio del fútbol) empezó a introducir en los clubes ingleses el uso de terceras equipaciones, normalmente por un periodo de dos temporadas: a más modelos, más ingresos en camisetas de aficionados tanto para los clubes y como para las marcas. Sería cuestión de pocos años que, de nuevo, la moda inglesa se extendiera y muchos clubes españoles se acogieran a ella desde 1997 en adelante. Pese a que el Sevilla militaba ese año en Segunda División, sería uno de los primeros equipos en adoptarla como equipaje regular de Liga, por dos circunstancias fundamentales: vestir Umbro (una de las principales impulsoras de la idea) y estar precisamente a principios de la temporada 1997-1998 en el proceso de renovación del contrato con la marca.

El nuevo contrato del Sevilla, negociado por Herminio Menéndez, incluía, además de la tercera equipación, una novedosa cláusula que imponía su uso en al menos dos partidos oficiales y un amistoso televisado. El citado primer modelo que se estrenó en Las Palmas incluía, aparte del color azul y los escudos de las mangas, el emblema sevillista, así como la marca, en el centro de la camiseta, algo inédito: quedaba claro que estos uniformes venían a romper moldes, y la (sorprendente) buena acogida que tuvieron, refrendada en ventas, sólo habría de facilitarlo.

A lo largo de estos 25 años hemos tenido casi de todo: una fase inicial donde el azul, en distintos tonos, parecía reclamar el rol de “tercer color” sevillista, hasta que a mediados de la década de los 2000 las nuevas ideas de marketing de la directiva sevillista abrieron la puerta a la orientación a temas sevillanos primero (entre 2004 y 2006), y al uso de una paleta de colores variada como seña de identidad explícita del club después (la segunda mitad de la década, con los años del rosa o el turquesa entre otros experimentos arriesgados). Las cosas volverían a una sobriedad muy del gusto sevillista con Li-Ning y el retorno de Umbro, para retomar transitoriamente la senda disruptiva con Warrior y, por último, pasar a una etapa muy contenida donde de nuevo los colores sobrios, casi siempre negros o azules, dominan el tercer equipaje del club. Esta nueva temporada 2022-2023, en la que debuta Castore, continua en esta dirección incorporando además un estampado muy sevillano inspirado en los paños de sebka de la Giralda, Turris Fortissima.

La imagen que acompaña estas líneas es la foto de familia de todas las terceras equipaciones utilizadas por el Sevilla hasta ahora (nota para lectores avanzados: se incluyen, intencionadamente, equipaciones que comercialmente fueron designadas como segunda equipación, pero su rol, en la práctica, fue el de uniformes alternativos). La perspectiva del tiempo nos permite ver que estos uniformes han sido a menudo el campo de pruebas de innovaciones que tendrían poco recorrido en las (mucho más tradicionales) equipaciones local y visitante: desde el citado escudo central a los escudos monocromo o los esquemas de color más atrevidos, estos diseños han sentado las bases que luego hemos visto repetidas con normalidad.

Decía Anna Wintour, la legendaria editoria de Vogue, que “la moda no se trata de mirar atrás; siempre consiste en mirar hacia adelante”. Esto es precisamente lo que las marcas hacen en estos terceros uniformes: olvidan ataduras históricas o expectativas, y dan rienda suelta a sus ideas o, incluso, nuevos conceptos. Esta innovación, arriesgada como todas, abre la puerta en ocasiones a genialidades inesperadas como -si me permiten expresar una preferencia personal- aquella equipación sevillista color albero de New Balance. Porque en la motivación para su diseño, tanto como su funcionalidad, está el aficionado no sólo al club, sino a la cultura futbolística global: los uniformes de futbol son cada vez más iconos de moda, que no sólo están concebidos para su uso en el campo sino para usarse en la calle y generar tendencias. Este es el otro campo de juego de estos diseños, y el motivo por el que las marcas toman en ellos riesgos tales como la polémica eliminación de los escudos de los equipos recientemente propuesta por Puma. Y en este escenario el Sevilla debe recuperar terreno perdido, y tomar una posición acorde a su importancia.

Lo que las equipaciones de dentro de 25 años se parezcan o no a las actuales vendrá determinado, posiblemente en gran medida, por diseños salidos de este nuevo paradigma, un cambio de juego respecto a la aproximación tradicional. Ningún aficionado que viera aquel Las Palmas-Sevilla en 1998 hubiera imaginado al Sevilla vestido de color rosa, con diseños tribales en mangas o portando escudos de plástico… En nuestro presente, ¿quién se atreve a adivinar qué novedades impensables veremos los próximos 10, 20 ó 25 años, y que cosas hoy disruptivas se convertirán en tradicionales?

Conserven, si quieren, estas líneas a modo de cápsula del tiempo: en las bodas de oro tomaremos (D.m.) una nueva foto de familia.

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