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ENRIQUE VIDAL 25/07/2022

FCB Confidential

En 1990, el escritor estadounidense James Ellroy, especialista en novela negra, publicó uno de los textos más conocidos de su tetralogía “Cuarteto de Los Ángeles”, titulado “L.A. Confidential”. Siendo californiano, y teniendo el cine de Hollywood una larga tradición en el género policíaco, a nadie sorprendió que esta obra, ambientada en la ciudad más populosa del estado, fuese llevada a la gran pantalla, como igualmente ocurrió con su predecesora “La Dalia Negra” (1987). El film “L.A. Confidential” (1997) se convirtió en un gran éxito de público y crítica, con protagonismo estelar para su director, Curtis Hanson, y un elenco de actores carismáticos que bordaron sus papeles, rozando, posiblemente, el culmen de sus carreras: Guy Pearce, Russell Crowe, Kevin Spacey, Kim Basinger y Danny DeVito.

L.A. Confidential tiene como epicentro los oscuros tejemanejes de los poderes políticos y empresariales de Los Ángeles, la corrupción asociada al gran espectáculo del cine, convertido en un negocio viciado por las drogas, la violencia, la prostitución y los sobornos, deteniéndose con especial minuciosidad en el retrato de la prensa sensacionalista, afanada en preconstituir noticias morbosas con las que alimentar a masas de lectores estúpidos, ávidos de escándalos, crímenes, vejaciones y demás aquelarres. “Hush Hush” (“Secretitos”, en la traducción para la película) es la revista amarilla por antonomasia, que bebe directamente de las fuentes del poder mafioso, para crear expectación y opinión, manipulando a las masas, señalando a buenos y malos con medias verdades o directamente mentiras, con el fin de sostener una farsa que siempre interesa si hay consumidores sin cerebro que inviertan en ella.

El fútbol y el cine tienen en común ser posiblemente los dos más grandes espectáculos de ocio que existen. Comparten bondades y también miserias. Son industrias en las que manda el dinero en difícil idilio con la pasión de millones de seguidores, y en las que la idolatría encumbra con el mismo frenesí que entierra a héroes y villanos. Mientras hay competición, el foco de la actualidad se centra en los partidos, aunque desde hace ya bastante tiempo, la información deportiva haya ido degenerando en prensa del corazón para la que es más importante el peinado de un futbolista glamuroso que los logros de cualquier esforzado campeón. Hay medios teledirigidos sometidos al agasajo del poderoso, cuando no abiertamente bajo sueldo, y en la era de las redes sociales, el disparate de la desinformación es directamente inmensurable. Culpa de youtubers, influencers, tuiteros o tiktokers, por supuesto. Corresponsabilidad de la prensa que juega al clickbait poniéndose a la misma altura que aquéllos, también.

El mercado de fichajes, cuando escasea el fútbol en la hierba, es la época más nauseabunda de este deporte. Y este verano, bien que lo estamos viviendo con el inacabable “caso Koundé”. Si algo se puede aprender de lo que viene ocurriendo es que alrededor de clubs como el F.C. Barcelona, como también el Real Madrid, el Chelsea y otros similares, el aire es irrespirable por el hedor a detritus que les rodea y que llega al punto de opacar al buen aficionado tradicional que sin duda debe seguir existiendo, pero al que apenas se puede intuir. Pues bien, la perspectiva de la distancia, y de ser víctima directa en este caso por el asunto de Jules Koundé, permite observar la enorme similitud del producto industrial F.C. Barcelona con el universo descrito por Ellroy y Hanson en “L.A. Confidential”. No es solo toda la porquería que los tribunales y la administración viene sacando desde hace años (Rosell, Bartomeu, Messi, Neymar, etc.), sino el tinglado que tienen montado con Tebas, Rubi, Geri o la Superliga, que ríase usted de la cueva de Babá (Alí, no Diawará).

El F.C. Barcelona tiene sus propios “Hush Hush”, medios de comunicación y redes sociales que publican al dictado de los mandamases blaugranas según convenga en cada momento, ensalzando a los suyos y difamando a quien ose no seguirle el juego. Evidentemente, tienen a cientos de miles de seguidores dispuestos a tragarse toda la mierda que se les vomite encima y que mueren de gusto siendo manipulados al antojo de quienes manejan el cotarro. En horas o incluso minutos son capaces de adorar a un jugador supuestamente pretendido por su club si se les invita a ello como también son capaces de considerarlo nefasto si las noticias sobre su futuro pasan a ser menos halagüeñas. El futbolista objeto de deseo puede ser la guinda al pastel de la planificación y repentinamente, no haber estado nunca en los planes de la secretaría técnica de la entidad. Por supuesto, no hay ningún reparo en calentarle la cabeza a jugadores y representantes con intereses fantasiosos, exagerados o sencillamente inventados, se puede y se debe retorcer la voluntad de cualquier club supuestamente hermano con el beneplácito de los que mandan, Liga y Federación, porque no perteneces a su clase, estás a su servicio, y basta con que te dejen jugar en el patio de los mayores como sparring para su divertimento. Y esta es la raíz del problema, clubs como el F.C. Barcelona se creen por encima del bien y del mal, no conocen la ética ni el respeto porque se sienten impunes y tienen “palancas” para someterte con ofertas “que nadie podrá rechazar”.

En L.A. Confidential hay un personaje esencial que sin embargo no tiene ninguna aparición física ni en la novela ni en la cinta. Se trata de Rollo Tomassi, a quien el agente Ed Exley presenta así: “Tomassi era un matón de poca monta. Mi padre le cogió fuera de servicio, y Tomassi le disparó seis veces y salió limpio. Nadie supo nunca quien era. Yo inventé ese nombre para darle personalidad. Rollo Tomassi es la razón por la que me hice policía. Quería atrapar a los tipos que quisieran salirse con la suya”. Personajes como Laporta, Alemany o Mendes, involucrados en la torticera operación por quedarse con Jules Koundé a precio de saldo, en lo que no es sino un acto de despojo a costa del Sevilla F.C., son los Rollo Tomassi del mundo del fútbol, los tipos que se manejan como nadie en las cloacas de este negocio, que tienen las espaldas cubiertas por las autoridades, el dinero y los medios, y que por eso, siempre “quieren salirse con la suya”. Normalmente, lo consiguen. Veremos esta vez. Porque no sé qué ocurrirá con el traspaso de Jules Koundé, pero al igual que la novela de Ellroy y la película de Curtis Hanson, espero que este particular “FCB Confidential” termine con algún agente Exley impidiendo que los Rollo Tomassi culés puedan salirse con la suya. El tema, como las buenas películas americanas, requiere un final feliz.

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